16.9.12

Cap. 35: Y comerte a besos

Sergio se marchó y me quedé varios minutos apoyada en el marco de la puerta de la entrada, mirando aquel maravilloso ramo de rosas que Pablo me había enviado, eran preciosas... Miré el reloj de la cocina y vi que era bastante tarde. Estaba agotada así que me  duché, me puse el pijama y me acomodé en el sofá; me apetecía estar en el sofá,  era una de esas típicas noches en las que no tienes nada que hacer y optas por sofá y televisión, hice zaping por la televisión y no había nada que me entreteniese así que la apagué y me puse a pensar en todo. En mi mente estaba el recuerdo de Pablo, sus besos, sus caricias, sus te quiero, sus abrazos, sus momentos pícaros, en general le extrañaba en todos los sentidos de la palabra, pensar que todavía quedaban veinte días por delante para volver a vivir eso me ponía triste, pero bueno... Él estaba en Argentina de promoción, por su trabajo y tenía que ser así, me quedé un buen rato con aquel silencio de aquella sala, donde todos los pensamientos iban dirigidos a Pablo hasta que mi móvil sonó.

  -¿Si? – Pregunté algo extrañada, era un número oculto, y por la hora que era no lograba saber quien podía ser.
  -Hola, Aurora, Soy Salva... ¿podemos hablar? necesito verte, por favor... – Su voz tenía cierto tono de preocupación.
  -Salva, lo siento, pero después de todo... no me apetece verte. – Le contesté, no podía empeorar la situación.
  -Pero Aurora, es que esto tenemos que hablarlo... por favor. – Salva seguía insistiendo de modo que acepté su propuesta.
  -Está bien... estoy en mi nuevo piso, ¿sabes donde está? – Le respondí, sin hacerme demasiada gracia.
  -Sí, en 15 minutos estoy ahí, adiós. – Cortó la llamada y yo me quedé con el móvil en la mano varios minutos pensando en que iba a pasar. 
Fui al cuarto y saqué del armario unos vaqueros y una camiseta, ya que estaba en pijama y no era plan, mientras me terminaba de arreglar llamaron al telefonillo del portal, era él. Salva ya estaba aquí y en mi estómago revoloteaban los nervios, le abrí la puerta firmemente, tenía claro lo que quería.

  -Hola Aurora. – Me dio 2 besos y le hice el amago de pasar, estaba distante, fría...
  -¿Y bien? – Le dije mientras íbamos al salón a sentarnos.
  -Aurora, yo a mi hermano le quiero un montón, pero yo creo que deberíamos contarle esto, no sé si podré mirarle con los mismos ojos a cuando se fue, me he besado contigo, con su novia, y sé que él se va a cabrear, pero yo la verdad prefiero eso a seguir como si nada habría pasado entre nosotros.
 -¿Qué? No, Salva no, yo a tú hermano le quiero con locura, y no puedo hacerle esto, no puedo contárselo, lo voy a hundir... ¡No! entiende que no puedo. – Le dije ya alzando la voz.
 -Pero Aurora... – Salva parecía bastante convencido a contárselo.
 -No Salva, no, entiende que no puedo... sé que negarlo no es la solución, pero entiende que cuando llegue de Argentina yo no puedo soltarle: ¡Me he liado con tú hermano! – Le miré de nuevo y suspiré –. Lo quiero demasiado, no quiero perderlo.
 -Lo sé, no me queda duda alguna de que le quieres, pero entiéndeme a mi, soy su hermano...
 -Salva, si se lo decimos tú vas a salir perjudicado, Pablo te odiará. y a mi no querrá ni volver a mirarme a la cara y con razón, pensará que he aprovechado su viaje para liarme contigo, y no... lo que pasó, pasó por error, no porque quisiéramos, ¿o no? – Contesté bastante nerviosa.
 -Si, claro que pasó por error, pero da igual... – En su cara podía ver la angustia.
 -Salva, ¡Por favor, entiéndeme a mi! No puedo perderlo, si lo pierdo lo voy a pasar muy mal, y también te comprendo a tí, pero por favor... ya veré el momento en el que se lo diré, pero será cuando yo lo vea, ahora no es el momento, me acaba de mandar un ramo de flores, y cada vez que lo llamo o me llama en su voz noto esa alegría al hablar conmigo, ¿tú te crees que yo le voy a decir esto justo ahora, después de como se porta conmigo? Lo siento pero no, y espero que respetes mi decisión a mantener esto en silencio. – Le dije a punto de llorar, y pensando en aquella maldita noche, donde no tenía que haber pasado nada, ahora quizá me pasaría factura.
 -Está bien... esperaré a que veas el momento adecuado y se lo digas, pero díselo. -Salva no parecía combencido del todo, pero no era el momento.
 -Gracias... y respecto a nosotros, los besos... -Intentaba dejar las cosas claras, pero Salva me interrumpió.
 -Tranquila... aquella noche no estabas bien, y fue culpa mía, debí cortarlo antes.
 -La culpa es de los dos, ya y ya está, ahora debemos olvidar todo y seguir igual que antes, aquí no ha pasado nada, ¿vale? – Le sonreí.
 -Vale... bueno, yo me voy que he quedado con unos amigos y ya llego tarde.
 -Bueno, pues nada... gracias por tu compresión y perdón por... bueno ya sabes. – Me acerqué a él y lo besé en la mejilla a modo de cariño, Salva se marchó y yo me empecé a agobiar nuevamente... hasta que volvió a sonar mi móvil, miré en la pantalla y era Pablo, intenté disimular pero esta vez no valió de nada Pablo me pilló, pero por suerte pude taparlo.

 -Hola amor. – Le dije sin fuerzas, sin ganas de nada...
 -Hola princesa, ¿Cómo estas? – A Pablo se le notaba un gran tono de alegría.
 -Bien, estoy en casa, acabo de pintar y bueno... cansada, ya sabes.
 -Mi niña... ¿Estás bien? te notó extraña, como triste y apagadilla... – Pablo preguntó con un tono de preocupación.
 -No, no te preocupes, es sólo que estoy cansada.
 -¿Seguro? Sabes que me puedes contar todo, cualquier cosa...
 -Sí de verdad, ¿Y tú como estas? – Pregunté cortando rápidamente el tema.
 -Bien la verdad, ha sido una mañana bastante aburrida, y llena de entrevistas, ya hemos comido y ahora estoy descansando un poco aquí en hotel, después sigo con entrevistas...
 -Pfff... te echo de menos Pablo. – Mi voz sonó quebradiza. La nostalgia y las ganas de poder abrazarlo se apoderaron de mi. 
 -Hey, cielo estos días se pasarán enseguida, ya lo verás. – No me servian sus intentos para animarle. Sabía que él se sentía igual –.  En cuanto vuelva te como a besos y estaré contigo a todas horas, hasta que te hartes de mi presencia, pero por favor, ahora sonríe, no paro de pensar en ti, en tu bella sonrisa... y en todas las ganas que tengo de verte y de besarte....
 -Lo sé Pablo... perdón es que estoy un poco tonta hoy. Yo también quiero verte... y no me hartas, es más me encanta que pases tantas horas conmigo, lo necesito, te necesito.
 -Oye... te tengo que dejar que nos tenemos que ir al coche para ir a hacer la ronda de entrevistas, y ya sabes lo que te he dicho, sonríe que en menos de lo que canta un gallo me tienes ahí contigo, a tú vera y comiéndote a besos en tú sofá, porque... tenemos que probar a ver su comodidad, ¿Eh? no vaya a ser que esté defectuoso.  – Se rió y me contagió su risa. Me encantaba cuando hablaba con tono picarón.
 -Claro que si, en cuanto vengas lo estrenamos. Que te vayan bien las entrevistas amor, ya hablamos... te amo. -Sonreí, Pablo me había animado. 
 -Muchas gracias mi niña, pensando en ti, nada puede salir mal... Te amo, adiós princesa. 

Pablo colgó y para mantener un poco esos ánimos que me acababa de dar, abrí una de las cajas donde tenía algunos DVD'S y encontré una película, no sabía si me iba a gustar, pero la cuestión era mantener la mente en otra cosa que no fuera lo de Salva, la cogí y la puse en el DVD, me senté y empecé a ver 'Los juegos del hambre'  adoraba al protagonista que salía, lo había visto en más de una película, me encanta su forma de actuar, él era Joshua Ryan Hutcherson pero era más conocido como 'Josh Hutcherson', me quedé dormida y cuando abrí los ojos pude ver como en el televisor salían los créditos de la película, ya había acabo y ya era tarde a si que me fui a la cama.


14.9.12

Cap. 34: Y estaremos juntos de nuevo.


Pasé los días siguientes junto a Sergio. Nos veíamos por la mañana y por la tarde. Había momentos en los que me sentía bien de verdad y olvidaba todo lo sucedido. Su compañía era como un rayo de luz en medio de una terrible oscuridad y eso me reconfortaba. Hablaba con Pablo todos los días y podía decir con seguridad que todo iba viento en popa en nuestra relación. A pesar de la distancia, las ganas de volver a vernos nos unía cada vez más. Ya había pasado una semana y el piso donde me mudé dos días atrás aún estaba patas arriba con lo que la ayuda de Sergio me venía genial. Hoy me tocaba pintar, así que me levanté de la cama, me puse ropa vieja, me recogí el pelo y desayuné algo rápido ya que dentro de unos minutos llegaba Sergio. Me dirigí al salón y observé las cajas de por medio y los botes de pintura color beige medio abiertos. El piso no era muy grande, pero era muy luminoso y acogedor. Me senté en el suelo y empecé a remover la pintura. Después de un rato dándole vueltas a aquello, cogí una brocha y la moví lentamente de arriba a abajo sobre aquella pared. Unos minutos después, alguien llamaba a la puerta. Solté la brocha en el suelo y me limpié las manos en mis pantalones, ya que no tenía otra cosa. Llamaron de nuevo y aceleré el paso hasta que abrí. Un ramo enorme de rosas no dejaba ver a quién lo sostenía. Un sentimiento de sorpresa recorrió mi cuerpo y me llevé una mano a la boca. Era precioso. El hombre que lo llevaba lo dejó en el suelo y sacó una especie de carpeta llena de hojas y un bolígrafo.

-¿Esto es para mi?
-¿Eres Aurora?
-Si... soy yo. – Balbuceé.
-Pues entonces, firma aquí.
El hombre me dio el bolígrafo en señal para que firmara.
-¿Pero quién envía esto? – No tenía ni idea de quién habría podido enviarme algo así.
Firmé aquello y el hombre me contestó
- No han dado nombre, solo la dirección de la casa y tu nombre. Lo único que te puedo decir es que es un pedido que han echo fuera de España.
Pablo. Aquél precioso ramo de rosas me lo había mandado Pablo. Agaché la cabeza y sonreí para mis adentros. Esbocé una pequeña sonrisa y le di las gracias a aquél muchacho. Cerré la puerta y llevé el ramo a la única mesa que tenía en el salón. Eran diez rosas rojas y diez rosas blancas. La combinación de los dos colores era preciosa. Sin duda, era el mejor regalo que podía recibir hoy. Miré entre las flores y encontré una pequeña tarjeta.
<<Para la princesa que alegra mis días. Espero que te hayan gustado. Veinte días y estaremos juntos de nuevo. Te quiere, Pablo.>>

Ahora entendía porque diez rojas y diez blancas. Las dos sumaban veinte. Veinte eran los días que nos separaban. Deseaba poder tenerlo a mi lado, poder abrazarlo, besarle y decirle lo mucho que lo quería, pero no era posible. Me entraron unas ganas inmensas de llorar. Lo echaba mucho de menos y el ramo me había emocionado, pero contuve las ganas. Fui en busca de el móvil y marqué el número de Pablo, necesitaba hablar con él. Me senté sobre la cama y esperé a que lo cogiera.
-¿Si? – Se escuchó al otro lado.
-Amor, soy Aurora.
-Hola princesa – Su voz sonaba como si se acabara de despertar.
-¿Estabas durmiendo?
-Si, bueno... Aquí son las cuatro de la mañana. – Se rió.
-No... no lo sabía. Lo siento, no quería despertarte.
-No pasa nada cielo. Despertase con el sonido de tu voz en una bonita forma de hacerlo.
Sonreí.
-He recibido tu ramo. Es precioso. -Le comenté.
-¿Te ha gustado?
-No – Dije con firmeza.
-¿No? Tenía que haberte mandado otro tipo de flores. A mi tampoco me convencían las rosas.
-Pablo – Dije entre risas –. No me han gustado, me han encantado. No me lo esperaba. Ha sido el mejor regalo que me podías hacer, pero no tenías que haberte molestado.
-No es una molestia y lo sabes. Me alegro mucho que te hayan gustado. Quería hacerte algo especial.  
-Pues lo has conseguido. Oye, ¿cómo sabías la dirección de el piso? No recuerdo habértela dado.
-Tu madre ha sido muy amable – Se rió.
-Gracias cielo. Y ahora descansa, seguro que lo necesitas.
-Te necesito a ti.
-Pablo... por favor... no me digas eso.
-¿Por qué no?
-Porque soy capaz de ir para allá y comerte a besos.
-Entonces es mejor que siga.
Nos reímos a la vez.
-Te quiero. – Dijo.
-Vuelve pronto.
-Lo haré.
-Te quiero Pablo.

Corté la llamada y me eché en la cama. ¿Estaba feliz? Podría ser. No podía parar de sonreír y solo se debía a una persona. De nuevo llamaron a la puerta, bajé de la nube en la que me encontraba y fui rápidamente a abrir.
-¡Hola! – Dijo Sergio con una gran sonrisa y entró hacia adentro.
Al llegar al salón se paró justo enfrente del ramo. Me miró y levantó una ceja.
-¿Y esto? – Se rió.
-Un detalle de Pablo.
-Pues se ha lucido – Sonrió.
Después se acercó a la pintura y cogió una brocha. Me miró y esbozó una pequeña sonrisa.
-¿Manos a la obra?
Me reí. Su entusiasmo y energía era unas de las cosas que más admiraba de él. Siempre tan optimista, siempre tan él. Me coloqué a su izquierda y le miré.
-Manos a la obra – Dije con ganas.

Empezamos a pintar, a jugar y a reír. Terminamos casi a la noche. Acabamos llenos de pintura por todos lados y estábamos agotados, pero habíamos pasado un gran día. Dentro de unos días podía comenzar una nueva vida allí, solo quedaba colocar los muebles. Pedimos unas pizzas para cenar y las comimos en unos minutos. Nos quedamos sentados en el suelo, apoyados en la pared. Sergio miró hacia los lados y sonrió satisfecho.
-Ha quedado genial, ¿verdad?
-Si. Es perfecto, no se como hubiera quedado sin tu ayuda. – Me reí.
-Ya solo queda los muebles, ¿quieres que te ayude?
-No Sergio, ya es demasiado abusar...
-No me supone ningún problema.
-Mejor que no. Tu descansa estos días, esta semana ha sido muy movidita por la mudanza, no pienso dejar que también me ayudes con los muebles.
-Me parece que es imposible hacerte cambiar de opinión.
-Lo es.
Nos reímos a la vez y nos quedamos mirando mutuamente unos segundos. Había una cierta conexión entre los dos. Me ponía nerviosa así que aparte los ojos rápidamente. Sergio dio la impresión de sentirse incómodo y miró el reloj.
-Creo que ya es hora de que me vaya.
Me levanté del suelo y le di la mano para ayudarle. Le di sus cosas y nos dirigimos a la puerta. Nos colocamos frente a frente y le sonreí.
-Gracias por todo.
-Ha merecido la pena todo el cansancio – Se rió y me miró tiernamente –. Nos veremos en unos días ¿no?
-Eso espero.
Sonreímos a la vez y nos dimos un abrazo de despedida.
-Buenas noches -Le dije y cerré la puerta lentamente. 

Cap. 33: Olvidar era lo que mejor podía hacer.

Aquél hombre me cogió en brazos y yo me agarré muy fuerte a su cuello. Él no contestó a mi pregunta, yo seguía mareada y con la vista borrosa así que tenía dudas de quién podría ser. Llegamos a un coche y  el hombre me sentó en la parte de atrás. Cada vez me pesaban más los párpados y en apenas unos segundos, me quedé dormida.


El ruido de una puerta al cerrarse hizo que abriera los ojos. La cabeza me iba a estallar y me sentía fatal. Intenté recordar que pasó ayer pero nada, no me acordaba de nada. Me senté sobre aquella cama desconocida y el miedo se apoderó de mi. No conocía aquella habitación. No sabía donde estaba ni que había echo en la noche anterior y tenía miedo , porque estar en una cama desconocida, daba mucho que pensar.
Me levanté rápido de allí y busqué en mi bolsillos. Llevaba puesta la ropa de ayer, así que el móvil tenía que estar. Lo encontré y miré la pantalla. Dos llamadas perdidas de Pablo. Tenía que estar preocupado por mi. Guardé de nuevo el móvil y di unos pasos hacía la puerta. Alguien se me adelantó y abrió por mi. Era Salva, el hermano de Pablo.  ¿Qué hacía allí?

  -Buenos días. -Dijo mientras que se acariciaba el cuello.
  -Buenos días... ¿Qué hago aquí? ¿Qué... qué pasó anoche?
 Salva dio unos pasos y se colocó frente a mí con las manos metidas en los bolsillos.
  -¿No te acuerdas de nada?
  -No... de nada. Dime que no pasó nada entre... -Balbuceé.
  -No, no. Tranquila, verás... ayer estaba con unos amigos en un local y te vi sentada afuera, apoyada en una pared. Al parecer te echaron algo en la bebida porque estabas drogada...
  -¿Qué? Yo... no me acuerdo de nada.
  -Es normal. Y lo más seguro es que nunca te acuerdes de lo que pasó. Yo no te puedo decir nada más, solo que te desmayaste en el coche.
  -Yo no soy así... yo no hago esas cosas. Pablo estaría preocupado por mi y yo bebiendo. Me siento fatal... -Dije llevándome las manos a la cara.
Salva dio unos pasos hacia a mi y me abrazó.
  -Tranquila, ya no puedes volver atrás. Lo echo, echo está.
  -Gracias por traerme aquí, de verdad. -Le sonreí-. A saber donde estaría ahora...

Salva me sonrió y se separó unos centímetros de mi. Me sentía rara por estar tan cerca de él. Me miraba de una forma extraña y avanzó un poco más hasta que sus labios se apoyaron en los míos. ¿Que hacía? Apoyé mis dos manos en su torso con una suave presión para intentar separarlo de mi. Me moví hacía un lado con un movimiento brusco y le miré asqueada. Era la novia de su hermano, ¿cómo había podido besarme? Moví los labios para decir algo pero no me salieron las palabras.

  -Yo... lo siento. -Se disculpó.
  -Será mejor que me vaya. -Le dije avanzo rápidamente hacia la puerta. Salva me cogió del brazo y me miró-. Suéltame. ¡Que me sueltes! -Le grité y las lágrimas ya brotaban de mis ojos.
  -Lo siento... -Dijo y me soltó lentamente.




La suave brisa de la paya acariciaba mi rostro húmedo y mis pelos revoloteaban en el aire. Me senté en la orilla y me descalcé para que el agua llegara a mis pies. Aún no podía creerme lo que estaba pasando. Quería acordarme de lo que pasó por la noche, pero no podía. ¿Tenía que dejar de darle vueltas y hacer como si nada hubiera pasado? Tenía la cabeza echa un lío. El beso de Salva era lo le que faltaba a mi colección de errores. Pablo se va y todo sale mal... No podía permitir derrumbarme, ahora no. Lo único que podía hacer es olvidarme de todo, hacer como si nada hubiera pasado. Olvidar era lo mejor que podía hacer.
Saqué el móvil para llamar a Pablo. Tecleé su número y esperé a que lo cogiera.

  -¿Pablo?
  -¡Princesa! -Soltó una risita-. ¿Cómo estas?
  -Bien. -Le mentí-. Echándote de menos...
  -Yo también te echo de menos. No sé como voy a resistir sin tus besos.
  -Yo tampoco. -Reí.
Pasaron  unos segundos en silencio hasta que Pablo habló de nuevo.
  -Ayer te llamé dos veces y no lo cogiste.
  -Ya, pero estaba en casa de  unas amigas y dejé el móvil en casa. -Le mentí y me sentí fatal por ello.
  -Pensé que te había pasado algo.
  -Lo siento, la próxima vez no pasará.
  -Cariño te tengo que dejar, me van hacer una entrevista.
  -Vale chico importante. -Me reí-. Que te vaya bien todo amor.
  -Adiós, te amo. -Y cortó la llamada.

Guardé de nuevo el móvil y me quedé mirando hacia el horizonte, escuchando el relajante sonido de  las olas al romper en la orilla, dejando que mi mente dejara de pensar por unos minutos y desconectar, desconectar de todo, desconectar del mundo.


  -Hola -Dijo una voz detrás mía e hizo que volviera a la realidad.
Me giré y le vi allí, con su gran sonrisa.
  -Hola -Le sonreí.
Sergio se sentó a mi lado y posó su mirada en el vaivén de las olas.
  -Me acuerdo de que de pequeña, te encantaba venir aquí. -Dijo tras unos segundos-. Cuando te enfadabas con alguien, cuando suspendías un examen o cuando estabas triste, siempre venías aquí -Me miró y sonrió-. Y veo que las cosas no han cambiado nada.
  -Si que han cambiado, todo era más fácil cuando la única tristeza era un suspenso. -Añadí.
Sergio suspiró.
  -¿Qué tal las cosas con Pablo?
  -Bien, todo va muy bien.
  -Me alegro -Y miró de nuevo al horizonte.

Giré mi cabeza y vi al mismo chico de siempre, al chico moreno de ojos marrones y mirada interesante. El mismo chico con el que he compartido miles de momentos, malos y buenos, pero siempre juntos. Agradecía su compañía.

  -¿Sabes que mis padres se van a separar?
Él me miró y su rostro mostró sorpresa.
  -Oh, vaya... Lo siento.
  -Si, bueno... gracias. -Sonreí-. Ah, me voy a mudar. Pasado mañana empiezo la mudanza, ¿te gustaría ayudarme?
  -Claro que quiero preciosa. Cuenta conmigo.
  -Gracias Sergio, por estar siempre hay.
  -Aurora, me vas a tener para todo lo que necesites, recuérdalo.
  -Gracias. -Me acerqué a él y le di un suave beso en la mejilla.