30.10.13

Cap. 98: No sé si podré reprimir mis ganas de ir en su busca

Narrado por Pablo:

Me sincero con Marta, la explico todo lo que pasa por mi mente en esos momentos, lo que siento… me he dado cuenta de que necesito a Aurora para vivir, y de que ella me necesita a mi ahora más que nunca. Logro que me perdone, es más me ayudará a volver con ella. Tras arreglarlo vamos a cenar a un restaurante no muy lejano de aquí. A penas ceno, no tengo apetito. Mi teléfono no para de sonar una y otra vez, es Adriana.

–Pablo, tienes que solucionar ese problema si quieres que te ayude… -Me dice mientras señala al móvil que posa sobre la mesa.
–Lo sé, buscaré el momento.
–He hablado con ella… -Me dice misteriosa.
–¿Y bien? -Pregunto con la ilusión de que me diga alguna buena noticia.
–Está bastante mejor desde la última vez que hablé con ella, ya no tan apagada y tan triste… -Hace una pequeña pausa dejándome con la intriga, intriga que produce un miedo en mi interior. -Ha buscado un empleo.
–¿Cómo? no está en estado como para trabajar, tiene que cuidarse.
–Pablo. -Me dice mientras me mira de forma seria.
–¿Qué?
–No estás en derecho de exigirla nada, te recuerdo que te fuiste dejándola sola. -Esas palabras hacen que acuerde de todo nuevamente.
–Ya lo sé, no es necesario que me recuerdes constantemente las cosas. -Digo cabizbajo.
–No quiero tampoco torturarte pero tampoco quiero que interpretes las cosas a tu manera, ella por el momento puede hacerlo ya que está de un mes escaso y al menos… -Se queda callada, como si me trataría de ocultar algo.
–¿Al menos qué? ¿qué más sabes? -Pregunto.
–Al menos no te recuerda. -Me dice seria.
–Si me recuerda es que me… -Voy a continuar la frase cuando de pronto me frena.
–No te equivoques Pablo, te puede echar de menos pero no va a ser fácil como te he dicho hace unos minutos.
–¿Y qué podemos hacer? no sé si voy a ser capaz de volver mañana a España y reprimir mis ganas de ir en su busca.
–Debes aguantar, si vas en su busca vas a poner las cosas mucho peor, deja que yo me encargue. -Me guiña un ojo.
–Está bien. -Digo con un hilo de voz mientras intento comer algo.
–¿Sabes decorar habitaciones de bebés? -Me pregunta mientras da un sorbo al vaso de agua.
–¿Yo? soy un desastre para la decoración en si… -Digo mientras esbozo una sonrisa.
–Pues debes ir aprendiendo, en cuanto llegues a España nos vamos de compras. -Me dice con una dulce sonrisa. Sus misterios me ponen nervioso.
–¿Vamos a decorar la de mi…? -Me cuesta gesticular palabra.
–Tú confía en mí y todo saldrá bien. -Me dice aunque no me deja tranquilo del todo.

Degustamos de la cena, parece que poco a poco las aguas vuelven a su cauce, aunque todavía queda la parte más complicada, el perdón de mi niña. Pago la cuenta ya que es lo mínimo que puedo hacer. Volvemos al hotel sin prisas.

–Me imagino como debe de estar Adriana ¿estás preparado para escuchar sus gritos?. -Me pregunta mientras se ríe.
–Preparadísimo, tan preparado como que hay un maravillosos portales para poder dormir en caso de no aguantarlo. -Me río ante mi comentario y ella hace lo mismo. Seguimos charlando hasta que vamos acercándonos a nuestras respectivas habitaciones. Nos despedimos con dos besos y entramos a la habitación. Entro tranquilo, sereno… parece estar dormida, ni si quiera se entera de mi presencia. Me siento en la cama mientras me descalzo, de pronto la luz de la mesilla de noche se enciende.

–¿Te lo has pasado bien dejándome aquí sola? -Me pregunta irónicamente.
–Por supuesto, he arreglado muchas cosas que me hacen feliz. -Sigo su juego. Me mira incrédula.
–¿Te crees que soy imbécil Pablo? se perfectamente que has estado con Marta cenando. -¿Pero cómo demonios se ha enterado? comienzo a cabrearme pero intento disimular.
–Enhorabuena por saberlo. -Contesto bordemente mientras que me meto en la cama tapándome con el edredón hasta arriba. Lo coge y me destapa.
–¿Pero que te he hecho para que me trates así?. -Me cambia radicalmente de tema, haciéndose la víctima. No aguanto más, me pongo de pie y alzo la voz.
–¿Sabes? Pensaba que eras distinta pero no, me recuerdas tanto a una de mis anteriores parejas, sois tal para cual…
–No, no me digas eso por favor… -Me dice mientras se pone de pie e intenta abrazarme.
–Ambas queréis controlarme, con quién salgo, donde voy, y para colmo te atreves a insultar a Aurora… dime ¿de qué la conoces para calificarla así? -La pregunto.
–Si estás conmigo como comprenderás no es de mi agrado que andes con otras por ahí. -Me dice mientras me mira de malas formas.
–No por mucho tiempo… -Murmuro tratando de que no lo oiga.
–¿De qué hablas Pablo? -Parece haberme escuchado, por el momento no se lo diré.
–Buenas noches. -Me meto en la cama dejándola una vez más con la palabra en la boca.

La alarma del móvil me saca de mi sueño profundo, son las siete y media de la mañana. Adriana sigue dormida, salgo de la cama, abro la maleta y cojo algo de ropa limpia para darme una buena ducha de agua fría. Estoy como loco por volver a España, por ver su preciosa sonrisa cada día, por besarla… en definitiva por estar con ella. El camino es fácil pero no me cabe duda de que lucharé con todas mis fuerzas por recuperar lo que me pertenece, su amor. Me pongo un pantalón vaquero y una camiseta básica junto a mis converse. Bajo solo a desayunar, no me apetece desayunar con Adriana. Bajo a la cafetería y pido un café con unas tostadas. Doy un bocado a una de estas, de pronto siento como unas manos se apoyan sobre mis hombros consiguiendo que suelte la tostada de golpe a modo de susto.

–¡Buenos días! -Me dice Marta mientras se sienta en una de las sillas a mi lado.
–Buenos días. -Digo mientras sonrío y vuelvo a coger la tostada.
–Vaya… ¿dónde has dejado a la lagartona? -Me dice mientras observa en una hoja lo que pedirá para el desayuno. Hace que me ría ante su comentario.
–Supongo que esté durmiendo, no lo sé y tampoco es algo que me interese.
–Espero que hayas cortado con ella… -Me dice.
–Aún no, en cuanto regresemos a España será lo primero que haga, te lo prometo. -La guiño un ojo.
–Menos mal que para eso quedan horas… no la soportaría mucho más.
–Eres como mi ángel de la guarda… no tengo palabras suficientes para agradecerte tu apoyo y tu manera de ayudarme… -La miro y sonrío.
–No tienes nada que agradecerme, pero prométeme una cosa por favor… -Hace una breve pausa y continúa. -Esta vez cuídala como se merece.
–Te prometo que así lo haré, esta vez nada fallará. -Digo con una sonrisa.

Asiente con la cabeza mientras que pide su desayuno. Desayunamos tranquilos hasta que de pronto por la puerta de la cafetería aparece Adriana y no con muy buenos aires que digamos. Se sienta en la silla mientras me lanza una mirada asesina.

–¿Pensabas dejarme sola desayunando? -Me pregunta bordemente.
–Yo he puesto mi alarma en el móvil, si no las has escuchado es tú problema, al menos podrías tener la educación de dar los buenos días ¿no?
–Buenos días Pablo. -Me dice con cierto tono de voz.
–No, buenos días Pablo no, buenos días Marta. -Le hago decir mientras que Marta intenta contener la risa.
–Yo no voy a saludar a esa lo siento.
–Esa es mi mejor amiga, te guste o no a si que si no tienes la decencia de tener un mínimo de educación será mejor que vuelvas a subir a la habitación y te vuelvas a dormir otro rato. -En ese momento Marta me hace un gesto como para que deje de seguirla el juego, pero parece que Adriana no quiere dejarlo.
–Mira Adriana, no voy a seguir tu juego estúpido porque sería como rebajarme a tú nivel y por ahí si que no paso, estoy aquí por trabajo, no por verte a ti a si que tengamos las últimas horas en paz. -Dice Marta sin alzar la voz.
–¿Quién te crees que eres? ¿se te ha subido a la cabeza el ser manager de Pablo o qué? -Le dice Adriana a Marta alzando la voz.
–¡Basta Adriana! no voy a consentir que nos amargues el desayuno, me voy a preparar la maleta.
–Yo haré lo mismo, paso de perder el tiempo hablando con gente como tú. -Tras decir eso señala a Adriana, se va y me sigue de vuelta a nuestras habitaciones.
–Lo siento… siento haberte amargado el desayuno. -Digo mientras miro al suelo del pasillo de la planta de mi habitación.
–Tranquilo, estaba claro que tiene que discutir con alguien si no no está contenta. -Me guiña un ojo y se mete en su habitación. Saco del bolsillo de mi pantalón la tarjeta de esta y la paso por el lector, se abre la puerta y entro. Cojo la maleta que está posada en una esquina y empiezo a recoger mis cosas.

26.10.13

Cap. 97: No puedo engañarte a ti pero sobre todo a mi corazón

Narrado por Aurora:

Tras afrontar el primer día de trabajo con éxito, salgo del hospital a las cinco en punto, tal y como me indicaron. Bajo las escaleras de este y pongo rumbo a la calle. Camino por la acera cuando un coche que pasa justo por mi lado comienza a pitar, no le presto atención alguna. Alguien que se baja de este mismo comienza a gritar mi nombre.

–¡Aurora!. -Me dice. Me giro para ver quien está llamandome, no espero encontrarmelo. Se trata de Hugo, viene deprisa hacia mi. -¿No querías verme y por eso te ibas?. -Me pregunta bromeando.
–¿Qué tal?. -Se acerca a mi y me da dos besos.
–Después de verte a ti creo que mejor que nunca. -Me dice con una sonrisa.
–¿Cómo es que sabes que andaba por aquí?. -Pregunto extrañada.
–Digamos que andaba por aquí y... te encontré de casualidad.
–Encantada de verte entonces. -Le digo con una sonrisa.
–Me encantaría que me acompañases a dar un paseo por la ciudad ¿qué me dices? luego podemos tomarnos un helado en una de las mejores heladerías de Málaga y de paso conocernos un poco más. No pongo pega. Cierra su coche con el mando de este y caminamos mientras que charlamos.
–¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?. -Digo mientras camino.
–No, llevaré cuestión de un mes aquí y por motivos laborales... -Me cuenta. -Teóricamente vivo en Barcelona. -Seguimos caminando en silencio hasta que encontramos la heladería entramos y pedimos dos helados en tarrina, me empeño en pagarlos yo pero Hugo me lo impide. Nos sentamos en una de las mesillas. Se me queda mirando.
–Barcelona, me encantaría visitar esa ciudad, en un futuro no dudaré en hacerlo. -Digo.
–Es preciosa... como tú. -Me dice eso y logra sonrojarme. No me espera bajo ningún concepto ese comentario. -Y... ¿tienes pareja?. -Me pregunta interesado.
–Estoy casada. -En ese momento la sonrisa desaparece su rostro. -Bueno, por el momento... es cuestión de trámites, en cuanto empiece el papeleo dejaré de estarlo. -Esas palabras se me clavan en el alma como cuyo puñal.
–Vaya lo siento... -Dice quizá algo confundido ante su respuesta.
–Tranquilo, espero que pronto se convierta en un simple recuerdo. -Intento no derramar algunas lágrimas, mantenerme fuerte.
–¿Puedo saber que pasó?. -Me agarra de la mano y la acaricia.
–Nos queríamos, o eso me decía... pero a la hora de la verdad... -Recuerdo cada momento de esas últimas palabras que cruzamos. El alma se me quiebra.
–Pues permíteme decirte que no te ha valorado lo suficiente como mujer, eres increíble Aurora. -Poso mi mano sobre la mesa y la acaricia tras pronunciar esas bonitas palabras que logran sacarme una pequeña sonrisa.
–Gracias Hugo. -Digo mostrando una tímida sonrisa. Clava su mirada en mi y a continuación me atrevo a preguntarle. -¿Y tú... tienes?.
–Tenía pero me engañó con otro. -Me dice mientras cambia la expresión de su cara.
–Oh lo siento, no quería... -No termino la frase.
–Tranquila, por suerte eso quedo atrás en mi pasado... -Me dice devolviendo la sonrisa a su rostro. -Será mejor que no hablemos de cosas tristes... ¿te apetece dar un paseo?. -Me pregunta, asiento con la cabeza, nos levantamos y comenzamos a caminar sin un rumbo fijo. Llegamos a la playa, justo a la que viví tantísimos recuerdos con él. No puede ser... por momentos todos ellos vuelven a mi mente, intento disimular. Se sienta en la arena y me invita a que yo lo haga junto a él. Cuidadosamente me dejo caer sobre la arena.
–Que bonitos recuerdos me trae esta playa... -Cojo un puñao de arena, la aprieto y la vuelvo a soltar.
–No quiero que te pongas mal, si quieres podemos ir a otro sitio... -Me dice.
–No, tranquilo, estoy bien. -Finjo una sonrisa.
–Si te dejarías querer, tú vida cambiaría tanto Aurora... tanto. -Esas palabras me terminan de descolocar. ¿Qué trata de decirme?
–¿Qué quieres decir Hugo?
–Quiero decir que... -No termina la frase, se acerca a mis labios y los besa con ganas. Segundos despúes es él mismo quien se separa de ellos. -Lo... lo siento. -Comienza a ponerse nervioso. Momentáneamente me dejo llevar y acabo siendo yo esta vez quien le besa. ¿Qué demonios estoy haciendo? me separo rápidamente de él, me levanto y me voy corriendo de la playa sin darle ningún tipo de explicación, deseo salir con todas mis fuerzas de allí. Alguna que otra lágrima desciende por mis mejillas mientras que apresuro el paso mirnado hacia atrás. Hugo no ha dudado en seguirme, me alcanza.
–Déjame cuidarte, quererte... -Miro al suelo pero tras oir sus palabras levanto la cabeza y le miro sorprendida.
–Hugo, eres encantador pero creo que ahora mismo no puedo darte lo que buscas, no puedo quererte...
–No pretendo que lo hagas ahora, pero con el tiempo podrás...
–Lo siento pero no puedo, sería engañarme a ti pero sobre todo a mi corazón, lo siento. -Salgo corriendo nuevamente de allí. Vuelvo a casa llena de pensamientos, no puedo arrancarme de la mente lo que ha sucedido unos minutos. ¿Y si debo darme esa oportunidad al lado de Hugo? ¿y si me equivoco? miles de preguntas rondan por mi mente. Estoy intranquila, a si que me siento en un banco e intento tranquilizarme. Logro calmarme aunque sea un poco, vuelvo a casa aparentando normalidad. Al llegar no hay nadie, me tomo una ducha intanto alejarme de la realidad. Me meto en el plato de ducha, abro el grifo y dejo caer el agua sobre mi cuerpo. Salgo y me pongo el albornoz, me hago un pequeño recogido con una pinza y me tumbo en la cama. Me voy calmando poco a poco hasta que me quedo dormida del todo, el teléfono comienza a sonar.

–¿Te apetece salir a cenar?. -Es Hugo. Me quedo sin saber que decir por momentos.
–Hugo... no sé si sea buena, lo que ha pasado antes me tiene bastante descolocada.
–Solo necesito explicarte algunas cosas, por favor... -Me dice.
–Está bien.
–En una hora te recojo. -Me dice.

Cuelgo el teléfono y dudo unos segundos en si debo asistir, pero debo aclarar las cosas. Me seco el pelo con el secador, me pongo una falda, una camiseta, unas sandalias y me echo un poco de maquillaje. Despúes de una hora transcurrida, se presenta en mi puerta. Llama al timbre y voy a abrir.

–Estás muy guapa, ¿vamos?. -Asiento con la cabeza.

Conduce hasta el restaurante, entramos y nos sentamos en una de las mesas donde no tardan demasiado en atendernos

22.10.13

Cap. 96: Primer día superado con éxito

Narrado por Aurora:

Salir a dar una vuelta con Ángela me ha venido de perlas, necesitaba sentir un poco de aire. En el pub donde hemos ido he conocido a un chico, guapísimo, Hugo. Tras Ángela hacerme una encerrona y dejarme frente a él sin saber que decir, logro entablar una conversación, se le ve una persona encantadora. Una llamada hace que se tenga que marchar, pero antes de partir intercambiamos nuestros números con la idea de volver a vernos para quedar, cosa que no estoy demasiado segura. Se lo comento a Ángela, no tengo claro si estoy preparada para conocer a otra persona, me dice que merezco ser feliz con Pablo o sin él, lo cierto es que razón no le falta, no puedo estar toda la vida viviendo de recuerdos. Llegamos a casa, me descalzo, subo a la habitación, me siento en la cama y caigo en la tentación de mirar cuando fue la última conexión de WhatsApp de Pablo, ayer a las cinco de la tarde. Teniendo en cuenta la diferencia de hora, supongo que estará durmiendo, mientras que aquí son las tantas, a punto de amanecer y yo a punto de tener que levantarme para ir a trabajar. Me pongo el pijama y me meto en la cama, estoy muerta de sueño, caigo rendida nada más entrar.  Me despierta un WhatsApp de Marta, me coloco en la cama para leerlo.

–Buenos días belleza, buenas noches para mí... mañana por la noche volvemos a España y muero de ganas de verte ¿quedamos?. -Una sonrisa se dibuja en mi cara, muero de ganas por abrazarla.
–Por supuesto cielo, en cuanto estés en España me llamas y nos vemos ¿si? te dejo que tengo que ir a trabajar, te quiero. -Me despido, me levanto de la cama y me meto en la ducha.


Me ducha tranquilamente, me coloco el albornoz y revuelvo entre mi ropa lo que me pondré hoy para ir al trabajo, opto por unos pantalones vaqueros, una camiseta básica y unas manoletinas. Me maquillo sencillamente y recojo mi pelo con una coleta alta. Puesto que es pronto, desayuno sola en la cocina. Me tomo un café con leche junto a unas galletas, lo meto en el fregadero y me voy. Puesto que está cerca el hospital decido ir caminando, apresuro un poco el paso ya que no me gusta llegar con la hora justa y menos en el primer día. Llego y paso por donde Joaquín, el director del hospital para firmar los papeles del contrato.

–Veo que eres una persona puntual, y eso me gusta. -Me dice mientras cierro la puerta del despacho.
–Gracias. -Digo con una tímida sonrisa. Saca de una carpeta de plástico varias hojas que supongo que deba firmar.
–Bueno, pues este es tu contrato, recuerda que este es provisional ya que estás a prueba quince días, en caso de superarlo se te dará otro totalmente renovado, aún así lee todas las cláusulas bien y después firma ahí. -Me tiende la hoja y un bolígrafo bic. Me leo en silencio todos y cada uno de los puntos de este, todo está correcto a si que no dudo en depositar mi firma en el papel. Sonríe y no duda en levantarse de su silla para estrecharme la mano.
–Bienvenida Aurora, espero que el primer día marche bien. -Hace un silencio. -Llamaré ahora mismo a la que será tu jefa para que te guíe donde está el laboratorio y lo que deberás hacer. -Descuelga el teléfono inalámbrico de la base y marca un número. Habla con ella y poco después golpean la puerta del despacho. Nada más entrar por la puerta pone sus ojos sobre mi, mirandome de arriba a bajo.

–Marina, ella es Aurora, la chica que te comenté que ocuparía el puesto de la anterior persona. -Dice mientras la mira. Es una chica de unos cuarenta y dos años, rubia y con gafas, parece seria.
–Encantada. -Dice seca.
–Igualmente.
–Será mejor que empecemos, vamos al laboratorio y allí te daré algunas instrucciones. -Se despide de Joaquín, yo hago lo mismo y la sigo por los pasillos del hospital hasta llegar al laboratorio. Saca del interior del bolsillo de su bata blanca las llaves, abre y entramos. Es bastante grande.
 –Aquí trabajarás de Lunes a Viernes de ocho de la mañana a seis de la tarde, supongo que como habrás leído en el contrato. -Me dice seca nuevamente.
–Así es... -Digo mientras observo todo el material que está sobre la mesa. Abre un pequeño mueble, se agacha y saca una bolsa blanca.
–Esto es lo que tendrás que llevar mientras estés aquí. -Me tiende la bolsa. La abro y miro en su interior, hay una mascarilla, bata blanca y guantes. Me mira fijamente para ver mi respuesta ante el uniforme.
–Nada nuevo... -Murmuro.
–¿Decías algo?. -Me pregunta.
–Eh no, no... que ya me imaginaba que debería usar esto. -Digo con una sonrisa.
–¿Tú primer trabajo?. -Me pregunta.
–Así es. -Digo mientras me coloco todo lo que me ha dado.
–No te pienses que esto es solo coser y cantar, aquí hay que currar duro y si no... -No deseo que termine la frase.
–Tranquila, se perfectamente donde estoy, estaré perfectamente a la altura. -Me mira.
–Eso espero, basta de chachara, es hora de empezar a trabajar. -Hace una breve pausa. -Hoy empezarás por analizar algunas muestras de ADN, tienes que analizar unas cuantas antes de que finalice el día a si que date prisa, anda. -Me da varias bolsitas de plástico donde se encuentran pelos de cabello, dientes... -Estaré aquí contigo por si puede surgirte algo. Se sienta en una mesa y me mira.
–Gracias. -Cojo las muestras que me toca analizar, varios artilugios más y comienzo a analizar. Por el momento la cosa funciona bien, analizo unas cuentas muestras, Marina no me dice nada, ni para bien ni para mal. Su presencia a pesar de todo me pone nerviosa, intento concentrarme olvidando que alguien está vigilando cada movimiento que hago. La mañana se pasa rápido, cumplo con todas las muestras que me pidió que analizara.
–Ya he analizado todas las que me pediste. -Se lo digo y sin dudar se levanta de silla para observar si está todo correcto.
–¿Las has etiquetado con el nombre del paciente?. -Me pregunta.
–Sí, he puesto una etiqueta en la bolsa.
–Bien, veo que eres hábil y sabes cumplir con lo que te piden. A partir de ya dispones de una hora para comer o para lo que te plazca, puedes ir a casa o bajar a la cafetería, a tu elección lo dejo. -Se levanta me da las llaves para que pueda abrir después el laboratorio y se va. Son las dos de la tarde, puesto que estoy cerca de casa voy a ella a comer. Me quito la bata blanca, los guantes de látex, la mascarilla, me lavo las manos, recojo mis cosas y cierro. Llego a casa, Elena y Casilda me esperan para comer.

–¿Qué tal ese primer día?. -Me pregunta Elena mientras se acerca para darme un tierno beso en las mejillas.
–Muy bien, mucho que analizar pero bueno... eso es bueno. -Sonrío y me siento alrededor de la mesa para degustar ese delicioso plato de lentejas que posa sobre esta.
–No te llenes tampoco de trabajo, recuerda que estás embarazada. -Me dice.
–Lo sé, no he comentado nada al director ni a mi jefa aún, se lo diré mañana a primera hora.
–¿Y lo demás bien?. -Me pregunta Casi mientras da un sorbo a su vaso de agua.
–Sí, no tengo tiempo para pensar en él...
–Me alegro. -Acabo de comer, ayudo a recoger la mesa y me vuelvo para el trabajo ya que me espera una tarde también llena de trabajo. Aligero el paso, entro en el hospital y voy directa hacia el laboratorio, pero antes opto por tomarme un café de la máquina que se encuentra en los pasillos. Una chica morena y de pelo rizado está sentada tomándose uno.

–¿Eres nueva?. -Me pregunta mientras revuelve el café.
–Sí, he empezado hoy. -Digo mientras saco la cartera para el café. Se levanta.
–Encantada de conocerte, soy Lidia, enfermera. -Me da dos besos.
–Igualmente, soy Aurora y soy la nueva científica. -Ambas reímos ante nuestra peculiar presentación.
–Un momento... entonces... ¿tú jefa es Marina?. -Mientras que me habla saco de la máquina el café, lo cojo.
–Así es, si no recuerdo mal se llama así. -Doy un sorbo al café.
–Ufff... que mujer, menudo carácter tiene. -Intento hacerme la sorprendida ante su comentario.
–No la conozco demasiado. -Digo.
–Es muy exigente con todo el mundo, las cosas tienen que ser como ella dice si no... -Corta la frase cuando aparece Marina por el pasillo. Disimula rápidamente.
–Bueno, pues te dejo... tengo que levantar a algunos enfermos, adiós. -Se despide bajo la mirada de Marina y se va.

Entramos al laboratorio y continuamos analizando muestras, esta vez son de otro tipo. La tarde transcurre con rapidez,  Marina me dice que ya puedo marcharme ya que he terminado mi jornada laboral. Como primer día no ha estado mal, vuelvo a casa dando un paseo.

19.10.13

Cap. 95: Me arrepiento de no estar con ella cuando más me necesita

Narrado por Pablo:

Fin del concierto en Argentina, a pesar de que mi mente no está donde tiene que estar no me puedo quejar, el concierto ha salido de lujo. Cenamos todo el equipo juntos a modo de celebración, se empeñan en hacer un brindis pero mis pocas ganas hacen que me quede sentado en la silla mientras el resto lleva a cabo el brindis. Su recuerdo me aleja de la conversación que tiene todo el equipo entre ellos hasta que Adriana me trae de vuelta a la realidad cuando apoya su mano en mi pierna suavemente.

Mi amor, ¿en qué piensas? deberías de estar contento y no con cara de funeral. -Me dice cerca de mi oído.
–Eh... si, si disculpa estoy pensando. -Digo.
–¿Estás bien?. -Me pregunta quizá algo preocupada.
–Estoy cansado, ¿te importa si volvemos al hotel? quiero descansar... estoy agotado. -Digo desganado.
–Claro que no me importa mi vida. -En cuanto Adriana no pone ninguna pega respecto a irnos, nos despedimos del equipo y volvemos al hotel con el chofer. Me siento en el asiento de la furgoneta mientras observo el oscuro paisaje y me mantengo en silencio una vez más. Agradezco a Jaime que nos haya traído hasta aquí, bajamos de la furgoneta y subimos a la habitación. Me quito la chaqueta y la dejo sobre una de las sillas, no me la quito del todo, alguien me frena.

–¿Te ayudo?. -Me pregunta comenzando uno de sus juegos.
–Estoy algo... cansado. -Respondo tratando de esquivar su juego.
–Está bien, pero esta te la guardo. -Me dice mientras me guiña un ojo. No respondo, me siento sobre la cama y me descalzo, abro la maleta, cojo uno de mis pijamas y voy directo al aseo a ponérmelo. Me miro frente al espejo, mi cara representa dolor y es algo que por mucho que quiera, no lograré disimular. Me lo coloco, salgo del aseo y me meto en la cama, Adriana se cruza de brazos mientras me observa.

–Buenas noches cielo. -Se acerca a mi, rodea con sus brazos mi cuerpo y deposita un leve beso sobre mi frente.
–Buenas noches. -La sonrío y a continuación apagamos el interruptor de la lámpara de la mesilla. Me quedo mirando al techo, intentando conciliar el sueño, cosa que cada día me cuesta más y más lograr. ¿Qué estoy haciendo? ¿por qué me acuesto y me levanto cada día con alguien a quien no quiero? la verdad es que no sé que estoy haciendo con mi vida en los últimos días. Sin darme cuenta, me quedo dormido. Me mantengo dormido hasta que unos labios que posan sobre mi cuello logran despertarme.

–Buenos días Pablete. -Me dice Adriana mientras se separa unos milímetros de mi.
–Buenos días Adriana. -La verdad es que hasta yo me quedo asombrado frente a la frialdad que siento hacia ella.
–¿No crees que me debes algo?. -Me pregunta mientras se pone el pelo detrás de la oreja.
–Ahora mismo, para serte sincero no sé...
–Yo creo que sí. -Hace una breve pausa, me mira y me da un beso en los labios. -Esto. -Pronuncia en cuanto se separa de mis labios. Tras responder se acerca nuevamente a mi, acortando la distancia que separan nuestros labios. Acaricia mi espalda, consiguiendo que me incorpore en la cama. Tira de mi camiseta con cuidado sin dejar de acariciar mi torso. Se deshace finalmente de la camiseta como desea desde un principio. Me dejo llevar por sus besos, acaricia mi piel. Rodea con sus brazos mi nuca sin dejar de besarme, poco a poco se va deshaciendo de mi ropa. La desnudo, aún no se muy por qué estoy haciendo esto. Cubrimos nuestros cuerpos únicamente con una fina sábana blanca, su respiración se agita a medida que el tiempo avanza, sus labios no se han separado de mi en ningún momento. Muerde el lóbulo de mi oreja cuidadosamente, suspira repetidas veces pero eso no es impedimento para que pare. Me hace suyo. Se tumba a mi lado y acaricia mi mano mientras apoya su cabeza en mi pecho.

–Pablo... -Me pregunta mientras incorpora un poco su cabeza.
–¿Me quieres?. -Esa pregunta me descoloca por completo. ¿Qué se supone que debo hacer? no puedo herirla así.
–Claro. -Digo con una sonrisa. ¿Pero qué demonios estoy haciendo? yo nunca he sido una persona así, nunca he mentido a la hora de mis sentimientos y me encuentro que ahora lo estoy haciendo, es horrible todo lo que se me pasa por la cabeza en estos instantes. Estamos así unos cuantos minutos, hasta que optamos por bajar a desayunar, desayunamos en silencio y sin la compañía de Marta. Bebe un sorbo de su vaso lleno de zumo de naranja, me mira y me sonríe repetidas veces. La devuelvo alguna que otra sonrisa hasta que me percato de la presencia de Marta. Se sienta a mi lado.

–Buenos días. -Dice seca mientras coge del plato una de las tostadas que habíamos pedido.
–¿Qué tal has dormido?. -Pregunto intentando llevar una digna conversación.
–Bien ¿y tú? ah... claro, tú seguro que bien ¿no?. -Me mira con una sonrisa irónica mientras que da un mordisco a la tostada.
–¿Puedes dejar de ser tan borde? ya está bien. -Le digo quizá alzando un poco la voz.
–¿De verdad crees que mereces un buen trato? ¿te recuerdo lo que le has hecho a mi mejor amiga?. -Me dice. Adriana nos mira sin entender nada.
–¡Ya está bien! no soporto esta situación más ¿te crees que es fácil? como siempre hablas sin saber, creía que tenía a una amiga que me apoyaría siempre pero me equivoco parece ser. -Me levanto de forma brusca y subo a la habitación bastante cabreado, Adriana no duda en seguirme. Me siento en la cama y comienzo a llorar de rabia, no aguanto mucho más tiempo este trato por parte de todos los que dicen quererme, vale que quizá no me haya sabido comportar con Aurora pero no merezco un trato así

–Pablo ¿qué está pasando?. -Pregunta Adriana nada más entrar en la habitación.
–¿Qué pasa de qué? no pasa nada. -Contesto borde.
–¿Por qué me tratas así? sólo intento ayudarte... -Me dice mientras se sienta en el suelo y empieza a llorar.
–Lo siento, yo no quería... -Siempre la cago con las personas que están conmigo, Adriana está siendo la persona que más me está ayudando y no merece un mal trato por mi parte.
–No pasa nada, comprendo que estés nervioso... -Me dice mientras se acerca a mi y me abraza.
–Adriana, no sé que va a ser de mi, de mi vida... no sé que pinto en este mundo la verdad. -Digo mientras fijo la mirada en el suelo.
–¿De qué hablas Pablo? no digas eso, me tienes a mi... -Se limpia las últimas lágrimas que descienden por sus mejillas y agarra mi cara.
–Voy a ser padre. -Digo mientras la miro. Su cara muestra asombro.
–¿Qué?. -Pregunta incrédula.
–Pues eso que... -No termino la frase.
–Te he entendido a la primera. ¿Piensas hacerte cargo de ese bebé?. -Me pregunta
–Sí. -Digo.
–Dudo que Aurora quiera que estés cerca de su hijo... buscará a alguien que te sustituya. -Me dice.
–Una cosa es lo que yo tenga con ella, y otra cosa muy diferente es el niño. -Digo serio.
–Yo no estaría tan segura...

Me tumbo en la cama, aprovecho para pensar a cerca de lo que he hablado con Adriana. Lo tengo claro, ese niño tendrá a su padre, no sé si sea tarde o no, pero al menos intentaré estar cerca de él. Me quedo dormido durante toda la tarde, sin ganas de salir. Adriana está acostada a mi lado mientras lee algunas revistas. Posa la revista en el suelo, se acerca a mi y me da un beso en los labios, queriendo llegar a más a medida que el beso se intensifica. La aparto de mi poco después.

–¿Me piensas dejar así?. -Me pregunta mientras se recoloca en la cama.
–No tengo ganas. -Digo seco.
–¿Ya está bien no Pablo? merezco un poco de tu atención creo yo, deja de pensar en esa estúpida de una maldita vez, no volverá contigo, dudo que te quiera. -Me dice convencida de esas repugnantes palabras que suelta por su boca.
–Cállate, no pienso permitir que la insultes y menos en mi cara, no tienes ni idea de nada. -Digo enfadado.
–Es la verdad Pablo, abre los malditos ojos de una puñetera vez... ¡no te quiere y no volverá contigo!. -Me dice alzando la voz. Por momentos juro que explotaría y diría un sin fin de cosas, pero prefiero callarme todo lo que pienso, por educación.
–No quiero escuchar más tonterías por tu parte, si no te importa... me voy a dar una vuelta, adiós. -Me levanto y me encamino hacia la calle intento calmarme. La dejo con la palabra en la boca, con esos aires que acabo de descubrir. A cada instante que pasa noto como mi vida empeora, nada funciona desde que no estamos juntos, no sé si pueda aguantar. Camino hacia un pequeño mirador, me quedo apoyado en la barandilla hasta que siento como una mano posa sobre mi espalda.

–Vaya... ¿tú también quieres discutir?. -Le pregunto a Marta, la cual está a mi lado.
–He escuchado la conversación, y si estoy aquí... no es por discutir. -Me dice serena.
–Perdóname por haberme puesto así contigo, se que tu única, sincera y buena intención es ayudarnos pero créeme que lo que estoy pasando, no se lo deseo a nadie. -Digo mientras me quedo mirando a  la nada.
–Para empezar, deberías de dejar a esa lagarta, esa que está ahora mismo en tu habitación, esa que acaba de poner en duda los sentimientos de mi mejor amiga, además de sus insultos... -Me dice de brazos cruzados.
–Me estoy equivocando, en todo lo que hago... no debía haber empezado esta absurda relación, esta falsa. -Le explico mientras me sincero.
–Pablo, admite que con Aurora la has cagado, no has sido justo, la has dejado sola en España, esperando un hijo tuyo... lamentablemente cuando quieras darte cuenta de este error, ella estará con otro que si la valore. -Me dice.
–Tengo que admitirlo porque es la verdad, soy un cabrón, soy... -Comienzo a llorar de forma desconsolada cuando recuerdo que la he perdido para siempre por no saber comportarme.
–Shhh... ya está ¿vale? lo importante es que estás empezando a reconocerlo y eso te ayudará. -Me dice con una sonrisa.
–¿Ayudarme? en absoluto... la he perdido, para siempre.
–Si luchas por ella, la vas a tener de vuelta... pero... -Hace una pequeña pausa. -¿Estás dispuesto a cuidar de ese bebé que está creciendo en su interior?. -Me pregunta.
–Por supuesto, me arrepiento de no haber hecho las cosas bien desde un principio, de no estar con ella cuidándola cuando más me necesita.
–No te lo niego... no será tarea fácil, Aurora está bastante decepcionada pero yo... -Hace una nueva pausa. -Te ayudaré. -Una sonrisa se dibuja en mi cara cuando escucho esas palabras de su boca.
–¿Tú? pero si... no me he comportado contigo tampoco como te mereces. -Le digo.
–Olvidalo, y perdóname tú a mi también por haber sido tan borde contigo. -Se disculpa y me abraza.
–Somos unos bordes. -Bromeo y se ríe.
–¿Te apetece que vayamos a cenar? ahí podré explicarte tranquilamente lo que haremos. -Me dice con una sonrisa.
–Claro, vamos. -Nos levantamos y vamos a cenar, sin Adriana, la cual imagino que esté echa como auténtica fiera en la habitación.

17.10.13

Cap. 94: Mereces ser feliz con o sin él

Narrado por Aurora:

Llevo a Sofía al colegio como me pidió, de vuelta a casa reflexiono hasta llegar a la conclusión de salir a buscar un empleo. Llego a casa, me meto en la ducha intentando alejarme de todo lo relacionado con él. Me visto adecuadamente para salir a buscar empleo. Pantalones pitillo vaqueros, camiseta blanca, americana negra y unas sandalias con un poco de tacón, dejo la melena suelta. Doy un beso a Elena y a Casi y me encamino hacia la calle, intento mantenerme fuerte. No puedo arrancarle de mi mente un solo minuto, han pasado los días, supongo que esté en Argentina. Una lágrima se desliza por mis mejillas cuando pienso en él, lágrimas que no merece por mi parte. Me las limpio con rabia y sigo camianando hacia el hospital de Málaga. Entro por la puerta, pido una cita con el director de este, no ponen pega. Espero sentada en una pequeña sala, me tiemblan las piernas. Poco después la secretaria me informa de que ya puedo pasar dentro. Me siento con cuidado en una de las sillas que se encuentran allí.

–Buenos días. -Me dice un hombre de unos cincuenta años que se encuentra al otro lado de la mesa. Me mira.
–Hola, buenos días. -Contesto nerviosa.
–¿En qué puedo ayudarla?. -Me dice amablemente mientras pone las manos sobre la mesa.
–Verá... si estoy aquí es para buscar trabajo. -Digo el doble de nervioso.
–La cosa está bastante complicada, estamos bastante completos en la plantilla y es posible que no necesitemos más personal pero... ¿ha traído algún currículum?. -Me dice.
–Sí, aquí tiene. -Le tiendo la hoja, se coloca las gafas que cuelga al cuello y lo observa mientras asienta con la cabeza. -A si que... hace poco terminó la carrera de Anatomía ¿no?. -Me dice mientras deja la hoja sobre la mesa.
–Así es, hace unos meses que estoy titulada en ella. -Le explico.
–Tenemos un puesto vacante, pero no sé si le interese. -Hace una pequeña pausa. -Su posible puesto sería analizar muestras de pacientes en el laboratorio, es decir científica. Una sonrisa se dibuja en mi cara.
–¡Claro que me interesa!. -Digo entusiasmada.
–El puesto es casi tuyo entonces, debo concretar unas cosas pero cuenta con ello. -Me dice.
–Muchas gracias, de verdad. -Me levanto.
–En las próximas horas la llamaré para confirmárselo y para fijar una cita para firmar los papeles del contrato. -Se levanta, me da la mano, vuelvo a agradecerselo y salgo por la puerta.

Vuelvo a casa, les saludo a todos, me subo a la habitación y decido ponerme algo de ropa más cómoda que la que llevo para andar por casa. Es hora de comer a si que ayudo a Elena a preparar la comida.

–Que contentas has venido. -Me dice.
–Ya era hora... si estoy así es porque he conseguido un trabajo, aunque todavía está por verse si finalmente me cogen o no... -Le digo.
–¿Crees? yo creo que si que será tuyo, eres una excelente persona y no dudarán en contratarte. -Se acerca y me abraza.
–Gracias por todo lo que haces por mi, eres genial Elena. -La doy otro abrazo y continuamos preparando la comida. Puesto que hoy estamos todos a comer, ponemos la mesa y nos sentamos a comer la deliciosa comida que ha preparado. Elena como de costumbre no me permite ayudarla y me manda  a descansar a la habitación. Me tumbo en la cama mientras acaricio mi tripa, pensar que un ser está creciendo en mi interior me hace muy feliz. Es demasiado pronto pero muero de ganas por saber cual es el sexo del bebé, a penas se me nota ya que estoy de unas semanas solamente. Me quedo dormida hasta que el sonido de mi móvil me despierta, es Marta.

–¡Cielo! ¿cómo estáis?. -Me pregunta dulcemente.
–Cariño, bien... los dos estamos bien. -Río. -¿Cómo van las cosas por allí?. -Pregunto temblorosa.
–Las cosas por aquí bien... ya sabes, de un lado a otro. -Me dice. No sé porque pero noto como si me estaría mintiendo.
–Me alegro... -Digo.
–¿Y por allí?. -Me pregunta ella.
–Bueno... tirando, al menos he encontrado un trabajo,o eso creo. -Le digo.
–No sabes cuanto me alegro, eso ayudará a que cabeza no pienses en... -No pronuncia su nombre.
–Eso espero, necesito arrancarmelo de la mente pero sobre todo de mi corazón, a día de hoy sigue viviendo en él. -Le digo.
–Pronto verás una nueva luz, estoy segura... -Me intenta animar.
–Gracias mi niña, tengo que dejarte ¿vale? un beso enorme. -Le digo. Acto seguido cuelgo el teléfono para intentar descansar, suena mi teléfono.

–¿Aurora Torres?. -Me preguntan al otro lado del teléfono.
–Sí, soy yo. -Afirmo.
–Soy el director del hospital, ¿recuerda que la dije que la llamaría?. -Formula.
–Ahá, lo recuerdo perfectamente. -Digo.
–Pues he de decirla que el puesto es suyo, empieza mañana a las ocho de la mañana ¿hay algún problema con el horario fijado?. -Me pregunta.
–En absoluto, esa hora está perfecta... muchísimas gracias por la oportunidad. -Agradezco.
–No tiene que darlas, antes de entrar a trabajar me gustaría que pasase a firmar el contrato ¿es posible?. -Me pregunta.
–Por supuesto, allí estaré, hasta mañana. -Cuelgo el teléfono. Una enorme sonrisa se dibuja en mi cara ante la noticia, por fin una buena noticia después de tanto sufrimiento.

Bajo rápidamente a dar la noticia al resto, los cuales se encuentran aún sentados alrededor de la mesa.

–¡El trabajo es mío!. -Le digo a Elena eufórica.
–¡Te lo dije! cuanto me alegro... -Me dice mientras se levanta de la silla para darme uno de sus abrazos.
–Enhorabuena Aurora, te lo mereces. -Me dice Casi.
–Muchas gracias Casi. -Le agradezco.
–Eso es una muy buena noticia Aurora. -Me dice Salvador. Todos parecen contentos con la noticia.

Regreso a la habitación para llamar a mi madre, con todo este revuelo no he tenido tiempo de contarla nada de lo sucedido.

–Hola mamá ¿qué tal estáis tú y papá?. -Pregunto. -Yo... bueno, no atravieso muy buenos momentos que digamos, mamá... no estoy con Pablo, lo hemos dejado hace unos días. -Una lágrima se desliza por mis mejillas llevándose la poca felicidad que asomaba hoy en mi. -Mamá, si me ha dejado ha sido por mi embarazo, sí estoy embarazada. -Hace una pequeña pausa, no parece contenta frente a la noticia de haberlo dejado con él, pero en cuanto la cuento sobre mi embarazo se vuelve loca de felicidad. -Lo sé mamá, tengo que cuidarme por mi y por mi hijo. -Hago una pequeña pausa y continúo. -¿Aplazar la boda? pero mamá... no tienes porque hacerlo por mi, es vuestra felicidad y no puedo permitirlo. Está bien... gracias por estar conmigo en estos momentos tan duros mamá, eres un gran apoyo, adiós mamá, un beso. -Me despido de mi madre con la noticia de que aplazará la boda hasta que las aguas vuelvan a su cauce, muy a mi pesar.

¿Pero por qué vuelven a mi todos esos malditos recuerdos? antes me parecían momentos preciosos que recordar, ahora me parece una tortura todo lo relacionado con él. Cojo mi móvil y acabo cayendo en la tentación de mirar nuestras fotos, una mezcla de rabia y dolor se apodera de mi haciendo que acabe tirando el móvil contra el suelo. No puedo más con esta maldita situación que me tortura cada día, tengo que cambiar mi vida como supongo que él lo hará, si es que no lo ha hecho ya. Me quedo unos minutos en silencio mientras que mi cara y mis ojos se inundan de lágrimas hasta que la puerta se abre. Se trata de Ángela.

–Estoy en la habitación de al lado y te he escuchado como tirabas el móvil al suelo, me imagino el motivo... -Me dice. -No voy a permitir que sigas sufriendo de esta manera, esta noche saldremos a dar una vuelta para que te animes un poco ¿vale?. -Se acerca y cariñosamente me da un beso en la frente.
–No tengo ganas, simplemente tengo ganas de llorar, llorar y llorar... -Digo mientras me incorporo en la cama.
–Pues tienes que sacar las ganas de donde sea, no puedes estar así día y noche, no merece tus lágrimas.
–Lo sé, pero no es fácil olvidar a alguien a quien has querido y quieres a pesar de todo con todo el alma.
–Aurora, no te ha valorado, si lo habría hecho estaría aquí intentando solucionar todo esto y ayudandote con todo el embarazo, en cambio está en Argentina haciendo dios sabe qué. -Me dice seria intentando que abra los ojos.
–Gracias una vez por abrirme los ojos. -Le digo intentando sacar una pequeña sonrisa.
–Ponte guapa esta noche, aunque bueno... ya lo eres. -Ríe consiguiendo que yo también lo haga después de días llenos de llanto. Se despide mientras me da un beso, puesto que es pronto me tumbo otro rato en la cama para relajarme, me quedo dormida unos cuantos minutos. Abro los ojos, es algo pronto a si que decido bajar al salón, allí está la pequeña Sofía, la persona que más ha conseguido que sonría durante estos días atrás.

–¿Has merendado cielo?. -La pregunto mientras que me pongo de rodillas para quedar a su altura.
–No, mamá me ha dicho que enseguida me traerá algo. -Me dice mientras deja un lápiz sobre la mesa.
–¿Quieres que la tita te haga un bocata de nutella?. -La pregunto.
–Vale tita. -Me dice con una sonrisa.
–Ven aquí pequeñaja. -Digo mientras la cojo en brazos.
–Tengo muchas ganas de ver a mi primito tita, si es niña podremos jugar juntas a las muñecas. -Me dice risueña. Una carcajada sale por mi boca ante su comentario.
–Claro que sí cielo, pero para eso aún queda ¿eh?. -Digo mientras acaricio su mejilla. Llegamos a la cocina y la preparo un pequeño bocadillo de nocilla, no duda en darle un mordisco consiguiendo marcharse la comisura de la boca y a la vez su pequeña nariz.
–¿Está rico?. -Pregunto mientras la limpio lo que se ha ensuciado.
–Mucho. -Me dice mientras vuelve corriendo al salón. Regreso al sofá con ella, la ayudo a terminar las tareas y después subo a darme una ducha para salir a dar una vuelta con Ángela.

Revuelvo la maleta hasta dar con algo que me guste, escojo algo sencillo, una camiseta blanca y unos pantalones de pitillo rojos junto a unos zapatos de tacón, me maquillo un poco y me recojo el pelo con un prendedor. Son las nueve de la noche, nos despedimos de Casi y Elena y nos vamos hacia la calle. Caminamos sin prisas disfrutando de la buena temperatura que hace en la calle, finalmente llegamos a un pub, a estas horas no hay demasiada gente pero tampoco está vacío. Me siento en una mesa mientras que Ángela se encarga de pedir las bebidas. Observo como a la otra punta del pub hay un chico moreno, alto, delgado, ojos marrones... bastante guapo, no me quita la mirada y de vez en cuando me sonríe. Ángela se percata de ello.

–¿Tú has visto como te está clavando la mirada?. -Me pregunta Ángela mientras deja las bebidas sobre la mesa.
–No seas exagerada por favor, seguro que me está mirando porque le resulto conocida. -Digo.
–Si, si... tú dirás lo que quieras, pero ese te está mirando mucho. -Dice. Le miro y sigue mirandome. -¿Por qué no vas donde él?. -Me dice Ángela.
–¡Ángela! no es oportuno. -Le digo en un susurro.
–¿Qué no es oportuno? yo pienso que sí... -Me dice. -Ven aquí. -Se levanta y tira de mi hacia donde está él. -Voy un momento al servicio. Me deja allí plantada frente a él sin saber que hacer o decir. -Te mato. -La digo en un susurro.
–Hola. -Me dice amablemente.
–¿Qué tal?. -Le saludo.
–Bien... supongo. -Digo sin saber muy bien de que hablar con él.
–¿Te puedo dar dos besos?. -Me pregunta.
–Claro, soy Aurora. -Le doy dos besos y veo como desde la otra punta Ángela se ríe, se sienta en la mesa donde anteriormente hemos estado.
–Encantado Aurora, yo soy Hugo. -Hace una breve pausa. -¿Vives cerca?. -Me pregunta, a continuación bebe de su vaso.
–Sí, bastante cerca. -Le digo nerviosa.
–Y... ¿a qué te dedicas?. -Me pregunta mientras me mira fijamente.
–Soy científica, mañana mismo empiezo a trabajar. -Le digo. -¿Y tú?. -Pregunto tras una pequeña pausa.
–Ese es un bonito trabajo... yo soy periodista. -Me dice con una sonrisa.
–Uau, que bonita profesión. -Le digo. Hablamos un rato más hasta que recibe una llamada que hace que se tenga que ir.
–Lo siento, tengo que irme pero... me gustaría volver a verte. -Me quedo impresionada ante su comentario. -¿Te apetece que nos veamos otro día?. -Me pregunta directamente.
–Claro. -Le digo. Me coge el móvil de la mano y apunta mi móvil.
–¿Te llamo vale?. -Me devuelve el móvil, me da un beso y se despide de mi. En ese preciso instante Ángela viene rápidamente hacia mi.

–Madre mía... la que no quería hablar con él. -Me dice.
–No me has dejado más remedio, me has dejado sola aquí y muerta de vergüenza.
–¿Habéis quedado?. -Me pregunta.
–Sí, pero... no sé, creo que no debería. -Digo confundida.
–¿Por qué no? mereces conocer a otra gente, te mereces ser feliz con o sin él. -Me dice.
–Un momento... no equivoquemos las cosas, no quiero nada con nadie, he aceptado por puro compromiso.
–Que cabezota eres... -Me dice moviendo la cabeza.

Acabamos las bebidas y volvemos a casa, tengo una sensación bastante rara. No pronuncio palabra alguna por el camino. Regresamos a casa, me descalzo nada más poner un pie dentro de casa ya que los zapatos me han dejado los pies molidos, son las tantas de la madrugada, nadie se mantiene despierto... subo a la habitación con cuidado intentando hacer el menos ruido posible, me encierro en la habitación, me pongo el pijama y me siento en la cama después de un día bastante extraño.

16.10.13

Cap. 93: Ella, mi principal pensamiento antes de dormir y al despertar cada día

Narrado por Pablo:

La alarma de mi móvil suena a las seis y media de la mañana, tengo escasa media hora para arreglarme y ultimar cosas aquí. Me visto, desayuno algo rápido y minutos despúes alguien llama al timbre, supongo que es Marta. Intento darla dos besos pero rápidamente me esquiva.

–Vaya... veo que nos vamos enfadados a Argentina. -Digo de brazos cruzados una vez que pasa dentro.
–¿Nos podemos ir ya?. -Me dice con un toque de bordería.
–Eres mi mejor amiga, y no me gustaría perderte a ti también, por favor... -Le digo. Se queda pensativa y esboza una sonrisa, en ese preciso instante alguien llama al timbre, me temo que la tranquilidad se acabará cuando Adriana entre por esa puerta y se sepa todo. Abro la puerta tembloroso, Marta se queda mirando paciente por saber quien es. Al abrir la puerta y sin dudar se abalanza sobre mi y me besa con pasión.

–Hola cariño. -Me dice con una gran sonrisa tras separarse por unos segundos de mis labios. Miro a Marta y además de una cara de asombro muestra un gran enfado.
–Hola. -La digo soso y sin quitar ojo a Marta que a cada segundo que pasa más se enfada.
–Pablo, ¿podemos hablar un momento a solas por favor? la sigo hasta el salón. -¿Me puedes explicar que narices estás haciendo Pablo?. -Me dice alzando la voz.
–Nada malo que yo sepa, supongo que ella hará lo mismo en su día ¿no?. -Digo.
–No entiendes nada Pablo, nada... y tú eres el que también esta sufriendo ¿no?. -Me dice irónicamente.
–Por supuesto que sufro, no tienes ni idea de nada de lo que estoy pasando. -Le digo enfadado.
–De acuerdo, haz lo que te de la gana, solo espero que el motivo de ver sus maletas ahí sean porque se va  de viaje o algo por el estilo. -Me dice.
–Viajará a Argentina con nosotros. -Le digo temiendo su respuesta.
–¿¡Qué!? estás de broma ¿verdad?. -Me pregunta incrédula.
–No, hablo completamente en serio, ella viene también. -Le digo enfadado.
–Vale, ella viajará pero a mi no me dirijas la palabra en todo el viaje, vámonos. -Me dice aún más enfadada. Volvemos al salón y Adriana está sentada en uno de los sillones.

–¡Hola! ¿tú eres la manager de Pablo?. -Le pregunta Adriana a Marta.
–Hasta hace unos días además de manager era su amiga, su mejor amiga, o eso creo. -Dice en tono borde mientras me mira de malas maneras. Adriana me mira extrañada pero no responde.
–¿Nos podemos ir ya por favor? -Pregunto intentando cortar este desastre de conversación.

Marta conduce hasta el aeropuerto, arreglamos los papeles para el vuelo y esperamos. Se produce un incómodo silencio. Adriana de vez en cuando me besa y la cara de Marta no es demasiado buena, mira hacia otro lado. Adriana nos deja solos un momento ya que decide ir al kiosko a por unas revistas.

–Te podrías cortar un poco ¿no? -Me dice enfadada.
–¿Por qué? ¿es algo malo lo que estoy haciendo? a fin de cuentas somos novios. -Le digo.
–Mira Pablo... tengamos la fiesta en paz ¿si? una vez que estés esta noche en la habitación con ella podrás hacer lo que te de la real gana, pero delante de mi no. -Me dice enfadada.

Vuelve Adriana y en ese preciso momento nos avisan de que el vuelo destino Argentina saldrá en unos minutos. Subimos al avión y me siento con Adriana, Marta se sienta en otros asientos separados de nosotros. El vuelo transcurre tranquilo, nada fuera de lo normal, excepto las horas que se me hacen eternas.  Entre unas cosas y otras llegamos al aeropuerto de Argentina a las once de la noche, cogemos las maletas y nos encaminamos a un restaurante del hotel, pese a que Marta no quería sentarse con nosotros en la mesa, logro convencerla, cenamos algo ligero y me empeño en pagar la cuenta.

–He dicho que pago yo. -Le digo a Marta.
–No es necesario, prefiero pagarme lo mio yo solita. -Me dice.
–Amor, si ella quiere pagarlo dejala ¿no crees?. -Me dice Adriana. La cara de  Marta es un poema, no la traga. Finalmente paga ella su cena. Subimos a la habitación, me doy un baño y me pongo el pijama. Siento como unas manos rodean mi cintura.

–¿Por qué te pones el pijama?. -Me dice Adriana.
–Porque me voy a ir a dormir ya. -Le digo.
–Creo que estás mejor sin esto. -Me quita la camiseta y me besa apasionadamente. La aparto de mis labios.
–Adriana... -Le digo intentando esquivar su juego.
–Tenemos que celebrar ¿no?. -Me dice mientras acaricia mi espalda. Me vuelve a besar de manera descontrolada mientras acaricia con sus manos mi torso. No sé porque no me niego, la cuestión es que me dejo llevar por sus caricias sobre mi piel, me tumba sobre la cama dejandome aprisionado contra su cuerpo. No me opongo, desliza sus manos por todo mi cuerpo, deja sus manos sobre mi cintura, me mira y continúa besandome. En mi cabeza tengo la imagen de Aurora, me imagino que es ella quien se encuentra entre mis brazos en estos momentos y no Adriana. Se deshace de mi pijama poco a poco y con ganas,  cosa que por mi parte es todo lo contrario. Su respiración se agita con el paso del tiempo. Nos quedamos desnudos, siento su calor ajeno, el cual no es de mi agrado porque en mi mente y en mi corazón está otra persona, sin prisas acaba haciendome suyo. Se tumba a mi lado, no la presto atención.

–Juntos seremos muy felices Pablo. -Me dice. ¿Felices? ni si quiera se porque estoy con una persona a la que no quiero, a la que no deseo y a la que no le pertenece mi corazón. No respondo puesto que no quiero mentir. Me quedo dormido mientras pienso en que hará, si estará bien...

Al despertar Adriana me abraza con fuerza mientras que se sienta sobre mi torso y besa mis labios. La devuelvo el beso, me ducho y poco después bajamos a desayunar. Esta noche tocaré en Argentina, tengo que sacar fuerzas de donde sea. Nos montamos en la furgoneta que nos llevará al recinto, me refugio en mi propio mundo, Adriana se muestra feliz, me agarra de la mano. Llegamos al recinto, saludo al equipo de allí, me indican que debo de hacer la prueba de sonido. Así lo hago, entro al lugar donde será el concierto, es un sitio precioso, al aire libre. La banda se prepara para comenzar la prueba, me dejo las gafas puestas y me pongo frente al micro. Cantamos un par de canciones, ''Quién'' y ''Tanto'' las que más consiguen que me acuerde ella, una lágrima se desliza por mis mejillas, por suerte nadie se da cuenta de ello. Finalizamos la prueba de sonido, todo va perfecto. Vamos a comer todos juntos, todos parecen contentos por el hecho de estar aquí. Me siento al lado de Marta, poso mi mano en su hombro intentando suavizar su enfado. Me acerco a ella y le susurro bajo la mirada llena de celos de Adriana.

–¿No piensas perdonarme nunca? echo de menos muchas cosas... -Le digo. Me mira, esboza una sonrisa pero en cuanto Adriana se levanta y viene hacia mi, se esfuma su sonrisa.
–¿No crees que ella tiene bastante que ver en que mi cabreo haya aumentado?. -Me dice.
–Tengo que explicarte muchas cosas, me gustaría hablar contigo ¿puede ser?. -Mira su teléfono, no responde ni para bien ni para mal. Finalmente responde.
–Quizá, después, pero... sin ella. -La mira.

Pagamos la cuenta de la comida, volvemos al hotel para descansar un rato hasta la hora del concierto. Me quedo dormido, Adriana está a mi lado. Me despierto, me cambio de ropa, Adriana hace lo mismo. Me pongo una camisa vaquera acompañada de una corbata negra, un pantalón negro y unos nos zapatos. Poco después alguien golpea la puerta de la habitación, se trata de Marta. Me da dos besos y ante su reacción me quedo sorprendido. Adriana se acerca a darla dos besos pero rápidamente la esquiva.

–Vamos con prisa. -Dice Marta. Caminamos hacia la puerta, Adriana se acerca y me susurra.
–Creo que a tu manager no le agrado demasiado. -Me dice y me quedo en silencio.

Vamos al recinto nuevamente, queda aproximadamente una hora para el concierto, me quedo en el camerino con el resto, y como siempre, no podían faltar los chistes antes de salir al escenario. Me siento en un sillón, todos hablan pero no presto atención. Me indican que debo salir al escenario en breves minutos, me tomo una manzanilla, caliento un poco la voz y salgo. Miro al frente y está todo lleno, no cabe ni un alfiler más. Cuando estoy ahí, me olvido de todo lo demás y espero que esta noche sea así. Comienzo a interpretar las canciones, el público no para de saltar, cantar... una auténtica locura. El concierto transcurre bien, canto alrededor de unos venticinco temas. Llego al final, me despido de toda esa maravillosa gente que se encuentra ahí abajo y me voy hacia el camerino, Marta camina detrás de mi, me giro y decido pararla puesto que estamos solos y es buen momento para hablar con ella.

–Enhorabuena Pablo, ha sido fantástico el concierto. -Me dice con una sonrisa.
–Gracias, ¿podemos hablar?. -Vuelvo a preguntar.
–Está bien, pero no en mitad del pasillo. -Vamos hacia mi camerino, no hay nadie. Nos sentamos en unas sillas, me mira.
–Lo siento muchísimo, y no sabes cuanto. -Le digo.
–Lo sientes pero no tienes lo que tienes que tener para dejar a Adriana e ir en busca de Aurora. -Me dice.
–Adriana está siendo un gran apoyo para mi... -Le digo con la mirada puesta en el suelo.
–Gran apoyo pero... ¿hay amor? sinceramente la veo una interesada, y tú no la quieres ¿puedes dejar de mentir de una maldita vez?. -Me dice alzando la voz.
–¿Interesada? te equivocas, no la conoces de nada. -Le digo enfadado.
–No voy a discutir, por un momento pensé que me pedirías ayuda para volver con ella pero veo que no... me equivoco siempre contigo Pablo. -Me dice. En ese momento la puerta del camerino se abre, es Adriana, la cual no duda en venir corriendo hacia mi, me besa apasionadamente.

–Mi vida, ha sido maravilloso... -Me dice mientras me abraza. Miro a Marta la cual se va rápidamente del camerino.
–Gracias. -Digo algo seco.

Después decidimos ir a cenar todo el equipo, todo transcurre con tranquilidad, menos mi cabeza la cual está llena de pensamientos suyos. Pagamos y volvemos al hotel, me tumbo en la cama, miro al techo hasta quedarme dormido, sigue siendo mi principal pensamiento antes de dormir y al despertar cada día.

9.10.13

Cap. 92: Déjate querer

Narrado por Pablo:

Llego a casa, me siento en el sofá con la televisión apagada, pensando en ella. Me quito la camiseta y me tumbo en la cama mirando al techo, pensando en que hará en estos momentos, si me echará tanto de menos como yo a ella a cada minuto que pasa. Me quedo dormido con el ánimo por los suelos sabiendo que me faltará ella al despertar a mi lado con su dulce carita angelical sobre la almohada, sabiendo que no existirán más caricias entre nosotros, que todo quedó atrás hace unas horas. Aunque me cuesta finalmente conciliar el sueñó, lo logro hasta que el teléfono que se encuentra sobre la mesilla suena y hace que me sobresalte. Es Casilda, supongo que a estas alturas se ha enterado y no ha dudado en llamar para regañarme.

–Hola. -Me dice seca y bastante tirante.
–Casi, no esperaba tu llamada. -Digo.
–Y no te lo mereces. -Dice seca.
–Si me llamas para hablarme de esas maneras... -Digo al empezar a darme cuenta de las indirectas que me dice.
–¿De qué maneras? ¿cómo las que tú tratas a Aurora?. -Me dice alzando la voz.
–En ningún momento he tratado mal a Aurora, no sé de donde te sacas ciertas cosas hermanita. -Digo irónicamente.
–¿Me vas a negar que le has pedido tiempo a Aurora por lo de su embarazo?. -Me dice, me quedo sin saber que contestar.
–No, no pienso negarlo porque es así. -La digo de malas maneras.
–¿Qué piensas hacer ahora? según me ha comentado Aurora muy pronto tendrás firmados los papeles del divorcio y volverás a estar libre ¿volverás con Sara?. -Me dice.
–¿Qué? ¿de dónde sacas esas conclusiones? ni de coña. -Digo.
–Pablo, la vas a perder... no creo que encuentres alguien como ella. -Me intenta convencer de algo que se perfectamente.
–No me coge si quiera el teléfono, yo no puedo hacer nada. -Digo.
–Búscala, pasado mañana viajas a Argentina y no puedes dejarlo así como así. -Me dice.
–Necesito pensar Casi. -Le explico.
–Pablo... en fin, eres un caso. -Me dice.
–Parece que os habéis empeñado en dejarme de lado todos, ni que habría cometido un delito. -Digo.
–Papá y mamá también están enfadados, a si que será mejor que esto se solucione pronto.  -Me dice.
–Gracias por los ánimos, tengo que dejarte... adiós Casi. -Cuelgo teléfono y lo dejo sobre la mesilla.

Pasado mañana viajo a Argentina sin ganas existentes pero he de hacerlo ya que si no tendré serios problemas con Manuel.  No tengo apetito alguno, se acerca la hora de comer y lo único que hago es componer, en estos momentos es lo único que me sirve para desconectar de todo lo que me rodea hasta que el mítico ruido del timbre me desconcentra. Miro por la mirilla y se trata de Adriana.

–¡Hola!. -Me dice mientras me da dos besos.
–Hola, ¿cómo has averiguado dónde vivo?. -Pregunto algo desconcertado.
–La otra noche te seguí y ya ves... -Me dice. ¿No vas a invitarme a pasar?. -Me dice.
–Claro, pasa. -La hago una seña y pasa adentro como me pedía anteriormente.

Pasamos dentro y se sienta en uno de los sillones, me mira fijamente mientras me sonríe.

–¿Quieres tomar algo?. -La ofrezco a pesar de mis pocas ganas de recibir visitas.
–No, gracias sólo venía a proponerte un plan, si quieres claro. -Me dice.
–No te lo tomes a malas pero lo único que me apetece es estar encerrado en estas cuatro paredes. -Le digo.
–Claro, lo siento, discúlpame, soy una tonta. -Me dice.
–Al contrario, te lo agradezco. -Esbozo una sonrisa.
–Y... ¿qué tal lo llevas?. -Me pregunta.
–Bueno... llevo un buen rato componiendo, pasado mañana viajo a Argentina a si que trabajando mucho, intentando mantener mi mente ocupada en otra cosa que no sea ella. -Le digo.
–Me alegro, seguro que pronto verás una nueva luz. -Me dice.
–Ojalá Adriana, ojalá. -Le digo.

Hablamos un poco más, se despide y me abraza con fuerza, sus ojos brillan.

–Adiós Pablo. -Me da un beso y me sonríe antes de salir por la puerta.
–Adiós. -Me despido y cierro la puerta.

La visita de esta chica me deja aún más descolocado y sus actos también, espero que no confunda las cosas entre nosotros. Una vez que Adriana se ha ido continuo componiendo, a penas sale algo que valga la pena, mi mente está prácticamente bloqueada. Salgo un rato a pasear, necesito despejar mi mente. Camino por el puerto de Benalmádena, hace un precioso y soleado día.  Su recuerdo me acecha a cada instante, pero tengo empezar a entender que esto se acabó. Suena mi teléfono, el cual se encuentra en el interior del bolsillo de mi pantalón. es Marta lo cual hace que sonría.

–Parece que no aguantas mucho tiempo enfadada conmigo. -Bromeo.
–¿Qué te hace pensar que ya no lo estoy?. -Me dice irónicamente.
–Hombre, has sido tú quién me está llamado a si que me dirás... -Le digo.
–Te recuerdo que soy tu manager, y como tal he de comunicarte que se adelanta el viaje a Argentina, saldremos mañana a primera hora de la mañana a si que prepara las maletas, a las siete en punto de la mañana estoy en frente de casa. -Me dice de forma borde.
–De acuerdo... espero tener todo listo. -Le digo, me despido y cuelgo.

Otro día más en el que no tengo ni gota de hambre, mi estómago está absolutamente cerrado. Me tumbo en la cama para intentar descansar ya que así mi mente quedará desconectada puesto que anoche dormí más bien poco. Suena el timbre de mi WhatsApp, se han propuesto no dejarme tranquilo ¿o qué? lo cojo y lo miro, se trata de Adriana.

–Lo siento pero no puedo permitir que te vayas a Argentina sin tomarte una copa conmigo. -Me dice. Un momento... ¿cómo sabe que viajo a...? me quedo pensativo.
–Vale, ¿a dónde quieres ir?. -Salir un rato con ella me ayudará a no pensar tanto en Aurora.
–Es sorpresa, a las diez paso por ti, ponte guapo. -Me dice. Sus comentarios me descolocan por momentos.

Cierro la aplicación y intento descansar como hace unos minutos, me quedo dormido. Me despierto y son las nueve de la noche, creo que la siesta se me ha ido de las manos, pero era justo lo que necesitaba. Aunque no tengo demasiadas ganas de salir a la calle, hago un esfuerzo. Me meto en la ducha mientras recuerdo algunos momentos de la luna de miel, una lágrima se desliza por mi mejilla, me la quito de golpe y me enjabono el pelo, acto seguido lo aclaro. Dejo caer el agua por mi cuerpo, salgo y me pongo el albornoz. Me visto sencillamente, el timbre de la puerta suena. Abro la puerta mientras me coloco el cinturón. Abro la puerta sin comprobar de quien puede tratarse, es Adriana. Está bastante guapa, lleva con vestido estampado de flores por las rodillas y unos altos tacones, por un momento me recuerda a Aurora, siempre la encantaban los vestidos estampados, me quedo embobado.

–¿No me vas a invitar a pasar?. -Me dice desde el marco de la puerta.
–Claro, pasa. -Pasa adentro.

Cojo el resto de mis pertenencias y salimos de casa. Nos montamos en coche, me lleva a un lugar desconocido algo alejado.

–¿A dónde vamos? mañana madrugo. -Le digo sin ánimos.
–A tomar una copa como te prometí. -Me dice sin quitar la vista de la carretera.

El camino transcurre en silencio, no hablamos de nada ya que no sé tampoco que temas hablar. Llegamos al fin, entramos al pub, nos sentamos en unos sofás alejados del montón de gente que se encuentra en la barra. Pedimos unas bebidas y charlamos, me habla y a pesar de que asiento con la cabeza respecto a todo lo que me dice, mi mente está en otro mundo. El pub se encarga de ambientar la noche y decide poner algo de música, actualemente suena canción de Sergio Dalma, ''Si te vas'' Adriana se empeña en bailar, salgo a rastras por su parte a la pista. Me agarra de la cintura mientras comenzamos a movernos de un lado hacia otro, la letra de la canción hace que me den ganas de llorar, no puedo arrancarla de mi mente. Adriana se acerca más y más a mi, acaricia mi nuca y me mira fijamente.

–¿Qué te pasa?. -Me susurra.
–Nada, simplemente estoy pensativo. -Digo. Respondo y sigo moviendome al son de la música. Me mira y no tarda en darme un beso en los labios sin yo darme cuenta a penas. Me dejo llevar instintivamente por el beso, por unos segundos imagino que se trata de Aurora, hasta caigo en la cuenta de que no es así y la separo de ellos.
–Yo voy a conseguir sacarla de tu mente, hasta que se haga recuerdo del pasado. -Me dice mientras acaricia mi cara. Adriana parece una chica madura, ¿y si es hora de empezar nueva vida? a fin de cuentas Aurora hará lo mismo.
–Pero...-No deja que termine la frase, me besa nuevamente y no me detengo en ello.
–Solamente déjate querer Pablo, por favor... en estos días me he dado cuenta de que te quiero. -Me dice mientras se separa de mis labios. Esas palabras me dejan de piedra, no me puedo creer que se haya enamorado de mi ¿qué se supone que debo decir o hacer en estos momentos?.
 –Adriana, no quiero hacerte daño a ti también. -Le digo.
–Pablo, solamente te estoy pidiendo una oportunidad, una... -Me dice.
–Vale, pero no te prometo nada, quizá esto no salga bien porque yo estoy... -No termina la frase y se abalanza sobre mi para continuar besandome. ¿Qué acabo de hacer? lo cierto es que no sé que estoy haciendo saliendo con una mujer a la que no quiero y creo que no querré nunca. Salimos del pub, Adriana está feliz pero yo no tanto.
–Adriana, tengo que volver a casa... tengo que madrugar. -Le digo seco.
–¿Puedo viajar a Argentina contigo?. -Me dice.
–No sé si sea buena idea... -Le digo.
–No quiero estar separada de ti, prometo no molestar mucho. -Pone carita buena, y aunque a Marta no le haga ninguna gracia acabo cediendo.
–Está bien.  -Le digo.
–¿A dónde vamos ahora?. -Me pregunta.
–A casa, mañana hay que madrugar y necesito descansar. -Le digo seco.
–Y... ¿quieres que duerma contigo esta noche para hacerte compañía?. -Me dice.
 –Adriana... -Le digo.
–Está bien. -Cogemos el coche y me deja en frente de casa, se despide mi con un beso en los labios. Subo a casa y preparo la maleta con todas las cosas que necesitaré para este pequeño tiempo. A continuación me pongo el pijama y me meto en la cama con una sensación bastante extraña en el cuerpo. Creo que me estoy equivocando al empezar otra relación, no creo que esto sea lo que yo quiero.

7.10.13

Cap. 91: Atrás quedó

Narrado por Aurora:

Estoy en casa de Elena, puesto que sólo ella sabe la noticia y el resto no, en la hora de la cena se lo diré a los demás. Saco el pijama de la maleta y me lo pongo. Aún sin estar en casa me sigo acordando de él ya que en este cuarto también vivimos momentos preciosos. Me encierro en la habitación, mientras agarro con mis manos aquél colgante que me regaló en nuestros comienzos con nuestros respectivos nombres grabados. El mundo se me cae encima cuando pienso que esto ya quedó como un recuerdo. Miro la galería de fotos de mi móvil mientras echo la vista atrás recordando cada momento que vivimos en esos momentos, las lágrimas se deslizan por mis mejillas rápidamente. Me las quito a modo de dolor y bastante rabia, rabia por saber que Pablo me ha decepcionado, pensé que sería diferente. De pronto llaman a la puerta, una voz  atraviesa la puerta.

–¿Puedo pasar?. -Me pregunta Elena.
–Claro, adelante. -Digo mientras intento disimular que he estado llorando. Pasa dentro de la habitación.
–¿Qué tal estás? ¿estás más tranquila?. -Me dice mientras me aparta el pelo de la cara.
–Bueno... digamos que estoy con una sensación bastante rara en mi interior. -Digo mientras esbozo una sonrisa.
–Conozco a Pablo y dentro de poco vendrá a pedirte perdón porque se que no puede vivir sin ti. -Me dice intentando animarme.
–Pablo es un cabezota Elena, no va a dar el brazo a torcer, yo le quiero pero... -Intento explicar.
–Va a volver, ya lo verás... por lo pronto vamos a cenar, es hora de que el resto sepan de ese embarazo. -Me dice mientras me acaricia la espalda.
–Está bien Elena. -Me coloco el pelo recogido con una coleta y bajo por las escaleras hacia la cocina. Entro por la puerta y todos están sentados, parecen impactados al verme.
–Hola Aurora. -Me van saludando todos.
–Hola ¿qué tal estáis?. -Intento disimular mi tristeza interior.
–¿Dónde has dejado a Pablo? seguro que está encerrado en el estudio ¿no?. -Me pregunta Salvador. Parece no tener ni idea de la noticia. Me armo de valor para darles la noticia.
–Lamento comunicarte a ti y al resto que no sé donde está en estos momentos Pablo. -Digo mirando al suelo evitando ver sus caras al decirles eso.
–¿Cómo? ¿habéis discutido?. -Me pregunta Casi.
–Lo hemos dejado. -Digo intentando contener mis lágrimas otra vez.
–¿¡Cómo!?. -Me pregunta Salva. Miro a Ángela y a Marta que se encuentran al otro lado de la mesa.
–No sólo lo hemos dejado si no que además... estoy embarazada. -Vuelvo a poner la mirada cabizbaja. No hablan, no dicen nada. Les miro y tienen cara de impacto.
–¡Felicidades Aurora!. -Me dice Casi algo confundida ante su respuesta.
–Gracias Casi... -Digo.
–No teníamos ni idea de la noticia de que lo habíais dejado, pero igualmente enhorabuena. -Dice Salvador mientras me da un beso en la mejilla.
–No sé porque no estaréis juntos, pero igualmente me hace muy feliz la noticia de ser tío. -Dice Salva.
–Gracias a todos. -Digo.
–Os comunicaré que de ahora en adelante Marta y Aurora estarán viviendo aquí, al menos hasta que nazca el bebé, entre todos debemos ayudarla  ¿de acuerdo?. -Dice Elena.
–Por supuesto, pero las cosas no se van a quedar así, tendré una seria conversación con Pablo. -Dice Salvador con tono de enfado.
–No quiero que tengáis problemas por mi culpa, por favor. -Digo.
–Tranquila, Pablo no puede irse de rositas así como así, tiene que hacerse cargo del bebé. -Dice Casi.
–No tengo demasiado hambre, si me disculpáis... -Me levanto de la silla y subo a la habitación con nuevas ganas de llorar.  Me quedo algo dormida entre mis recuerdos junto a él. Poco después alguien golpea a la puerta.
–¿Estás ahí?. -Escucho la voz de Casi.
–Sí, estoy aquí. -Digo.
–¿Te importa si entro?. -Pregunta.
–No claro, adelante. -En ese preciso instante se abre la puerta y entra.
–Toma, te he traído una tila porque se que estás llena de nervios y así podrás descansar. -Me dice mientras me tiende la taza.
–Gracias pero... las tilas no son precisamente lo que harán que yo concilie el sueño esta noche, va a ser difícil por no decir imposible. -Cojo la taza y doy un trago.
–¿Te apetece que hablemos?. -Me dice mientras me agarra de la mano.
–Supongo que me ayudará a sentirme mejor. -Digo esbozando una sonrisa.
–La verdad es que no entiendo porque mi hermano se comporta así, siempre le gustaron los niños y... -Se queda sin saber que decir.
–Yo tampoco entiendo el por qué de su comportamiento, no entiendo el por qué de ese tiempo que me pidió, hace tiempo dejé de comprender a tu hermano Casi. -Digo.
–¿Te pidió tiempo?. -Me dice mientras me mira con cara de sorpresa.
–Sí, me pidió tiempo para pensarlo porque no tenía claro nada. -Digo.
–Mi hermano es imbécil. -Dice enfadada.
–Casi, yo le quiero y creo que tú lo sabes mucho mejor que cualquier persona pero esto ha sido demasiado, creo que esto no tiene solución, ni mucho menos un arreglo. -Digo entristecida.
–Se perfectamente que tus sentimientos y tu amor hacia mi hermano son puros, no tienes nada que jurarme, pero esta vez Pablo se ha pasado. -Dice.
–Gracias por escucharme, en estos momentos necesitaba a alguien que comprendiese el dolor que tengo dentro mi. -Digo mientras una lágrima se desliza por mis mejillas.
–Siempre estaré aquí ¿me oyes? siempre. -Me abraza con fuerza. -Intenta descansar, se que lo que te pido es difícil pero verás que todo vuelve pronto a su cauce. -Me da un beso en la mejilla y sale por la puerta.

Hace un rato que Pablo me llamó, la verdad es que no tengo ni la mayor idea sobre que querrá ya que no he querido cogérselo, no quiero escucharle. Apago la luz de la mesilla, me pongo en el lado donde él solía dormir y noto como la almohada huele a él.  Doy un montón de vueltas en la cama, no soy capaz de pegar ojo. Me desvelo y me siento en la cama sin saber que hacer. Bajo a la cocina a por un vaso de agua, me siento en la mesa a beberlo hasta que alguien aparece por la puerta. No soy capaz de gesticular palabra al ver de quien se trata, el vaso cae al suelo y se rompe. Me mira fijamente desde el marco de la puerta con los ojos brillantes. Me levanto de golpe en la silla y echo a correr, unas manos me agarran fuertemente de la cintura evitando que de un paso más.

–No quiero hablar contigo ¿no lo entiendes?. -Digo.
–Por favor. -Me suplica.
–¡No, no, no! ¡lárgate de mi vida! ¡no te necesito, vete!. -Comienzo a chillar. Noto como las gotas de sudor caen por mi frente. Doy un bote en la cama que me hace dar cuenta de que todo se ha tratado de un mal sueño. He soñado que Pablo venía a buscarme para solucionar las cosas. Ese maldito sueño me hace llorar aún más de rabia. Me levanto de la cama y me meto en el aseo para refrescarme la cara, tengo la cara bastante pálida y con algunas ojeras. Bajo a la cocina y todos me esperan sentados en la mesa para degustar el desayuno.

–Buenos días. -Pronuncio bastante desanimada.
–¿Te encuentras bien?. -Me pregunta Ángela mientras da un sorbo al café con leche.
–Más o menos... lo poco que he dormido ha sido horrible. -Digo mientras me siento en la silla.
–¡Tita, tita!. -Es la pequeña Sofía, la cual en cuanto se percata de mi presencia corre desde el otro lado de la casa hacia la cocina. La pequeña se acerca a mi y me pide que la coja, es un auténtica dulzura.
–Hola cariño. -Digo tratando de sonreír.
–¿Es verdad que voy a tener un primito?. -Me pregunta alegremente.
–Sí cielo, aquí está ¿ves?. -Me toco la barriga, Sofía sonríe como pocas veces la he visto.
–¡Qué chuli! ¿puedo tocarte la barriga? ¡porfi, porfi, porfi!. -Me dice la niña.
–Claro que sí, dame tú manita. -Me da su pequeña mano, la pongo en mi barriga. -Aún es pequeñito, pero dentro de unos meses dará pataditas. -Digo, me mira y se ríe.
–¡Sofía! no agobies a la tita, vete a terminar de vestirte que nos vamos al cole en diez minutos, ¡va que llegamos tarde!. -Le dice Casi a la pequeña.
–Pero mamá... -Sofía hace pucheros.
–Sofía, por favor... si no te apresuras llegaremos tarde. -Le dice Casi.
–Tita ¿me llevas al cole? y así lo conoces para que cuando mi primito tenga que ir. -Todos reímos ante su comentario.
–Vale, pero... para que vaya al colegio aún le queda. -Digo. Por momentos hace que sonría y me olvide de mi tristeza.
–¿Estás segura que quieres?. -Me pregunta Casi.
–Claro, termina de vestirte que nos vamos. -La digo.

Salir a la calle un rato me vendrá bien para olvidarme de las últimas cosas vividas. Me subo a vestir, cojo la mochila de Sofía  mientras que ella se  despide de todos y la llevo al colegio. La pequeña al llegar se va con sus amigas, suena el timbre y entra, me da un dulce beso y antes de irse corriendo acaricia mi tripa.

–¡Adiós tita, adiós primito!. -Su comentario me alegra.
–Adiós cielo. -Me despido de ella y vuelvo a casa.

En el camino reflexiono sobre algunas cosas, una de ellas es buscar un trabajo, lo cierto es que tenía pensado buscarlo a mi vuelta de Argentina pero en vista de que eso quedó atrás, lo adelantaré. Llego a casa, me ducho y me pongo vestimenta adecuada para salir en busca de trabajo. Atrás quedó Pablo, es hora de empezar a vivir una nueva vida alejada de él por mucho que me duela.

6.10.13

Cap. 90: Nunca encontraré a alguien como ella

Narrado por Pablo:

Puesto que mi niña lleva unos días un tanto rara, decido salir un rato con mis amigos a tomar algo ya que ella ha decidido quedarse en casa. Son las diez de la noche, regreso a casa con ganas de estar con ella. Cojo el coche y conduzco hasta casa, llego y aparco justo en frente de la casa. Subo por las escaleras, entro y voy directo hacia nuestra habitación. La saludo pero la noto tensa, la pregunto si la ha pasado algo con las chicas, me dice que no pero que tenemos que hablar. Esas palabras no sé porque pero me ponen bastante nervioso. Escucho con atención lo que quiere decirme, se sincera conmigo y a continuación me da una noticia. Lleva días mareándose constantemente, está embarazada. Me quedo quieto y algo bloqueado ante su noticia, no sé exactamente que decir. Sinceramente lo que más logra enfadarme es que me haya ocultado lo de los mareos, creo que tenía derecho a saberlo. Ser padre es algo que está dentro de mis planes de futuro a su lado, pero quizá ahora no es el mejor momento, la noticia de saber que seré Padre me alegra pero necesito unos días para pensar. Se lo hago saber pero no duda en preparar mi maleta, no entiendo que está haciendo, simplemente he pedido tiempo. Mientras se empeña en guardar todas mis pertenencias en el interior de esa maldita maleta me dice que de ahora en adelante tendré todo el tiempo que desee y mucho más, algo que me descoloca. Sus ojos no paran de derramar lágrimas, entre ellas me dice que esto ha llegado a su fin, que se acabó. Juro que por momentos el corazón se para, no sé como actuar. Se muestra fría y como si no la importase lo que me está diciendo. Cierra la maleta y me la pone en la puerta, pero antes se quita la alianza y la pone sobre la palma de mi mano. Una lágrima se desliza por mi mejilla ante el acto que acaba de hacer. ¿Por qué tiene que acabarse esto si sólo he pedido un poco de tiempo?, sin más dilación y más palabras que puedan entorpecer más este momento, agarro la maleta y me voy, me voy de esa casa sabiendo que en los próximos días recibiré la anulación de nuestro matrimonio, me pudre el alma saber que la persona que más quiero en el mundo me está dejando. Tiro de la maleta hasta mi otra casa en Málaga, necesito estar sólo. Llego y tiro la maleta al suelo de malas maneras y de bastante mal humor, no me creo nada de lo que está pasando. Miro mi teléfono repetidas veces para ver si en la pantalla se refleja una simple llamada suya, algo que me ayude. Me siento en la cama mientras comienzo a recordar esa luna de miel que hemos vivido, algunas lágrimas salen disparadas por mi cara. En ese momento y bajo mis totales pensamientos, suena mi teléfono, lo saco rápidamente del bolsillo pensando que podría ser ella, pero está claro que me equivoco.

–Hola. -Digo seco y sin ánimos para responder a la llamada de Marta.
–¿Podemos vernos?. -Formula.
–No tengo ganas de hablar con nadie Marta, con nadie. -Digo alzando la voz.
–Tampoco es para que te pongas así ¿no crees? creía que era tú mejor amiga y que me contarías las cosas pero veo que me he equivocado, adiós. -Me dice seca.
–Por favor no cuelgues, lo siento... no vivo mi mejor momento, no me abandones tú tampoco. -Digo entristecido.
–Lo sé y entiendo lo que estás pasando pero también tengo que decirte que esto te lo has buscado tú solito Pablo. -Me dice.
–Sé que es tú mejor amiga, y es por ello que a mi no me darás la razón pero tienes que entenderme también, soy joven. -Digo.
–No voy a hablar esto contigo por teléfono Pablo, si quieres nos vemos. -Insiste.
–Estoy en mi casa de Málaga, aquí te espero. -Cuelgo.

Me vuelvo a quedar sumergido en mis propios pensamientos hasta que el timbre me saca de ellos. Abro la puerta y ahí está Marta.

–Pablo... ¿qué estás haciendo?. -Me dice mientras se sienta en el sofá.
–Marta, soy joven y estoy empezando en el mundo de la música, mi sueño... es complicado. -Digo.
–Lo sé Pablo, pero se te olvida que Aurora es la madre de tú hijo y así solo la estás perjudicando. -Dice.
–Mi intención no es perjudicarla y lo sabes, simplemente la he pedido algo de tiempo y ella no ha dudado en poner mi maleta en la puerta ¿crees que esto es fácil para mi? te diré que no es así, aquí no sólo sufre ella. -Digo.
–Necesita un poco de tú apoyo Pablo, en vez de haberte enfadado cuando te dijo que llevaba días mareándose debías haber dejado tú maldito lado egoísta y haber estado feliz, pero no. -Me dice.
–Yo no soy egoísta Marta, en ningún momento rechacé el tener ese hijo, simplemente he pedido un poco de tiempo. -Digo.
–Debes hablar con ella, si la quieres. -Dice.
–Por supuesto que la quiero, pero no la comprendo. -Digo.
–Mira Pablo... yo no seré quien te diga lo que tienes que hacer y lo que no, allá tú, sólo te diré que aunque Aurora no haya firmado aún los papeles del divorcio, buscará a alguien que la valore y la quiera a ella y al bebé, luego no te lamentes. -Dice y me descoloca. 
–He intentado todo Marta, todo...
–¿Has intentado qué Pablo? la estás destrozando y eso no te lo voy a permitir, porque es mi mejor amiga. -Me dice enfadada.
–Marta, dime que hay de malo en pedirla tiempo, por favor... no entiendo porque me ha dejado, no me explico esto, ¿a caso  es un delito? sinceramente yo no lo veo así. -Digo alzando la voz.
–Lo siento Pablo, siento que pienses así pero no cuentes conmigo. -Me dice.
–¿Tú también me abandonas cuando más te necesito? esto es impresionante. -Digo mientras me levanto del sofá de malas maneras.
–Nadie abandona a nadie, si no fueras tal terco quizá no te pasarían ciertas cosas, adiós Pablo. -Se levanta, y se va dejandome con la palabra en la boca, además de bastante enfadada.

Saco el teléfono del bolsillo, marco su número, y en cuanto este empieza a dar llamada, es ella misma quien la corta evitando que pronuncie palabra alguna. No puedo parar quieto en casa, no sé que hacer. Cojo un paraguas, una chaqueta fina verde y salgo de casa. No para de llover, no sé porque  pero la lluvia siempre me ha dado una triste sensación de soledad. Camino por las calles las cual están desiertas, me siento en un banco a pesar de que está mojado, la lluvia cae sobre el paraguas, y las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas cuando recuerdo que me falta lo más grande mi vida a mi lado. Mi vida sin ella es un desastre, creo que esto ha sido la gota que colmaba el vaso, además de excesivo. En ningún momento dije que no quería a ese hijo que crece en su interior, supongo que ya no tengo nada que pensar, me ha dejado y parece que no hay vuelta atrás. Me levanto sin ánimos para volver a casa, las calles siguen oscuras y vacías como cuando cuando salí de casa hace un rato, voy mirando al suelo completamente hasta que me choco con alguien.

–Disculp... -No termino la frase al darme cuenta de quien es.
–Tranquilo -Me dice ella. Se trata de la chica con la que bailé hace unos meses en aquel bar.
–¿Tú eres la chica con la que bailé, no? -Pregunto.
–La misma, pero... ¿no crees que es algo tarde como para estar por aquí? -Me dice.
–Digamos que necesitaba reflexionar y bueno... aquí estoy, más solo que la una. -Digo.
–Ah bueno... entonces te dejo, hasta otra. -Comienza  a caminar hasta que la paro.
–No, no te vayas aún, ni si quiera se tú nombre. -Digo.
–Me llamo Adriana. -Dice.
–Supongo que mi nombre ya le sabes, a si que será mejor que me vaya, seguro que tienes ganas de irte a casa. -Digo.
–La verdad es que no, nadie me espera al llegar a casa. -Dice.
–A mi tampoco. -Digo.
–Si no recuerdo mal... estabas casado ya ¿no? o al menos es lo que contaban las revistas. -Me pregunta.
–Sigo estándolo, pero dentro de poco ya no. -Digo.
–Ohhh... lo siento, no quería recordártelo, lo siento mucho Pablo. -Dice.
–No me apetece recordar esto, está siendo muy doloroso para mi. -Digo.
–Yo he pasado por una cosa parecida con mi anterior pareja y sé que es difícil pero seguro que encuentras a alguien que te quiera como ella. -Me dice.
–Por favor, no me apetece recordar nada... -Digo.
–Lo siento, siempre me meto donde no me llaman. -Dice.
–No, al contrario... eres la única persona con la que puedo contar ahora. -Le digo.
–¿Te apetece ir a tomar algo?. -Me dice con una tímida sonrisa.
–Claro, necesito despejarme un poco de todo esto. -Digo.

Caminamos hacia un bar cercano de donde estamos, entramos y nos sentamos en unos sofás alejados de toda la gente. Pedimos dos gin-tonic's.

–¿Qué estudias actualmente?. -Pregunto intentando no ponerme a pensar en ella.
–Actualmente estoy estudiando derecho. -Me dice mientras bebe del vaso.
–Bonita carrera... -Digo sin saber muy bien que responder. Me mira de forma fija.
–Es complicada, pero es lo que toca. -La charla es fría como cuyo hielo.
–Adriana, ¿puedo preguntarte algo?. -La digo.
–Claro Pablo, lo que quieras. -Me dice mientras me sonríe.
–¿Por qué rompiste con tu anterior pareja?. -Pregunto.
–Bueno... todo empezó con sus estúpidos celos, cada vez que salíamos a la calle y un chico me saludaba o viceversa ya pensaba que quería algo con él, después me tenía demasiado controlada y a mi no me gusta que me controlen, necesito mi espacio. -Me cuenta.
–Es normal, pero bueno... quizá no te sabía valorar suficiente. -La digo.
–Puedo decir lo mismo de ti, no sé porque lo has dejado con ella pero creo que hay pocos hombres tan valiosos como tú, quizá no te valora lo suficiente. -Me dice.
–Lo de Aurora es pasado, me ha dejado y tengo que asumirlo aunque me duela, porque se perfectamente que nunca encontraré a alguien como ella. -Digo.
–No cierres puertas ahora, estoy segura de que te volverás a enamorar. -Me dice.
–Por el momento no quiero, necesito olvidarme de ella, y eso me va a costar muchísimo. -Digo.

Me quedo charlando un poco más con Adriana, es una mujer muy simpática. La acompaño a casa, pero antes ella misma se encarga de meter su número de teléfono en mi móvil. Me despido y vuelvo a casa. No puedo arrancarme su recuerdo del corazón y del pecho, no me puedo olvidar de sus besos, de sus caricias sobre mi piel, cada palabra suya... no puedo. No tengo demasiada fuerza para seguir adelante, no sé que será de mi. Sobre mi queda la obsesión de desbloquear el teléfono repetidas veces para ver si existe esa llamada suya o un simple mensaje, pero ni rastro de ello.

4.10.13

Cap. 89: Se acabó

Narrado por Aurora:

Nos quedamos abrazos varios minutos, las lágrimas no son capaces de dejar de descender por mis cálidas mejillas, quizá este cometiendo el peor error de mi vida pero tengo que callarme esto al menos por el momento, esto significará perderle para siempre. Es por la tarde, estoy realmente cansada, sin fuerzas y ánimos, Pablo insiste en salir a dar un paseo y yo me niego.  Se queda a mi lado, en silencio. Por un minuto se me pasa por la mente el acabar con todo esto y decírselo, pero algo me dice que no lo haga, a si que sigo con la ley del silencio. Pablo decide salir con sus amigos un rato, así que yo llamaré a Marta y a Ángela, las cuales vienen rápidamente. Me refresco la cara con agua, mis ojos están rojos de tanto llorar. Llaman al timbre, miro por la mirilla, me seco las lágrimas y abro la puerta al ver que son ellas.

–Ya estamos aquí como nos pediste. -Dice Ángela, pasamos dentro.
–No puedo más. -Digo mientras me derrumbo en el suelo por completo.
–¿Qué tienes Aurora? vamos habla. -Dice Marta mientras me ayuda a levantarme del suelo.
–Habla. -Dice Ángela mientras me ayudan a sentarme en el sofá.
–Estoy, estoy... -No puedo gesticular palabra alguna.
–¿Estás qué? por el amor de Dios... ¡habla!. -Dicen cada vez con mas preocupación.
–Estoy embarazada. -Digo del tirón.
–Em.... em... ¿embarazada? -Pregunta Ángela con los ojos como platos.
–¿Te has hecho la...? -Pregunta Marta.
–Un momento ¿cómo que si se  la ha hecho? Marta, ¿tú sabías que podía estar embarazada? -Dice Ángela algo enfadada.
–Teníamos nuestras sospechas, llevaba días con mareos. -Dice Marta.
–Bueno, lo importante es si el padre de la criatura lo sabe ya. -Dice Ángela.
–No, aún no... no es fácil, se irá todo al garete. -Digo nerviosa.
–No es fácil pero Pablo como padre que es debe saber la noticia, le conozco y si hay algo que detesta es la mentira, creeme que callarte es lo peor que puedes hacer. -Me dice Marta.
–Estoy de acuerdo en lo que dice Marta, Aurora no puedes ocultárselo, díselo. -Dice Ángela.
–Quizá suene egoísta pero si le cuento esto... -Digo.
–Díselo, no esperes más. -Me dicen.
–Tenéis razón, tengo que acabar con esto cuanto antes, se lo diré esta misma noche. -Digo sin ser consciente totalmente sobre lo que acabo de decir.
–¡Así se hace! estoy segura de que la noticia se la tomará bastante bien. -Dice Marta.
–Enhorabuena por ese bebé que viene en camino. -Dice Ángela mientras acaricia mi tripa.
–Gracias por estar aquí en estos momentos. -Digo mientras las abrazo.

Las chicas se quedan varios minutos más tratando de calmarme, no lo hago del todo pero si algo. Se van y me vuelvo a quedar sola y rodeada de pensamientos. ¿Cómo se tomará la noticia? ¿se enfadará? ¿le gustará? prefiero no darle muchas vueltas. Me siento en la cama y me tomo una tila para apaciguar los nervios de mi estómago. Doy vueltas y más vueltas por la habitación pensando en como se lo diré. De pronto se oye la puerta de la entrada, los nervios vuelven a aparecer tras notar como su presencia se acerca poco a poco, trae una sonrisa.

–Hola mi vida, siento haber tardado en volver pero ya sabes como son Manuel y el resto, hasta que no me he tomado una copa más no han parado, ¿y tú qué tal? ¿has estado con las chicas?. -Me pregunta mientras se sienta en la cama.
–No te preocupes he estado con ellas aquí en casa. -Digo algo tensa.
–¿Todo bien cielo? te noto un poco nerviosa ¿habéis discutido?. -Me pregunta.
–No, con ellas todo genial, ya sabes que son maravillosas. -Digo forzando una sonrisa.
–Entonces ¿por qué esa carita? -Dice mientras me acaricia la espalda.
–Pablo, tengo que hablar contigo. -Le digo seria mientras me levanto de la cama para ponerme en pie.
–¿Hablar? ¿qué sucede mi niña? -Comienza a preguntarme algo nervioso.
–Verás Pablo yo... yo no sé como decirte esto, pero antes de decírtelo me gustaría que supieses algunas cosas. -Digo cabizbaja.
–¿Qué sucede? comienzas a darme miedo... -Dice mientras se pone de pie.
–Pablo, cuando te vi por esas calles de Málaga supe que eras el amor de mi vida, no me equivoqué al pensarlo porque a día de hoy lo eres y siempre lo vas a ser. Cuando estoy contigo siento que soy una mujer completa y resplandeciente de felicidad, si un día tú me faltas yo no tendría fuerzas ni motivos suficientes como para seguir en este mundo. -Supiro, hago un parón y continúo. -Pablo, hoy las cosas empiezan a cambiar para nosotros, de hecho ya han cambiado.
–Habla por favor. -Dice.
–Estoy embarazada. -Cierro los ojos y pronuncio rápidamente esas palabras. No habla se queda mudo.
–em... em... ¿embarazada? ¿de mi? pero... -Dice mientras comienza a dar pequeños paseos por la habitación llevandose las manos a la cabeza.
–Así es, una nueva vida está creciendo en mi interior, fruto del amor que sentimos los dos, el uno por el otro. No quería preocuparte sin tener confirmadas mis sospechas pero llevaba ya días mareándome. -Digo algo más tranquila al habérselo contado, pongo su mano en mi vientre.
–¿Qué? llevas días mareándote y ni si quiera me lo cuentas, ¿somos un matrimonio o un par de desconocidos?. -Dice enfadado.
–Pablo, entiende que no quería preocuparte sin tenerlo confirmado tampoco es para que te pongas así. -Digo de brazos cruzados.
–¿Y como quieres que me ponga Aurora? ¿pretendes que me ría a caso? has sido demasiado injusta conmigo.
–Podrías dejar de mortificarme y alegrarte aunque sea un poco ¿no?. -Digo mientras intento contener mis lágrimas.
–Esque no se si quiero ser padre ahora, esto me viene muy grande y no sé si es el momento. -Estoy cabizbaja, de pronto y tras oír sus palabras la levanto de golpe.
–¿Qué? me estás... -Trago saliva mientras intento pronunciar esas horribles palabras.
–Necesito tiempo para pensar, necesito un poco de soledad. -Dice frio y como si no le afectase que esté llorando. En ese preciso momento y sin más palabras, saco su maleta del armario y guardo toda su ropa en ella. -¿Tiempo? todo el que quieras por supuesto, a partir de hoy por mi parte tendrás mucho porque esto para mi se ha acabado. -Digo mientras intento contener mis lágrimas.
–¿Me estás dejando?. -Dice mientras me agarra del brazo para que no continúe metiendo más ropa en la maleta.
–Yo no te he dejado Pablo, tú me has pedido tiempo en una cosa que debería estar clara, no quiero saber de ti. -Digo siendo quizá poco consciente de mis palabras.
–Esto es excesivo ¿no crees? creo que te estás equivocando. -Dice.
–No, esta vez no me estoy equivocando, buscaré a alguien que me quiera y sobre todo que le quiera a él, juntos le llenaremos de ese amor que por tu parte nunca recibirá. Toma, no lo quiero.  -Saco la alianza de mi dedo y la pongo en la palma de su mano. La mira fijamente y una lágrima desciende por su mejilla. -En unos días comenzaré a preparar los correspondientes trámites para poner fin a este absurdo matrimonio que nunca debió llevarse a cabo, tardará  un mes pero no te preocupes, a partir de hoy nada te une a mi. -Bajo la maleta de la cama y se la llevo hasta la puerta, me sigue por el pasillo. -Y ahora si no te importa, tengo una nueva vida que comenzar. -Me mantengo seca, pero por dentro me derrumbo a cada paso que doy.
–Espero que seas consciente de lo que hoy me estás diciendo. -Dice mientras sale por la puerta, se para y me mira.
–No quiero escucharte Pablo, vete para no volver. -Le miro por última vez sabiendo que posiblemente sea la última vez que lo haga, esto se ha acabo a fin de cuentas.

Cierro la puerta, me dejo caer al suelo sin fuerza alguna, puedo oír como ha bajado las escaleras lo cual indica que ya se ha marchado. Nunca me equivoqué al pensar que si esto sucedería las cosas entre nosotros no marcharían bien, y ha sido así. Las lágrimas salen disparadas, aún la casa huele a su fragancia. Me levanto del suelo como puedo, no puedo estar en esta casa, todo me recuerda a lo que viví con él. Me siento en la cama mientras agarro con fuerza una de sus camisetas, no puedo parar de llorar. ¿Por qué me hace esto? ¿por qué me abandona cuando más le necesito? ahora veo que nunca me quiso, si me quisiera tanto como me ha dicho tantas veces no me habría dejado sola en estos momentos, habría aceptado encantado la noticia pero me equivoqué. No merece ninguna de las lágrimas que se deslizan por mis mejillas, por mucho que me duela haber perdido al hombre de mi vida, tengo que aceptarlo y comenzar una nueva vida. Siento como la vida tras su marcha se  me ha ido apagando, no sé que será de mi, supongo que las cosas han cambiado.

–Cuidaré de ti pequeño, ya quiero ver tú dulce carita. -Digo mientras acaricio mi vientre. -Saldremos adelante. -Digo.

Tras derramar bastantes lágrimas más, oigo la puerta. Me levanto de golpe pensando que puede ser él pero no es así, son Marta y Ángela.

–¿Dónde está la mamá más guapa? -Oigo a Marta con su dulce voz.
–Te hemos venido a ver mami. -Me dice Ángela cariñosamente desde la otra punta de la casa. Se acercan a la habitación, lugar donde estoy.
–¿¡Qué tienes Aurora!?. -Me preguntan nada más ver mi cara llena de lágrimas.
–Por favor, habla, ¿por qué estás así? vamos habla. -Dice Ángela mientras se sienta a mi lado rápidamente.
–Lo... lo... -No puedo continuar la frase me derrumbo aún más al tener que decir semejante frase.
–Shhh... ya está ¿vale? estamos aquí. -Marta se agacha y me limpia las lágrimas. De sobra saben el final de la frase.
–Cálmate por favor, ahora tienes que mirar por los dos, te vas a deshidratar. -Me dice Ángela mientras me abraza con fuerza.
–No puedo más, no puedo... ha sido... pff. -Me intento calmar como me piden.
–¿Se lo ha tomado muy mal?. -Me preguntan.
–Me pedía tiempo, eso significa que no tenía claro que quería tener este hijo conmigo y que ese tiempo significaría dejarme de un momento a otro, lo sé. -Digo algo más calmada mientras se lo cuento.
–Haz la maleta. -Dice Ángela.
–¿Qué? ¿para qué? ¿pretendes que viajemos? no tengo demasiadas ganas. -Digo.
–Vamos a casa de Elena, se me olvidó comentartelo pero cuando vosotros os fuisteis de luna de miel comencé a vivir allí con Salva. -Me dice.
–¿Cómo que a casa de Elena? ¿estás loca? Elena no tiene ni idea de esto, y tampoco quiero molestar. -Digo.
–Es buen momento para lo que sepa, a fin de cuentas es la abuela de ese bebé y ahora necesitarás ayuda -Dice Marta mientras señala mi vientre. Me levanto de la cama y cojo la maleta como me piden, comienzo a meter algo de ropa.
–Yo no sé si esto sea buena idea, allí estará Pablo y... -Digo.
–Conozco a Pablo no irá a casa de sus padres, se irá a su piso de Málaga. -Me dice Marta.

Cierro la maleta con algo de ropa, me agarran con cuidado de la cintura ya que estoy bastante débil. Cogemos el coche y nos plantamos en casa de Elena en veinte minutos. Llamamos al timbre.

–¡Aurora! que alegría verte. -Me dice Elena mientras me abraza.
–Hola. -Digo seca mientras paso dentro de la casa.
–¿Qué sucede? ¿por qué esa maleta? ¿os vais de viaje? -Oigo como Elena pregunta a las chicas.
–Lamentablemente no se trata de un viaje, pasemos a dentro, allí hablaremos mejor. -Dicen.

Vamos al salón, Elena parece estar sola en casa así que me siento con un cúmulo de nervios bastante grande. Se sientan a mi lado.

–¿Va todo bien? -Pregunta Elena.
–Sí, más o menos pero... Aurora tiene que contar algo. -Dice Ángela.
–Yo... yo... -No puedo a penas seguir la mirada a Elena, y tampoco gesticular palabra alguna.
–Me estás asustando Aurora ¿qué pasa?. -Pregunta con ansias.
–Estoy embarazada. -Le digo.
 –¿Voy a ser abuela?. -Me pregunta mientras comienza a dibujarse una gran sonrisa en su cara.
–Es la mejor noticia que podías haberme dado Aurora, ¿se sabe que es?. -Me pregunta con entusiasmo.
–No... estoy solamente de unas semanas, es demasiado pronto como para saberlo. -Digo intentando
mostrarme bien.
–¿Por qué Pablo no ha venido para darme junto a ti la noticia?. -Me pregunta. En ese momento miro a las chicas a modo de duda tras su pregunta, me miran haciendome un gesto para que conteste la verdad.
–Verás Elena... mmm... yo y... -Digo mientras las palabras se me atragantan.
–No se lo has dicho aún ¿verdad?. -Me dice.
–Elena, Pablo sabe lo noticia perfectamente. -Digo.
–Entonces supongo que no haya porque estará ocupado con su trabajo, pero seguro que está feliz por esta preciosa noticia. por la noticia. -Dice.
–Ojalá... me ha pedido tiempo porque tiene que pensarlo. -Digo mientras la miro a los ojos.
–¿Tiempo? ¿eso quiere decir que...? -No continúa la frase.
–Mira Elena... te explicaré como está la situación entre nosotros en estos momentos, y te diré que no es buena, yo pensaba que a Pablo esto le haría ilusión pero no ha sido así, si me está pidiendo tiempo es que no tiene claro querer ser el padre de mi hijo y yo no puedo hacer como si nada pasase, porque si pasa. -No puedo mencionarle, comienzo a llorar.
–Pero... ¿¡qué demonios se le pasa a este hijo mío por la cabeza!? no entiendo porque tiene que pensarselo, es algo que os incumbe a los dos, no puedo permitir esto, hablaré con él. -Dice enfadada.
–Elena, no por favor... hace cuestión de minutos le he puesto la maleta en la puerta, no quiero saber nada de él, esto se ha acabado, él tiene dudas cuando no debería tenerlas. -Digo mientras seco mis lágrimas.
–Está bien,  por lo pronto te quedarás aquí con nosotros, no estás en condiciones para estar sola en casa. -Me dice mientras me abraza.
–No quiero dar que hacer de verdad, estaré bien conforme pasen los días. -Digo.
–¿Molestar? en absoluto, te quedas aquí, tienes que cuidarte para que este niño venga fuerte ¿vale? -Me dice Elena mientras me acaricia la tripa.
–Gracias por todo el apoyo Elena. -Digo.
–De nada cielo, te ayudaremos en todo lo que podamos. -Dice con su preciosa sonrisa.

Estoy algo más tranquila, aunque no del todo ya que se que Pablo aparecerá por esa puerta en breves y no quisiera tener un encontronazo con él, no quiero verle, no quiero escucharle... porque esto se acabó. Acaba un doloroso día para mi.