8.3.14

Cap. 108: No me importa el destino si me acompañas tú

Narrado por Pablo:

Si esto se trata un sueño, no quiero despertar más. No puedo creer lo que está pasando, no ha cogido ese avión, no ha dudado en venir detrás de mí para reconciliarnos, no puedo creer que hayamos vuelto... soy feliz, muy feliz. Todo ha salido bien después de todo. Ninguno de los dos podemos dejar atrás lo que sentimos y eso es así, entre caricias, besos y más caricias la hago mía. Me acurruco en su pecho mientras que juego con su pelo. Estamos varios segundos así hasta que es ella misma la que decide acabar con el silencio.

–¿Cuanto me has hechado de menos del uno al diez? -Me dice mientras me mira con una sonrisa.
–Mmmm... del uno al diez, nada. -Le digo serio. Espero a ver su reacción y no puedo evitar reirme. -Es que eso no es suficiente, es poca cantidad para lo mucho que yo te echado de menos.
–Serás bobo... -Me dice mientras me da con el cojín.
–No sabes lo que acabas de hacer pequeña... -Le digo riendo. En uno de sus descuidos me abalanzo sobre ella y comienzo a hacerla cosquillas.
–¡Pablo! Para, lo siento. -Me dice como buenamente puede entre carcajadas. Por un momento paro, la miro a sus preciosos ojos.
–No puedo creerlo... -Me vuelvo a tumbar en mi sitio.
–¿Qué pasa? -Me pregunta incorporandose un poco.
–No puedo creer que ahí dentro esté creciendo una vida que los dos hemos creado, una criatura fruta del amor verdadero que tenemos. -Sonríe. Se pone de costado, agarra mi mano y la pone sobre su vientre.
–Nuestro pequeño dentro de unos meses verá la luz y a partir de ahí seremos una verdadera familia Pablo, vamos a ser muy felices. -Dice.
–Aurora... ¿sabré ser buen padre? Me da miedo... -Digo mientras acaricio su tripa.
–¡Por supuesto que sí Pablo! Vas a ser un gran padre, ya lo verás. -Dice sin dudar.
–Le doy gracias a la vida por tenerte a ti y ahora a este pequeño, sois lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. -Una lágrima de emoción se desliza por mi mejilla. La limpia con uno de sus dedos.
–Te quiero Pablo. -Se acurruca en mi pecho.
–Y yo princesa. Lo siento, siento todo el daño que te he causado. -Mi rostro cambia de expresión.
–Escúchame pequeño. -Me coge de la barbilla, levanta mi cabeza para quedar frente a ella. -Todo eso quedo atrás, ahora es un nuevo comienzo, un nuevo comienzo que estoy segura de que será mucho mejor que el pasado ¿y sabes por qué? -Formula y hace una breve pausa. -Porque estamos juntos tú y yo, con este pequeño que está creciendo aquí. -Acaricia su tripa y esbozo una sonrisa.
–Me voy a desvivir por haceros felices todos los días de mi vida, desde que pongáis un pie fuera de la cama hasta que os volváis a dormir, porque sois el motor de mi vida, sois la parte que me complementa y eso es indiscutible. -Aparto un mechón que cubre su cara, y la acaricio la mejilla.
–Gracias por hacerme tan feliz Pablo, no sé que haría sin ti. -Se acurruca en mi pecho hasta quedar dormida profundamente.

He pasado la mayoría del tiempo despierto, pero hoy no pienso desaprovechar el día, hoy es día de disfrutarlo junto a lo que más quiero. Miro el reloj que posa sobre la mesilla de noche, son las 12:30h de la mañana, sigue radiante, tan bella durmiendo que me da pena despertarla. Acaricio su pelo, y lentamente acorto la distancia de mis labios a los suyos, la doy leves besos hasta conseguir despertarla por completo. Sus ojos se abren poco a poco, con perece más bien diría yo pero aún así no duda en regalarme una de sus preciosas sonrisas.

–Como echaba de menos despertar y verte a mi lado, durmiendo como una princesa, como mi princesa. -La devuelvo la sonrisa mientras acaricio su espalda.
–Yo también, el que me despertaras rodeada de caricias... gracias nuevamente. -Me dice.
–¿Estás preparada? -Pregunto.
–¿Prepara para qué? -Me pregunta un tanto desconcertada mientras se coloca correctamente en la cama.
–Nos vamos de viaje, en unas horas. -La verdad es que esto yo no le tenía programado pero ¿y por qué no ir hacia la locura? -Me pregunto.
–¿De viaje? ¿Ahora? ¿Hoy? Pero si... -Me dice riendo.
–¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de venir conmigo? -Me rio yo también.
–¡No es eso bobo! Es que no sabía que nos iríamos de viaje precisamente hoy. No tengo nada preparado Pablo.
–No necesito que prepares gran cosa mi vida, con llevarte conmigo me doy por satisfecho, no necesito unas maletas, ropa... te necesito a ti y con eso es más que suficiente. No me importa el destino si me acompañas tú.
–Estás loco... completamente loco. -Me dice volviendo a reír.
–¿Loco? Pues sí, me considero una persona locamente enamorada de ti, y solamente de ti. -Me vuelvo a unir a su risa.
–Te amo. -Me dice mientras se sienta sobre mis rodillas y me da un dulce beso.
–Yo más, cada día más. Y bien... ¿aceptas venir de viaje conmigo a un lugar que todavía desconozco? -La digo mientras la doy leves besos nuevamente.
–¿A caso dudabas que iba a rechazar tu propuesta? Porque si es así te diré que no te librarás de mi tan fácilmente, si eso responde a tu pregunta...
–No quiero librarme de ti, nunca. -Me acerco a sus labios y la robo un beso. Nos quedamos en silencio unos segundos.
–Ya sé a donde podemos ir. -Me dice. -¡A la casa rural! -Dice con una sonrisa.
–No se me había ocurrido pero me encanta la idea. -Ambos sonreímos.

Nos vestimos y cogemos una maleta con con algo de ropa, no demasiada. De pronto noto como la cara de mi niña ha cambiado y eso logra preocuparme, a si que no dudo en ir hacia donde está ella.

–¿Estás bien mi vida? ¿Te encuentras mal? ¿Quieres que vayamos al hospital? -La pregunto.
–No, no estoy estupendamente Pablo, no te preocupes, es solo que... -Su cara muestra angustia.
–Aurora... ¿qué tienes? No quiero que me ocultes nada, ¿qué pasa por esa cabecita entonces?
–No nos podemos ir Pablo, tu familia está como loca por verte y Hugo... Hugo está en Barcelona pensando que estoy subida en el avión rumbo hasta la que iba a ser nuestra casa. -Se sienta en la cama. Me agacho para quedar a su altura.
–Por mi familia no te preocupes, te prometo que a la vuelta voy a ir hablar con ellos y contarles que hemos vuelto y que siento haberme distanciado de ellos. Relájate mi niña, cuando lleguemos a la casa rural ya hablarás con Hugo ¿vale? Todo va a estar bien. -La beso en la frente, la doy la mano y nos ponemos en pie.
–Está bien, como tú bien dices, todo se solucionará. -Me dice volviendo a sonreír, algo que me tranquiliza.
–Olvídate un poco de los problemas amor, no es bueno para el bebé ni para ti.
–Lo sé, pero a veces me resulta complicado.
–¿Nos vamos? Me gustaría que haríamos una parada para comer. -Le digo.
–Vale. -Me sonríe, agarro su mano y nos vamos como teníamos previsto.
 
Nos montamos en mi coche, arranco el coche y conduzco hasta la casa rural donde Aurora celebró su cumpleaños. El camino transcurre tranquilo, es un lugar precioso, un poco lejano quizás. Paramos a comer algo puesto que ya es buena hora, pedimos algo ligero y retomamos el camino.
 
–¿Vas bien? -Pongo mi mano sobre su pierna y asienta con la cabeza.
 
El viaje transcurre en silencio, nos esperan unos diez minutos más para llegar. Al fin hemos llegado, me moría de ganas de volver a este lugar que me transmite tanta paz y tanta tranquilidad, la que los dos necesitamos. Aurora me da el número del hombre que alquila la casa, llamo y este no pone ningún problema en prestarnos la casa un par de días. Nos sentamos en el césped hasta que a lo lejos le vemos llegar, es un hombre que aparenta unos cincuenta y dos años, bastante simpático. Sin más dilación nos entrega las llaves y yo me encargo de pagar el alquiler, aunque Aurora también se ha empeñado en pagarlo no la he dejado, esto corre de mi cuenta.
Introduzco la llave que nos han entregado en la vieja cerradura, entramos y la casa continúa como la dejamos, quizá hasta con las mismas cosas. Posamos la pequeña maleta sobre el suelo, y me acerco a mi pequeña nuevamente.
 
–Gracias nuevamente por hacerme sentir tan bien cuando estoy contigo, gracias. -Me abraza, un abrazo lleno de amor.
–Las gracias te las tendré que dar yo siempre, por soportarme y entenderme.
 
Estoy feliz, feliz de tenerla nuevamente conmigo, feliz de que vayamos a disfrutar estos días los dos juntos, sin nadie que rompa nuestra felicidad, solamente nosotros dos.