23.11.13

Cap. 101: ¿Por qué este cambio en él?

Narrado por Aurora:

En mi cabeza retumban esas palabras que Marta acaba de pronunciar ''Pablo te quiere'' no puedo negar que me hace cierta ilusión saberlo pero... es tarde. Me quedo completamente muda, con la mirada puesta en el suelo. Me da un pequeño golpecillo sobre la pierna.

–Estés con quién estés aquí estaré ¿de acuerdo? -Me dice con una sonrisa.
–Lo sé cielo, y es precisamente de eso de lo que quiero hablarte... -Le digo.
–¿Qué te parece si vamos a tomar un café? Y hablamos de todo... -Me pregunta y asiento con la cabeza.

Agarro mi bolso, nos despedimos de Elena con la idea de volver para la hora de la cena y así ayudarla. Vamos caminando, meto mis manos en el interior del bolsillo de mi pantalón mientras andamos rápido.

–¿Va todo bien? ¿Ha ocurrido algo? -Me pregunta.
–Pues sí... si que ha ocurrido, verás... -Me quedo unos segundos callada mientras pienso en si terminar la frase o no. -He conocido a alguien, alguien con quién estoy empezando a tener algo. -Se queda callada pero rápidamente sonríe.
–Me alegro de que estés rehaciendo tu vida mi niña. -Agarra mis manos.
–Gracias de corazón por estar aquí siempre que te he necesitado. -La abrazo con fuerza, un abrazo de esos que tanto llegaba a necesitar.
–No me tienes que agradecer nada, siempre voy a estar cuando me necesites y cuando no... también. -Ríe y me uno a su risa mientras la abrazo nuevamente.

Seguimos caminando en silencio por las calles de Málaga, no me pregunta nada más respecto a Hugo. Llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas y pedimos dos cafés.

–Y bueno... ¿ya tienes pensado como se llamará? -Me dice con una sonrisilla.
–No, aún no he pensado en eso, supongo que deba ir pensándolo pero... tú me ayudarás ¿no? -Sonrío y me devuelve la sonrisa.
–Claro que sí, digamos que soy como su tía postiza. -Me dice volviendo a reír, echaba de menos estos momentos.

Charlamos un buen rato, son las ocho de la tarde y decidimos volver a casa.Volvemos a casa en silencio, sin gesticular palabra alguna. Al llegar vemos a Elena en la cocina preparar la cena, vamos directas a donde ella para ayudarla.

–¿Quieres que te ayudemos Ele? -La pregunto mientras me pongo al otro lado de la encimera de la cocina para verla.
–De ninguna manera, tú tienes que descansar para que el embarazo vaya bien y Marta debe descansar después del viaje.
–Puedo hacerlo Ele, estoy perfectamente. -Le digo.
–Elena, yo tengo toda la noche para descansar a si que... te ayudaré y no se hable más. -Le dice Marta.
–De acuerdo, me ayudaréis. -Nos dice con una sonrisa.

Ayudamos a Elena a preparar la cena, ponemos la mesa para todos y cuando terminamos nos sentamos en el sofá con  Elena hasta que lleguen todos. Encendemos la televisión para matar el tiempo. Se oye la puerta de la entrada, son Casilda y la niña. Vienen hacia el salón directamente y no duda en venir hacia mi para que la coja en brazos. Da un salto y queda sentada sobre mis piernas.

–¡Sofía! Ten más cuidado, recuerda que ahí dentro está tu futuro primo y puedes hacerle daño. -Regaña Casi a la pequeña.
–Lo siento mucho tita, no quería... -Mira al suelo y desaparece la sonrisa de su rostro.
–No pasa nada ¿vale? Para la próxima llevarás más cuidado. -La guiño un ojo. -¿Qué tal te lo has pasado en el parque? -La pregunto.
–¡Muy bien! He jugado con muchas niñas. -Me dice volviendo a sonreír.
–Sofía cariño... ¿por qué no subes a la habitación y te pones el pijama? -La dice Casilda a Sofía.
–Vale mami. -Se baja rápidamente de mis piernas y comienza a subir con cuidado las escaleras rumbo a su habitación.
–¿Qué tal Marta? -Pregunta Casilda a Marta.
–Muy bien, algo cansada por el viaje. -Dice.
–Me alegro. ¿Qué tal está mi hermano? -Pregunta directamente mientras que Elena y yo permanecemos en silencio.
–Pues... -Dice nerviosa. -Bien, los conciertos han sido increíbles.
–En estos días el teléfono de casa no ha recibido ni una sola llamada por su parte, y ahora... ahora ni si quiera viene a visitar a su familia ¿por qué este cambio en él? -Pregunta Casilda con tono de enfado. Me mantengo en silencio y quieta.
–No lo sé, ojalá tuviera la respuesta que buscas Casi. -Dice Marta.

Nos quedamos en silencio, la cara de Casilda es de máximo enfado, y aunque yo he preferido mantenerme callada reconozco que razón no la falta. Contiuamos viendo la televisión, a los pocos minutos Sofía baja dando pequeños brincos por la escalera mientras que llega al borde del sofá y me pide que la suba para quedar en medio de Marta y de mí. Esta pequeña es un auténtico cielo, siempre está sonriendo y consigue que acabe haciéndolo yo también. Instantes después aparece Salvador y Salva por la puerta, lo cual indica que es hora de sentarse a cenar finlamente. Ambos saludan a Marta y se alegran de verla. Degustamos la deliciosa cena mientras la acompañamos de una charla bastante amena. Como siempre Elena se empeña en que no la ayudemos a recoger los platos de la cena, a si que opto por subir a Sofía a su habitación, la cojo en brazos ya que se cae de sueño, subo por las escaleras, la tumbo en la cama cuidadosamente y la arropo con su edredón. Me mira con los ojos casi cerrados.

–Tita ¿me lees un cuento? -Me pregunta.
–¿Un cuento? Pero si estás a punto de cerrar ya los ojitos princesita. -La digo sin irme de su lado.
–Va, porfi tita, me hace mucha ilusión. -Me dice dulcemente. Es una dulzura.

Me siento en el borde de la cama, cojo uno de los cuentos que posan sobre su mesilla de noche, lo abro y comienzo a leerle el cuento en voz baja, de manera que no tarde mucho en caer dormida, y así es, minutos después de leerla un cuento, Sofía queda dormida. Vuelvo a la habitación, me meto en mi cama e intento conciliar el sueño al igual que ella.

3.11.13

Cap. 100: Te quiere

Narrado por Aurora:

Llego a casa bastante confundida, a si que opto por una relajante ducha. Salgo y me coloco el albornoz, me recojo el pelo con una pinza y me tumbo en la cama hasta quedarme dormida, el sonido del teléfono me despierta, es Hugo. Me acaba convenciendo para salir a cenar y de paso solucionar lo ocurrido antes. Me visto de forma sencilla y poco después el timbre de mi puerta suena, es él. Me dice que estoy muy guapa así, bajamos las escaleras del portal y nos montamos en su coche. Conduce en silencio hasta el restaurante, un mesero nos guía a una mesa y nos atiende. No pido gran cosa ya que mi fin de venir aquí no es comer, si no aclarar las cosas. Me mira de una forma bastante dulce. Nos sirven la cena, a penas como.

–Quería pedirte ante todo disculpas por mi de reacción antes, se que no ha sido la más apropiada, lo siento Hugo. -Me disculpo, mi mirada se dirige hacia el suelo.
–No tienes la culpa de nada, he sido yo quien se ha lanzado y no debí haberlo hecho, pero los sentimientos que tengo hacia ti me han podido.
–Hugo, eres encantador y se que puedes tener al lado a quien desees pero tampoco quiero hacerte daño... -Sus ojos se clavan en mi. Por un momento me dan ganas de lanzarme a sus labios, pero no lo creo oportuno ya que sigo sin tener las cosas demasiado claras.
–Aurora... yo... -Le cuesta terminar la frase, las palabras parecen atragantarse. -Te quiero. -Me dice sincero de sus palabras. Logra que sonría.
–Hugo yo... -No me lo pienso dos veces, me levanto y le beso dejandome llevar, aunque luego quizá me arrepienta de esto.
–Voy a cuidar de ti si me lo permites. -Me dice con una sonrisa tras separarse unos milímetros de mi. Me acerco otra vez a sus labios con el fin de besarlos nuevamente. No sé si esto salga bien, si salga mal o simplemente no salga, pero he llegado a la conclusión de que no me puedo pasar el resto de mi vida llorando por él, es hora de empezar una nueva vida y por intentarlo no perderé nada.
–Gracias. -Le digo con una sonrisa.
–¿Esto quiere decir que me darás una oportunidad? -Me pregunta.
–Eso quiere decir que lo vamos a intentar, creo que me merezco salir de todo esto y volver a empezar. -Digo segura de mis palabras.
–No te arrepentirás, te lo prometo. -Le sonrío. Terminamos de cenar, se empeña en pagar la cuenta a modo de celebración, salimos del restaurante y parece que ha refrescado.
–Toma. -Me dice mientras se quita su chaqueta para ponerla sobre mis hombros. Me la pone y me agarra de la cintura mientras caminamos.
–¿Quieres que te lleve a casa? -Me pregunta.
–Hace a penas dos horas que he salido de ella, si no te importa prefiero dar un paseo aprovechando la magnífica noche que hace.
–No, para nada... daremos un paseo como pides. -Me dice con una leve sonrisa.

Estamos alrededor de una hora más en la calle, comienzan a caer gotas a si que nos metemos en su coche que por suerte no está muy alejado de nosotros. Me siento en el asiento del copiloto y Hugo en el suyo, me mira una vez más de forma dulce, toma mi mano y la acaricia.

–Hugo... hay que debo contarte. -Es hora de que sepa que voy a ser mamá en los próximos meses.
–Claro, dime cielo. -Me mira expectante.
–Un nuevo ser está creciendo en mi interior. -Digo eso y acaricio mi barriga.
–¿En serio? eso es una fantástica noticia. -Se queda algo cortado, sin saber que decirme. -Es... es... de ¿él? -Formula.
–Sí, mi hijo es suyo. -Dudo en si contarle el resto de la historia o no. -Pero tranquilo, no creo que se vaya a hacer cargo, la verdad.
–Pues... aquí estoy yo. -Sus palabras hacen que me sorprenda bastante. ¿Hacerse cargo? sin duda Hugo en los últimos días me ha demostrado muchísimas cosas.
–Si me lo permites claro. -Me dice mientras acaricia suavemente mi tripa.
–Este niño necesitará mucho amor, a si que... -Le digo con una sonrisa.

Me devuelve la sonrisa y poco después decidimos volver a casa ya que mañana ambos trabajamos. El trayecto de vuelta a casa lo hacemos en silencio, sin gesticular palabra alguna. Para el coche en frente de la casa de Elena, me da un ligero beso en los labios y se despide de mi.

–Buenas noches cielo. -Me dice mientras acaricia mi mejilla.
–Buenas noches. -Me bajo del coche asegurándome de que nadie nos ha visto, aún no quiero que sepan nada de mi relación con Hugo. Arranca nuevamente el coche y se va. Saco las llaves del bolsillo y me dirijo a abrir la puerta, parece que están todos cenando.

–Buenas noches familia. -Digo mientras me apoyo en el marco de la puerta de la cocina.
–Hola Aurora, ya pensábamos que no venías ¿quieres cenar algo? -Me pregunta Elena mientras se levanta de su silla.
–No, no te preocupes acabo de cenar con una amiga y la verdad es que estoy llena además de cansada.
–¿Qué tal ese primer día? -Me pregunta Salvador.
–Muy bien, por el momento no tengo queja alguna. -Digo con una sonrisa.
–Me alegro. -Me dice.
–Bueno... me despido por hoy, buenas noches a todos. -Me despido y subo por las escaleras a la habitación. Cojo mi pijama y me meto en el aseo, me lo coloco y me meto en la cama pero antes decido revisar el WhatsApp. Parece que Marta me ha mandado uno, a si que no dudo en abrirlo.

Cariño, ya hemos llegado ¿te apetece que quedemos mañana? -Mi cuerpo comienza a temblar en cuanto leo su mensaje, ya están aquí, lo cual indica que él también. ¡Ya basta! no debo de pensar en él y menos ahora que estoy con Hugo, no me importa que haya regresado, es parte de mi pasado o eso pretendo que sea.

–Claro que sí mi niña, mañana cuando salga de trabajar hablamos ¿sí? buenas noches, te quiero.

Con ese mensaje de Marta me voy dormir, algo nerviosa. La alarma del móvil me despierta de un sueño reparador y profundo, es hora de levantarse para ir a trabajar. Cojo unos leggins del armario, una camiseta de manga corta y unas manoletinas, lo acompaño de un poco de maquillaje. Cojo todas las cosas necesarias y bajo a desayunar, me tomo un café rápido, cojo el coche y voy al trabajo. Al llegar aún no ha llegado Marina a si que me adelanto y abro el laboratorio. Me coloco mi bata y las demás cosas para empezar la mañana, no parece que haya demasiado trabajo. Me dispongo a analizar algunas muestras de pacientes cuando de pronto aparece Marina por la puerta.

–¿Esto es lo única que llevas analizado en toda la mañana? las quiero todas analizadas para la hora de comer, a si que tú verás como te lo montas. -Me dice exigente.
–Tranquila, si es necesario me quedaré sin comer pero las terminaré.
–Eso espero. -Me dice mientras se sienta en un silla y empieza a anotar en un cuaderno cosas.

La mañana transcurre rápido debido a que no me muevo de mi sitio, poco a poco cumplo con todas las muestras, acabo con todas justo a la hora de la comida.

–Marina, aquí las tienes todas, tal y como me pediste. -La digo. Mira su reloj. -¿Me puedo ir ya a comer? -La pregunto.
–Bien, puedes irte a casa, ya no regreses hasta mañana. -Me dice eso y abro los ojos de par en par.
–Pero... Marina. -La digo.
–Pero nada, para ser tus primeros días estás trabajando muy bien y además aquí ya no hay más trabajo por hoy. -Me dice.
–Muchas gracias. -Cojo del perchero mi chaqueta, me quito la bata y salgo de allí bastante impactada, no pensé que Marina fuese a dejarme una tarde libre y menos cuando acabo de empezar, quizá no sea tan mala como la pintan.

Bajo las escaleras del hospital con el fin de coger el coche para llegar a casa, busco las llaves de este en mi bolso y puesto que voy demasiado centrada en encontrarlas no me doy cuenta y acabo chocando con alguien.

–¡Hugo! -Sonrío cuando me doy cuenta de que con quien he chocado es él.
–Amor, deberías mirar por donde vas... -Me dice riendo.
–Lo siento mucho, ¿estás bien? -Le pregunto. Se acerca a mis labios para depositar un dulce beso en ellos.
–Ahora mucho mejor. -Sonríe.
–¿Qué haces aquí a estas horas? ¿no deberías estar en la redacción?
–He salido antes, ya no tengo que volver hasta mañana y he decido venir a buscarte para ir a comer.
–Yo también tengo la tarde libre a si que iré encantada a comer contigo por ahí. -Le digo con una sonrisa.
–Me parece bien, iremos en tu coche si no te importa ya que he venido caminando. -Me dice.
–No se hable más. -Abro el coche con el mando y nos montamos en él.

Conduzco hasta el restaurante que me ha dicho Hugo, al llegar nos sentamos y miramos la carta de menús. Pedimos algo ligero. La comida transcurre normal, me cuenta algunas anécdotas y entre risas acabamos de comer. Me empeño en pagar la cuenta pero de nada sirve porque acaba pagando él. Salimos del restaurante, me abraza por la cintura mientras caminamos.

–¿A dónde vamos? -Pregunto.
–No lo sé, sólo se que estoy muy feliz de poder pasar la tarde contigo princesa. -Me trataba como una auténtica reina.
–Gracias Hugo, de verdad. -Me paro en mitad de la calle, agarro sus manos y le doy un dulce beso en los labios.
–Gracias por nada, sólo quiero que seas feliz. -Me da un beso en la mejilla y continuamos caminando hacia el coche.

Vamos hablando hasta que suena mi móvil, en la pantalla se refleja el número de Marta, a si que no dudo en cogerlo.

–Hola cielo. -Le digo sonrientemente.
–Hola Auro ¿te pillo trabajando? -Me pregunta.
–No, tranquila, tengo la tarde libre y estoy haciendo unos... recados. -Digo con dudas ante si contarle realmente donde estoy y con quién.
–Estupendo entonces, en media hora te paso a buscar por casa de Elena ¿de acuerdo? ahora tengo que dejarte, un beso. -Me cuelga y vuelvo a guardar el móvil. Por un momento se me había olvidado que hoy había quedado con ella, a si que se lo comentaré a Hugo.

–Hugo... me vas a matar pero hoy ya había hecho planes con una amiga, lo siento. -Le digo.
–No te preocupes, si ya habías quedado yo puedo esperar. -Me dice.
–Gracias. -Le digo con una sonrisa mientras nos montamos en el coche. Conduzco hasta la casa de Hugo tal y como me indica, me despido de él.

–Te quiero amor. -Me da un dulce beso en los labios.
–Y yo. -Le digo con una sonrisa. Me da un último beso y se baja del coche.

Regreso a casa, aparco en frente y entro en esta hasta que Marta venga, para lo cual no falta mucho. Saludo a Elena, y me siento junto a Sofía en el suelo del salón, la ayudo a armar un puzzle hasta que Marta aparece por la puerta y rápidamente va hacia ella.

–¡Sofi! -La dice Marta a la pequeña mientras la coge en brazos. Juntas se dirigen hacia mi, Marta baja a la niña y se acerca a mi para darme dos besos, después saluda a Elena, puesto que lleva algo de prisa nos deja solas en el salón y se lleva a Sofía para que hablemos más tranquilas.

–¡Mi niña! ya se te empieza a notar algo ¿eh? -Me dice mientras acaricia mi barriga.
–Anda tonta...  ¡si estoy de un mes escaso! -Me quedo en silencio mientras le dedico una sonrisa. -Y bueno... ¿qué tal te va todo?
–Bien, de momento todo marcha bien, ya sabes... aún cansada por el viaje. ¿Y tú? -Me pregunta.
–Muy bien, mi vida ha cambiado bastante desde que te fuisteis, tengo que contarte algunas cosas.
–¿No vas a preguntarme por...? -Me dice.
–No, esta vez no pienso por preguntarte por Pablo, no quiero saber nada de él, sólo deseo que las cosas le vayan bien, tanto en su vida personal como en su carrera lo demás me da igual. -Digo segura de mis palabras.
–Aurora... Pablo te quiere.

Esas palabras hacen que me sorprenda, no esperaba que Marta fuera a decirme algo así, pero lo cierto es que como la he dicho, ya me da igual. Me quedo callada sin saber que responder.

2.11.13

Cap. 99: Nunca pensé tener tantas ganas de pisar el suelo del aeropuerto

Narrado por Pablo:

Salgo bastante enfadado de la cafetería tras haber discutido con Adriana, Marta hace lo mismo. Subimos a nuestras respectivas habitaciones. Cojo mi maleta, la cual está en una esquina de la habitación, comienzo a meter mis pertenencias en ella, de pronto la puerta de la habitación se abre, sube como una auténtica furia, da un portazo y se pone al otro lado de la cama para mirarme de malas maneras.

–¿Era necesaria esta humillación Pablo? sabes que no la trago y aún así me haces quedar así frente a ella, esto es increíble.
–¿Humillación o falta de educación Adriana? no muestras  un mínimo de respeto ni si quiera por mis amigas, eso si que es increíble. -Trato de no alzar demasiado la voz.
–Pero Pablo... tampoco quiero que discutamos a todas horas, entiéndeme también. -Me dice mientras se acerca a mi para tratar de abrazarme e intentar darme un  beso, lo cual impido rápidamente.
–Demasiado tarde para disculpas ¿no crees? -Digo mientras me aparto de ella para continuar guardando mis cosas en la maleta. 
–Perdóname, por favor... yo te quiero. -Me ruega mientras vuelve a intentar acercarse a mi. Esta vez logra su propósito, besa mis labios intentando llegar a más. La vuelvo a apartar de mí. 
–¿De verdad piensas que con un maldito beso se me va a pasar? -La pregunto mientras la miro a los ojos. 
–No me gustaría irme enfadada de aquí contigo Pablo, déjame demostrarte que te quiero... -Me dice mientras se acerca a mi nuevamente, esta vez introduciendo sus manos bajo mi camiseta, intentando subirmela hacia arriba para deshacerse de ella, la freno. 
–¿Qué parte no entiendes Adriana? -Me alejo bruscamente de ella mientras me recoloco la camiseta.
–¡Eres un imbécil Pablo! trato de mostrarte mi amor y tú te empeñas en rechazarme constantemente. -Me dice eso mientras se va de la habitación de malas formas dando un nuevo portazo. 

En estos momentos es cuando más me arrepiento de haber empezado algo con ella, ha sido un error muy grande por mi parte, menos mal que esto pronto terminará para siempre. Tras su marcha gano un poco de tranquilidad, me tumbo en la cama con el móvil. Miro su Twitter, a penas escribe desde que todo acabó entre nosotros, sus últimos tweets son los que me dedicaba a mi. Una pequena lágrima se desliza por mis mejillas cuando la recuerdo, el tiempo pasa pero ella cada día esta más clavada en mi corazón. Me pregunto repetidas veces si además de un empleo, habrá encontrado a alguien que remplace mi lugar, alguien que se haya ganado su amor. Recuerdo que sobre mi cuello cuelga una cadena de plata donde están nuestras alianzas, la agarro con fuerza, cojo la suya y poso mis labios sobre ella recordando el día en el que se la coloqué en su mano, el día más feliz de mi vida, nuestra boda. Tras varios minutos derramando lágrimas me las quito con rabia y decido salir a dar un paseo. Me coloco mis gafas negras y mi gorra con la letra ''G'' y me encamino hacia la calle para respirar un poco de aire. Me siento en uno de los bancos que hay, de pronto veo a Marta a lo lejos, no tarda en acercarse a mi tras reconocerme.

–¡Pablete! -Me dice.
–Vaya, no esperaba encontrarte aquí, que casualidad que hayas salido tú también por aquí a caminar. 
–Y no es casualidad, he visto como  salías del hotel un poco agobiado y bueno... quería saber que te ocurre. -Me dice mientras se sienta a mi lado, esperando una contestación por mi parte.
–Nada, simplemente estaba dando un paseo aprovechando mis últimas horas aquí. -Miento.
–Pablo... ya nos conocemos lo suficiente ¿no crees? -Me mira unos segundos. -Venga hombre, anima esa cara, pronto la tendrás a tu lado. -Me dice mientras me guiña un ojo. Sin duda a esta mujer no se le puede mentir.
–Imposible engañarte ¿eh? -Digo un poco más animado.
–Es difícil lograrlo. -Se mantiene en silencio. De pronto saca del bolsillo de su pantalón su móvil, me da un pequeño golpecito en el hombro. -¡Vamos a hacernos una foto! -Me dice mientras abre la aplicación de la cámara y nos enfoca. A pesar de no tener la mejor cara del mundo en estos instantes, hago el esfuerzo y me coloco ante la cámara. Me enseña la foto pero segundos después la borra. -Menuda cara... ¡pon una de esas que sueles por tú! -Me dice mientras vuelve a colocar la cámara. Pese a mis ganas, hago una mueca.
–¿Así mejor? -La pregunto y ella asiente.
–Será mejor que volvamos al hotel, el avión sale en una hora y cuanto antes vayamos al aeropuerto mejor. -Me dice mientras guarda su móvil y se pone en pie. Comienza a caminar, la sigo. Caminamos algo deprisa, llegamos y subimos hacia nuestras habitaciones pero antes me indica que en cinco minutos quedemos abajo.

Entro a la habitación, cierro la puerta y allí está Adriana acabando de hacer su maleta, me mira de malas formas en cuanto se percata de mi presencia. Cierra la maleta y la pone sobre el suelo, agarro mi maleta y me encamino hacia la puerta para salir. Me monto en el ascensor con la idea de que ella bajará después de mi pero minutos después cuando las puertas del ascensor parecen cerrarse a parece ella, se monta en este dándome la espalda sin dirigirme la palabra. Llegamos a la planta donde se encuentra la recepción, salgo y voy a entregar la tarjeta de la habitación, ella hace lo mismo. Salgo por la puerta del hotel, mientras me dirijo a esta veo como algunas fans me esperan a fuera. Camino rápidamente hacia ellas para atenderlas ya que es lo mínimo que puedo hacer. Estoy varios minutos con ellas, me entregan varios regalos, me echo alguna que otra foto con ellas, firmo algunos discos... y finalmente me despido de ellas agradeciéndoles su cariño. Marta me ayuda con todos los regalos ya que son demasiados. Vamos caminando hacia el aeropuerto, el camino se me hace algo incómodo pero intento no pensarlo mucho. Llegamos al aeropuerto, facturamos las maletas y nos sentamos en un banco, yo aprovecho para guardar los regalos en la maleta para que no se estropeen. A lo lejos veo como un grupo de chicas se acercan a mi. Hago lo que he hecho a la salida del hotel, fotos, besos, autógrafos, abrazos... me despido de ellas y vuelvo a sentarme en el banco bajo la atenta mirada de Adriana, la cual no es que sea precisamente buena ante la situación. Me cruzo de brazos hasta que por fín hacen la llamada a los pasajeros, subimos al avón y esta vez me siento en el asiento junto a Marta, dejando a Adriana sola. Me acomodo en el asiento mientras que la azafata de las correspondientes instrucciones de vuelo, no la presto atención. Poco a poco el avión comienza a despegar, nos quedarían alrededor de unas doce horas aquí, horas que se me iban a hacer más bien eternas. Aguanto mi cabeza con una mano, cierro los ojos para evitar el contacto de mi mirada con la de Adriana. Me duermo unas cuantas horas, las cuales me han servido para no pensar tanto. El vuelo transcurre rápido, más de lo que yo esperaba. Doy alguna que otra cabezada, hasta que de pronto Marta me indica que ya estamos cerca. Mis ganas por bajar de aquí aumentan a cada instante, estos asientos son bastante incómodos. El vuelo transcurre tranquilo, poco a poco nos vamos acercando, mis nervios aumentan, llegar a España de nuevo me alegra. Tras bastantes horas aquí metidos, el avión comienza a despegar. Me levanto algo mareado, bajamos las escaleras con cuidado y cogemos las maletas. Por fín aquí, nunca pensé tener tantas ganas de pisar este suelo del aeropuerto, la tortura de aguantar a Adriana poco a poco llega a su fín...