Narrado por Aurora:
En mi cabeza retumban esas palabras que Marta acaba de pronunciar ''Pablo te quiere'' no puedo negar que me hace cierta ilusión saberlo pero... es tarde. Me quedo completamente muda, con la mirada puesta en el suelo. Me da un pequeño golpecillo sobre la pierna.
–Estés con quién estés aquí estaré ¿de acuerdo? -Me dice con una sonrisa.
–Lo sé cielo, y es precisamente de eso de lo que quiero hablarte... -Le digo.
–¿Qué te parece si vamos a tomar un café? Y hablamos de todo... -Me pregunta y asiento con la cabeza.
Agarro mi bolso, nos despedimos de Elena con la idea de volver para la hora de la cena y así ayudarla. Vamos caminando, meto mis manos en el interior del bolsillo de mi pantalón mientras andamos rápido.
–¿Va todo bien? ¿Ha ocurrido algo? -Me pregunta.
–Pues sí... si que ha ocurrido, verás... -Me quedo unos segundos callada mientras pienso en si terminar la frase o no. -He conocido a alguien, alguien con quién estoy empezando a tener algo. -Se queda callada pero rápidamente sonríe.
–Me alegro de que estés rehaciendo tu vida mi niña. -Agarra mis manos.
–Gracias de corazón por estar aquí siempre que te he necesitado. -La abrazo con fuerza, un abrazo de esos que tanto llegaba a necesitar.
–No me tienes que agradecer nada, siempre voy a estar cuando me necesites y cuando no... también. -Ríe y me uno a su risa mientras la abrazo nuevamente.
Seguimos caminando en silencio por las calles de Málaga, no me pregunta nada más respecto a Hugo. Llegamos a la cafetería, nos sentamos en una de las mesas y pedimos dos cafés.
–Y bueno... ¿ya tienes pensado como se llamará? -Me dice con una sonrisilla.
–No, aún no he pensado en eso, supongo que deba ir pensándolo pero... tú me ayudarás ¿no? -Sonrío y me devuelve la sonrisa.
–Claro que sí, digamos que soy como su tía postiza. -Me dice volviendo a reír, echaba de menos estos momentos.
Charlamos un buen rato, son las ocho de la tarde y decidimos volver a casa.Volvemos a casa en silencio, sin gesticular palabra alguna. Al llegar vemos a Elena en la cocina preparar la cena, vamos directas a donde ella para ayudarla.
–¿Quieres que te ayudemos Ele? -La pregunto mientras me pongo al otro lado de la encimera de la cocina para verla.
–De ninguna manera, tú tienes que descansar para que el embarazo vaya bien y Marta debe descansar después del viaje.
–Puedo hacerlo Ele, estoy perfectamente. -Le digo.
–Elena, yo tengo toda la noche para descansar a si que... te ayudaré y no se hable más. -Le dice Marta.
–De acuerdo, me ayudaréis. -Nos dice con una sonrisa.
Ayudamos a Elena a preparar la cena, ponemos la mesa para todos y cuando terminamos nos sentamos en el sofá con Elena hasta que lleguen todos. Encendemos la televisión para matar el tiempo. Se oye la puerta de la entrada, son Casilda y la niña. Vienen hacia el salón directamente y no duda en venir hacia mi para que la coja en brazos. Da un salto y queda sentada sobre mis piernas.
–¡Sofía! Ten más cuidado, recuerda que ahí dentro está tu futuro primo y puedes hacerle daño. -Regaña Casi a la pequeña.
–Lo siento mucho tita, no quería... -Mira al suelo y desaparece la sonrisa de su rostro.
–No pasa nada ¿vale? Para la próxima llevarás más cuidado. -La guiño un ojo. -¿Qué tal te lo has pasado en el parque? -La pregunto.
–¡Muy bien! He jugado con muchas niñas. -Me dice volviendo a sonreír.
–Sofía cariño... ¿por qué no subes a la habitación y te pones el pijama? -La dice Casilda a Sofía.
–Vale mami. -Se baja rápidamente de mis piernas y comienza a subir con cuidado las escaleras rumbo a su habitación.
–¿Qué tal Marta? -Pregunta Casilda a Marta.
–Muy bien, algo cansada por el viaje. -Dice.
–Me alegro. ¿Qué tal está mi hermano? -Pregunta directamente mientras que Elena y yo permanecemos en silencio.
–Pues... -Dice nerviosa. -Bien, los conciertos han sido increíbles.
–En estos días el teléfono de casa no ha recibido ni una sola llamada por su parte, y ahora... ahora ni si quiera viene a visitar a su familia ¿por qué este cambio en él? -Pregunta Casilda con tono de enfado. Me mantengo en silencio y quieta.
–No lo sé, ojalá tuviera la respuesta que buscas Casi. -Dice Marta.
Nos quedamos en silencio, la cara de Casilda es de máximo enfado, y aunque yo he preferido mantenerme callada reconozco que razón no la falta. Contiuamos viendo la televisión, a los pocos minutos Sofía baja dando pequeños brincos por la escalera mientras que llega al borde del sofá y me pide que la suba para quedar en medio de Marta y de mí. Esta pequeña es un auténtico cielo, siempre está sonriendo y consigue que acabe haciéndolo yo también. Instantes después aparece Salvador y Salva por la puerta, lo cual indica que es hora de sentarse a cenar finlamente. Ambos saludan a Marta y se alegran de verla. Degustamos la deliciosa cena mientras la acompañamos de una charla bastante amena. Como siempre Elena se empeña en que no la ayudemos a recoger los platos de la cena, a si que opto por subir a Sofía a su habitación, la cojo en brazos ya que se cae de sueño, subo por las escaleras, la tumbo en la cama cuidadosamente y la arropo con su edredón. Me mira con los ojos casi cerrados.
–Tita ¿me lees un cuento? -Me pregunta.
–¿Un cuento? Pero si estás a punto de cerrar ya los ojitos princesita. -La digo sin irme de su lado.
–Va, porfi tita, me hace mucha ilusión. -Me dice dulcemente. Es una dulzura.
Me siento en el borde de la cama, cojo uno de los cuentos que posan sobre su mesilla de noche, lo abro y comienzo a leerle el cuento en voz baja, de manera que no tarde mucho en caer dormida, y así es, minutos después de leerla un cuento, Sofía queda dormida. Vuelvo a la habitación, me meto en mi cama e intento conciliar el sueño al igual que ella.
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