Narrado por Pablo:
Llego a casa y me encuentro con esos momentos que tanto detesto, con mi amiga la soledad. Es sumamente triste llegar y no tener con quien compartir las cosas del día a día, no me termino de acostumbrar y dudo hacerlo. Me tumbo en el sofá mientras leo un poco el Twitter, hasta que de pronto en la pantalla de mi teléfono se refleja el teléfono de Marta.
–Pablo vistete y baja al portal de inmediato. -Me dice sin saludarme.
–¿Para qué? Marta, no tengo ganas de salir. -Digo perezosamente.
–¡Pablo! No seas perezoso y baja, es importante. -Insiste.
–Mira que eres cabezota... está bien, dame cinco minutos. -Cuelgo el teléfono y me coloco nuevamente las Converse. Bajo por las escaleras deprisa, intentando no caerme por ellas. Está apoyada en la puerta del portal mirando por todos los lados.
–¿Y bien? ¿No piensas saludarme después de hacerme bajar tan deprisa? -Río y sonríe.
–Hola. -Me dice mientras se apresura a su coche.
–Marta... ¿Me has hecho bajar hasta aquí para saludarme y luego montarte en tu coche?
–Por supuesto que no, monta en el coche y calla. -Me dice mientras se ríe. La obedezco y me monto en el asiento copiloto, arranca el coche.
–¿Me puedes explicar a donde vamos Marta? Porque no entiendo nada... -Digo intrigado.
–De compras Pablo, nos vamos de compras. -Me dice con una sonrisilla.
–¿De compras? ¿Te crees que yo tengo el cuerpo para ir de compras? Marta, sabes que no tengo ganas de nada.
–No vamos a hacer unas simples compras, vamos a comprar la habitación del bebé. -Mis ojos se abren como platos.
–Eso quiere decir que... ¿qué has hablado con ella y me ha perdonado? -En mi interior aparece una pequeña ilusión que no tarda demasiado en marcharse.
–Lo siento pero... no, no está dispuesta a perdonarte Pablo, es por ello que tenemos que preparar todo esto, tiene que ver que realmente estás arrepentido. -Me quedo callado tras su negativa respuesta. Continua conduciendo, llegamos al centro comercial y aparcamos. Me bajo del coche con las manos metidas en el interior de mi bolsillo, metido en mi particular burbuja, aislado de todo.
–Y bueno... ¿Cómo vamos a pintar la habitación? Porque aún no sabemos exactamente el sexo del bebé, yo voto por dejar la pared en blanco hasta que se sepa. -Me dice ilusionada. No respondo. -¡Pablo! ¿Estás bien? Te veo distraido... -Me dice.
–Lo siento, estaba pensando en otras cosas.
–Todo irá bien, no te preocupes. -Me abraza.
–¿Realmente piensas así? -Pregunto desanimado.
–Claro... ¿por qué no? -Me dice.
–Realmente no creo que esto tenga solución, dudo mucho que ella quiera volver con una persona que la dejó tirada en sus peores momentos, es complicado.
–Pablo, deja de ser tan negativo ¿quieres? Todo se arreglará, y para que todo se arregle hay que ir poco a poco, empezando por la habitación del bebé, vamos a preparar la habitación más bonita, ya lo verás. -Me dice con una sonrisa mientras me abraza, algo que hace que esboce una pequeña sonrisa.
–No sé que haría sin ti, gracias por todo esto. -La abrazo en modo de agradecimiento y ella me responde con una de sus sonrisas.
–No tienes nada que agradecer, con que te centres en esto me sobra y me basta.
Entramos al centro comercial, hay un sin fin de tiendas, optamos por entrar a una tienda de cosas de bebés, nunca pensé entrar tan pronto a este lugar, jamás. Miro a cada esquina de la tienda, la cual no está demasiado llena. Hay varias secciones, por un lado están las sillitas de bebé, cunas... y por el otro ropa y demás cuidados que puede conllevar un bebé. Puesto que no sé nada de este mundo, con la ayuda de Marta comenzamos a elegir cosas. Empezamos por lo más fácil, la cuna. Miramos varios modelos, hasta que damos con una que parece que ambos nos gusta, después la sillita de bebé. En mi cara se dibuja una cara a medida que visualizo más cosas, me hace especial ilusión todo esto. Tras haber escogido una sillita y una cuna, nos disponemos a escoger algunos peluches, todos me parecen especialmente bonitos, a si que compramos unos cuantos. Al fondo de la tienda hay unas pequeñas cestas donde trae un surtido de lo que un bebé necesita en sus baños, a si que no dudamos en comprarlo.
–Madre mía Pablete... -Me dice mientras comienza a reír.
–¿Qué? -Pregunto confuso.
–Estás muy gracioso, jamás pensé que te ayudaría a elegir las cosas de la habitación de tu hijo. -Se ríe y me uno a su risa.
–Ni yo escogiéndolas tan pronto, me hace mucha ilusión todo esto.
–Bueno... tampoco podemos armar la habitación entera porque no sabemos el sexo del bebé, por lo pronto no podemos pintar las paredes, ni escoger su ropa... tendremos que esperar unos meses más, pero lo elemental ya lo tenemos, creo que hemos acertado. -Me guiña un ojo.
–Cierto, la habitación aún tendrá que esperar algo más de tiempo pero como tu dices, lo básico ya está.-Asiente con la cabeza, vamos hacia donde la dependienta a pedirla que nos lo prepare para llevar, pagamos y salimos de allí más cargados que nunca. Caminamos hacia el coche, acoplamos las cosas del maletero para que quepan las demás, nos montamos y volvemos a casa.
–Primera parte superada, nos queda una segunda que ejecutar... -Se pone misteriosa, tanto que no logro entenderla.
–¿Qué? -Pregunto.
–¡Pablo! -Me dice medio gritando.
–¿¡Qué!? -Pregunto.
–Mañana por la noche cenarás con ella, a si que procura ponerte guapo que del resto ya me encargo yo.
–¿Mañana? ¿Ya? pero... -Me pongo nervioso cuando lo imagino.
–Ahá Pablo. Mañana es el día indicado. -Me dice segura de sus palabras.
–Está bien, pero no tenemos la habitación preparada ni nada.
–Mañana por la mañana madrugaré, iré a tu casa y juntos lo organizaremos todo a si que más te vale que no se te peguen las sábanas porque si no quemaré tu timbre. -Ríe y me uno a su risa.
–De acuerdo, de acuerdo, te haré caso. -Le digo con una sonrisa.
Me deja en frente de casa, se despide de mi, recojo las compras del maletero y subo a casa cargado de cosas y con unos nervios descomunales. Dejo las cosas en uno de los cuartos.
Son las diez de la noche más o menos, preparo una pizza en el horno y ceno en el salón viendo una de las películas que ofrece uno de los canales, a penas me entero de que va, me es imposible centrarme en nada. Ceno tranquilamente intentado despejarme, cuando termino me tumbo en el sofá y me tapo con una manta, me quedo dormido.
''Estoy en Málaga, concretamente en el estudio de mi casa, llaman al timbre, poso la guitarra sobre el suelo y me dispongo a abrir la puerta, es ella. Me quedo quieto, con las manos sudorosas y sin saber como reaccionar exactamente, una sensación completamente desconocida en mí. La miro pero no gesticulo palabra alguna, dejo que sea ella quien de el primer paso, que hable. La expresión de su cara me confunde, no sé el motivo de porque está aquí. Tras unos minutos en silencio, decide hablar.
–Hola Pablo. -Me dice seca.
–Estás aquí, no lo puedo creer... -Digo con los ojos a punto de llenarse de lágrimas.
–Tengo que hablar contigo, por eso decidí venir, ha pasado el tiempo y creo que es necesario que lo haga. -No sonríe, se mantiene seria y firme.
–Sí claro, pasa. -La invito a pasar en el interior de mi estudio, se sienta en una de los sillones viejos que hay, cruza una de sus piernas. Me pongo bastante nervioso, mi corazón se acelera conforme los minutos transcurren. Está preciosa, la miro de arriba a bajo, y observo que ya tiene bastante tripita.
–Pablo... han pasado unos tres meses desde la última vez que nos vimos, si estoy aquí es porque debo de informarte sobre algo.
–Si es sobre el bebé... quiero que sepas que ese niño me importa y que tú también.¿Va bien el embarazo? ¿Hay algún tipo de complicación? -La digo mientras acaricio una de sus suaves manos.
–Gracias pero no estoy aquí por el bebé, él está bien y bueno... es una niña. Pero no es eso, repito. -Me dice seca y sin a penas mirarme a los ojos.
–¿Una niña? y... ¿Cómo piensas llamarla? ¿Has pensado algún nombre ya? -Digo impaciente.
–No estoy aquí para hablar sobre de mi hija, estoy aquí para decirte que quiero que te alejes de mí, de mi entorno, de mi gente... quiero que vivas tu vida con quien realmente desees porque yo así lo he hecho. Pablo, me voy a casar. -Todas sus palabras me duelen, pero esas últimas os puedo asegurar que mucho más. Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, una mezcla de rabia y dolor se apodera de mí.
–¿Qué? pensaba que habías vuelto por mí, porque volveríamos a ser... -Me frena.
–Pablo, nunca te quise, solo has sido un error, un error que espero no repetir jamás. -Me quedo callado limpiando las lágrimas de mi rostro, no parece impactarla mi estado ahora mismo, al contrario. Se levanta del sillón dejando su dulce aroma desperdigado por el estudio.
–Espero que seas feliz Pablo, adiós. -Abre la puerta y definitivamente se va, no me puedo creer que todo esto haya sido una mentira tan cruel, no puedo creer nada de esto''
Me despierto en medio de la noche bastante alterado, paso la mano por mi frente, la cual está sudando. He vuelvo a soñar con ella, un sueño horrible, se iba a casar con otro, nunca me quiso. Me dirijo descalzo hacia el cuarto de baño, abro el grifo y me refresco la cara y la nuca, me miro al espejo y estoy pálido. Y aunque esto ha sido un simple sueño... ¿cómo se que conforme transcurra el tiempo no lo haga? Debo recuperar su amor, y juro que no descansaré hasta lograrlo.
21.12.13
7.12.13
Cap. 102: Anhelo tenerla cada noche entre mis brazos
Narrado por Pablo:
Llego a España, benditas ganas que tenía de volver, de verla aunque sea de lejos... Adriana me mira de vez en cuando, con desprecio pero rápidamente la ignoro. Cogemos las maletas y salimos fuera del aeropuerto, Marta está llamando a Aurora, lo cual hace que mis ojos se iluminen con solo escuchar de voz, me dan unas terribles ganas de ponerme al teléfono y decirla que vuelva conmigo, que la amo, que sin ella dejo de ser yo y me convierto en un ser desconocido, distinto pero he de retener mis ganas al menos por el momento como acordé con Marta en Argentina. Parece que ambas han quedado, en el fondo me da envidia. Agarro la maleta con una mano dirección al coche, Salva ha venido a por nosotros, no sé si sepa algo de lo sucedido en las últimas días pero tampoco le doy importancia. Se baja del coche y viene rápidamente a abrazarme, de pronto, sin que nadie logre escucharle me pregunta que quién es ella, le digo que prefiero no hablar de ello y que tengo ganas de volver a casa, saluda amablemente y a continuación nos metemos en el interior del coche rumbo a casa. El trayecto a casa es silencioso, de pronto el coche se detiene y Salva nos deja en mi casa mientras que a Marta la lleva a casa de mis padres ya que desde aquello viven allí. Agarro mi maleta del maletero, me despido de ellos y saco la llave del portal.
–Bueno... basta ya ¿no Pablo? ¿podemos olvidar lo sucedido en las últimas horas por favor? -Me frena impidiendo que de un paso más.
–No. No se puede pasar porque hasta aquí hemos llegado Adriana. -La digo sin alzar mucho la voz.
–¿Perdón? espero que no trates de...
–Esto ha sido un error demasiado grande por mi parte, no estoy nada enamorado de ti, no somos compatibles y no pienso seguir fingiendo algo que no somos más tiempo, se acabó.
–Ni de coña Pablo ¿me entiendes? Ni de coña esto se acabó, esto sigue porque debe de seguir. -Me dice alzando la voz.
–Escuchame bien Adriana, nada más te lo repetiré una vez... ¡se acabó! Te guste o no. -Trato de hacerla entrar en razón sin dar un espectáculo en la calle.
–Muy bien, ya lo veremos. -Agarra su maleta, tira de ella y de malas formas se marcha aligerando el paso. Esbozo una sonrisa porque al fin voy a tener mi tiempo. Subo en el ascensor, mirando a la nada, pensando en todo. Salgo de este y me encamino hacia la puerta, abro y entro. Enciendo el interruptor de la luz y a pesar del cansancio, sonrío porque estoy de regreso. Me tumbo en la cama con el fin de descansar, me duermo un buen rato.
Son las dos de la tarde, puesto que no tengo ganas de ponerme a cocinar opto por bajar al restaurante que está en frente de casa. Cojo la gorra y las gafas, bajo por las escaleras del portal y voy al restaurante. Me siento en una de las mesas, algo desganado, sin ganas de hacer gran cosa.
–¿Qué desea comer? -Me pregunta una de las meseras.
–Tantas cosas quiero... -Digo en voz baja, poco después me percato de que lo estoy diciendo en alto.
–¿Cómo dice? -Me mira con cara de extraña, y no es para menos.
–Oh, nada, nada... una hamburguesa está bien. -Digo escaqueandome del tema.
–Enseguida se lo traemos. -Lo apunta en un block de notas y se va derecha a la cocina.
Como tranquilo y sin hambre, después voy al estudio para ver a Manuel y así despejar un rato la mente. Manuel no tarda en venir a mis brazos para que le abrace.
–¡Pablo! ¿Cómo ha ido la estancia en Argentina? He leído en varios artículos de periódico que has arrasado. -Me dice con entusiasmo.
–No tengo queja, todo ha ido sobre ruedas y el público maravilloso. -Digo con una sonrisilla.
–Pablo... ya sabes que no me gusta meterme en tu vida privada pero... me han llegado rumores sobre ti. -Me dice algo serio.
–¿Rumores? ¿Qué tipo de rumores? -Pregunto nervioso.
–Se comenta por ahí que ya no estás con Aurora y que desde entonces has dejado de ser el Pablo de siempre, que has cambiado.
–Es totalmente cierto, ya no estoy con ella pero te puedo asegurar que soy el mismo, quizá no con la sonrisa que siempre estaba en mi cara pero sigo siendo el mismo Pablo.
–Deberías de centrarte en tu carrera y dejar los problemas personales de lado, aquí lo único que debe comentarse es tu música y no tu vida privada.
–¿Te crees que a mi me hace gracia estar de boca en boca por lo que haga o deje de hacer en mi vida privada? Te equivocas Manuel, de sobra deberías saber que estoy al cien por cien centrado en mi carrera y que no me gusta mezclar lo profesional con lo personal, no es mi culpa esto que está sucediendo. -Digo.
–Lo sé, y espero que nada de esto afecte al trabajo.
–No afectará Manuel, te lo aseguro. -Tras oír eso me sonríe.
–¿Quieres que hablemos del tema?
–Prefiero no recordarlo e intentar salir de esto cuanto antes... -Digo con la mirada perdida.
–Pablo, no te cierres y permite que la gente que te queremos te ayudemos. -Pone una mano sobre mi hombro.
–Lo único que quiero es estar con ella, ahí es cuando realmente volveré a tener esa felicidad que solo ella me causaba todos los días de mi vida, sin ella no soy absolutamente nada porque con ella soy todo.
–Es cuestión de tiempo, se ve que os queréis mucho. -Me dice para tratar de animarme.
–Gracias Manuel, gracias por estar aquí. -Le doy un abrazo y me sonríe.
Es algo tarde, tras hablar con Manuel vuelvo a casa, y como hace unas cuantas horas... sin ganas de nada, no sé cuanto dure vivir así, no sé cuando volveré a tenerla cada noche entre mis brazos, eso que anhelo desde el primer minuto en el que dejé de tenerla.
Llego a España, benditas ganas que tenía de volver, de verla aunque sea de lejos... Adriana me mira de vez en cuando, con desprecio pero rápidamente la ignoro. Cogemos las maletas y salimos fuera del aeropuerto, Marta está llamando a Aurora, lo cual hace que mis ojos se iluminen con solo escuchar de voz, me dan unas terribles ganas de ponerme al teléfono y decirla que vuelva conmigo, que la amo, que sin ella dejo de ser yo y me convierto en un ser desconocido, distinto pero he de retener mis ganas al menos por el momento como acordé con Marta en Argentina. Parece que ambas han quedado, en el fondo me da envidia. Agarro la maleta con una mano dirección al coche, Salva ha venido a por nosotros, no sé si sepa algo de lo sucedido en las últimas días pero tampoco le doy importancia. Se baja del coche y viene rápidamente a abrazarme, de pronto, sin que nadie logre escucharle me pregunta que quién es ella, le digo que prefiero no hablar de ello y que tengo ganas de volver a casa, saluda amablemente y a continuación nos metemos en el interior del coche rumbo a casa. El trayecto a casa es silencioso, de pronto el coche se detiene y Salva nos deja en mi casa mientras que a Marta la lleva a casa de mis padres ya que desde aquello viven allí. Agarro mi maleta del maletero, me despido de ellos y saco la llave del portal.
–Bueno... basta ya ¿no Pablo? ¿podemos olvidar lo sucedido en las últimas horas por favor? -Me frena impidiendo que de un paso más.
–No. No se puede pasar porque hasta aquí hemos llegado Adriana. -La digo sin alzar mucho la voz.
–¿Perdón? espero que no trates de...
–Esto ha sido un error demasiado grande por mi parte, no estoy nada enamorado de ti, no somos compatibles y no pienso seguir fingiendo algo que no somos más tiempo, se acabó.
–Ni de coña Pablo ¿me entiendes? Ni de coña esto se acabó, esto sigue porque debe de seguir. -Me dice alzando la voz.
–Escuchame bien Adriana, nada más te lo repetiré una vez... ¡se acabó! Te guste o no. -Trato de hacerla entrar en razón sin dar un espectáculo en la calle.
–Muy bien, ya lo veremos. -Agarra su maleta, tira de ella y de malas formas se marcha aligerando el paso. Esbozo una sonrisa porque al fin voy a tener mi tiempo. Subo en el ascensor, mirando a la nada, pensando en todo. Salgo de este y me encamino hacia la puerta, abro y entro. Enciendo el interruptor de la luz y a pesar del cansancio, sonrío porque estoy de regreso. Me tumbo en la cama con el fin de descansar, me duermo un buen rato.
Son las dos de la tarde, puesto que no tengo ganas de ponerme a cocinar opto por bajar al restaurante que está en frente de casa. Cojo la gorra y las gafas, bajo por las escaleras del portal y voy al restaurante. Me siento en una de las mesas, algo desganado, sin ganas de hacer gran cosa.
–¿Qué desea comer? -Me pregunta una de las meseras.
–Tantas cosas quiero... -Digo en voz baja, poco después me percato de que lo estoy diciendo en alto.
–¿Cómo dice? -Me mira con cara de extraña, y no es para menos.
–Oh, nada, nada... una hamburguesa está bien. -Digo escaqueandome del tema.
–Enseguida se lo traemos. -Lo apunta en un block de notas y se va derecha a la cocina.
Como tranquilo y sin hambre, después voy al estudio para ver a Manuel y así despejar un rato la mente. Manuel no tarda en venir a mis brazos para que le abrace.
–¡Pablo! ¿Cómo ha ido la estancia en Argentina? He leído en varios artículos de periódico que has arrasado. -Me dice con entusiasmo.
–No tengo queja, todo ha ido sobre ruedas y el público maravilloso. -Digo con una sonrisilla.
–Pablo... ya sabes que no me gusta meterme en tu vida privada pero... me han llegado rumores sobre ti. -Me dice algo serio.
–¿Rumores? ¿Qué tipo de rumores? -Pregunto nervioso.
–Se comenta por ahí que ya no estás con Aurora y que desde entonces has dejado de ser el Pablo de siempre, que has cambiado.
–Es totalmente cierto, ya no estoy con ella pero te puedo asegurar que soy el mismo, quizá no con la sonrisa que siempre estaba en mi cara pero sigo siendo el mismo Pablo.
–Deberías de centrarte en tu carrera y dejar los problemas personales de lado, aquí lo único que debe comentarse es tu música y no tu vida privada.
–¿Te crees que a mi me hace gracia estar de boca en boca por lo que haga o deje de hacer en mi vida privada? Te equivocas Manuel, de sobra deberías saber que estoy al cien por cien centrado en mi carrera y que no me gusta mezclar lo profesional con lo personal, no es mi culpa esto que está sucediendo. -Digo.
–Lo sé, y espero que nada de esto afecte al trabajo.
–No afectará Manuel, te lo aseguro. -Tras oír eso me sonríe.
–¿Quieres que hablemos del tema?
–Prefiero no recordarlo e intentar salir de esto cuanto antes... -Digo con la mirada perdida.
–Pablo, no te cierres y permite que la gente que te queremos te ayudemos. -Pone una mano sobre mi hombro.
–Lo único que quiero es estar con ella, ahí es cuando realmente volveré a tener esa felicidad que solo ella me causaba todos los días de mi vida, sin ella no soy absolutamente nada porque con ella soy todo.
–Es cuestión de tiempo, se ve que os queréis mucho. -Me dice para tratar de animarme.
–Gracias Manuel, gracias por estar aquí. -Le doy un abrazo y me sonríe.
Es algo tarde, tras hablar con Manuel vuelvo a casa, y como hace unas cuantas horas... sin ganas de nada, no sé cuanto dure vivir así, no sé cuando volveré a tenerla cada noche entre mis brazos, eso que anhelo desde el primer minuto en el que dejé de tenerla.
23.11.13
Cap. 101: ¿Por qué este cambio en él?
Narrado por Aurora:
En mi cabeza retumban esas palabras que Marta acaba de pronunciar ''Pablo te quiere'' no puedo negar que me hace cierta ilusión saberlo pero... es tarde. Me quedo completamente muda, con la mirada puesta en el suelo. Me da un pequeño golpecillo sobre la pierna.
–Estés con quién estés aquí estaré ¿de acuerdo? -Me dice con una sonrisa.
–Lo sé cielo, y es precisamente de eso de lo que quiero hablarte... -Le digo.
–¿Qué te parece si vamos a tomar un café? Y hablamos de todo... -Me pregunta y asiento con la cabeza.
Agarro mi bolso, nos despedimos de Elena con la idea de volver para la hora de la cena y así ayudarla. Vamos caminando, meto mis manos en el interior del bolsillo de mi pantalón mientras andamos rápido.
–¿Va todo bien? ¿Ha ocurrido algo? -Me pregunta.
–Pues sí... si que ha ocurrido, verás... -Me quedo unos segundos callada mientras pienso en si terminar la frase o no. -He conocido a alguien, alguien con quién estoy empezando a tener algo. -Se queda callada pero rápidamente sonríe.
–Me alegro de que estés rehaciendo tu vida mi niña. -Agarra mis manos.
–Gracias de corazón por estar aquí siempre que te he necesitado. -La abrazo con fuerza, un abrazo de esos que tanto llegaba a necesitar.
–No me tienes que agradecer nada, siempre voy a estar cuando me necesites y cuando no... también. -Ríe y me uno a su risa mientras la abrazo nuevamente.
Seguimos caminando en silencio por las calles de Málaga, no me pregunta nada más respecto a Hugo. Llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas y pedimos dos cafés.
–Y bueno... ¿ya tienes pensado como se llamará? -Me dice con una sonrisilla.
–No, aún no he pensado en eso, supongo que deba ir pensándolo pero... tú me ayudarás ¿no? -Sonrío y me devuelve la sonrisa.
–Claro que sí, digamos que soy como su tía postiza. -Me dice volviendo a reír, echaba de menos estos momentos.
Charlamos un buen rato, son las ocho de la tarde y decidimos volver a casa.Volvemos a casa en silencio, sin gesticular palabra alguna. Al llegar vemos a Elena en la cocina preparar la cena, vamos directas a donde ella para ayudarla.
–¿Quieres que te ayudemos Ele? -La pregunto mientras me pongo al otro lado de la encimera de la cocina para verla.
–De ninguna manera, tú tienes que descansar para que el embarazo vaya bien y Marta debe descansar después del viaje.
–Puedo hacerlo Ele, estoy perfectamente. -Le digo.
–Elena, yo tengo toda la noche para descansar a si que... te ayudaré y no se hable más. -Le dice Marta.
–De acuerdo, me ayudaréis. -Nos dice con una sonrisa.
Ayudamos a Elena a preparar la cena, ponemos la mesa para todos y cuando terminamos nos sentamos en el sofá con Elena hasta que lleguen todos. Encendemos la televisión para matar el tiempo. Se oye la puerta de la entrada, son Casilda y la niña. Vienen hacia el salón directamente y no duda en venir hacia mi para que la coja en brazos. Da un salto y queda sentada sobre mis piernas.
–¡Sofía! Ten más cuidado, recuerda que ahí dentro está tu futuro primo y puedes hacerle daño. -Regaña Casi a la pequeña.
–Lo siento mucho tita, no quería... -Mira al suelo y desaparece la sonrisa de su rostro.
–No pasa nada ¿vale? Para la próxima llevarás más cuidado. -La guiño un ojo. -¿Qué tal te lo has pasado en el parque? -La pregunto.
–¡Muy bien! He jugado con muchas niñas. -Me dice volviendo a sonreír.
–Sofía cariño... ¿por qué no subes a la habitación y te pones el pijama? -La dice Casilda a Sofía.
–Vale mami. -Se baja rápidamente de mis piernas y comienza a subir con cuidado las escaleras rumbo a su habitación.
–¿Qué tal Marta? -Pregunta Casilda a Marta.
–Muy bien, algo cansada por el viaje. -Dice.
–Me alegro. ¿Qué tal está mi hermano? -Pregunta directamente mientras que Elena y yo permanecemos en silencio.
–Pues... -Dice nerviosa. -Bien, los conciertos han sido increíbles.
–En estos días el teléfono de casa no ha recibido ni una sola llamada por su parte, y ahora... ahora ni si quiera viene a visitar a su familia ¿por qué este cambio en él? -Pregunta Casilda con tono de enfado. Me mantengo en silencio y quieta.
–No lo sé, ojalá tuviera la respuesta que buscas Casi. -Dice Marta.
Nos quedamos en silencio, la cara de Casilda es de máximo enfado, y aunque yo he preferido mantenerme callada reconozco que razón no la falta. Contiuamos viendo la televisión, a los pocos minutos Sofía baja dando pequeños brincos por la escalera mientras que llega al borde del sofá y me pide que la suba para quedar en medio de Marta y de mí. Esta pequeña es un auténtico cielo, siempre está sonriendo y consigue que acabe haciéndolo yo también. Instantes después aparece Salvador y Salva por la puerta, lo cual indica que es hora de sentarse a cenar finlamente. Ambos saludan a Marta y se alegran de verla. Degustamos la deliciosa cena mientras la acompañamos de una charla bastante amena. Como siempre Elena se empeña en que no la ayudemos a recoger los platos de la cena, a si que opto por subir a Sofía a su habitación, la cojo en brazos ya que se cae de sueño, subo por las escaleras, la tumbo en la cama cuidadosamente y la arropo con su edredón. Me mira con los ojos casi cerrados.
–Tita ¿me lees un cuento? -Me pregunta.
–¿Un cuento? Pero si estás a punto de cerrar ya los ojitos princesita. -La digo sin irme de su lado.
–Va, porfi tita, me hace mucha ilusión. -Me dice dulcemente. Es una dulzura.
Me siento en el borde de la cama, cojo uno de los cuentos que posan sobre su mesilla de noche, lo abro y comienzo a leerle el cuento en voz baja, de manera que no tarde mucho en caer dormida, y así es, minutos después de leerla un cuento, Sofía queda dormida. Vuelvo a la habitación, me meto en mi cama e intento conciliar el sueño al igual que ella.
En mi cabeza retumban esas palabras que Marta acaba de pronunciar ''Pablo te quiere'' no puedo negar que me hace cierta ilusión saberlo pero... es tarde. Me quedo completamente muda, con la mirada puesta en el suelo. Me da un pequeño golpecillo sobre la pierna.
–Estés con quién estés aquí estaré ¿de acuerdo? -Me dice con una sonrisa.
–Lo sé cielo, y es precisamente de eso de lo que quiero hablarte... -Le digo.
–¿Qué te parece si vamos a tomar un café? Y hablamos de todo... -Me pregunta y asiento con la cabeza.
Agarro mi bolso, nos despedimos de Elena con la idea de volver para la hora de la cena y así ayudarla. Vamos caminando, meto mis manos en el interior del bolsillo de mi pantalón mientras andamos rápido.
–¿Va todo bien? ¿Ha ocurrido algo? -Me pregunta.
–Pues sí... si que ha ocurrido, verás... -Me quedo unos segundos callada mientras pienso en si terminar la frase o no. -He conocido a alguien, alguien con quién estoy empezando a tener algo. -Se queda callada pero rápidamente sonríe.
–Me alegro de que estés rehaciendo tu vida mi niña. -Agarra mis manos.
–Gracias de corazón por estar aquí siempre que te he necesitado. -La abrazo con fuerza, un abrazo de esos que tanto llegaba a necesitar.
–No me tienes que agradecer nada, siempre voy a estar cuando me necesites y cuando no... también. -Ríe y me uno a su risa mientras la abrazo nuevamente.
Seguimos caminando en silencio por las calles de Málaga, no me pregunta nada más respecto a Hugo. Llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas y pedimos dos cafés.
–Y bueno... ¿ya tienes pensado como se llamará? -Me dice con una sonrisilla.
–No, aún no he pensado en eso, supongo que deba ir pensándolo pero... tú me ayudarás ¿no? -Sonrío y me devuelve la sonrisa.
–Claro que sí, digamos que soy como su tía postiza. -Me dice volviendo a reír, echaba de menos estos momentos.
Charlamos un buen rato, son las ocho de la tarde y decidimos volver a casa.Volvemos a casa en silencio, sin gesticular palabra alguna. Al llegar vemos a Elena en la cocina preparar la cena, vamos directas a donde ella para ayudarla.
–¿Quieres que te ayudemos Ele? -La pregunto mientras me pongo al otro lado de la encimera de la cocina para verla.
–De ninguna manera, tú tienes que descansar para que el embarazo vaya bien y Marta debe descansar después del viaje.
–Puedo hacerlo Ele, estoy perfectamente. -Le digo.
–Elena, yo tengo toda la noche para descansar a si que... te ayudaré y no se hable más. -Le dice Marta.
–De acuerdo, me ayudaréis. -Nos dice con una sonrisa.
Ayudamos a Elena a preparar la cena, ponemos la mesa para todos y cuando terminamos nos sentamos en el sofá con Elena hasta que lleguen todos. Encendemos la televisión para matar el tiempo. Se oye la puerta de la entrada, son Casilda y la niña. Vienen hacia el salón directamente y no duda en venir hacia mi para que la coja en brazos. Da un salto y queda sentada sobre mis piernas.
–¡Sofía! Ten más cuidado, recuerda que ahí dentro está tu futuro primo y puedes hacerle daño. -Regaña Casi a la pequeña.
–Lo siento mucho tita, no quería... -Mira al suelo y desaparece la sonrisa de su rostro.
–No pasa nada ¿vale? Para la próxima llevarás más cuidado. -La guiño un ojo. -¿Qué tal te lo has pasado en el parque? -La pregunto.
–¡Muy bien! He jugado con muchas niñas. -Me dice volviendo a sonreír.
–Sofía cariño... ¿por qué no subes a la habitación y te pones el pijama? -La dice Casilda a Sofía.
–Vale mami. -Se baja rápidamente de mis piernas y comienza a subir con cuidado las escaleras rumbo a su habitación.
–¿Qué tal Marta? -Pregunta Casilda a Marta.
–Muy bien, algo cansada por el viaje. -Dice.
–Me alegro. ¿Qué tal está mi hermano? -Pregunta directamente mientras que Elena y yo permanecemos en silencio.
–Pues... -Dice nerviosa. -Bien, los conciertos han sido increíbles.
–En estos días el teléfono de casa no ha recibido ni una sola llamada por su parte, y ahora... ahora ni si quiera viene a visitar a su familia ¿por qué este cambio en él? -Pregunta Casilda con tono de enfado. Me mantengo en silencio y quieta.
–No lo sé, ojalá tuviera la respuesta que buscas Casi. -Dice Marta.
Nos quedamos en silencio, la cara de Casilda es de máximo enfado, y aunque yo he preferido mantenerme callada reconozco que razón no la falta. Contiuamos viendo la televisión, a los pocos minutos Sofía baja dando pequeños brincos por la escalera mientras que llega al borde del sofá y me pide que la suba para quedar en medio de Marta y de mí. Esta pequeña es un auténtico cielo, siempre está sonriendo y consigue que acabe haciéndolo yo también. Instantes después aparece Salvador y Salva por la puerta, lo cual indica que es hora de sentarse a cenar finlamente. Ambos saludan a Marta y se alegran de verla. Degustamos la deliciosa cena mientras la acompañamos de una charla bastante amena. Como siempre Elena se empeña en que no la ayudemos a recoger los platos de la cena, a si que opto por subir a Sofía a su habitación, la cojo en brazos ya que se cae de sueño, subo por las escaleras, la tumbo en la cama cuidadosamente y la arropo con su edredón. Me mira con los ojos casi cerrados.
–Tita ¿me lees un cuento? -Me pregunta.
–¿Un cuento? Pero si estás a punto de cerrar ya los ojitos princesita. -La digo sin irme de su lado.
–Va, porfi tita, me hace mucha ilusión. -Me dice dulcemente. Es una dulzura.
Me siento en el borde de la cama, cojo uno de los cuentos que posan sobre su mesilla de noche, lo abro y comienzo a leerle el cuento en voz baja, de manera que no tarde mucho en caer dormida, y así es, minutos después de leerla un cuento, Sofía queda dormida. Vuelvo a la habitación, me meto en mi cama e intento conciliar el sueño al igual que ella.
3.11.13
Cap. 100: Te quiere
Narrado por Aurora:
Llego a casa bastante confundida, a si que opto por una relajante ducha. Salgo y me coloco el albornoz, me recojo el pelo con una pinza y me tumbo en la cama hasta quedarme dormida, el sonido del teléfono me despierta, es Hugo. Me acaba convenciendo para salir a cenar y de paso solucionar lo ocurrido antes. Me visto de forma sencilla y poco después el timbre de mi puerta suena, es él. Me dice que estoy muy guapa así, bajamos las escaleras del portal y nos montamos en su coche. Conduce en silencio hasta el restaurante, un mesero nos guía a una mesa y nos atiende. No pido gran cosa ya que mi fin de venir aquí no es comer, si no aclarar las cosas. Me mira de una forma bastante dulce. Nos sirven la cena, a penas como.
–Quería pedirte ante todo disculpas por mi de reacción antes, se que no ha sido la más apropiada, lo siento Hugo. -Me disculpo, mi mirada se dirige hacia el suelo.
–No tienes la culpa de nada, he sido yo quien se ha lanzado y no debí haberlo hecho, pero los sentimientos que tengo hacia ti me han podido.
–Hugo, eres encantador y se que puedes tener al lado a quien desees pero tampoco quiero hacerte daño... -Sus ojos se clavan en mi. Por un momento me dan ganas de lanzarme a sus labios, pero no lo creo oportuno ya que sigo sin tener las cosas demasiado claras.
–Aurora... yo... -Le cuesta terminar la frase, las palabras parecen atragantarse. -Te quiero. -Me dice sincero de sus palabras. Logra que sonría.
–Hugo yo... -No me lo pienso dos veces, me levanto y le beso dejandome llevar, aunque luego quizá me arrepienta de esto.
–Voy a cuidar de ti si me lo permites. -Me dice con una sonrisa tras separarse unos milímetros de mi. Me acerco otra vez a sus labios con el fin de besarlos nuevamente. No sé si esto salga bien, si salga mal o simplemente no salga, pero he llegado a la conclusión de que no me puedo pasar el resto de mi vida llorando por él, es hora de empezar una nueva vida y por intentarlo no perderé nada.
–Gracias. -Le digo con una sonrisa.
–¿Esto quiere decir que me darás una oportunidad? -Me pregunta.
–Eso quiere decir que lo vamos a intentar, creo que me merezco salir de todo esto y volver a empezar. -Digo segura de mis palabras.
–No te arrepentirás, te lo prometo. -Le sonrío. Terminamos de cenar, se empeña en pagar la cuenta a modo de celebración, salimos del restaurante y parece que ha refrescado.
–Toma. -Me dice mientras se quita su chaqueta para ponerla sobre mis hombros. Me la pone y me agarra de la cintura mientras caminamos.
–¿Quieres que te lleve a casa? -Me pregunta.
–Hace a penas dos horas que he salido de ella, si no te importa prefiero dar un paseo aprovechando la magnífica noche que hace.
–No, para nada... daremos un paseo como pides. -Me dice con una leve sonrisa.
Estamos alrededor de una hora más en la calle, comienzan a caer gotas a si que nos metemos en su coche que por suerte no está muy alejado de nosotros. Me siento en el asiento del copiloto y Hugo en el suyo, me mira una vez más de forma dulce, toma mi mano y la acaricia.
–Hugo... hay que debo contarte. -Es hora de que sepa que voy a ser mamá en los próximos meses.
–Claro, dime cielo. -Me mira expectante.
–Un nuevo ser está creciendo en mi interior. -Digo eso y acaricio mi barriga.
–¿En serio? eso es una fantástica noticia. -Se queda algo cortado, sin saber que decirme. -Es... es... de ¿él? -Formula.
–Sí, mi hijo es suyo. -Dudo en si contarle el resto de la historia o no. -Pero tranquilo, no creo que se vaya a hacer cargo, la verdad.
–Pues... aquí estoy yo. -Sus palabras hacen que me sorprenda bastante. ¿Hacerse cargo? sin duda Hugo en los últimos días me ha demostrado muchísimas cosas.
–Si me lo permites claro. -Me dice mientras acaricia suavemente mi tripa.
–Este niño necesitará mucho amor, a si que... -Le digo con una sonrisa.
Me devuelve la sonrisa y poco después decidimos volver a casa ya que mañana ambos trabajamos. El trayecto de vuelta a casa lo hacemos en silencio, sin gesticular palabra alguna. Para el coche en frente de la casa de Elena, me da un ligero beso en los labios y se despide de mi.
–Buenas noches cielo. -Me dice mientras acaricia mi mejilla.
–Buenas noches. -Me bajo del coche asegurándome de que nadie nos ha visto, aún no quiero que sepan nada de mi relación con Hugo. Arranca nuevamente el coche y se va. Saco las llaves del bolsillo y me dirijo a abrir la puerta, parece que están todos cenando.
–Buenas noches familia. -Digo mientras me apoyo en el marco de la puerta de la cocina.
–Hola Aurora, ya pensábamos que no venías ¿quieres cenar algo? -Me pregunta Elena mientras se levanta de su silla.
–No, no te preocupes acabo de cenar con una amiga y la verdad es que estoy llena además de cansada.
–¿Qué tal ese primer día? -Me pregunta Salvador.
–Muy bien, por el momento no tengo queja alguna. -Digo con una sonrisa.
–Me alegro. -Me dice.
–Bueno... me despido por hoy, buenas noches a todos. -Me despido y subo por las escaleras a la habitación. Cojo mi pijama y me meto en el aseo, me lo coloco y me meto en la cama pero antes decido revisar el WhatsApp. Parece que Marta me ha mandado uno, a si que no dudo en abrirlo.
–Cariño, ya hemos llegado ¿te apetece que quedemos mañana? -Mi cuerpo comienza a temblar en cuanto leo su mensaje, ya están aquí, lo cual indica que él también. ¡Ya basta! no debo de pensar en él y menos ahora que estoy con Hugo, no me importa que haya regresado, es parte de mi pasado o eso pretendo que sea.
–Claro que sí mi niña, mañana cuando salga de trabajar hablamos ¿sí? buenas noches, te quiero.
Con ese mensaje de Marta me voy dormir, algo nerviosa. La alarma del móvil me despierta de un sueño reparador y profundo, es hora de levantarse para ir a trabajar. Cojo unos leggins del armario, una camiseta de manga corta y unas manoletinas, lo acompaño de un poco de maquillaje. Cojo todas las cosas necesarias y bajo a desayunar, me tomo un café rápido, cojo el coche y voy al trabajo. Al llegar aún no ha llegado Marina a si que me adelanto y abro el laboratorio. Me coloco mi bata y las demás cosas para empezar la mañana, no parece que haya demasiado trabajo. Me dispongo a analizar algunas muestras de pacientes cuando de pronto aparece Marina por la puerta.
–¿Esto es lo única que llevas analizado en toda la mañana? las quiero todas analizadas para la hora de comer, a si que tú verás como te lo montas. -Me dice exigente.
–Tranquila, si es necesario me quedaré sin comer pero las terminaré.
–Eso espero. -Me dice mientras se sienta en un silla y empieza a anotar en un cuaderno cosas.
La mañana transcurre rápido debido a que no me muevo de mi sitio, poco a poco cumplo con todas las muestras, acabo con todas justo a la hora de la comida.
–Marina, aquí las tienes todas, tal y como me pediste. -La digo. Mira su reloj. -¿Me puedo ir ya a comer? -La pregunto.
–Bien, puedes irte a casa, ya no regreses hasta mañana. -Me dice eso y abro los ojos de par en par.
–Pero... Marina. -La digo.
–Pero nada, para ser tus primeros días estás trabajando muy bien y además aquí ya no hay más trabajo por hoy. -Me dice.
–Muchas gracias. -Cojo del perchero mi chaqueta, me quito la bata y salgo de allí bastante impactada, no pensé que Marina fuese a dejarme una tarde libre y menos cuando acabo de empezar, quizá no sea tan mala como la pintan.
Bajo las escaleras del hospital con el fin de coger el coche para llegar a casa, busco las llaves de este en mi bolso y puesto que voy demasiado centrada en encontrarlas no me doy cuenta y acabo chocando con alguien.
–¡Hugo! -Sonrío cuando me doy cuenta de que con quien he chocado es él.
–Amor, deberías mirar por donde vas... -Me dice riendo.
–Lo siento mucho, ¿estás bien? -Le pregunto. Se acerca a mis labios para depositar un dulce beso en ellos.
–Ahora mucho mejor. -Sonríe.
–¿Qué haces aquí a estas horas? ¿no deberías estar en la redacción?
–He salido antes, ya no tengo que volver hasta mañana y he decido venir a buscarte para ir a comer.
–Yo también tengo la tarde libre a si que iré encantada a comer contigo por ahí. -Le digo con una sonrisa.
–Me parece bien, iremos en tu coche si no te importa ya que he venido caminando. -Me dice.
–No se hable más. -Abro el coche con el mando y nos montamos en él.
Conduzco hasta el restaurante que me ha dicho Hugo, al llegar nos sentamos y miramos la carta de menús. Pedimos algo ligero. La comida transcurre normal, me cuenta algunas anécdotas y entre risas acabamos de comer. Me empeño en pagar la cuenta pero de nada sirve porque acaba pagando él. Salimos del restaurante, me abraza por la cintura mientras caminamos.
–¿A dónde vamos? -Pregunto.
–No lo sé, sólo se que estoy muy feliz de poder pasar la tarde contigo princesa. -Me trataba como una auténtica reina.
–Gracias Hugo, de verdad. -Me paro en mitad de la calle, agarro sus manos y le doy un dulce beso en los labios.
–Gracias por nada, sólo quiero que seas feliz. -Me da un beso en la mejilla y continuamos caminando hacia el coche.
Vamos hablando hasta que suena mi móvil, en la pantalla se refleja el número de Marta, a si que no dudo en cogerlo.
–Hola cielo. -Le digo sonrientemente.
–Hola Auro ¿te pillo trabajando? -Me pregunta.
–No, tranquila, tengo la tarde libre y estoy haciendo unos... recados. -Digo con dudas ante si contarle realmente donde estoy y con quién.
–Estupendo entonces, en media hora te paso a buscar por casa de Elena ¿de acuerdo? ahora tengo que dejarte, un beso. -Me cuelga y vuelvo a guardar el móvil. Por un momento se me había olvidado que hoy había quedado con ella, a si que se lo comentaré a Hugo.
–Hugo... me vas a matar pero hoy ya había hecho planes con una amiga, lo siento. -Le digo.
–No te preocupes, si ya habías quedado yo puedo esperar. -Me dice.
–Gracias. -Le digo con una sonrisa mientras nos montamos en el coche. Conduzco hasta la casa de Hugo tal y como me indica, me despido de él.
–Te quiero amor. -Me da un dulce beso en los labios.
–Y yo. -Le digo con una sonrisa. Me da un último beso y se baja del coche.
Regreso a casa, aparco en frente y entro en esta hasta que Marta venga, para lo cual no falta mucho. Saludo a Elena, y me siento junto a Sofía en el suelo del salón, la ayudo a armar un puzzle hasta que Marta aparece por la puerta y rápidamente va hacia ella.
–¡Sofi! -La dice Marta a la pequeña mientras la coge en brazos. Juntas se dirigen hacia mi, Marta baja a la niña y se acerca a mi para darme dos besos, después saluda a Elena, puesto que lleva algo de prisa nos deja solas en el salón y se lleva a Sofía para que hablemos más tranquilas.
–¡Mi niña! ya se te empieza a notar algo ¿eh? -Me dice mientras acaricia mi barriga.
–Anda tonta... ¡si estoy de un mes escaso! -Me quedo en silencio mientras le dedico una sonrisa. -Y bueno... ¿qué tal te va todo?
–Bien, de momento todo marcha bien, ya sabes... aún cansada por el viaje. ¿Y tú? -Me pregunta.
–Muy bien, mi vida ha cambiado bastante desde que te fuisteis, tengo que contarte algunas cosas.
–¿No vas a preguntarme por...? -Me dice.
–No, esta vez no pienso por preguntarte por Pablo, no quiero saber nada de él, sólo deseo que las cosas le vayan bien, tanto en su vida personal como en su carrera lo demás me da igual. -Digo segura de mis palabras.
–Aurora... Pablo te quiere.
Esas palabras hacen que me sorprenda, no esperaba que Marta fuera a decirme algo así, pero lo cierto es que como la he dicho, ya me da igual. Me quedo callada sin saber que responder.
Llego a casa bastante confundida, a si que opto por una relajante ducha. Salgo y me coloco el albornoz, me recojo el pelo con una pinza y me tumbo en la cama hasta quedarme dormida, el sonido del teléfono me despierta, es Hugo. Me acaba convenciendo para salir a cenar y de paso solucionar lo ocurrido antes. Me visto de forma sencilla y poco después el timbre de mi puerta suena, es él. Me dice que estoy muy guapa así, bajamos las escaleras del portal y nos montamos en su coche. Conduce en silencio hasta el restaurante, un mesero nos guía a una mesa y nos atiende. No pido gran cosa ya que mi fin de venir aquí no es comer, si no aclarar las cosas. Me mira de una forma bastante dulce. Nos sirven la cena, a penas como.
–Quería pedirte ante todo disculpas por mi de reacción antes, se que no ha sido la más apropiada, lo siento Hugo. -Me disculpo, mi mirada se dirige hacia el suelo.
–No tienes la culpa de nada, he sido yo quien se ha lanzado y no debí haberlo hecho, pero los sentimientos que tengo hacia ti me han podido.
–Hugo, eres encantador y se que puedes tener al lado a quien desees pero tampoco quiero hacerte daño... -Sus ojos se clavan en mi. Por un momento me dan ganas de lanzarme a sus labios, pero no lo creo oportuno ya que sigo sin tener las cosas demasiado claras.
–Aurora... yo... -Le cuesta terminar la frase, las palabras parecen atragantarse. -Te quiero. -Me dice sincero de sus palabras. Logra que sonría.
–Hugo yo... -No me lo pienso dos veces, me levanto y le beso dejandome llevar, aunque luego quizá me arrepienta de esto.
–Voy a cuidar de ti si me lo permites. -Me dice con una sonrisa tras separarse unos milímetros de mi. Me acerco otra vez a sus labios con el fin de besarlos nuevamente. No sé si esto salga bien, si salga mal o simplemente no salga, pero he llegado a la conclusión de que no me puedo pasar el resto de mi vida llorando por él, es hora de empezar una nueva vida y por intentarlo no perderé nada.
–Gracias. -Le digo con una sonrisa.
–¿Esto quiere decir que me darás una oportunidad? -Me pregunta.
–Eso quiere decir que lo vamos a intentar, creo que me merezco salir de todo esto y volver a empezar. -Digo segura de mis palabras.
–No te arrepentirás, te lo prometo. -Le sonrío. Terminamos de cenar, se empeña en pagar la cuenta a modo de celebración, salimos del restaurante y parece que ha refrescado.
–Toma. -Me dice mientras se quita su chaqueta para ponerla sobre mis hombros. Me la pone y me agarra de la cintura mientras caminamos.
–¿Quieres que te lleve a casa? -Me pregunta.
–Hace a penas dos horas que he salido de ella, si no te importa prefiero dar un paseo aprovechando la magnífica noche que hace.
–No, para nada... daremos un paseo como pides. -Me dice con una leve sonrisa.
Estamos alrededor de una hora más en la calle, comienzan a caer gotas a si que nos metemos en su coche que por suerte no está muy alejado de nosotros. Me siento en el asiento del copiloto y Hugo en el suyo, me mira una vez más de forma dulce, toma mi mano y la acaricia.
–Hugo... hay que debo contarte. -Es hora de que sepa que voy a ser mamá en los próximos meses.
–Claro, dime cielo. -Me mira expectante.
–Un nuevo ser está creciendo en mi interior. -Digo eso y acaricio mi barriga.
–¿En serio? eso es una fantástica noticia. -Se queda algo cortado, sin saber que decirme. -Es... es... de ¿él? -Formula.
–Sí, mi hijo es suyo. -Dudo en si contarle el resto de la historia o no. -Pero tranquilo, no creo que se vaya a hacer cargo, la verdad.
–Pues... aquí estoy yo. -Sus palabras hacen que me sorprenda bastante. ¿Hacerse cargo? sin duda Hugo en los últimos días me ha demostrado muchísimas cosas.
–Si me lo permites claro. -Me dice mientras acaricia suavemente mi tripa.
–Este niño necesitará mucho amor, a si que... -Le digo con una sonrisa.
Me devuelve la sonrisa y poco después decidimos volver a casa ya que mañana ambos trabajamos. El trayecto de vuelta a casa lo hacemos en silencio, sin gesticular palabra alguna. Para el coche en frente de la casa de Elena, me da un ligero beso en los labios y se despide de mi.
–Buenas noches cielo. -Me dice mientras acaricia mi mejilla.
–Buenas noches. -Me bajo del coche asegurándome de que nadie nos ha visto, aún no quiero que sepan nada de mi relación con Hugo. Arranca nuevamente el coche y se va. Saco las llaves del bolsillo y me dirijo a abrir la puerta, parece que están todos cenando.
–Buenas noches familia. -Digo mientras me apoyo en el marco de la puerta de la cocina.
–Hola Aurora, ya pensábamos que no venías ¿quieres cenar algo? -Me pregunta Elena mientras se levanta de su silla.
–No, no te preocupes acabo de cenar con una amiga y la verdad es que estoy llena además de cansada.
–¿Qué tal ese primer día? -Me pregunta Salvador.
–Muy bien, por el momento no tengo queja alguna. -Digo con una sonrisa.
–Me alegro. -Me dice.
–Bueno... me despido por hoy, buenas noches a todos. -Me despido y subo por las escaleras a la habitación. Cojo mi pijama y me meto en el aseo, me lo coloco y me meto en la cama pero antes decido revisar el WhatsApp. Parece que Marta me ha mandado uno, a si que no dudo en abrirlo.
–Cariño, ya hemos llegado ¿te apetece que quedemos mañana? -Mi cuerpo comienza a temblar en cuanto leo su mensaje, ya están aquí, lo cual indica que él también. ¡Ya basta! no debo de pensar en él y menos ahora que estoy con Hugo, no me importa que haya regresado, es parte de mi pasado o eso pretendo que sea.
–Claro que sí mi niña, mañana cuando salga de trabajar hablamos ¿sí? buenas noches, te quiero.
Con ese mensaje de Marta me voy dormir, algo nerviosa. La alarma del móvil me despierta de un sueño reparador y profundo, es hora de levantarse para ir a trabajar. Cojo unos leggins del armario, una camiseta de manga corta y unas manoletinas, lo acompaño de un poco de maquillaje. Cojo todas las cosas necesarias y bajo a desayunar, me tomo un café rápido, cojo el coche y voy al trabajo. Al llegar aún no ha llegado Marina a si que me adelanto y abro el laboratorio. Me coloco mi bata y las demás cosas para empezar la mañana, no parece que haya demasiado trabajo. Me dispongo a analizar algunas muestras de pacientes cuando de pronto aparece Marina por la puerta.
–¿Esto es lo única que llevas analizado en toda la mañana? las quiero todas analizadas para la hora de comer, a si que tú verás como te lo montas. -Me dice exigente.
–Tranquila, si es necesario me quedaré sin comer pero las terminaré.
–Eso espero. -Me dice mientras se sienta en un silla y empieza a anotar en un cuaderno cosas.
La mañana transcurre rápido debido a que no me muevo de mi sitio, poco a poco cumplo con todas las muestras, acabo con todas justo a la hora de la comida.
–Marina, aquí las tienes todas, tal y como me pediste. -La digo. Mira su reloj. -¿Me puedo ir ya a comer? -La pregunto.
–Bien, puedes irte a casa, ya no regreses hasta mañana. -Me dice eso y abro los ojos de par en par.
–Pero... Marina. -La digo.
–Pero nada, para ser tus primeros días estás trabajando muy bien y además aquí ya no hay más trabajo por hoy. -Me dice.
–Muchas gracias. -Cojo del perchero mi chaqueta, me quito la bata y salgo de allí bastante impactada, no pensé que Marina fuese a dejarme una tarde libre y menos cuando acabo de empezar, quizá no sea tan mala como la pintan.
Bajo las escaleras del hospital con el fin de coger el coche para llegar a casa, busco las llaves de este en mi bolso y puesto que voy demasiado centrada en encontrarlas no me doy cuenta y acabo chocando con alguien.
–¡Hugo! -Sonrío cuando me doy cuenta de que con quien he chocado es él.
–Amor, deberías mirar por donde vas... -Me dice riendo.
–Lo siento mucho, ¿estás bien? -Le pregunto. Se acerca a mis labios para depositar un dulce beso en ellos.
–Ahora mucho mejor. -Sonríe.
–¿Qué haces aquí a estas horas? ¿no deberías estar en la redacción?
–He salido antes, ya no tengo que volver hasta mañana y he decido venir a buscarte para ir a comer.
–Yo también tengo la tarde libre a si que iré encantada a comer contigo por ahí. -Le digo con una sonrisa.
–Me parece bien, iremos en tu coche si no te importa ya que he venido caminando. -Me dice.
–No se hable más. -Abro el coche con el mando y nos montamos en él.
Conduzco hasta el restaurante que me ha dicho Hugo, al llegar nos sentamos y miramos la carta de menús. Pedimos algo ligero. La comida transcurre normal, me cuenta algunas anécdotas y entre risas acabamos de comer. Me empeño en pagar la cuenta pero de nada sirve porque acaba pagando él. Salimos del restaurante, me abraza por la cintura mientras caminamos.
–¿A dónde vamos? -Pregunto.
–No lo sé, sólo se que estoy muy feliz de poder pasar la tarde contigo princesa. -Me trataba como una auténtica reina.
–Gracias Hugo, de verdad. -Me paro en mitad de la calle, agarro sus manos y le doy un dulce beso en los labios.
–Gracias por nada, sólo quiero que seas feliz. -Me da un beso en la mejilla y continuamos caminando hacia el coche.
Vamos hablando hasta que suena mi móvil, en la pantalla se refleja el número de Marta, a si que no dudo en cogerlo.
–Hola cielo. -Le digo sonrientemente.
–Hola Auro ¿te pillo trabajando? -Me pregunta.
–No, tranquila, tengo la tarde libre y estoy haciendo unos... recados. -Digo con dudas ante si contarle realmente donde estoy y con quién.
–Estupendo entonces, en media hora te paso a buscar por casa de Elena ¿de acuerdo? ahora tengo que dejarte, un beso. -Me cuelga y vuelvo a guardar el móvil. Por un momento se me había olvidado que hoy había quedado con ella, a si que se lo comentaré a Hugo.
–Hugo... me vas a matar pero hoy ya había hecho planes con una amiga, lo siento. -Le digo.
–No te preocupes, si ya habías quedado yo puedo esperar. -Me dice.
–Gracias. -Le digo con una sonrisa mientras nos montamos en el coche. Conduzco hasta la casa de Hugo tal y como me indica, me despido de él.
–Te quiero amor. -Me da un dulce beso en los labios.
–Y yo. -Le digo con una sonrisa. Me da un último beso y se baja del coche.
Regreso a casa, aparco en frente y entro en esta hasta que Marta venga, para lo cual no falta mucho. Saludo a Elena, y me siento junto a Sofía en el suelo del salón, la ayudo a armar un puzzle hasta que Marta aparece por la puerta y rápidamente va hacia ella.
–¡Sofi! -La dice Marta a la pequeña mientras la coge en brazos. Juntas se dirigen hacia mi, Marta baja a la niña y se acerca a mi para darme dos besos, después saluda a Elena, puesto que lleva algo de prisa nos deja solas en el salón y se lleva a Sofía para que hablemos más tranquilas.
–¡Mi niña! ya se te empieza a notar algo ¿eh? -Me dice mientras acaricia mi barriga.
–Anda tonta... ¡si estoy de un mes escaso! -Me quedo en silencio mientras le dedico una sonrisa. -Y bueno... ¿qué tal te va todo?
–Bien, de momento todo marcha bien, ya sabes... aún cansada por el viaje. ¿Y tú? -Me pregunta.
–Muy bien, mi vida ha cambiado bastante desde que te fuisteis, tengo que contarte algunas cosas.
–¿No vas a preguntarme por...? -Me dice.
–No, esta vez no pienso por preguntarte por Pablo, no quiero saber nada de él, sólo deseo que las cosas le vayan bien, tanto en su vida personal como en su carrera lo demás me da igual. -Digo segura de mis palabras.
–Aurora... Pablo te quiere.
Esas palabras hacen que me sorprenda, no esperaba que Marta fuera a decirme algo así, pero lo cierto es que como la he dicho, ya me da igual. Me quedo callada sin saber que responder.
2.11.13
Cap. 99: Nunca pensé tener tantas ganas de pisar el suelo del aeropuerto
Narrado por Pablo:
Salgo bastante enfadado de la cafetería tras haber discutido con Adriana, Marta hace lo mismo. Subimos a nuestras respectivas habitaciones. Cojo mi maleta, la cual está en una esquina de la habitación, comienzo a meter mis pertenencias en ella, de pronto la puerta de la habitación se abre, sube como una auténtica furia, da un portazo y se pone al otro lado de la cama para mirarme de malas maneras.
–¿Era necesaria esta humillación Pablo? sabes que no la trago y aún así me haces quedar así frente a ella, esto es increíble.
–¿Humillación o falta de educación Adriana? no muestras un mínimo de respeto ni si quiera por mis amigas, eso si que es increíble. -Trato de no alzar demasiado la voz.
–Pero Pablo... tampoco quiero que discutamos a todas horas, entiéndeme también. -Me dice mientras se acerca a mi para tratar de abrazarme e intentar darme un beso, lo cual impido rápidamente.
–Demasiado tarde para disculpas ¿no crees? -Digo mientras me aparto de ella para continuar guardando mis cosas en la maleta.
–Perdóname, por favor... yo te quiero. -Me ruega mientras vuelve a intentar acercarse a mi. Esta vez logra su propósito, besa mis labios intentando llegar a más. La vuelvo a apartar de mí.
–¿De verdad piensas que con un maldito beso se me va a pasar? -La pregunto mientras la miro a los ojos.
–No me gustaría irme enfadada de aquí contigo Pablo, déjame demostrarte que te quiero... -Me dice mientras se acerca a mi nuevamente, esta vez introduciendo sus manos bajo mi camiseta, intentando subirmela hacia arriba para deshacerse de ella, la freno.
–¿Qué parte no entiendes Adriana? -Me alejo bruscamente de ella mientras me recoloco la camiseta.
–¡Eres un imbécil Pablo! trato de mostrarte mi amor y tú te empeñas en rechazarme constantemente. -Me dice eso mientras se va de la habitación de malas formas dando un nuevo portazo.
En estos momentos es cuando más me arrepiento de haber empezado algo con ella, ha sido un error muy grande por mi parte, menos mal que esto pronto terminará para siempre. Tras su marcha gano un poco de tranquilidad, me tumbo en la cama con el móvil. Miro su Twitter, a penas escribe desde que todo acabó entre nosotros, sus últimos tweets son los que me dedicaba a mi. Una pequena lágrima se desliza por mis mejillas cuando la recuerdo, el tiempo pasa pero ella cada día esta más clavada en mi corazón. Me pregunto repetidas veces si además de un empleo, habrá encontrado a alguien que remplace mi lugar, alguien que se haya ganado su amor. Recuerdo que sobre mi cuello cuelga una cadena de plata donde están nuestras alianzas, la agarro con fuerza, cojo la suya y poso mis labios sobre ella recordando el día en el que se la coloqué en su mano, el día más feliz de mi vida, nuestra boda. Tras varios minutos derramando lágrimas me las quito con rabia y decido salir a dar un paseo. Me coloco mis gafas negras y mi gorra con la letra ''G'' y me encamino hacia la calle para respirar un poco de aire. Me siento en uno de los bancos que hay, de pronto veo a Marta a lo lejos, no tarda en acercarse a mi tras reconocerme.
–¡Pablete! -Me dice.
–Vaya, no esperaba encontrarte aquí, que casualidad que hayas salido tú también por aquí a caminar.
–Y no es casualidad, he visto como salías del hotel un poco agobiado y bueno... quería saber que te ocurre. -Me dice mientras se sienta a mi lado, esperando una contestación por mi parte.
–Nada, simplemente estaba dando un paseo aprovechando mis últimas horas aquí. -Miento.
–Pablo... ya nos conocemos lo suficiente ¿no crees? -Me mira unos segundos. -Venga hombre, anima esa cara, pronto la tendrás a tu lado. -Me dice mientras me guiña un ojo. Sin duda a esta mujer no se le puede mentir.
–Imposible engañarte ¿eh? -Digo un poco más animado.
–Es difícil lograrlo. -Se mantiene en silencio. De pronto saca del bolsillo de su pantalón su móvil, me da un pequeño golpecito en el hombro. -¡Vamos a hacernos una foto! -Me dice mientras abre la aplicación de la cámara y nos enfoca. A pesar de no tener la mejor cara del mundo en estos instantes, hago el esfuerzo y me coloco ante la cámara. Me enseña la foto pero segundos después la borra. -Menuda cara... ¡pon una de esas que sueles por tú! -Me dice mientras vuelve a colocar la cámara. Pese a mis ganas, hago una mueca.
–¿Así mejor? -La pregunto y ella asiente.
–Será mejor que volvamos al hotel, el avión sale en una hora y cuanto antes vayamos al aeropuerto mejor. -Me dice mientras guarda su móvil y se pone en pie. Comienza a caminar, la sigo. Caminamos algo deprisa, llegamos y subimos hacia nuestras habitaciones pero antes me indica que en cinco minutos quedemos abajo.
Entro a la habitación, cierro la puerta y allí está Adriana acabando de hacer su maleta, me mira de malas formas en cuanto se percata de mi presencia. Cierra la maleta y la pone sobre el suelo, agarro mi maleta y me encamino hacia la puerta para salir. Me monto en el ascensor con la idea de que ella bajará después de mi pero minutos después cuando las puertas del ascensor parecen cerrarse a parece ella, se monta en este dándome la espalda sin dirigirme la palabra. Llegamos a la planta donde se encuentra la recepción, salgo y voy a entregar la tarjeta de la habitación, ella hace lo mismo. Salgo por la puerta del hotel, mientras me dirijo a esta veo como algunas fans me esperan a fuera. Camino rápidamente hacia ellas para atenderlas ya que es lo mínimo que puedo hacer. Estoy varios minutos con ellas, me entregan varios regalos, me echo alguna que otra foto con ellas, firmo algunos discos... y finalmente me despido de ellas agradeciéndoles su cariño. Marta me ayuda con todos los regalos ya que son demasiados. Vamos caminando hacia el aeropuerto, el camino se me hace algo incómodo pero intento no pensarlo mucho. Llegamos al aeropuerto, facturamos las maletas y nos sentamos en un banco, yo aprovecho para guardar los regalos en la maleta para que no se estropeen. A lo lejos veo como un grupo de chicas se acercan a mi. Hago lo que he hecho a la salida del hotel, fotos, besos, autógrafos, abrazos... me despido de ellas y vuelvo a sentarme en el banco bajo la atenta mirada de Adriana, la cual no es que sea precisamente buena ante la situación. Me cruzo de brazos hasta que por fín hacen la llamada a los pasajeros, subimos al avón y esta vez me siento en el asiento junto a Marta, dejando a Adriana sola. Me acomodo en el asiento mientras que la azafata de las correspondientes instrucciones de vuelo, no la presto atención. Poco a poco el avión comienza a despegar, nos quedarían alrededor de unas doce horas aquí, horas que se me iban a hacer más bien eternas. Aguanto mi cabeza con una mano, cierro los ojos para evitar el contacto de mi mirada con la de Adriana. Me duermo unas cuantas horas, las cuales me han servido para no pensar tanto. El vuelo transcurre rápido, más de lo que yo esperaba. Doy alguna que otra cabezada, hasta que de pronto Marta me indica que ya estamos cerca. Mis ganas por bajar de aquí aumentan a cada instante, estos asientos son bastante incómodos. El vuelo transcurre tranquilo, poco a poco nos vamos acercando, mis nervios aumentan, llegar a España de nuevo me alegra. Tras bastantes horas aquí metidos, el avión comienza a despegar. Me levanto algo mareado, bajamos las escaleras con cuidado y cogemos las maletas. Por fín aquí, nunca pensé tener tantas ganas de pisar este suelo del aeropuerto, la tortura de aguantar a Adriana poco a poco llega a su fín...
Salgo bastante enfadado de la cafetería tras haber discutido con Adriana, Marta hace lo mismo. Subimos a nuestras respectivas habitaciones. Cojo mi maleta, la cual está en una esquina de la habitación, comienzo a meter mis pertenencias en ella, de pronto la puerta de la habitación se abre, sube como una auténtica furia, da un portazo y se pone al otro lado de la cama para mirarme de malas maneras.
–¿Era necesaria esta humillación Pablo? sabes que no la trago y aún así me haces quedar así frente a ella, esto es increíble.
–¿Humillación o falta de educación Adriana? no muestras un mínimo de respeto ni si quiera por mis amigas, eso si que es increíble. -Trato de no alzar demasiado la voz.
–Pero Pablo... tampoco quiero que discutamos a todas horas, entiéndeme también. -Me dice mientras se acerca a mi para tratar de abrazarme e intentar darme un beso, lo cual impido rápidamente.
–Demasiado tarde para disculpas ¿no crees? -Digo mientras me aparto de ella para continuar guardando mis cosas en la maleta.
–Perdóname, por favor... yo te quiero. -Me ruega mientras vuelve a intentar acercarse a mi. Esta vez logra su propósito, besa mis labios intentando llegar a más. La vuelvo a apartar de mí.
–¿De verdad piensas que con un maldito beso se me va a pasar? -La pregunto mientras la miro a los ojos.
–No me gustaría irme enfadada de aquí contigo Pablo, déjame demostrarte que te quiero... -Me dice mientras se acerca a mi nuevamente, esta vez introduciendo sus manos bajo mi camiseta, intentando subirmela hacia arriba para deshacerse de ella, la freno.
–¿Qué parte no entiendes Adriana? -Me alejo bruscamente de ella mientras me recoloco la camiseta.
–¡Eres un imbécil Pablo! trato de mostrarte mi amor y tú te empeñas en rechazarme constantemente. -Me dice eso mientras se va de la habitación de malas formas dando un nuevo portazo.
En estos momentos es cuando más me arrepiento de haber empezado algo con ella, ha sido un error muy grande por mi parte, menos mal que esto pronto terminará para siempre. Tras su marcha gano un poco de tranquilidad, me tumbo en la cama con el móvil. Miro su Twitter, a penas escribe desde que todo acabó entre nosotros, sus últimos tweets son los que me dedicaba a mi. Una pequena lágrima se desliza por mis mejillas cuando la recuerdo, el tiempo pasa pero ella cada día esta más clavada en mi corazón. Me pregunto repetidas veces si además de un empleo, habrá encontrado a alguien que remplace mi lugar, alguien que se haya ganado su amor. Recuerdo que sobre mi cuello cuelga una cadena de plata donde están nuestras alianzas, la agarro con fuerza, cojo la suya y poso mis labios sobre ella recordando el día en el que se la coloqué en su mano, el día más feliz de mi vida, nuestra boda. Tras varios minutos derramando lágrimas me las quito con rabia y decido salir a dar un paseo. Me coloco mis gafas negras y mi gorra con la letra ''G'' y me encamino hacia la calle para respirar un poco de aire. Me siento en uno de los bancos que hay, de pronto veo a Marta a lo lejos, no tarda en acercarse a mi tras reconocerme.
–¡Pablete! -Me dice.
–Vaya, no esperaba encontrarte aquí, que casualidad que hayas salido tú también por aquí a caminar.
–Y no es casualidad, he visto como salías del hotel un poco agobiado y bueno... quería saber que te ocurre. -Me dice mientras se sienta a mi lado, esperando una contestación por mi parte.
–Nada, simplemente estaba dando un paseo aprovechando mis últimas horas aquí. -Miento.
–Pablo... ya nos conocemos lo suficiente ¿no crees? -Me mira unos segundos. -Venga hombre, anima esa cara, pronto la tendrás a tu lado. -Me dice mientras me guiña un ojo. Sin duda a esta mujer no se le puede mentir.
–Imposible engañarte ¿eh? -Digo un poco más animado.
–Es difícil lograrlo. -Se mantiene en silencio. De pronto saca del bolsillo de su pantalón su móvil, me da un pequeño golpecito en el hombro. -¡Vamos a hacernos una foto! -Me dice mientras abre la aplicación de la cámara y nos enfoca. A pesar de no tener la mejor cara del mundo en estos instantes, hago el esfuerzo y me coloco ante la cámara. Me enseña la foto pero segundos después la borra. -Menuda cara... ¡pon una de esas que sueles por tú! -Me dice mientras vuelve a colocar la cámara. Pese a mis ganas, hago una mueca.
–¿Así mejor? -La pregunto y ella asiente.
–Será mejor que volvamos al hotel, el avión sale en una hora y cuanto antes vayamos al aeropuerto mejor. -Me dice mientras guarda su móvil y se pone en pie. Comienza a caminar, la sigo. Caminamos algo deprisa, llegamos y subimos hacia nuestras habitaciones pero antes me indica que en cinco minutos quedemos abajo.
Entro a la habitación, cierro la puerta y allí está Adriana acabando de hacer su maleta, me mira de malas formas en cuanto se percata de mi presencia. Cierra la maleta y la pone sobre el suelo, agarro mi maleta y me encamino hacia la puerta para salir. Me monto en el ascensor con la idea de que ella bajará después de mi pero minutos después cuando las puertas del ascensor parecen cerrarse a parece ella, se monta en este dándome la espalda sin dirigirme la palabra. Llegamos a la planta donde se encuentra la recepción, salgo y voy a entregar la tarjeta de la habitación, ella hace lo mismo. Salgo por la puerta del hotel, mientras me dirijo a esta veo como algunas fans me esperan a fuera. Camino rápidamente hacia ellas para atenderlas ya que es lo mínimo que puedo hacer. Estoy varios minutos con ellas, me entregan varios regalos, me echo alguna que otra foto con ellas, firmo algunos discos... y finalmente me despido de ellas agradeciéndoles su cariño. Marta me ayuda con todos los regalos ya que son demasiados. Vamos caminando hacia el aeropuerto, el camino se me hace algo incómodo pero intento no pensarlo mucho. Llegamos al aeropuerto, facturamos las maletas y nos sentamos en un banco, yo aprovecho para guardar los regalos en la maleta para que no se estropeen. A lo lejos veo como un grupo de chicas se acercan a mi. Hago lo que he hecho a la salida del hotel, fotos, besos, autógrafos, abrazos... me despido de ellas y vuelvo a sentarme en el banco bajo la atenta mirada de Adriana, la cual no es que sea precisamente buena ante la situación. Me cruzo de brazos hasta que por fín hacen la llamada a los pasajeros, subimos al avón y esta vez me siento en el asiento junto a Marta, dejando a Adriana sola. Me acomodo en el asiento mientras que la azafata de las correspondientes instrucciones de vuelo, no la presto atención. Poco a poco el avión comienza a despegar, nos quedarían alrededor de unas doce horas aquí, horas que se me iban a hacer más bien eternas. Aguanto mi cabeza con una mano, cierro los ojos para evitar el contacto de mi mirada con la de Adriana. Me duermo unas cuantas horas, las cuales me han servido para no pensar tanto. El vuelo transcurre rápido, más de lo que yo esperaba. Doy alguna que otra cabezada, hasta que de pronto Marta me indica que ya estamos cerca. Mis ganas por bajar de aquí aumentan a cada instante, estos asientos son bastante incómodos. El vuelo transcurre tranquilo, poco a poco nos vamos acercando, mis nervios aumentan, llegar a España de nuevo me alegra. Tras bastantes horas aquí metidos, el avión comienza a despegar. Me levanto algo mareado, bajamos las escaleras con cuidado y cogemos las maletas. Por fín aquí, nunca pensé tener tantas ganas de pisar este suelo del aeropuerto, la tortura de aguantar a Adriana poco a poco llega a su fín...
30.10.13
Cap. 98: No sé si podré reprimir mis ganas de ir en su busca
Narrado por Pablo:
Me sincero con Marta, la explico todo lo que pasa por mi
mente en esos momentos, lo que siento… me he dado cuenta de que necesito a
Aurora para vivir, y de que ella me necesita a mi ahora más que nunca. Logro
que me perdone, es más me ayudará a volver con ella. Tras arreglarlo vamos a
cenar a un restaurante no muy lejano de aquí. A penas ceno, no tengo apetito.
Mi teléfono no para de sonar una y otra vez, es Adriana.
–Pablo, tienes que solucionar ese problema si quieres que te
ayude… -Me dice mientras señala al móvil que posa sobre la mesa.
–Lo sé, buscaré el momento.
–He hablado con ella… -Me dice misteriosa.
–¿Y bien? -Pregunto con la ilusión de que me diga alguna
buena noticia.
–Está bastante mejor desde la última vez que hablé con ella,
ya no tan apagada y tan triste… -Hace una pequeña pausa dejándome con la
intriga, intriga que produce un miedo en mi interior. -Ha buscado un empleo.
–¿Cómo? no está en estado como para trabajar, tiene que
cuidarse.
–Pablo. -Me dice mientras me mira de forma seria.
–¿Qué?
–No estás en derecho de exigirla nada, te recuerdo que te
fuiste dejándola sola. -Esas palabras hacen que acuerde de todo nuevamente.
–Ya lo sé, no es necesario que me recuerdes constantemente
las cosas. -Digo cabizbajo.
–No quiero tampoco torturarte pero tampoco quiero que
interpretes las cosas a tu manera, ella por el momento puede hacerlo ya que
está de un mes escaso y al menos… -Se queda callada, como si me trataría de
ocultar algo.
–¿Al menos qué? ¿qué más sabes? -Pregunto.
–Al menos no te recuerda. -Me dice seria.
–Si me recuerda es que me… -Voy a continuar la frase cuando
de pronto me frena.
–No te equivoques Pablo, te puede echar de menos pero no va
a ser fácil como te he dicho hace unos minutos.
–¿Y qué podemos hacer? no sé si voy a ser capaz de volver
mañana a España y reprimir mis ganas de ir en su busca.
–Debes aguantar, si vas en su busca vas a poner las cosas
mucho peor, deja que yo me encargue. -Me guiña un ojo.
–Está bien. -Digo con un hilo de voz mientras intento comer
algo.
–¿Sabes decorar habitaciones de bebés? -Me pregunta mientras
da un sorbo al vaso de agua.
–¿Yo? soy un desastre para la decoración en si… -Digo
mientras esbozo una sonrisa.
–Pues debes ir aprendiendo, en cuanto llegues a España nos
vamos de compras. -Me dice con una dulce sonrisa. Sus misterios me ponen
nervioso.
–¿Vamos a decorar la de mi…? -Me cuesta gesticular palabra.
–Tú confía en mí y todo saldrá bien. -Me dice aunque no me
deja tranquilo del todo.
Degustamos de la cena, parece que poco a poco las aguas
vuelven a su cauce, aunque todavía queda la parte más complicada, el perdón de mi niña.
Pago la cuenta ya que es lo mínimo que puedo hacer. Volvemos al hotel sin
prisas.
–Me imagino como debe de estar Adriana ¿estás preparado para
escuchar sus gritos?. -Me pregunta mientras se ríe.
–Preparadísimo,
tan preparado como que hay un maravillosos portales para poder dormir
en caso de no aguantarlo. -Me río ante mi comentario y ella
hace lo mismo. Seguimos charlando hasta que vamos acercándonos a
nuestras
respectivas habitaciones. Nos despedimos con dos besos y entramos a la
habitación. Entro tranquilo, sereno… parece estar dormida, ni si quiera
se
entera de mi presencia. Me siento en la cama mientras me descalzo, de
pronto la
luz de la mesilla de noche se enciende.
–¿Te lo has pasado bien dejándome aquí sola? -Me pregunta
irónicamente.
–Por supuesto, he arreglado muchas cosas que me hacen feliz.
-Sigo su juego. Me mira incrédula.
–¿Te crees que soy imbécil Pablo? se perfectamente que has
estado con Marta cenando. -¿Pero cómo demonios se ha enterado? comienzo a
cabrearme pero intento disimular.
–Enhorabuena por saberlo. -Contesto bordemente mientras que
me meto en la cama tapándome con el edredón hasta arriba. Lo coge y me destapa.
–¿Pero que te he hecho para que me trates así?. -Me cambia
radicalmente de tema, haciéndose la víctima. No aguanto más, me pongo de pie y
alzo la voz.
–¿Sabes? Pensaba que eras distinta pero no, me recuerdas
tanto a una de mis anteriores parejas, sois tal para cual…
–No, no me digas eso por favor… -Me dice mientras se pone de
pie e intenta abrazarme.
–Ambas queréis controlarme, con quién salgo, donde voy, y
para colmo te atreves a insultar a Aurora… dime ¿de qué la conoces para
calificarla así? -La pregunto.
–Si estás conmigo como comprenderás no es de mi agrado que
andes con otras por ahí. -Me dice mientras me mira de malas formas.
–No por mucho tiempo… -Murmuro tratando de que no lo oiga.
–¿De qué hablas Pablo? -Parece haberme escuchado, por el
momento no se lo diré.
–Buenas noches. -Me meto en la cama dejándola una vez más
con la palabra en la boca.
La
alarma del móvil me saca de mi sueño profundo, son las
siete y media de la mañana. Adriana sigue dormida, salgo de la cama,
abro la
maleta y cojo algo de ropa limpia para darme una buena ducha de agua
fría.
Estoy como loco por volver a España, por ver su preciosa sonrisa cada
día, por besarla… en definitiva por estar con ella. El camino es fácil
pero no
me cabe duda de que lucharé con todas mis fuerzas por recuperar lo que
me
pertenece, su amor. Me pongo un pantalón vaquero y una camiseta básica
junto a
mis converse. Bajo solo a desayunar, no me apetece desayunar con
Adriana. Bajo
a la cafetería y pido un café con unas tostadas. Doy un bocado a una de
estas,
de pronto siento como unas manos se apoyan sobre mis hombros
consiguiendo que
suelte la tostada de golpe a modo de susto.
–¡Buenos días! -Me dice Marta mientras se sienta en una de
las sillas a mi lado.
–Buenos días. -Digo mientras sonrío y vuelvo a coger la
tostada.
–Vaya… ¿dónde has dejado a la lagartona? -Me dice mientras
observa en una hoja lo que pedirá para el desayuno. Hace que me ría ante su
comentario.
–Supongo que esté durmiendo, no lo sé y tampoco es algo que
me interese.
–Espero que hayas cortado con ella… -Me dice.
–Aún no, en cuanto regresemos a España será lo primero que
haga, te lo prometo. -La guiño un ojo.
–Menos mal que para eso quedan horas… no la soportaría mucho
más.
–Eres como mi ángel de la guarda… no tengo palabras
suficientes para agradecerte tu apoyo y tu manera de ayudarme… -La miro y
sonrío.
–No tienes nada que agradecerme, pero prométeme una cosa por
favor… -Hace una breve pausa y continúa. -Esta vez cuídala como se merece.
–Te prometo que así lo haré, esta vez nada fallará. -Digo
con una sonrisa.
Asiente con la cabeza mientras que pide su desayuno.
Desayunamos tranquilos hasta que de pronto por la puerta de la cafetería
aparece Adriana y no con muy buenos aires que digamos. Se sienta en la silla
mientras me lanza una mirada asesina.
–¿Pensabas dejarme sola desayunando? -Me pregunta
bordemente.
–Yo he puesto mi alarma en el móvil, si no las has escuchado
es tú problema, al menos podrías tener la educación de dar los buenos días ¿no?
–Buenos días Pablo. -Me dice con cierto tono de voz.
–No, buenos días Pablo no, buenos días Marta. -Le hago decir
mientras que Marta intenta contener la risa.
–Yo no voy a saludar a esa lo siento.
–Esa es mi mejor amiga, te guste o no a si que si no tienes
la decencia de tener un mínimo de educación será mejor que vuelvas a subir a la
habitación y te vuelvas a dormir otro rato. -En ese momento Marta me hace un
gesto como para que deje de seguirla el juego, pero parece que Adriana no
quiere dejarlo.
–Mira Adriana, no voy a seguir tu juego estúpido porque
sería como rebajarme a tú nivel y por ahí si que no paso, estoy aquí por
trabajo, no por verte a ti a si que tengamos las últimas horas en paz. -Dice
Marta sin alzar la voz.
–¿Quién te crees que eres? ¿se te ha subido a la cabeza el ser
manager de Pablo o qué? -Le dice Adriana a Marta alzando la voz.
–¡Basta Adriana! no voy a consentir que nos amargues el
desayuno, me voy a preparar la maleta.
–Yo haré lo mismo, paso de perder el tiempo hablando con
gente como tú. -Tras decir eso señala a Adriana, se va y me sigue de vuelta a
nuestras habitaciones.
–Lo siento… siento haberte amargado el desayuno. -Digo mientras
miro al suelo del pasillo de la planta de mi habitación.
–Tranquilo, estaba claro que tiene que discutir con alguien
si no no está contenta. -Me guiña un ojo y se mete en su habitación. Saco del
bolsillo de mi pantalón la tarjeta de esta y la paso por el lector, se abre la puerta y entro. Cojo
la maleta que está posada en una esquina y empiezo a recoger mis cosas.
26.10.13
Cap. 97: No puedo engañarte a ti pero sobre todo a mi corazón
Narrado por Aurora:
Tras afrontar el primer día de trabajo con éxito, salgo del hospital a las cinco en punto, tal y como me indicaron. Bajo las escaleras de este y pongo rumbo a la calle. Camino por la acera cuando un coche que pasa justo por mi lado comienza a pitar, no le presto atención alguna. Alguien que se baja de este mismo comienza a gritar mi nombre.
–¡Aurora!. -Me dice. Me giro para ver quien está llamandome, no espero encontrarmelo. Se trata de Hugo, viene deprisa hacia mi. -¿No querías verme y por eso te ibas?. -Me pregunta bromeando.
–¿Qué tal?. -Se acerca a mi y me da dos besos.
–Después de verte a ti creo que mejor que nunca. -Me dice con una sonrisa.
–¿Cómo es que sabes que andaba por aquí?. -Pregunto extrañada.
–Digamos que andaba por aquí y... te encontré de casualidad.
–Encantada de verte entonces. -Le digo con una sonrisa.
–Me encantaría que me acompañases a dar un paseo por la ciudad ¿qué me dices? luego podemos tomarnos un helado en una de las mejores heladerías de Málaga y de paso conocernos un poco más. No pongo pega. Cierra su coche con el mando de este y caminamos mientras que charlamos.
–¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?. -Digo mientras camino.
–No, llevaré cuestión de un mes aquí y por motivos laborales... -Me cuenta. -Teóricamente vivo en Barcelona. -Seguimos caminando en silencio hasta que encontramos la heladería entramos y pedimos dos helados en tarrina, me empeño en pagarlos yo pero Hugo me lo impide. Nos sentamos en una de las mesillas. Se me queda mirando.
–Barcelona, me encantaría visitar esa ciudad, en un futuro no dudaré en hacerlo. -Digo.
–Es preciosa... como tú. -Me dice eso y logra sonrojarme. No me espera bajo ningún concepto ese comentario. -Y... ¿tienes pareja?. -Me pregunta interesado.
–Estoy casada. -En ese momento la sonrisa desaparece su rostro. -Bueno, por el momento... es cuestión de trámites, en cuanto empiece el papeleo dejaré de estarlo. -Esas palabras se me clavan en el alma como cuyo puñal.
–Vaya lo siento... -Dice quizá algo confundido ante su respuesta.
–Tranquilo, espero que pronto se convierta en un simple recuerdo. -Intento no derramar algunas lágrimas, mantenerme fuerte.
–¿Puedo saber que pasó?. -Me agarra de la mano y la acaricia.
–Nos queríamos, o eso me decía... pero a la hora de la verdad... -Recuerdo cada momento de esas últimas palabras que cruzamos. El alma se me quiebra.
–Pues permíteme decirte que no te ha valorado lo suficiente como mujer, eres increíble Aurora. -Poso mi mano sobre la mesa y la acaricia tras pronunciar esas bonitas palabras que logran sacarme una pequeña sonrisa.
–Gracias Hugo. -Digo mostrando una tímida sonrisa. Clava su mirada en mi y a continuación me atrevo a preguntarle. -¿Y tú... tienes?.
–Tenía pero me engañó con otro. -Me dice mientras cambia la expresión de su cara.
–Oh lo siento, no quería... -No termino la frase.
–Tranquila, por suerte eso quedo atrás en mi pasado... -Me dice devolviendo la sonrisa a su rostro. -Será mejor que no hablemos de cosas tristes... ¿te apetece dar un paseo?. -Me pregunta, asiento con la cabeza, nos levantamos y comenzamos a caminar sin un rumbo fijo. Llegamos a la playa, justo a la que viví tantísimos recuerdos con él. No puede ser... por momentos todos ellos vuelven a mi mente, intento disimular. Se sienta en la arena y me invita a que yo lo haga junto a él. Cuidadosamente me dejo caer sobre la arena.
–Que bonitos recuerdos me trae esta playa... -Cojo un puñao de arena, la aprieto y la vuelvo a soltar.
–No quiero que te pongas mal, si quieres podemos ir a otro sitio... -Me dice.
–No, tranquilo, estoy bien. -Finjo una sonrisa.
–Si te dejarías querer, tú vida cambiaría tanto Aurora... tanto. -Esas palabras me terminan de descolocar. ¿Qué trata de decirme?
–¿Qué quieres decir Hugo?
–Quiero decir que... -No termina la frase, se acerca a mis labios y los besa con ganas. Segundos despúes es él mismo quien se separa de ellos. -Lo... lo siento. -Comienza a ponerse nervioso. Momentáneamente me dejo llevar y acabo siendo yo esta vez quien le besa. ¿Qué demonios estoy haciendo? me separo rápidamente de él, me levanto y me voy corriendo de la playa sin darle ningún tipo de explicación, deseo salir con todas mis fuerzas de allí. Alguna que otra lágrima desciende por mis mejillas mientras que apresuro el paso mirnado hacia atrás. Hugo no ha dudado en seguirme, me alcanza.
–Déjame cuidarte, quererte... -Miro al suelo pero tras oir sus palabras levanto la cabeza y le miro sorprendida.
–Hugo, eres encantador pero creo que ahora mismo no puedo darte lo que buscas, no puedo quererte...
–No pretendo que lo hagas ahora, pero con el tiempo podrás...
–Lo siento pero no puedo, sería engañarme a ti pero sobre todo a mi corazón, lo siento. -Salgo corriendo nuevamente de allí. Vuelvo a casa llena de pensamientos, no puedo arrancarme de la mente lo que ha sucedido unos minutos. ¿Y si debo darme esa oportunidad al lado de Hugo? ¿y si me equivoco? miles de preguntas rondan por mi mente. Estoy intranquila, a si que me siento en un banco e intento tranquilizarme. Logro calmarme aunque sea un poco, vuelvo a casa aparentando normalidad. Al llegar no hay nadie, me tomo una ducha intanto alejarme de la realidad. Me meto en el plato de ducha, abro el grifo y dejo caer el agua sobre mi cuerpo. Salgo y me pongo el albornoz, me hago un pequeño recogido con una pinza y me tumbo en la cama. Me voy calmando poco a poco hasta que me quedo dormida del todo, el teléfono comienza a sonar.
–¿Te apetece salir a cenar?. -Es Hugo. Me quedo sin saber que decir por momentos.
–Hugo... no sé si sea buena, lo que ha pasado antes me tiene bastante descolocada.
–Solo necesito explicarte algunas cosas, por favor... -Me dice.
–Está bien.
–En una hora te recojo. -Me dice.
Cuelgo el teléfono y dudo unos segundos en si debo asistir, pero debo aclarar las cosas. Me seco el pelo con el secador, me pongo una falda, una camiseta, unas sandalias y me echo un poco de maquillaje. Despúes de una hora transcurrida, se presenta en mi puerta. Llama al timbre y voy a abrir.
–Estás muy guapa, ¿vamos?. -Asiento con la cabeza.
Conduce hasta el restaurante, entramos y nos sentamos en una de las mesas donde no tardan demasiado en atendernos
Tras afrontar el primer día de trabajo con éxito, salgo del hospital a las cinco en punto, tal y como me indicaron. Bajo las escaleras de este y pongo rumbo a la calle. Camino por la acera cuando un coche que pasa justo por mi lado comienza a pitar, no le presto atención alguna. Alguien que se baja de este mismo comienza a gritar mi nombre.
–¡Aurora!. -Me dice. Me giro para ver quien está llamandome, no espero encontrarmelo. Se trata de Hugo, viene deprisa hacia mi. -¿No querías verme y por eso te ibas?. -Me pregunta bromeando.
–¿Qué tal?. -Se acerca a mi y me da dos besos.
–Después de verte a ti creo que mejor que nunca. -Me dice con una sonrisa.
–¿Cómo es que sabes que andaba por aquí?. -Pregunto extrañada.
–Digamos que andaba por aquí y... te encontré de casualidad.
–Encantada de verte entonces. -Le digo con una sonrisa.
–Me encantaría que me acompañases a dar un paseo por la ciudad ¿qué me dices? luego podemos tomarnos un helado en una de las mejores heladerías de Málaga y de paso conocernos un poco más. No pongo pega. Cierra su coche con el mando de este y caminamos mientras que charlamos.
–¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?. -Digo mientras camino.
–No, llevaré cuestión de un mes aquí y por motivos laborales... -Me cuenta. -Teóricamente vivo en Barcelona. -Seguimos caminando en silencio hasta que encontramos la heladería entramos y pedimos dos helados en tarrina, me empeño en pagarlos yo pero Hugo me lo impide. Nos sentamos en una de las mesillas. Se me queda mirando.
–Barcelona, me encantaría visitar esa ciudad, en un futuro no dudaré en hacerlo. -Digo.
–Es preciosa... como tú. -Me dice eso y logra sonrojarme. No me espera bajo ningún concepto ese comentario. -Y... ¿tienes pareja?. -Me pregunta interesado.
–Estoy casada. -En ese momento la sonrisa desaparece su rostro. -Bueno, por el momento... es cuestión de trámites, en cuanto empiece el papeleo dejaré de estarlo. -Esas palabras se me clavan en el alma como cuyo puñal.
–Vaya lo siento... -Dice quizá algo confundido ante su respuesta.
–Tranquilo, espero que pronto se convierta en un simple recuerdo. -Intento no derramar algunas lágrimas, mantenerme fuerte.
–¿Puedo saber que pasó?. -Me agarra de la mano y la acaricia.
–Nos queríamos, o eso me decía... pero a la hora de la verdad... -Recuerdo cada momento de esas últimas palabras que cruzamos. El alma se me quiebra.
–Pues permíteme decirte que no te ha valorado lo suficiente como mujer, eres increíble Aurora. -Poso mi mano sobre la mesa y la acaricia tras pronunciar esas bonitas palabras que logran sacarme una pequeña sonrisa.
–Gracias Hugo. -Digo mostrando una tímida sonrisa. Clava su mirada en mi y a continuación me atrevo a preguntarle. -¿Y tú... tienes?.
–Tenía pero me engañó con otro. -Me dice mientras cambia la expresión de su cara.
–Oh lo siento, no quería... -No termino la frase.
–Tranquila, por suerte eso quedo atrás en mi pasado... -Me dice devolviendo la sonrisa a su rostro. -Será mejor que no hablemos de cosas tristes... ¿te apetece dar un paseo?. -Me pregunta, asiento con la cabeza, nos levantamos y comenzamos a caminar sin un rumbo fijo. Llegamos a la playa, justo a la que viví tantísimos recuerdos con él. No puede ser... por momentos todos ellos vuelven a mi mente, intento disimular. Se sienta en la arena y me invita a que yo lo haga junto a él. Cuidadosamente me dejo caer sobre la arena.
–Que bonitos recuerdos me trae esta playa... -Cojo un puñao de arena, la aprieto y la vuelvo a soltar.
–No quiero que te pongas mal, si quieres podemos ir a otro sitio... -Me dice.
–No, tranquilo, estoy bien. -Finjo una sonrisa.
–Si te dejarías querer, tú vida cambiaría tanto Aurora... tanto. -Esas palabras me terminan de descolocar. ¿Qué trata de decirme?
–¿Qué quieres decir Hugo?
–Quiero decir que... -No termina la frase, se acerca a mis labios y los besa con ganas. Segundos despúes es él mismo quien se separa de ellos. -Lo... lo siento. -Comienza a ponerse nervioso. Momentáneamente me dejo llevar y acabo siendo yo esta vez quien le besa. ¿Qué demonios estoy haciendo? me separo rápidamente de él, me levanto y me voy corriendo de la playa sin darle ningún tipo de explicación, deseo salir con todas mis fuerzas de allí. Alguna que otra lágrima desciende por mis mejillas mientras que apresuro el paso mirnado hacia atrás. Hugo no ha dudado en seguirme, me alcanza.
–Déjame cuidarte, quererte... -Miro al suelo pero tras oir sus palabras levanto la cabeza y le miro sorprendida.
–Hugo, eres encantador pero creo que ahora mismo no puedo darte lo que buscas, no puedo quererte...
–No pretendo que lo hagas ahora, pero con el tiempo podrás...
–Lo siento pero no puedo, sería engañarme a ti pero sobre todo a mi corazón, lo siento. -Salgo corriendo nuevamente de allí. Vuelvo a casa llena de pensamientos, no puedo arrancarme de la mente lo que ha sucedido unos minutos. ¿Y si debo darme esa oportunidad al lado de Hugo? ¿y si me equivoco? miles de preguntas rondan por mi mente. Estoy intranquila, a si que me siento en un banco e intento tranquilizarme. Logro calmarme aunque sea un poco, vuelvo a casa aparentando normalidad. Al llegar no hay nadie, me tomo una ducha intanto alejarme de la realidad. Me meto en el plato de ducha, abro el grifo y dejo caer el agua sobre mi cuerpo. Salgo y me pongo el albornoz, me hago un pequeño recogido con una pinza y me tumbo en la cama. Me voy calmando poco a poco hasta que me quedo dormida del todo, el teléfono comienza a sonar.
–¿Te apetece salir a cenar?. -Es Hugo. Me quedo sin saber que decir por momentos.
–Hugo... no sé si sea buena, lo que ha pasado antes me tiene bastante descolocada.
–Solo necesito explicarte algunas cosas, por favor... -Me dice.
–Está bien.
–En una hora te recojo. -Me dice.
Cuelgo el teléfono y dudo unos segundos en si debo asistir, pero debo aclarar las cosas. Me seco el pelo con el secador, me pongo una falda, una camiseta, unas sandalias y me echo un poco de maquillaje. Despúes de una hora transcurrida, se presenta en mi puerta. Llama al timbre y voy a abrir.
–Estás muy guapa, ¿vamos?. -Asiento con la cabeza.
Conduce hasta el restaurante, entramos y nos sentamos en una de las mesas donde no tardan demasiado en atendernos
22.10.13
Cap. 96: Primer día superado con éxito
Narrado por Aurora:
Salir a dar una vuelta con Ángela me ha venido de perlas, necesitaba sentir un poco de aire. En el pub donde hemos ido he conocido a un chico, guapísimo, Hugo. Tras Ángela hacerme una encerrona y dejarme frente a él sin saber que decir, logro entablar una conversación, se le ve una persona encantadora. Una llamada hace que se tenga que marchar, pero antes de partir intercambiamos nuestros números con la idea de volver a vernos para quedar, cosa que no estoy demasiado segura. Se lo comento a Ángela, no tengo claro si estoy preparada para conocer a otra persona, me dice que merezco ser feliz con Pablo o sin él, lo cierto es que razón no le falta, no puedo estar toda la vida viviendo de recuerdos. Llegamos a casa, me descalzo, subo a la habitación, me siento en la cama y caigo en la tentación de mirar cuando fue la última conexión de WhatsApp de Pablo, ayer a las cinco de la tarde. Teniendo en cuenta la diferencia de hora, supongo que estará durmiendo, mientras que aquí son las tantas, a punto de amanecer y yo a punto de tener que levantarme para ir a trabajar. Me pongo el pijama y me meto en la cama, estoy muerta de sueño, caigo rendida nada más entrar. Me despierta un WhatsApp de Marta, me coloco en la cama para leerlo.
–Buenos días belleza, buenas noches para mí... mañana por la noche volvemos a España y muero de ganas de verte ¿quedamos?. -Una sonrisa se dibuja en mi cara, muero de ganas por abrazarla.
–Por supuesto cielo, en cuanto estés en España me llamas y nos vemos ¿si? te dejo que tengo que ir a trabajar, te quiero. -Me despido, me levanto de la cama y me meto en la ducha.
Me ducha tranquilamente, me coloco el albornoz y revuelvo entre mi ropa lo que me pondré hoy para ir al trabajo, opto por unos pantalones vaqueros, una camiseta básica y unas manoletinas. Me maquillo sencillamente y recojo mi pelo con una coleta alta. Puesto que es pronto, desayuno sola en la cocina. Me tomo un café con leche junto a unas galletas, lo meto en el fregadero y me voy. Puesto que está cerca el hospital decido ir caminando, apresuro un poco el paso ya que no me gusta llegar con la hora justa y menos en el primer día. Llego y paso por donde Joaquín, el director del hospital para firmar los papeles del contrato.
–Veo que eres una persona puntual, y eso me gusta. -Me dice mientras cierro la puerta del despacho.
–Gracias. -Digo con una tímida sonrisa. Saca de una carpeta de plástico varias hojas que supongo que deba firmar.
–Bueno, pues este es tu contrato, recuerda que este es provisional ya que estás a prueba quince días, en caso de superarlo se te dará otro totalmente renovado, aún así lee todas las cláusulas bien y después firma ahí. -Me tiende la hoja y un bolígrafo bic. Me leo en silencio todos y cada uno de los puntos de este, todo está correcto a si que no dudo en depositar mi firma en el papel. Sonríe y no duda en levantarse de su silla para estrecharme la mano.
–Bienvenida Aurora, espero que el primer día marche bien. -Hace un silencio. -Llamaré ahora mismo a la que será tu jefa para que te guíe donde está el laboratorio y lo que deberás hacer. -Descuelga el teléfono inalámbrico de la base y marca un número. Habla con ella y poco después golpean la puerta del despacho. Nada más entrar por la puerta pone sus ojos sobre mi, mirandome de arriba a bajo.
–Marina, ella es Aurora, la chica que te comenté que ocuparía el puesto de la anterior persona. -Dice mientras la mira. Es una chica de unos cuarenta y dos años, rubia y con gafas, parece seria.
–Encantada. -Dice seca.
–Igualmente.
–Será mejor que empecemos, vamos al laboratorio y allí te daré algunas instrucciones. -Se despide de Joaquín, yo hago lo mismo y la sigo por los pasillos del hospital hasta llegar al laboratorio. Saca del interior del bolsillo de su bata blanca las llaves, abre y entramos. Es bastante grande.
–Aquí trabajarás de Lunes a Viernes de ocho de la mañana a seis de la tarde, supongo que como habrás leído en el contrato. -Me dice seca nuevamente.
–Así es... -Digo mientras observo todo el material que está sobre la mesa. Abre un pequeño mueble, se agacha y saca una bolsa blanca.
–Esto es lo que tendrás que llevar mientras estés aquí. -Me tiende la bolsa. La abro y miro en su interior, hay una mascarilla, bata blanca y guantes. Me mira fijamente para ver mi respuesta ante el uniforme.
–Nada nuevo... -Murmuro.
–¿Decías algo?. -Me pregunta.
–Eh no, no... que ya me imaginaba que debería usar esto. -Digo con una sonrisa.
–¿Tú primer trabajo?. -Me pregunta.
–Así es. -Digo mientras me coloco todo lo que me ha dado.
–No te pienses que esto es solo coser y cantar, aquí hay que currar duro y si no... -No deseo que termine la frase.
–Tranquila, se perfectamente donde estoy, estaré perfectamente a la altura. -Me mira.
–Eso espero, basta de chachara, es hora de empezar a trabajar. -Hace una breve pausa. -Hoy empezarás por analizar algunas muestras de ADN, tienes que analizar unas cuantas antes de que finalice el día a si que date prisa, anda. -Me da varias bolsitas de plástico donde se encuentran pelos de cabello, dientes... -Estaré aquí contigo por si puede surgirte algo. Se sienta en una mesa y me mira.
–Gracias. -Cojo las muestras que me toca analizar, varios artilugios más y comienzo a analizar. Por el momento la cosa funciona bien, analizo unas cuentas muestras, Marina no me dice nada, ni para bien ni para mal. Su presencia a pesar de todo me pone nerviosa, intento concentrarme olvidando que alguien está vigilando cada movimiento que hago. La mañana se pasa rápido, cumplo con todas las muestras que me pidió que analizara.
–Ya he analizado todas las que me pediste. -Se lo digo y sin dudar se levanta de silla para observar si está todo correcto.
–¿Las has etiquetado con el nombre del paciente?. -Me pregunta.
–Sí, he puesto una etiqueta en la bolsa.
–Bien, veo que eres hábil y sabes cumplir con lo que te piden. A partir de ya dispones de una hora para comer o para lo que te plazca, puedes ir a casa o bajar a la cafetería, a tu elección lo dejo. -Se levanta me da las llaves para que pueda abrir después el laboratorio y se va. Son las dos de la tarde, puesto que estoy cerca de casa voy a ella a comer. Me quito la bata blanca, los guantes de látex, la mascarilla, me lavo las manos, recojo mis cosas y cierro. Llego a casa, Elena y Casilda me esperan para comer.
–¿Qué tal ese primer día?. -Me pregunta Elena mientras se acerca para darme un tierno beso en las mejillas.
–Muy bien, mucho que analizar pero bueno... eso es bueno. -Sonrío y me siento alrededor de la mesa para degustar ese delicioso plato de lentejas que posa sobre esta.
–No te llenes tampoco de trabajo, recuerda que estás embarazada. -Me dice.
–Lo sé, no he comentado nada al director ni a mi jefa aún, se lo diré mañana a primera hora.
–¿Y lo demás bien?. -Me pregunta Casi mientras da un sorbo a su vaso de agua.
–Sí, no tengo tiempo para pensar en él...
–Me alegro. -Acabo de comer, ayudo a recoger la mesa y me vuelvo para el trabajo ya que me espera una tarde también llena de trabajo. Aligero el paso, entro en el hospital y voy directa hacia el laboratorio, pero antes opto por tomarme un café de la máquina que se encuentra en los pasillos. Una chica morena y de pelo rizado está sentada tomándose uno.
–¿Eres nueva?. -Me pregunta mientras revuelve el café.
–Sí, he empezado hoy. -Digo mientras saco la cartera para el café. Se levanta.
–Encantada de conocerte, soy Lidia, enfermera. -Me da dos besos.
–Igualmente, soy Aurora y soy la nueva científica. -Ambas reímos ante nuestra peculiar presentación.
–Un momento... entonces... ¿tú jefa es Marina?. -Mientras que me habla saco de la máquina el café, lo cojo.
–Así es, si no recuerdo mal se llama así. -Doy un sorbo al café.
–Ufff... que mujer, menudo carácter tiene. -Intento hacerme la sorprendida ante su comentario.
–No la conozco demasiado. -Digo.
–Es muy exigente con todo el mundo, las cosas tienen que ser como ella dice si no... -Corta la frase cuando aparece Marina por el pasillo. Disimula rápidamente.
–Bueno, pues te dejo... tengo que levantar a algunos enfermos, adiós. -Se despide bajo la mirada de Marina y se va.
Entramos al laboratorio y continuamos analizando muestras, esta vez son de otro tipo. La tarde transcurre con rapidez, Marina me dice que ya puedo marcharme ya que he terminado mi jornada laboral. Como primer día no ha estado mal, vuelvo a casa dando un paseo.
Salir a dar una vuelta con Ángela me ha venido de perlas, necesitaba sentir un poco de aire. En el pub donde hemos ido he conocido a un chico, guapísimo, Hugo. Tras Ángela hacerme una encerrona y dejarme frente a él sin saber que decir, logro entablar una conversación, se le ve una persona encantadora. Una llamada hace que se tenga que marchar, pero antes de partir intercambiamos nuestros números con la idea de volver a vernos para quedar, cosa que no estoy demasiado segura. Se lo comento a Ángela, no tengo claro si estoy preparada para conocer a otra persona, me dice que merezco ser feliz con Pablo o sin él, lo cierto es que razón no le falta, no puedo estar toda la vida viviendo de recuerdos. Llegamos a casa, me descalzo, subo a la habitación, me siento en la cama y caigo en la tentación de mirar cuando fue la última conexión de WhatsApp de Pablo, ayer a las cinco de la tarde. Teniendo en cuenta la diferencia de hora, supongo que estará durmiendo, mientras que aquí son las tantas, a punto de amanecer y yo a punto de tener que levantarme para ir a trabajar. Me pongo el pijama y me meto en la cama, estoy muerta de sueño, caigo rendida nada más entrar. Me despierta un WhatsApp de Marta, me coloco en la cama para leerlo.
–Buenos días belleza, buenas noches para mí... mañana por la noche volvemos a España y muero de ganas de verte ¿quedamos?. -Una sonrisa se dibuja en mi cara, muero de ganas por abrazarla.
–Por supuesto cielo, en cuanto estés en España me llamas y nos vemos ¿si? te dejo que tengo que ir a trabajar, te quiero. -Me despido, me levanto de la cama y me meto en la ducha.
Me ducha tranquilamente, me coloco el albornoz y revuelvo entre mi ropa lo que me pondré hoy para ir al trabajo, opto por unos pantalones vaqueros, una camiseta básica y unas manoletinas. Me maquillo sencillamente y recojo mi pelo con una coleta alta. Puesto que es pronto, desayuno sola en la cocina. Me tomo un café con leche junto a unas galletas, lo meto en el fregadero y me voy. Puesto que está cerca el hospital decido ir caminando, apresuro un poco el paso ya que no me gusta llegar con la hora justa y menos en el primer día. Llego y paso por donde Joaquín, el director del hospital para firmar los papeles del contrato.
–Veo que eres una persona puntual, y eso me gusta. -Me dice mientras cierro la puerta del despacho.
–Gracias. -Digo con una tímida sonrisa. Saca de una carpeta de plástico varias hojas que supongo que deba firmar.
–Bueno, pues este es tu contrato, recuerda que este es provisional ya que estás a prueba quince días, en caso de superarlo se te dará otro totalmente renovado, aún así lee todas las cláusulas bien y después firma ahí. -Me tiende la hoja y un bolígrafo bic. Me leo en silencio todos y cada uno de los puntos de este, todo está correcto a si que no dudo en depositar mi firma en el papel. Sonríe y no duda en levantarse de su silla para estrecharme la mano.
–Bienvenida Aurora, espero que el primer día marche bien. -Hace un silencio. -Llamaré ahora mismo a la que será tu jefa para que te guíe donde está el laboratorio y lo que deberás hacer. -Descuelga el teléfono inalámbrico de la base y marca un número. Habla con ella y poco después golpean la puerta del despacho. Nada más entrar por la puerta pone sus ojos sobre mi, mirandome de arriba a bajo.
–Marina, ella es Aurora, la chica que te comenté que ocuparía el puesto de la anterior persona. -Dice mientras la mira. Es una chica de unos cuarenta y dos años, rubia y con gafas, parece seria.
–Encantada. -Dice seca.
–Igualmente.
–Será mejor que empecemos, vamos al laboratorio y allí te daré algunas instrucciones. -Se despide de Joaquín, yo hago lo mismo y la sigo por los pasillos del hospital hasta llegar al laboratorio. Saca del interior del bolsillo de su bata blanca las llaves, abre y entramos. Es bastante grande.
–Aquí trabajarás de Lunes a Viernes de ocho de la mañana a seis de la tarde, supongo que como habrás leído en el contrato. -Me dice seca nuevamente.
–Así es... -Digo mientras observo todo el material que está sobre la mesa. Abre un pequeño mueble, se agacha y saca una bolsa blanca.
–Esto es lo que tendrás que llevar mientras estés aquí. -Me tiende la bolsa. La abro y miro en su interior, hay una mascarilla, bata blanca y guantes. Me mira fijamente para ver mi respuesta ante el uniforme.
–Nada nuevo... -Murmuro.
–¿Decías algo?. -Me pregunta.
–Eh no, no... que ya me imaginaba que debería usar esto. -Digo con una sonrisa.
–¿Tú primer trabajo?. -Me pregunta.
–Así es. -Digo mientras me coloco todo lo que me ha dado.
–No te pienses que esto es solo coser y cantar, aquí hay que currar duro y si no... -No deseo que termine la frase.
–Tranquila, se perfectamente donde estoy, estaré perfectamente a la altura. -Me mira.
–Eso espero, basta de chachara, es hora de empezar a trabajar. -Hace una breve pausa. -Hoy empezarás por analizar algunas muestras de ADN, tienes que analizar unas cuantas antes de que finalice el día a si que date prisa, anda. -Me da varias bolsitas de plástico donde se encuentran pelos de cabello, dientes... -Estaré aquí contigo por si puede surgirte algo. Se sienta en una mesa y me mira.
–Gracias. -Cojo las muestras que me toca analizar, varios artilugios más y comienzo a analizar. Por el momento la cosa funciona bien, analizo unas cuentas muestras, Marina no me dice nada, ni para bien ni para mal. Su presencia a pesar de todo me pone nerviosa, intento concentrarme olvidando que alguien está vigilando cada movimiento que hago. La mañana se pasa rápido, cumplo con todas las muestras que me pidió que analizara.
–Ya he analizado todas las que me pediste. -Se lo digo y sin dudar se levanta de silla para observar si está todo correcto.
–¿Las has etiquetado con el nombre del paciente?. -Me pregunta.
–Sí, he puesto una etiqueta en la bolsa.
–Bien, veo que eres hábil y sabes cumplir con lo que te piden. A partir de ya dispones de una hora para comer o para lo que te plazca, puedes ir a casa o bajar a la cafetería, a tu elección lo dejo. -Se levanta me da las llaves para que pueda abrir después el laboratorio y se va. Son las dos de la tarde, puesto que estoy cerca de casa voy a ella a comer. Me quito la bata blanca, los guantes de látex, la mascarilla, me lavo las manos, recojo mis cosas y cierro. Llego a casa, Elena y Casilda me esperan para comer.
–¿Qué tal ese primer día?. -Me pregunta Elena mientras se acerca para darme un tierno beso en las mejillas.
–Muy bien, mucho que analizar pero bueno... eso es bueno. -Sonrío y me siento alrededor de la mesa para degustar ese delicioso plato de lentejas que posa sobre esta.
–No te llenes tampoco de trabajo, recuerda que estás embarazada. -Me dice.
–Lo sé, no he comentado nada al director ni a mi jefa aún, se lo diré mañana a primera hora.
–¿Y lo demás bien?. -Me pregunta Casi mientras da un sorbo a su vaso de agua.
–Sí, no tengo tiempo para pensar en él...
–Me alegro. -Acabo de comer, ayudo a recoger la mesa y me vuelvo para el trabajo ya que me espera una tarde también llena de trabajo. Aligero el paso, entro en el hospital y voy directa hacia el laboratorio, pero antes opto por tomarme un café de la máquina que se encuentra en los pasillos. Una chica morena y de pelo rizado está sentada tomándose uno.
–¿Eres nueva?. -Me pregunta mientras revuelve el café.
–Sí, he empezado hoy. -Digo mientras saco la cartera para el café. Se levanta.
–Encantada de conocerte, soy Lidia, enfermera. -Me da dos besos.
–Igualmente, soy Aurora y soy la nueva científica. -Ambas reímos ante nuestra peculiar presentación.
–Un momento... entonces... ¿tú jefa es Marina?. -Mientras que me habla saco de la máquina el café, lo cojo.
–Así es, si no recuerdo mal se llama así. -Doy un sorbo al café.
–Ufff... que mujer, menudo carácter tiene. -Intento hacerme la sorprendida ante su comentario.
–No la conozco demasiado. -Digo.
–Es muy exigente con todo el mundo, las cosas tienen que ser como ella dice si no... -Corta la frase cuando aparece Marina por el pasillo. Disimula rápidamente.
–Bueno, pues te dejo... tengo que levantar a algunos enfermos, adiós. -Se despide bajo la mirada de Marina y se va.
Entramos al laboratorio y continuamos analizando muestras, esta vez son de otro tipo. La tarde transcurre con rapidez, Marina me dice que ya puedo marcharme ya que he terminado mi jornada laboral. Como primer día no ha estado mal, vuelvo a casa dando un paseo.
19.10.13
Cap. 95: Me arrepiento de no estar con ella cuando más me necesita
Narrado por Pablo:
Fin del concierto en Argentina, a pesar de que mi mente no está donde tiene que estar no me puedo quejar, el concierto ha salido de lujo. Cenamos todo el equipo juntos a modo de celebración, se empeñan en hacer un brindis pero mis pocas ganas hacen que me quede sentado en la silla mientras el resto lleva a cabo el brindis. Su recuerdo me aleja de la conversación que tiene todo el equipo entre ellos hasta que Adriana me trae de vuelta a la realidad cuando apoya su mano en mi pierna suavemente.
–Mi amor, ¿en qué piensas? deberías de estar contento y no con cara de funeral. -Me dice cerca de mi oído.
–Eh... si, si disculpa estoy pensando. -Digo.
–¿Estás bien?. -Me pregunta quizá algo preocupada.
–Estoy cansado, ¿te importa si volvemos al hotel? quiero descansar... estoy agotado. -Digo desganado.
–Claro que no me importa mi vida. -En cuanto Adriana no pone ninguna pega respecto a irnos, nos despedimos del equipo y volvemos al hotel con el chofer. Me siento en el asiento de la furgoneta mientras observo el oscuro paisaje y me mantengo en silencio una vez más. Agradezco a Jaime que nos haya traído hasta aquí, bajamos de la furgoneta y subimos a la habitación. Me quito la chaqueta y la dejo sobre una de las sillas, no me la quito del todo, alguien me frena.
–¿Te ayudo?. -Me pregunta comenzando uno de sus juegos.
–Estoy algo... cansado. -Respondo tratando de esquivar su juego.
–Está bien, pero esta te la guardo. -Me dice mientras me guiña un ojo. No respondo, me siento sobre la cama y me descalzo, abro la maleta, cojo uno de mis pijamas y voy directo al aseo a ponérmelo. Me miro frente al espejo, mi cara representa dolor y es algo que por mucho que quiera, no lograré disimular. Me lo coloco, salgo del aseo y me meto en la cama, Adriana se cruza de brazos mientras me observa.
–Buenas noches cielo. -Se acerca a mi, rodea con sus brazos mi cuerpo y deposita un leve beso sobre mi frente.
–Buenas noches. -La sonrío y a continuación apagamos el interruptor de la lámpara de la mesilla. Me quedo mirando al techo, intentando conciliar el sueño, cosa que cada día me cuesta más y más lograr. ¿Qué estoy haciendo? ¿por qué me acuesto y me levanto cada día con alguien a quien no quiero? la verdad es que no sé que estoy haciendo con mi vida en los últimos días. Sin darme cuenta, me quedo dormido. Me mantengo dormido hasta que unos labios que posan sobre mi cuello logran despertarme.
–Buenos días Pablete. -Me dice Adriana mientras se separa unos milímetros de mi.
–Buenos días Adriana. -La verdad es que hasta yo me quedo asombrado frente a la frialdad que siento hacia ella.
–¿No crees que me debes algo?. -Me pregunta mientras se pone el pelo detrás de la oreja.
–Ahora mismo, para serte sincero no sé...
–Yo creo que sí. -Hace una breve pausa, me mira y me da un beso en los labios. -Esto. -Pronuncia en cuanto se separa de mis labios. Tras responder se acerca nuevamente a mi, acortando la distancia que separan nuestros labios. Acaricia mi espalda, consiguiendo que me incorpore en la cama. Tira de mi camiseta con cuidado sin dejar de acariciar mi torso. Se deshace finalmente de la camiseta como desea desde un principio. Me dejo llevar por sus besos, acaricia mi piel. Rodea con sus brazos mi nuca sin dejar de besarme, poco a poco se va deshaciendo de mi ropa. La desnudo, aún no se muy por qué estoy haciendo esto. Cubrimos nuestros cuerpos únicamente con una fina sábana blanca, su respiración se agita a medida que el tiempo avanza, sus labios no se han separado de mi en ningún momento. Muerde el lóbulo de mi oreja cuidadosamente, suspira repetidas veces pero eso no es impedimento para que pare. Me hace suyo. Se tumba a mi lado y acaricia mi mano mientras apoya su cabeza en mi pecho.
–Pablo... -Me pregunta mientras incorpora un poco su cabeza.
–¿Me quieres?. -Esa pregunta me descoloca por completo. ¿Qué se supone que debo hacer? no puedo herirla así.
–Claro. -Digo con una sonrisa. ¿Pero qué demonios estoy haciendo? yo nunca he sido una persona así, nunca he mentido a la hora de mis sentimientos y me encuentro que ahora lo estoy haciendo, es horrible todo lo que se me pasa por la cabeza en estos instantes. Estamos así unos cuantos minutos, hasta que optamos por bajar a desayunar, desayunamos en silencio y sin la compañía de Marta. Bebe un sorbo de su vaso lleno de zumo de naranja, me mira y me sonríe repetidas veces. La devuelvo alguna que otra sonrisa hasta que me percato de la presencia de Marta. Se sienta a mi lado.
–Buenos días. -Dice seca mientras coge del plato una de las tostadas que habíamos pedido.
–¿Qué tal has dormido?. -Pregunto intentando llevar una digna conversación.
–Bien ¿y tú? ah... claro, tú seguro que bien ¿no?. -Me mira con una sonrisa irónica mientras que da un mordisco a la tostada.
–¿Puedes dejar de ser tan borde? ya está bien. -Le digo quizá alzando un poco la voz.
–¿De verdad crees que mereces un buen trato? ¿te recuerdo lo que le has hecho a mi mejor amiga?. -Me dice. Adriana nos mira sin entender nada.
–¡Ya está bien! no soporto esta situación más ¿te crees que es fácil? como siempre hablas sin saber, creía que tenía a una amiga que me apoyaría siempre pero me equivoco parece ser. -Me levanto de forma brusca y subo a la habitación bastante cabreado, Adriana no duda en seguirme. Me siento en la cama y comienzo a llorar de rabia, no aguanto mucho más tiempo este trato por parte de todos los que dicen quererme, vale que quizá no me haya sabido comportar con Aurora pero no merezco un trato así
–Pablo ¿qué está pasando?. -Pregunta Adriana nada más entrar en la habitación.
–¿Qué pasa de qué? no pasa nada. -Contesto borde.
–¿Por qué me tratas así? sólo intento ayudarte... -Me dice mientras se sienta en el suelo y empieza a llorar.
–Lo siento, yo no quería... -Siempre la cago con las personas que están conmigo, Adriana está siendo la persona que más me está ayudando y no merece un mal trato por mi parte.
–No pasa nada, comprendo que estés nervioso... -Me dice mientras se acerca a mi y me abraza.
–Adriana, no sé que va a ser de mi, de mi vida... no sé que pinto en este mundo la verdad. -Digo mientras fijo la mirada en el suelo.
–¿De qué hablas Pablo? no digas eso, me tienes a mi... -Se limpia las últimas lágrimas que descienden por sus mejillas y agarra mi cara.
–Voy a ser padre. -Digo mientras la miro. Su cara muestra asombro.
–¿Qué?. -Pregunta incrédula.
–Pues eso que... -No termino la frase.
–Te he entendido a la primera. ¿Piensas hacerte cargo de ese bebé?. -Me pregunta
–Sí. -Digo.
–Dudo que Aurora quiera que estés cerca de su hijo... buscará a alguien que te sustituya. -Me dice.
–Una cosa es lo que yo tenga con ella, y otra cosa muy diferente es el niño. -Digo serio.
–Yo no estaría tan segura...
Me tumbo en la cama, aprovecho para pensar a cerca de lo que he hablado con Adriana. Lo tengo claro, ese niño tendrá a su padre, no sé si sea tarde o no, pero al menos intentaré estar cerca de él. Me quedo dormido durante toda la tarde, sin ganas de salir. Adriana está acostada a mi lado mientras lee algunas revistas. Posa la revista en el suelo, se acerca a mi y me da un beso en los labios, queriendo llegar a más a medida que el beso se intensifica. La aparto de mi poco después.
–¿Me piensas dejar así?. -Me pregunta mientras se recoloca en la cama.
–No tengo ganas. -Digo seco.
–¿Ya está bien no Pablo? merezco un poco de tu atención creo yo, deja de pensar en esa estúpida de una maldita vez, no volverá contigo, dudo que te quiera. -Me dice convencida de esas repugnantes palabras que suelta por su boca.
–Cállate, no pienso permitir que la insultes y menos en mi cara, no tienes ni idea de nada. -Digo enfadado.
–Es la verdad Pablo, abre los malditos ojos de una puñetera vez... ¡no te quiere y no volverá contigo!. -Me dice alzando la voz. Por momentos juro que explotaría y diría un sin fin de cosas, pero prefiero callarme todo lo que pienso, por educación.
–No quiero escuchar más tonterías por tu parte, si no te importa... me voy a dar una vuelta, adiós. -Me levanto y me encamino hacia la calle intento calmarme. La dejo con la palabra en la boca, con esos aires que acabo de descubrir. A cada instante que pasa noto como mi vida empeora, nada funciona desde que no estamos juntos, no sé si pueda aguantar. Camino hacia un pequeño mirador, me quedo apoyado en la barandilla hasta que siento como una mano posa sobre mi espalda.
–Vaya... ¿tú también quieres discutir?. -Le pregunto a Marta, la cual está a mi lado.
–He escuchado la conversación, y si estoy aquí... no es por discutir. -Me dice serena.
–Perdóname por haberme puesto así contigo, se que tu única, sincera y buena intención es ayudarnos pero créeme que lo que estoy pasando, no se lo deseo a nadie. -Digo mientras me quedo mirando a la nada.
–Para empezar, deberías de dejar a esa lagarta, esa que está ahora mismo en tu habitación, esa que acaba de poner en duda los sentimientos de mi mejor amiga, además de sus insultos... -Me dice de brazos cruzados.
–Me estoy equivocando, en todo lo que hago... no debía haber empezado esta absurda relación, esta falsa. -Le explico mientras me sincero.
–Pablo, admite que con Aurora la has cagado, no has sido justo, la has dejado sola en España, esperando un hijo tuyo... lamentablemente cuando quieras darte cuenta de este error, ella estará con otro que si la valore. -Me dice.
–Tengo que admitirlo porque es la verdad, soy un cabrón, soy... -Comienzo a llorar de forma desconsolada cuando recuerdo que la he perdido para siempre por no saber comportarme.
–Shhh... ya está ¿vale? lo importante es que estás empezando a reconocerlo y eso te ayudará. -Me dice con una sonrisa.
–¿Ayudarme? en absoluto... la he perdido, para siempre.
–Si luchas por ella, la vas a tener de vuelta... pero... -Hace una pequeña pausa. -¿Estás dispuesto a cuidar de ese bebé que está creciendo en su interior?. -Me pregunta.
–Por supuesto, me arrepiento de no haber hecho las cosas bien desde un principio, de no estar con ella cuidándola cuando más me necesita.
–No te lo niego... no será tarea fácil, Aurora está bastante decepcionada pero yo... -Hace una nueva pausa. -Te ayudaré. -Una sonrisa se dibuja en mi cara cuando escucho esas palabras de su boca.
–¿Tú? pero si... no me he comportado contigo tampoco como te mereces. -Le digo.
–Olvidalo, y perdóname tú a mi también por haber sido tan borde contigo. -Se disculpa y me abraza.
–Somos unos bordes. -Bromeo y se ríe.
–¿Te apetece que vayamos a cenar? ahí podré explicarte tranquilamente lo que haremos. -Me dice con una sonrisa.
–Claro, vamos. -Nos levantamos y vamos a cenar, sin Adriana, la cual imagino que esté echa como auténtica fiera en la habitación.
Fin del concierto en Argentina, a pesar de que mi mente no está donde tiene que estar no me puedo quejar, el concierto ha salido de lujo. Cenamos todo el equipo juntos a modo de celebración, se empeñan en hacer un brindis pero mis pocas ganas hacen que me quede sentado en la silla mientras el resto lleva a cabo el brindis. Su recuerdo me aleja de la conversación que tiene todo el equipo entre ellos hasta que Adriana me trae de vuelta a la realidad cuando apoya su mano en mi pierna suavemente.
–Mi amor, ¿en qué piensas? deberías de estar contento y no con cara de funeral. -Me dice cerca de mi oído.
–Eh... si, si disculpa estoy pensando. -Digo.
–¿Estás bien?. -Me pregunta quizá algo preocupada.
–Estoy cansado, ¿te importa si volvemos al hotel? quiero descansar... estoy agotado. -Digo desganado.
–Claro que no me importa mi vida. -En cuanto Adriana no pone ninguna pega respecto a irnos, nos despedimos del equipo y volvemos al hotel con el chofer. Me siento en el asiento de la furgoneta mientras observo el oscuro paisaje y me mantengo en silencio una vez más. Agradezco a Jaime que nos haya traído hasta aquí, bajamos de la furgoneta y subimos a la habitación. Me quito la chaqueta y la dejo sobre una de las sillas, no me la quito del todo, alguien me frena.
–¿Te ayudo?. -Me pregunta comenzando uno de sus juegos.
–Estoy algo... cansado. -Respondo tratando de esquivar su juego.
–Está bien, pero esta te la guardo. -Me dice mientras me guiña un ojo. No respondo, me siento sobre la cama y me descalzo, abro la maleta, cojo uno de mis pijamas y voy directo al aseo a ponérmelo. Me miro frente al espejo, mi cara representa dolor y es algo que por mucho que quiera, no lograré disimular. Me lo coloco, salgo del aseo y me meto en la cama, Adriana se cruza de brazos mientras me observa.
–Buenas noches cielo. -Se acerca a mi, rodea con sus brazos mi cuerpo y deposita un leve beso sobre mi frente.
–Buenas noches. -La sonrío y a continuación apagamos el interruptor de la lámpara de la mesilla. Me quedo mirando al techo, intentando conciliar el sueño, cosa que cada día me cuesta más y más lograr. ¿Qué estoy haciendo? ¿por qué me acuesto y me levanto cada día con alguien a quien no quiero? la verdad es que no sé que estoy haciendo con mi vida en los últimos días. Sin darme cuenta, me quedo dormido. Me mantengo dormido hasta que unos labios que posan sobre mi cuello logran despertarme.
–Buenos días Pablete. -Me dice Adriana mientras se separa unos milímetros de mi.
–Buenos días Adriana. -La verdad es que hasta yo me quedo asombrado frente a la frialdad que siento hacia ella.
–¿No crees que me debes algo?. -Me pregunta mientras se pone el pelo detrás de la oreja.
–Ahora mismo, para serte sincero no sé...
–Yo creo que sí. -Hace una breve pausa, me mira y me da un beso en los labios. -Esto. -Pronuncia en cuanto se separa de mis labios. Tras responder se acerca nuevamente a mi, acortando la distancia que separan nuestros labios. Acaricia mi espalda, consiguiendo que me incorpore en la cama. Tira de mi camiseta con cuidado sin dejar de acariciar mi torso. Se deshace finalmente de la camiseta como desea desde un principio. Me dejo llevar por sus besos, acaricia mi piel. Rodea con sus brazos mi nuca sin dejar de besarme, poco a poco se va deshaciendo de mi ropa. La desnudo, aún no se muy por qué estoy haciendo esto. Cubrimos nuestros cuerpos únicamente con una fina sábana blanca, su respiración se agita a medida que el tiempo avanza, sus labios no se han separado de mi en ningún momento. Muerde el lóbulo de mi oreja cuidadosamente, suspira repetidas veces pero eso no es impedimento para que pare. Me hace suyo. Se tumba a mi lado y acaricia mi mano mientras apoya su cabeza en mi pecho.
–Pablo... -Me pregunta mientras incorpora un poco su cabeza.
–¿Me quieres?. -Esa pregunta me descoloca por completo. ¿Qué se supone que debo hacer? no puedo herirla así.
–Claro. -Digo con una sonrisa. ¿Pero qué demonios estoy haciendo? yo nunca he sido una persona así, nunca he mentido a la hora de mis sentimientos y me encuentro que ahora lo estoy haciendo, es horrible todo lo que se me pasa por la cabeza en estos instantes. Estamos así unos cuantos minutos, hasta que optamos por bajar a desayunar, desayunamos en silencio y sin la compañía de Marta. Bebe un sorbo de su vaso lleno de zumo de naranja, me mira y me sonríe repetidas veces. La devuelvo alguna que otra sonrisa hasta que me percato de la presencia de Marta. Se sienta a mi lado.
–Buenos días. -Dice seca mientras coge del plato una de las tostadas que habíamos pedido.
–¿Qué tal has dormido?. -Pregunto intentando llevar una digna conversación.
–Bien ¿y tú? ah... claro, tú seguro que bien ¿no?. -Me mira con una sonrisa irónica mientras que da un mordisco a la tostada.
–¿Puedes dejar de ser tan borde? ya está bien. -Le digo quizá alzando un poco la voz.
–¿De verdad crees que mereces un buen trato? ¿te recuerdo lo que le has hecho a mi mejor amiga?. -Me dice. Adriana nos mira sin entender nada.
–¡Ya está bien! no soporto esta situación más ¿te crees que es fácil? como siempre hablas sin saber, creía que tenía a una amiga que me apoyaría siempre pero me equivoco parece ser. -Me levanto de forma brusca y subo a la habitación bastante cabreado, Adriana no duda en seguirme. Me siento en la cama y comienzo a llorar de rabia, no aguanto mucho más tiempo este trato por parte de todos los que dicen quererme, vale que quizá no me haya sabido comportar con Aurora pero no merezco un trato así
–Pablo ¿qué está pasando?. -Pregunta Adriana nada más entrar en la habitación.
–¿Qué pasa de qué? no pasa nada. -Contesto borde.
–¿Por qué me tratas así? sólo intento ayudarte... -Me dice mientras se sienta en el suelo y empieza a llorar.
–Lo siento, yo no quería... -Siempre la cago con las personas que están conmigo, Adriana está siendo la persona que más me está ayudando y no merece un mal trato por mi parte.
–No pasa nada, comprendo que estés nervioso... -Me dice mientras se acerca a mi y me abraza.
–Adriana, no sé que va a ser de mi, de mi vida... no sé que pinto en este mundo la verdad. -Digo mientras fijo la mirada en el suelo.
–¿De qué hablas Pablo? no digas eso, me tienes a mi... -Se limpia las últimas lágrimas que descienden por sus mejillas y agarra mi cara.
–Voy a ser padre. -Digo mientras la miro. Su cara muestra asombro.
–¿Qué?. -Pregunta incrédula.
–Pues eso que... -No termino la frase.
–Te he entendido a la primera. ¿Piensas hacerte cargo de ese bebé?. -Me pregunta
–Sí. -Digo.
–Dudo que Aurora quiera que estés cerca de su hijo... buscará a alguien que te sustituya. -Me dice.
–Una cosa es lo que yo tenga con ella, y otra cosa muy diferente es el niño. -Digo serio.
–Yo no estaría tan segura...
Me tumbo en la cama, aprovecho para pensar a cerca de lo que he hablado con Adriana. Lo tengo claro, ese niño tendrá a su padre, no sé si sea tarde o no, pero al menos intentaré estar cerca de él. Me quedo dormido durante toda la tarde, sin ganas de salir. Adriana está acostada a mi lado mientras lee algunas revistas. Posa la revista en el suelo, se acerca a mi y me da un beso en los labios, queriendo llegar a más a medida que el beso se intensifica. La aparto de mi poco después.
–¿Me piensas dejar así?. -Me pregunta mientras se recoloca en la cama.
–No tengo ganas. -Digo seco.
–¿Ya está bien no Pablo? merezco un poco de tu atención creo yo, deja de pensar en esa estúpida de una maldita vez, no volverá contigo, dudo que te quiera. -Me dice convencida de esas repugnantes palabras que suelta por su boca.
–Cállate, no pienso permitir que la insultes y menos en mi cara, no tienes ni idea de nada. -Digo enfadado.
–Es la verdad Pablo, abre los malditos ojos de una puñetera vez... ¡no te quiere y no volverá contigo!. -Me dice alzando la voz. Por momentos juro que explotaría y diría un sin fin de cosas, pero prefiero callarme todo lo que pienso, por educación.
–No quiero escuchar más tonterías por tu parte, si no te importa... me voy a dar una vuelta, adiós. -Me levanto y me encamino hacia la calle intento calmarme. La dejo con la palabra en la boca, con esos aires que acabo de descubrir. A cada instante que pasa noto como mi vida empeora, nada funciona desde que no estamos juntos, no sé si pueda aguantar. Camino hacia un pequeño mirador, me quedo apoyado en la barandilla hasta que siento como una mano posa sobre mi espalda.
–Vaya... ¿tú también quieres discutir?. -Le pregunto a Marta, la cual está a mi lado.
–He escuchado la conversación, y si estoy aquí... no es por discutir. -Me dice serena.
–Perdóname por haberme puesto así contigo, se que tu única, sincera y buena intención es ayudarnos pero créeme que lo que estoy pasando, no se lo deseo a nadie. -Digo mientras me quedo mirando a la nada.
–Para empezar, deberías de dejar a esa lagarta, esa que está ahora mismo en tu habitación, esa que acaba de poner en duda los sentimientos de mi mejor amiga, además de sus insultos... -Me dice de brazos cruzados.
–Me estoy equivocando, en todo lo que hago... no debía haber empezado esta absurda relación, esta falsa. -Le explico mientras me sincero.
–Pablo, admite que con Aurora la has cagado, no has sido justo, la has dejado sola en España, esperando un hijo tuyo... lamentablemente cuando quieras darte cuenta de este error, ella estará con otro que si la valore. -Me dice.
–Tengo que admitirlo porque es la verdad, soy un cabrón, soy... -Comienzo a llorar de forma desconsolada cuando recuerdo que la he perdido para siempre por no saber comportarme.
–Shhh... ya está ¿vale? lo importante es que estás empezando a reconocerlo y eso te ayudará. -Me dice con una sonrisa.
–¿Ayudarme? en absoluto... la he perdido, para siempre.
–Si luchas por ella, la vas a tener de vuelta... pero... -Hace una pequeña pausa. -¿Estás dispuesto a cuidar de ese bebé que está creciendo en su interior?. -Me pregunta.
–Por supuesto, me arrepiento de no haber hecho las cosas bien desde un principio, de no estar con ella cuidándola cuando más me necesita.
–No te lo niego... no será tarea fácil, Aurora está bastante decepcionada pero yo... -Hace una nueva pausa. -Te ayudaré. -Una sonrisa se dibuja en mi cara cuando escucho esas palabras de su boca.
–¿Tú? pero si... no me he comportado contigo tampoco como te mereces. -Le digo.
–Olvidalo, y perdóname tú a mi también por haber sido tan borde contigo. -Se disculpa y me abraza.
–Somos unos bordes. -Bromeo y se ríe.
–¿Te apetece que vayamos a cenar? ahí podré explicarte tranquilamente lo que haremos. -Me dice con una sonrisa.
–Claro, vamos. -Nos levantamos y vamos a cenar, sin Adriana, la cual imagino que esté echa como auténtica fiera en la habitación.
17.10.13
Cap. 94: Mereces ser feliz con o sin él
Narrado por Aurora:
Llevo a Sofía al colegio como me pidió, de vuelta a casa reflexiono hasta llegar a la conclusión de salir a buscar un empleo. Llego a casa, me meto en la ducha intentando alejarme de todo lo relacionado con él. Me visto adecuadamente para salir a buscar empleo. Pantalones pitillo vaqueros, camiseta blanca, americana negra y unas sandalias con un poco de tacón, dejo la melena suelta. Doy un beso a Elena y a Casi y me encamino hacia la calle, intento mantenerme fuerte. No puedo arrancarle de mi mente un solo minuto, han pasado los días, supongo que esté en Argentina. Una lágrima se desliza por mis mejillas cuando pienso en él, lágrimas que no merece por mi parte. Me las limpio con rabia y sigo camianando hacia el hospital de Málaga. Entro por la puerta, pido una cita con el director de este, no ponen pega. Espero sentada en una pequeña sala, me tiemblan las piernas. Poco después la secretaria me informa de que ya puedo pasar dentro. Me siento con cuidado en una de las sillas que se encuentran allí.
–Buenos días. -Me dice un hombre de unos cincuenta años que se encuentra al otro lado de la mesa. Me mira.
–Hola, buenos días. -Contesto nerviosa.
–¿En qué puedo ayudarla?. -Me dice amablemente mientras pone las manos sobre la mesa.
–Verá... si estoy aquí es para buscar trabajo. -Digo el doble de nervioso.
–La cosa está bastante complicada, estamos bastante completos en la plantilla y es posible que no necesitemos más personal pero... ¿ha traído algún currículum?. -Me dice.
–Sí, aquí tiene. -Le tiendo la hoja, se coloca las gafas que cuelga al cuello y lo observa mientras asienta con la cabeza. -A si que... hace poco terminó la carrera de Anatomía ¿no?. -Me dice mientras deja la hoja sobre la mesa.
–Así es, hace unos meses que estoy titulada en ella. -Le explico.
–Tenemos un puesto vacante, pero no sé si le interese. -Hace una pequeña pausa. -Su posible puesto sería analizar muestras de pacientes en el laboratorio, es decir científica. Una sonrisa se dibuja en mi cara.
–¡Claro que me interesa!. -Digo entusiasmada.
–El puesto es casi tuyo entonces, debo concretar unas cosas pero cuenta con ello. -Me dice.
–Muchas gracias, de verdad. -Me levanto.
–En las próximas horas la llamaré para confirmárselo y para fijar una cita para firmar los papeles del contrato. -Se levanta, me da la mano, vuelvo a agradecerselo y salgo por la puerta.
Vuelvo a casa, les saludo a todos, me subo a la habitación y decido ponerme algo de ropa más cómoda que la que llevo para andar por casa. Es hora de comer a si que ayudo a Elena a preparar la comida.
–Que contentas has venido. -Me dice.
–Ya era hora... si estoy así es porque he conseguido un trabajo, aunque todavía está por verse si finalmente me cogen o no... -Le digo.
–¿Crees? yo creo que si que será tuyo, eres una excelente persona y no dudarán en contratarte. -Se acerca y me abraza.
–Gracias por todo lo que haces por mi, eres genial Elena. -La doy otro abrazo y continuamos preparando la comida. Puesto que hoy estamos todos a comer, ponemos la mesa y nos sentamos a comer la deliciosa comida que ha preparado. Elena como de costumbre no me permite ayudarla y me manda a descansar a la habitación. Me tumbo en la cama mientras acaricio mi tripa, pensar que un ser está creciendo en mi interior me hace muy feliz. Es demasiado pronto pero muero de ganas por saber cual es el sexo del bebé, a penas se me nota ya que estoy de unas semanas solamente. Me quedo dormida hasta que el sonido de mi móvil me despierta, es Marta.
–¡Cielo! ¿cómo estáis?. -Me pregunta dulcemente.
–Cariño, bien... los dos estamos bien. -Río. -¿Cómo van las cosas por allí?. -Pregunto temblorosa.
–Las cosas por aquí bien... ya sabes, de un lado a otro. -Me dice. No sé porque pero noto como si me estaría mintiendo.
–Me alegro... -Digo.
–¿Y por allí?. -Me pregunta ella.
–Bueno... tirando, al menos he encontrado un trabajo,o eso creo. -Le digo.
–No sabes cuanto me alegro, eso ayudará a que cabeza no pienses en... -No pronuncia su nombre.
–Eso espero, necesito arrancarmelo de la mente pero sobre todo de mi corazón, a día de hoy sigue viviendo en él. -Le digo.
–Pronto verás una nueva luz, estoy segura... -Me intenta animar.
–Gracias mi niña, tengo que dejarte ¿vale? un beso enorme. -Le digo. Acto seguido cuelgo el teléfono para intentar descansar, suena mi teléfono.
–¿Aurora Torres?. -Me preguntan al otro lado del teléfono.
–Sí, soy yo. -Afirmo.
–Soy el director del hospital, ¿recuerda que la dije que la llamaría?. -Formula.
–Ahá, lo recuerdo perfectamente. -Digo.
–Pues he de decirla que el puesto es suyo, empieza mañana a las ocho de la mañana ¿hay algún problema con el horario fijado?. -Me pregunta.
–En absoluto, esa hora está perfecta... muchísimas gracias por la oportunidad. -Agradezco.
–No tiene que darlas, antes de entrar a trabajar me gustaría que pasase a firmar el contrato ¿es posible?. -Me pregunta.
–Por supuesto, allí estaré, hasta mañana. -Cuelgo el teléfono. Una enorme sonrisa se dibuja en mi cara ante la noticia, por fin una buena noticia después de tanto sufrimiento.
Bajo rápidamente a dar la noticia al resto, los cuales se encuentran aún sentados alrededor de la mesa.
–¡El trabajo es mío!. -Le digo a Elena eufórica.
–¡Te lo dije! cuanto me alegro... -Me dice mientras se levanta de la silla para darme uno de sus abrazos.
–Enhorabuena Aurora, te lo mereces. -Me dice Casi.
–Muchas gracias Casi. -Le agradezco.
–Eso es una muy buena noticia Aurora. -Me dice Salvador. Todos parecen contentos con la noticia.
Regreso a la habitación para llamar a mi madre, con todo este revuelo no he tenido tiempo de contarla nada de lo sucedido.
–Hola mamá ¿qué tal estáis tú y papá?. -Pregunto. -Yo... bueno, no atravieso muy buenos momentos que digamos, mamá... no estoy con Pablo, lo hemos dejado hace unos días. -Una lágrima se desliza por mis mejillas llevándose la poca felicidad que asomaba hoy en mi. -Mamá, si me ha dejado ha sido por mi embarazo, sí estoy embarazada. -Hace una pequeña pausa, no parece contenta frente a la noticia de haberlo dejado con él, pero en cuanto la cuento sobre mi embarazo se vuelve loca de felicidad. -Lo sé mamá, tengo que cuidarme por mi y por mi hijo. -Hago una pequeña pausa y continúo. -¿Aplazar la boda? pero mamá... no tienes porque hacerlo por mi, es vuestra felicidad y no puedo permitirlo. Está bien... gracias por estar conmigo en estos momentos tan duros mamá, eres un gran apoyo, adiós mamá, un beso. -Me despido de mi madre con la noticia de que aplazará la boda hasta que las aguas vuelvan a su cauce, muy a mi pesar.
¿Pero por qué vuelven a mi todos esos malditos recuerdos? antes me parecían momentos preciosos que recordar, ahora me parece una tortura todo lo relacionado con él. Cojo mi móvil y acabo cayendo en la tentación de mirar nuestras fotos, una mezcla de rabia y dolor se apodera de mi haciendo que acabe tirando el móvil contra el suelo. No puedo más con esta maldita situación que me tortura cada día, tengo que cambiar mi vida como supongo que él lo hará, si es que no lo ha hecho ya. Me quedo unos minutos en silencio mientras que mi cara y mis ojos se inundan de lágrimas hasta que la puerta se abre. Se trata de Ángela.
–Estoy en la habitación de al lado y te he escuchado como tirabas el móvil al suelo, me imagino el motivo... -Me dice. -No voy a permitir que sigas sufriendo de esta manera, esta noche saldremos a dar una vuelta para que te animes un poco ¿vale?. -Se acerca y cariñosamente me da un beso en la frente.
–No tengo ganas, simplemente tengo ganas de llorar, llorar y llorar... -Digo mientras me incorporo en la cama.
–Pues tienes que sacar las ganas de donde sea, no puedes estar así día y noche, no merece tus lágrimas.
–Lo sé, pero no es fácil olvidar a alguien a quien has querido y quieres a pesar de todo con todo el alma.
–Aurora, no te ha valorado, si lo habría hecho estaría aquí intentando solucionar todo esto y ayudandote con todo el embarazo, en cambio está en Argentina haciendo dios sabe qué. -Me dice seria intentando que abra los ojos.
–Gracias una vez por abrirme los ojos. -Le digo intentando sacar una pequeña sonrisa.
–Ponte guapa esta noche, aunque bueno... ya lo eres. -Ríe consiguiendo que yo también lo haga después de días llenos de llanto. Se despide mientras me da un beso, puesto que es pronto me tumbo otro rato en la cama para relajarme, me quedo dormida unos cuantos minutos. Abro los ojos, es algo pronto a si que decido bajar al salón, allí está la pequeña Sofía, la persona que más ha conseguido que sonría durante estos días atrás.
–¿Has merendado cielo?. -La pregunto mientras que me pongo de rodillas para quedar a su altura.
–No, mamá me ha dicho que enseguida me traerá algo. -Me dice mientras deja un lápiz sobre la mesa.
–¿Quieres que la tita te haga un bocata de nutella?. -La pregunto.
–Vale tita. -Me dice con una sonrisa.
–Ven aquí pequeñaja. -Digo mientras la cojo en brazos.
–Tengo muchas ganas de ver a mi primito tita, si es niña podremos jugar juntas a las muñecas. -Me dice risueña. Una carcajada sale por mi boca ante su comentario.
–Claro que sí cielo, pero para eso aún queda ¿eh?. -Digo mientras acaricio su mejilla. Llegamos a la cocina y la preparo un pequeño bocadillo de nocilla, no duda en darle un mordisco consiguiendo marcharse la comisura de la boca y a la vez su pequeña nariz.
–¿Está rico?. -Pregunto mientras la limpio lo que se ha ensuciado.
–Mucho. -Me dice mientras vuelve corriendo al salón. Regreso al sofá con ella, la ayudo a terminar las tareas y después subo a darme una ducha para salir a dar una vuelta con Ángela.
Revuelvo la maleta hasta dar con algo que me guste, escojo algo sencillo, una camiseta blanca y unos pantalones de pitillo rojos junto a unos zapatos de tacón, me maquillo un poco y me recojo el pelo con un prendedor. Son las nueve de la noche, nos despedimos de Casi y Elena y nos vamos hacia la calle. Caminamos sin prisas disfrutando de la buena temperatura que hace en la calle, finalmente llegamos a un pub, a estas horas no hay demasiada gente pero tampoco está vacío. Me siento en una mesa mientras que Ángela se encarga de pedir las bebidas. Observo como a la otra punta del pub hay un chico moreno, alto, delgado, ojos marrones... bastante guapo, no me quita la mirada y de vez en cuando me sonríe. Ángela se percata de ello.
–¿Tú has visto como te está clavando la mirada?. -Me pregunta Ángela mientras deja las bebidas sobre la mesa.
–No seas exagerada por favor, seguro que me está mirando porque le resulto conocida. -Digo.
–Si, si... tú dirás lo que quieras, pero ese te está mirando mucho. -Dice. Le miro y sigue mirandome. -¿Por qué no vas donde él?. -Me dice Ángela.
–¡Ángela! no es oportuno. -Le digo en un susurro.
–¿Qué no es oportuno? yo pienso que sí... -Me dice. -Ven aquí. -Se levanta y tira de mi hacia donde está él. -Voy un momento al servicio. Me deja allí plantada frente a él sin saber que hacer o decir. -Te mato. -La digo en un susurro.
–Hola. -Me dice amablemente.
–¿Qué tal?. -Le saludo.
–Bien... supongo. -Digo sin saber muy bien de que hablar con él.
–¿Te puedo dar dos besos?. -Me pregunta.
–Claro, soy Aurora. -Le doy dos besos y veo como desde la otra punta Ángela se ríe, se sienta en la mesa donde anteriormente hemos estado.
–Encantado Aurora, yo soy Hugo. -Hace una breve pausa. -¿Vives cerca?. -Me pregunta, a continuación bebe de su vaso.
–Sí, bastante cerca. -Le digo nerviosa.
–Y... ¿a qué te dedicas?. -Me pregunta mientras me mira fijamente.
–Soy científica, mañana mismo empiezo a trabajar. -Le digo. -¿Y tú?. -Pregunto tras una pequeña pausa.
–Ese es un bonito trabajo... yo soy periodista. -Me dice con una sonrisa.
–Uau, que bonita profesión. -Le digo. Hablamos un rato más hasta que recibe una llamada que hace que se tenga que ir.
–Lo siento, tengo que irme pero... me gustaría volver a verte. -Me quedo impresionada ante su comentario. -¿Te apetece que nos veamos otro día?. -Me pregunta directamente.
–Claro. -Le digo. Me coge el móvil de la mano y apunta mi móvil.
–¿Te llamo vale?. -Me devuelve el móvil, me da un beso y se despide de mi. En ese preciso instante Ángela viene rápidamente hacia mi.
–Madre mía... la que no quería hablar con él. -Me dice.
–No me has dejado más remedio, me has dejado sola aquí y muerta de vergüenza.
–¿Habéis quedado?. -Me pregunta.
–Sí, pero... no sé, creo que no debería. -Digo confundida.
–¿Por qué no? mereces conocer a otra gente, te mereces ser feliz con o sin él. -Me dice.
–Un momento... no equivoquemos las cosas, no quiero nada con nadie, he aceptado por puro compromiso.
–Que cabezota eres... -Me dice moviendo la cabeza.
Acabamos las bebidas y volvemos a casa, tengo una sensación bastante rara. No pronuncio palabra alguna por el camino. Regresamos a casa, me descalzo nada más poner un pie dentro de casa ya que los zapatos me han dejado los pies molidos, son las tantas de la madrugada, nadie se mantiene despierto... subo a la habitación con cuidado intentando hacer el menos ruido posible, me encierro en la habitación, me pongo el pijama y me siento en la cama después de un día bastante extraño.
Llevo a Sofía al colegio como me pidió, de vuelta a casa reflexiono hasta llegar a la conclusión de salir a buscar un empleo. Llego a casa, me meto en la ducha intentando alejarme de todo lo relacionado con él. Me visto adecuadamente para salir a buscar empleo. Pantalones pitillo vaqueros, camiseta blanca, americana negra y unas sandalias con un poco de tacón, dejo la melena suelta. Doy un beso a Elena y a Casi y me encamino hacia la calle, intento mantenerme fuerte. No puedo arrancarle de mi mente un solo minuto, han pasado los días, supongo que esté en Argentina. Una lágrima se desliza por mis mejillas cuando pienso en él, lágrimas que no merece por mi parte. Me las limpio con rabia y sigo camianando hacia el hospital de Málaga. Entro por la puerta, pido una cita con el director de este, no ponen pega. Espero sentada en una pequeña sala, me tiemblan las piernas. Poco después la secretaria me informa de que ya puedo pasar dentro. Me siento con cuidado en una de las sillas que se encuentran allí.
–Buenos días. -Me dice un hombre de unos cincuenta años que se encuentra al otro lado de la mesa. Me mira.
–Hola, buenos días. -Contesto nerviosa.
–¿En qué puedo ayudarla?. -Me dice amablemente mientras pone las manos sobre la mesa.
–Verá... si estoy aquí es para buscar trabajo. -Digo el doble de nervioso.
–La cosa está bastante complicada, estamos bastante completos en la plantilla y es posible que no necesitemos más personal pero... ¿ha traído algún currículum?. -Me dice.
–Sí, aquí tiene. -Le tiendo la hoja, se coloca las gafas que cuelga al cuello y lo observa mientras asienta con la cabeza. -A si que... hace poco terminó la carrera de Anatomía ¿no?. -Me dice mientras deja la hoja sobre la mesa.
–Así es, hace unos meses que estoy titulada en ella. -Le explico.
–Tenemos un puesto vacante, pero no sé si le interese. -Hace una pequeña pausa. -Su posible puesto sería analizar muestras de pacientes en el laboratorio, es decir científica. Una sonrisa se dibuja en mi cara.
–¡Claro que me interesa!. -Digo entusiasmada.
–El puesto es casi tuyo entonces, debo concretar unas cosas pero cuenta con ello. -Me dice.
–Muchas gracias, de verdad. -Me levanto.
–En las próximas horas la llamaré para confirmárselo y para fijar una cita para firmar los papeles del contrato. -Se levanta, me da la mano, vuelvo a agradecerselo y salgo por la puerta.
Vuelvo a casa, les saludo a todos, me subo a la habitación y decido ponerme algo de ropa más cómoda que la que llevo para andar por casa. Es hora de comer a si que ayudo a Elena a preparar la comida.
–Que contentas has venido. -Me dice.
–Ya era hora... si estoy así es porque he conseguido un trabajo, aunque todavía está por verse si finalmente me cogen o no... -Le digo.
–¿Crees? yo creo que si que será tuyo, eres una excelente persona y no dudarán en contratarte. -Se acerca y me abraza.
–Gracias por todo lo que haces por mi, eres genial Elena. -La doy otro abrazo y continuamos preparando la comida. Puesto que hoy estamos todos a comer, ponemos la mesa y nos sentamos a comer la deliciosa comida que ha preparado. Elena como de costumbre no me permite ayudarla y me manda a descansar a la habitación. Me tumbo en la cama mientras acaricio mi tripa, pensar que un ser está creciendo en mi interior me hace muy feliz. Es demasiado pronto pero muero de ganas por saber cual es el sexo del bebé, a penas se me nota ya que estoy de unas semanas solamente. Me quedo dormida hasta que el sonido de mi móvil me despierta, es Marta.
–¡Cielo! ¿cómo estáis?. -Me pregunta dulcemente.
–Cariño, bien... los dos estamos bien. -Río. -¿Cómo van las cosas por allí?. -Pregunto temblorosa.
–Las cosas por aquí bien... ya sabes, de un lado a otro. -Me dice. No sé porque pero noto como si me estaría mintiendo.
–Me alegro... -Digo.
–¿Y por allí?. -Me pregunta ella.
–Bueno... tirando, al menos he encontrado un trabajo,o eso creo. -Le digo.
–No sabes cuanto me alegro, eso ayudará a que cabeza no pienses en... -No pronuncia su nombre.
–Eso espero, necesito arrancarmelo de la mente pero sobre todo de mi corazón, a día de hoy sigue viviendo en él. -Le digo.
–Pronto verás una nueva luz, estoy segura... -Me intenta animar.
–Gracias mi niña, tengo que dejarte ¿vale? un beso enorme. -Le digo. Acto seguido cuelgo el teléfono para intentar descansar, suena mi teléfono.
–¿Aurora Torres?. -Me preguntan al otro lado del teléfono.
–Sí, soy yo. -Afirmo.
–Soy el director del hospital, ¿recuerda que la dije que la llamaría?. -Formula.
–Ahá, lo recuerdo perfectamente. -Digo.
–Pues he de decirla que el puesto es suyo, empieza mañana a las ocho de la mañana ¿hay algún problema con el horario fijado?. -Me pregunta.
–En absoluto, esa hora está perfecta... muchísimas gracias por la oportunidad. -Agradezco.
–No tiene que darlas, antes de entrar a trabajar me gustaría que pasase a firmar el contrato ¿es posible?. -Me pregunta.
–Por supuesto, allí estaré, hasta mañana. -Cuelgo el teléfono. Una enorme sonrisa se dibuja en mi cara ante la noticia, por fin una buena noticia después de tanto sufrimiento.
Bajo rápidamente a dar la noticia al resto, los cuales se encuentran aún sentados alrededor de la mesa.
–¡El trabajo es mío!. -Le digo a Elena eufórica.
–¡Te lo dije! cuanto me alegro... -Me dice mientras se levanta de la silla para darme uno de sus abrazos.
–Enhorabuena Aurora, te lo mereces. -Me dice Casi.
–Muchas gracias Casi. -Le agradezco.
–Eso es una muy buena noticia Aurora. -Me dice Salvador. Todos parecen contentos con la noticia.
Regreso a la habitación para llamar a mi madre, con todo este revuelo no he tenido tiempo de contarla nada de lo sucedido.
–Hola mamá ¿qué tal estáis tú y papá?. -Pregunto. -Yo... bueno, no atravieso muy buenos momentos que digamos, mamá... no estoy con Pablo, lo hemos dejado hace unos días. -Una lágrima se desliza por mis mejillas llevándose la poca felicidad que asomaba hoy en mi. -Mamá, si me ha dejado ha sido por mi embarazo, sí estoy embarazada. -Hace una pequeña pausa, no parece contenta frente a la noticia de haberlo dejado con él, pero en cuanto la cuento sobre mi embarazo se vuelve loca de felicidad. -Lo sé mamá, tengo que cuidarme por mi y por mi hijo. -Hago una pequeña pausa y continúo. -¿Aplazar la boda? pero mamá... no tienes porque hacerlo por mi, es vuestra felicidad y no puedo permitirlo. Está bien... gracias por estar conmigo en estos momentos tan duros mamá, eres un gran apoyo, adiós mamá, un beso. -Me despido de mi madre con la noticia de que aplazará la boda hasta que las aguas vuelvan a su cauce, muy a mi pesar.
¿Pero por qué vuelven a mi todos esos malditos recuerdos? antes me parecían momentos preciosos que recordar, ahora me parece una tortura todo lo relacionado con él. Cojo mi móvil y acabo cayendo en la tentación de mirar nuestras fotos, una mezcla de rabia y dolor se apodera de mi haciendo que acabe tirando el móvil contra el suelo. No puedo más con esta maldita situación que me tortura cada día, tengo que cambiar mi vida como supongo que él lo hará, si es que no lo ha hecho ya. Me quedo unos minutos en silencio mientras que mi cara y mis ojos se inundan de lágrimas hasta que la puerta se abre. Se trata de Ángela.
–Estoy en la habitación de al lado y te he escuchado como tirabas el móvil al suelo, me imagino el motivo... -Me dice. -No voy a permitir que sigas sufriendo de esta manera, esta noche saldremos a dar una vuelta para que te animes un poco ¿vale?. -Se acerca y cariñosamente me da un beso en la frente.
–No tengo ganas, simplemente tengo ganas de llorar, llorar y llorar... -Digo mientras me incorporo en la cama.
–Pues tienes que sacar las ganas de donde sea, no puedes estar así día y noche, no merece tus lágrimas.
–Lo sé, pero no es fácil olvidar a alguien a quien has querido y quieres a pesar de todo con todo el alma.
–Aurora, no te ha valorado, si lo habría hecho estaría aquí intentando solucionar todo esto y ayudandote con todo el embarazo, en cambio está en Argentina haciendo dios sabe qué. -Me dice seria intentando que abra los ojos.
–Gracias una vez por abrirme los ojos. -Le digo intentando sacar una pequeña sonrisa.
–Ponte guapa esta noche, aunque bueno... ya lo eres. -Ríe consiguiendo que yo también lo haga después de días llenos de llanto. Se despide mientras me da un beso, puesto que es pronto me tumbo otro rato en la cama para relajarme, me quedo dormida unos cuantos minutos. Abro los ojos, es algo pronto a si que decido bajar al salón, allí está la pequeña Sofía, la persona que más ha conseguido que sonría durante estos días atrás.
–¿Has merendado cielo?. -La pregunto mientras que me pongo de rodillas para quedar a su altura.
–No, mamá me ha dicho que enseguida me traerá algo. -Me dice mientras deja un lápiz sobre la mesa.
–¿Quieres que la tita te haga un bocata de nutella?. -La pregunto.
–Vale tita. -Me dice con una sonrisa.
–Ven aquí pequeñaja. -Digo mientras la cojo en brazos.
–Tengo muchas ganas de ver a mi primito tita, si es niña podremos jugar juntas a las muñecas. -Me dice risueña. Una carcajada sale por mi boca ante su comentario.
–Claro que sí cielo, pero para eso aún queda ¿eh?. -Digo mientras acaricio su mejilla. Llegamos a la cocina y la preparo un pequeño bocadillo de nocilla, no duda en darle un mordisco consiguiendo marcharse la comisura de la boca y a la vez su pequeña nariz.
–¿Está rico?. -Pregunto mientras la limpio lo que se ha ensuciado.
–Mucho. -Me dice mientras vuelve corriendo al salón. Regreso al sofá con ella, la ayudo a terminar las tareas y después subo a darme una ducha para salir a dar una vuelta con Ángela.
Revuelvo la maleta hasta dar con algo que me guste, escojo algo sencillo, una camiseta blanca y unos pantalones de pitillo rojos junto a unos zapatos de tacón, me maquillo un poco y me recojo el pelo con un prendedor. Son las nueve de la noche, nos despedimos de Casi y Elena y nos vamos hacia la calle. Caminamos sin prisas disfrutando de la buena temperatura que hace en la calle, finalmente llegamos a un pub, a estas horas no hay demasiada gente pero tampoco está vacío. Me siento en una mesa mientras que Ángela se encarga de pedir las bebidas. Observo como a la otra punta del pub hay un chico moreno, alto, delgado, ojos marrones... bastante guapo, no me quita la mirada y de vez en cuando me sonríe. Ángela se percata de ello.
–¿Tú has visto como te está clavando la mirada?. -Me pregunta Ángela mientras deja las bebidas sobre la mesa.
–No seas exagerada por favor, seguro que me está mirando porque le resulto conocida. -Digo.
–Si, si... tú dirás lo que quieras, pero ese te está mirando mucho. -Dice. Le miro y sigue mirandome. -¿Por qué no vas donde él?. -Me dice Ángela.
–¡Ángela! no es oportuno. -Le digo en un susurro.
–¿Qué no es oportuno? yo pienso que sí... -Me dice. -Ven aquí. -Se levanta y tira de mi hacia donde está él. -Voy un momento al servicio. Me deja allí plantada frente a él sin saber que hacer o decir. -Te mato. -La digo en un susurro.
–Hola. -Me dice amablemente.
–¿Qué tal?. -Le saludo.
–Bien... supongo. -Digo sin saber muy bien de que hablar con él.
–¿Te puedo dar dos besos?. -Me pregunta.
–Claro, soy Aurora. -Le doy dos besos y veo como desde la otra punta Ángela se ríe, se sienta en la mesa donde anteriormente hemos estado.
–Encantado Aurora, yo soy Hugo. -Hace una breve pausa. -¿Vives cerca?. -Me pregunta, a continuación bebe de su vaso.
–Sí, bastante cerca. -Le digo nerviosa.
–Y... ¿a qué te dedicas?. -Me pregunta mientras me mira fijamente.
–Soy científica, mañana mismo empiezo a trabajar. -Le digo. -¿Y tú?. -Pregunto tras una pequeña pausa.
–Ese es un bonito trabajo... yo soy periodista. -Me dice con una sonrisa.
–Uau, que bonita profesión. -Le digo. Hablamos un rato más hasta que recibe una llamada que hace que se tenga que ir.
–Lo siento, tengo que irme pero... me gustaría volver a verte. -Me quedo impresionada ante su comentario. -¿Te apetece que nos veamos otro día?. -Me pregunta directamente.
–Claro. -Le digo. Me coge el móvil de la mano y apunta mi móvil.
–¿Te llamo vale?. -Me devuelve el móvil, me da un beso y se despide de mi. En ese preciso instante Ángela viene rápidamente hacia mi.
–Madre mía... la que no quería hablar con él. -Me dice.
–No me has dejado más remedio, me has dejado sola aquí y muerta de vergüenza.
–¿Habéis quedado?. -Me pregunta.
–Sí, pero... no sé, creo que no debería. -Digo confundida.
–¿Por qué no? mereces conocer a otra gente, te mereces ser feliz con o sin él. -Me dice.
–Un momento... no equivoquemos las cosas, no quiero nada con nadie, he aceptado por puro compromiso.
–Que cabezota eres... -Me dice moviendo la cabeza.
Acabamos las bebidas y volvemos a casa, tengo una sensación bastante rara. No pronuncio palabra alguna por el camino. Regresamos a casa, me descalzo nada más poner un pie dentro de casa ya que los zapatos me han dejado los pies molidos, son las tantas de la madrugada, nadie se mantiene despierto... subo a la habitación con cuidado intentando hacer el menos ruido posible, me encierro en la habitación, me pongo el pijama y me siento en la cama después de un día bastante extraño.
16.10.13
Cap. 93: Ella, mi principal pensamiento antes de dormir y al despertar cada día
Narrado por Pablo:
La alarma de mi móvil suena a las seis y media de la mañana, tengo escasa media hora para arreglarme y ultimar cosas aquí. Me visto, desayuno algo rápido y minutos despúes alguien llama al timbre, supongo que es Marta. Intento darla dos besos pero rápidamente me esquiva.
–Vaya... veo que nos vamos enfadados a Argentina. -Digo de brazos cruzados una vez que pasa dentro.
–¿Nos podemos ir ya?. -Me dice con un toque de bordería.
–Eres mi mejor amiga, y no me gustaría perderte a ti también, por favor... -Le digo. Se queda pensativa y esboza una sonrisa, en ese preciso instante alguien llama al timbre, me temo que la tranquilidad se acabará cuando Adriana entre por esa puerta y se sepa todo. Abro la puerta tembloroso, Marta se queda mirando paciente por saber quien es. Al abrir la puerta y sin dudar se abalanza sobre mi y me besa con pasión.
–Hola cariño. -Me dice con una gran sonrisa tras separarse por unos segundos de mis labios. Miro a Marta y además de una cara de asombro muestra un gran enfado.
–Hola. -La digo soso y sin quitar ojo a Marta que a cada segundo que pasa más se enfada.
–Pablo, ¿podemos hablar un momento a solas por favor? la sigo hasta el salón. -¿Me puedes explicar que narices estás haciendo Pablo?. -Me dice alzando la voz.
–Nada malo que yo sepa, supongo que ella hará lo mismo en su día ¿no?. -Digo.
–No entiendes nada Pablo, nada... y tú eres el que también esta sufriendo ¿no?. -Me dice irónicamente.
–Por supuesto que sufro, no tienes ni idea de nada de lo que estoy pasando. -Le digo enfadado.
–De acuerdo, haz lo que te de la gana, solo espero que el motivo de ver sus maletas ahí sean porque se va de viaje o algo por el estilo. -Me dice.
–Viajará a Argentina con nosotros. -Le digo temiendo su respuesta.
–¿¡Qué!? estás de broma ¿verdad?. -Me pregunta incrédula.
–No, hablo completamente en serio, ella viene también. -Le digo enfadado.
–Vale, ella viajará pero a mi no me dirijas la palabra en todo el viaje, vámonos. -Me dice aún más enfadada. Volvemos al salón y Adriana está sentada en uno de los sillones.
–¡Hola! ¿tú eres la manager de Pablo?. -Le pregunta Adriana a Marta.
–Hasta hace unos días además de manager era su amiga, su mejor amiga, o eso creo. -Dice en tono borde mientras me mira de malas maneras. Adriana me mira extrañada pero no responde.
–¿Nos podemos ir ya por favor? -Pregunto intentando cortar este desastre de conversación.
Marta conduce hasta el aeropuerto, arreglamos los papeles para el vuelo y esperamos. Se produce un incómodo silencio. Adriana de vez en cuando me besa y la cara de Marta no es demasiado buena, mira hacia otro lado. Adriana nos deja solos un momento ya que decide ir al kiosko a por unas revistas.
–Te podrías cortar un poco ¿no? -Me dice enfadada.
–¿Por qué? ¿es algo malo lo que estoy haciendo? a fin de cuentas somos novios. -Le digo.
–Mira Pablo... tengamos la fiesta en paz ¿si? una vez que estés esta noche en la habitación con ella podrás hacer lo que te de la real gana, pero delante de mi no. -Me dice enfadada.
Vuelve Adriana y en ese preciso momento nos avisan de que el vuelo destino Argentina saldrá en unos minutos. Subimos al avión y me siento con Adriana, Marta se sienta en otros asientos separados de nosotros. El vuelo transcurre tranquilo, nada fuera de lo normal, excepto las horas que se me hacen eternas. Entre unas cosas y otras llegamos al aeropuerto de Argentina a las once de la noche, cogemos las maletas y nos encaminamos a un restaurante del hotel, pese a que Marta no quería sentarse con nosotros en la mesa, logro convencerla, cenamos algo ligero y me empeño en pagar la cuenta.
–He dicho que pago yo. -Le digo a Marta.
–No es necesario, prefiero pagarme lo mio yo solita. -Me dice.
–Amor, si ella quiere pagarlo dejala ¿no crees?. -Me dice Adriana. La cara de Marta es un poema, no la traga. Finalmente paga ella su cena. Subimos a la habitación, me doy un baño y me pongo el pijama. Siento como unas manos rodean mi cintura.
–¿Por qué te pones el pijama?. -Me dice Adriana.
–Porque me voy a ir a dormir ya. -Le digo.
–Creo que estás mejor sin esto. -Me quita la camiseta y me besa apasionadamente. La aparto de mis labios.
–Adriana... -Le digo intentando esquivar su juego.
–Tenemos que celebrar ¿no?. -Me dice mientras acaricia mi espalda. Me vuelve a besar de manera descontrolada mientras acaricia con sus manos mi torso. No sé porque no me niego, la cuestión es que me dejo llevar por sus caricias sobre mi piel, me tumba sobre la cama dejandome aprisionado contra su cuerpo. No me opongo, desliza sus manos por todo mi cuerpo, deja sus manos sobre mi cintura, me mira y continúa besandome. En mi cabeza tengo la imagen de Aurora, me imagino que es ella quien se encuentra entre mis brazos en estos momentos y no Adriana. Se deshace de mi pijama poco a poco y con ganas, cosa que por mi parte es todo lo contrario. Su respiración se agita con el paso del tiempo. Nos quedamos desnudos, siento su calor ajeno, el cual no es de mi agrado porque en mi mente y en mi corazón está otra persona, sin prisas acaba haciendome suyo. Se tumba a mi lado, no la presto atención.
–Juntos seremos muy felices Pablo. -Me dice. ¿Felices? ni si quiera se porque estoy con una persona a la que no quiero, a la que no deseo y a la que no le pertenece mi corazón. No respondo puesto que no quiero mentir. Me quedo dormido mientras pienso en que hará, si estará bien...
Al despertar Adriana me abraza con fuerza mientras que se sienta sobre mi torso y besa mis labios. La devuelvo el beso, me ducho y poco después bajamos a desayunar. Esta noche tocaré en Argentina, tengo que sacar fuerzas de donde sea. Nos montamos en la furgoneta que nos llevará al recinto, me refugio en mi propio mundo, Adriana se muestra feliz, me agarra de la mano. Llegamos al recinto, saludo al equipo de allí, me indican que debo de hacer la prueba de sonido. Así lo hago, entro al lugar donde será el concierto, es un sitio precioso, al aire libre. La banda se prepara para comenzar la prueba, me dejo las gafas puestas y me pongo frente al micro. Cantamos un par de canciones, ''Quién'' y ''Tanto'' las que más consiguen que me acuerde ella, una lágrima se desliza por mis mejillas, por suerte nadie se da cuenta de ello. Finalizamos la prueba de sonido, todo va perfecto. Vamos a comer todos juntos, todos parecen contentos por el hecho de estar aquí. Me siento al lado de Marta, poso mi mano en su hombro intentando suavizar su enfado. Me acerco a ella y le susurro bajo la mirada llena de celos de Adriana.
–¿No piensas perdonarme nunca? echo de menos muchas cosas... -Le digo. Me mira, esboza una sonrisa pero en cuanto Adriana se levanta y viene hacia mi, se esfuma su sonrisa.
–¿No crees que ella tiene bastante que ver en que mi cabreo haya aumentado?. -Me dice.
–Tengo que explicarte muchas cosas, me gustaría hablar contigo ¿puede ser?. -Mira su teléfono, no responde ni para bien ni para mal. Finalmente responde.
–Quizá, después, pero... sin ella. -La mira.
Pagamos la cuenta de la comida, volvemos al hotel para descansar un rato hasta la hora del concierto. Me quedo dormido, Adriana está a mi lado. Me despierto, me cambio de ropa, Adriana hace lo mismo. Me pongo una camisa vaquera acompañada de una corbata negra, un pantalón negro y unos nos zapatos. Poco después alguien golpea la puerta de la habitación, se trata de Marta. Me da dos besos y ante su reacción me quedo sorprendido. Adriana se acerca a darla dos besos pero rápidamente la esquiva.
–Vamos con prisa. -Dice Marta. Caminamos hacia la puerta, Adriana se acerca y me susurra.
–Creo que a tu manager no le agrado demasiado. -Me dice y me quedo en silencio.
Vamos al recinto nuevamente, queda aproximadamente una hora para el concierto, me quedo en el camerino con el resto, y como siempre, no podían faltar los chistes antes de salir al escenario. Me siento en un sillón, todos hablan pero no presto atención. Me indican que debo salir al escenario en breves minutos, me tomo una manzanilla, caliento un poco la voz y salgo. Miro al frente y está todo lleno, no cabe ni un alfiler más. Cuando estoy ahí, me olvido de todo lo demás y espero que esta noche sea así. Comienzo a interpretar las canciones, el público no para de saltar, cantar... una auténtica locura. El concierto transcurre bien, canto alrededor de unos venticinco temas. Llego al final, me despido de toda esa maravillosa gente que se encuentra ahí abajo y me voy hacia el camerino, Marta camina detrás de mi, me giro y decido pararla puesto que estamos solos y es buen momento para hablar con ella.
–Enhorabuena Pablo, ha sido fantástico el concierto. -Me dice con una sonrisa.
–Gracias, ¿podemos hablar?. -Vuelvo a preguntar.
–Está bien, pero no en mitad del pasillo. -Vamos hacia mi camerino, no hay nadie. Nos sentamos en unas sillas, me mira.
–Lo siento muchísimo, y no sabes cuanto. -Le digo.
–Lo sientes pero no tienes lo que tienes que tener para dejar a Adriana e ir en busca de Aurora. -Me dice.
–Adriana está siendo un gran apoyo para mi... -Le digo con la mirada puesta en el suelo.
–Gran apoyo pero... ¿hay amor? sinceramente la veo una interesada, y tú no la quieres ¿puedes dejar de mentir de una maldita vez?. -Me dice alzando la voz.
–¿Interesada? te equivocas, no la conoces de nada. -Le digo enfadado.
–No voy a discutir, por un momento pensé que me pedirías ayuda para volver con ella pero veo que no... me equivoco siempre contigo Pablo. -Me dice. En ese momento la puerta del camerino se abre, es Adriana, la cual no duda en venir corriendo hacia mi, me besa apasionadamente.
–Mi vida, ha sido maravilloso... -Me dice mientras me abraza. Miro a Marta la cual se va rápidamente del camerino.
–Gracias. -Digo algo seco.
Después decidimos ir a cenar todo el equipo, todo transcurre con tranquilidad, menos mi cabeza la cual está llena de pensamientos suyos. Pagamos y volvemos al hotel, me tumbo en la cama, miro al techo hasta quedarme dormido, sigue siendo mi principal pensamiento antes de dormir y al despertar cada día.
La alarma de mi móvil suena a las seis y media de la mañana, tengo escasa media hora para arreglarme y ultimar cosas aquí. Me visto, desayuno algo rápido y minutos despúes alguien llama al timbre, supongo que es Marta. Intento darla dos besos pero rápidamente me esquiva.
–Vaya... veo que nos vamos enfadados a Argentina. -Digo de brazos cruzados una vez que pasa dentro.
–¿Nos podemos ir ya?. -Me dice con un toque de bordería.
–Eres mi mejor amiga, y no me gustaría perderte a ti también, por favor... -Le digo. Se queda pensativa y esboza una sonrisa, en ese preciso instante alguien llama al timbre, me temo que la tranquilidad se acabará cuando Adriana entre por esa puerta y se sepa todo. Abro la puerta tembloroso, Marta se queda mirando paciente por saber quien es. Al abrir la puerta y sin dudar se abalanza sobre mi y me besa con pasión.
–Hola cariño. -Me dice con una gran sonrisa tras separarse por unos segundos de mis labios. Miro a Marta y además de una cara de asombro muestra un gran enfado.
–Hola. -La digo soso y sin quitar ojo a Marta que a cada segundo que pasa más se enfada.
–Pablo, ¿podemos hablar un momento a solas por favor? la sigo hasta el salón. -¿Me puedes explicar que narices estás haciendo Pablo?. -Me dice alzando la voz.
–Nada malo que yo sepa, supongo que ella hará lo mismo en su día ¿no?. -Digo.
–No entiendes nada Pablo, nada... y tú eres el que también esta sufriendo ¿no?. -Me dice irónicamente.
–Por supuesto que sufro, no tienes ni idea de nada de lo que estoy pasando. -Le digo enfadado.
–De acuerdo, haz lo que te de la gana, solo espero que el motivo de ver sus maletas ahí sean porque se va de viaje o algo por el estilo. -Me dice.
–Viajará a Argentina con nosotros. -Le digo temiendo su respuesta.
–¿¡Qué!? estás de broma ¿verdad?. -Me pregunta incrédula.
–No, hablo completamente en serio, ella viene también. -Le digo enfadado.
–Vale, ella viajará pero a mi no me dirijas la palabra en todo el viaje, vámonos. -Me dice aún más enfadada. Volvemos al salón y Adriana está sentada en uno de los sillones.
–¡Hola! ¿tú eres la manager de Pablo?. -Le pregunta Adriana a Marta.
–Hasta hace unos días además de manager era su amiga, su mejor amiga, o eso creo. -Dice en tono borde mientras me mira de malas maneras. Adriana me mira extrañada pero no responde.
–¿Nos podemos ir ya por favor? -Pregunto intentando cortar este desastre de conversación.
Marta conduce hasta el aeropuerto, arreglamos los papeles para el vuelo y esperamos. Se produce un incómodo silencio. Adriana de vez en cuando me besa y la cara de Marta no es demasiado buena, mira hacia otro lado. Adriana nos deja solos un momento ya que decide ir al kiosko a por unas revistas.
–Te podrías cortar un poco ¿no? -Me dice enfadada.
–¿Por qué? ¿es algo malo lo que estoy haciendo? a fin de cuentas somos novios. -Le digo.
–Mira Pablo... tengamos la fiesta en paz ¿si? una vez que estés esta noche en la habitación con ella podrás hacer lo que te de la real gana, pero delante de mi no. -Me dice enfadada.
Vuelve Adriana y en ese preciso momento nos avisan de que el vuelo destino Argentina saldrá en unos minutos. Subimos al avión y me siento con Adriana, Marta se sienta en otros asientos separados de nosotros. El vuelo transcurre tranquilo, nada fuera de lo normal, excepto las horas que se me hacen eternas. Entre unas cosas y otras llegamos al aeropuerto de Argentina a las once de la noche, cogemos las maletas y nos encaminamos a un restaurante del hotel, pese a que Marta no quería sentarse con nosotros en la mesa, logro convencerla, cenamos algo ligero y me empeño en pagar la cuenta.
–He dicho que pago yo. -Le digo a Marta.
–No es necesario, prefiero pagarme lo mio yo solita. -Me dice.
–Amor, si ella quiere pagarlo dejala ¿no crees?. -Me dice Adriana. La cara de Marta es un poema, no la traga. Finalmente paga ella su cena. Subimos a la habitación, me doy un baño y me pongo el pijama. Siento como unas manos rodean mi cintura.
–¿Por qué te pones el pijama?. -Me dice Adriana.
–Porque me voy a ir a dormir ya. -Le digo.
–Creo que estás mejor sin esto. -Me quita la camiseta y me besa apasionadamente. La aparto de mis labios.
–Adriana... -Le digo intentando esquivar su juego.
–Tenemos que celebrar ¿no?. -Me dice mientras acaricia mi espalda. Me vuelve a besar de manera descontrolada mientras acaricia con sus manos mi torso. No sé porque no me niego, la cuestión es que me dejo llevar por sus caricias sobre mi piel, me tumba sobre la cama dejandome aprisionado contra su cuerpo. No me opongo, desliza sus manos por todo mi cuerpo, deja sus manos sobre mi cintura, me mira y continúa besandome. En mi cabeza tengo la imagen de Aurora, me imagino que es ella quien se encuentra entre mis brazos en estos momentos y no Adriana. Se deshace de mi pijama poco a poco y con ganas, cosa que por mi parte es todo lo contrario. Su respiración se agita con el paso del tiempo. Nos quedamos desnudos, siento su calor ajeno, el cual no es de mi agrado porque en mi mente y en mi corazón está otra persona, sin prisas acaba haciendome suyo. Se tumba a mi lado, no la presto atención.
–Juntos seremos muy felices Pablo. -Me dice. ¿Felices? ni si quiera se porque estoy con una persona a la que no quiero, a la que no deseo y a la que no le pertenece mi corazón. No respondo puesto que no quiero mentir. Me quedo dormido mientras pienso en que hará, si estará bien...
Al despertar Adriana me abraza con fuerza mientras que se sienta sobre mi torso y besa mis labios. La devuelvo el beso, me ducho y poco después bajamos a desayunar. Esta noche tocaré en Argentina, tengo que sacar fuerzas de donde sea. Nos montamos en la furgoneta que nos llevará al recinto, me refugio en mi propio mundo, Adriana se muestra feliz, me agarra de la mano. Llegamos al recinto, saludo al equipo de allí, me indican que debo de hacer la prueba de sonido. Así lo hago, entro al lugar donde será el concierto, es un sitio precioso, al aire libre. La banda se prepara para comenzar la prueba, me dejo las gafas puestas y me pongo frente al micro. Cantamos un par de canciones, ''Quién'' y ''Tanto'' las que más consiguen que me acuerde ella, una lágrima se desliza por mis mejillas, por suerte nadie se da cuenta de ello. Finalizamos la prueba de sonido, todo va perfecto. Vamos a comer todos juntos, todos parecen contentos por el hecho de estar aquí. Me siento al lado de Marta, poso mi mano en su hombro intentando suavizar su enfado. Me acerco a ella y le susurro bajo la mirada llena de celos de Adriana.
–¿No piensas perdonarme nunca? echo de menos muchas cosas... -Le digo. Me mira, esboza una sonrisa pero en cuanto Adriana se levanta y viene hacia mi, se esfuma su sonrisa.
–¿No crees que ella tiene bastante que ver en que mi cabreo haya aumentado?. -Me dice.
–Tengo que explicarte muchas cosas, me gustaría hablar contigo ¿puede ser?. -Mira su teléfono, no responde ni para bien ni para mal. Finalmente responde.
–Quizá, después, pero... sin ella. -La mira.
Pagamos la cuenta de la comida, volvemos al hotel para descansar un rato hasta la hora del concierto. Me quedo dormido, Adriana está a mi lado. Me despierto, me cambio de ropa, Adriana hace lo mismo. Me pongo una camisa vaquera acompañada de una corbata negra, un pantalón negro y unos nos zapatos. Poco después alguien golpea la puerta de la habitación, se trata de Marta. Me da dos besos y ante su reacción me quedo sorprendido. Adriana se acerca a darla dos besos pero rápidamente la esquiva.
–Vamos con prisa. -Dice Marta. Caminamos hacia la puerta, Adriana se acerca y me susurra.
–Creo que a tu manager no le agrado demasiado. -Me dice y me quedo en silencio.
Vamos al recinto nuevamente, queda aproximadamente una hora para el concierto, me quedo en el camerino con el resto, y como siempre, no podían faltar los chistes antes de salir al escenario. Me siento en un sillón, todos hablan pero no presto atención. Me indican que debo salir al escenario en breves minutos, me tomo una manzanilla, caliento un poco la voz y salgo. Miro al frente y está todo lleno, no cabe ni un alfiler más. Cuando estoy ahí, me olvido de todo lo demás y espero que esta noche sea así. Comienzo a interpretar las canciones, el público no para de saltar, cantar... una auténtica locura. El concierto transcurre bien, canto alrededor de unos venticinco temas. Llego al final, me despido de toda esa maravillosa gente que se encuentra ahí abajo y me voy hacia el camerino, Marta camina detrás de mi, me giro y decido pararla puesto que estamos solos y es buen momento para hablar con ella.
–Enhorabuena Pablo, ha sido fantástico el concierto. -Me dice con una sonrisa.
–Gracias, ¿podemos hablar?. -Vuelvo a preguntar.
–Está bien, pero no en mitad del pasillo. -Vamos hacia mi camerino, no hay nadie. Nos sentamos en unas sillas, me mira.
–Lo siento muchísimo, y no sabes cuanto. -Le digo.
–Lo sientes pero no tienes lo que tienes que tener para dejar a Adriana e ir en busca de Aurora. -Me dice.
–Adriana está siendo un gran apoyo para mi... -Le digo con la mirada puesta en el suelo.
–Gran apoyo pero... ¿hay amor? sinceramente la veo una interesada, y tú no la quieres ¿puedes dejar de mentir de una maldita vez?. -Me dice alzando la voz.
–¿Interesada? te equivocas, no la conoces de nada. -Le digo enfadado.
–No voy a discutir, por un momento pensé que me pedirías ayuda para volver con ella pero veo que no... me equivoco siempre contigo Pablo. -Me dice. En ese momento la puerta del camerino se abre, es Adriana, la cual no duda en venir corriendo hacia mi, me besa apasionadamente.
–Mi vida, ha sido maravilloso... -Me dice mientras me abraza. Miro a Marta la cual se va rápidamente del camerino.
–Gracias. -Digo algo seco.
Después decidimos ir a cenar todo el equipo, todo transcurre con tranquilidad, menos mi cabeza la cual está llena de pensamientos suyos. Pagamos y volvemos al hotel, me tumbo en la cama, miro al techo hasta quedarme dormido, sigue siendo mi principal pensamiento antes de dormir y al despertar cada día.
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