-¡Buenos días princesa! ¿Qué tal has dormido? -Lo notaba contento y eso me provocó una gran sonrisa.
-Bien, aunque te he echado de menos... -En ese momento se me vino a la cabeza que iba estar un mes sin verle al despertar y me arrepentí de haberlo dicho-. ¿Ya has preparado las cosas? Lo del viaje y eso...
-Si ya está todo preparado. ¿Hoy nos vemos no? -Dijo cambiado rápidamente de tema.
-Claro. No olvides que por la tarde eres para mí y además te dije ayer que teníamos que celebrar que te vas de promoción así que te tengo preparada una sorpresa.
-No te tenías que haber molestado, pero no te voy a negar que me hace mucha ilusión. -Me dijo riendo.
-Siempre eres tú el que me prepara sorpresas y regalos, ya era hora de que te hiciera ya algo a ti.
-No necesito nada de eso si te tengo a ti.
-No seas tonto, sabes que si y a callar.
-Aurora cariño te dejo que tengo que averiguar unas cosas.
-A las nueve en mi casa.
-Allí estaré, te quiero.
-Adiós, te quiero.
La mañana pasó rápido y llegó la hora de la siesta. Me puse a ver la televisión y poco a poco me iba quedando dormida hasta que llamaron a la puerta. No esperaba a nadie y me resultó muy extraño. Me levanté y abrí la puerta. No podía ser. Otra vez no...
Me quedé allí parada sin saber que decir hasta que él rompió el silencio.
-Hola... -Me dijo con las manos metidas en los bolsillos-. ¿Puedo pasar? -A pesar de que me encantaría cerrarle la puerta y no saber nada de él, le hice un gesto con la mano y le invité a pasar.Me apoyé en el filo de la mesa del salón con los brazos cruzados y el se colocó a unos metros de mi.
-¿Qué quieres Sergio? -Le dije muy seria.
-Ya se que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que nos vivos... pero he venido a pedirte disculpas y bueno, para ver si podemos quedar como amigos, al menos... -Parecía sincero y me sorprendió mucho que viniera pedir a disculpas sabiendo como era.
-Te pasaste conmigo y con Pablo. Sergio, le pegaste... -Le dije con una voz débil.
-Lo sé. -Dio unos pasos más y acercó más a mi-. En ese momento no sabía lo que hacía. Aurora, tu sabes bien que yo no soy así... por favor, perdóname. -A pesar de que me dolió mucho lo que hizo... no tenía más remedio que perdonarle. Sergio había sido una persona muy importante para mi en el pasado y aunque se pasó la otra vez, lo tenía que hacer, tenía que olvidarme de todo y empezar de nuevo, como amigos-. ¿Aurora? -Me dijo después de unos segundos.
-Está bien, olvidemos todo. Pero prométeme una cosa... No volverás a meterte en nuestra relación. Y mucho menos acercarte a Pablo. ¿Te queda claro?
-Está bien. Te lo prometo, no me acercaré a Pablo ni me meteré en vuestra relación... pero no me pidas que me aleje de ti, porque no lo haré. -Yo por mucho que quisiera, tampoco podía alejarme de él. Algo en mi quería seguir viéndole, estar con él. Necesitaba su compañía, a pesar de todo-. Anda ven aquí.Sergio se acercó aun más a mi y me abrazó. Por mi parte, el abrazo fue frío aunque me gustó. Después de unos segundos nos separamos. Él me sonrió y yo le devolví la sonrisa.
Ahora me sentía mucho mejor. Me gustaba tenerlo de nuevo como amigo, porque así ha sido siempre. Los recuerdos y los momentos vividos junto a él desde que eramos pequeños se me vinieron a la mente y me alegraba de haber tomado esa decisión porque no quería echar a perder una amistad de tantos años. Tenía muy claro mis sentimientos hacía él: sentimientos que se pueden sentir por un amigo de toda la vida, aunque en un pasado, fuimos más que eso.
Pasamos la tarde juntos, entre risas y recordando buenos tiempos. Había echo bien en perdonarle porque lo echába de menos y no me había dado cuenta hasta ese rato que estuve con él. Llegaron las siete y Sergio ya se marchó. Tenía que ir a toda prisa porque Pablo llegaba en menos de dos horas y tenía que arreglarme, preparar la cena y subir las cosas a la azotea ya que era allí donde íbamos a estar, en plan picnic.
Mientras que me duchaba con el disco de Pablo de fondo, se me vino a la mente esos momentos únicos que lo cambiaron todo: ese choque de dos desconocidos que llevó a la primera mirada, a la primera sonrisa mutua, a la primera caricia, a el primer beso, a la primera vez con él, a el primer Te quiero... Momentos especiales junto a la persona que me hacía sentir única. Esa persona que a pesar de los problemas que nos han puesto por estar juntos, siempre ha sabido salir adelante, alguien que ocupa mis pensamientos las veinticuatro horas del día y al que quiero de aquí a la Luna y vuelta a empezar.
Después de unos quince minutos, salí de la ducha y me puse un vestido cómodo y casual. Como no íbamos a salir de casa no me arreglé mucho ya que quería estar lo más natural posible. A la hora de preparar la cena me bloqueé un poco ya que no tenía ni idea de que hacer. Después de estar un buen rato dándole vueltas a la cena, opté por preparar pasta, ya que era lo más fácil y rápido. Terminé y me subí a la azotea con las cosas en brazos y lo puse todo tal y como lo había pensado. Encendí unas velas y con ayuda de unos altavoces y el móvil, conseguí poner una música suave y relajante de fondo. Era la primera vez que preparaba algo así y no me había quedado nada mal. Miré al cielo en busca de estrellas pero nada, ni una. A pesar de que era de noche pude darme cuenta de que seguía nublado. El viento de por la mañana había cesado y hacía mucha más calor. Bajé de nuevo las escaleras y miré el reloj: las nueve casi. Pablo tenía que estar apunto de llegar así que me retoqué un poco los pelos y me eché un poco de perfume. No sabía porque pero tenía la sensación de que todo tenía que salir perfecto, no quería tomar la cena como una despedida ya que las odio pero si que era la última hasta después de un mes y quería que Pablo se sorprendiera, quizás ese afán porque todo estuviera perfecto. Pasaron unos diez minutos y ya estaban llamando a la puerta. Corrí a abrir con una gran sonrisa y al abrir la puerta me encontré a un Pablo con pantalones verdes claro y camiseta negra ajustada que dejaba ver el lunar de su torso. Llevaba en la mano una botella de champán. Nos sonreímos y le di la mano seguido por un suave beso en los labios.
-¿A donde me llevas? -Dijo Pablo entre risas.
-Es un secreto. -Le dije mientras que le guiaba hasta la azotea cogida de su mano.Al llegar arriba de las escaleras le puse las dos manos en los ojos y salimos hacia afuera. Coloqué a Pablo delante de la manta con las cosas y retiré las manos. La reacción de Pablo me encantó.
-Guau. -Dijo mirando a su alrededor-. No tengo palabras. -Me cogió de la cintura trayéndome hacia su cuerpo y me dio un pequeño beso. -Gracias.
-¿Te gusta?
-Gustarme es poco. Mira he traído Champán. -Me dijo colocando la botella entre sus manos.
-Parece que te imaginabas lo de la cena... -Le dije riendo.
-No, pero como me dijiste que íbamos a estar en tu casa pues se me ocurrió. Por cierto, estás preciosa esta noche.
-¿Esta noche? -Dije alzando una ceja.
-Esta y todas tontilla. -Me dijo a centímetros de mi. Yo no pude evitar reírme por su última palabra, le había quedado muy graciosa.Nos dimos unos cuantos besos y nos sentamos sobre la manta. La cena se hizo muy amena y estuvimos hablando sobre lo que haría durante el viaje. Todo aquello entre risas, miradas y besos. En esos momentos me daba cuenta de lo mucho que lo iba a echar de menos. Porque un mes es un mes y llevábamos mucho tiempo viéndonos todos los días como para separarnos tanto tiempo... Pero tenía que ser así y me tenía que acostumbrar, porque no se me podía olvidar de que estaba saliendo con Pablo Alborán: el famoso cantante, aunque para mi solo era Pablo Moreno. En fin, me tenía que olvidar de sus besos, caricias y sobre todo, de su preciosa sonrisa durante un mes.
Después de cenar nos servimos el champán. Yo me coloqué tendida en la manta apoyando mi cabeza sobre su torso mientras que él jugaba con mis pelos.
Después de un rato se paró de pronto y yo miré hacia él.
-¿Qué pasa? -Dije riendo.
-Ojalá pudiera congelar el tiempo, ahora mismo, aquí mismo, y vivir en él para siempre -Dijo agachando la cabeza para encontrar mis ojos.
-Ojalá fuera posible... -Dije alzando mi mano para acariciar su mejilla.Y después de esa última frase, volvió el silencio durante unos minutos y en un abrir y cerra de ojos, empezó a caer una lluvia fina que iba aumentando su intensidad en cuestión de segundos. Me levanté rápidamente y le dí la mano a Pablo mientras que él seguía sentado.
-Pablo tenemos que irnos, nos estamos empapando. -Le dije casi sin poder ver a causa del agua.
-¿Hacemos una locura? -Dijo riendo.
-¿Qué locura?
-Bailar bajo la lluvia. -Dijo sonriendo.