17.10.14

Cap. 109: Si no eres tú, no quiero a nadie

Narrado por Aurora:

Estoy tan feliz... me siento completamente plena. Al fin vuelvo a tenerle a mi lado... después de todo este tiempo me he dado cuenta de algo, y es que necesito su presencia en mi vida para sobrevivir, no encuentro el sentido de nada sin él, no quiero perderle nunca más.
Pablo a forma de sorpresa y de celebración me trae a la casa rural donde pasamos la noche de mi 18 cumpleaños, una casa que me trae preciosos recuerdos.
Dejamos las maletas sobre el suelo, me mira con una sonrisilla algo pícara, sus ojos me miran de manera penetrante, algo que consigue ponerme en cierto modo nerviosa. Está a unos cuantos pasos de mí, poco a poco acorta la distancia que separa a nuestros cuerpos, coloca suavamente sus manos en mi cintura provocando un escalofrío que no tarda en recorrer mi ser.

–Estoy tan contento de que estés a mi lado otra vez... me moría sin ti, mi vida ha sido una auténtica odisea en todo este tiempo. -Una pequeña lágrima comienza a desprenderse por sus mejillas. Con uno de mis dedos no tardo en hacer desaparecer esa lágrima de su rostro. -He sido un gilipollas Aurora, no sé si merece la pena que hayas vuelto a mi lado porque no sé si ayudo a que tu vida sea mejor o simplemente la empeoro con mi presencia. -Tras pronunciar esas palabras, las lágrimas no pueden reprimirse más y comienzan a deslizarse nuevamente.
–Mi vida, por favor no digas eso ¿vale? Todo esto ha sido un bache, un bache que gracias a Dios hemos superado y que nunca más volverá a suceder porque vamos a estar juntos el resto de nuestras vidas, lo juramos aquél día frente el altar ¿recuerdas?
–¿De verdad quieres que siga estando en tu vida? -Me mira mientras es él quien se quita la lágrimas de la cara.
–Pablo... si no eres tú, no quiero a nadie ¿lo entiendes? que te quede claro que eres tú y nadie más el amor de mi vida, no quiero más gente. -Le digo con una sonrisa la cual no tarda en devolverme.
–Te amo tantísimo mi amor... yo también te quiero a ti y solamente a ti a mi lado. -Me abraza con fuerza. Se separa de mí unos centímetros y volvemos a cruzar miradas.
–Y yo a ti mi vida, recuerda que juntos, siempre juntos. -Se acerca suavemente a mis labios, deposita un beso en ellos.

Mientras abrazaba a Pablo me he dado cuenta de que me llenado de barro las piernas y algo los brazos a si que opto por tomar un baño relajante. Pablo se queda en la planta baja sentado en el sofá mientras echa un vistazo a su Iphone. Agarro las maletas y las subo a la habitación, la cual tampoco parece mostrar ningún tipo de cambio desde que vinimos. Saco una toalla, un champú, unas chanclas y un albornoz, con las mismas me dirijo hacia el baño. Lleno la bañera de agua templada, como a mi me gusta. Me quito mi ropa y no tardo en sumergir uno de mis pies en ella para comprobar el estado, la temperatura del agua es inmejorable. Me siento con cuidado y comienzo a relajarme cerrando los ojos. Oigo un pequeño ruido, abro uno de mis ojos y le veo ahí, apoyado en el marco mientras observa la escena, se muerde el labio y no puedo evitar echar una carcajada frente a su provocador gesto.

–¿Pasa algo Pablete? -Le digo con tono burlón. Mantiene su mirada puesta en mí, y su labio continua siendo mordido por el mismo.
–Pues... bueno, digamos que si que pasa, pasa mucho. -Me dice con tono travieso.
–Ya... ¿y qué se supone que pasa? ¿Tenemos un ciervo en el salón a caso? -Continuo siguiéndole el juego.
–Pues pasa que... -Se acerca hacia la bañera, se agacha y queda frente a mí. -Me apetece hacerte el amor. -Se ríe mientras arquea su ceja derecha. Me río y se une a mi risa. No deja de sorprenderme por mucho que pase el tiempo.
–¿Ahora Pablo? Pero si no hace ni un día desde que no lo hacemos... -Le digo.
–Lo sé, pero me apetece hacerte el amor aquí mismo, ahora. -Me da un beso en el cuello.
–Pablo... -Intento resistirme pero poco a poco me convence.
–Estás loco, completamente loco. -Le digo mientras él deposita a cada segundo más besos en mi cuello.
–Sí... la verdad es que sí, estoy loco por ti, tú me vuelves loco. -Cambia el sentido, me besa con pasión en los labios, puedo notar perfectamente sus ganas de llegar a más.
–No pretenderás que salga de la bañera mientras tú me observas ¿no? -Me sonrojo.
–Pero mi niña... te he visto desnuda cientos de veces, no tienes porque avergonzarte.
–No es lo mismo. -Le digo mientras me río.
–Está bien... está bien. -Se pone de pie y se gira. Me levanto rápido, me giro y agarro el albornoz.
–¿Ya? -Pregunta. Voy a girarme en... -No le dejo empezar una cuenta atrás.
–¡No! Aún no. -Me río y con nervios y prisas me termino de atar el albornoz. -Ya está. -Se gira inmediatamente, no deja de sonreír.
–Estás perfecta hasta con un simple albornoz pero... ¿sabes qué? -Esto último lo dice en bajo. -El albornoz no te va a durar mucho. -Vuelve a arquear una de sus cejas.
–No dejas de sorprenderme... -Le digo.
–No quiero dejar de hacerlo mi niña. -Me vuelve a besar con pasión nuevamente, me agarra con fuerza y entre besos salimos del baño, no miramos por donde pisamos si quiera. Muerdo su labio inferior mientras poco a poco llegamos a la cama, nos dejamos caer de golpe. Me dejo llevar completamente hasta que mi móvil que posa sobre la mesilla comienza a vibrar. Pablo parece no querer dejarme cogerlo, sigue besándome sin intención de parar.

–No lo cojas por favor... -Me dice con cierta agitación. No puedo zafarme de sus brazos.
–Amor, tengo que cogerlo, quizá sea importante. -Logro llegar hasta la mesilla y así poder alcanzarlo. Es Hugo, mi cara cambia de repente.

¡Mierda! ¡Joder! -Digo en alto. Pablo se queda asombrado al verme pronunciar estas palabras de forma repentina.
–¿Qué pasa mi niña? -Se incorpora en la cama, el móvil no deja de vibrar.
–Es... ¡es Hugo! ¿Qué hago? Joder, justo ahora. -Me llevo las manos a la cara.
–Mi vida, esto tarde otro temprano tenía que llegar... tienes que decirle lo que está pasando.

Pienso unos segundos y pulso el botón de aceptar la llamada. Realmente no sé como afrontará Hugo todo esto...

8.3.14

Cap. 108: No me importa el destino si me acompañas tú

Narrado por Pablo:

Si esto se trata un sueño, no quiero despertar más. No puedo creer lo que está pasando, no ha cogido ese avión, no ha dudado en venir detrás de mí para reconciliarnos, no puedo creer que hayamos vuelto... soy feliz, muy feliz. Todo ha salido bien después de todo. Ninguno de los dos podemos dejar atrás lo que sentimos y eso es así, entre caricias, besos y más caricias la hago mía. Me acurruco en su pecho mientras que juego con su pelo. Estamos varios segundos así hasta que es ella misma la que decide acabar con el silencio.

–¿Cuanto me has hechado de menos del uno al diez? -Me dice mientras me mira con una sonrisa.
–Mmmm... del uno al diez, nada. -Le digo serio. Espero a ver su reacción y no puedo evitar reirme. -Es que eso no es suficiente, es poca cantidad para lo mucho que yo te echado de menos.
–Serás bobo... -Me dice mientras me da con el cojín.
–No sabes lo que acabas de hacer pequeña... -Le digo riendo. En uno de sus descuidos me abalanzo sobre ella y comienzo a hacerla cosquillas.
–¡Pablo! Para, lo siento. -Me dice como buenamente puede entre carcajadas. Por un momento paro, la miro a sus preciosos ojos.
–No puedo creerlo... -Me vuelvo a tumbar en mi sitio.
–¿Qué pasa? -Me pregunta incorporandose un poco.
–No puedo creer que ahí dentro esté creciendo una vida que los dos hemos creado, una criatura fruta del amor verdadero que tenemos. -Sonríe. Se pone de costado, agarra mi mano y la pone sobre su vientre.
–Nuestro pequeño dentro de unos meses verá la luz y a partir de ahí seremos una verdadera familia Pablo, vamos a ser muy felices. -Dice.
–Aurora... ¿sabré ser buen padre? Me da miedo... -Digo mientras acaricio su tripa.
–¡Por supuesto que sí Pablo! Vas a ser un gran padre, ya lo verás. -Dice sin dudar.
–Le doy gracias a la vida por tenerte a ti y ahora a este pequeño, sois lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. -Una lágrima de emoción se desliza por mi mejilla. La limpia con uno de sus dedos.
–Te quiero Pablo. -Se acurruca en mi pecho.
–Y yo princesa. Lo siento, siento todo el daño que te he causado. -Mi rostro cambia de expresión.
–Escúchame pequeño. -Me coge de la barbilla, levanta mi cabeza para quedar frente a ella. -Todo eso quedo atrás, ahora es un nuevo comienzo, un nuevo comienzo que estoy segura de que será mucho mejor que el pasado ¿y sabes por qué? -Formula y hace una breve pausa. -Porque estamos juntos tú y yo, con este pequeño que está creciendo aquí. -Acaricia su tripa y esbozo una sonrisa.
–Me voy a desvivir por haceros felices todos los días de mi vida, desde que pongáis un pie fuera de la cama hasta que os volváis a dormir, porque sois el motor de mi vida, sois la parte que me complementa y eso es indiscutible. -Aparto un mechón que cubre su cara, y la acaricio la mejilla.
–Gracias por hacerme tan feliz Pablo, no sé que haría sin ti. -Se acurruca en mi pecho hasta quedar dormida profundamente.

He pasado la mayoría del tiempo despierto, pero hoy no pienso desaprovechar el día, hoy es día de disfrutarlo junto a lo que más quiero. Miro el reloj que posa sobre la mesilla de noche, son las 12:30h de la mañana, sigue radiante, tan bella durmiendo que me da pena despertarla. Acaricio su pelo, y lentamente acorto la distancia de mis labios a los suyos, la doy leves besos hasta conseguir despertarla por completo. Sus ojos se abren poco a poco, con perece más bien diría yo pero aún así no duda en regalarme una de sus preciosas sonrisas.

–Como echaba de menos despertar y verte a mi lado, durmiendo como una princesa, como mi princesa. -La devuelvo la sonrisa mientras acaricio su espalda.
–Yo también, el que me despertaras rodeada de caricias... gracias nuevamente. -Me dice.
–¿Estás preparada? -Pregunto.
–¿Prepara para qué? -Me pregunta un tanto desconcertada mientras se coloca correctamente en la cama.
–Nos vamos de viaje, en unas horas. -La verdad es que esto yo no le tenía programado pero ¿y por qué no ir hacia la locura? -Me pregunto.
–¿De viaje? ¿Ahora? ¿Hoy? Pero si... -Me dice riendo.
–¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de venir conmigo? -Me rio yo también.
–¡No es eso bobo! Es que no sabía que nos iríamos de viaje precisamente hoy. No tengo nada preparado Pablo.
–No necesito que prepares gran cosa mi vida, con llevarte conmigo me doy por satisfecho, no necesito unas maletas, ropa... te necesito a ti y con eso es más que suficiente. No me importa el destino si me acompañas tú.
–Estás loco... completamente loco. -Me dice volviendo a reír.
–¿Loco? Pues sí, me considero una persona locamente enamorada de ti, y solamente de ti. -Me vuelvo a unir a su risa.
–Te amo. -Me dice mientras se sienta sobre mis rodillas y me da un dulce beso.
–Yo más, cada día más. Y bien... ¿aceptas venir de viaje conmigo a un lugar que todavía desconozco? -La digo mientras la doy leves besos nuevamente.
–¿A caso dudabas que iba a rechazar tu propuesta? Porque si es así te diré que no te librarás de mi tan fácilmente, si eso responde a tu pregunta...
–No quiero librarme de ti, nunca. -Me acerco a sus labios y la robo un beso. Nos quedamos en silencio unos segundos.
–Ya sé a donde podemos ir. -Me dice. -¡A la casa rural! -Dice con una sonrisa.
–No se me había ocurrido pero me encanta la idea. -Ambos sonreímos.

Nos vestimos y cogemos una maleta con con algo de ropa, no demasiada. De pronto noto como la cara de mi niña ha cambiado y eso logra preocuparme, a si que no dudo en ir hacia donde está ella.

–¿Estás bien mi vida? ¿Te encuentras mal? ¿Quieres que vayamos al hospital? -La pregunto.
–No, no estoy estupendamente Pablo, no te preocupes, es solo que... -Su cara muestra angustia.
–Aurora... ¿qué tienes? No quiero que me ocultes nada, ¿qué pasa por esa cabecita entonces?
–No nos podemos ir Pablo, tu familia está como loca por verte y Hugo... Hugo está en Barcelona pensando que estoy subida en el avión rumbo hasta la que iba a ser nuestra casa. -Se sienta en la cama. Me agacho para quedar a su altura.
–Por mi familia no te preocupes, te prometo que a la vuelta voy a ir hablar con ellos y contarles que hemos vuelto y que siento haberme distanciado de ellos. Relájate mi niña, cuando lleguemos a la casa rural ya hablarás con Hugo ¿vale? Todo va a estar bien. -La beso en la frente, la doy la mano y nos ponemos en pie.
–Está bien, como tú bien dices, todo se solucionará. -Me dice volviendo a sonreír, algo que me tranquiliza.
–Olvídate un poco de los problemas amor, no es bueno para el bebé ni para ti.
–Lo sé, pero a veces me resulta complicado.
–¿Nos vamos? Me gustaría que haríamos una parada para comer. -Le digo.
–Vale. -Me sonríe, agarro su mano y nos vamos como teníamos previsto.
 
Nos montamos en mi coche, arranco el coche y conduzco hasta la casa rural donde Aurora celebró su cumpleaños. El camino transcurre tranquilo, es un lugar precioso, un poco lejano quizás. Paramos a comer algo puesto que ya es buena hora, pedimos algo ligero y retomamos el camino.
 
–¿Vas bien? -Pongo mi mano sobre su pierna y asienta con la cabeza.
 
El viaje transcurre en silencio, nos esperan unos diez minutos más para llegar. Al fin hemos llegado, me moría de ganas de volver a este lugar que me transmite tanta paz y tanta tranquilidad, la que los dos necesitamos. Aurora me da el número del hombre que alquila la casa, llamo y este no pone ningún problema en prestarnos la casa un par de días. Nos sentamos en el césped hasta que a lo lejos le vemos llegar, es un hombre que aparenta unos cincuenta y dos años, bastante simpático. Sin más dilación nos entrega las llaves y yo me encargo de pagar el alquiler, aunque Aurora también se ha empeñado en pagarlo no la he dejado, esto corre de mi cuenta.
Introduzco la llave que nos han entregado en la vieja cerradura, entramos y la casa continúa como la dejamos, quizá hasta con las mismas cosas. Posamos la pequeña maleta sobre el suelo, y me acerco a mi pequeña nuevamente.
 
–Gracias nuevamente por hacerme sentir tan bien cuando estoy contigo, gracias. -Me abraza, un abrazo lleno de amor.
–Las gracias te las tendré que dar yo siempre, por soportarme y entenderme.
 
Estoy feliz, feliz de tenerla nuevamente conmigo, feliz de que vayamos a disfrutar estos días los dos juntos, sin nadie que rompa nuestra felicidad, solamente nosotros dos.

8.1.14

Cap. 107: Aunque lo intente no puedo dejar de amarte, perdóname mi vida (2)

Narrado por Aurora:

Tras lo ocurrido camino hacia casa abatida, cansada... sin ganas de absolutamente nada. Llego a casa, e intento fingir que nada ha ocurrido y que todo está bien. Todo el mundo duerme, menos yo que me pasaré la noche en vela. No sé si lo que ha pasado está bien o mal, solo se que los sentimientos han vuelto a mí y que ahora solo logran confundirme, a pesar de ello no puedo dejar a Hugo así, lo mejor será que me vaya como tenía pensado. Entre miles de sensaciones y pensamientos logro dormirme, pues en unas horas mi avión hacia la no felicidad sale. Al despertar me ducho y termino de recoger todas mis cosas, desayuno, me despido de la familia lo más rápido posible para así evitar más lágrimas. Camino hacia el aeropuerto, a ratos con ganas de mandarlo todo a la mierda. Llego y facturo la maleta, aún quedan unos cuantos minutos para que mi vuelo salga, supongo que Hugo esté al llegar. Me siento en un banco mientras que leo una revista para así no pensar tan negativamente. Los minutos transcurren y noto como una presencia se pone enfrente de mí. Levanto la vista del papel hacia el frente y noto como se trata de Pablo. No puedo entender que hace de aquí, volvería a salir huyendo de aquí sin pensármelo dos veces, viene acompañado de Marta. No sé que demonios se me pasa por la cabeza la cuestión es que acabo mostrando una imagen equivocada de mi, le trato con pura frialdad. Está aquí por última vez para ver si recapacito y vuelvo a su lado, me dan ganas de llevar a cabo esa acción pero no puedo, no puedo. Me pregunta si todo lo de anoche ha sido solo sexo, sexo sin amor, si le quiero... a todo esto la respuesta es negativa ¿por qué estoy mintiendo de esta manera? ¿Por qué miento a mi corazón? No entiendo porque reacciono así, me estoy comportando como una auténtica borde sin sentimientos, como si no sintiera nada por él cuando más bien es al contrario. Por última vez me lo propone, pero sigo en mi línea, tras haberlo intentado se va, parece apagado pero aún así no doy mi  mano a torcer tan fácilmente. Debo de subir al avión ya que hace rato que lo han anunciado, no sé porque estoy caminando hacia un rumbo al que no quiero ir, mi felicidad y el amor de mi vida a pesar de todo se están yendo. Camino hacia las escaleras del avión, lentamente... Hugo no aparece, y por una parte no niego que me gusta que no esté aquí, es una buena escusa para no coger el avión. Espero un par de minutos para ver si viene pero nada... ¿pero que demonios estoy haciendo esperando a alguien a quien no quiero mientras dejo marchar al gran amor de mi vida? En un arrebato hecho a correr tras él, no paro de apartar e incluso empujar a la gente mientras intento alcanzarle. Grito su nombre, la gente me mira como si de una auténtica loca se tratase.

–¡Pablo! ¡Pablo! ¡Te quiero! -No sé si es que no me escucha o directamente después de todo decide no escucharme. Continuo gritando mientras corro tras él, finalmente y mientras voy apartando a gente llego a él. -¡Pablo espera! -Veo como se gira, sus ojos a pesar de ser tapados por las gafas los noto llenos de lágrimas. Doy un pequeño salto, rodeo mis piernas en su cintura mientras que le abrazo con fuerza.
–¿Qué haces aquí? ¿No deberías de estar subida ya al avión? -Me dice mientras me separa de él.
–No... no, imposible irme de aquí sin ti, te amo, y eso no lo puede cambiar nada ni nadie. -Puedo notar como poco a poco se va formando una sonrisa en su cara.
–¿De verdad? ¿Y lo de antes? -Me dice dubitativo.
–Lo siento mucho mi vida, todo lo que te he dicho ha sido pura mentira... te amo, te amo, te amo. -Me acerco a él, lo abrazo con fuerza nuevamente, poso mis labios contra los suyos hasta que se funden en un beso. Marta sonríe.
–Esto tiene que ser un sueño o algo... un sueño hecho realidad. -Se separa de mí durante unos minutos.
–No es un sueño Pablo, lo siento tanto... siento haberte hecho creer algo que no era. -Le beso con ganas nuevamente.
–¿Eso quiere decir que volvemos a pesar de todo? ¿Me quieres? -Me dice sonriendo.
–Eso quiere decir que no me quiero separar de ti nunca, en la vida y que te quiero con todo mi corazón. -Rodeo con mis brazos su cuello, ambos sonreímos.
–No sabes lo feliz que me haces princesa pero... ¿que pasará con Hugo?
–Hugo no ha venido, quizá solo haya sido un capricho para él... -Digo mientras continúo en los brazos de Pablo.
–Aurora, Hugo no ha venido porque nosotros hemos tenido un poquito que ver. -Dice con una tímida sonrisa Marta.
–¿Qué? ¿Y donde está entonces? -Pregunto mientras bajo al suelo.
–En Barcelona supongo. -Dice Pablo.
–Digamos que nosotros conseguimos su número y le dijimos que tenías ginecólogo y que por tanto cogería el primero el avión...
–¡Mierda! Tengo que llamarle y explicarle todo esto.
–Ya habrá tiempo ¿no crees? Ahora solo me interesa que recuperemos el tiempo perdido, solos tú y yo... y por supuesto nuestro bebé. -Vuelve a sonreír.
–Tienes razón, ya habrá tiempo para todo. -Me acerco a él y nuevamente le beso, como extrañaba sus besos.
–Te amo. -Me dice dulcemente.
–Y yo a ti mi amor. -Le digo.
–Enhorabuena a los dos, me alegro de que lo hayáis solucionado, creo que me iré a casa caminando... -Ríe.
–Sin ti no habría sido posible todo esto, gracias Marta, te debo muchísimo. -Dice Pablo.
–Con que seáis felices me doy por satisfecha, adiós parejita. -Nos guiña un ojo y se va dejándonos solos.

Nos agarramos de la cintura mutuamente, puedo notar la felicidad que desprendemos ambos. Menos mal que no decidí coger ese avión, si no a estas alturas ya me estaría arrepintiendo. Caminamos hacia el coche, tanto como Pablo y yo no podemos dejar de sonreír. Montamos en el coche, arranca y no sé donde vamos, solo sé que estoy feliz. Aparcamos el coche en frente de casa y subimos, va siendo hora de recuperar el tiempo perdido.

–¿Te habrías ido realmente? -Me dice nada más sentarnos en el sofá de casa.
–No, si lo habría hecho me estaría arrepintiendo toda mi vida, no puedo dejar de amarte... perdóname mi vida, lo siento. -Vuelvo a decir.
–Estos meses han sido una locura, pero también es normal que reacciones de esa manera, perdóname tu a mi. -Acaricia mi espalda.
–Olvidemos todo Pablo, empecemos de cero... no quiero más problemas, no quiero estar sin ti más tiempo.
–De cero princesa, pero para eso... -Me lleva de la mano hacia la habitación, se sienta sobre la cama y se quita la cadena que está colgando siempre de su cuello. Tiene nuestras dos alianzas colgadas de ella.
–No puedo creer que las conserves aún...
–Por supuesto, y para que todo esto vuelva de cero... -Coge la mía y me la coloca sobre el dedo.
–Yo nos declaro marido y mujer nuevamente. -Dice riendo, me uno a su preciosa risa, la que tanto extrañaba oír.
–Te echado tanto de menos que todo se me ha vuelto una locura... -Me susurra al oído.
–Ya estamos los dos, juntos, solos... nada nos separará nunca más. -Le agarro de la cintura, me atrae contra su cuerpo. Aparta el pelo de mi cara, y me besa.

Me tumba sobre la cama cuidadosamente, se pone sobre mí esta mientras que va dejando un recorrido de besos por todo mi cuerpo, hace que tiemble con solo una de sus caricias sobre mi piel. Su cálido aliento pegado sobre cada poro de mi piel. Acaricia todo mi cuerpo, de vez en cuando me mira y sonríe picaramente. En estos instantes juro reventar de felicidad. Va acariciando mis piernas, me descalza con cuidado y vuelve a ponerse sobre mí, echa mis manos hacia atrás, entrelaza sus dedos en los míos. Desabrocho su pantalón con ganas, no se le quito del todo para así dejarle con más ganas. Muerde mi labio inferior y un leve quejido sale de mi boca, sonríe picaramente. Juega con el borde de mi camiseta, la levanta poco a poco tirando de ella mientras intenta deshacerse de ella en el menor tiempo posible. La tira al suelo y yo continúo quitándole los pantalones, no para de besarme. Se deshace poco a poco de mi ropa y yo de la suya, ambos quedamos en ropa interior. Me levanto de la cama dejándole con ganas de más.

–No sabía que querías jugar mi niña... -Me dice pícaramente desde la cama.
–Pues sí, me apetece jugar de una manera un poco... -Me acerco a su oído y le susurro. -Diferente. ¿Te atreves?
–Si es contigo, a todo... absolutamente a todo. -Me dice con una sonrisa pícara

En cuanto afirma, voy a la cocina y decido coger unos cuantos hielos del congelador, los meto en una bolsa de plástico y regreso a la habitación. Se muerde el labio inferior en cuanto me ve en el marco de la puerta de la habitación.

–¿No piensas que han subido enormemente las temperaturas? Los meteorólogos recomiendan refrescarse con abuandante agua... ¿tú que piensas Pablete? -Pongo una rodilla sobre la cama.
–Pienso que si ellos lo dicen será verdad. Y sí... las temperaturas han subido mucho. -En un descuido me coge y me tumbre nuevamente sobre la cama, cojo un hielo y comienzo a recorrer su torso, su espalda... cada esquina de su cuerpo que vuelve a permanecerme. Él repite la acción conmigo, desabrocha ligeramente el enganche de mi sujetador mientras lo deja caer sobre el suelo y así con el resto de mi lencería. Juego con la cinta de sus bóxers hasta que los dejo caer junto al resto de la ropa. Me lleva al cielo con delicadeza y sobre todo con muchísmo amor... muerde el lóbulo de mi oreja y me vuelve a susurrar.

–Late, late  fuerte el pulso agárrate fuerte... -Agarra mis manos con fuerza y vuelve a elevarme al cielo solo como él sabe.

Se tumba en mi pecho, acaricia mis manos y juega con mi pelo.

–Te echaba de menos... -Me dice con una sonrisa de las suyas.
–Ni tanto... seguro que lo has pasado muy bien con otras ¿no?
–No te miento, cuando lo dejamos estuve con una chica unos cuantos días, de hecho viajó conmigo a Argentina, a pesar de no tenerlo claro empezamos una relación pero aquello no era amor. -Acaricia mis mejillas.
–¿Y no sabes nada de ella? -Pregunto.
–No, la dejé porque era demasiado celosa y bueno porque estaba cansado de fingir algo que no sentía.
–Mejor porque... tú eres solamente mío, y si tengo que arrancar pelos de cabezas lo haré. -Río y se une a mi risa.
–Me queda claro, y lo mismo digo... nos pertenecemos mutuamente. -Dice riendo.

Nos quedamos en silencio, compartiendo besos y caricias como en los viejos tiempo. Mi felicidad ahora mismo es incontable. Es increíble, vuelvo a tener al hombre de mi vida a mi lado, al amor de mi vida, por fín...

Cap 107: Aunque lo intente no puedo dejar de amarte, perdóname mi vida (1)

Narrado por Pablo:

Puesto que no he tenido narices de sentarla a hablar como dos personas civilizadas, la cojo en brazos en un descuido y la llevo a nuestra casa para ver si así recapacita. Durante el trayecto a casa va bastante enfurecida, pidiendome repetidas veces que detenga que coche para que se baje, no la hago caso pero al llegar se intenta escapar, vuelvo a cogerla en brazos para subir a casa, sigue insistiendo en no querer hablar conmigo pero esta vez me adelanto y la abro mi corazón, la hago saber que no puedo dejar de quererla y que nadie ocupará el lugar que ella ocupa en mi corazón y en mi vida. Parece que se calma cuando la cuento todo esto, me mira dulcemente y puedo notar perfectamente como tiembla cuando la rozo. Esto no logra que se ablande y me perdone, insiste en que no me puede perdonar tan fácilmente y que debe irse, la llevo por todo el pasillo de la casa hasta la habitación que he preparado para nuestro bebé, parece impresionada además de impactada pero nuevamente vuelve a salir con que debe irse, esta vez camina hacia la puerta pero me adelanto, la freno cogiendola de una de sus manos, preguntandola si realmente piensa seguir negando que siente algo por mí, en un descuido abre la puerta y sale de esta, la vuelvo a coger una vez más en mis brazos, me meto en el interior de casa cerrando la puerta y pegandola más contra mi cuerpo. Intento besarla como llevo deseando todos estos meses separados pero no duda en rechazarme, insisto nuevamente y parece que al final no puede reprimir ella tampoco sus ganas. Sus besos, como los extrañaba todos estos meses, la digo que la quiero y para mi sorpresa por su boca sale un ''yo también'. La invito a pasar la noche conmigo, necesito volver a sentirla mía y demostrarla que la quiero tanto como el primer día o más. La cojo en brazos y la llevo a la habitación donde la tumbo sobre la cama, la cual está llena de pétalos. Entre besos y caricias la hago mía, puedo notar perfectamente como ella me quiere aún. Doy por hecho que esto es una reconciliación pero para mi sorpresa de repente se levanta de la cama y se empieza a vestir, me dice que esto ha sido un error y que no debería de haber pasado, esto me descoloca. La pregunto que es lo que ha cambiado de hace unos minutos hasta ahora para que reaccione así y el motivo de todo esto es que se va a vivir a Barcelona con su nueva pareja, no puede ser, esto tiene que ser algún tipo de broma, una broma de muy mal gusto. Esto me da a pensar que todo ha sido mentira, que sus palabras no han sido más que eso, palabras y no sentimientos, y que lo de hace un rato es puro sexo, sexo sin amor. Trato de impedir que se marche, hace caso nulo mirandome por última vez cruza la puerta y se va, no la importa verme sufrir de esta manera. Os juro que en este preciso momento no dudaría en dar de golpes a todo lo que se me pusiese delante a modo de rabiar y dolor, no puedo entender que está pasando por su cabeza. ¿Tan malo he sido en las últimas horas? Sinceramente esto lo veo más bien como una auténtica tomadura de pelo porque si no no le encuentro otra explicación. No puedo contener mis lágrimas, pensé que esto sería una nueva oportunidad que el destino quiso darnos pero he sido tan imbécil al poderlo pensar... esto es horroroso. No puede irse, no puedo permitir que lo haga ¿qué pasa con todos estos meses? ¿Todo ha sido una farsa? No sé que pensar.

Son las cuatro de la madrugada, poco a poco mi llanto se va calmando y yo parece que también. ¿Habrá sido todo esto una simple venganza? No pienso seguir torturando más mi mente, si esto ha sido solamente un estúpido juego prefiero escucharlo de su boca. Es algo tarde pero decido llamar a Marta, ella es la única persona que puede ayudarme a detener todo esto.

–¿Marta? -Digo tras saber que me ha cogido el teléfono.
–Pa... Pablo ¿tú sabes que hora es muchacho? -Me dice mientras bosteza.
–Lo siento Marta, pero es que no estoy bien, necesito tu ayuda. -Digo.
–¿Ayuda para qué? ¿Qué ha pasado Pablo? -Dice alarmada.
–Se que es tarde pero necesito que vengas a casa, es difícil de explicar. -Le pido.
–Está bien, dame veinte minutos y estoy ahí. -Me cuelga el teléfono.

Tomo una buena ducha de agua fría, no he dormido absolutamente nada, aunque sinceramente ni lo noto, no tengo ganas de dormir en este preciso momento. Me visto y mientras que Marta llega comienzo a dar vueltas por la habitación a modo de nervios, los cuales no se calman del todo. El timbre suena y no tardo en ir hacia la puerta. Miro por la mirilla de esta, veo que es Marta y al abrir la puerta no dudo en echarme a sus brazos abrazándola con fuerza.

–¿Qué tienes Pablo? -Me dice mientras levanta mi cara para comprobar que me pasa.
–Aurora... -Comienzo a llorar. -Se va a Barcelona a vivir con su novio. -Continúo la frase entre llanto. Me agarra de la cintura y entramos dentro.
–¿Cómo? ¿A Barcelona? Pero si yo no la he visto tan enamorada como para que... -Interrumpo la frase.
–¿Qué? ¿Tú sabías que tenía a otra persona y no me lo cuentas? -Digo impactado.
–Se puede decir que sí, no quise contártelo porque se que si lo hacia te echarías atrás en el plan y eso no podía ser. Me parece subrealista que se vaya a vivir a una nueva ciudad con un chico que ha conocido en menos de un mes, todo esto es ridículo. -Cuanto más recuerdo esas palabras de despedida, más ganas de llorar me entran. -¿Qué es lo que ha pasado exactamente? -Me pregunta.
–Nada, soy un auténtico imbécil que no debería haber hecho nada, nada. -Me separo de Marta y comienzo a caminar de un lado hacia otro.
–Si no me lo cuentas poco te voy a poder ayudar Pablo. ¿Qué es lo que ha pasado para que estés así? -Insiste.
–Te he dicho que se va a Barcelona con su nuevo y adorado novio. -Digo con rabia. -Me dice que me quiere, se acuesta conmigo y después me lo suelta así, como si nada... como si yo fuera un maldito muñeco que ni siente ni padece.
–Tranquilo, esta vez el que mereces una explicación eres tú. -Se acerca a mi para abrazarme mientras que acaricia mi espalda para intentar calmarme.
–Esto no puede ser más que una venganza, joder... la había dicho todo lo que sentía ¿y así me lo paga? Vale que yo haya sido un auténtico cabronazo en los últimos meses pero no merecía que jugara conmigo de esta manera, no lo merecía.
–¿Cuando coge el avión? ¿Te lo dijo? -Pregunta interesada.
–No lo sé, solo me dijo que en unas cuantas horas.
–Esto no se puede quedar así ¿me oyes? Vamos a ir al aeropuerto a buscarla para que al menos te explique que es lo que está pasando.
–¿Y como piensas apartarla de ese imbécil? Estarán juntitos deseando volar a Barcelona, ni si quiera sabemos a que hora se va.
–Nosotros no lo sabemos, pero con la ayuda de alguien será fácil averiguarlo además de quitar del medio durante unos minutos a su novio. -Saca del bolsillo del pantalón el móvil y marca un número, el cual no sé de quien es.

–¿Ángela? Necesito tu ayuda, se que es tarde pero necesito que me hagas un favor, es importante. ¿Tú sabes que Aurora se marcha a Barcelona a vivir con Hugo verdad? Bien, pues necesito que te enteres de a que hora es ese maldito vuelo y del número de su novio, es muy urgente que lo consigas, por favor. ¡Gracias! Te debo una.

Cuelga el teléfono con una sonrisilla y se dirige hacia mí.

–En unos minutos cuando lo sepa nos llamará, va a intentar preguntarla a Aurora sin que sospeche. La pedirá el número de su novio Hugo con la escusa de tenerlo por lo que pueda surgir.
–¿Hugo? ¿Se llama Hugo? Valiente imbécil. -Digo con ira.

Me quedo en silencio en compañía de Marta esperando esa ansiosa llamada. Nos sentamos en el sofá, apoya su cabeza sobre mi hombro y nos vamos quedando algo dormidos hasta que el teléfono hace que nos sobresaltemos.

–¿Ángela? ¿Lo tienes? Vale, espera que cojo un papel para apuntarlo. -La paso un bolígrafo y un papel para que lo anote. -Ahá, perfecto. No pasa nada, no te preocupes, ya te contaré... ¡mil gracias, eres un sol! -Cuelga el teléfono con una sonrisilla. -¡Lo tenemos! -Dice entusiasmada.
–Y bien... ¿cómo piensas lograr separar de Aurora durante unos minutos a ese estúpido?
–Será sencillo, tú espera a mañana y lo sabrás.

Algo más calmado, nos quedamos finalmente dormidos los dos. Abro lo ojos y son las diez de la mañana, ambos nos hemos quedado traspuestos en el sofá. Me levanto, me cambio de ropa y preparo el desayuno, a continuación despierto a Marta. Son las once menos diez de la mañana, puesto que tengo que aclarar muchas cosas, caminamos hacia el aeropuerto, vamos en mi coche y en el trayecto Marta se encarga de quitar a Hugo del medio durante unos minutos a modo de distracción.

–¿Hugo? Sí hola, soy Marta una amiga de Aurora y bueno... ella me ha llamado y me ha dicho que no puede coger el avión a las 11:30h porque tiene una cita con el ginecólogo por tanto cogerá el siguiente vuelo que está programado para las 13:30h pero para que no pierdas el billete si que puedes cogerlo tú a esa hora. No contaba con esa cita pero el ginecólogo lo cree conveniente para ver si todo marcha bien antes de coger el avión, también me ha dicho que no la llames porque en la consulta no se puede tener el móvil encendido y ella lo apagará. De nada, espero que tengas un buen viaje, hasta luego. -Cuelga y me mira con una sonrisa.

–¿Pero como actuas así de bien? ¡Madre mía! Como ha caído... -Digo con una sonrisilla.
–Por supuesto que tenía que caer, ahora todo será más fácil.

Llegamos al aeropuerto, la hora va demasido justa puesto que ya son las 11:20h. Me bajo del coche junto a Marta, me coloco una gorra y unas gafas para evitar que me reconozcan, hoy precisamente no quiero interrupciones. Entro en el aeropuerto, hay personas que si parecen reconocerme pero no me dicen nada, camino y camino mirando por todos los lados, me cuesta verla entre tanta multitud de gente pero ahí está, sentada en un banco leyendo una revista. Corro hacia ella como pocas veces, me paro en frente de ella, me ve y levanta la mirada del papel.

–No te puedes ir así. -Le digo.
–¿Qué hacéis vosotros aquí? Mi vuelo sale en unos minutos y...
–¿Realmente te piensas ir? ¿Realmente piensas que lo más conveniente para ti es alejarme de ti y de nuestro hijo? Y lo de anoche... ¿simplemente ha sido sexo sin amor? Vamos, no mientas, no estás a punto de coger ese avión por propia voluntad, te vas a ir a una ciudad sin conocer realmente a la persona con la que vas a convivir, esto es ridículo. -Marta no dice nada.
–¿Y tú que sabes lo que yo siento? ¿A caso sabes tú las ganas que yo tengo de irme de aquí? Me voy a ir, está decidido, y sí... lo de anoche solo fue una diversión, lo pasé muy bien contigo bajo las sábanas pero ya está Pablo, ya está. -Me dice. Me quedo impactado bajo esa fría forma de contestar que tiene. La cara de Marta como la mía muestra asombro.
–Sabes que me quieres, que ninguno de los dos podemos reprimir lo que sentimos... te quiero joder y tú a mi también, me lo dijiste anoche.
–¡Que no te quiero, joder! Me voy,  me voy para no verte más, se feliz. -Se acerca a Marta y la dos besos como despedida.
–Aurora ¿cómo puedes ser así de fría? -La dice Marta.
–¿Perdón? ¿Ahora tú también vienes a darme lecciones o qué? No tenéis ni pizca de idea de nada... de nada.
–¿Estás segura de querer acabar con esto? Si coges ese avión no esperes que cuando vuelvas esté aquí esperándote como un tonto, como el tonto que llevo siendo todo este tiempo, el tonto que está aquí intentado que no te vayas. No te voy a esperar Aurora, y aunque me cueste la vida te arrancaré de mi vida y de mi corazón como sea.
–Pues muy bien Pablo, es lo que quiero, que te alejes de mi de una vez, que vivas tu vida porque yo ya no siento nada por ti, nada. -Sigue estando fría.
–Muy bien Aurora, si es lo que deseas perfecto... todos estos meses llevo pensando en que podríamos volver a ser lo que eramos pero creo que no, parece que esa persona a la que estás esperando para coger ese avión te ha cambiado. Pero dime... ¿dónde está? ¿Te quiere y te deja plantada minutos antes de coger el avión? Curiosa su forma de quererte ¿no? -No pone demasiada buena cara al oír mis palabras.
–¿Qué estás diciendo Pablo? Hugo es un periodista bastante importante y si que vendrá, me quiere y me valora no como tú.
–¿Te valora? ¿Sí? ¿Y te hace el amor tan bien como yo? ¿Te quiere tanto como yo? ¡Dime! -La agarro del brazo cuidadosamente acercándome más a ella. -Puedo notar como tiembla. -¿Lo ves? No sientes nada por esa persona, me quieres a mí.

Una voz por megafonía anuncia que los pasajeros deben ir subiéndose el avión ya que está a punto de salir.

–¿Estás segura no? Es tu última carta... ¿estás dispuesta a vivir atada a alguien a quien no quieres?
–Sí. -Lo dice en un tono no demasiado claro.
–Perfecto, se acabó entonces, ojalá seas tan feliz como lo fuiste conmigo, aunque no lo reconozcas tu amor por mi sigue vivo. Vámonos Marta, paso de seguir luchando por alguien que no me merece.

En el fondo, me siento tocado y hundido, muy hundido y aunque intento mantenerme fuerte no aguantaré mucho más. Miro hacia atrás mientras camino, parece que nada la hace echarse atrás, camina hacia el avión como si nada la importarse. Marta me abraza mientras caminamos, por suerte llevo las gafas puestas y nadie puede notar que estoy llorando.

–Tranquilo, todo pasará... -Me susurra.
–Todo se acabó, se acabó y no entiendo por qué...
–Shh...

En este momento solo quiero llorar, llorar y más llorar... me cuesta creer que todo esto es verdad. 

5.1.14

Cap. 106: Si me quieres no te vayas

Narrado por Aurora:

Tras contarles a todos que me voy a Barcelona a vivir, camino hacia el restaurante, si no me apresuro voy a llegar tarde. Llego, cojo el móvil del bolso para ver donde está Marta mientras camino hacia la mesa que tenemos reservada. Mi cuerpo se empieza a tambalear conforme más miro quien está sentado al otro lado de la mesa, es Pablo. Mis manos comienzan a sudar. Mi boca se empieza a secar, no sé que hacer, simplemente me entran ganas de salir corriendo de aquí, sin más. Lo hago, apresuro el paso pero rápidamente se percata de ello, se levanta y me agarra del brazo evitando que me marche.

–¡Espera por favor! -Continua agarrándome el brazo.
–¿Me sueltas por favor? -Digo mientras muevo el brazo intentando soltarme.
–Solamente quiero que hablemos las cosas como dos personas civilizadas, por favor.
–El problema es que yo no tengo nada que hablar contigo, y tampoco quiero hacerlo.
–Por favor...
–¿Esto es cosa de Marta verdad? Ella ha preparado este encuentro, no me cabe duda.
–Ella no tiene culpa de nada, solo quiere ayudarnos.
–Genial, mi mejor amiga ha preparado todo esto sabiendo que no quiero verte, fantástico. -Digo enfadada.
–Necesitamos aclarar las cosas, solamente te pido que te sientes y podamos hablar. -Me ruega.
–¿Te piensas que voy a sentarme a cenar contigo después de todo lo que me has hecho? Estás equivocado, muy equivocado. -Logro escaparme de su brazo, aligero el paso saliendo cuanto antes de ese restaurante. Camino por las calles de Málaga percatándome de que Pablo no me siga, pero parece que no se da por vencido y me persigue.
–Te guste o no vamos a hablar. -Tras decir eso me coge en brazos sin darme cuenta y me lleva hasta su coche, me mete en este rápidamente colocándome el cinturón, se monta en su asiento y arranca el coche.
–¿¡Qué demonios haces!? ¡Para el coche ahora mismo! ¿No entiendes que no quiero ir contigo a ningún sitio? -Digo cada vez más enfadada.

Nada da resultado, Pablo finalmente se lleva con la suya y me lleva a donde él quiere, no sé a donde vamos, solo se que esto es una verdadera tortura, no quiero seguir viviendo esta situación. Aparca el coche, parece que me ha llevado a la que era nuestra casa. Salgo del coche rápidamente sin que se de cuenta, empiezo a correr volviendo a escapar pero no tarda en pillarme. Me vuelve a coger en brazos y me sube a casa. Cierra la puerta y me baja con cuidado al suelo.

–¿No entiendes de una maldita vez que no quiero verte ni escucharte? -Digo molesta de brazos cruzados.
–¿Y tú no entiendes que te amo con todo mi corazón? No puedo permitir que estés lejos de mí más tiempo. -Me dice mientras acaricia mi mejilla. Toda mi rabia desaparece al oír esas palabras, no sé si mienta o no pero mi cuerpo se estremece cuando habla así. Acaricia mis manos con dulzura, como lo solía hacer antes. El tacto de su piel con la mía paraliza mi cuerpo por completo. -Mi vida, se que he sido un imbécil, que no debí comportarme así contigo pero te juro que me arrepiento, daría lo que fuera por volver atrás y empezar de cero junto a ti y al bebé, desde que te fuiste he dejado de ser yo, me he convertido en un ser totalmente desconocido, si me dieras una oportunidad... déjame quererte y cuidarte, a ti y al bebé, déjame demostrarte que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, simplemente déjame tenerte,simplemente vuelve conmigo. -Por un momento besaría sus labios, los cuales llevan torturándome desde que le he vuelto a ver, pero no puedo, el pasado no se borra con simples palabras.
–Pablo... ¿no entiendes que no puede ser? Es que no puedes venir dos meses después a decirme todo esto, no puedo cerrar los ojos y mirar hacia otro lado, haciendo como si nada pasaría porque si que pasa.
–Se que no puedes hacer como si nada habría pasado, pero también se que me sigues queriendo como el primer día, puedo notar como tu cuerpo tiembla cuando te acaricio. -Se acerca más y más a mis labios pero yo le esquivo.
–Lo siento, pero yo no debería estar aquí contigo, no debería dejar que me estés diciendo todo esto.
–Ven. -Me da su mano incitándome a que le siga. No sé porque acepto, pero agarro su mano y me dejo guiar por él. Hay un camino de velas que lleva hasta la habitación, pero rápidamente se desvía. Nos paramos frente a una puerta que está cerrada. La abre nada más soltarme la mano. Pasa adentro y me hace un gesto para que pase. Me quedo impactada al ver lo que hay en el interior de esta, miles de cosas para el bebé. -Esto es para el bebé, quiero que seamos una familia, los tres. -Sonrío durante unos segundos, mi sonrisa desaparece en cuanto recuerdo lo ocurrido. No soy capaz de perdonarle, no puedo. -¿Te gusta? -No respondo, me quedo quieta.
–Es todo muy bonito pero esto sigue sin cambiar las cosas, lo siento pero tengo que irme. -Salgo de la habitación intentando contener mis lágrimas pero vuelve a paralizarme al coger una de mis manos.
–¿Vas a negar que a pesar de todo no me quieres? Se que tienes tantas ganas de besarme como yo a ti. -Trata de volver a besarme pero lo evito dirigiendome hacia la puerta. Me agarra de la cintura y me atrae contra su cuerpo.
–Debo de irme. -Abro la puerta de la calle y salgo de ella. Viene hacia mi, me coge en brazos una vez más y  me vuelve a meter en casa. Cierra la puerta como un pie, acorta una vez la distancia entre nuestros labios y finalmente posa los suyos contra los mios, me besa con dulzura, por mucho que quiera reprimirme no puedo escaparme, extraño sus besos y eso me lleva a dejarme llevar. Esto no puede ser, esto no está bien, pienso en Hugo y se me parte el corazón en hacerle esto, no lo merece.
–Para Pablo. -Le digo mientras bajo al suelo.
–Te amo, te amo, te amo. -Me dice mientras vuelve a besarme.
–Pablo yo no puedo, no puedo.
–Quédate conmigo esta noche, déjame demostrarte que nuestro amor es más grande que nada en el mundo y que nada ni nadie puede con él. Mi vida, te necesito para ser feliz. -Vuelve a besarme, y por mucho que no quiera no soy capaz de separarme de él, me vuelvo a dejar llevar. Me coge en brazos y me lleva hacia la cama, me tumba sobre los pétalos que están sobre esta y se pone encima de mí. Me mira con dulzura, acariciando mis brazos, provocando en mí sensaciones desconocidas, sin dejar de besarme. Me descalza con cuidado y él hace lo mismo.
–Como echaba de menos esto... -Me dice mientras da leves besos en mi cuello. Introduce las manos por debajo de mi vestido intentando deshacerse de mis medias, acaricia mis piernas mientras va despositando algún que otro beso en ellas. No soy dueña ahora mismo de mí, no puedo negarlo, yo también le echaba de menos. Permanezco en silencio mientras me dejo llevar por mis sentimientos.

Tira de las medias y las deja caer al suelo, acaricia cada centímetro de mi cuerpo. Me deshago de su americana y acto seguido comienzo a desabrocharle los botones de arriba a bajo de su camisa, introduzco sus manos bajo su torso y con su ayuda le quito la camisa. Desliza la cremallera de mi vestido y sin prisas me lo quita dejándome en ropa interior. Desabrocho el cinturón de su pantalón, dejándolo en boxers. Pone mis manos hacia atrás y entrelaza sus manos con las mías dejando miles de besos esparcidos por mi cuerpo. Finalmente nos deshacemos de nuestra ropa interior, sintiendo nuestros cuerpos invadidos por el calor que desprenden, siendo uno. Me eleva al cielo con cada caricia, poco a poco le siento dentro de mí. Se menea lentamente sobre mí

–Nunca podré olvidarte, por mucho que lo intente jamás nadie podrá reemplazar el lugar que ocupas tú en mi corazón y en mi vida, te amo y te amaré siempre mi amor. -Una lágrima se desliza por sus mejillas.
–Te amo. -Esas dos palabras salen de mi boca con total sinceridad. No puedo ocultar lo que siento por mucho que quiera, la realidad es que no puedo vivir sin él. Me sonríe y se tumba sobre mi pecho acariciando mi pelo, el cual posa sobre la almohada.

–¿Eso quiere decir que me perdonas y que volvemos a estar juntos? -¡Mierda! Por un momento me he olvidado de Hugo y de Barcelona. Me meto en mi particular burbuja pensando en que hacer.
–Mi niña ¿estás bien? -Me pregunta.
–Pablo, esto no debería de haber pasado. -Le digo mientras me levanto de la cama cogiendo mi ropa.
–¿Qué? Pero si me has dicho que tú también me amas, no lo entiendo ¿que ha cambiado desde hace unos segundos hasta ahora? -Se coloca en la cama.
–Nada ha cambiado, te amo pero es que... Pablo, me marcho a vivir a Barcelona dentro de unas horas. -Digo a punto de derrumbarme, su cara muestra asombro.
–¿Cómo que a Barcelona? ¿Cuándo? ¿Con Marta y Ángela de viaje, verdad? -Me pregunta.
–No Pablo, he conocido a alguien y me voy a vivir con él allí, me voy mañana.
–Por favor, dime que eso es mentira, dime que no has conocido a nadie y que no te vas, por favor. -Se pone el pantalón y sale de la cama mientras algunas lágrimas descienden por su rostro.
–Lo siento, tengo que irme. -Trato de vestirme cuanto antes para evitar poner peor la situación.
–¿Qué lo sientes? ¡Más lo siento yo! Esto no puede ser verdad, tiene que ser algún mal sueño o algo. -Se sienta sobre la cama y se tapa los ojos con sus manos entre sollozos.
–Yo no quería... -Esto no debería de haber pasado.
–¿Entonces lo de hace un rato que ha sido? ¿Sexo sin amor? ¿Me estás diciendo que te has acostado conmigo por acostar? -Alza la voz.  -No puede ser, he podido notar como me querías, esto no ha sido sexo por sexo, esto ha sido algo mucho más fuerte.
–Adiós Pablo. -Entre lágrimas y bastante deprisa me dirijo hacia la puerta. La abro pero rápidamente Pablo vuelve a cerrarla.
–Si me quieres no te vayas a Barcelona, te lo suplico. Te prometo que las cosas van a cambiar pero no te vayas, te lo pido por favor. -Me dice entre sollozos. Me pongo cada vez más nerviosa, no sé que hacer.
–Ojalá seas feliz, te lo mereces en el fondo. -Le digo con pena.
–¿No entiendes que solo voy a ser feliz contigo? -Me dice entre lágrimas. Me acerco a él y le abrazo, por unos segundos me planteo darle otra oportunidad y quedarme aquí, a su lado.

En unas horas sale el avión con destino a Barcelona y no sé que hacer, una vez que coja ese avión ya no habrá nada que hacer. Nunca pensé que pasaría por una cosa así... ¿qué demonios hago?

Cap. 105: Me voy

Narrado por Pablo:

Tras hablar con Manuel decido subir a casa, pienso en todo lo que me ha dicho y lo cierto es que razón no le falta, debo centrarme en mi carrera pero en estas condiciones cada día me es más complicado hacer entrevistas, dar conciertos... es como si de pronto todo habría cambiado. Me paso el día y de la noche con el ánimo por los suelos, la tristeza me invade por completo, no tengo apetito... es una sensación horrible. Mañana es un día clave, un día día donde no sé que va a pasar, no puedo negarlo, me da miedo ese cara a cara con ella después de estos meses. Ceno un yogurt de coco y acto seguido me meto en la cama, desconectando mi mente para poder descansar.

Escucho el timbre de la puerta, abro los ojos mientras me los sobo para despejarme, miro el reloj y son las ocho de la mañana, me levanto de la cama y estiro mi cuerpo mientras camino hacia la puerta. Miro por la mirilla de esta y es Marta, sin duda no mintió cuando dijo que madrugaría. Abro la puerta y con su particular salero me saluda.

–¡Buenos días! ¿Estás preparado? He pasado por un supermercado y he comprado algunas cosas para desayunar ahora y para comer. -Me dice entrando por la puerta.
–¿Has hablado con ella ¿Habéis quedado ya? -Pregunto nervioso.
–Todo está listo, anoche me llamó para invitarme a cenar a si que fue ella la que te ha citado a ti, por llamarlo de alguna manera. -Ríe.
–A penas he dormido, nunca he sentido unos nervios tan fuertes como estos, ni si quiera cuando di mi primer concierto. -Sonrío.
–Todo va a salir bien, ya lo verás. -Pone su mano sobre mi hombro a modo de calma, pero en este momento no hay nada ni nadie que logre apaciguar mis nervios.

Preparamos unos cafés y los acompañamos con unas magdalenas, no tardamos deamasiado en acabar. Me visto para ir a nuestra casa ya que estoy en la que era mía. Nos montamos en el coche y conduzco hasta casa, aparco en frente de esta, subimos por las escaleras para ahorrar tiempo, cojo las llaves del bolsillo y no tardamos en entrar. Dejamos las cosas sobre una butaca y comenzamos a limpiar el cuarto ya que al estar tan deshabitado durante este tiempo no tiene buen aspecto. Limpiamos absolutamente todo, incluso quitamos algunas cosas que no damos uso y así tener más espacio. Poco a poco comenzamos a colocar todas las cosas, armamos la cuna, ponemos la canastilla  de cosas en el suelo, juguetes... la verdad es que tampoco es gran cosa puesto que no sabemos si será un niño o niña. Esto nos lleva un buen rato, cuando queremos darnos cuenta ya está todo, es la hora de comer. Marta se mete en la cocina y prepara unos deliciosos macarrones y de segundo patatas fritas con un filete. La comida transcurre tranquila.

–Se caballeroso con ella, atento... esos son puntos muy a favor. -Me guiña un ojo.
–Aún no sé ni que voy a decir, estoy tan nervioso que me da miedo bloquearme y quedarme frente a ella como cuyo folio en blanco.
–No tienes que preparar ningún discurso Pablo,  simplemente tienes que ser tú y mostrarte como eres, abrirle tu corazón una vez más, decirle todo lo que sientes...
–Lo sé, pero no es nada fácil después de estos meses, volverla a ver... no sé, me da miedo su reacción, quizá ella ya tenga a otro...
–Deja de ser tan negativo ¿quieres? Quedan unas cuantas horas y así lo único que vas a hacer es martirizarte la mente, ten confianza contigo mismo Pablo, por favor. -Me dice.
–No sé como voy a agradecerte esto, es increíble lo que has hecho por mi desde el minuto uno, gracias. -Le digo con una leve sonrisa.
–Con que te comportes esta noche, me basta. -Me sonríe.

Recogemos los platos, son las cuatro de la tarde, cada vez queda menos para las nueve de la noche. A cada instante más aumentan mis nervios, no tengo pensando que ponerme. Marta se queda en el sofá viendo un rato la tele, yo opto por descansar, sobre todo la mente. Me despierto alrededor de las siete de la tarde, por suerte he podido descansar un buen rato. Me levanto, recoloco la cama y abro el armario de ropa, por suerte aún dejé ropa aquí, empiezo a mirar todo lo que tengo de ropa,  me cuesta decidir algo concreto pero finalmente lo hago. Escojo una americana de color negra, una camisa blanca, una corbata negra, un pantalón negro y unas botas también negras,  Me meto en la ducha para así relajarme, no tardo demasiado. Me visto sin prisas mientras que me perfumo con mi colonia preferia ''Cool Water'' me encanta como huele. Cada vez está mas cerca la hora, me siento con Marta frente a la televisión, no tarda en percatarse de mi presencia en el salón.

–Muy bien, veo que has hecho una excelente elección, estás muy guapo Pablo. -Nos sonreímos mutuamente y seguimos viendo la tele.

Son las ocho y media de la noche, me despido de Marta pero antes se me ocurre bajar a la floristería, compro algunas flores, subo nuevamente a casa y quito los pétalos de estas dejándolos sobre la cama en forma de corazón, coloco unas velas en forma de camino hasta la cama y una coctelera con una botella de champagne, quiero que todo esté ideal, no quiero fallos esta noche. Observando que todo queda en orden, me marcho, bajo a la calle y me monto en el coche, conduzco tranquilo hacia el restaurante, busco la mesa que nos han reservado, me siento y me recoloco la corbata. Quedan escasos minutos para verla entrar por esa puerta después de tantos meses.

Narrado por Aurora:

Tras poner un punto y final a mi trabajo en Málaga, vuelvo a casa. Subo a la habitación y me pongo cómoda para bajar a comer ya que es hora. En la cocina está Elena, Casilda y Ángela, me estaban esperando. Las doy un beso a casa una mientras me siento en una de las sillas alrededor de la mesa.

–¿Qué tal te ha ido el día? -Me preguntan.
–Bien, es un día un poco complicado digamos... -Digo mientras cojo un cacho de pan.
–¿Por qué? ¿Un mal día? -Pregunta Elena.
–Tengo que contaros algo, algo que me ha pillado incluso a mi por imprevisto. -Las miro a sus ojos, los cuales muestran máxima expectación. Respiro y continuo la frase. -Bueno... veréis, hace unos días comencé una relación con un chico que conocí una noche en un bar, se llama Hugo y es periodista. Muy a mi pesar comencé una relación con él, pues yo no tenia claro el querer tener algo con alguien después de lo ocurrido pero consideré que me merecía ser feliz.
–¿Y eso es algo malo? -Pregunta Casi.
–Me voy a Barcelona pasado mañana, dejo de vivir en Málaga para vivir allí. -Pongo la mirada en el suelo tratando de no mirar sus cara.
–¿¡Cómo!? Pero... Aurora, tu vida esta aquí, tu familia estamos aquí. -Dice Elena.
–Lo sé, vosotros siempre seréis como de mi familia y eso ningún kilómetro de distancia pondrá cambiarlo pero esto no es algo que estaba en mis planes, a Hugo le han ascendido y la condición es vivir allí, lo siento.
–¿Tanto le quieres como para irte a vivir a una nueva ciudad y dejar a tu gente aquí? -Me pregunta Ángela.
–Hugo me está haciendo feliz, y yo necesito salir de esta ciudad, si sigo aquí a lo único que me expongo es a encontrarme a Pablo, necesito cambiar de aires y mejor ocasión que esta ninguna.
–¿Y qué va a pasar con el bebé, tu familia? -Pregunta Elena.
–Hugo me ayudará con los cuidados del bebé y a criarlo, y por mi familia que sois vosotros no os preocupéis, vendré de vez en cuando a veros y en Barcelona tenéis vuestra casa para lo que queráis.
–Esto no puede estar pasando... de verdad que no. -La cara de Elena muestra un disgusto ante la noticia.
–Elena, por favor tienes que entenderme, si estoy en esta ciudad mi vida no volverá a ser lo que es antes, necesito cambiar de vida. -Me levanto y me agacho a su lado.
–Te echaremos de menos... -Me dice Elena entre lágrimas mientras me abraza con fuerza.
–Os prometo que voy a venir a veros, me voy a Barcelona pero vosotros seguiréis muy presentes en mi vida. Se que Salvador y Salva están ocupados con el trabajo, me gustaría que les contaseis vosotras lo sucedido ya que a penas les veo. -Intento contener mis lágrimas para no poner peor la situación.
–¿Cuidate vale? -Me dice Casilda limpiando las lágrimas que se deslizan por su rostro.
–Por supuesto que me voy a cuidar, y os llamaré para ver como estáis. -Las voy abrazando una por una, cada vez me cuesta más sostener las lágrimas.
–¿Y Marta lo sabe? -Me dice Ángela casi llorando.
–Tenia pensado contárselo en un sitio más tranquilo que aquí, anoche como no estaba en casa cuando llegué decidí llamarla al móvil y hemos quedado para cenar, será el mejor momento.
–Pasado mañana estaremos para despedirte en el aeropuerto. -Dice Casi.
–No me gustan las despedidas, si os veo allí me voy a derrumbar y prefiero que no ¿vale? -Digo esbozando una sonrisa. -Asienten con la cabeza.

Transcurren los minutos, comemos en silencio, nadie dice nada, sus caras muestran pena y dolor. Ayudo a recoger los platos y subo a mi habitación para llamar a mi madre. Marco el número en el móvil.

–Mamá ¿qué tal estáis? Yo bien, cada día más cansada con el embarazo. Mamá... no sé como decirte esto ni de que manera, pero... mamá, me voy a Barcelona a vivir, he encontrado a alguien que me quiere y hemos decidido intentarlo, se llama Hugo y es periodista, precisamente me voy allí por su trabajo, le han ascendido. Mamá, por favor no llores, voy a venir a veros a ti y a todos y os llamaré siempre que pueda. Cuéntaselo tú a papá ¿vale? Él no lo entendería jamás, estaré bien no te preocupes. Se que aún tenéis pendiente celebrar vuestra boda, espero poder venir al menos. Os quiero mamá, hasta pronto.

Cuelgo el teléfono, la pantalla no tarda en llenarse de lágrimas, esto me esta costando mucho, dejar toda mi vida aquí es doloroso pero se que es lo  mejor para mi. Por mi cara no paran de descender lágrimas. Me quedo dormida con el rostro lleno de lágrimas. Son las siete de la tarde y esta noche he quedado a cenar con Marta. Cojo del armario un vestido rojo que me llega hasta las rodillas, unas medias negras, una americana negra y unos zapatos de tacón altos. Me doy una ducha, me aliso el pelo dejándolo suelto, me maquillo un poco los ojos y mientras hago tiempo bajo al salón a jugar con Sofía. Los minutos transcurren rápidamente, me despido de todos y camino hacia el restaurante con tiempo para no llegar tarde, de nuevo me espera un gran momento doloroso, otra despedida que aunque no lo parezca, me duele.



4.1.14

Cap. 104: Barcelona

Narrado por Aurora:

Acabo de leerla un pequeño cuento a la pequeña Sofía, regreso a mi habitación con el fin de descansar, el embarazo cada día hace que me encuentre más cansada de lo habitual. Dejo el móvil cargando sobre la mesilla de noche, de pronto empieza a vibrar, no tardo en responder.

–Hola mi niña, ¿te he despertado? -No tardo en reconocer su voz, es Hugo.
–Hola cariño, no tranquilo aún no había cogido el sueño ¿todo bien? -Pregunto ante su llamada, la cual no esperaba que sería a estas horas.
–Mejor que nunca. Mira por la ventana de tu habitación a la calle. -Le hago caso, camino hacia la ventana la cual no está muy alejada de la cama, muevo la cortina que no me permite ver y observo la calle, Hugo está apoyado en el coche con el teléfono pegado a la oreja.
–Estás loco... ¿qué haces aquí a estas horas? -Pregunto con una sonrisa.
–Anda tonta, baja que tengo algo para ti. -Tras escuchar esto, cojo la bata y me la amarro, la casa parece estar en silencio, todo el mundo duerme plácidamente. Bajo por las escaleras con cuidado de no hacer ningún ruido que pueda alterar su sueño. Abro la puerta de la calle cuidadosamente y la dejo medio abierta. Ahí está Hugo, estira sus brazos y no tarda en cogerme en brazos dándome un ligero beso en la comisura de los labios.

–Estás preciosa, incluso cuando estás en pijama y bata. -Ríe y no puedo evitar contagiarme de su risa.
–¿Qué haces aquí a estas horas? Mañana trabajas y... -Digo mientras le miro con una tímida sonrisa.
–Trabajaba. -Me quedo impactada al oír que habla en tiempo pasado.
–¿Trabajabas? Eso quiere decir que te han despedido, pero... ¿¡por qué!? Si tú eres un gran periodista.
–Tranquila princesa, no me han echado de ningún lugar, al contrario. Me han ascendido Aurora, me mandan a Barcelona. -Me lo dice serio, como si trataría de decirme algo más.
–Me alegro Hugo, pero entonces... ¿esto es una despedida? -Hugo y yo llevamos muy poco tiempo juntos, cuando empecé mi relación con él quizá no le queria, pero poco a poco estoy dejando atrás el pasado que tuve con Pablo, creo estoy empezando a quererle.
–¿Y por qué iba a ser una despedida esto?
–Si tu te vas y yo me quedo aquí... no sé, no creo que tengamos mucho futuro, se por experiencia que las relaciones a distancia a largo plazo dan muchos problemas y yo no quiero revivir eso.
–Cielo, no te voy a dejar por nada del mundo, si estoy aquí no es solo para darte la noticia si no porque... -Se gira, abre la puerta del coche y saca de la guantera de este un sobre de color marrón. -Ábrelo. -Me dice con una sonrisa.
 –¿Qué es? -Cojo el sobre expectante, lo abro con cuidado. Saco unos papeles pequeños que hay en su interior, pongo la vista en ellos y comienzo a leer su contenido. Son unos billetes de avión.

Vuelo con destino Barcelona desde Málaga - 1 de Octubre de 2013 a las 11:30h.

Me quedo impactada, con las piernas temblorosas y sin saber que hacer o decir. La cara de Hugo muestra nervios.

–Yo... yo... no sé que decir la verdad. -Digo aún nerviosa.
–Es tan sencillo como decir sí o no. ¿Estas dispuesta a dejarlo todo atrás y empezar una nueva vida conmigo en Barcelona? -Me dice con una sonrisa.
–Hugo, pero esto es muy pronto, pasado mañana es día 1 y... no sé.
–Mi niña, es pronto pero no creo que nada nos retenga aquí, a ti te vendrá bien, buscarás un empleo allí y si es por el bebé te dije que sería como su padre y lo voy a cumplir, todo estará bien. Voy a cuidaros con mi propia vida sin es necesario. -Hay cosas que me dicen que debo quedarme aquí, que mi lugar esta aquí pero necesito cambiar cambiar mi vida y está claro que si sigo en Málaga jamás podré ser feliz, todo está destinado a que me encuentro con Pablo y no quiero, me voy a Barcelona, no lo pienso más.
–Nos vamos a Barcelona. -Digo con una sonrisa. En cuanto oye esa frase salida de mi boca, no tarda en volver a cogerme en brazos, se acerca y me da un beso en los labios.
–No te arrepentirás de haber escogido esto, te lo prometo. -Me dice sin parar de sonreír.
–Solo que hay un problema... -Digo. -Sigo casada.
–Eso no es ningún problema, conozco a varios amigos abogados que desde Barcelona podrán tramitarlo todo sin problema, no te preocupes.
–Gracias Hugo. -Le digo con una sonrisa.
–Tengo que dejarte princesa, mañana debo de madrugar para ir a la oficina a terminar de recoger mis cosas. -Me da un beso y se despide de mi. -Mañana te llamo ¿de acuerdo? -Se monta en el coche, arranca y se va.

Me quedo con una sensación bastante extraña en mi interior, pero se que esto es lo que mejor me conviene y ya no hay marcha atrás, en cuestión de horas, desaparezco de la que ha sido mi tierra todos estos años, las calles no volverán a verme. Me meto en el interior de la casa, subo nuevamente a la habitación y puesto que tengo que despedirme de mucha gente, empiezo por hacerlo con Marta, la llamo para quedar mañana y así despedirme.

–¿Marta? Hola cielo, te llamaba para ver si te apetecía quedar mañana para cenar o algo, te echo de menos. -La digo mientras me siento en la cama.
–¡Hola mi niña! Parece que me has leído el pensamiento, justo pensaba llamarte en un rato para preguntarte si te apetecía, a si que sin problema.
–Estupendo, ¿que te parece si quedamos a las nueve en el restaurante al que vamos siempre?
–Me parece bien, allí estaré, buenas noches cielo. -Cuelgo y  me meto en la cama, mañana es un duro día.

Abro mis ojos poco a poco, parece que llueve, pues oigo la lluvia caer sobre el cristal, parece un día triste. Me coloco las zapatillas de andar por casa, abro el armario y cojo algo de ropa abrigada ya que parece que hace algo de frío. Me doy una rápida ducha y bajo a desayunar, siguen durmiendo. Desayuno rápidamente y voy al hospital, hoy tendré que hablar con Marina para contarle que me voy. Camino hacia el hospital, como cada día me dirijo al laboratorio, saco las llaves del bolso y abro la puerta. Marina no está, a si que tengo el tiempo necesario para pensar como decírselo. Me siento en una de las sillas hasta que llega. No tarda mucho en llegar.

–Buenos días Marina. -La digo ante todo.
–¿Buenos días? ¡Si aún no has empezado a hacer nada! ¿Te das cuenta de la hora que es? -Me dice bastante enfadada.
–Si lo sé, pero te estaba esperando, necesito decírtelo algo muy importante. -Pienso unos segundos por última vez como decírselo. -Marina, me voy. -Se queda callada.
–¿Te vas? ¿A dónde? -Me pregunta.
–A Barcelona, he decidido empezar una nueva vida allí.
–¿Pero tan mal te está yendo aquí? ¿Tienes algún problema con alguien? No sé, llevas poco tiempo aquí...
–Marina, he tenido problemas, problemas personas que me llevan a no querer vivir más en esta ciudad, quiero alejarme de aquí con mi hijo.
–¿Tú hijo? -Dice mientras me mira la tripa.
–Sí Marina, en su día no te lo conté porque era pronto pero estoy esperando a un bebé.
–Me da mucha pena que te vayas, aunque a veces tenga muy mal carácter y sea una exigente... -Me da un abrazo y eso si que hace que me impacte más.
–Gracias por estos días, me he sentido muy cómoda en este hospital de verdad, siempre os estaré agradecida.
–Eres una gran profesional, y seguro que allá donde vayas pensarán igual que yo, espero que todo te vaya bien y que tu hijo crezca sano y fuerte.
–Muchas gracias, no pensé que tu reacción fuera así, la verdad, me he equivocado al pensar que eras distinta, eres una gran persona Marina.
–¡Anda tonta! Al menos tú eres capaz de pensarlo, pero mucha gente aquí me tiene tirria y todo por ser profesional en el trabajo. Espero que estés bien, y no dudes que si un día decides volver aquí siempre tendrás un puesto para ti. -Me dice con una sonrisa.
–Gracias, en un rato bajaré donde Joaquín a firmar los papeles.
–Puedes ir ya a hacer los trámites, no es necesario que continúes aquí.
–Mi jornada laboral sigue en pie hasta que me vaya, a si que cumpliré hasta el último minuto.
–Tienes mucho que preparar a si que... -Me dice con una sonrisa, nunca pensé que Marina fuera así.
–¡Muchas gracias! -Digo nuevamente. Me despido con ella dándola un beso y bajo al despacho de Joaquín.

Joaquín sin duda es una gran persona. Acabo de firmar todos los papales, sin duda trabajar aquí ha sido increíble. Joaquín como Marina me dice que cuando quiera puedo volver, tendré un puesto aquí, se lo agradezco también a él y salgo del hospital.

Esto cada vez está más cerca, a cada instante que pasa, más me veo en el avión subida con destino a Barcelona. Ya solo quedarán recuerdos, vendré de vez en cuando a visitar a mi familia y por supuesto a la de Pablo, todas me han dando un inmenso cariño y apoyo. Siento tristeza de dejar todo atrás, las calles de Málaga, el olor a sus playas... en definitiva creo que echaré de menos todo esto, no todos han sido malos momentos.