29.9.13

Cap. 88: Positivo

Narrado por Aurora:

No lo niego, el saber que mis padres volverán a intentarlo y que además de eso se casan me hace la mujer más feliz que pisa la tierra. Tras la agradable noticia, brindamos con champagne. Nos dan las tantas de la madrugada hablando alrededor de la mesa, Elena insiste en que nos quedemos a dormir y así lo hacemos. Pablo lleva a Sofía a dormir y el resto nos vamos a dormir ya que va siendo hora. No tengo pijama por lo cual no queda más remedio que dormir vestida, me tumbo en la cama y cojo el móvil mientras espero a que Pablo venga. Puesto que tengo algo olvidado el mundo de las redes sociales, decido mirar el Twitter. Miro la pantalla fijamente hasta que siento como la puerta de la habitación se abre. Pablo entra y nada más verme se ríe ya que voy vestida, comenzamos un juego y poco después aparece Sofía por la puerta la cual quiere dormir con nosotros por miedo a la tormenta. A pesar de que Casilda insiste en que tiene que acostumbrarse a dormir sola, acaba durmiendo con nosotros. Duermo como cuyo tronco hasta que Sofía dulcemente me despierta con un beso en la mejilla, Pablo sigue dormido. Sofía comienza a despertarle haciéndole cosquillas, se despierta y bajamos a desayunar. Desayunamos y volvemos a casa, después damos un paseo aprovechando el buen tiempo que ha quedado de día. Ninguno de los hablamos, en un descuido un pequeño mareo se apodera de mi, por suerte Pablo no se ha percatado de ello. ¿Qué demonios pasa? o tengo la tensión baja o... ¡no! eso no puede ser. Tiene que ser cosa de la tensión, mejor no lo pienso. Continuamos caminando pero he de decir que en mi cabeza empiezan a rondar malos pensamientos, me alejo de la realidad y me adentro en mis pensamientos y en la preocupación que tengo. Pablo decide ir a encargar algo de comida a un restaurante chino, a si que yo vuelvo a casa. Nada más poner un pie dentro de casa me descalzo y me siento en la cama con la cabeza entre las piernas. Decido darme una ducha para despejarme un poco, me quito la ropa y de pronto unas terribles ganas de vomitar se apoderan de mi. Ahora si que estoy realmente nerviosa. Intento no darle importancia pero si la cosa sigue así tendré que acudir al médico. Me doy esa ansiada ducha, la cual logra que me calme al menos durante unos minutos. Me coloco ropa cómoda para andar por casa y poco después Pablo aparece por la puerta con la comida.

–Ya estoy aquí princesa. -Dice desde la otra punta de la casa.
–Vale, voy para allá. -Digo mientras me echo un poco de agua en la cara y salgo del aseo.

Camino firme y puede que fingiendo una sonrisa, no quiero preocuparle. Le ayudo a colocar la mesa, a pesar mi escaso apetito tengo que comer algo.

–¿No te gusta? no has probado bocado... -Dice mientras me mira a los ojos.
–La verdad es que hambre no tengo demasiado Pablo, me voy a echar un poco encima de la cama. -Digo de forma seca y me retiro.

Me tumbo en la cama intentando descansar un rato. Doy varias vueltas en la cama y logro alcanzar el sueño que quizá necesite.  Abro los ojos y sobre la mesilla veo una nota de Pablo.

Volveré más tarde, he salido a correr por el puerto un rato, te quiero.

Vuelvo a dejar la nota sobre la mesilla y de pronto oigo la puerta de la entrada.

–¿Ya has vuelto? -Pregunto alzando la voz.
–¡Aurora! que ganas tenía de verte ¿qué tal la luna de miel?. -Me dice Marta mientras viene hacia mi abrazarme.
–¡Marta! la luna de miel tal y como la esperaba, genial. -Digo con una sonrisa provocada al verla.
–Estás paliducha ¿has comido bien estos días?. -Me pregunta.
–Digamos que no estoy pasando buenos momentos. -Digo cabizbaja.
–¿Qué pasa? ¿habéis discutido tú y...? -Me pregunta.
–No, entre nosotros las cosas no pueden ir mejor pero... estoy teniendo mareos. -Digo nerviosa.
–¡¿Qué?! ¿ ma... ma... reos? estás... -Formula nerviosa.
–¡No! o sí... no lo sé. -Digo más nerviosa todavía.
–¿Cómo que no lo sabes? Aurora... ¿se lo has dicho a Pablo?. -Dice.
–¿Cómo se lo voy a decir Marta? esto puede ser a causa de una anemia, bajada de tensión, cansancio... o quién sabe que. -Digo.
–Tienes razón, puede ser por uno de esos factores, piensas hacerte la... -No dejo que continúe la frase.
–Si los mareos siguen apareciendo, tendré que hacérmela. -Digo segura.
–Cuentas conmigo para lo que quieras ¿vale?. -Me dice mientras me abraza con fuerza.
–Gracias. -Digo.

Marta sale un rato a la calle, y vuelvo a quedarme sola. No puedo con esta incertidumbre a si que será mejor que acabe de una maldita vez con todas mis dudas. Me visto y bajo a comprar un test de embarazo, de vuelta a casa no puedo parar de pensar en lo que puede llegar a suceder si da positivo. Los minutos transcurren y los nervios me comen. En cuestión de minutos sabré si espero un hijo de Pablo o no. No puedo parar de dar vueltas. Ya está, el resultado ya se podrá ver. Lo cojo con los ojos cerrados y lentamente los ojos con bastante temblor. Me armo de valor y lo miro, no puede ser. Me siento de golpe en una de las butacas del salón dejándome caer, mi cuerpo por momentos no responde y gotas de sudor resbalan por mi cara. No podía ser, era imposible... ¿cómo voy a estar...? no quiero ni imaginarme la reacción de Pablo ante la noticia. No puedo decírselo al menos por el momento, no sé que hacer ni que decir. Me quedo completamente bloqueada ¿qué va a pasar...?. Lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas. Poco después Pablo aparece por la puerta, me seco la lágrimas rápidamente e intento disimular que está todo bien.

–Mi... niña. -Dice mientras viene hacia mi. .¿Qué te ha pasado? ¿por qué has llorado?. -Comienza a preguntarme.
–¿Eh? nada cielo, estaba recordando la luna de miel y no he podido evitar emocionarme. -Miento.
–Te amo. -Me dice.
–Pablo... ¿me querrías pase lo que pase?. -Pregunto.
–Claro que si, siempre lo haré. -Dice.
–Abrázame fuerte te lo suplico. -Digo mientras comienzo a llorar.
–No llores, prometo volver contigo a ese lugar. -Dice mientras me abraza con fuerza como le pedí.

Me quedo en silencio dejando que las lágrimas resbalen por mis mejillas, se que la mejor opción no es ocultárselo pero hasta que no en encuentre una mejor manera de decírselo será lo mejor. Esto cambiará nuestras vidas completamente.

Cap. 87: ¿Puedo dormir con vosotros?

Narrado por Pablo:

Tras despertar después de haber descansado, Manuel me llama para ir al estudio para ultimar los detalles sobre el concierto de Argentina. Voy como me pide y regreso a casa con mi niña horas después para comer ya que está todo arreglado. Ha cocinado para mi, nos sentamos en la mesa para degustar su deliciosa comida, después la ayudo a recoger los platos. No tardamos mucho en recoger, después nos sentamos en el sofá y vemos la televisión un rato hasta que se acerca la hora de ir a casa de mis padres para cenar con ellos y con los de Aurora ya que tienen que comunicarnos algo. Nos vestimos y ponemos rumbo a mi segunda casa, abro la puerta y la pequeña torbellino Sofía viene corriendo hacia mi, se olvida de saludar a Aurora y la reprendo, y finalmente la saluda, después Aurora la acompaña a su habitación para mostrarle algo, yo de mientras voy al salón con el resto. Si os soy sincero, echaba de menos estos momentos de volver a casa y verles. Minutos después vuelve mi niña con Sofía, me enseña un dibujo que ha hecho Sofía en el colegio, somos Aurora y yo el día de nuestra boda. No puedo evitar reír ante la situación. Charlamos un poco y después mi princesa, mi hermana, mi madre y Mercedes se adentran en la cocina para empezar a hacer la cena, yo me quedo con mi padre, Salva y Antonio hablando. Nos reímos un montón mientras comentamos algunos temas, de pronto mi madre nos llama para cenar. Mi madre es una excelente cocinera, está deliciosa la cena de esta noche. Acabamos de cenar y Antonio junto a Mercedes piden un momento de atención, se mantienen unos segundos en silencio hasta que finalmente nos anuncian una gran noticia, han decidido darse una segunda oportunidad además de casarse, puedo ver como mi niña derrocha felicidad, les damos la enhorabuena y brindamos. Son las tantas de la mañana, mi madre insiste en que debemos de quedarnos a dormir ya que es tarde. Sofía se empeña en que sea yo quién la arrope. La cojo en brazos y la subo a su habitación, se frota los ojos a modo de sueño.

–Tito, ¿me lees un cuento?. -Me dice mi sobrina mientras se sienta en la cama y la ayudo a quitarse las zapatillas para meterse en la cama.
–Claro que si princesa, ¿cuál quieres que te lea?. -La digo mientras me siento a su lado y la termino de arropar.
–Este. -Me dice mientras me muestra uno que posaba sobre la mesilla de noche.

Comienzo a leer el libro que me pide, poco a poco cierra sus ojitos hasta quedar dormida totalmente. Es un angelito. La doy un beso en la frente, apago la luz de la lámpara y salgo de la habitación cerrando la puerta. Bajo a la cocina nuevamente pero no hay nadie, parece que todos se han ido a dormir. Voy a la que era mi habitación, abro la puerta y me encuentro a mi niña tumbada en la cama con el móvil. Me tumbo a su lado y la miro fijamente.

–¿Qué miras?. -Me pregunta.
–Miro que estás dentro de la cama vestida... -Comienzo a reírme.
–No he traído el pijama ya que no sabía que dormiríamos aquí. -Dice.
–¿No crees que sobra?. -Digo arqueando la ceja.
–¿El qué?. -Pregunta.
–Pues... esto. -Digo mientras señalo su camiseta.
–No pretenderás que... -No la dejo terminar la frase, me acerco a ella y la beso en los labios.
–¿Por qué no?. -Pregunto tras separarme unos milímetros de ella.
–Estás loco. -Dice riéndose.
–Sí, pero loco por ti. -Me acerco una vez más y la atraigo a mi cuerpo depositando un apasionado beso en sus labios. Se deja llevar hasta que la puerta que está cerrada se abre de golpe. Ambos miramos de golpe, es Sofía.
–Sofía, ¿no tendrías que estar durmiendo?. -Pregunto mientras intento disimular.
–Esque la tormenta me ha despertado, ¿puedo dormir con vosotros?. -Pregunta con cara de niña buena.
–Sofía... ya sabes que a mamá no le gusta que duermas con alguien porque tienes que acostumbrarte a dormir sola. -La digo.
–Claro que puedes princesa, ven aquí. -Dice Aurora mientras le da la mano a la pequeña para que se suba a la cama.
–Gracias tita. -Agradece Sofía a Aurora mientras se acurruca en su pecho.
–Eres de lo que no hay, pero esta me la pagas. -Digo susurrando mientras que bromeo.
–Buenas noches bebé. -Dice mientras saca la lengua y apaga la luz del techo.

Me voy al aseo, doy la vuelta y me dispongo a dormir, Sofía está en el medio de los dos y no tarda en coger el sueño, la verdad es que es una preciosa imagen la de Aurora con Sofía. Estoy completamente dormido hasta que oigo un susurro de una vocecilla. No hago caso hasta que de pronto siento como alguien se pone encima de mi mientras que me hace cosquillas y salgo sobresaltado.

–Mira, tita ¡el tito se ha despertado!. -Oigo mientras que me incorporo en la cama tras las cosquillas de Sofía.
–No sé quién será peor de las dos. -Miro a Aurora riendo mientras meneo la cabeza.
–Esque no te despertabas... -Dice mi niña de brazos cruzados sentada en la cama.
–Anda que... será mejor que bajemos a desayunar. -Digo mientras me levanto de la cama.

Bajamos a desayunar en familia, están todos despiertos. Nos sentamos alrededor de la mesa, degustamos el desayuno preparado por Casilda. El desayuno transcurre tranquilo y en silencio, acabamos y nos despedimos de todos. Volvemos a casa, aún no es hora de comer a si que decidimos dar un paseo por el puerto de Málaga aprovechando el excelente dia que ha quedado después de la tormenta de anoche.

28.9.13

Cap. 86: ¡Nos casamos!

Narrado por Aurora:

Quisiera tener en mis manos ese poder para retroceder el tiempo y regresar atrás para volver a vivir esta magnífica luna de miel que me llevo en el corazón. Desayunamos sin prisa y comenzamos a hacer las maletas, me da bastante pena pero Pablo me promete que volveremos. El día transcurre con normalidad, llega la hora de la cena, bajamos y cenamos algo rápido. Subimos a la habitación, agarramos las maletas y vamos al aeropuerto ya que en un cuestión de una hora saldrá el vuelo, antes inmortalizamos el momento sacándonos una foto. La espera se hace algo eterna mientras que esperamos sentados en esos bancos hasta que anuncian que debemos subir al avión. Subimos y nos sentamos en este, Pablo se queda dormido en ocasiones y yo también. A pesar de que Pablo debería estar muy acostumbrado a los aviones sigue poniéndose nervioso. El vuelo transcurre y finalmente llegamos, bajamos del avión y a lo lejos están mis padres, su hermana, Sofía y mis padres, eso hace que sonría. Caminamos deprisa hacia donde se encuentran ellos. Les saludamos y Pablo no duda en coger en brazos a la pequeña Sofía que luce una enorme sonrisa al ver a su tío. Nos preguntan sobre el vuelo, después mi madre nos comunica que si quedamos a cenar con ellos ya que mis padres tienen algo que comunicar, aceptamos encantados ya que echábamos de menos las veladas en familia. Volvemos a casa, vamos con los padres de Pablo en el coche, los cuales al llegar nos dejan en frente de casa. Nos despedimos de ellos y subimos rápidamente a casa, dejamos las cosas en el suelo y nos tumbamos a descansar ya que el vuelo nos ha dejado matados. Estoy completamente dormida hasta que algo hace que de un pequeño bote en la cama, Pablo y sus cosquillas.

–Mi intención no era asustarte. -Ríe.
–Tú y tus maneras de despertarme... -Digo mientras le miro.
–No te gusta que te despierte... ¿así? -Vuelve a abalanzarse sobre mi y continúa haciéndome cosquillas.
–¡Pablo! eres... -Digo a pura carcajada y él ríe conmigo.
–Un angelito. -Dice mientras pone cara de no haber roto un plato, me hace reír.
–Pues... lo cierto es que sí, lo eres. Eres mi ángel de la guarda. -Digo mientras me acerco más a él.
–Te amo, te amo, te... -Dice sin acabar la frase, me acerco y le beso.
–Y yo a ti bebé, no sabes cuanto. -Digo con una firme sonrisa.
–¿Bebé? nunca antes me habías llamado así. -Comienza a reírse.
–Para todo tiene que haber una primera vez ¿no? eres mi bebé.
–Nunca dejas de sorprenderme mi pequeña. -Dice mientras se acerca nuevamente a mi y me besa.
 –Siempre lo haré. -Digo.

En ese preciso momento suena el teléfono de Pablo el cual se encuentra sobre la mesilla de noche cargando.

–Manuel, sí volví hace unas horas... ¿vernos ahora? claro, voy para allá. -Dice mientras se coloca en la cama.

–Lo siento princesa, tengo que ir al estudio para hablar con Manuel del concierto de Argentina, espérame aquí ¿vale? -Me da un ligero beso mientras sale de la cama.
–Ufff... me pides algo complicado ¿eh? no sé si aguante unos segundos sin ti, creo que es imposible. -Salgo de la cama yo también y me acerco a sus labios, los beso con pasión.
–No me lo pongas tan difícil... -Ríe.
–Está bien, te dejaré marchar, te espero aquí amor. -Me separo de él.
–Prometo estar aquí antes de la hora de comer, te quiero princesa. -Dice mientras coge las llaves y sale por la puerta.

Puesto que Pablo se ha tenido que ir yo aprovecharé para poner en orden la casa, me pongo el pijama y un moño para andar por casa. Antes de limpiar recojo las maletas, me he dado cuenta de que los dos hemos cargado con bastante ropa, la guardo y limpio el resto de la casa. La mañana se pasa rápido, preparo la comida hasta que siento como la puerta de la entrada se abre, es él.

–¡Hola mi niña! ya estoy aquí. -Me dice alzando la voz desde el hall.
–Hola amor. -Digo mientras voy en su busca.
–¿Me has echado de menos? -Me dice mientras me acerca contra su cuerpo y me da un ligero beso en los labios.
–Mucho. -Digo mientras acaricio su rostro.
–¿Y cuanto es mucho? -Me pregunta.
–Pues mucho es... -Me acerco a él una vez más y le doy un apasionado beso.
–Uau, no pensé que tanto. -Ríe.
–Anda, será mejor que nos sentemos a comer. -Digo mientras voy a la cocina.

Nos sentamos a comer, Pablo me cuenta que ya está todo organizado para el concierto en Argentina, se le ve muy feliz y eso hace que yo también lo esté. Disfrutamos de la comida juntos, después me ayuda a recoger los platos. Nos sentamos en el sofá a ver la televisión, ambos damos cabezadas.

–Eres un dormilón. -Le digo bromeando.
–¿Dormilón? pero si estoy viendo la tele. -Ríe.
–¿Estás viendo la tele o la tele te está viendo a ti?. -Río ante mis palabras.
–Hay que ver que graciosa estás hoy, ¿quieres que empiece a hacerte cosquillas de esas que tanto te gustan?. -Bromea.
–No, no es necesario. -Termina la frase y rápidamente comienza a hacerme cosquillas.
–Tarde. -Dice mientras me hace cosquillas.
–Pablo, estamos en el borde del sofá y no quisiera caerme. -Digo como puedo.
–No me importa caerme si tengo a alguien como tú que me levante todos los días. -Me dice serio y con una brillante mirada.
–Que bonito Pablo, no esperaba que en este preciso momento me dirías una cosa tan bonita como esa, te amo. -Digo mientras le abrazo con fuerza.
–Prométeme que siempre estarás a mi lado, que cada día cuando abra los ojos estarás tú ahí al lado. -Dice mientras me agarra la mano.
–Te lo prometo, hoy, mañana y siempre permaneceré a tú lado. -Sonríe ante mis palabras y apoya su cabeza en mi hombro.

Nos quedamos toda la tarde viendo la televisión tapados con una manta en el sofá hasta que me percato de la hora que es, son las nueve y en una hora hemos quedado para cenar en familia. Me levanto del sofá dejando a Pablo recostado en este ya que se ha quedado dormido. Abro el armario y saco unos pantalones pitillo blancos, lo acompañaré de una camiseta color rosa palo con perlas por los hombros. Me ducho tranquilamente para despejarme, me coloco el albornoz y después me seco el pelo con el secador. Me pongo la ropa que he elegido junto a unos tacones bastante altos, me dejo el pelo suelto y me pongo unos tacones de tacón bastante altos. Siento como unos brazos rodean mi cintura mientras me maquillo un poco los ojos.

–Estás preciosa. -Me susurra.
–Para precioso ya estás tú mi vida. -Le digo mientras me giro para quedar frente a sus ojos.
–Eres lo mejor que me ha pasado nunca. -Me dice mientras me abraza con fuerza.
–Tú también eres lo mejor que me ha pasado Pablo. -Le digo.

Me da unos cuantos besos y se va a la ducha mientras me termino de preparar. Le espero sentada en el sofá, está sumamente guapo. Viste con unos pantalones vaqueros claritos y una camiseta azul ajustada.

–¿Vamos? -Me dice mientras me tiende la mano.
–Vamos. -Digo mientras camino firmemente.

Cogemos el coche y conducimos hasta la casa de los padres de Pablo. Son las nueve menos veinte a si que llegamos bien de tiempo. Pablo abre la puerta de casa con las llaves y poco después de poner pie dentro de esta alguien viene corriendo, es Sofía la cual se agarra a la pierna de Pablo para que la coja.

–¡Tito! -Dice con esa dulzura de voz.
–Hola Sofi ¿qué tal el cole?. -La pregunta a Pablo. Me emociona ver ese lado paternal que saca Pablo a relucir cuando está con su sobrina.
–Bien, mira lo que he hecho tito. -Dice la niña mientras tira de su tío para que la siga.
–Sofía vuelve aquí, no vengo solo, ¿no crees que deberías saludar a Aurora?. -Reprende a la niña a la vez que la coge en brazos.
–Hola tita. -Dice con una preciosa sonrisa.
–Hola princesa ¿me enseñas eso que le ibas a enseñar al tito? me gustaría verlo. -Digo mientras la acaricio su fino pelo.
–Tito bájame. -Le pide y me da la risa.
–¿Me abandonas? vale, vale... -Dice Pablo bromeando.
–Es que también me lo ha pedido la tita. -Dice la niña mientras se aleja y me pide que la siga.
–Ve, anda ve. -Me dice Pablo con una sonrisa.

Sofía me lleva hasta el salón de la casa, allí están mis padres, los de Pablo, Salva, Ángela y Casilda. Les saludo a todos pero Sofía tira de mi para que la acompañe a su habitación. Entro en su habitación, la cual se encuentra llena de muñecas, coge de la mesa una hoja.

–Mira tita, tú y el tito. -Me dice mientras me muestra la hoja con unos garabatos que parecen ser Pablo y yo el día de nuestra boda.
–¡Qué bonito cariño! ¿lo has hecho tú solita?. -Le digo a Sofía mientras me agacho para quedar a su altura.
–Sí, la maestra nos pidio que hicieramos un dibujo libre y hice este ¿te gusta tita?. -Esta niña es un amor, que dulzura desprende.
–Claro que sí, ¿se lo enseñamos al tito?. -La digo mientras la cojo de su manita.
–Vale. -Me dice. Volvemos al salón y allí están todos.
–Sofía, no agobies a Aurora. -Dice Casilda.
–Vale mami. -Dice la niña con tristeza.
–No me molesta en absoluto, estoy encantada y además nosotras tenemos que enseñar algo a alguien ¿verdad Sofi?. -La niña sonríe automáticamente al oír mis palabras.
–Si, tito mira, esto también es para ti. -Le dice a Pablo.
–¿Somos nosotros? es precioso princesita, muchas gracias. -Dice Pablo mientras se pone de rodillas y la da un dulce beso en sus cálidas mejillas.

Nos quedamos charlando un buen rato hasta que Casilda, mi madre, Ángela y yo decidimos ayudar a Elena a preparar la cena.

–¿Qué tal os ha ido en Jamaica?. -Pregunta Casilda mientras coloca los cubiertos en la mesa.
–Muy bien, corta pero intensa. -Digo con una sonrisa.
–Lo importante es que lo hayáis disfrutado. -Dice Elena.
–Cielo, me alegra verte así de contenta. -Dice mi madre luciendo una resplandeciente sonrisa.
–Así es mamá, estando a su lado disfruto en cualquier parte del mundo.
–Se os ve tan felices... -Dice Casilda segura de sus palabras.

Terminamos de preparar la cena y nos sentamos alrededor de la mesa. Compartimos muchas anécdotas en familia de los últimos días. Llegamos al final de la cena, mi madre y mi padre piden un momento de atención.

–Puesto que estamos en familia, Antonio y yo queríamos comentaros una cosa. -Dice mi madre seria.
–¿Qué pasa? -Decimos todos a la vez.
–Nos casamos. -Dice mi madre mientras mira a mi padre y sonríe.
–¿Casaros? pero si vosotros... -Digo.
–Han pasado los meses y ninguno de los dos hemos sido capaces de olvidarnos completamente, nos queremos y hemos decidido volver a intentarlo. -Dice mi madre y me deja impactada.
–Eso es una excelente noticia. -Dice Elena.
–¡Mamá! no sabes como me alegra esa noticia, nunca pensé que vosotros... -Digo eufórica.
–La fecha de la boda aún está por verse, pero lo que realmente importa es que tu padre es el hombre de mi vida Aurora. -Dice mi madre.
–Enhorabuena, los dos merecéis esta segunda oportunidad. -Dice Pablo.
–Nos alegramos un montón todos. -Dice Elena.
–¿Habrá que brindar por esto no? -Dice Salvador.
–Claro que sí, brindemos. -Dice Casilda.

Nos ponemos en pie con nuestras copas de champagne y hacemos el típico 'chin, chin'. Esa noticia me hace muy feliz ya que con el divorcio de mi padres sufrí bastante. Hablamos de algunos temas más hasta las tantas de la madrugada.




26.9.13

Cap: 85: Hogar dulce hogar

Narrado por Pablo:

Tras hablar con mi hermana, cuelgo teléfono mientras que retomamos el rumbo hacia el hotel. Subimos a la habitación y puesto que ninguno de los dos tenemos sueño acabamos haciendo el amor. Nos quedamos dormidos entre caricias. Al despertar bajamos a desayunar y después continuamos disfrutando de Jamaica y de las pocas horas que nos quedan aquí. Siendo conscientes de que esto llega a su fin, disfruto a tope llegando al punto de que el día vuela y se presenta la noche. Vamos hasta la otra punta de Jamaica donde sirven los mejores mojitos, hablamos de todo un poco sin dejar de beber, nos ponemos algo contentillos y acabamos haciéndolo en el baño hasta que alguien decide interrumpirnos, bajo una risa traviesa salimos de allí y regresamos al hotel. Mi niña y yo nos colocamos el pijama en nuestros correspondientes aseos, me lo pongo yo primero y opto por encender la televisión mientras la espero, tarda varios minutos en salir y cuando sale tiene un rostro pálido, me asusta y es por ello que decido preguntarla si se encuentra bien, me dice que si y me quedo algo más relajado. Nos metemos en la cama y dormimos como cuyos troncos. Siento como unos labios rozan los míos, me despierta dulcemente sin dejar de darme caricias y amor. Ordena subir a la habitación el desayuno, degustamos de ese magnífico y delicioso desayuno que nos han preparado sentados en la cama, después comenzamos a preparar la maleta para la vuelta a casa. Dobla toda su ropa y la mete en el interior de la maleta, y yo hago lo mismo a pesar de que soy algo desastre a la hora de hacerla. En un descuido, saco mi móvil del interior del bolsillo de mi pantalón.

–No podemos irnos de aquí sin echarnos una foto en esta habitación que tan buenos momentos nos ha regalado. -Digo mientras abro la aplicación de la cámara de mi móvil. -Sonríe mi vida. -Digo mientras coloco el móvil de manera que podamos sacarla correctamente y aprieto el botón para hacerla. Observo la foto que acabo de sacar y es preciosa, los dos mostramos una gran sonrisa.
–Preciosa, otra más para el recuerdo. -Digo mientras cierro la aplicación, guardo el móvil.
–Y las que nos quedan, yo quiero que cuando seamos abuelitos nos sentemos en un sillón y las veamos juntos. -Dice con una gran sonrisa mientras se sienta en la cama.
–Uff... pues yo diría que entonces tendremos mil álbumes o más para recordar, porque esto es para siempre. -Digo mientras me siento a su lado y la beso la mano, sonríe.

Terminamos de hacer las maletas, la mía no puede ir más apretada, me cuesta cerrar la cremallera pero lo consigo. Las posamos en el suelo en una esquinita de la habitación ya que es hora de comer. Comemos algo ligero y subimos a la habitación a descansar ya que esta noche a las doce nos espera un viaje largo. Estoy echando un vistazo al Twitter, mi niña se ha quedado completamente dormida, parece un ángel, cubro su cuerpo y el mío con el edredón, la acompaño en un sueño reparador y profundo. Algo hace que me despierte, es la alarma de mi móvil, la cual indica que es hora de ultimar las últimas cosas para bajar a cenar y de ahí al aeropuerto. Cenamos bajo un incómodo silencio, ninguno de los dos gesticula palabra alguna, quizá porque los dos sentimos la misma pena, irnos de este magnífico paraíso. Pago la cuenta, subimos a la habitación y nos preparamos para irnos. Coloca bien el edredón de la cama, observa que todo esté correcto y no quede nada, es hora de volver. Salimos por la puerta y antes de eso echa un último vistazo a la habitación.

–Ha sido increíble, gracias. -Me dice mientras me da un abrazo fuerte, puedo ver como sus marrones ojos brillan.
–Te prometo que vamos a volver. -La digo mientras la separo milimetricamente de mi cuerpo para agarrar una de sus manos con fuerza, me responde con una sonrisa.

Agarramos la maleta y caminamos al aeropuerto, son las once de la noche, el vuelo está planeado para salir a las doce, facturamos la maleta y a continuación nos sentamos en uno de esos incómodos bancos que hay. Echo un vistazo a Twitter mientras transcurre el tiempo, mi niña opta por leer un libro. El tiempo pasa lento hasta que se acerca la hora, anuncian que subamos al avión, miro a mi derecha y veo su rostro con alguna que otra lágrima y eso me hace entristecer.

–Juro que vamos a volver mi vida, te lo prometo. -Digo mientras agarro su cara.
–Es difícil dejar todo esto atrás para volver a la vida que teníamos en España, supongo que todo será acostumbrarse. -Dice.
–Todo irá bien pequeña. -Digo mientras tanto de calmarla.

Nos encaminamos hacia el avión, subimos las escaleras de este y nos sentamos en el asiento, la azafata da algunas instrucciones pero yo me sumerjo en mis propios pensamientos, no me entero de nada. Poco a poco el avión comienza a despegar, ahora si que ya se acababa todo, nos esperan nueve horas de vuelo. No puedo parar quieto, volar no es algo de mi total agrado, me sigue asustando tener que coger aviones. Con los nervios en el estómago me quedo dormido, y mi niña hace lo mismo. Me sumerjo en un sueño tan profundo que cuando quiero abrir los ojos ya solo quedan cuatro horas de vuelo, mi niña también se ha quedado dormida, me incorporo cómodamente en el asiento y sin hacer ruido me sigo manteniendo en silencio. Vuelvo a quedarme pensativo, sigo sin poder mantenerme quieto, por suerte las horas parecen pasar algo más rápido, ahora quedan solamente dos. Mi princesa abre los ojos y se los soba a modo de pereza, rápidamente se gira para regalarme una de sus preciosas sonrisas. Me acurruco en su pecho y entre sus caricias vuelvo a quedarme dormido. Un suave beso en los labios hace que me despierte, es ella.

–Cielo, ya estamos aquí... despierta. -Me dice en un susurro.
–Por suerte me he quedado dormido, creía que no llegábamos nunca. -Digo.

Nos levantamos del asiento con ansias, esperamos a que el avión se despeje de pasajeros para nosotros bajar después. Miro mi reloj, son las nueve de la mañana. Me pongo mi gorra negra y mis gafas de sol. Bajamos con cuidado las escaleras del avión, levanto un poco mis gafas y a lo lejos puedo ver a mis padres y a los de Aurora, eso me hace sonreír bastante. Vamos rápidamente hacia ellos, mi madre no duda en abrazarme con fuerza.

–Hola cariño. -Dice mi madre mientras me da dos besos.
–Hola mamá, hola a todos. -Digo mientras les voy saludando uno a uno.
–Hola Ele, hola Casi, Hola Salva... -Va diciendo Aurora uno por uno mientras saluda.
–¡Sofi! que grande estás mi amor... que ganas tenía de abrazarte ¿vienes con el tito? -Le digo a Sofía que está en brazos de mi hermana. La cojo en brazos.
–Hola mamá, hola papá. -Dice Aurora mientras saluda a sus padres.
–Hola cielo. -Dicen ellos.
–¿Qué tal el vuelo? -Nos pregunta mi madre.
–El vuelo ha sido agotador, pero ha merecido la pena. -Miro a mi niña y me sonríe.
–Hay que ver que morenos os habéis puesto, estáis guapísimos y se ve que la luna de miel ha ido de lujo. -Dice Casilda mientras me guiña un ojo.
–Hemos disfrutado como nunca, ha sido mágico. -Digo sonriendo.
–Supongo que nos habréis echado de menos, a si que, ¿qué os parece si esta noche quedamos para cenar? -Dice la madre de Aurora. -Antonio y yo tenemos algo que comunicaros. -Dice la madre de Aurora.
–Me parece genial, nos vemos esta noche. -Decimos y le damos un beso a Mercedes.
–Así lo haremos, a las diez venís a casa. -Dice mi madre, parece estar contenta de vernos tan unidos.
–Perfecto, vamos a Málaga que estos muchachos necesitan descansar. -Dice mi padre bromeando.

Cogemos las maletas y después nuestros respectivos coches, nosotros vamos con mis padres y los padres de Aurora van solos. Volvemos  Málaga y en el trayecto doy alguna que otra cabezada, el viaje me ha dejado molido. Mientras me voy quedando dormido, puedo ver como mi madre habla con Aurora sobre el viaje, es encantador ver lo bien que se llevan, me emociona mucho. Me quedo dormido, y cuando abro los ojos ya comienzo a ver algunos paisajes de Málaga, mi Málaga. Jamaica es precioso pero Málaga tiene algo especial, echaba de menos el olor a mar. Pasan los minutos y llegamos, mis padres nos dejan a la puerta de casa, se despiden de nosotros y se van. Subimos en el ascensor en silencio, abrimos la puerta de casa.

–Hogar dulce hogar... -Digo mientras dejo la maleta en un rincón.
–Supongo... -Dice algo apenada mientras se sienta en el sofá del salón.
–Que hayamos vuelto a casa no significa que las cosas no sean como en Jamaica, las cosas seguirán igual o mejor mi amor. -Digo mientras me siento a su lado.
–Lo sé, quizás soy una egoísta pero adaptarme a la realidad me costará. -Dice.
–Todo irá bien, ya lo verás mi vida. -La doy un suave beso.

Abrimos la cama y nos metemos en ella, poco a poco caemos en un sueño profundo, lo necesitábamos.

24.9.13

Cap. 84: Última noche en Jamaica

Narrado por Aurora:

Su hermana Casilda sin duda es una gran persona, siempre se preocupa por nosotros y por como estamos. Tras Pablo hablar con ella, volvemos a retomar el rumbo hacia el hotel. Subimos y parece que a ninguno de los dos nos acompaña el sueño, de modo que acabamos volviendo a hacer el amor. Se tumba en mi pecho y entre caricias nos quedamos finalmente dormidos. Abro mis ojos y veo a Pablo dándome los buenos días solo como el sabe, me encanta que sea así. Nos quedamos varios minutos en la cama hasta que decidimos bajar a desayunar para disfrutar de nuestras últimas horas en Jamaica, mañana cogeremos el vuelo que nos llevará de regreso a España. Degustamos ese delicioso desayuno y después continuamos visitando algunas calles que han quedado pendientes. Me paro frente a sus ojos, le agradezco que esté haciendome pasar los mejores días de mi vida aquí, él no duda en dedicarme alguna que otra palabra bonita. Se hace un corto silencio. La horas se me pasan bastante rápido hasta llegar al punto de que ya es la hora de comer, invito a Pablo esta vez puesto que es nuestra última comida aquí. Subimos a la habitación para reposar un rato la comida, nos quedamos dormidos aproximadamente unas dos horas. Bajamos a disfrutar de la tarde, tarde que pasa volando y se presenta la noche, no puedo evitar que me entre nostalgia al saber que todo esto que ha sido tan bonito llega al fin, en unas horas estaremos subidos al avión. No quiero que Pablo me vea nostálgica a si que muestro mi mejor sonrisa dispuesta a disfrutar al límite de nuestra última noche de luna de miel.

–¿Te apetece que vayamos a tomar un mojito? -Le pregunto mientras le agarro de la cintura.
–No suelen gustarme demasiado, pero creo que hoy haré una excepción. -Me guiña un ojo.

No opone resistencia a si que vamos hasta la otra punta de Jamaica donde tengo entendido que sirven los mejores mojitos. Entramos y el bar está a reventar, nos sentamos en un taburete de la barra y nos sirven nuestros mojitos. Le doy un sorbo a la copa sin quitar ojo a Pablo, el cual clava sus ojos en mi mientras degusta el mojito. Empezamos a hablar mientras pedimos algún que otro mojito más. Estamos algo contentillos, me acerco a su oído y le susurro provocativamente.

–Tengo ganas de ti. -Digo mientras me muerdo el labio superior traviesamente.
–Tendrás que esperar, estamos bastante alejados del hotel. -Ríe.
–¿Y por qué esperar? -Le señalo la puerta de los aseos del bar.
–Estás loca ¿cómo piensas qué...?. -Me dice mientras ríe ante mis palabras.
–Hay que ver lo aburrido que llegas a ser a veces. -Ríe.
–¿Aburrido? ¿yo? creo que te equivocas. -Se ríe y se encamina hacia los aseos del bar. Le sigo sin poder parar de reír.

Se encarga de mirar que nadie más se encuentre allí, se acerca a mi y me acerca a su cuerpo mientras que me coloca en la pared y me besa de una forma muy pasional. Me quita la ropa sin dejar de besarme por todos los rincones de mi cuerpo, alguna que otra carcajada sale de mi boca al sentir su barba en mi piel haciendome cosquillas. Me quita la ropa sin prisa alguna y yo hago exactamente lo mismo. Doy un pequeño salto hasta que mis piernas rodean su cintura, la pasión se apodera de nosotros y los primeros jadeos aparecen. Me eleva al cielo como solo él es capaz de hacer. Las respiraciones se alteran de forma exagerada y nuestros corazones laten cada vez más fuerte, juega con mi melena, y yo enredo sus manos en su  pelo. La puerta del aseo se abre y poco después intentan abrir en la que nos encontramos nosotros, por suerte el pestillo está echado. Los dos no podemos parar de reír ante la situación.

–Gamberra... -Ríe.
–Gamberro tú. Anda... será mejor que volvamos al hotel. -Digo mientras quito el pestillo y me visto a prisas.

Salimos del aseo aparentando normalidad, Pablo y yo tratamos de aguantar la risa hasta que salimos a la calle, y ahí empezamos a reírnos ante lo que ha sucedido. Volvemos al hotel sin pronunciar palabra alguna, introduzco la tarjeta y abro la puerta de la habitación, me descalzo y dejo los zapatos tirados por la habitación. Cojo el pijama y el neceser, me meto en en el aseo y comienzo a quitarme el maquillaje que llevo, de pronto siento como si la cabeza me diese vueltas, me agarro con fuerza al picaporte de la puerta para evitar mi caída. Parezco estar mejor, pero esto me asusta... yo nunca he parecido mareos así. No quiero preocupar a Pablo, a si que me echo un poco de agua en la cara para refrescarme y salgo de allí. Se sienta en la cama mientras echa un vistazo en la televisión.

–¿Estás bien amor?. -Me dice tras verme salir.
–Eh... sí, claro. -Miento, no me encuentro demasiado bien.
–¿Seguro? estás pálida ¿te encuentras bien seguro? -Dice mientras deja el mando de la tele sobre la cama.
–Han debido de ser los mojitos, no estoy acostumbrada y supongo que será por eso, no te preocuopes. -Me acerco a él, le doy un leve beso en la frente y me meto en la cama para intentar descansar ya que mi cuerpo no parece estar bien del todo.
Algo hace que me despierte en medio de la noche, salgo de la cama intentando hacer el menos ruido posible que pueda despertarle, estoy algo débil y no sé por qué. Me meto en el aseo y me refresco la cara nuevamente. ¿Qué está pasando? tengo una extraña sensación dentro del cuerpo. ¿Será que voy a caer enferma? o quizá esté.... no, eso es imposible, totalmente imposible. Vuelvo a meterme en la cama intentando dormir ya que esto debe ser por el cansancio acumulado o por los mojitos. Me quedo dormida rodeada de pensamientos. Abro mis ojos, Pablo sigue dormido a si que decido despertarle con cuidado.

–Buenos días mi vida. -Le digo mientras le doy un beso en la mejilla.
–Buenos días princesa, que raro se me hace que te hayas despertado antes que yo. -Sonríe.
–No tengo demasiadas ganas de seguir durmiendo a si que voy a mandar subir el desayuno a la habitación ¿vale? -Digo mientras salgo de la cama para marcar el número de teléfono de la recepción.

No tardan en subir lo que les he mandado, desayunamos metidos en la cama y poco después comenzamos a meter las cosas en las maletas, parezco estar mejor que ayer.


23.9.13

Cap. 83: Gracias por hacerme pasar los mejores días que he podído vivir en mi vida

Narrado por Pablo:

Tras calmar sus lágrimas la invito a cenar, se produce el pequeño dilema sobre quién se hará cargo del gasto de la deliciosa cena que hemos degustado hace unos minutos. Salimos del restaurante para encaminarnos a la playa, hace algo de viento fresco el cual no duda en despeinar el pelo de mi princesa. Caminamos un rato por la orilla del mar y a continuación nos sentamos sobre la fina arena de esta. Beso su mayor punto débil, su cuello, su piel no duda en estremecerse al sentir el fiel contacto de mis labios. Su mirada está mirando al frente, estamos solos. De pronto se  acerca a mis labios y sin prisa alguna deposita un apasionado beso en ellos, los besos se intensifican de tal manera que acabamos haciendo en ese preciso momento. Se tumba a mi lado, pensativa e inquietante, no dudo en preguntarla sobre que pasa por su cabeza, en ella rondan pensamientos que no muy buenos que digamos, la hago entender que no puede darle pie a las preocupaciones, desliza alguna que otra lágrima y eso me hace sentir algo culpable. Prometo regalarla siempre una sonrisa además de hacerla feliz siempre. Nos vestimos para salir de la playa ya que es algo tarde, volvemos al hotel disfrutando de la buena noche que ha quedado. Suena mi teléfono con una melodía de John Mayer ''Who you love'', es mi hermana Casilda.

–¡Casi! ¿cómo estás hermanita? estamos de vuelta al hotel después de... cenar. -Miro a mi niña mientras sonrío pícaramente, continúo la conversación. -Si Casi, Aurora está aquí conmigo, estamos bien. ¿Cómo está la niña? -Pregunto mientras me paro en mitad de la calle. -Dala un beso enorme de su tito, y otro para el resto, nos vemos ya mismo, un beso Casi. -Cuelgo el teléfono y lo deposito en el interior del bolsillo de mi pantalón.

–Tú hermana es un amor Pablo, siempre se preocupa por los demás, desde que la vi supe que era una persona con un corazón que no le cabía en el pecho. -Sonríe mi niña.
–Lo es, mi hermana siempre ha sido como una amiga, alguien en que siempre he podido confiar y confío plenamente para contarle muchas cosas que quizá a otra persona jamás le contaría, es fantástica. -Mi niña vuelve a agararme de la cintura mientras seguimos caminando. Llegamos al hotel y sin prisas cogemos el ascensor el cual en pocos segundos nos deja en nuestra planta. Nos adentramos dentro de la habitación, me tumbo en la cama estirado completamente y mi niña hace exactamente lo mismo, se gira y me mira con  una sonrisa pícara.

–¿Estás... cansada? -Digo riendo.
–Un poco. -Me guiña un ojo, no puedo evitar reír.
–¿Y te apetece dormir? -Comienzo un juego, me acerco cada más cerca a sus labios.
–No estaría mal ¿tú tienes sueño? -Dice sonriendo.
–Yo prefiero comerte a besos en lo que queda de noche, si tú me dejas claro. -Digo mientras la doy un leve beso en los labios y vuelvo a separarme de ella.
–Tómame de los pies a la cabeza... -Comienza a cantar y una carcajada sale por mi boca.

La levanto de la cama con cuidado, aparto el mechón de pelo que se ha puesto sobre su cara mientras que con la otra mano la atraigo contra mi cuerpo, me acerco a su boca mientras la observo fijamente, espero unos segundos y la beso con pasión, la apoyo contra la pared, y poco a poco la desnudo. Tiro de la cremallera de su apretada falda, cae al suelo y después meto mis manos por debajo de su camiseta la cual no tardo en deshacerme de ella. Posa sus manos sobre mi nuca sin dejar de besarme en la labios, de ahí baja al cuello, se separa y tira de mi camiseta con mi ayuda la tira por la habitación, desabrocha mi pantalón y muy poco después caen. Las respiraciones se cortan a medida que los besos se intensifican, nuestros corazones laten de manera descontrolada. Nos quedamos desnudos, sólo queda el calor que desprenden nuestros cuerpos. La tumbo en la cama con cuidado mientras acaricio sus piernas, se acerca a mi oído y muerde el lóbulo de esta pícaramente, sonrío ante su acto. Bajo hasta su vientre el cual beso y acaricio. La pasión se adueña de la habitación una vez más. Apoyo mi cabeza sobre su pecho, acaricia mi pelo mientras me da besos en la cara de vez en cuando, no cruzamos palabra alguna, nos quedamos dormidos como troncos.
Abro mis ojos mientras estiro mis brazos a modo de pereza, sigue dormida cubierta con la sábana, son las doce del mediodía, me acerco lentamente a ella y rodeo su cintura con mis brazos mientras que la doy un beso en la mejilla, momentáneamente se dibuja una sonrisa en su cara.

–Una bella durmiente acaba de abrir sus ojitos... -Digo mientras la agarro de la mano.
–Te amo. -Me dice nada más abrir los ojos, me besa.
–Y yo mi amor. -Digo.

Nos quedamos en la cama unos minutos más dándonos caricias el uno al otro, minutos después nos damos una ducha y bajamos a desayunar para disfrutar de las útlimas horas aquí. Me pongo un pantalón vaquero clarito y una camiseta color verde oscuro, mi niña va impresionante con ese vestido estampado de flores. Degustamos del desayuno, después terminamos de visitar algunas calles de Jamaica que en estos días no hemos visitado, de pronto se para y me mira fijamente.

–Gracias por hacerme pasar los mejores días que he podido vivir en mi vida, aquí contigo mi amor. -Dice mientras me abraza con una total fuerza.
–Tú has hecho que sean así, sin ti nada habría sido igual mi vida. -Digo mientras la agarro de la cara.
–Para siempre. Dice.
–Siempre. -La doy un beso en la frente.

Volvemos a caminar en silencio después de dedicarnos una vez más unas palabras tan bonitas...



18.9.13

Cap. 82: Solo si me prometes que me regalarás una sonrisa cada día

Narrado por Aurora: 

Definitivamente estoy atravesando momentos donde la sensibilidad me dobla. Mi niño y yo hemos optado por ir al cine a ver una película romántica, en la cual mis lágrimas no han dudado en descender por mis mejillas al descubrir el trágico final de esta donde los protagonistas viven un gran amor y a pesar de que algunas personas no están de acuerdo, logran vivirlo hasta que finalmente amanecen los dos muertos sobre la cama sabiendo lo que ambos se querían. Me seca las lágrimas que anteriormente recorrían mis mejillas y acto seguido decidimos ir a cenar a un restaurante. Mis manos se encuentran sobre la mesa, me mira de forma fija con sus preciosos ojos, acaricia mis manos con dulzura. Hay momentos en los que me paro a pensar en todo lo que he vivido en estos veintitrés años y me doy cuenta de que lo mejor que me ha pasado en la vida es Pablo, quizá suene típico pero es así, es inexplicable mis sentimientos hacia el. Degustamos una deliciosa cena a la luz de las velas que acompañan la mesa. Como siempre, se produce la pequeña duda respecto a quién correrá con el gasto de la cena, y como siempre Pablo acaba pagando debido a que no me deja pagarla a mi. Salimos del restaurante y nos encaminamos hacia la playa, me quito el calzado y Pablo hace lo mismo para pisar la arena. Me agarra de la cintura mientras caminamos por la orilla, noto su mano en mi espalda y eso produce en mi algún que otro escalofrío. Estamos completamente solos, el sonido del mar se mete por nuestros oídos, pone sus manos sobre mi nuca y acorta la distancia entre sus labios y los míos. Por unos segundos siento como si el mundo de parase en ese beso. Me agarra de la cintura mientras pone sus ojos en mi, no pronunciamos palabra alguna. Se sienta en la arena, yo hago exactamente lo mismo. Besa mi cuello en uno de mis descuidos mientras dejo la mirada un tanto perdida al frente.

–¿Recuerdas? siempre soñabas con que los dos estaríamos en alguna playa con el sonido del mar de fondo. -Me dice mientras brillan sus marrones y preciosos ojos.
–No soy nada consciente con la realidad que vivo Pablo, cuando te miro a los ojos miles de planes se me vienen a la cabeza para los dos el resto de nuestras vidas, firmaría por que estés siempre presente en mi vida. -Digo mientras me giro para mirarle.
–Deberías acostumbrarte porque esto solo es el comienzo, te amo y eso nada ni nadie lo podrá cambiar. -Dice siendo sincero con sus preciosas palabras, palabras que logran emocionarme.
–Te amo pequeño. -Digo mientras le atraigo contra mi cuerpo para abrazarle con fuerza, necesito que me abrace.

Nos quedamos en silencio sin dejar de abrazarnos solamente como nosotros sabemos. En mi cabeza pasa el pensamiento de que pasado mañana volveremos a España, las cosas allí serán difíciles para nuestro matrimonio, ya lo eran antes de casarnos y ahora no habrá excepción alguna. Pablo y yo viajaremos a Argentina en los próximos días como acordamos, después él empezará nueva gira por España y a mi me tocará buscar empleo. La vida aquí es tan tranquila...  lugar donde nadie nos conoce, nadie se empeña en destruir este gran amor que poco a poco se fue formando y a día de hoy es inmenso. Me acerco a Pablo, le beso en los labios con un toque de pasión, los dos queremos llegar a algo más y no dudamos en ello. Desliza mi camiseta hacia arriba y con mi ayuda me la quita dejándola caer en la arena, a continuación desabrocha mi pantalón. Minutos después de deshacerse de mi ropa, repito su acción, le desnudo con cuidado para volver a ser uno, somos uno. Nos tumbamos sobre la arena mientras que la luna y las estrellas nos acompañan. Los pensamientos vuelven a alejarme de la realidad nuevamente.

–¿En qué piensas para estar tan callada? -Dice mientras acaricia mi pelo.
–Pienso en la bonita que sería la vida aquí, sin preocupaciones. -Digo.
–¿Preocupaciones? pienso que deberías dejar de tenerlas aunque sea por unos minutos.
–Ojalá tuviera exactamente la misma capacidad que tú para poder alejarme de ellas, no puedo... -Digo mientras que comienzo a llorar sin motivo aparente.
–Shhh... no quería hacerte llorar mi vida. -Dice mientras me limpia las lágrimas que han descencido por mis mejillas.
–Tú no tienes la culpa en absoluto, debería de dejar las malditas preocupaciones que rondan por mi cabeza atrás y comenzar a disfrutar como merezco, ser feliz contigo.
–No quiero que estés mal, quiero que sonrías por favor, tu sonrisa es necesaria en mi día a día. 
–Lo haré, solo si me prometes que  tu también me regalarás una sonrisa cada día.
–Te lo prometo, porque nadie como tú para hacerme feliz princesa. -Ambos sonreímos.

Regresamos al hotel caminando mientras disfrutamos de la bonita noche que se ha quedado, su teléfono suena.

3.9.13

Cap. 81: Hasta que la muerte nos separe

Narrado por Pablo:

En las últimas horas han surgido algunos imprevistos. Manuel me llamó hace un rato para comunicarme un cambio de fecha en el concierto que ofreceré en Argentina, se pasaría al próximo Lunes. Me niego, para entonces quedará una semana de nuestra luna de miel, no puedo hacerlo esto a Aurora. Le hago entender a Manuel que esto es imposible, me entiende perfectamente, es más me asegura que hará todo lo posible por hacerles entrar en razón y seguir con la fecha prevista. Cuelgo el teléfono bastante cabreado ya que no me hace mucha gracia precisamente todo esto, se lo comento a Aurora la cual se niega rotundamente a seguir aquí, quiere que cumpla con el compromiso, la hago entender que es nuestra luna de miel y no pienso quitar ni un sólo día de esta. Vuelvo al hotel con mi niña, vamos a la habitación y ambos nos damos una ducha, bajamos a comer para olvidarnos un poco de todo, subimos y nos acostamos un rato en la cama. Comienzo a jugar con la cremallera de su vestido queriendo llegar a algo más, no se niega, nos desvestimos mutuamente y acabamos mostrando todo el amor que nos tenemos el uno por el otro una vez más. Seguimos acostados en la cama hasta que el timbre de mi móvil nos interrumpe, es Manuel finalmente ha logrado mantener la fecha prevista, le doy las gracias por lo que ha hecho por mi hoy, me despido y cuelgo con una enorme sonrisa vuelvo a la cama, me quedo de rodillas en esta y le doy la noticia a Aurora, se queda más tranquila. Comenzamos un nuevo juego de caricias, un juego de caricias que nos lleva a desatar la pasión entre los dos. Nos quedamos dormidos, abro mis ojos  e inevitablemente miro al otro lado de la almohada, su melena y su rostro posan en ella, está preciosa incluso cuando duerme. Me acerco lentamente a ella acortando toda la distancia que separa su cuerpo del mío, la beso con mucha dulzura mientras recorro su cuerpo, puedo ver perfectamente como mi niña se quiere hacer la dormida. Finalmente se despierta ya que es mi barba la que le causa cosquillas, sin darme cuenta sale corriendo hacia el aseo dejándome con las ganas de darla un beso, poco después voy detrás de ella para intentar cogerla y juntos empezar una nueva guerra de cosquillas, no lo logro. Tras decirla unas palabras, cae rendida y sale del aseo, la agarro y inicio esa guerra de cosquillas que dejé pendiente con ella hace un rato, ríe a pura carcajada, me pide que la suelte y la suelto. Tras varios minutos con ese juego de cosquillas me dice que me ponga el bañador, me lo pongo y ella hace exactamente lo mismo. Caminamos según ella a una playa un tanto especial, tan especial como que no sé donde estamos ni veo una playa, eso sí veo un Aqua Park y ya que según ella se ha debido de equivocar mirando el mapa decidimos entrar en él. Vamos a recepción y preguntamos si existe la posibilidad de nadar con los delfines, la chica que está tras el mostrador de información asiente con la cabeza, de pronto Aurora la dice que tiene unas entradas a su nombre, algo que me deja descolocado, no puedo creer que me haya traído aquí a modo de sorpresa. Esperamos unos minutos sentados en un banco hasta que nos toca nuestro turno, no tengo palabras para agradecerla todo esto, sabe que este era un sueño que tenía en mente desde muy pequeño y hoy gracias a ella lo cumpliré. Estamos con los delfines un buen rato hasta que el monitor encargado de la actividad nos indica que se acabó el tiempo, salimos y volvemos al hotel, vamos a cenar y subimos a la habitación, vuelvo más feliz que nunca y ella no se queda atrás. Subimos a la habitación tras haber cenado, me quedo dormido mientras que mi niña habla con sus amigas por el WhatsApp. Siento como unos brazos rodean mi cintura, no puedo evitar reír ante la postura que tiene Aurora mientras duerme, posa una de sus piernas encima de mi, poco a poco, me suelta y se gira hacia el otro lado de la cama mientras me da la espalda, aún así no puedo evitar caerme de la cama ya que me dejó en el borde de esta mientras me abraza. Oye tal golpe y se despierta de golpe mientras se coloca el pelo.

¿Qué haces ahí Pablo? -Pregunta mientras se frota los ojos.
No lo sé... dímelo tú. -Digo riendo mientras me levanto del suelo.
¿Yo? pero si yo me acabo de despertar y ya estabas ahí. -Ríe.
Digamos que alguien  posó su pierna sobre mi y poco a poco acabó empotrándome al borde de la cama y me caí. -Digo mientras me levanto del suelo.
–Lo siento amor, no sabía que tenía semejante fuerza... ¿estás bien? -Dice.
–Ufff... no sé yo ¿eh? me duele mucho. -Bromeo mientras río.
–¿Dónde? -Me sigue el juego.
–Aquí. -Me señalo los labios.
–¿Aquí? -Señala los labios y los besa con dulzura. -¿Mejor así? -Formula mientras se sienta sobre mi regazo.
–Mucho mejor, tus besos son curativos ¿sabes? -Digo mientras me acerco a ella y la robo otro apasionado beso, ríe ante mi comentario.
–Serás roba besos... -Dice a modo de broma.
–¿Roba besos? esperate a la noche, a ver cuantos más te puedo robar. -Susurro.
–Te amo. -Me dice.
–Y yo a ti mi vida, cada día más. -Digo sonriendo ante esas dos palabras que me emocionan cada vez que las pronuncia.

Nos levantamos de la cama y sin ningún tipo de prisa nos vestimos para salir a desayunar y a dar una vuelta
 Me pongo unas converse junto a unos pantalones rojos y una camiseta gris estampada. Mi niña va infinitamente guapa, lleva una minifalda blanca apretada y una camiseta color carne de tirante ancho. Nos sentamos en la cafetería, tomamos dos cafés con dos tostadas cada uno, pagamos la cuenta y salimos de allí, mi niña muestra una intensa felicidad en su dulce cara, me gusta verla así. La agarro de la cintura mientras paseamos por algunas calles que no habíamos visitado. La brisa acaricia nuestra cara y el sol nos acompaña. Poco a poco la mañana transcurre hasta llegar la hora de comer, paramos a comer mientras mi niña me cuenta los planes que tiene en España respecto a la vida laboral. Pagamos el importe de lo que hemos comido y volvemos al hotel ya que hace demasiado calor como para estar en la calle. Mi niña se da una ducha y yo hago lo mismo ya que hemos sudado, después optamos por ver una película que echan en la televisión, aunque más que verla nos hemos pasado todo el tiempo dándonos besos y llenándonos de caricias. Me acurruco en el pecho de Aurora mientras acaricio sus suaves manos, me mira con una tímida sonrisa.

–Creo que estamos mejor en otro sitio. -Río.
–¿Dónde? ¿quieres salir a dar una vuelta? -Me dice.
–No... -Me agarro a mi niña y con cuidado nos dejo caer al suelo, cae encima de mi torso. -Aquí. -Continúo la frase.
–Eres un vengativo. -Me dice riendo sin separarse de mi.
–Tienes razón... soy un vengativo, me vengaré de ti... ¿sabes cómo? -Río.
–¿Vengarte de mi? ¿de qué manera? -Me sigue el juego.
–Comiéndote a besos unos cuantos minutos. -Digo pícaramente.
 –Puedes empezar. -Me dice pícaramente.

Nos besamos apasionadamente nuevamente, los besos de Aurora se han convertido para mi en una auténtica adicción sin duda, los necesito. Me sepero unos escasos milímetros de sus labios sin dejar de agarrar su rostro me aproximo a su oído y susurro.

–¿Ves esto? -Señalo mi corazón. -Es completamente tuyo y late por ti.. -Cojo su mano y se la coloco en mi corazón.
–¿Sabes? el mío también te pertenece a ti, late y vive solamente por ti. -Me coge la mano y lo coloca en su corazón, el cual late fuerte.
–Te amo pequeña. -Digo mientras la doy un beso en la mejilla y me tumbo a su lado permaneciendo en el suelo.
–Y yo mi vida. -Dice con una sonrisa mientras gira el cuello y me mira con una dulce e inocente mirada

Me quedo con ella tirados en el suelo unos cuantos minutos, abrazados hasta que nos damos cuenta de que la tarde está llegando a su fin, nos levantamos del suelo y decidimos ir al cine a ver una película.
Llegamos a la taquillas de este y compramos las entradas, optamos por ver una película romántica ''El diario de Noa''  abrazo a mi niña con fuerza ya que no puede parar de llorar al ver como uno de los padres de los protagonístas de la película no aceptan su relación y deciden separarlos, pero más llora cuando se acerca el final y los protagonistas son encontrados muertos el uno al lado del otro, agarrados de la mano.
Salimos del cine, mi niña no para de llorar como una magdalena.

–Te vas a deshidratar... ¿por qué te emociona tanto una película así? -Pregunto mientras limpio sus lágrimas
–Me acuerdo cuando mi padre... -Se la atragantan las palabras.
–No llores princesa, olvidemos lo ocurrido, lo importante es que ya nadie está en desacuerdo con lo nuestro y tú padre lo aceptó y nosotros estaremos juntos siempre.
–Tan siempre que quiero morir contigo al lado sabiendo que fuimos felices con un gran amor... -Me dice mientras me abraza con fuerza y logra emocionarme con sus palabras.
 –Nosotros prometimos que estaremos juntos hasta que la muerte nos separe y así será mi vida, te lo prometo. -La abrazo con fuerza mientras la beso la frente y calmo sus lágrimas.
–Siempre. -Me mira con una sonrisa fijamente a los ojos.

La invito a cenar en un restaurante tras haber calmado sus lágrimas, sus palabras siempre logran emocionarme...

1.9.13

Cap. 80: Cumpliendo sueños

Narrado por Aurora:

Entre besos y caricias mi niño y yo nos quedamos dormidos. Abro mis ojos primero que Pablo, él se mantiene completamente dormido mostrando una cara muy angelical además de un pelo bastante alborotado, no puedo evitar reír ante la estampa. Le observo sin quitarle el ojo de encima hasta que un pequeño golpe en la puerta de la habitación me hace levantarme de la cama con cuidado, me pongo el albornoz y me dirijo a la puerta mientras termino de atarme la lazada del cinturón de este. Abro la puerta y es un chico joven de unos diecinueve años, parece ser un trabajador del hotel que reparte propaganda sobre ocio. Me da un folleto y a continuación cierro la puerta mientras ojeo el contenido de este. No puedo evitar sonreír al darme cuenta de que se trata del sueño de Pablo, nadar entre delfines. Vuelvo a la habitación y cojo el teléfono que se encuentra sobre la mesilla mientras me aseguro de que mi niño sigue dormido. Sigue dormido a si que marco el número que viene en el folleto y reservo dos entradas para hoy mismo a las siete de la tarde. No me ponen pega al respecto, cuelgo el teléfono y me duermo ya que Pablo sigue dormido como cuyo tronco. Noto como unos besos empapan todo mi cuerpo, intento hacerme la dormida pero su barba causa cosquillas en mi y eso hace que no pueda evitar reírme ante la situación, se me escapa una carcajada rápidamente.

 –Con que haciéndote la dormida ¿no gamberra mía? -Me dice mientras me dice con una sonrisa.
–¿Yo? creo que te equivocas, estaba dormida en un sueño profundo hasta que alguien ha empezado a juguetear, el único gamberro que hay aquí eres tú amor. -Digo mientras me pongo de lado, le guiño un ojo y a continuación intenta besar a mis labios pero no lo logra ya que salgo corriendo hacia el aseo a encerrarme antes de que me coja y comience una nueva guerra de cosquillas.
–Si no sales... tendré que bajar a conocer a las turistas de aquí ¿no crees? -Dice haciéndose el remolón.
–Adelante, tú verás lo que puede pasar esta noche... -Digo riéndome mientras decido salir para ver su cara.
–¿Qué puede pasar esta noche? -Me dice mientras me agarra y me deja frente a sus labios.
–Creo que fuera hay un sofá blanco maravilloso parece cómodo, ya sabes... -Digo riéndome.
–Yo creo que hay cosas mucho más cómodas y más útiles ¿no crees? -Me dice mientras comienza a mirarme pícaramente y comienza la guerra de cosquillas que dejó pendiente conmigo hace unos minutos.
–¡Éstate quieto! se de uno que dormirá en el sofá. -Digo eso entre carcajadas, como puedo.
–Ufff... me niego a dormir ahí, al no ser que sea por un motivo. -Me dice picaramente.
–Luego la gamberra soy yo. -Hago un silencio, se ríe y continúo la frase. -Ponte el bañador que vamos a un sitio. -Digo misteriosamente.
–¿A la playa otra vez? -Pregunta.
–Exacto, pero te prometo que no es una cualquiera. -Miento mientras se lo susurro al oído.
–Que misteriosa te has levantado hoy princesa. -Dice mientras coge el bañador de la maleta y se mete en el aseo, yo repito la acción.

Me pongo un bikini básico, una camiseta palabra de honor, unos shorts vaqueros y lo acompaño con unas zapatillas de deporte. Estoy ilusionada, me encanta poder hacer posibles los sueños de Pablo, espero que todo esto que he organizado le guste y lo disfrute como un niño pequeño. Sale del aseo, ya estamos listos y preparados para irnos, nos agarramos de la cintura mutuamente mientras caminamos por las calles. Pablo mira de un lado a otro de forma extraña a medida que avanzamos, no puedo evitar reírme ante sus gestos.

–Mi niña... ¿aquí tú crees que hay playa? -Me pregunta.
–Ahora que lo dices no tiene mucha pinta, me habré equivocado al mirar el mapa. -Digo traviesamente intentando disimular.
–Debe ser eso, nos hemos alejado bastante y aquí solo hay un Aqua Park. -Dice.
–¡Anda! un Aqua Park, seguro que es un lugar donde puedes nadar con los delfines, y tocarles... -Digo.
–Lo dudo, aquí de eso no tiene pinta de a ver.
–Ya que estamos aquí, ¿no te apetece entrar? no perdemos nada. -Respondo.
–De acuerdo. -Dice sonrientemente.

Entramos y nos dirigimos al mostrador donde se encuentra una chica joven que no duda en atendernos.

–Hola ¿en qué puedo ayudarles? -Dice mientras mira a Pablo.
–Hola, queríamos saber si aquí dais opción a nadar con los delfines. -Dice serio.
–Sí, en tiempo de verano es posible ¿estarían interesados? -Dice la chica.
–Soy la que llamó hace media hora encargando dos entradas, no se preocupe. -Sonrío, la cara de Pablo muestra una gran sorpresa.
–¿Qué? ¿pero cómo...? -Dice atónito.
–Esta mañana me trajeron un folleto a la habitación de este lugar y me acordé de que era tu sueño, quiero que lo cumplas y por ello he preparado todo esto, de sobra sabía que aquí no hay playa. -Digo con una sonrisa al ver la felicidad que muestra Pablo.
–No me lo puedo creer, eres increíble mi vida. -Dice sonriendo.
–Las entradas están a mi nombre, Aurora Torres por favor. -Digo y la chica comienza a buscarlas, las encuentra.
–Aquí tienen, tienen que esperar unos minutos a que salga el grupo de niños que acaban de entrar, pueden esperar sentados en ese banco. -Dice mientras nos lo señala.
–Gracias. -Decimos ambos mientras cogemos las entradas y nos dirigimos al banco.
 –¿Te ha gustado mi sorpresa? -Pregunto mientras acaricio su mano.
–No sabes cuando princesa, gracias de corazón por hacer que un sueño que tengo desde pequeño hoy se lleve a cabo, te quiero. -Me dice mientras me da un ligero beso.
–Gracias a ti. -Digo sonriendo.

Nos quedamos unos minutos sentados en el banco hasta que nos informan de que ya podemos entrar a la piscina, antes entramos al vestuario a dejar todas las cosas. Salgo y me encuentro a Pablo fuera del vestuario de hombres, sigue feliz y eso me hace feliz a mi también. Me da la mano y junto al monitor caminamos hacia la piscina rodeados de más parejas. El monitor nos da unas instrucciones respecto al funcionamiento de la actividad, le atendemos y poco después nos metemos a la piscina, Pablo me ayuda a bajar. Hay tres delfines, todos son preciosos y algo pequeños, siempre he pensado que esta clase de animales son una dulzura. Pablo le da de comer a uno mientras le acaricia, a mi me da algo de miedo a si que me quedo algo alejada.

–Ven mi niña, no tengas miedo no te hará nada. -Dice mientras estira el brazo para que le coja la mano y llegue hasta él. Le toco con algo de temblor hasta que finalmente quito todos mis miedos y le toco más segura.
–¿Ves? creo que este pequeño también se ha enamorado de ti. -Dice riendo mientras vuelve a acariciarlo.

Estamos unos minutos acariciándolos hasta que llega el turno de que otros los toquen, nos ponemos a nadar en esa inmensa piscina alrededor de ellos, un pequeño ruido por su parte hacen que de un bote en el agua.

–Tranquila. -Dice Pablo mientras sale a la superficie y me agarra de la mano fuerte.

Poco a poco la piscina se despeja y quedamos nosotros solos, Pablo no para de acariciarlos, dejo que disfrute de su momento y me siento en el bordillo, estamos así alrededor de una hora hasta que el monitor nos anuncia que debemos de salir ya que la hora de la actividad ha llegado a su fin y le toca a otro grupo de personas.

–Ufff... ¡te quiero! -Dice mientras se para frente a mi y lo grita, me quedo paralizada.
–Pablo... estamos rodeados de gente, estás loco. -Digo mientras río.
–Loco por ti. -Me coge en brazos y me da un apasionado beso.
–Me alegra verte tan feliz, sabía que te gustaría. -Digo sonriendo.
–Gracias de verdad mi niña, por todo lo que haces constantemente por mi. -Dice.
–Esto es lo primero de mucho, recuérdalo. -Le digo eso y continuamos caminando hacia el vestuario, nos cambiamos y volvemos al hotel llenos de felicidad. Nos cambiamos de ropa nuevamente ya que nos hemos mojado algo. Me meto en el aseo y me pongo unas mayas negras acompañado de una camiseta blanca de hombros caídos junto a unas sandalias de cuña rojas, me hago una coleta y me maquillo un poco los ojos, salgo del aseo y Pablo aún no ha salido, le espero sentada en la cama, sale con una preciosa sonrisa, me mira de arriba a bajo mientras se muerde el labio. Está tremendamente guapo como siempre, luce un pantalón vaquero ajustado y una camiseta estampada. Me agarra de la mano y bajamos al restaurante lugar donde cenamos tranquilos entre risas y besos. Acabamos de cenar, estamos bastante cansados a si que decidimos quedarnos esta noche en la habitación viendo una película o algo. Entramos a la habitación, entro yo primero que él, me siento en la cama y me quito la sandalias mientras me masajeo un pie debido a que tengo los pies algo cansados por el tacón. Se sienta a mi lado y con dulzura coge mi pierna y comienza a masajear mi pie. Me acerco a él y en un descuido le beso el cuello, su punto débil más fuerte.

–Me vas a matar. -Dice riendo.
–A besos, si tu me dejas claro. -No espero su respuesta y me abalanzo sobre él dejando una nula distancia entre nuestros cuerpos y labios.
–Te amo. -Me separa de él, me coloco el pelo detrás de la oreja.
–Y yo mi vida. -Me responde con una sonrisa mientras yo vuelvo a acortar la distancia.

La temperatura aumenta de forma exagerada en cuestión de segundos, le quito la camiseta y a continuación él pantalón, las dos prendas caen rápidamente al suelo ya que sobran. Acaricia mis piernas mientras que no para de besarme y jugar con mi pelo. Tira de mis mayas y va subiendo desde la cintura hasta mi cuello pasando por mi vientre y pecho haciéndome temblar una vez más. Acabamos de desnudarnos sin prisas, vuelvo a sentir el calor que desprenden nuestros cuerpos al fundirse una vez más, mi piel no puede evitar erizarse con el contacto de sus suaves manos en ella. Juntos llegamos a lo más alto, demostrándonos nuevamente todo el amor que nos tenemos el uno al otro. Se tumba en mi pecho y juego con su pelo, se queda dormido, pero yo esta vez tardo en conciliar el sueño a si que decido hablar a Marta y a Ángela por el grupo de WhatsApp, las echo de menos.

–Princesas ¿cómo estáis? os echo de menos... -Mando el mensaje y momentáneamente me contestan.
–¡Mi niña! estoy con Ángela, estamos las dos dando una vuelta ya que hoy Salva ha tenido que viajar por motivos de trabajo. -Dice Marta.
–Pasarlo bien y no la liéis mucho ya sabéis... 
–No, para eso te esperamos a que vuelvas, por cierto... ¿cuando vuelves?
–El próximo Lunes, pero después viajaré con Pablo a Argentina, tiene concierto allí y me ha pedido que vaya con él.
–¡Cómo vives! espero que te esté cuidando... -Dice bromeando.
–Me cuida, tranquila... -Vuelvo a bromear.
–Cielo, te tenemos que dejar, estamos a punto de entrar al cine a ver una peli.
–Vale, que disfrutéis, os quiero. -Me despido y se despiden.

Dejo el teléfono sobre la mesilla y intento dormir ya que es buena hora.

Este capítulo va dedicando expresamente a Leticia Mayor Sánchez (Leti_Alboran97) por su pequeña colaboración en este capítulo y por ser una persona fantástica que en cuestión de horas he cogido un cariño inmenso, gracias de corazón, te quiero.