Narrado por Pablo:
Llego a casa y me encuentro con esos momentos que tanto detesto, con mi amiga la soledad. Es sumamente triste llegar y no tener con quien compartir las cosas del día a día, no me termino de acostumbrar y dudo hacerlo. Me tumbo en el sofá mientras leo un poco el Twitter, hasta que de pronto en la pantalla de mi teléfono se refleja el teléfono de Marta.
–Pablo vistete y baja al portal de inmediato. -Me dice sin saludarme.
–¿Para qué? Marta, no tengo ganas de salir. -Digo perezosamente.
–¡Pablo! No seas perezoso y baja, es importante. -Insiste.
–Mira que eres cabezota... está bien, dame cinco minutos. -Cuelgo el teléfono y me coloco nuevamente las Converse. Bajo por las escaleras deprisa, intentando no caerme por ellas. Está apoyada en la puerta del portal mirando por todos los lados.
–¿Y bien? ¿No piensas saludarme después de hacerme bajar tan deprisa? -Río y sonríe.
–Hola. -Me dice mientras se apresura a su coche.
–Marta... ¿Me has hecho bajar hasta aquí para saludarme y luego montarte en tu coche?
–Por supuesto que no, monta en el coche y calla. -Me dice mientras se ríe. La obedezco y me monto en el asiento copiloto, arranca el coche.
–¿Me puedes explicar a donde vamos Marta? Porque no entiendo nada... -Digo intrigado.
–De compras Pablo, nos vamos de compras. -Me dice con una sonrisilla.
–¿De compras? ¿Te crees que yo tengo el cuerpo para ir de compras? Marta, sabes que no tengo ganas de nada.
–No vamos a hacer unas simples compras, vamos a comprar la habitación del bebé. -Mis ojos se abren como platos.
–Eso quiere decir que... ¿qué has hablado con ella y me ha perdonado? -En mi interior aparece una pequeña ilusión que no tarda demasiado en marcharse.
–Lo siento pero... no, no está dispuesta a perdonarte Pablo, es por ello que tenemos que preparar todo esto, tiene que ver que realmente estás arrepentido. -Me quedo callado tras su negativa respuesta. Continua conduciendo, llegamos al centro comercial y aparcamos. Me bajo del coche con las manos metidas en el interior de mi bolsillo, metido en mi particular burbuja, aislado de todo.
–Y bueno... ¿Cómo vamos a pintar la habitación? Porque aún no sabemos exactamente el sexo del bebé, yo voto por dejar la pared en blanco hasta que se sepa. -Me dice ilusionada. No respondo. -¡Pablo! ¿Estás bien? Te veo distraido... -Me dice.
–Lo siento, estaba pensando en otras cosas.
–Todo irá bien, no te preocupes. -Me abraza.
–¿Realmente piensas así? -Pregunto desanimado.
–Claro... ¿por qué no? -Me dice.
–Realmente no creo que esto tenga solución, dudo mucho que ella quiera volver con una persona que la dejó tirada en sus peores momentos, es complicado.
–Pablo, deja de ser tan negativo ¿quieres? Todo se arreglará, y para que todo se arregle hay que ir poco a poco, empezando por la habitación del bebé, vamos a preparar la habitación más bonita, ya lo verás. -Me dice con una sonrisa mientras me abraza, algo que hace que esboce una pequeña sonrisa.
–No sé que haría sin ti, gracias por todo esto. -La abrazo en modo de agradecimiento y ella me responde con una de sus sonrisas.
–No tienes nada que agradecer, con que te centres en esto me sobra y me basta.
Entramos al centro comercial, hay un sin fin de tiendas, optamos por entrar a una tienda de cosas de bebés, nunca pensé entrar tan pronto a este lugar, jamás. Miro a cada esquina de la tienda, la cual no está demasiado llena. Hay varias secciones, por un lado están las sillitas de bebé, cunas... y por el otro ropa y demás cuidados que puede conllevar un bebé. Puesto que no sé nada de este mundo, con la ayuda de Marta comenzamos a elegir cosas. Empezamos por lo más fácil, la cuna. Miramos varios modelos, hasta que damos con una que parece que ambos nos gusta, después la sillita de bebé. En mi cara se dibuja una cara a medida que visualizo más cosas, me hace especial ilusión todo esto. Tras haber escogido una sillita y una cuna, nos disponemos a escoger algunos peluches, todos me parecen especialmente bonitos, a si que compramos unos cuantos. Al fondo de la tienda hay unas pequeñas cestas donde trae un surtido de lo que un bebé necesita en sus baños, a si que no dudamos en comprarlo.
–Madre mía Pablete... -Me dice mientras comienza a reír.
–¿Qué? -Pregunto confuso.
–Estás muy gracioso, jamás pensé que te ayudaría a elegir las cosas de la habitación de tu hijo. -Se ríe y me uno a su risa.
–Ni yo escogiéndolas tan pronto, me hace mucha ilusión todo esto.
–Bueno... tampoco podemos armar la habitación entera porque no sabemos el sexo del bebé, por lo pronto no podemos pintar las paredes, ni escoger su ropa... tendremos que esperar unos meses más, pero lo elemental ya lo tenemos, creo que hemos acertado. -Me guiña un ojo.
–Cierto, la habitación aún tendrá que esperar algo más de tiempo pero como tu dices, lo básico ya está.-Asiente con la cabeza, vamos hacia donde la dependienta a pedirla que nos lo prepare para llevar, pagamos y salimos de allí más cargados que nunca. Caminamos hacia el coche, acoplamos las cosas del maletero para que quepan las demás, nos montamos y volvemos a casa.
–Primera parte superada, nos queda una segunda que ejecutar... -Se pone misteriosa, tanto que no logro entenderla.
–¿Qué? -Pregunto.
–¡Pablo! -Me dice medio gritando.
–¿¡Qué!? -Pregunto.
–Mañana por la noche cenarás con ella, a si que procura ponerte guapo que del resto ya me encargo yo.
–¿Mañana? ¿Ya? pero... -Me pongo nervioso cuando lo imagino.
–Ahá Pablo. Mañana es el día indicado. -Me dice segura de sus palabras.
–Está bien, pero no tenemos la habitación preparada ni nada.
–Mañana por la mañana madrugaré, iré a tu casa y juntos lo organizaremos todo a si que más te vale que no se te peguen las sábanas porque si no quemaré tu timbre. -Ríe y me uno a su risa.
–De acuerdo, de acuerdo, te haré caso. -Le digo con una sonrisa.
Me deja en frente de casa, se despide de mi, recojo las compras del maletero y subo a casa cargado de cosas y con unos nervios descomunales. Dejo las cosas en uno de los cuartos.
Son las diez de la noche más o menos, preparo una pizza en el horno y ceno en el salón viendo una de las películas que ofrece uno de los canales, a penas me entero de que va, me es imposible centrarme en nada. Ceno tranquilamente intentado despejarme, cuando termino me tumbo en el sofá y me tapo con una manta, me quedo dormido.
''Estoy en Málaga, concretamente en el estudio de mi casa, llaman al timbre, poso la guitarra sobre el suelo y me dispongo a abrir la puerta, es ella. Me quedo quieto, con las manos sudorosas y sin saber como reaccionar exactamente, una sensación completamente desconocida en mí. La miro pero no gesticulo palabra alguna, dejo que sea ella quien de el primer paso, que hable. La expresión de su cara me confunde, no sé el motivo de porque está aquí. Tras unos minutos en silencio, decide hablar.
–Hola Pablo. -Me dice seca.
–Estás aquí, no lo puedo creer... -Digo con los ojos a punto de llenarse de lágrimas.
–Tengo que hablar contigo, por eso decidí venir, ha pasado el tiempo y creo que es necesario que lo haga. -No sonríe, se mantiene seria y firme.
–Sí claro, pasa. -La invito a pasar en el interior de mi estudio, se sienta en una de los sillones viejos que hay, cruza una de sus piernas. Me pongo bastante nervioso, mi corazón se acelera conforme los minutos transcurren. Está preciosa, la miro de arriba a bajo, y observo que ya tiene bastante tripita.
–Pablo... han pasado unos tres meses desde la última vez que nos vimos, si estoy aquí es porque debo de informarte sobre algo.
–Si es sobre el bebé... quiero que sepas que ese niño me importa y que tú también.¿Va bien el embarazo? ¿Hay algún tipo de complicación? -La digo mientras acaricio una de sus suaves manos.
–Gracias pero no estoy aquí por el bebé, él está bien y bueno... es una niña. Pero no es eso, repito. -Me dice seca y sin a penas mirarme a los ojos.
–¿Una niña? y... ¿Cómo piensas llamarla? ¿Has pensado algún nombre ya? -Digo impaciente.
–No estoy aquí para hablar sobre de mi hija, estoy aquí para decirte que quiero que te alejes de mí, de mi entorno, de mi gente... quiero que vivas tu vida con quien realmente desees porque yo así lo he hecho. Pablo, me voy a casar. -Todas sus palabras me duelen, pero esas últimas os puedo asegurar que mucho más. Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, una mezcla de rabia y dolor se apodera de mí.
–¿Qué? pensaba que habías vuelto por mí, porque volveríamos a ser... -Me frena.
–Pablo, nunca te quise, solo has sido un error, un error que espero no repetir jamás. -Me quedo callado limpiando las lágrimas de mi rostro, no parece impactarla mi estado ahora mismo, al contrario. Se levanta del sillón dejando su dulce aroma desperdigado por el estudio.
–Espero que seas feliz Pablo, adiós. -Abre la puerta y definitivamente se va, no me puedo creer que todo esto haya sido una mentira tan cruel, no puedo creer nada de esto''
Me despierto en medio de la noche bastante alterado, paso la mano por mi frente, la cual está sudando. He vuelvo a soñar con ella, un sueño horrible, se iba a casar con otro, nunca me quiso. Me dirijo descalzo hacia el cuarto de baño, abro el grifo y me refresco la cara y la nuca, me miro al espejo y estoy pálido. Y aunque esto ha sido un simple sueño... ¿cómo se que conforme transcurra el tiempo no lo haga? Debo recuperar su amor, y juro que no descansaré hasta lograrlo.
21.12.13
7.12.13
Cap. 102: Anhelo tenerla cada noche entre mis brazos
Narrado por Pablo:
Llego a España, benditas ganas que tenía de volver, de verla aunque sea de lejos... Adriana me mira de vez en cuando, con desprecio pero rápidamente la ignoro. Cogemos las maletas y salimos fuera del aeropuerto, Marta está llamando a Aurora, lo cual hace que mis ojos se iluminen con solo escuchar de voz, me dan unas terribles ganas de ponerme al teléfono y decirla que vuelva conmigo, que la amo, que sin ella dejo de ser yo y me convierto en un ser desconocido, distinto pero he de retener mis ganas al menos por el momento como acordé con Marta en Argentina. Parece que ambas han quedado, en el fondo me da envidia. Agarro la maleta con una mano dirección al coche, Salva ha venido a por nosotros, no sé si sepa algo de lo sucedido en las últimas días pero tampoco le doy importancia. Se baja del coche y viene rápidamente a abrazarme, de pronto, sin que nadie logre escucharle me pregunta que quién es ella, le digo que prefiero no hablar de ello y que tengo ganas de volver a casa, saluda amablemente y a continuación nos metemos en el interior del coche rumbo a casa. El trayecto a casa es silencioso, de pronto el coche se detiene y Salva nos deja en mi casa mientras que a Marta la lleva a casa de mis padres ya que desde aquello viven allí. Agarro mi maleta del maletero, me despido de ellos y saco la llave del portal.
–Bueno... basta ya ¿no Pablo? ¿podemos olvidar lo sucedido en las últimas horas por favor? -Me frena impidiendo que de un paso más.
–No. No se puede pasar porque hasta aquí hemos llegado Adriana. -La digo sin alzar mucho la voz.
–¿Perdón? espero que no trates de...
–Esto ha sido un error demasiado grande por mi parte, no estoy nada enamorado de ti, no somos compatibles y no pienso seguir fingiendo algo que no somos más tiempo, se acabó.
–Ni de coña Pablo ¿me entiendes? Ni de coña esto se acabó, esto sigue porque debe de seguir. -Me dice alzando la voz.
–Escuchame bien Adriana, nada más te lo repetiré una vez... ¡se acabó! Te guste o no. -Trato de hacerla entrar en razón sin dar un espectáculo en la calle.
–Muy bien, ya lo veremos. -Agarra su maleta, tira de ella y de malas formas se marcha aligerando el paso. Esbozo una sonrisa porque al fin voy a tener mi tiempo. Subo en el ascensor, mirando a la nada, pensando en todo. Salgo de este y me encamino hacia la puerta, abro y entro. Enciendo el interruptor de la luz y a pesar del cansancio, sonrío porque estoy de regreso. Me tumbo en la cama con el fin de descansar, me duermo un buen rato.
Son las dos de la tarde, puesto que no tengo ganas de ponerme a cocinar opto por bajar al restaurante que está en frente de casa. Cojo la gorra y las gafas, bajo por las escaleras del portal y voy al restaurante. Me siento en una de las mesas, algo desganado, sin ganas de hacer gran cosa.
–¿Qué desea comer? -Me pregunta una de las meseras.
–Tantas cosas quiero... -Digo en voz baja, poco después me percato de que lo estoy diciendo en alto.
–¿Cómo dice? -Me mira con cara de extraña, y no es para menos.
–Oh, nada, nada... una hamburguesa está bien. -Digo escaqueandome del tema.
–Enseguida se lo traemos. -Lo apunta en un block de notas y se va derecha a la cocina.
Como tranquilo y sin hambre, después voy al estudio para ver a Manuel y así despejar un rato la mente. Manuel no tarda en venir a mis brazos para que le abrace.
–¡Pablo! ¿Cómo ha ido la estancia en Argentina? He leído en varios artículos de periódico que has arrasado. -Me dice con entusiasmo.
–No tengo queja, todo ha ido sobre ruedas y el público maravilloso. -Digo con una sonrisilla.
–Pablo... ya sabes que no me gusta meterme en tu vida privada pero... me han llegado rumores sobre ti. -Me dice algo serio.
–¿Rumores? ¿Qué tipo de rumores? -Pregunto nervioso.
–Se comenta por ahí que ya no estás con Aurora y que desde entonces has dejado de ser el Pablo de siempre, que has cambiado.
–Es totalmente cierto, ya no estoy con ella pero te puedo asegurar que soy el mismo, quizá no con la sonrisa que siempre estaba en mi cara pero sigo siendo el mismo Pablo.
–Deberías de centrarte en tu carrera y dejar los problemas personales de lado, aquí lo único que debe comentarse es tu música y no tu vida privada.
–¿Te crees que a mi me hace gracia estar de boca en boca por lo que haga o deje de hacer en mi vida privada? Te equivocas Manuel, de sobra deberías saber que estoy al cien por cien centrado en mi carrera y que no me gusta mezclar lo profesional con lo personal, no es mi culpa esto que está sucediendo. -Digo.
–Lo sé, y espero que nada de esto afecte al trabajo.
–No afectará Manuel, te lo aseguro. -Tras oír eso me sonríe.
–¿Quieres que hablemos del tema?
–Prefiero no recordarlo e intentar salir de esto cuanto antes... -Digo con la mirada perdida.
–Pablo, no te cierres y permite que la gente que te queremos te ayudemos. -Pone una mano sobre mi hombro.
–Lo único que quiero es estar con ella, ahí es cuando realmente volveré a tener esa felicidad que solo ella me causaba todos los días de mi vida, sin ella no soy absolutamente nada porque con ella soy todo.
–Es cuestión de tiempo, se ve que os queréis mucho. -Me dice para tratar de animarme.
–Gracias Manuel, gracias por estar aquí. -Le doy un abrazo y me sonríe.
Es algo tarde, tras hablar con Manuel vuelvo a casa, y como hace unas cuantas horas... sin ganas de nada, no sé cuanto dure vivir así, no sé cuando volveré a tenerla cada noche entre mis brazos, eso que anhelo desde el primer minuto en el que dejé de tenerla.
Llego a España, benditas ganas que tenía de volver, de verla aunque sea de lejos... Adriana me mira de vez en cuando, con desprecio pero rápidamente la ignoro. Cogemos las maletas y salimos fuera del aeropuerto, Marta está llamando a Aurora, lo cual hace que mis ojos se iluminen con solo escuchar de voz, me dan unas terribles ganas de ponerme al teléfono y decirla que vuelva conmigo, que la amo, que sin ella dejo de ser yo y me convierto en un ser desconocido, distinto pero he de retener mis ganas al menos por el momento como acordé con Marta en Argentina. Parece que ambas han quedado, en el fondo me da envidia. Agarro la maleta con una mano dirección al coche, Salva ha venido a por nosotros, no sé si sepa algo de lo sucedido en las últimas días pero tampoco le doy importancia. Se baja del coche y viene rápidamente a abrazarme, de pronto, sin que nadie logre escucharle me pregunta que quién es ella, le digo que prefiero no hablar de ello y que tengo ganas de volver a casa, saluda amablemente y a continuación nos metemos en el interior del coche rumbo a casa. El trayecto a casa es silencioso, de pronto el coche se detiene y Salva nos deja en mi casa mientras que a Marta la lleva a casa de mis padres ya que desde aquello viven allí. Agarro mi maleta del maletero, me despido de ellos y saco la llave del portal.
–Bueno... basta ya ¿no Pablo? ¿podemos olvidar lo sucedido en las últimas horas por favor? -Me frena impidiendo que de un paso más.
–No. No se puede pasar porque hasta aquí hemos llegado Adriana. -La digo sin alzar mucho la voz.
–¿Perdón? espero que no trates de...
–Esto ha sido un error demasiado grande por mi parte, no estoy nada enamorado de ti, no somos compatibles y no pienso seguir fingiendo algo que no somos más tiempo, se acabó.
–Ni de coña Pablo ¿me entiendes? Ni de coña esto se acabó, esto sigue porque debe de seguir. -Me dice alzando la voz.
–Escuchame bien Adriana, nada más te lo repetiré una vez... ¡se acabó! Te guste o no. -Trato de hacerla entrar en razón sin dar un espectáculo en la calle.
–Muy bien, ya lo veremos. -Agarra su maleta, tira de ella y de malas formas se marcha aligerando el paso. Esbozo una sonrisa porque al fin voy a tener mi tiempo. Subo en el ascensor, mirando a la nada, pensando en todo. Salgo de este y me encamino hacia la puerta, abro y entro. Enciendo el interruptor de la luz y a pesar del cansancio, sonrío porque estoy de regreso. Me tumbo en la cama con el fin de descansar, me duermo un buen rato.
Son las dos de la tarde, puesto que no tengo ganas de ponerme a cocinar opto por bajar al restaurante que está en frente de casa. Cojo la gorra y las gafas, bajo por las escaleras del portal y voy al restaurante. Me siento en una de las mesas, algo desganado, sin ganas de hacer gran cosa.
–¿Qué desea comer? -Me pregunta una de las meseras.
–Tantas cosas quiero... -Digo en voz baja, poco después me percato de que lo estoy diciendo en alto.
–¿Cómo dice? -Me mira con cara de extraña, y no es para menos.
–Oh, nada, nada... una hamburguesa está bien. -Digo escaqueandome del tema.
–Enseguida se lo traemos. -Lo apunta en un block de notas y se va derecha a la cocina.
Como tranquilo y sin hambre, después voy al estudio para ver a Manuel y así despejar un rato la mente. Manuel no tarda en venir a mis brazos para que le abrace.
–¡Pablo! ¿Cómo ha ido la estancia en Argentina? He leído en varios artículos de periódico que has arrasado. -Me dice con entusiasmo.
–No tengo queja, todo ha ido sobre ruedas y el público maravilloso. -Digo con una sonrisilla.
–Pablo... ya sabes que no me gusta meterme en tu vida privada pero... me han llegado rumores sobre ti. -Me dice algo serio.
–¿Rumores? ¿Qué tipo de rumores? -Pregunto nervioso.
–Se comenta por ahí que ya no estás con Aurora y que desde entonces has dejado de ser el Pablo de siempre, que has cambiado.
–Es totalmente cierto, ya no estoy con ella pero te puedo asegurar que soy el mismo, quizá no con la sonrisa que siempre estaba en mi cara pero sigo siendo el mismo Pablo.
–Deberías de centrarte en tu carrera y dejar los problemas personales de lado, aquí lo único que debe comentarse es tu música y no tu vida privada.
–¿Te crees que a mi me hace gracia estar de boca en boca por lo que haga o deje de hacer en mi vida privada? Te equivocas Manuel, de sobra deberías saber que estoy al cien por cien centrado en mi carrera y que no me gusta mezclar lo profesional con lo personal, no es mi culpa esto que está sucediendo. -Digo.
–Lo sé, y espero que nada de esto afecte al trabajo.
–No afectará Manuel, te lo aseguro. -Tras oír eso me sonríe.
–¿Quieres que hablemos del tema?
–Prefiero no recordarlo e intentar salir de esto cuanto antes... -Digo con la mirada perdida.
–Pablo, no te cierres y permite que la gente que te queremos te ayudemos. -Pone una mano sobre mi hombro.
–Lo único que quiero es estar con ella, ahí es cuando realmente volveré a tener esa felicidad que solo ella me causaba todos los días de mi vida, sin ella no soy absolutamente nada porque con ella soy todo.
–Es cuestión de tiempo, se ve que os queréis mucho. -Me dice para tratar de animarme.
–Gracias Manuel, gracias por estar aquí. -Le doy un abrazo y me sonríe.
Es algo tarde, tras hablar con Manuel vuelvo a casa, y como hace unas cuantas horas... sin ganas de nada, no sé cuanto dure vivir así, no sé cuando volveré a tenerla cada noche entre mis brazos, eso que anhelo desde el primer minuto en el que dejé de tenerla.
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