23.7.12

Cap. 30: Bailar bajo la lluvia.

A la mañana siguiente, la luz que entraba por la ventana me despertó. Después de dar unas vueltas sobre la cama, me levanté y corrí las cortinas de la ventana. El cielo estaba nublado y hacía aire. Esperaba que no lloviera ya que eso lo echaría todo a perder. Me fui a la ducha y después desayuné algo rápido. Me vestí y a los poco minutos me estaba sonando el móvil; era Pablo.
-¡Buenos días princesa! ¿Qué tal has dormido? -Lo notaba contento y eso me provocó una gran sonrisa.
-Bien, aunque te he echado de menos... -En ese momento se me vino a la cabeza que iba estar un mes sin verle al despertar y me arrepentí de haberlo dicho-. ¿Ya has preparado las cosas? Lo del viaje y eso... 
-Si ya está todo preparado. ¿Hoy nos vemos no? -Dijo cambiado rápidamente de tema.
-Claro. No olvides que por la tarde eres para mí y además te dije ayer que teníamos que celebrar que te vas de promoción así que te tengo preparada una sorpresa.
-No te tenías que haber molestado, pero no te voy a negar que me hace mucha ilusión. -Me dijo riendo.
-Siempre eres tú el que me prepara sorpresas y regalos, ya era hora de que te hiciera ya algo a ti.
 -No necesito nada de eso si te tengo a ti. 
 -No seas tonto, sabes que si y a callar. 
 -Aurora cariño te dejo que tengo que averiguar unas cosas.
 -A las nueve en mi casa.
 -Allí estaré, te quiero. 
 -Adiós, te quiero.
La mañana pasó rápido y llegó la hora de la siesta. Me puse a ver la televisión y poco a poco me iba quedando dormida hasta que llamaron a la puerta. No esperaba a nadie y me resultó muy extraño. Me levanté y abrí la puerta. No podía ser. Otra vez no...
Me quedé allí parada sin saber que decir hasta que él rompió el silencio.
-Hola... -Me dijo con las manos metidas en los bolsillos-. ¿Puedo pasar? -A pesar de que me encantaría cerrarle la puerta y no saber nada de él, le hice un gesto con la mano y le invité a pasar.
Me apoyé en el filo de la mesa del salón con los brazos cruzados y el se colocó a unos metros de mi.
-¿Qué quieres Sergio? -Le dije muy seria.
-Ya se que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que nos vivos... pero he venido a pedirte disculpas y bueno, para ver si podemos quedar como amigos, al menos... -Parecía sincero y me sorprendió mucho que viniera  pedir  a disculpas sabiendo como era.
-Te pasaste conmigo y con Pablo. Sergio, le pegaste... -Le dije con una voz débil.
-Lo sé. -Dio unos pasos más y acercó más a mi-. En ese momento no sabía lo que hacía. Aurora, tu sabes bien que yo no soy así... por favor, perdóname. -A pesar de que me dolió mucho lo que hizo... no tenía más remedio que perdonarle. Sergio había sido una persona muy importante para mi en el pasado y aunque se pasó la otra vez, lo tenía que hacer, tenía que olvidarme de todo y empezar de nuevo, como amigos-. ¿Aurora? -Me dijo después de unos segundos.
-Está bien, olvidemos todo. Pero prométeme una cosa... No volverás a meterte en nuestra relación. Y mucho menos acercarte a Pablo.  ¿Te queda claro?
-Está bien. Te lo prometo, no me acercaré a Pablo ni me meteré en vuestra relación... pero no me pidas que me aleje de ti, porque no lo haré. -Yo por mucho que quisiera, tampoco podía alejarme de él. Algo en mi quería seguir viéndole, estar con él. Necesitaba su compañía, a pesar de todo-. Anda ven aquí. 
Sergio se acercó aun más a mi y me abrazó. Por mi parte, el abrazo fue frío aunque me gustó. Después de unos segundos nos separamos. Él me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
Ahora me sentía mucho mejor. Me gustaba tenerlo de nuevo como amigo, porque así ha sido siempre. Los recuerdos y los momentos vividos junto a él desde que eramos pequeños se me vinieron a la mente y me alegraba de haber tomado esa decisión porque no quería echar a perder una amistad de tantos años. Tenía muy claro mis sentimientos hacía él: sentimientos que se pueden sentir por un amigo de toda la vida, aunque en un pasado, fuimos más que eso.

Pasamos la tarde juntos, entre risas y recordando buenos tiempos. Había echo bien en perdonarle porque lo echába de menos y no me había dado cuenta hasta ese rato que estuve con él. Llegaron las siete y Sergio ya se marchó. Tenía que ir a toda prisa porque Pablo llegaba en menos de dos horas y tenía que arreglarme, preparar la cena y subir las cosas a la azotea ya que era allí donde íbamos a estar, en plan picnic.
  Mientras que me duchaba con el disco de Pablo de fondo, se me vino a la mente esos momentos únicos que lo cambiaron todo: ese choque de dos desconocidos que llevó a la primera mirada, a la primera sonrisa mutua, a la primera caricia, a el primer beso, a la primera vez con él, a el primer Te quiero... Momentos especiales junto a la persona que me hacía sentir única. Esa persona que a pesar de los problemas que nos han puesto por estar juntos, siempre ha sabido salir adelante, alguien que ocupa mis pensamientos las veinticuatro horas del día y al que quiero de aquí a la Luna y vuelta a empezar. 


Después de unos quince minutos, salí de la ducha y me puse un vestido cómodo y casual. Como no íbamos a salir de casa no me arreglé mucho ya que quería estar lo más natural posible. A la hora de preparar la cena me bloqueé un poco ya que no tenía ni idea de que hacer. Después de estar un buen rato dándole vueltas a la cena, opté por preparar pasta, ya que era lo más fácil y rápido. Terminé y me subí a la azotea con las cosas en brazos y lo puse todo tal y como lo había pensado. Encendí unas velas y con ayuda de unos altavoces y el móvil, conseguí poner una música suave y relajante de fondo. Era la primera vez que preparaba algo así y no me había quedado nada mal.  Miré al cielo en busca de estrellas pero nada, ni una. A pesar de que era de noche pude darme cuenta de que seguía nublado. El viento de por la mañana  había cesado y hacía mucha más calor. Bajé de nuevo las escaleras y miré el reloj: las nueve casi. Pablo tenía que estar apunto de llegar así que me retoqué un poco los pelos y me eché un poco de perfume. No sabía porque pero tenía la sensación de que todo tenía que salir perfecto, no quería tomar la cena como una despedida ya que las odio pero si que era la última hasta después de un mes y quería que Pablo se sorprendiera, quizás ese afán porque todo estuviera perfecto. Pasaron unos diez minutos y ya estaban llamando a la puerta. Corrí a abrir con una gran sonrisa y al abrir la puerta me encontré a un Pablo con pantalones verdes claro y camiseta negra ajustada que dejaba ver el lunar de su torso. Llevaba en la mano una botella de champán. Nos sonreímos y le di la mano seguido por  un suave beso en los labios.
-¿A donde me llevas? -Dijo Pablo entre risas. 
-Es un secreto. -Le dije mientras que le guiaba hasta la azotea cogida de su mano.
Al llegar arriba de las escaleras le puse las dos manos en los ojos y salimos hacia afuera. Coloqué a Pablo delante de la manta con las cosas y retiré las manos. La reacción de Pablo me encantó.
-Guau. -Dijo mirando  a su alrededor-. No tengo palabras. -Me cogió de la cintura trayéndome hacia su cuerpo y me dio un pequeño beso. -Gracias.
-¿Te gusta?
-Gustarme es poco. Mira he traído Champán. -Me dijo colocando la botella entre sus manos.
-Parece que te imaginabas lo de la cena... -Le dije riendo.
-No, pero como me dijiste que íbamos a estar en tu casa pues se me ocurrió. Por cierto, estás preciosa esta noche.
-¿Esta noche? -Dije alzando una ceja.
-Esta y todas tontilla. -Me dijo a centímetros de mi. Yo no pude evitar reírme por su última palabra, le había quedado muy graciosa.
 Nos dimos unos cuantos besos y nos sentamos sobre la manta. La cena se hizo muy amena y estuvimos hablando sobre lo que haría durante el viaje. Todo aquello entre risas, miradas y besos. En esos momentos me daba cuenta de lo mucho que lo iba a echar de menos. Porque un mes es un mes y llevábamos mucho tiempo viéndonos todos los días como para separarnos tanto tiempo... Pero tenía que ser así y me tenía que acostumbrar, porque no se me podía olvidar de que estaba saliendo con Pablo Alborán: el famoso cantante, aunque para mi solo era Pablo Moreno. En fin, me tenía que olvidar de sus besos, caricias  y sobre todo,  de su preciosa sonrisa durante un mes.
Después de cenar nos servimos el champán. Yo me coloqué tendida en la manta apoyando mi cabeza sobre su torso mientras que él jugaba con mis pelos.
Después de un rato se paró de pronto y yo miré hacia él.
-¿Qué pasa? -Dije riendo.
-Ojalá pudiera congelar el tiempo, ahora mismo, aquí mismo, y vivir en él para siempre -Dijo agachando la cabeza para encontrar mis ojos.
-Ojalá fuera posible... -Dije alzando mi mano para acariciar su mejilla.
Y después de esa última frase, volvió el silencio  durante unos minutos y en un abrir y cerra de ojos, empezó a caer una lluvia fina que iba aumentando su intensidad en cuestión de segundos. Me levanté rápidamente y le dí la mano a Pablo mientras que él seguía sentado.
-Pablo tenemos que irnos, nos estamos empapando. -Le dije casi sin poder ver a causa del agua.
-¿Hacemos una locura? -Dijo riendo.
-¿Qué locura?
-Bailar bajo la lluvia. -Dijo sonriendo. 

13.7.12

Cap. 29: Mi presente y mi futuro.

Me acosté junto a Pablo y después de unos intentos para dormir un rato y descansar un poco, no lo conseguí. Mientras me quedé observando como dormía. Adoraba verle dormir, era tan dulce y tierno que no me cansaba. Al cabo de un rato me levanté de la cama y me puse a ojear su habitación. Me encantaba como la tenía decorada. Paredes azules, ventanas grandes e iluminadas y muy amplia. En un rincón había un detalle que me llamaba mucho la atención: un baúl. No pude evitar la curiosidad y lo abrí. Estaba lleno de regalos, cartas y fotos. Entonces supuse que era donde guardaba todos los regalos que le daban las fans. Me puse a buscar uno en especial: la foto que le regalé en una firma de discos. Era una foto donde salía yo y estaba firmada por mí. Quería que tuviera un recuerdo mio y se me ocurrió eso. Después de un rato buscándola, no la encontré. Esa foto se la di en mano, puede que la dejara en algún lado y la perdiera así que no le di más vueltas y cerré el baúl. No me dio tiempo a levantar cuando Pablo dijo:
-¿Buscas esto?. -Dijo sosteniendo en la mano una foto, la foto que le di, la que yo buscaba. No la había perdido, la tenía él. 
-Pablo siento haber mirado entre tus cosas, vi el baúl y me entró curiosidad...-Le dije sentándome con él en la cama. 
-No me tienes que pedir permiso para coger mis cosas, sabes que puedes hacerlo siempre que quieras. Todo lo mío es tuyo. -Me dijo sonriendo. -¿Pensabas que había perdido esta foto?.
-Bueno, es que como no la tenías hay...
-Antes estaba hay pero desde hace unas semanas está en mi mesilla. Así puedo verla todas las mañanas. 
-No me he dado cuenta cuando he entrado. -Le dije echándome en sus brazos.
-Aurora, tengo que contarte algo. -Me dijo poniéndose serio tras unos segundos de silencio.
-Claro, dime.
-Pasado mañana me marcho a América.
-¿Cómo?. -Le dije incrédula. Sabía que esto iba a llegar, pero no sabía que la noticia me iba a doler tanto.
 -Tenemos que hacer promoción durante dos semanas allí y luego marcharnos a Madrid durante otras dos semanas...Luego volvemos de nuevo aquí, a Málaga a seguir con el disco. -Me dijo acariciándome el pelo.
-Un mes sin vernos. -Le dije haciéndome la dura. No podía derrumbarme pensando en que iba a estar un mes sin verle, lo único que podía hacer era alegrarme por él y estar feliz porque su carrera seguía avanzando y yo no podía ser tan egoísta como para ponerle mal a él. -Te echaré mucho de menos...
-Y yo princesa. Te voy a echar mucho de menos... -Me dijo abrazándome aún más fuerte.
Sería de piedra si en ese momento no me entraran ganas de llorar, pero no quería que Pablo se sintiera mal así que borre la tristeza de mi rostro y pensé en algo.
-Tenemos que celebrarlo. -Le dije sonriendo. 
-¿Celebrar que voy a estar sin ti un mes?. 
-No, no lo mires de esa forma. Tenemos que celebrar que tu sueño sigue adelante y que tu carrera avanza, te vas a América de promoción, hay que celebrarlo, tonto. -Le dije dándole un beso en la mejilla y poniéndome de pie en frente de la cama. 
-¿Y como se supone que lo haremos?. -Me dijo entusiasmado.
-Eso déjamelo a mí, quiero que sea una sorpresa. 
-Está bien, lo que usted mande. -Me dijo sonriendo y colocándose de pie a mi lado hasta que me coge de la cintura y me acerca a él. Yo le echo los brazos por el cuello y nos miramos a los ojos mutuamente. -Gracias por apoyarme en esto.
-Pablo es tu sueño, te dedicas a la música y tienes que viajar, es normal y no puedo permitir ponerme mal cada vez que te tengas que ir lejos. Sé que va hacer duro y que te voy a echar mucho de menos y la verdad, no se cuanto voy a aguantar pero ahora lo único que puedo hacer es alegrarme por ti. 
Al decir todo aquello los ojos de Pablo se iluminaron. Me miraba con ternura y eso hacía que sintiera esa sensación de mariposas en el estómago, de sentirme especial y afortunada por tener a alguien como él.
-No sabes lo que significa todo lo que me estás diciendo, eres tan especial. Princesa, no me faltes nunca.
-No lo haré.
Y con aquello último llegó otro de nuestros besos. Un beso lleno de pasión, cariño, amor, dulzura... Rozar sus labios hacía que me estremeciera y sonriera a la vez. Aquellos segundos en que nuestros labios estaban en contacto hacía que me sintiera única,  todo lo de mi alrededor desaparecía y solo estábamos  él  y yo. Y esos sentimientos eran los que me recordaban de que estaba loca e incondicionalmente enamorada de Pablo.
Después de unos cuantos besos más Pablo me propuso algo.
-Esta noche vamos a cenar con unos amigos, ¿qué te parece?.
-Me parece perfecto. Pero mañana por la tarde eres solo para mi. 
-Solo para ti...Me gusta esa idea. -Me dijo riendo.
Pasamos la tarde viendo fotos de cuando era pequeño y jugando con su sobrina. A la noche volvimos a mi casa para arreglarnos y salir a cenar. Opté por un vestido blanco de flores azules y marrones, cinturón marrón y unas cuñas, Pablo se puso un pantalón negro vaquero y una camisa azul.
-Estás preciosa. -Me dijo apoyado en el marco de la puerta. -Voy a tener que vigilar  a mis amigos...
-No exageres Pablo. -Le dije riéndo. -Bueno, yo ya estoy. ¿Nos vamos?. -Le dije saliendo de la habitación y dándole un beso.
-Por fin...
-¿Cómo que por fin? No he tardado tanto... 
-Cielo créeme, has tardado. -Me dijo intentando picarme.
-Pues en tu casa, no he sido yo la que ha estado casi media hora buscando una camisa adecuada.  -Le dije riéndome. 
-Eres mala.
-Cari, tu has empezado. -Dije sonriéndo.
-Te quiero de todas formas. -Me dijo besándome y riendo a la vez. 

Después de la discusión por ver quien ha tardado más, llegamos a la casa donde se supone que estaban sus amigos. Al bajar del coche Pablo me dio la mano y entramos en la casa. Había una mesa con bebidas y comida. Había unas ocho personas y un buen ambiente. La música se escuchaba de fondo. Pablo y yo nos paramos delante de ellos y me presentó. Todos eran muy amables y simpáticos. Hacían que me sintiera cómoda y la timidez desapareció después de un rato. Solo había dos chicas entre ellos y me senté junto a ellas mientras que Pablo disfrutaba con sus amigos. Una de las chicas, Lucía era bastante simpática y congenié con ella al momento la otra, la chica rubia, Sara, no parecía muy contenta con mi presencia.
-Me alegro mucho de que os vaya tan bien a ti y a Pablo. -Me dijo Lucía.
-Gracias. La verdad es que ahora estamos mejor que nunca. -Le dije sonriendo.
-Espero que dures mucho más de lo que duré yo con él. -Me dijo Sara. Me quedé impactada y no sabía como reaccionar. Estaba delante de la ex-novia de Pablo y aquello no me hacía mucha gracia. Ahora encajaba todo, por eso estaba tan incómoda por mi presencia...
-¿ Estuviste saliendo con Pablo?. -Le dije seriamente.
-Estuvimos juntos cuatro meses y todo acabó porque llegaste tu. 
-No sabía nada de eso...
-Pablo nunca cuenta nada de sus antiguas novias. Él es así, vive  apasionadamente una historia de amor y cuando llega otra, se olvida de ti. -En sus palabras se notaba el rencor y la rabia acumulada. Sin duda eso me estaba haciendo daño, no quería escucharla más. -Seguro que ahora estarás viviendo en un cuento de hadas donde él es el príncipe y tu la princesita, pero cuando despiertes verás como es de verdad él, un capullo como todos.
-Sara basta ya. No empieces de nuevo. Ellos son felices así y si Pablo no le ha contado nada es porque él no lo ha visto necesario, además eso no a ti no te importa. Aurora no le hagas caso...
-Pablo no es un capullo y que te haya echo eso a ti no significa que lo vaya a hacer conmigo. Siento mucho como se acabó lo vuestro pero ahora Pablo está conmigo y a mí si me quiere de verdad. 
-Eso ya se verá. Mira por hay viene... -Dijo con desprecio. 
Pablo apareció por detrás mía y me cogió de la mano para que me levantara. Pablo saludó a Lucía con una sonrisa y se dio la vuelta sin mirar a Sara. Le seguí hasta el jardín de la casa, allí estaríamos tranquilos. Pablo y yo nos sentamos en las escaleras que había para entrar  a la casa.
-No me has contado nunca lo de Sara...
-Lo sé y lo siento. No te lo he contado porque no merecía la pena, porque quería olvidarme de esa relación y ser  feliz contigo...
-Ha dicho cosas horribles. Te odia Pablo, y algo tuviste que hacer porque te odia de verdad. 
 -Lo único que hice fue ser sincero con ella. Yo no era feliz a su lado, no la quería y cuando ya estaba apunto de cortar con ella apareciste tu, y eso fue lo que me dio fuerzas para acabar con aquella relación. Desde entonces no la he vuelto a ver, hasta el día de hoy.
-Tengo miedo de que pase lo mismo conmigo... De que aparezca otra y te olvides de mi. -Dije con firmeza. 
-No vuelvas a decir eso nunca. no pienses eso nunca más. Aurora tu eres mi presente y mi futuro y te aseguro que jamás te dejaría por nadie. -Me dijo abrazándome. -Olvida todo lo que te ha dicho Sara, no merece la pena escucharla porque lo único que está es resentida.
-Vale. Voy a olvidarme de todo lo que me ha dicho y a disfrutar de esta noche junto a ti. -Le dije dándole un suave beso en la mejilla.  -No podía hacer otra cosa. Sara formaba parte de su pasado si, pero eso nadie lo puede cambiar ya. Ella ni siquiera siente nada por Pablo, excepto odio. 
 Después de pasar un mal rato por culpa de la ex de Pablo, todo volvió a la normalidad y seguimos disfrutando de la fiesta, ignorando en todo momento a Sara. Pablo y yo bailábamos, reíamos, nos besamos... Estábamos pasando una buena noche junto a sus amigos y a pesar de todo, la felicidad en los dos era máxima. Al cabo de unas horas más decidimos de marcharnos. Pablo me llevaba a casa pero él tenía que volver a su casa con sus padres ya que tendría que organizar algunas cosas para el viaje. Llegamos allí y con mucho esfuerzo, nos despedimos con unos cuantos besos de por medio y subí a casa. A pesar de lo tarde que era, tenía que pensar la sorpresa para Pablo. No será gran cosa pero aún a sí seguro que le gustará. Así que me puse el pijama y me tumbé en la cama a pensar sobre la sorpresa hasta que  conseguí dormirme.

10.7.12

28. Por un siempre juntos

Me quedé dormida en el pecho de Pablo durante toda la noche. A la mañana siguiente desperté entre los besos y caricias de él, adoraba esos momentos llenos de felicidad al despertar, siempre me hacía la dormida para que no parara de darme caricias. Abrí un ojo y sonreí, quise volverlo a cerrar para seguir haciéndome la dormida pero Pablo me pilló.

-Eres una gamberra, te he pillado, te estabas haciendo la dormida ¿Eh? -Mencionó esto apoyado en el cabecero de la cama.
-¿Yo, gamberra? para nada, y tampoco me estaba haciéndo la dormida eh, estaba en un sueño profundo. -Dije incorporandome un poco en la cama.
-Claro, por eso has abierto un ojo ¿No? -Pablo y yo no parábamos de reír.
-Bueno... vale, admito que estaba hacíendome la dormida, pero lo he hecho porque no quiero que me dejes de mimar. -Le miré fijamente y no pude evitar sonreír.
-Me encantas, sólo puedo decir eso. -Pablo me acercó a su boca y me besó, sus besos me estremecían como el primer día y sus palabras aún más, esta vez si sentía a un Pablo más cariñoso y eso me gustaba.
-No quiero perderte nunca más, hace nada casi cometo la locura de no volver a besarte, a sentirte, a no tener tus caricias, a no despertar contigo, en general a perderte atí, y si te pierdo, jamás me lo podré perdonar, porque después de todo lo que hemos pasado me he dado cuenta de lo mucho que te quiero, y de lo importante que eres para mi, te quiero Pablo.

Después de decirle aquellas palabras a a Pablo lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, lo había vuelto a emocionar una vez más. Le quité las lágrimas de la cara, pero para entonces la que empezaba a llorar era yo, esta vez fué él quien me las quitó a mi:

-Shhh, ya está, lo pasado pasado está, ahora lo único que importa es que nos queremos y que nada ni nadie podrá separarnos Aurora, porque me haces el hombre más feliz del mundo cuando abro los ojos por las mañanas y veo tu cara, cuando pasamos noches como la que hemos pasado a noche, me haces feliz, y ninguna mujer del mundo ocupará la felicidad que tu provocas en mi, te quiero mi princesa.

Sentí la necesidad de volverlo a besar como si de la última vez se tratase, el beso duró varios minutos sentía como que no podía separarme de sus labios, en ese momento sobraban las palabras, solo existíamos él y yo, en aquella cama,  de aquella habitación.

-¿Qué te apetece hacer hoy princesa? -Pablo me agarró de la mano.
-Pues... me apetece estar contigo todo el día, sin separarnos un segundo. -Hice el amago de levantarme de la cama para vestirme cuando éste me agarró de la mano y me sentó nuevamente en la cama, pronunció estas palabras:

-Deseo cumplido, hoy soy todo tuyo mi niña. -Me miró pícaramente.
-¿Pero hoy no tienes nada que hacer en estudio o algo? -Tampoco quería que ahora no prestaría atención a su trabajo, él se lo debe a toda esa gente que confió y sigue confiando en él desde el minuto 1.
-No, tengo unos días libres y los quiero aprovechar contigo, a si que, vístete que nos vamos a desayunar por ahí. -Se levantó de la cama y fue a buscar ropa al armario.
-Oye... ¿ A ti te importa si me doy una ducha? -Le miré timidamente, me daba algo de vergüenza el hecho de estar en casa de sus padres.
-Para nada amor, esta es tu casa, dúchate tranquilamente yo me voy vistiendo.
-Gracias mi vida, me voy a dar una ducha rápida, ¿Sí? -Le besé y me fui al baño.

Me estaba duchando y de repente sentí que unas manos me agarraban de la cintura, y me daban leves besos por el cuello, moví el cuello hacia un lado y efectivamente era Pablo, no sé como se las había ingeniado para entrar al baño sin hacer ruido, no paraba de acariciarme y de morderme la oreja pero sin hacerme daño.

-Encima de gamberro, también eres juguetón, ¿eh?-Me puse de manera que lo tenia en frente mío para verle bien.
-No lo sabes tú bien. -Me reí. - ¿Te importa que me duche contigo? Es que si no nos va a dar tiempo a desayunar eh -Me miraba pícaramente.
-Para nada. -Le guiñé un ojo.

Hubo  un largo silencio cargado de besos bajo el agua, caricias, y más besos. Salimos de la ducha y cogimos un albornoz y nos dirigimos hacia la habitación para vestirnos, no parábamos de mirarnos y sonreír a la vez  que nos íbamos vistiendo. Nos acabamos de vestir y fuimos a una cafetería que estaba algo alejada de la ciudad, parecía tranquila, queríamos intimidad, sin nadie que nos mire  o que nos fotografíe para luego publicarlo en revistas o programas del corazón. Desayunamos y fuimos a ver a mi amiga Nerea al hospital, por la tarde la daban el alta y seguro que su casa se llenaba de gente, por eso preferimos ir por la mañana tranquilamente, pero antes pasábamos por una tienda y la compramos una caja de bombones, y un ramo de flores para que le daría un poco de vída al cuarto.

-¡Hola Nere! ¿Cómo vas cariño? -La besé en la mejilla.
-¡Vaya, que alegría me da veros por aquí parejita! Voy algo mejor, tengo algún que otro dolor por el cuerpo pero me han dicho los médicos que con unas pastillas en unos días se me va, por fín me voy a la tarde a casa, odio los hospitales, se come horrible.
-Toma, esto es para ti de parte de los dos, nos alegramos mucho de que estés algo mejor y de que te vayan a dar el alta esta tarde.
-Muchas gracias chicos, no haberos molestado. -Nos sonreía.
-No hay de que, cielo. Nere nosotros nos vamos ¿Vale? Mañana o así nos pasábamos por tu casa a ver como vas...
-Vale, cuando queráis ya sabéis. -La dimos un beso y nos fuimos.

Nos montamos en el coche y nada mas montar me sonó el móvil, era mi madre.


"-Mamá, si, dime.
-Ah vale, sin problemas, estoy con Pablo...
-Si mamá, Pablo me cuida bien...
-Vale, un beso, adiós."
Me volví a guardar el móvil y Pablo me cogió de la mano.
-¿Todo bien amor? -Preguntó Pablo, siempre preocupándose por mi.
-Si cielo, está todo bien, mis padres se van a quedar unos días más. 
-Eso quiere decir que te voy a tener unos días más para mi... -Pablo se quedó pensativo.
-Pues si, me vas a tener que seguir aguantando.
-No te aguanto, te cuido, y ojalá fueran a si todos los días.
-Anda que...¿Donde me vas a llevar ahora? -Le dije esperando respuesta.
-Pues... ya es la hora de comer, a si que ya es hora de que conozcas a mis padres, ¿Te parece bien?
-Ehhh... si, si, está bien cielo... -Le logré responder con los nervios de por medio que me provocan pensar como iban a reaccionar sus padres ante mi.
-Tranquila, todo saldrá bien, estoy completamente seguro de que les vas a caer bien, te aceptarán.
-Eso espero, porque si no es así, lo siento por ellos pero no me separaré de ti por mucho que se interpongan en nuestra relación.
-Estoy de acuerdo contigo, nada nos logrará separar jamás, por muchos obstáculos que haya en el camino, tu y yo siempre, recuérdalo, y ahora vámos. -Pablo me dió un beso y arrancó el coche camino de casa de sus padres. Llegamos y  nos abrió la puerta de casa la empleada del hogar, pasamos y en aquél salón gigante, se encontraban sus padres sentados en el sofá viendo la tele.

-Hola, papá, mamá está es mi novia Aurora.
-Hora cariño, respondió amablemente la madre, encantados Aurora, respondieron a la vez los padres de Pablo.
-Siéntate cielo, estás en tu casa, no comemos... -Sonreí sin saber que decir, no paraba de temblar, Pablo lo notó y me agarró con fuerza la mano.

Charlamos un buen rato de todo un poco, hasta que llegó la hora de ir a comer, la sirvienta nos llevó hasta el comedor aunque yo casi tenía apetito, parecía que todo marchaba bien, Pablo no se equivocó, sus padres no pusieron pegas a nuestra relación, pero aún así mis nervios no se iban, comimos y subimos a la habitación de Pablo a echar la siesta.

-¿Ves? te lo dije, has caído bien a mis padres.
-Si... pero admito que aún estoy bastante nerviosa eh jajajaja.
-Cuando pases unos días más, todo eso se irá, verás...
-¿Unos días más? ¿Qué quieres decir? -Le miré extrañada.
-Si, quiero que vengas más días, está es tu casa ya te lo ha dicho tu suegra -se río.
-Vendré encantada. -Me uní a su risa.
-Te amo, gracias por todo esto. -Me susurró Pablo mientras que yo me descalzaba para tumbarme a la cama a dormir la siesta.
-Y yo a ti, mucho más de lo que te puedes imaginar. Nos tumbamos y nos abrazamos mutuamente, mediante sonrisas, miradas, risas nos quedamos dormidos, no había dudas ya, nos queríamos, y ahora con mucha más fuerza a pesar de todo lo que habíamos pasado.


8.7.12

Cap. 27: Solamente él.


A la mañana siguiente Pablo me despertó con pequeños besos en la mejilla. Yo me hice la dormida, no quería que parara. Me encantaba esos momentos. Me moví un poco más hacia Pablo y me abracé a él. Estaba sin camiseta así que me apoyé en su torso mientras que él me acariciaba el pelo.
-¿Cómo estás?. -Dijo Pablo.
-Más o menos. Pablo, ¿ahora me puedes llevar a casa?. Quiero darme una ducha y arreglarme para irme al hospital. El médico dijo que hoy podíamos ir y quiero estar a su lado. 
-Claro. Yo voy contigo. 
-Es mejor que no. No has descansado mucho y además, tienes que ir a grabar al estudio...
-Quiero ir. Y el disco puede esperar. ¿No pensarás que te voy a dejar sola, no?. Porque no pienso hacerlo.
-Eres un cabezón. -Dije dándole un pequeño beso mientras que me incorporaba.
-Tengo a quién parecerme. 
-Anda, vamos...
Nos vestimos y desayunamos. Bajamos al salón y ya estaba su hermana despierta. Pablo le explicó todo y nos pusimos camino a casa. Al subir vi una nota encima de la mesa.

<<Aurora, estamos en casa de  tus tíos, nos han invitado a   pasar allí el fin de semana. Te hemos dejado comida preparada. Dile a los padres de Nerea que ya nos pasaremos el Lunes a ver que tal están. Ah, y dile a Pablo que cuide de ti. >>


Solté el papel en su sitio y miré a Pablo.

-Con Que cuide de ti, ¿eh?. Se fían de mi, eso es que les caigo bien. -Dijo sonriendo. 
-No te confíes, de mis padres te puedes esperar cualquier cosa. -Le dije dándole un beso y dejándolo con la palabra en la boca. 
Después de una media hora estoy arreglada y salimos de casa. Llegamos al Hospital en unos minutos. Nada más entrar me recorre un escalofrío por el cuerpo de pensar lo mal que lo pasamos ayer. Sé que este será el sitio donde estaré trabajando en unos años pero aún así el lugar no es que me haga mucha gracia.
Salimos del ascensor y vemos a los padres de Nerea de pie al lado de una habitación. Sus rostros están un poco más animados y es señal de que todo va bien. Me acerco a ellos y los abrazo.
-¿Podemos entrar?. -Dijo Pablo.
-Si, entrar. -Dijo su padre con una gran pero débil sonrisa en la cara.
Pablo me coge de la mano  y entramos juntos a aquella habitación. Está muy iluminada y hay un jarrón con rosas blancas al lado de su cama. Pablo se queda apoyado en la pared mirando de frente a Nerea que está despierta, aún no se ha dado de la presencia de Pablo . Yo me acerco a su cama y pongo la mejor sonrisa.
-¡Nere!, ¿cómo estas?. -Le dije cogiéndole al mano.
-Genial, me duele un poco la cabeza pero por lo demás estupendamente. -Dijo muy animada. Está enérgica y la palidez a desaparecido de su cara. Me resulta extraño lo bien que está. 
-Vaya susto que nos distes, ¿eh?.
-Lo siento. Me despisté y caí. Ya no me acuerdo de lo que pasó después.
-Bueno, lo importante es que estás bien y no te ha ocurrido nada grave. -Dijo Pablo acercándose a mi lado.
En ese momento Nerea me mira con cara de asombro y de nuevo a Pablo. Empieza a mover los labios hasta que le sale la palabra.
-¿Pablo?. ¿Pablo Alborán?. ¿Aurora, que hace aquí Pablo?.
-Ahora que me acuerdo, ella no sabía nada de lo nuestro. -Le digo a Pablo.
-¿Lo vuestro?. Así que es verdad lo que me han contado?. ¿Estáis juntos?.
-Si, estamos juntos. -Dijo Pablo sonriendo.
-Que fuerte. Tia, ¿por qué no me lo has contado?.
-Porque como estabas de viaje con tus padres y no sabía cuando volvías, quise esperarme a que volvieras. No era plan de que te contara esto por móvil...
-No me lo puedo creer... De verdad, es que os veo juntos y me parece tan extraño. -Dijo mientras que movía la cabeza y sonreía. -Tu siempre has estado enamorada de él, pero él de ti...Es de locos. -Dijo riéndose. -Me alegro mucho por vosotros. 
-Gracias cielo. Y ahora a seguir descansando.
-¿Ya me dejáis sola?. Estoy deseando de que me den el alta, me encuentro estupendamente y este sitio me deprime.
-Bueno, ten paciencia. -Le dije mientras que le daba un beso en la mejilla.
-Adiós, guapa. -Le dijo Pablo dándole un abrazo.
-Adiós parejita. -Dijo sonriendo.
 Salimos de la habitación felices. No me esperaba para nada que estuviera tan recuperada y enérgica. Me ha alegrado el día verla así y por lo que veo a sus padres igual. Pablo y yo nos despedimos y aprovechamos  el día para marcharnos a uno de los sitios que más nos gustaba. La playa. Nos llegamos a casa para coger las cosas necesarias y llegamos a la playa en unos diez minutos. Era la playa donde me reconcilié con Pablo, la tranquila y solitaria playa. No había nadie excepto nosotros dos. Colocamos las toallas en la arena y me quité el vestido quedándome en bikini. Me tumbé en la toalla y observaba como Pablo se quitaba la camiseta blanca tan ajustada y típica en él. No pude evitar morderme el labio y reír ante aquella escena. Pablo me miro y se acercó a mi.
-¿Se puede saber de que te ríes?. -Dijo Pablo quedándose en cuclillas al lado mía.
-¿Sabes que no se puede ir por la vida provocando de esa manera?. -Dije colocándome las gafas de sol  en el pelo. Pablo eleva un ceja y se ríe. 
-¿A sí?. Pues este provocador tiene calor y no quiere venirse solo al agua así que preciosa... -Acto seguido Pablo me coge en brazos quedando mi cabeza apoyada en su espalda mientras que Pablo me agarra por las piernas. Yo intento bajarme dándole pequeños golpes en la espalda entre risas pero sin resultado.  
-Pablo, ¡no, no, para!
-Tarde. -Dijo con una gran carcajada.  
Pablo me agarra con fuerza y se tira al agua. Me cuesta salir a la superficie  a causa de las olas pero lo hago antes que Pablo. Así que me coloco un poco más lejos que Pablo.
-Idiota. -Le digo mientras que le salpico agua. Pablo intenta defenderse con las manos en la cara y se va acercando a mí hasta que llega a mi cintura para no soltarla.
-Venga, si está genial el agua.
-Eres un idiota. ¿Te queda claro?. -Le digo entre risas.
-Un idiota que te quiere con locura. 
Ante aquellas palabras me voy acercando poco a poco a sus labios y paso mis brazos alrededor de su cuello. Pasan unos segundos hasta que sus labios y los míos están completamente juntos. Nos besamos intensamente. Echaba de menos esos besos. Besos cálidos y apasionados. Miles de sensaciones y me siento la mujer más feliz del mundo por estar a su lado. En ese momento era solamente él el que me hacía sonreír.
Después de unos cuantos más besos y risas, decidimos de salir del agua y comer algo. Nos echamos unas fotos y Pablo publicó una en Twitter donde salía él y el mar de fondo.
Pasamos la tarde juntos entre risas, besos y caricias. Al caer la noche decidimos recoger y  marcharnos ya. Pablo puso rumbo a mi casa, allí pasaríamos la noche. Subimos a casa y nada más entrar Pablo me cogió de la cintura y posó sus labios en los míos. Entre besos y caricias Pablo me apoya en la cama y el se coloca encima de mi. Nos vamos quitando la ropa mutuamente hasta quedarnos completamente desnudos. Dejamos desatar la pasión y el deseo hasta que nuetros cuerpos volvieron a ser uno.

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¡Hola! 
En primer lugar, quiero  agradeceros a TODAS las personas que leéis nuestro blog y lo seguís cada vez que hay capítulo nuevo. Al principio creíamos que esto iba a ser un pasatiempo, algo que no iba a gustar o cosas así, que se piensan cuando empiezas algo nuevo y la verdad, no creíamos que iba a gustar tanto, por eso intentaremos hacer, siempre que podamos, los capítulos lo más interesante posible. Ya estamos por el capítulo 27 y he sentido la necesidad  de deciros que miles de gracias  por esos comentarios que nos dejáis desde el primer cap. hasta ahora y por pedirnos el siguiente. Nos emociona ver como este blog que empezó de la nada tiene tantos lectores y no hablar de las cosas que nos decís y nos comentáis sobre el blog por twitter, ¡que nos encantan!.


Vuestros comentarios y opiniones son los que nos da fuerzas para seguir con esto, así que os pido que de ahora en adelante cada vez que os avise de que hay nuevo cap, nos digáis CUÁL HA SIDO LA PARTE QUE MÁS OS HA GUSTADO DE DICHO CAPÍTULO. Esto nos sirve para ver que facetas de Pablo o momentos del capítulo os llama más la atención. 
Y después de este rollo, os repito MUCHAS GRACIAS por leer. 

Nuestro sueño de escribir se está haciendo realidad y es gracias a vosotros.

Besos.

3.7.12

Cap. 26: Accidente.

Después de un rato disfrutando de aquél atardecer y de la compañía de Pablo, decidimos de marcharnos ya. Empezaba a hacer un poco de frío y ya apenas se veía. Pablo cogió en brazos a Sofía y yo mientras le quitaba los zapatos a ella ya que los tenía llenos de arena. Llegamos al coche de Pablo y sentó a la pequeña en la silla. Pablo decidió de llevarme a su casa. Quería presentarme a sus padres y yo aunque, me moría de la vergüenza, no puse ninguna pega. En el trayecto intercambiábamos algunas miradas y sonrisas. Seguimos andado hasta que unos policía nos pararon. A pocos metros se veía una ambulancia y una moto tirada en el suelo. Los nervios y la preocupación ya se notaban en mí y Pablo me dio la mano.
-Cielo, quédate aquí con Sofía. Voy a ver que ha pasado. -Dijo Pablo quitándose el cinturón.
-No tardes por favor... 
Vi como Pablo hablaba con los policías y parece que le dejaron pasar a ver quien era. Me estaban empezando a sudar las manos. Miré de nuevo la moto y algo me parecía familiar. La tenía que haber visto en algún sitio pero no recordaba donde. El miedo de que fuera alguien que yo conociera me mataba por dentro. Pablo estaba tardando mucho y aún seguía hablando con los policías. Su cara mostraba asombro y tristeza. Después de unos minutos ya veía a Pablo acercándose al coche. Antes de que él llegara me bajé rápidamente y  me coloqué delante de Pablo.
-¿Qué ha pasado?. -Dije con cara de preocupación.
-Un accidente de moto. Al parecer un coche iba demasiado rápido, no le dio tiempo a frenar y se chocó con la moto. -La voz de Pablo me preocupaba. Estaba pálido y me ocultaba algo. Y en ese momento se me vino a la cabeza alguien que si que utilizaba moto. Mi mejor amiga. Pablo la conoció por unas fotos que le enseñé el día de mi cumpleaños. 
-Pablo, ¿qué pasa?. ¿Qué te pasa?. Estás pálido. -Dije tocándole la mejilla.
-Aurora, tu amiga, tu amiga Nerea...
Y pronunció el nombre. Ese nombre, el de mi mejor amiga. La persona con la que he compartido tantos momentos, mi confidente, mi hermana...
Me llevé las manos a la boca y algunas lágrimas empezaban a brotar de mis ojos. Pablo se acercó a mi y me abrazó muy fuerte. Ni ese abrazo supo tranquilizarme.

-No...-Dije entre lágrimas. -Quiero verla, quiero ir. -Dije apartándome de Pablo.
-Aurora, cielo... es mejor que no. Los médicos la están atendiendo.
-Me da igual. Pablo, es mi mejor amiga. Tengo que ir. -Dije casi gritándole. Tenía que ir a verla y nada ni nadie me lo iba a impedir.
Eché a correr. Los policías me frenaron y no me dejaban pasar. Pablo llegó enseguida y le pidió a los guardias que me dejaran pasar. Yo no tenía fuerzas para darle explicaciones así que les empujé y llegué hasta donde estaba la camilla con Nerea. Su rostro estaba pálido y lleno de moratones. Tenía la cabeza vendada y los médicos estaban mirando su pulso.
-¿Cómo está?. ¿Qué le pasa?. -Dije entre lágrimas.
-Su pulso está bien pero no nos podemos confiar. El golpe ha sido muy fuerte y no sabemos que daño le ha ocasionado en el cerebro.
-Pero, ¿Estará bien?.
-Muchacha, ahora mismo lo único que sabemos es que ella está luchando por vivir. Tenemos que irnos al hospital inmediatamente. -Dijo uno de los médicos. Acto seguido se levantaron y agarraron la camilla que estaba aún en el suelo. -Por favor señorita apartecé. 
-¿Cómo que luchar por vivir?. No, ella no...-Dije gritando. -Por favor sálvenla.  
-Aurora, vámonos. Llevamos a Sofía a casa y nos vamos para el hospital. -Dijo Pablo cogiéndome de la mano. Mis lágrimas aún seguían cayendo de los ojos y apenas podía hablar. 
 -Quiero ir con ella. Vete tu. -Dije soltándome de su mano.
-Vale, nos vemos en el hospital. -Dijo Pablo dándome un abrazo de despedida. Acto seguido me coge de las dos manos. -Todo irá bien, te lo prometo. -Asentí y me subí en el coche de la Ambulancia. 
Estaba temblando y asustada por no saber si volveré a ver su sonrisa. El miedo de perderla se hacía aún mayor y solo se me venían recuerdos. He vivido junto a ella miles de momentos increíbles. Siempre estaba hay ayudándome y apoyándome. Juramos que estaríaamos siempre juntas y así tenía que ser. Las lágrimas seguían brotando de mis ojos hasta que sonó el móvil. Eran mis padres. Le expliqué todo lo que había pasado y ya se pusieron de camino al hospital. Me preguntaba si los padres de Nerea sabían algo, esperaba que sí, yo no sería capaz de tener que darle la noticia. Llegamos en cuestión de minutos y bajaron rápidamente a Nerea. La llevaron hasta una sala y ya no me dejaron pasar. Me di la vuelta y me dirigía a la sala de espera. Sus padres acababan de llegar. Me acerqué a ellos y los abracé a los dos. Su madre estaba destrozada y con lágrimas en los ojos. Su padre apenas podía hablar. Me mataba verlos así. Las ganas de lloran aumentaban por momentos pero tenía que ser fuerte. Me senté junto a ellos y los pocos minutos apareció Pablo.
Me levanté rápidamente y me lancé a sus brazos. No pude evitar romper a llorar.
-Tranquila cielo. Se pondrá bien, ya lo verás. -Dijo Pablo acariciándome el pelo mientras que lo abrazaba.
-Es como mi hermana, no puedo perderla, no puedo...-Dije sollozando.
-No la perderás. Mírame. -Dice levantándome la mejilla. -Todo va a salir bien.
-Gracias por estar aquí conmigo. -Dije apoyando mi cabeza en su pecho mientras que me tenía entre sus brazos. 
-Siempre estaré contigo, ¿entendido?.Siempre...-Dijo susurrando.
Los minutos pasaban y los médicos no nos decía nada. Los nervios y la desesperación nos afectaban a todos. Mis padres llegaron y se sentaron junto a los padres de Nerea. Yo seguía abrazada Pablo en uno de las sillas de allí. Nadie decía nada. Tras una media hora desesperante apareció por la puerta el primer médico. Todos nos levantamos y nos pusimos alrededor de él.
-¿Cómo está?. -Dijo Pablo.
-Bien. Hemos llegado a tiempo y ya está totalmente fuera de peligro. Su pulso va bien y creemos que no sufrirá ningún daño. Probablemente pasado mañana ya le demos el alta. -Dijo entre sonrisas. 
-Gracias a Dios. -Dice el padre de Nerea mientras que abraza a su mujer.
-¿Cuando podemos verla?. -Dije.
-Ahora necesita descansar. Mañana podréis verla.

Mire a Pablo y dejamos que los padres de Nerea siguieran hablando más tranquilamente con él médico.
-Aurora cielo, tu padre y yo nos vamos a casa ya.
-Vale, mamá. Yo me quedaré un rato más con Pablo.
-No llegues muy tarde. -Dijo mi madre mirando a Pablo. No le hacía mucha gracia que me quedara con él pero no me importaba en absoluto. 
 Despues de que se marcharan mis padres, cogí a Pablo de la mano y salimos hacía fuera. Necesitaba despejarme. Aún tenía los ojos rojos. Pablo me cogió entre sus brazos.
-Ves, Nerea se pondrá bien. 
-Por un momento creí que la perdía.
-Ya ha pasado lo peor. ¿Te llevo a casa?.
-No. Quiero estar contigo...
-Pero necesitas descansar.
-Puedo descansar contigo. Quiero estar contigo esta noche, por favor...
-Está bien. Iremos a mi casa. ¿Vale?.
-Vale...-Dije sonriendo.
Entramos de nuevo y  nos despedimos de los padres de Nerea. Nos subimos en el coche y en unos diez minutos llegamos a casa de Pablo. Sus padres no estaban y su hermana estaba durmiendo. Comimos algo rápido y nos echamos en la cama. Pablo me abrazó fuertemente y entre sus brazos, conseguí dormirme.