Narrado por Aurora:
A veces tengo la sensación de que todo esto se trata de un sueño, que nada está sucediendo. Cuando comencé mi relación con Pablo no imaginé que fuera a vivir momentos tan especiales junto a él, nunca pensé que llegaría a sorprenderme tanto como lo hace todos y cada uno de los días que paso con él, es único. Me mantengo dormida sobre la cama hasta que puedo sentir perfectamente como unos labios besan mi vientre, una barba me roza. No puede ser me digo para mis adentros, ha vuelvo a despertarme como solamente él sabe, rodeada de pétalos además de una habitación repleta de flores preciosas, juro no encontrar las palabras oportunas para definir esta bonita sensación que me hace vivir. Le beso con pasión y dejandome llevar por los sentimientos, quizá es el momento o puede que no pero acabamos metidos en la ducha vestidos, vestidos por poco tiempo ya que poco a poco comenzamos a desnudarnos para hacernos uno nuevamente, somos uno. Me aproximo al oído de Pablo mientras le susurro Je t'aime, no tarda en deslizar por sus mejillas alguna que otra lágrima de emoción ante mis palabras, se las limpio. Al rato salimos de la ducha, nos vestimos y bajamos a otra de las playas de Jamaica para cambiar un poco la rutina. La playa que hoy visitamos me deja impactada, su agua vuelve a ser cristalíno, es preciosa. Me quito la camiseta y a continuación los shorts, me meto al agua rápidamente. La brisa acaricia mi cara además de mover mi melena, estando aquí siento una sensación de libertad y eso me encanta. Pablo se queda sobre la tumbona tomando el sol con sus gafas, yo decido nadar mientras tanto. Está con la cara bastante sería cuando normalmente siempre está luciendo una sonrisa, me acerco a él sin atosigarle.
–¿Dónde está esa sonrisa de la que tanto hablan? -Bromeo mientras rodeo su cuello con mis brazos, parece esbozar una sonrisa.
–Aquí, delante mío. -Bromea.
–Pablo... los dos sabemos que sucede algo, te conozco. -Digo mientras me siento en mi tumbona y le observo. -¿Qué sucede? -Pregunto seria.
–¿Realmente quieres viajar conmigo a Argentina? -Me pregunta dubitativo.
–No me puedo creer que estés preguntandome esto Pablo, por supuesto que lo quiero.
–No sé, a lo mejor para ti es una presión... quizá no quieres y para ti es incómodo. -Me dice mientras se quita las gafas y se frota los ojos.
–¿Presión? por favor Pablo... somos un matrimonio te recuerdo y además quiero ir, quiero estar contigo.
–No quiero que te tomes mi pregunta a mal princesa, yo solo quiero que estés feliz y tampoco me tienes que dar gusto en todo. -Me dice mientras me agarra de la mano y la acaricia.
–Solamente seré feliz cuando esté contigo, el día que me faltes desaparecerá toda mi felicidad. -Digo segura de mis palabras.
–En ese caso te puedo asegurar y prometer que estarás feliz siempre porque yo jamás me separaré de ti. -Dice.
–Ni yo de ti mi vida. -Hago un corto silencio y continúo. -Argentina nos espera. -Digo con una sonrisa y se une a ella.
–Nos espera. -Dice.
Pablo recupera la sonrisa después de preguntarme si realmente quería ir a Argentina con él. Charlamos un rato y vamos a comer. Comemos algo ligero y rápido en un restaurante no muy alejado de la playa. Volvemos al hotel agarrados de la cintura, su teléfono suena.
–¿Qué tal Manuel? ¿qué? no puede ser... ¿pero cómo? imposible Manuel. -Dice alterado y comienzo a preocuparme. -Lo siento pero entenderás que eso es imposible, lo siento pero no puedo, tienes que entenderlo por favor. -¿Pero qué demonios ocurre? os juro que por momentos me pongo de los nervios, el corazón late con el doble de fuerza, hago muecas a Pablo pero me ignora ya que está poniendo el grito en el cielo. -Las fechas previstas son las que me comunicó Marta, no voy a cambiarlas, es mi luna de miel y acaba de empezar no sería justo. Gracias Manuel, adiós. -Cuelga el teléfono y vuelve hacia mi.
–¿Qué ha pasado mi niño? -Formulo.
–Manuel me ha llamado para decirme que los del recinto donde actuaremos en Argentina próximamente quieren adelantar el concierto, sería el próximo Lunes, esto es de locos... -Dice con un tono de enfado.
–Pablo... no lo hagas por mi, si tenemos que volver a España lo haremos. -Digo serena.
–Me niego, será en esa fecha como en un principio ya que es mi luna de miel y no pienso volver cuando aún acabamos de empezarla, que me lo habrían comunicado mucho antes, no te mereces esto. -Me dice con una sonrisa.
–No quiero que tengas problemas ni con Manuel ni con nadie Pablo, por favor. -Digo nerviosa.
–No los tendré ya que Manuel va a intentar hablar con ellos para hacerles entender que es imposible adelantarlo.
–No sé si sonreír por el gesto que has tenido conmigo o preocuparme por ello. -Río.
–Prefiero que sonrías porque eso acaba solucionándose, en un rato Manuel me llamará para contarme como han quedado, todo saldrá bien. -Me dice.
–No tiene precio lo que has hecho por mi, eres increíble mi vida -Digo mientras le abrazo con fuerza.
–Tú felicidad está ante todo, no quiero defraudarte bajo ningún concepto princesa.
–No lo has hecho y tengo bastante claro que tampoco lo harás. -Me dice mientras me agarra de la cara, ambos sonreímos.
Caminamos tan rápido que en menos de lo que yo me imaginaba nos volvemos a plantar frente a nuestro hotel, subimos y tomamos una ducha para quitar toda la arena de la playa y a continuación para bajar a comer. Salgo de la ducha y me seco el pelo con ayuda del secador, me pongo un vestido corto con estampado de flores y unas sandalias negras de cuña, me maquillo un poco y bajamos a comer a pesar de mi poco apetito. Bajamos a comer algo sencillo y ligero, después subimos a la habitación y nos echamos un rato sobre la cama. Me agarra de la mano mientras acaricia mi pelo y me mira de forma fija con una sonrisa. Se acerca poco a poco a mi y aproxima su cuerpo contra el mío depositando en él algunas caricias. Me besa con pasión y con dulzura a la vez, hace que olvide el mundo en cuestión de segundos, siempre lo logra.
Traviesamente busca la cremallera del vestido y la va deslizando poco a poco y con cuidado, desliza el tirante y va tirando de este mientras me lo quita. Desabrocho el botón de su pantalón y tiro de las perneras de este dejándolo caer una vez más sobre el suelo. Acabamos de desnudarnos poco a poco hasta quedar nuestros cuerpos desnudos para fundirse y convertirse en uno nuevamente, acaricia mi rostro sin dejar de besarlo, me pierdo en su aroma, ese que tanto me gusta. Ambos no podemos parar de besarnos, nuestras respiraciones se agitan y nuestro corazón se altera, agarra mis manos con fuerza y las echa hacia atrás nuevamente, poco a poco llevamos al clímax, la habitación vuelve a ser testigo de la pasión pero también del amor que ambos derrochamos por los cuatro costados. Se echa a mi lado tapado hasta la cintura con la sábana blanca, acaricio su espalda con la punta de todos mis dedos mientras que el silencio aparece, decido romperlo.
–Estaría en este precioso lugar siempre... sin interrupciones posibles para nosotros, voy a echar de menos todo esto. -Digo a penada.
–Mi niña... ¿no crees que es demasiado pronto como para ponerse triste? aún nos queda una semana aquí. -Dice mientras me da un beso en la mejilla.
–Se me está pasando el tiempo demasiado rápido, siempre que estoy contigo el tiempo vuelva. -Digo volviendo a mostrar una sonrisa.
–Eres increíble mi vida. -Dice mientras me da un beso en la mano.
Su móvil que está sobre la mesilla de noche suena, parece ser Manuel. Pablo se coloca una camiseta rápidamente y abre la ventana de la habitación para hablar con él.
–¡Muchas gracias Manuel! te debo una... por supuesto que seguiremos disfrutando, mil gracias nuevamente, adiós capitán. -Dice Pablo mostrando euforia en sus palabras.
Viene corriendo hacia la cama y en un saltito se queda de rodillas en ella con el teléfono en sus manos aún con una gran sonrisa.
–Solucionado mi niña. -Dice ilusionado.
–¿De verdad? me quedo más tranquila sabiendo que no tendrás problema por haber rechazado ese cambio de fecha. -Digo con una sonrisa.
–Te lo dije princesa, ahora no hay lugar para preocupaciones en nuestras mentes, disfrutemos el uno del otro. -Me dice mientras se abalanza sobre mi cuerpo y comienza a besarme de forma descontrolada, no puedo evitar reír. Me vuelvo a dejar llevar por sus besos y caricias, vuelve a hacerme suya como solamente él sabe hacerlo, con delicadeza y sobre todo amor. Siento su aliento pegado contra mi cuerpo, sus dedos están completamente enredados en mi pelo, entre besos y caricias llegamos nuevamente los dos a lo más alto. Me echo a su lado mientras que él acaricia mi cara con sus suaves manos mientras que deposita en mi leves besos, me agarra de la mano y así quedamos dormidos...
31.8.13
27.8.13
Cap. 78: Je t'aime
Narrado por Pablo:
Si la vida me da a escoger entre felicidad y Aurora, me quedo sin duda con felicidad porque eso es lo que ella es para mi. Cuando regresemos a España tendré que viajar a Argentina debido a que me han salido ciertos compromisos allí, uno de ellos será ofrecer un concierto y posiblemente también tenga que ir a algunas de las radios, viajaré con Marta ya que como anuncié hace unos días será mi nueva road manager. Me cuesta mucho dejar sola a mi niña, a si que decido invitarla a venir conmigo, no pone objeción alguna al respecto, es más acepta encantada. Estando tumbados en la cama comenzamos a darnos algún que otro, besos que quieren llegar a más pero ese momento no parece el más oportuno. Suena el teléfono de Aurora que actualmente está sobre la mesilla de noche, intento evitar que conteste pero lo coge. Parece tratarse de su madre, hablan unos minutos y vuelve a dejar sobre la mesilla su móvil. Vuelvo a besarla como al principio pero definitavemente algo falla, mi móvil suena, es Casilda mi hermana. Inicio la conversación con mi hermana ya que aún no me había llamado desde que estamos aquí, me pregunta que como estamos y puedo oír a través del teléfono la voz de mi sobrinita Sofía, parece querer hablar conmigo, su madre me la pasa y puedo oír su dulce voz, es un amor de niña. La pregunto que como está, me dice que echándome de menos y que tiene muchas ganas de verme, la digo que a mi vuelta iré a verla y se despide de mi. Mi niña está muy sonrientemente y eso me encanta, la pregunto que a que se debe y me dice que la ha encantado ese lado tan paterno que siempre tengo con Sofía, una vez más nos dedicamos palabras bonitas hasta quedarnos dormidos. Abro mis ojos antes que mi niña, sigue durmiendo y por una parte mejor ya que hoy me encantaría sorprenderla de alguna manera. Me visto rápidamente y bajo a un puesto donde venden flores abajo, compro alrededor de diez ramos y voy quitando los pétalos de estas mientras que los voy poniendo sobre su cuerpo, una vez que acabo de ponerlos me pongo de rodillas en la cama y comienzo a darla besos desde su frente bajando por su cuello hasta su pecho y de ahí hasta su vientre, lugar donde me paro y decido lenvantar su camiseta mientras la beso. Sus marrones ojos se abren al notar mis labios en contacto con su piel, parece asombra ante lo que está sucediendo.
–¿Y esto? -Mira a su alrededor y ve la habitación llena de flores para ella.
–Para ti. -Le digo sonriendo.
–Nunca paras de sorprenderme, cuando más me lo espero... gracias mi vida. -Dice mientras se incorpora en la cama.
–Y tampoco quiero dejar de hacerlo princesa, esto no es nada comparado con lo que te mereces. -La digo mientras la acaricio la melena.
–Te quiero, te quiero y te vuelvo a querer. -Me dice mientras se levanta de la cama de golpe, los pétalos caen al suelo, me besa apasionadamente.
–Y yo a ti mi vida. -Digo mientras acaricio sus mejillas.
Tira de mi camisa bruscamente mientras que acaricia mi pelo, recorriendo con sus manos mi espalda de principio a fin. No para de besarme, me agarra de la mano y me levanta de golpe de la cama, cosa que logra sorprenderme. Vamos hacia el aseo, abre la puerta de este y nos metemos dentro, para unos minutos de besarme y se dirige a abrir el grifo del agua, toca el agua para ver su temperatura, vuelve a mi y continúa desnudándome y yo a ella, sus brazos rodean mi cuello al igual que acarician mi nuca, sus labios ardientes sobre cada piel, nuestras lenguas se enredan, nuestras manos se entrelazan. Nos metemos dentro del plato de ducha, la poca ropa que nos queda se moja al caer del grifo el agua. Me río ante lo que está sucediendo. La separo unos milímetros de mi para mirarla a los ojos.
–Eres una gamberra. -Muevo la cabeza y se ríe. Continúa desnudándome.
Desabrocha mi pantalón y lo desliza hasta que cae al suelo, tiro de las perneras de su pantalón empapado hasta que me deshago totalmente de él, introduzco mis manos por su camiseta mientras la atraigo contra mi cuerpo, la beso en el cuello y puedo ver perfectamente como su piel se eriza momentáneamente. Se quita la camiseta la última prenda que quedaba sobre su cuerpo. Entre besos y agua llegamos a lo más alto, me hace suyo pero más me sorprende lo que me susurra.
–Je t'aime. -Me dice con su dulce voz en un susurro. Provoca una gran sonrisa sobre mi al instante, mi cuerpo se paraliza y una lágrima desciende por mis mejillas la cual ella limpia poco después.
Salgo del plato de ducha y la doy el albornoz, no me quito de la mente esas palabras que me ha dicho hace unos momentos, es adorable. Se coloca el albornoz y la agarro de la cintura.
–¿Te he dicho que eres lo mejor del mundo ya? -Digo.
–No, pero me encanta que lo hagas. -Dice mientras se seca el pelo con la toalla.
–No tienes remedio. -Río.
Acabamos de vestirnos y bajamos a la cafetería a desayunar para después pasar un nuevo día en la playa, esta vez iremos a otra para cambiar.
Si la vida me da a escoger entre felicidad y Aurora, me quedo sin duda con felicidad porque eso es lo que ella es para mi. Cuando regresemos a España tendré que viajar a Argentina debido a que me han salido ciertos compromisos allí, uno de ellos será ofrecer un concierto y posiblemente también tenga que ir a algunas de las radios, viajaré con Marta ya que como anuncié hace unos días será mi nueva road manager. Me cuesta mucho dejar sola a mi niña, a si que decido invitarla a venir conmigo, no pone objeción alguna al respecto, es más acepta encantada. Estando tumbados en la cama comenzamos a darnos algún que otro, besos que quieren llegar a más pero ese momento no parece el más oportuno. Suena el teléfono de Aurora que actualmente está sobre la mesilla de noche, intento evitar que conteste pero lo coge. Parece tratarse de su madre, hablan unos minutos y vuelve a dejar sobre la mesilla su móvil. Vuelvo a besarla como al principio pero definitavemente algo falla, mi móvil suena, es Casilda mi hermana. Inicio la conversación con mi hermana ya que aún no me había llamado desde que estamos aquí, me pregunta que como estamos y puedo oír a través del teléfono la voz de mi sobrinita Sofía, parece querer hablar conmigo, su madre me la pasa y puedo oír su dulce voz, es un amor de niña. La pregunto que como está, me dice que echándome de menos y que tiene muchas ganas de verme, la digo que a mi vuelta iré a verla y se despide de mi. Mi niña está muy sonrientemente y eso me encanta, la pregunto que a que se debe y me dice que la ha encantado ese lado tan paterno que siempre tengo con Sofía, una vez más nos dedicamos palabras bonitas hasta quedarnos dormidos. Abro mis ojos antes que mi niña, sigue durmiendo y por una parte mejor ya que hoy me encantaría sorprenderla de alguna manera. Me visto rápidamente y bajo a un puesto donde venden flores abajo, compro alrededor de diez ramos y voy quitando los pétalos de estas mientras que los voy poniendo sobre su cuerpo, una vez que acabo de ponerlos me pongo de rodillas en la cama y comienzo a darla besos desde su frente bajando por su cuello hasta su pecho y de ahí hasta su vientre, lugar donde me paro y decido lenvantar su camiseta mientras la beso. Sus marrones ojos se abren al notar mis labios en contacto con su piel, parece asombra ante lo que está sucediendo.
–¿Y esto? -Mira a su alrededor y ve la habitación llena de flores para ella.
–Para ti. -Le digo sonriendo.
–Nunca paras de sorprenderme, cuando más me lo espero... gracias mi vida. -Dice mientras se incorpora en la cama.
–Y tampoco quiero dejar de hacerlo princesa, esto no es nada comparado con lo que te mereces. -La digo mientras la acaricio la melena.
–Te quiero, te quiero y te vuelvo a querer. -Me dice mientras se levanta de la cama de golpe, los pétalos caen al suelo, me besa apasionadamente.
–Y yo a ti mi vida. -Digo mientras acaricio sus mejillas.
Tira de mi camisa bruscamente mientras que acaricia mi pelo, recorriendo con sus manos mi espalda de principio a fin. No para de besarme, me agarra de la mano y me levanta de golpe de la cama, cosa que logra sorprenderme. Vamos hacia el aseo, abre la puerta de este y nos metemos dentro, para unos minutos de besarme y se dirige a abrir el grifo del agua, toca el agua para ver su temperatura, vuelve a mi y continúa desnudándome y yo a ella, sus brazos rodean mi cuello al igual que acarician mi nuca, sus labios ardientes sobre cada piel, nuestras lenguas se enredan, nuestras manos se entrelazan. Nos metemos dentro del plato de ducha, la poca ropa que nos queda se moja al caer del grifo el agua. Me río ante lo que está sucediendo. La separo unos milímetros de mi para mirarla a los ojos.
–Eres una gamberra. -Muevo la cabeza y se ríe. Continúa desnudándome.
Desabrocha mi pantalón y lo desliza hasta que cae al suelo, tiro de las perneras de su pantalón empapado hasta que me deshago totalmente de él, introduzco mis manos por su camiseta mientras la atraigo contra mi cuerpo, la beso en el cuello y puedo ver perfectamente como su piel se eriza momentáneamente. Se quita la camiseta la última prenda que quedaba sobre su cuerpo. Entre besos y agua llegamos a lo más alto, me hace suyo pero más me sorprende lo que me susurra.
–Je t'aime. -Me dice con su dulce voz en un susurro. Provoca una gran sonrisa sobre mi al instante, mi cuerpo se paraliza y una lágrima desciende por mis mejillas la cual ella limpia poco después.
Salgo del plato de ducha y la doy el albornoz, no me quito de la mente esas palabras que me ha dicho hace unos momentos, es adorable. Se coloca el albornoz y la agarro de la cintura.
–¿Te he dicho que eres lo mejor del mundo ya? -Digo.
–No, pero me encanta que lo hagas. -Dice mientras se seca el pelo con la toalla.
–No tienes remedio. -Río.
Acabamos de vestirnos y bajamos a la cafetería a desayunar para después pasar un nuevo día en la playa, esta vez iremos a otra para cambiar.
Cap. 77: Próximo destino... ¡Argentina!
Narrado por Aurora:
Amanece otro día magnífico y soleado día, es por ello que bajamos a la playa. Estamos un buen rato tomando en sol en ella hasta que decidimos ir a comer algo a pesar de que ninguno de los tiene hambre, comemos y subimos al hotel a ducharnos y a dormir un rato. Me ducho yo primero ya que siempre tardo el doble que Pablo, acabo y me tumbo sobre la cama mirando al techo con muchas preguntas en mi mente. Pablo no tarda a penas en ducharse y en acompañarme, me ve que estoy algo pensativa y no duda en preguntarme que que me pasa, le cuento que que pasaría en el caso de que yo me quedaría embaraza y que si volvería al lado de Sara. Puedo ver sus nervios al ver mi pregunta, me pregunta si estoy en estado y claramente lo niego ya que solo era una pregunta. Me dice que no me dejaría sola en esos momentos y aún así decido volver a preguntarle si se iría con ella, parece enfadado ante mi duda, me encierro en el aseo y me siento en el suelo de este mientras que las lágrimas brotan de por mi cara ante sus palabras, no para de golpear la puerta pero le ignoro totalmente, los minutos transcurren y sigo ahí, parece que se ha cansado y ya ni me llama ni golpea la puerta, se mantiene en silencio, sólo se oyen mis lágrimas. Tras llevar un buen rato sin parar de llorar, decido salir y no tarda en venir a abrazarme y a pedirme perdón por ponerse así. No puedo estar enfadada con él mucho más tiempo y menos por una tontería, me pide unas cuantas veces perdón y le perdono. Me abraza con fuerza mientras que me da algún que otro beso y limpia mis lágrimas hasta que su teléfono suena es Elena, habla con él primero y después hablo yo. Una vez que ha vuelto todo a la normalidad decidimos bajar a la piscina del hotel. Me meto en el agua y se acerca a mi hasta rodear con sus brazos mi cintura, me da un beso. Los besos comienzan a intensificarse entre nosotros, hay algo de gente y decido apartar a Pablo de mi unos milímetros.
–Hay que ver lo cariñoso que estás hoy ¿eh? -Digo mientras me río y me vuelvo a sentar en el borde de la piscina.
–Y tú que poco. -Me dice mientras de un brinco se sienta a mi lado.
–¿Sabes que pasa? -Me aproximo a su oído y le susurro lo siguiente. -Que si sigues así no me haré cargo de mis actos. Instantáneamente sonríe.
–Eres de lo que no hay. -Me dice mientras mueve la cabeza y ríe.
Me pongo de pie y salto a la piscina, nado de un lado a otro mientras que Pablo me observa desde el bordillo, hacía bastante que no nadaba. Pasada una hora cogemos nuestros albornoces y subimos a la habitación para vestirnos y salir a comer un helado. Saco de la maleta un vestido color carne corto acompañado de un cinturón de perlas lo combino de unas sandalias con un poco de tacón. Me hago unos tirabuzones en el pelo y dejo la melena suelta, después me maquillo un poco y salgo del aseo. Pablo está terminándose de vestir, ha optado por un pantalón verde color militar y una camiseta negra ajustada, como siempre y una vez más está guapísimo. Me mira y se muerde el labio, me da por reír ante su acto.
–¿Vamos? -Me dice mientras me da la mano para que la agarre, asiento.
Vamos dando un paseo hasta que hay un pequeño puestecito con helados. Mi helado favorito siempre fue el de Stracciatella a si que pido uno con ese sabor mientras que Pablo opta por uno de chocolate. Seguimos caminando hasta que me paro y traviesamente cojo un poco de helado con el dedo y le mancho la nariz, no puede evitar reírse, repite la acción y ahora es él quién coge un poco del suyo y me mancha los labios, me mira por un momento con una sonrisilla y deposita un beso en ellos.
–Veo que te gusta el helado de Stracciatella ¿eh? -Le digo mientras le digo mientras saboreo el delicioso helado.
–Digamos que sí. -Reímos y continuamos caminando.
Pablo saca del bolsillo su móvil y decide inmortalizar el momento haciéndonos una fotografía. Me quedo mirando a un pequeño mirador al cual da otra de las preciosa playas de Jamaica, puedo sentir como los brazos de Pablo rodean mi cintura mientras me da un leve beso en la mejilla, no puedo evitar sonreír cuando estoy a su lado.
–¿Puedo besarte? -Me pregunta mientras me gira y me aparta un mechón de pelo de la cara que el viento se ha encargado de poner en ella.
–¿Qué clase de pregunta es esa tontito? puedes besarme cuantas veces quieras... -Le digo mientras que acaricio su rostro.
–Siempre no, antes te recuerdo que me has apartado. -Me dice mientras acaricia mi cara.
–Para que engañarnos... te he tenido que apartar porque los dos sabíamos que si no... -Le guiño el ojo. -Pero ahora no hay nadie ¿no?. -Le digo mientras le rodeo con mis brazos el cuello y le acerco lentamente a mis labios para que se fundan una vez más hasta que nos interrumpe el móvil de Pablo.
–Lo siento princesa. -Me dice mientras se separa de mi y saca el teléfono para responder a su llamada.
–Hola cielo, ¿nos vamos a Argentina? sí para el veinte de Julio estoy de sobra en España, gracias, un beso. -¿Cielo? ¿nos vamos a Argentina? ¿con quién se va? ante sus palabras que logran cabrearme continúo andando dejando a Pablo atrás.
–¡Espérame mi niña! -Oigo a lo lejos su voz.
–¿Qué te espere ''tú cielo'' no? ya que viajarás con ella. -Sigo caminando volviendo a dejarlo atrás, corre y me alcanza y ríe.
–¿Te hace gracia? porque a mi te aseguro que poca o ninguna. -Le digo con un tono de enfado.
–Por supuesto me hace gracia, mi niña... -Suspira.
–¿Tú niña? ¿hablarás de esa misteriosa llamada no? -Continúo con mi tono de bordería.
–Sí, mi niña... porque lo eres, estaba hablando con Marta. -Me dice mientras me gira para que le mire fijamente a los ojos, ojos que se quedan abiertos como platos. ¿Cómo he podido...?
–Lo... lo siento. -Me cuesta terminar la frase.
–No tienes porque estar celosa, ya sabes que yo te pertenezco a ti absolutamente... -Me dice mientras me atrae contra su cuerpo y besa mis labios con un toque de pasión y hace que me olvide del mundo en cuestión de segundos.
Tras comer el helado vamos a cenar ya que es buena hora, cenamos ligero y sin prisas nos ponemos a charlar. Poco después subimos a la habitación, me coloco el pijama en el aseo y Pablo hace lo mismo, nos metemos en la cama y mantenemos la luz de la lámpara encendida.
–¿Te irás a Argentina? -Le digo con cierto tono de tristeza en mis palabras.
–Me temo que sí princesa, viajaré con Marta el diecinueve de Julio y el veinte ofreceremos un concierto allí. -Me dice mientras me acaricia los brazos.
–Entiendo que es parte de tu trabajo pero... te voy a echar de menos. -Digo.
–Te voy a llamar día si y día también mi vida, no te librarás de mi ni en la distancia. -Bromea y consigue levantarme el ánimo.
–No me quiero librar de ti de ninguna manera.
–Ven conmigo. -Esas dos palabras me aceleran el corazón en cuestión de segundos.
–¿Contigo, a... Argentina? -Digo con las palabras entrecortadas.
–Si, si tú quieres claro... así no nos tendríamos que separar. -Me dice con una gran sonrisa. No me lo pienso dos veces y acepto rápidamente.
–¿Cómo que no voy a querer mi vida? todo lo que sea estar contigo para mi es fantástico, allí iremos juntos. -Me abalanzo sobre él y comienzo a comerle a besos.
–Uau... no pensé que te alegrarías de esta manera mi vida. -Ríe ante mis actos.
–Tú me la alegras. -Digo mientras me siento en su torso y acorto la distancia entre nuestros labios.
Me dejo llevar, los besos vuelven a intensificarse entre nosotros. Deshace la lazada del pantalón de mi pijama mientras que tira de las perneras para quitármelo del todo, acaricio su torso mientras le doy algún que otro beso desde los labios hasta el cuello, entre algún que otro beso sonrío, se percata y ríe. Seguimos deshaciéndonos de nuestra ropa hasta que mi móvil que se encuentra sobre la mesilla de noche vibra. Hago un amago de que lo voy a coger pero Pablo me lo impide.
–No lo cojas. -Dice y yo intento zafarme de él para cogerlo. Lo logro y en la pantalla de este aparece el número de mi madre.
–Lo siento, es mi madre y debo cogérselo. -Me siento en el borde de la cama y contesto a mi madre.
–Hola mamá, no te preocupes aún estamos despiertos, ya hemos cenado hace un buen rato y estábamos viendo una película. -Digo eso último y miro a Pablo mientras intento aguantar mis ganas de echar una carcajada, Pablo me mira y menea la cabeza. -Mamá te llamo mañana ¿vale? buenas noches, un beso. -Me despido de mi madre y dejo el móvil sobre la mesilla.
–¿Todo bien? -Me pregunta Pablo.
–Sí, solamente llamaba para ver como estamos, mañana la volveré a llamar y hablaré con más calma con ella. -Digo con una sonrisa.
–Tiene que estar muy orgullosa de tener una hija como tú. -Me dice mientras me aparta el pelo de la cara.
–Tú madre también debe estarlo, eres un sol. -Ríe.
Me acerca nuevamente contra su cuerpo, acaricia mi espalda y me besa nuevamente con pasión, en ese preciso momento suena su móvil que está en el suelo tirado. ¿Se han puesto todos de acuerdo para llamar ahora? Lo coge.
–No me lo puedo creer. -Digo mientras me levanto de la cama y me río ante la situación.
–Hola hermanita. ¿sucede algo? ¿Sofi? si Casi, estamos bien.... no te preocupes. -Hace un pequeño silencio y escucha con atención a su hermana. ¡Sofi! ¿qué tal estás princesita? yo también te echo de menos cielo... a la vuelta voy a verte ¿sí? buenas noches mi vida. -Cuelga el teléfono y antes de eso se me dibuja una sonrisa en la cara al ver el lado paterno que saca Pablo con su sobrina Sofía, será un padre de diez.
–¿Y esa sonrisa que tienes en la cara a que se debe princesa? -Dice mientras deja el móvil sobre la mesilla.
–Es adorable ver como tratas a Sofía, eres increíble. -Digo mientras acaricio su barba.
–Te quiero mi niña. -Dice mientras apoya su cabeza sobre mi hombro.
Amanece otro día magnífico y soleado día, es por ello que bajamos a la playa. Estamos un buen rato tomando en sol en ella hasta que decidimos ir a comer algo a pesar de que ninguno de los tiene hambre, comemos y subimos al hotel a ducharnos y a dormir un rato. Me ducho yo primero ya que siempre tardo el doble que Pablo, acabo y me tumbo sobre la cama mirando al techo con muchas preguntas en mi mente. Pablo no tarda a penas en ducharse y en acompañarme, me ve que estoy algo pensativa y no duda en preguntarme que que me pasa, le cuento que que pasaría en el caso de que yo me quedaría embaraza y que si volvería al lado de Sara. Puedo ver sus nervios al ver mi pregunta, me pregunta si estoy en estado y claramente lo niego ya que solo era una pregunta. Me dice que no me dejaría sola en esos momentos y aún así decido volver a preguntarle si se iría con ella, parece enfadado ante mi duda, me encierro en el aseo y me siento en el suelo de este mientras que las lágrimas brotan de por mi cara ante sus palabras, no para de golpear la puerta pero le ignoro totalmente, los minutos transcurren y sigo ahí, parece que se ha cansado y ya ni me llama ni golpea la puerta, se mantiene en silencio, sólo se oyen mis lágrimas. Tras llevar un buen rato sin parar de llorar, decido salir y no tarda en venir a abrazarme y a pedirme perdón por ponerse así. No puedo estar enfadada con él mucho más tiempo y menos por una tontería, me pide unas cuantas veces perdón y le perdono. Me abraza con fuerza mientras que me da algún que otro beso y limpia mis lágrimas hasta que su teléfono suena es Elena, habla con él primero y después hablo yo. Una vez que ha vuelto todo a la normalidad decidimos bajar a la piscina del hotel. Me meto en el agua y se acerca a mi hasta rodear con sus brazos mi cintura, me da un beso. Los besos comienzan a intensificarse entre nosotros, hay algo de gente y decido apartar a Pablo de mi unos milímetros.
–Hay que ver lo cariñoso que estás hoy ¿eh? -Digo mientras me río y me vuelvo a sentar en el borde de la piscina.
–Y tú que poco. -Me dice mientras de un brinco se sienta a mi lado.
–¿Sabes que pasa? -Me aproximo a su oído y le susurro lo siguiente. -Que si sigues así no me haré cargo de mis actos. Instantáneamente sonríe.
–Eres de lo que no hay. -Me dice mientras mueve la cabeza y ríe.
Me pongo de pie y salto a la piscina, nado de un lado a otro mientras que Pablo me observa desde el bordillo, hacía bastante que no nadaba. Pasada una hora cogemos nuestros albornoces y subimos a la habitación para vestirnos y salir a comer un helado. Saco de la maleta un vestido color carne corto acompañado de un cinturón de perlas lo combino de unas sandalias con un poco de tacón. Me hago unos tirabuzones en el pelo y dejo la melena suelta, después me maquillo un poco y salgo del aseo. Pablo está terminándose de vestir, ha optado por un pantalón verde color militar y una camiseta negra ajustada, como siempre y una vez más está guapísimo. Me mira y se muerde el labio, me da por reír ante su acto.
–¿Vamos? -Me dice mientras me da la mano para que la agarre, asiento.
Vamos dando un paseo hasta que hay un pequeño puestecito con helados. Mi helado favorito siempre fue el de Stracciatella a si que pido uno con ese sabor mientras que Pablo opta por uno de chocolate. Seguimos caminando hasta que me paro y traviesamente cojo un poco de helado con el dedo y le mancho la nariz, no puede evitar reírse, repite la acción y ahora es él quién coge un poco del suyo y me mancha los labios, me mira por un momento con una sonrisilla y deposita un beso en ellos.
–Veo que te gusta el helado de Stracciatella ¿eh? -Le digo mientras le digo mientras saboreo el delicioso helado.
–Digamos que sí. -Reímos y continuamos caminando.
Pablo saca del bolsillo su móvil y decide inmortalizar el momento haciéndonos una fotografía. Me quedo mirando a un pequeño mirador al cual da otra de las preciosa playas de Jamaica, puedo sentir como los brazos de Pablo rodean mi cintura mientras me da un leve beso en la mejilla, no puedo evitar sonreír cuando estoy a su lado.
–¿Puedo besarte? -Me pregunta mientras me gira y me aparta un mechón de pelo de la cara que el viento se ha encargado de poner en ella.
–¿Qué clase de pregunta es esa tontito? puedes besarme cuantas veces quieras... -Le digo mientras que acaricio su rostro.
–Siempre no, antes te recuerdo que me has apartado. -Me dice mientras acaricia mi cara.
–Para que engañarnos... te he tenido que apartar porque los dos sabíamos que si no... -Le guiño el ojo. -Pero ahora no hay nadie ¿no?. -Le digo mientras le rodeo con mis brazos el cuello y le acerco lentamente a mis labios para que se fundan una vez más hasta que nos interrumpe el móvil de Pablo.
–Lo siento princesa. -Me dice mientras se separa de mi y saca el teléfono para responder a su llamada.
–Hola cielo, ¿nos vamos a Argentina? sí para el veinte de Julio estoy de sobra en España, gracias, un beso. -¿Cielo? ¿nos vamos a Argentina? ¿con quién se va? ante sus palabras que logran cabrearme continúo andando dejando a Pablo atrás.
–¡Espérame mi niña! -Oigo a lo lejos su voz.
–¿Qué te espere ''tú cielo'' no? ya que viajarás con ella. -Sigo caminando volviendo a dejarlo atrás, corre y me alcanza y ríe.
–¿Te hace gracia? porque a mi te aseguro que poca o ninguna. -Le digo con un tono de enfado.
–Por supuesto me hace gracia, mi niña... -Suspira.
–¿Tú niña? ¿hablarás de esa misteriosa llamada no? -Continúo con mi tono de bordería.
–Sí, mi niña... porque lo eres, estaba hablando con Marta. -Me dice mientras me gira para que le mire fijamente a los ojos, ojos que se quedan abiertos como platos. ¿Cómo he podido...?
–Lo... lo siento. -Me cuesta terminar la frase.
–No tienes porque estar celosa, ya sabes que yo te pertenezco a ti absolutamente... -Me dice mientras me atrae contra su cuerpo y besa mis labios con un toque de pasión y hace que me olvide del mundo en cuestión de segundos.
Tras comer el helado vamos a cenar ya que es buena hora, cenamos ligero y sin prisas nos ponemos a charlar. Poco después subimos a la habitación, me coloco el pijama en el aseo y Pablo hace lo mismo, nos metemos en la cama y mantenemos la luz de la lámpara encendida.
–¿Te irás a Argentina? -Le digo con cierto tono de tristeza en mis palabras.
–Me temo que sí princesa, viajaré con Marta el diecinueve de Julio y el veinte ofreceremos un concierto allí. -Me dice mientras me acaricia los brazos.
–Entiendo que es parte de tu trabajo pero... te voy a echar de menos. -Digo.
–Te voy a llamar día si y día también mi vida, no te librarás de mi ni en la distancia. -Bromea y consigue levantarme el ánimo.
–No me quiero librar de ti de ninguna manera.
–Ven conmigo. -Esas dos palabras me aceleran el corazón en cuestión de segundos.
–¿Contigo, a... Argentina? -Digo con las palabras entrecortadas.
–Si, si tú quieres claro... así no nos tendríamos que separar. -Me dice con una gran sonrisa. No me lo pienso dos veces y acepto rápidamente.
–¿Cómo que no voy a querer mi vida? todo lo que sea estar contigo para mi es fantástico, allí iremos juntos. -Me abalanzo sobre él y comienzo a comerle a besos.
–Uau... no pensé que te alegrarías de esta manera mi vida. -Ríe ante mis actos.
–Tú me la alegras. -Digo mientras me siento en su torso y acorto la distancia entre nuestros labios.
Me dejo llevar, los besos vuelven a intensificarse entre nosotros. Deshace la lazada del pantalón de mi pijama mientras que tira de las perneras para quitármelo del todo, acaricio su torso mientras le doy algún que otro beso desde los labios hasta el cuello, entre algún que otro beso sonrío, se percata y ríe. Seguimos deshaciéndonos de nuestra ropa hasta que mi móvil que se encuentra sobre la mesilla de noche vibra. Hago un amago de que lo voy a coger pero Pablo me lo impide.
–No lo cojas. -Dice y yo intento zafarme de él para cogerlo. Lo logro y en la pantalla de este aparece el número de mi madre.
–Lo siento, es mi madre y debo cogérselo. -Me siento en el borde de la cama y contesto a mi madre.
–Hola mamá, no te preocupes aún estamos despiertos, ya hemos cenado hace un buen rato y estábamos viendo una película. -Digo eso último y miro a Pablo mientras intento aguantar mis ganas de echar una carcajada, Pablo me mira y menea la cabeza. -Mamá te llamo mañana ¿vale? buenas noches, un beso. -Me despido de mi madre y dejo el móvil sobre la mesilla.
–¿Todo bien? -Me pregunta Pablo.
–Sí, solamente llamaba para ver como estamos, mañana la volveré a llamar y hablaré con más calma con ella. -Digo con una sonrisa.
–Tiene que estar muy orgullosa de tener una hija como tú. -Me dice mientras me aparta el pelo de la cara.
–Tú madre también debe estarlo, eres un sol. -Ríe.
Me acerca nuevamente contra su cuerpo, acaricia mi espalda y me besa nuevamente con pasión, en ese preciso momento suena su móvil que está en el suelo tirado. ¿Se han puesto todos de acuerdo para llamar ahora? Lo coge.
–No me lo puedo creer. -Digo mientras me levanto de la cama y me río ante la situación.
–Hola hermanita. ¿sucede algo? ¿Sofi? si Casi, estamos bien.... no te preocupes. -Hace un pequeño silencio y escucha con atención a su hermana. ¡Sofi! ¿qué tal estás princesita? yo también te echo de menos cielo... a la vuelta voy a verte ¿sí? buenas noches mi vida. -Cuelga el teléfono y antes de eso se me dibuja una sonrisa en la cara al ver el lado paterno que saca Pablo con su sobrina Sofía, será un padre de diez.
–¿Y esa sonrisa que tienes en la cara a que se debe princesa? -Dice mientras deja el móvil sobre la mesilla.
–Es adorable ver como tratas a Sofía, eres increíble. -Digo mientras acaricio su barba.
–Te quiero mi niña. -Dice mientras apoya su cabeza sobre mi hombro.
26.8.13
Cap. 76: Así como entraste en mi vida, no quiero que salgas nunca de ella
Narrado por Pablo:
Tras una noche mágica junto a mi niña me despierto con un sin fin de caricias por su parte además de un magnífico desayuno que manda subir a la habitación. Desayunamos entre besos y caricias hasta que decidimos bajar a la playa ya que hace un día fantástico. Nos ponemos los trajes de baño y bajamos, parece a ver gente en esta ocasión. Nos tumbamos sobre las tumbonas, mi niña se pone a leer un libro y yo contesto a varios tweets que me mandan en Twitter. Sin que ella se de cuenta junto mi tumbona a la suya, me aproximo a su oído y la susurro.
–¿Quieres un masaje? -La digo con una sonrisa un tanto pícara mientras la enseño el bote que contiene aceite de almendras.
–¿No pretenderás que vayamos a ese puestecillo donde aquella mujer los da no? -Me dice mientras se ríe y lo señala.
–Hombre, preferiría dártelo yo. -Río.
–Si es así... soy toda tuya. -Me dice mientras se coloca boca abajo en la tumbona.
–Ufff... que tentador. -Digo mientras arqueo una ceja y me siento sobre ella con cuidado.
Deshago lentamente la lazada de la parte de arriba de su bikini, pongo mis manos sobre su espalda y la voy dando el masaje lentamente mientras recorro su espalda de principio a fin con ayuda del aceite, un leve suspiro sale de la boca de mi niña y no puedo evitar reírme ante la situación. Tras unos cinco minutos de masaje acabo de dárselo.
–Me has dejado la espalda como nueva. -Me dice mientras la ato nuevamente la lazada del bikini y me pongo de pie.
–Me alegro princesa. -La digo.
–Su turno. -Me señala la tumbona para que sea yo ahora el que reciba el masaje, no me niego.
Hago lo que me pide, me tumbo y siento sus manos sobre mi piel, me tiembla el cuerpo cuando mi niña recorre mi piel. Se echa unas cuantas gotas de aceite en sus manos y suavemente masajea mi espalda mientras la va besando desde la nuca hasta el final de esta. Acaba de darme el masaje y se pone a la altura de mi.
–¿Te ha gustado príncipe? -Me pregunta mientras me coge de la mano.
–Mucho, tus masajes son excelentes. -La digo mientras ríe.
Nos quedamos una hora más o menos tomando el sol hasta que se acerca la hora de comer. Vamos a otro restaurante distinto, ninguno de los dos tenemos hambre ya que con el calor que hace no entra la comida, aún así comemos algo. Mi niña se empeña en pagar la cuenta y lo consigue. Salimos y volvemos al hotel a darnos una ducha para descansar un rato ya que la playa agota. Se ducha mi niña primero ya que siempre tarda más y yo menos, me tumbo en la cama mirando al techo hasta que finalmente sale y puedo entrar a dármela yo. Me ducho rápidamente y me visto, mi niña esta sobre la cama pero se mantiene despierta y algo pensativa.
–¿En qué piensas mi vida? -Digo mientras termino de colocarme el reloj en la mano y me tumbo a su lado.
–Pablo... ¿puedo hacerte una pregunta? -Me dice misteriosa.
–Por supuesto cielo, dime. -La digo mientras acaricio su melena que posa sobre la almohada.
–Si yo me quedase embarazada ¿me dejarías y volverías con Sara? -Me quedo a cuadros frente a su pregunta, la cual juro que no esperaba.
–¿Estás... estás embarazada? -Digo un poco nervioso mientras que me levanto de la cama de golpe.
–No. -Dice seca y continúa. -Ya veo que en ese caso la noticia te agradaría poco.
–¿Cómo puedes decir eso mi amor? por supuesto que no te dejaría sola en esos momentos pero somos un poco jóvenes aún para pensar en un bebé.
–¿Me dejarías para irte con ella? -Insiste.
–¿Por qué ella siempre tiene que estar presente en nuestras conversaciones? creo que he demostrado ya y en más de una ocasión que no volveré con Sara nunca y muchísimo menos en el caso de que estés embarazada, a mi no se me olvidan las cosas que ella me ha hecho. -Digo algo enfadado.
–Lo siento, no quería... -Por su cara comienzan a descender lágrimas y se va corriendo al aseo a encerrarse. En ese momento me doy cuenta de que me he pasado cuando es una tontería.
–Mi niña, abre la puerta por favor... no debí a verme puesto así, perdóname. -La digo mientras doy un pequeño golpecito a la puerta.
Sin duda he metido la pata pero bien, Sara no para de darme problemas incluso cuando no está presente. Aurora sigue en al aseo y hace caso nulo ante mis palabras, doy paseos por la habitación hasta que oigo como el cerrojo del baño se abre, sale con los ojos rojos debido a sus lágrimas. Se sienta en el borde de la cama con la cabeza entre las piernas y puedo oír sus sollozos.
–Cielo... no quería ponerme así, pero entiende que me da rabia que dudes de mi. -La digo mientras me agacho y la levanto la cabeza, no contesta. -Perdóname princesa por favor. -La digo nuevamente.
–Claro que te perdono. -Me dice mientras me acerca a su cuerpo y me abraza con fuerza.
–Lo siento mi vida, pero no quiero que hablemos de Sara, ahora solo debemos centrarnos en disfrutar de nuestra luna de miel.
–Tienes razón cariño, perdóname tu a mi también.
–Olvidemos esto ¿vale? aquí no ha pasado nada... -La digo mientras la levanto de la cama y la limpio con mis dedos algunas de sus lágrimas.
–Nunca quiero que desaparezcas de mi vida Pablo, desde que entraste en ella soy completamente feliz. -Me deja impactado ante sus palabras y no puedo evitar sonreír.
–Ni tu de la mía princesa, siempre y pase lo que pase estaremos juntos. -La digo mientras la doy un dulce beso en la frente.
Nos quedamos abrazados de pie largos minutos hasta que decidimos bajar a la piscina que tiene el hotel, después de esta riña necesitamos un poco de paz. Poco después mi móvil nos interrumpe, en la pantalla se refleja el nombre de ''mamá'' por lo tanto es ella quién me llama, presiono la tecla y contesto.
–¡Mamá! ¿cómo estáis todos por allí? estamos a punto de bajar a la piscina un rato ¿y vosotros? ¿vas a comer con Mercedes? me parece estupendo entonces, ¿quieres hablar con Aurora? vale mamá, pasarlo bien y dale un fuerte beso a la pequeña terremoto Sofi, un beso. -La paso el teléfono a Aurora y lo coge encantada.
–Hola Elena, ¿qué tal todo? ¿comer con mi madre? me encanta que os llevéis tan bien, si... me trata como una princesa. -Me mira y sonríe, continúa. -Lo estamos pasando genial Ele, gracias y dales muchos besos a todos, adiós Ele. -Se despide de mi madre y me pasa el teléfono.
–Me encanta ver que mi madre y tú os lleváis tan bien, mi madre te quiere mucho. -La digo mientras guardo el teléfono en mi bolsillo.
–Siempre está pendiente de nosotros, es un cielo de mujer y además mi madre y la tuya se han hecho amigas, han quedado para comer hoy. -Me dice mostrando su preciosa sonrisa.
–Así quiero que estés siempre. -La digo con una sonrisa.
–Te amo mi príncipe. -Me dice mientras agarra mi cara y me aproxima a sus labios para besarlos.
–Y yo mi princesa. -La digo al terminar de besarnos.
Cogemos las cosas y bajamos a la piscina como habíamos acordado mucho antes de esta pequeña riña.
Tras una noche mágica junto a mi niña me despierto con un sin fin de caricias por su parte además de un magnífico desayuno que manda subir a la habitación. Desayunamos entre besos y caricias hasta que decidimos bajar a la playa ya que hace un día fantástico. Nos ponemos los trajes de baño y bajamos, parece a ver gente en esta ocasión. Nos tumbamos sobre las tumbonas, mi niña se pone a leer un libro y yo contesto a varios tweets que me mandan en Twitter. Sin que ella se de cuenta junto mi tumbona a la suya, me aproximo a su oído y la susurro.
–¿Quieres un masaje? -La digo con una sonrisa un tanto pícara mientras la enseño el bote que contiene aceite de almendras.
–¿No pretenderás que vayamos a ese puestecillo donde aquella mujer los da no? -Me dice mientras se ríe y lo señala.
–Hombre, preferiría dártelo yo. -Río.
–Si es así... soy toda tuya. -Me dice mientras se coloca boca abajo en la tumbona.
–Ufff... que tentador. -Digo mientras arqueo una ceja y me siento sobre ella con cuidado.
Deshago lentamente la lazada de la parte de arriba de su bikini, pongo mis manos sobre su espalda y la voy dando el masaje lentamente mientras recorro su espalda de principio a fin con ayuda del aceite, un leve suspiro sale de la boca de mi niña y no puedo evitar reírme ante la situación. Tras unos cinco minutos de masaje acabo de dárselo.
–Me has dejado la espalda como nueva. -Me dice mientras la ato nuevamente la lazada del bikini y me pongo de pie.
–Me alegro princesa. -La digo.
–Su turno. -Me señala la tumbona para que sea yo ahora el que reciba el masaje, no me niego.
Hago lo que me pide, me tumbo y siento sus manos sobre mi piel, me tiembla el cuerpo cuando mi niña recorre mi piel. Se echa unas cuantas gotas de aceite en sus manos y suavemente masajea mi espalda mientras la va besando desde la nuca hasta el final de esta. Acaba de darme el masaje y se pone a la altura de mi.
–¿Te ha gustado príncipe? -Me pregunta mientras me coge de la mano.
–Mucho, tus masajes son excelentes. -La digo mientras ríe.
Nos quedamos una hora más o menos tomando el sol hasta que se acerca la hora de comer. Vamos a otro restaurante distinto, ninguno de los dos tenemos hambre ya que con el calor que hace no entra la comida, aún así comemos algo. Mi niña se empeña en pagar la cuenta y lo consigue. Salimos y volvemos al hotel a darnos una ducha para descansar un rato ya que la playa agota. Se ducha mi niña primero ya que siempre tarda más y yo menos, me tumbo en la cama mirando al techo hasta que finalmente sale y puedo entrar a dármela yo. Me ducho rápidamente y me visto, mi niña esta sobre la cama pero se mantiene despierta y algo pensativa.
–¿En qué piensas mi vida? -Digo mientras termino de colocarme el reloj en la mano y me tumbo a su lado.
–Pablo... ¿puedo hacerte una pregunta? -Me dice misteriosa.
–Por supuesto cielo, dime. -La digo mientras acaricio su melena que posa sobre la almohada.
–Si yo me quedase embarazada ¿me dejarías y volverías con Sara? -Me quedo a cuadros frente a su pregunta, la cual juro que no esperaba.
–¿Estás... estás embarazada? -Digo un poco nervioso mientras que me levanto de la cama de golpe.
–No. -Dice seca y continúa. -Ya veo que en ese caso la noticia te agradaría poco.
–¿Cómo puedes decir eso mi amor? por supuesto que no te dejaría sola en esos momentos pero somos un poco jóvenes aún para pensar en un bebé.
–¿Me dejarías para irte con ella? -Insiste.
–¿Por qué ella siempre tiene que estar presente en nuestras conversaciones? creo que he demostrado ya y en más de una ocasión que no volveré con Sara nunca y muchísimo menos en el caso de que estés embarazada, a mi no se me olvidan las cosas que ella me ha hecho. -Digo algo enfadado.
–Lo siento, no quería... -Por su cara comienzan a descender lágrimas y se va corriendo al aseo a encerrarse. En ese momento me doy cuenta de que me he pasado cuando es una tontería.
–Mi niña, abre la puerta por favor... no debí a verme puesto así, perdóname. -La digo mientras doy un pequeño golpecito a la puerta.
Sin duda he metido la pata pero bien, Sara no para de darme problemas incluso cuando no está presente. Aurora sigue en al aseo y hace caso nulo ante mis palabras, doy paseos por la habitación hasta que oigo como el cerrojo del baño se abre, sale con los ojos rojos debido a sus lágrimas. Se sienta en el borde de la cama con la cabeza entre las piernas y puedo oír sus sollozos.
–Cielo... no quería ponerme así, pero entiende que me da rabia que dudes de mi. -La digo mientras me agacho y la levanto la cabeza, no contesta. -Perdóname princesa por favor. -La digo nuevamente.
–Claro que te perdono. -Me dice mientras me acerca a su cuerpo y me abraza con fuerza.
–Lo siento mi vida, pero no quiero que hablemos de Sara, ahora solo debemos centrarnos en disfrutar de nuestra luna de miel.
–Tienes razón cariño, perdóname tu a mi también.
–Olvidemos esto ¿vale? aquí no ha pasado nada... -La digo mientras la levanto de la cama y la limpio con mis dedos algunas de sus lágrimas.
–Nunca quiero que desaparezcas de mi vida Pablo, desde que entraste en ella soy completamente feliz. -Me deja impactado ante sus palabras y no puedo evitar sonreír.
–Ni tu de la mía princesa, siempre y pase lo que pase estaremos juntos. -La digo mientras la doy un dulce beso en la frente.
Nos quedamos abrazados de pie largos minutos hasta que decidimos bajar a la piscina que tiene el hotel, después de esta riña necesitamos un poco de paz. Poco después mi móvil nos interrumpe, en la pantalla se refleja el nombre de ''mamá'' por lo tanto es ella quién me llama, presiono la tecla y contesto.
–¡Mamá! ¿cómo estáis todos por allí? estamos a punto de bajar a la piscina un rato ¿y vosotros? ¿vas a comer con Mercedes? me parece estupendo entonces, ¿quieres hablar con Aurora? vale mamá, pasarlo bien y dale un fuerte beso a la pequeña terremoto Sofi, un beso. -La paso el teléfono a Aurora y lo coge encantada.
–Hola Elena, ¿qué tal todo? ¿comer con mi madre? me encanta que os llevéis tan bien, si... me trata como una princesa. -Me mira y sonríe, continúa. -Lo estamos pasando genial Ele, gracias y dales muchos besos a todos, adiós Ele. -Se despide de mi madre y me pasa el teléfono.
–Me encanta ver que mi madre y tú os lleváis tan bien, mi madre te quiere mucho. -La digo mientras guardo el teléfono en mi bolsillo.
–Siempre está pendiente de nosotros, es un cielo de mujer y además mi madre y la tuya se han hecho amigas, han quedado para comer hoy. -Me dice mostrando su preciosa sonrisa.
–Así quiero que estés siempre. -La digo con una sonrisa.
–Te amo mi príncipe. -Me dice mientras agarra mi cara y me aproxima a sus labios para besarlos.
–Y yo mi princesa. -La digo al terminar de besarnos.
Cogemos las cosas y bajamos a la piscina como habíamos acordado mucho antes de esta pequeña riña.
25.8.13
Cap. 75: Primer día (2)
Narrado por Aurora:
Jamaica por fin estamos aquí, por fin puedo decirlo. Llegamos al aeropuerto y caminamos a paso ligero hacia nuestro hotel ya que no se encuentra demasiado lejos. Los dos sabemos que esta luna de miel es lo que justo necesitamos, un poco de paz y un poco de intimidad para nosotros. Entramos a la habitación que nos han dado la cual es sumamente grande además de tener dos aseos, Pablo y yo nos dormidos debido a que estamos tremendamente reventados por todo el viaje, descansamos y al rato decidimos bajar a la playa.
Vamos agarrados de la mano en silencio, la playa parece estar desierta en esta ocasión, la brisa del mar acaricia nuestros rostros, el sonido del mar se mete por nuestros oídos, justo lo que nosotros queríamos.
Colocamos nuestras toallas sobre las tumbonas que hay colocadas cerca de la orilla del mar, el sol aprieta y mis ganas de meterme al agua también. Me quito la camisola que me he puesto encima de mi bikini y Pablo se quita su camiseta, está tremendamente guapísimo con ese bañador. Por un momento me olvido de todo lo que me rodea y decido correr hacia el agua, Pablo sonrientemente no duda en venir detrás de mi, me agarra por la cintura y me besa el cuello, la piel se eriza con el contacto de sus labios en ella. Se separa y por un momento me mira fijamente, sin darme cuenta comienza a hacerme cosquillas.
–¡Para por favor! -Digo a pura carcajada y como puedo.
–¿Y si no quiero qué? -Me dice mientras sonríe. No le dejo terminar la frase y logro escapar de sus brazos intentando volver a la arena. Sale del agua corriendo y me alcanza, esta vez me agarra en brazos y me besa de una forma un tanto pasional. Separa sus labios unos milímetros.
–Si no quieres me obligarás a... -No termina la frase, me eleva sobre sus hombros y corre conmigo encima hacia el agua lugar donde me tira cuidadosamente y él cae conmigo. Reímos como nunca ante la situación.
–Eres un gamberro. -Le digo mientras me levanto y me pongo el pelo detrás de la oreja.
Se encuentra de pie y sin parar de reír, tomo la ''rebancha'' y doy un pequeño salto hasta lograr rodear con mis piernas su cintura, hago el amago de que le voy a besar, le empujo y volvemos a caer los dos en ese cristalino agua. Me ayuda a levantarme y en cuestión de segundos me atrae contra su cuerpo, y rodea con sus brazos mi cuello. Daría lo que fuera por estar en este lugar siempre, sólos los dos y sin ningún tipo de interrupción.
–¿Qué decías que pasaba Pablete? -Río.
–Me has pillado desprevenido y lo sabes. -Me dice con carita de niño enfadado.
–No se enfade señorito, está muy feo cuando se enfada. -Pongo una voz burlona acompañada de una carcajada a la que Pablo no puede evitar unirse.
Me agarra en brazos y me lleva hacia la arena, me tumba sobre esta y comienza a hacerme nuevamente cosquillas, a penas puedo moverme.
–Vale, tú ganas pero suéltame por favor. -Digo entre carcajada y carcajada.
–Te suelto con una condición. -Hace un pequeño silencio y continúa. -Te soltaré sólo si me das un beso. -Le beso como me pide.
–Te quiero princesa. -Me dice nada más separar sus labios de los míos. Sin duda tiene el don de sorprenderme cuando menos me lo llego a esperar.
–Y yo a ti mi vida. -Me aproxímo hacia sus labios y no dudo en besarlos nuevamente, sonríe.
Los rayos de sol penetran sobre nuestra piel, nos quedamos tumbados sobre la tumbona mientras hablamos de nuestros planes en los próximos días. Esta noche iremos a cenar a algún sitio y después daremos un paseo por las calles de Jamaica con la luz de la luna.
Comienza a anochecer sin darnos cuenta, recogemos las toallas y salimos de la playa dirección al hotel a darnos una rápida ducha para ir a cenar como habíamos acordado hace unas horas.
Saco de mi maleta algunas prendas que creo oportunas para esta noche y que justo compré hace unos días. Opto por unos shorts verdes fluor y una camiseta básica de tirantes blanca junto a unas sandalias de cuña.
Me meto en la ducha y al salir me visto, abro el neceser con algo de maquillaje, me maquillo los ojos con una sombra marrón clarita, rimel y una fina raya negra. Me peino algo el pelo y me lo recojo con una coleta para estar cómoda ya que esta noche hace bastante calor. Mientras espero a que Pablo se duche reviso Twitter ya que lo tengo bastante abandonado en el último mes, para mi sorpresa me encuentro varios tweets, parecen ser fans de Pablo.
''Felicidades, hazle feliz'' -Dice uno de los que me han mandado. Me quedo alucinando entre tanta multitud de ellos. ¿Cómo es posible? ya sé que Sara se encargó de publicarlo pero jamás pensé que se creerían la noticia. Leo varios y muchos de ellos son con buena intención, la otra media me ataca de manera brutal, no contesto ni a los buenos ni a los malos, sería darle pie a algo que no quiero que afecte a Pablo. Cierro la aplicación y lo guardo en el interior de mi bolsillo. Pablo no tarda mucho en salir del aseo, a pesar de lo nerviosa que estoy me doy cuenta de lo guapo que está esta noche. Luce unos pantalones vaqueros ajustados claritos y una camisa blanca de botones. No tarda en percatarse de mis nervios.
–Princesa, ¿estás bien? te veo en otro sitio. -Me dice mientras se sienta a mi lado y me acaricia las mejillas con sus manos.
–Eh... sí, sí, sólo estoy algo cansada, ya sabes como son estos viajes. -Finjo.
–¿Has visto los tweets no? -Dice eso y me quedo alucinando. ¿cómo lo sabe? ¿lo habrá visto?
–¿Cómo lo sabes? ¿tienes el poder de leerme la mente? -Digo bromeando.
–No. En muchos de esos tweets me nombraban, y ya sabes que a mi me gusta leer siempre todo lo que los fans me escriben en las redes sociales, no quiero que te afecte todo esto, sabíamos que tenía que pasar, ¿no? -Me dice mientras me atrae contra su cuerpo y me abraza con fuerza.
–Lo sé cariño, pero no quiero que te ataquen por mi culpa, es lo que menos deseo. -Digo algo más tranquila.
–Mi niña, no me importa lo que tenga que pasar si te tengo aquí conmigo, no te voy a dejar por nada ni nadie. -Me dice teniendo claro sus palabras. Una fiel sonrisa se dibuja en mi cara con las cosas que me dice.
–Por una parte comprendo cierto revuelo, yo cuando era tu fan sentía celos a la mínima, y ahora mira. -Río calmada.
–Ah... entonces ¿ya no eres mi fan? -Me dice bromeando. Sabe como hacerme sonreír en todo tipo de momento.
–Por supuesto que soy fan de ti, fan de tus caricias, de tus palabras, de tus abrazos, de tus besos, fan de ti. -Digo mientras acaricio su barba. Deposito un corto pero cálido beso en sus labios.
–Eres increíble princesa, me asombras día a día con tu forma de afrontar las cosas con la sonrisa siempre por delante, gracias por ser así siempre. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Un día te dije que aunque yo esté realmente mal me desviviré por hacerte sonreír, y así es y será. -Le digo con una sonrisa.
–Te amo, cada día más. -Vuelve a besarme.
–Y yo a ti Pablo, no sabes de que manera. -Nos abrazamos largos minutos.
Nos quedamos abrazados hasta que miro el reloj de mi muñeca, marca las diez de la noche. Bajamos a cenar al restaurante del hotel.
–Estás guapísima. -Me dice Pablo en un susurro mientras me da la vuelta.
–Y tú, tú siempre lo estás. -Pablo ríe ante mi comentario.
Pedimos mesa y rápidamente nos conducen hasta ella. Pablo saca mi silla y me da la mano para que sea yo quién me siente primero, siempre tan caballero. Acto seguido se sienta en la suya y me mira dulcemente mientras acaricia mis manos haciendo que mi piel se erice una vez más con sus caricias.
El camarero nos atiende rápidamente, nos muestra la carta de comidas, todas son totalmente desconocidas para ambos, pedimos algo de pescado. Cenamos cómodamente entre un sin fin de risas y algunas anécdotas que Pablo me cuenta sobre cuando viajó a Puerto Rico la última vez. Pablo como siempre tan cabezota se empeña en pagar la cuenta y muy a mi pesar lo logra, muevo la cabeza y él se ríe. Salimos del restaurante abrazos nuevamente, Pablo acaricia mi espalda provocando en mi alguna que otra sensación. Le doy algún que otro beso mientras vamos caminando por las calles. De pronto se para y me mira fijamente a los ojos. Agarra con una mano suavemente mi cara y con la otra me agarra de la cintura atrayéndome contra su cuerpo. Me besa con dulzura y a la vez con un toque de pasión.
–Será mejor que pares. -Río.
–¿Por que debería de hacerlo? ¿te molesta a caso?
–No, sólo que me dan ganas de comerte a besos una y otra vez. -Río.
–¿Por qué no hacerlo? -Me mira de forma pícara mientras arquea la ceja derecha.
–La noche está preciosa, la luna nos acompaña y la temperatura en la calle es esplendida. -Digo.
–Eres muy mala, pero tienes razón. -Ríe y continuamos caminando.
Llevamos ya varios minutos sin parar de caminar, decidimos regresar al hotel ya que se hace de noche y mañana queremos madrugar para bajar otro rato a la playa. Sutilmente y sin que a penas se de cuenta me acerco al cuello de mi niño y lo beso, digamos que es su punto débil más fuerte. Ríe pícaramente ante mi acción. Se gira de golpe y me abraza con fuerza mientras me besa, un beso de largos minutos. No sé porque pero hoy siento un terrible deseo de que me haga suya, se lo hago saber a modo de caricias en plena calle, por suerte no hay mucha gente. Me coloca en la pared y me besa con más ganas.
–No pensarás que pasará algo aquí ¿no? -Le digo mientras le separo de mi cuerpo con una sonrisa.
Me agarra de la mano y continuamos caminando, esta vez acelerando el paso debido a que los dos sentimos las mismas ganas. Llegamos al hotel y subimos rápidamente por las escaleras, olvidando por un momento que había un ascensor. Saca la tarjeta de la habitación y la pasa por el lector de la puerta, en un abrir y cerrar de ojos la puerta se abre y nosotros no hemos parado de besarnos ni un segundo. Cierro la puerta con mi pie como puedo, le coloco contra la pared y desabrocho sutilmente los botones de esa camisa blanca que también le queda. Con su ayuda se la quito y la tiro por la habitación, me agarra en brazos y me tumba sobre la cama mientras acaricia cada esquina de mi cuerpo. Me mira con una sonrisa pícara a él y yo a él con una tímida. Recorro su espalda con mis manos de principio a fin, mete sus manos por debajo de mi camiseta y acaricia mi tripa mientras deposita leves besos. Tira de ella y cae al suelo finalmente. Juego con la hebilla de su cinturón y acto seguido desabrocho sus pantalones, los cuales rápidamente caen al suelo. Me descalzo y beso su cuello hasta subir a sus labios, le beso y puedo notar su sonrisa. Desliza mis pantalones hasta abajo hasta que caen, juega con mi lencería mientras que acaricia mis piernas sin dejarme de besar. Me eleva al mismísimo cielo una vez más. Agarra con una mano mi mano y con la otra juega con mi pelo, me pierdo en su aroma, ese que tanto me gusta. Poco a poco vamos deshaciéndonos de nuestra ropa interior, quedando cuerpo con cuerpo, sintiendo nuestro propio calor. Me lleva a lo más alto.
Apoya su cabeza sobre mi vientre mientras acaricia mis brazos, dándome algún que otro beso. Nos quedamos dormidos entre un sin fin de caricias.
Abro mis ojos con pereza mientras me los sobo, Pablo está mirando hacia el otro lado completamente dormido. Me da pena despertarle a si que cojo su camisa que está tirada en el suelo y me la pongo, después llamo a recepción y pido que nos suban el desayuno, y que en él incluyan una rosa. No tardan demasiado que subírnoslo, abro la puerta y cojo la bandeja que nos sube el servicio, les doy las gracias y me dirijo a la habitación. Poso la bandeja sobre el nórdico y cojo la rosa, recorro con esta su cuerpo, empiezo por su cara hasta bajar a su torso acompañándolo de algún que otro beso. Se hace el remolón pero se despierta regalándome una de sus sonrisas mañaneras. Aparto el pelo de mi cara.
–Buenos días dormilón. -Le digo mientras acorto lentamente la distancia entre nuestros cuerpos.
–Buenos días mi vida, veo que has pedido que nos suban el desayuno. -Dice mientras se incorpora cómodamente en la cama y me da un dulce beso mañanero, después coge la bandeja y me siento a su lado.
–¿Te gusta? -Le pregunto mientras veo como Pablo da un mordisco a la magdalena.
–Me gusta, pero más me gustas tú. -Me dice mientras deja la bandeja sobre el suelo y me pone encima de su torso. No puedo evitar reír.
Nos besamos y después continuamos desayunando. Abro la cortina y el sol entra por la ventana, miro por ella y Pablo me agarra de la cintura mientras me besa el cuello. Le agarro de sus manos mientras miro al frente sin gesticular palabra.
–Me gusta verte feliz. -Me dice mientras me gira y me quita el pelo de la cara.
–Tú me haces feliz. -Le digo mientras acaricio su rostro.
Nos quedamos mirando al frente algún que otro minuto hasta que decidimos ponernos los trajes de baño para pasar otro día más en la playa tranquilos.
Jamaica por fin estamos aquí, por fin puedo decirlo. Llegamos al aeropuerto y caminamos a paso ligero hacia nuestro hotel ya que no se encuentra demasiado lejos. Los dos sabemos que esta luna de miel es lo que justo necesitamos, un poco de paz y un poco de intimidad para nosotros. Entramos a la habitación que nos han dado la cual es sumamente grande además de tener dos aseos, Pablo y yo nos dormidos debido a que estamos tremendamente reventados por todo el viaje, descansamos y al rato decidimos bajar a la playa.
Vamos agarrados de la mano en silencio, la playa parece estar desierta en esta ocasión, la brisa del mar acaricia nuestros rostros, el sonido del mar se mete por nuestros oídos, justo lo que nosotros queríamos.
Colocamos nuestras toallas sobre las tumbonas que hay colocadas cerca de la orilla del mar, el sol aprieta y mis ganas de meterme al agua también. Me quito la camisola que me he puesto encima de mi bikini y Pablo se quita su camiseta, está tremendamente guapísimo con ese bañador. Por un momento me olvido de todo lo que me rodea y decido correr hacia el agua, Pablo sonrientemente no duda en venir detrás de mi, me agarra por la cintura y me besa el cuello, la piel se eriza con el contacto de sus labios en ella. Se separa y por un momento me mira fijamente, sin darme cuenta comienza a hacerme cosquillas.
–¡Para por favor! -Digo a pura carcajada y como puedo.
–¿Y si no quiero qué? -Me dice mientras sonríe. No le dejo terminar la frase y logro escapar de sus brazos intentando volver a la arena. Sale del agua corriendo y me alcanza, esta vez me agarra en brazos y me besa de una forma un tanto pasional. Separa sus labios unos milímetros.
–Si no quieres me obligarás a... -No termina la frase, me eleva sobre sus hombros y corre conmigo encima hacia el agua lugar donde me tira cuidadosamente y él cae conmigo. Reímos como nunca ante la situación.
–Eres un gamberro. -Le digo mientras me levanto y me pongo el pelo detrás de la oreja.
Se encuentra de pie y sin parar de reír, tomo la ''rebancha'' y doy un pequeño salto hasta lograr rodear con mis piernas su cintura, hago el amago de que le voy a besar, le empujo y volvemos a caer los dos en ese cristalino agua. Me ayuda a levantarme y en cuestión de segundos me atrae contra su cuerpo, y rodea con sus brazos mi cuello. Daría lo que fuera por estar en este lugar siempre, sólos los dos y sin ningún tipo de interrupción.
–¿Qué decías que pasaba Pablete? -Río.
–Me has pillado desprevenido y lo sabes. -Me dice con carita de niño enfadado.
–No se enfade señorito, está muy feo cuando se enfada. -Pongo una voz burlona acompañada de una carcajada a la que Pablo no puede evitar unirse.
Me agarra en brazos y me lleva hacia la arena, me tumba sobre esta y comienza a hacerme nuevamente cosquillas, a penas puedo moverme.
–Vale, tú ganas pero suéltame por favor. -Digo entre carcajada y carcajada.
–Te suelto con una condición. -Hace un pequeño silencio y continúa. -Te soltaré sólo si me das un beso. -Le beso como me pide.
–Te quiero princesa. -Me dice nada más separar sus labios de los míos. Sin duda tiene el don de sorprenderme cuando menos me lo llego a esperar.
–Y yo a ti mi vida. -Me aproxímo hacia sus labios y no dudo en besarlos nuevamente, sonríe.
Los rayos de sol penetran sobre nuestra piel, nos quedamos tumbados sobre la tumbona mientras hablamos de nuestros planes en los próximos días. Esta noche iremos a cenar a algún sitio y después daremos un paseo por las calles de Jamaica con la luz de la luna.
Comienza a anochecer sin darnos cuenta, recogemos las toallas y salimos de la playa dirección al hotel a darnos una rápida ducha para ir a cenar como habíamos acordado hace unas horas.
Saco de mi maleta algunas prendas que creo oportunas para esta noche y que justo compré hace unos días. Opto por unos shorts verdes fluor y una camiseta básica de tirantes blanca junto a unas sandalias de cuña.
Me meto en la ducha y al salir me visto, abro el neceser con algo de maquillaje, me maquillo los ojos con una sombra marrón clarita, rimel y una fina raya negra. Me peino algo el pelo y me lo recojo con una coleta para estar cómoda ya que esta noche hace bastante calor. Mientras espero a que Pablo se duche reviso Twitter ya que lo tengo bastante abandonado en el último mes, para mi sorpresa me encuentro varios tweets, parecen ser fans de Pablo.
''Felicidades, hazle feliz'' -Dice uno de los que me han mandado. Me quedo alucinando entre tanta multitud de ellos. ¿Cómo es posible? ya sé que Sara se encargó de publicarlo pero jamás pensé que se creerían la noticia. Leo varios y muchos de ellos son con buena intención, la otra media me ataca de manera brutal, no contesto ni a los buenos ni a los malos, sería darle pie a algo que no quiero que afecte a Pablo. Cierro la aplicación y lo guardo en el interior de mi bolsillo. Pablo no tarda mucho en salir del aseo, a pesar de lo nerviosa que estoy me doy cuenta de lo guapo que está esta noche. Luce unos pantalones vaqueros ajustados claritos y una camisa blanca de botones. No tarda en percatarse de mis nervios.
–Princesa, ¿estás bien? te veo en otro sitio. -Me dice mientras se sienta a mi lado y me acaricia las mejillas con sus manos.
–Eh... sí, sí, sólo estoy algo cansada, ya sabes como son estos viajes. -Finjo.
–¿Has visto los tweets no? -Dice eso y me quedo alucinando. ¿cómo lo sabe? ¿lo habrá visto?
–¿Cómo lo sabes? ¿tienes el poder de leerme la mente? -Digo bromeando.
–No. En muchos de esos tweets me nombraban, y ya sabes que a mi me gusta leer siempre todo lo que los fans me escriben en las redes sociales, no quiero que te afecte todo esto, sabíamos que tenía que pasar, ¿no? -Me dice mientras me atrae contra su cuerpo y me abraza con fuerza.
–Lo sé cariño, pero no quiero que te ataquen por mi culpa, es lo que menos deseo. -Digo algo más tranquila.
–Mi niña, no me importa lo que tenga que pasar si te tengo aquí conmigo, no te voy a dejar por nada ni nadie. -Me dice teniendo claro sus palabras. Una fiel sonrisa se dibuja en mi cara con las cosas que me dice.
–Por una parte comprendo cierto revuelo, yo cuando era tu fan sentía celos a la mínima, y ahora mira. -Río calmada.
–Ah... entonces ¿ya no eres mi fan? -Me dice bromeando. Sabe como hacerme sonreír en todo tipo de momento.
–Por supuesto que soy fan de ti, fan de tus caricias, de tus palabras, de tus abrazos, de tus besos, fan de ti. -Digo mientras acaricio su barba. Deposito un corto pero cálido beso en sus labios.
–Eres increíble princesa, me asombras día a día con tu forma de afrontar las cosas con la sonrisa siempre por delante, gracias por ser así siempre. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Un día te dije que aunque yo esté realmente mal me desviviré por hacerte sonreír, y así es y será. -Le digo con una sonrisa.
–Te amo, cada día más. -Vuelve a besarme.
–Y yo a ti Pablo, no sabes de que manera. -Nos abrazamos largos minutos.
Nos quedamos abrazados hasta que miro el reloj de mi muñeca, marca las diez de la noche. Bajamos a cenar al restaurante del hotel.
–Estás guapísima. -Me dice Pablo en un susurro mientras me da la vuelta.
–Y tú, tú siempre lo estás. -Pablo ríe ante mi comentario.
Pedimos mesa y rápidamente nos conducen hasta ella. Pablo saca mi silla y me da la mano para que sea yo quién me siente primero, siempre tan caballero. Acto seguido se sienta en la suya y me mira dulcemente mientras acaricia mis manos haciendo que mi piel se erice una vez más con sus caricias.
El camarero nos atiende rápidamente, nos muestra la carta de comidas, todas son totalmente desconocidas para ambos, pedimos algo de pescado. Cenamos cómodamente entre un sin fin de risas y algunas anécdotas que Pablo me cuenta sobre cuando viajó a Puerto Rico la última vez. Pablo como siempre tan cabezota se empeña en pagar la cuenta y muy a mi pesar lo logra, muevo la cabeza y él se ríe. Salimos del restaurante abrazos nuevamente, Pablo acaricia mi espalda provocando en mi alguna que otra sensación. Le doy algún que otro beso mientras vamos caminando por las calles. De pronto se para y me mira fijamente a los ojos. Agarra con una mano suavemente mi cara y con la otra me agarra de la cintura atrayéndome contra su cuerpo. Me besa con dulzura y a la vez con un toque de pasión.
–Será mejor que pares. -Río.
–¿Por que debería de hacerlo? ¿te molesta a caso?
–No, sólo que me dan ganas de comerte a besos una y otra vez. -Río.
–¿Por qué no hacerlo? -Me mira de forma pícara mientras arquea la ceja derecha.
–La noche está preciosa, la luna nos acompaña y la temperatura en la calle es esplendida. -Digo.
–Eres muy mala, pero tienes razón. -Ríe y continuamos caminando.
Llevamos ya varios minutos sin parar de caminar, decidimos regresar al hotel ya que se hace de noche y mañana queremos madrugar para bajar otro rato a la playa. Sutilmente y sin que a penas se de cuenta me acerco al cuello de mi niño y lo beso, digamos que es su punto débil más fuerte. Ríe pícaramente ante mi acción. Se gira de golpe y me abraza con fuerza mientras me besa, un beso de largos minutos. No sé porque pero hoy siento un terrible deseo de que me haga suya, se lo hago saber a modo de caricias en plena calle, por suerte no hay mucha gente. Me coloca en la pared y me besa con más ganas.
–No pensarás que pasará algo aquí ¿no? -Le digo mientras le separo de mi cuerpo con una sonrisa.
Me agarra de la mano y continuamos caminando, esta vez acelerando el paso debido a que los dos sentimos las mismas ganas. Llegamos al hotel y subimos rápidamente por las escaleras, olvidando por un momento que había un ascensor. Saca la tarjeta de la habitación y la pasa por el lector de la puerta, en un abrir y cerrar de ojos la puerta se abre y nosotros no hemos parado de besarnos ni un segundo. Cierro la puerta con mi pie como puedo, le coloco contra la pared y desabrocho sutilmente los botones de esa camisa blanca que también le queda. Con su ayuda se la quito y la tiro por la habitación, me agarra en brazos y me tumba sobre la cama mientras acaricia cada esquina de mi cuerpo. Me mira con una sonrisa pícara a él y yo a él con una tímida. Recorro su espalda con mis manos de principio a fin, mete sus manos por debajo de mi camiseta y acaricia mi tripa mientras deposita leves besos. Tira de ella y cae al suelo finalmente. Juego con la hebilla de su cinturón y acto seguido desabrocho sus pantalones, los cuales rápidamente caen al suelo. Me descalzo y beso su cuello hasta subir a sus labios, le beso y puedo notar su sonrisa. Desliza mis pantalones hasta abajo hasta que caen, juega con mi lencería mientras que acaricia mis piernas sin dejarme de besar. Me eleva al mismísimo cielo una vez más. Agarra con una mano mi mano y con la otra juega con mi pelo, me pierdo en su aroma, ese que tanto me gusta. Poco a poco vamos deshaciéndonos de nuestra ropa interior, quedando cuerpo con cuerpo, sintiendo nuestro propio calor. Me lleva a lo más alto.
Apoya su cabeza sobre mi vientre mientras acaricia mis brazos, dándome algún que otro beso. Nos quedamos dormidos entre un sin fin de caricias.
Abro mis ojos con pereza mientras me los sobo, Pablo está mirando hacia el otro lado completamente dormido. Me da pena despertarle a si que cojo su camisa que está tirada en el suelo y me la pongo, después llamo a recepción y pido que nos suban el desayuno, y que en él incluyan una rosa. No tardan demasiado que subírnoslo, abro la puerta y cojo la bandeja que nos sube el servicio, les doy las gracias y me dirijo a la habitación. Poso la bandeja sobre el nórdico y cojo la rosa, recorro con esta su cuerpo, empiezo por su cara hasta bajar a su torso acompañándolo de algún que otro beso. Se hace el remolón pero se despierta regalándome una de sus sonrisas mañaneras. Aparto el pelo de mi cara.
–Buenos días dormilón. -Le digo mientras acorto lentamente la distancia entre nuestros cuerpos.
–Buenos días mi vida, veo que has pedido que nos suban el desayuno. -Dice mientras se incorpora cómodamente en la cama y me da un dulce beso mañanero, después coge la bandeja y me siento a su lado.
–¿Te gusta? -Le pregunto mientras veo como Pablo da un mordisco a la magdalena.
–Me gusta, pero más me gustas tú. -Me dice mientras deja la bandeja sobre el suelo y me pone encima de su torso. No puedo evitar reír.
Nos besamos y después continuamos desayunando. Abro la cortina y el sol entra por la ventana, miro por ella y Pablo me agarra de la cintura mientras me besa el cuello. Le agarro de sus manos mientras miro al frente sin gesticular palabra.
–Me gusta verte feliz. -Me dice mientras me gira y me quita el pelo de la cara.
–Tú me haces feliz. -Le digo mientras acaricio su rostro.
Nos quedamos mirando al frente algún que otro minuto hasta que decidimos ponernos los trajes de baño para pasar otro día más en la playa tranquilos.
23.8.13
Cap. 75: Primer día (1)
Narrado por Pablo:
Comienza lo bueno, comienza la luna de miel soñada por los dos. Estamos en el avión con destino Jamaica, las horas no pueden pasar más lentas sin duda. Me quedo dormido hasta que noto como mi niña me da un pequeño golpecito en la pierna para que vaya despertándome ya que según la azafata quedarán alrededor de unos veinte minutos para llegar a nuestro deseado destino. Me coloco de mil y una maneras en el asiento pero me es imposible encontrar ya alguna postura cómoda, estoy harto de estar sentado después de unas nueve horas de viaje que llevamos aquí dentro, comienzo a agobiarme. Hablo con mi niña hasta que el tiempo parece transcurrir más rápido tanto que cuando nos queremos dar cuenta ya estamos en el aeropuerto de Jamaica, el avión comienza a aterrizar. Bajamos las escaleras del avión con cuidado. Mi niña posa las maletas en el suelo y no duda en dar un brinco de manera que sus piernas rodean mi cintura y sus brazos mi cuello, besa mis labios con dulzura, puedo notar su sonrisa en pleno beso.
Caminamos a paso ligero desde el aeropuerto hasta el hotel ya que se encuentra bastante cerca. Llegamos a la recepción y arreglamos los correspondientes papeles para registrarnos en él, nos dan la tarjeta de la habitación y subimos. Abrimos la puerta y dejamos las maletas sobre el suelo para echarle un vistazo a la que sera nuestra habitación durante dos semanas. Aurora tira de mi y ambos caemos a la vez sobre la cama, no podemos evitar reírnos ante la situación.
Apoyo mi cabeza sobre su tripa y acaricia mi pelo durante algunos minutos, no hay duda de que estamos completamente felices. Me hace prisionero de sus labios una vez más, me aprieta con fuerza contra su cuerpo, me mira con un brillo único y especial en sus marrones y preciosos ojos que un día lograron enamorarme por las oscuras calles de Málaga, besa mi cuello y no tarda en posar sus labios sobre los míos una vez más.
–Te quiero. -Me susurra con su dulce e inocente voz, un escalofrío recorre por mis adentros.
-Y yo a ti princesa, no sabes cuanto y de que manera. -Me acerco a ella para ir acortando poco a poco la poca distancia que separan nuestros labios, labios que piden a gritos que se junten.
Un pequeño silencio aparece hasta que caemos rendidos y nos quedamos dormidos.
Abro mis ojos perezosamente mientras intento despejárme, me pongo en pie para dirigirme al aseo para lavarme mi cara. Mi niña se mantiene dormida, abremos dormido alrededor de cinco horas y media, suficientes para empezar un nuevo día.
Beso su frente dulcemente pero no abre sus ojos, refunfuña pero sigo dándola leves besos.
Abre sus ojos lentamente y me regala una de sus preciosas sonrisas.
–Buenos días dormilona ¿sabes que hora es? -Pregunto mientras la enseño el reloj.
-La verdad es que no, se está aquí tan a gusto contigo que el tiempo va demasiado rápido. -Ríe y me uno a su contagiosa risa.
Nos quedamos abrazos un buen rato hasta que optamos por bajae al restaurante del hotel a comer algo para despúes ir durante toda la tarde a la playa. Comemos entre risas y salimos de allí. Subimos a la habitación y sacamos de nuestras respectivas maletas nuestros bañadores, puesto que hay dos cuartos de baño vamos cada uno a uno para vestirnos.
Me acabo de vestir mucho antes que mi niña, la espero de mientras mirando por la ventana ya que hay unas vistas espectaculáres. Poco después sale mi niña del aseo, está preciosa con ese bikini blanco de flecos, la miro impactado.
–Uau... voy a tener que vigilarte muy bien estos días creo yo. -Río y se une a mi risa.
-Te digo lo mismo, estás demasiado guapo además de provocador. -Me guiña el ojo y ambos reimos ante su comentario.
Bajamos agarrados de la mano a la playa y...
Caminamos a paso ligero desde el aeropuerto hasta el hotel ya que se encuentra bastante cerca. Llegamos a la recepción y arreglamos los correspondientes papeles para registrarnos en él, nos dan la tarjeta de la habitación y subimos. Abrimos la puerta y dejamos las maletas sobre el suelo para echarle un vistazo a la que sera nuestra habitación durante dos semanas. Aurora tira de mi y ambos caemos a la vez sobre la cama, no podemos evitar reírnos ante la situación.
Apoyo mi cabeza sobre su tripa y acaricia mi pelo durante algunos minutos, no hay duda de que estamos completamente felices. Me hace prisionero de sus labios una vez más, me aprieta con fuerza contra su cuerpo, me mira con un brillo único y especial en sus marrones y preciosos ojos que un día lograron enamorarme por las oscuras calles de Málaga, besa mi cuello y no tarda en posar sus labios sobre los míos una vez más.
–Te quiero. -Me susurra con su dulce e inocente voz, un escalofrío recorre por mis adentros.
-Y yo a ti princesa, no sabes cuanto y de que manera. -Me acerco a ella para ir acortando poco a poco la poca distancia que separan nuestros labios, labios que piden a gritos que se junten.
Un pequeño silencio aparece hasta que caemos rendidos y nos quedamos dormidos.
Abro mis ojos perezosamente mientras intento despejárme, me pongo en pie para dirigirme al aseo para lavarme mi cara. Mi niña se mantiene dormida, abremos dormido alrededor de cinco horas y media, suficientes para empezar un nuevo día.
Beso su frente dulcemente pero no abre sus ojos, refunfuña pero sigo dándola leves besos.
Abre sus ojos lentamente y me regala una de sus preciosas sonrisas.
–Buenos días dormilona ¿sabes que hora es? -Pregunto mientras la enseño el reloj.
-La verdad es que no, se está aquí tan a gusto contigo que el tiempo va demasiado rápido. -Ríe y me uno a su contagiosa risa.
Nos quedamos abrazos un buen rato hasta que optamos por bajae al restaurante del hotel a comer algo para despúes ir durante toda la tarde a la playa. Comemos entre risas y salimos de allí. Subimos a la habitación y sacamos de nuestras respectivas maletas nuestros bañadores, puesto que hay dos cuartos de baño vamos cada uno a uno para vestirnos.
Me acabo de vestir mucho antes que mi niña, la espero de mientras mirando por la ventana ya que hay unas vistas espectaculáres. Poco después sale mi niña del aseo, está preciosa con ese bikini blanco de flecos, la miro impactado.
–Uau... voy a tener que vigilarte muy bien estos días creo yo. -Río y se une a mi risa.
-Te digo lo mismo, estás demasiado guapo además de provocador. -Me guiña el ojo y ambos reimos ante su comentario.
Bajamos agarrados de la mano a la playa y...
11.8.13
Cap. 74: Destino Jamaica
Narrado por Aurora:
Me coge en brazos, entramos dentro de la habitación, cierra la puerta con ayuda de su pie... me deja en el suelo mientras me abraza por atrás y besa mi cuello subiendo hasta mis labios, me gira para quedar frente a sus ojos, ojos que muestran un brillo único y especial. Tiro de las mangas de la su americana y se la quito mientras le muerdo suavemente el lóbulo de su oreja, a lo cuál el sonríe de forma pícara. Juego con el nudo de su corbata mientras le atraigo contra mi cuerpo, lo deshago y la dejo caer al suelo. Me da la vuelta y desabrocha los botones de mi vestido, acto seguido desliza la cremallera hasta bajarla abajo, tira del vestido y mientras que lo baja muestra una cara de impacto al ver mi corpiño blanco. Baja mi vestido hasta que cae al suelo finalmente, desabrocho su corbata mientras que le beso con cierta pasión, le hago prisionero de mis labios una vez más. Me deshago de su preciosa camisa blanca y continúo con el botón de su pantalón el cuál no tarda demasiado en caer. Acaricia mi cuerpo con suavidad, mi piel se eriza al sentir su fiel contacto contra mi, se deshace poco a poco de mi lencería sin prisas. Poco a poco quedamos completamente desnudos, cuerpo con cuerpo. Agarra mis manos mientras enreda sus dedos en mi pelo sin dejar de acariciarme, acaricio su espalda de arriba a bajo perdiéndome en un completo mundo de sensaciones, me eleva al mismísimo e infinito cielo. Es una noche especial pero no cualquiera, nuestra primera vez como matrimonio. Me trata siempre con delicadeza y amor, alguna que otra lágrima desciende por mi cara debido a la felicidad que siento en este momento.
–Te amo princesa. -Me dice con la respiración entrecortada.
Nuestras respiraciones comienzan a agitarse a medida que aumentamos el ritmo, cuando estoy en sus brazos olvido todos los problemas. La pasión vuelve a ser testigo de lo que ambos vivimos entre esas cuatro paredes. Apoyo mi cabeza en su pecho mientras acaricio su torso y él juega con mi pelo.
–¿Te acuerdas cuando nos vimos por primera vez en esas calles tan oscuras de Málaga? -Digo mientras me acuerdo del momento.
–Por supuesto, como olvidarlo... ¿me quisiste desde ese momento o te diste cuenta después? porque yo a ti sí. -Sonríe.
–Sí pero realmente yo empecé a sentir cosas muy fuerte hacia ti cuando empezamos a quedar día sí y día también, me acuerdo perfectamente cuando iba al instituto y me pasaba toda la mañana pensando en que pasara el día para verte.
–Esos primeros mensajes, de día y de noche... pensar que ahora somos marido y mujer...
–Lo cierto es que hemos pasado grandes cosas, momentos demasiado difíciles diría yo... por suerte eso queda en el pasado. -Digo.
–Así es, todo lo que hemos pasado pasado está, te prometo que viviremos muchas cosas bonitas, voy a hacerte feliz hasta que me muera.
–Yo a ti también, nunca dejaré que nos vayamos a dormir enfadados. -Río ante mi última frase.
–Yo tampoco. -Ríe.
Nos quedamos dormidos poco después de hablar, me despierto mientras que el sol ilumina toda la habitación, abro mis perezosos ojos poco a poco mientras me coloco en la cama ya que mi niño sigue dormido como un tronco. Decido hacer una travesura, cojo un rotulador permanente y por su espalda escribo una frase.
'Que doy lo que sea por vivir esto eternamente contigo, son buenos días cuando tú amaneces a mi lado, te amo'
Tapo el rotulador y río de forma traviesa, tanto que se acaba despertando mi príncipe.
–¿De qué se ríe usted? -Dice mientras me atrae contra su cuerpo.
–¿Yo? de nada, sólo estaba recordando algunas cosas de anoche. -Digo de forma pícara.
–Ya... anda ven aquí. -Me tumba encima suyo mientras me da un leve beso en los labios.
–Será mejor que me levante para que vayamos a casa a preparar la maleta. -Digo con una gran sonrisa.
–Vale, me ducho rápidamente y nos vamos ¿vale? -La beso y voy al baño.
Me coloco su camisa y voy recogiendo la habitación del hotel ya que está toda nuestra ropa desperdigada por ahí así hago tiempo hasta que él salga para entrar yo.
Narrado por Pablo:
Tras una noche mágica junto con mi niña toca despertase, me despierto con la risa de Aurora. Mientras ella recoge algunas cosas yo me ducharé para ayudarla con el equipaje. Me lavo la cara frente al espejo y en un descuido puedo ver una frase escrita en mi espalda. dice así:
'Que doy lo que sea por vivir esto eternamente contigo, son buenos días cuando tú amaneces a mi lado, te amo'
–Buenos días mi amor. -Dice mientras se gira y me besa.
–Buenísimos diría yo mi vida... ese detallito tuyo mañanero me ha encantado que lo sepas. -Digo mientras la giro para que quede frente a mis ojos.
–Me alegro de que te gustara príncipe. -Dice con una de sus bellas sonrisas.
Bajamos a desayunar a la cafetería del restauramente, desayunamos ligero y acto seguido cogemos el coche para ir a nuestra a casa a preparar la maleta. Llegamos y ayudo a Aurora a preparar todo lo necesario para nuestra ansiada luna de miel.
–No te imaginas las ganas que tengo de llegar a Jamaica, tú, yo, la playa.... no sé, simplemente nosotros sólos, disfrutando de nosotros mismos. -Me dice mientras abre la maleta.
–Donde lo único que se escuche sean nuestras respiraciones, nuestros besos y el sonido del mar... -Digo mientras comienzo a sacar algunas prendas de ropa del armario.
–Cuando estemos allí se acabarán las preocupaciones para nosotros, sin interrupciones posibles... -Dice mientras se acerca a mi y me da un beso a la vez que rodea con sus brazos mi nuca.
–Me muero de ganas. -Digo.
Continuamos preparando el equipaje, iremos a casa de mis padres a comer junto a los padres de Aurora que a pesar de estar divorciados han comenzado a llevarse bien. Cogemos las maletas, y nos vamos, cerramos la puerta, metemos las maletas en el coche y vamos. Abro la puerta de casa con mis llaves...
–¡Hola familia! ya estamos aquí. -Digo gritando.
–Hola tito. -Me dice la pequeña Sofía que parece estar muy contenta.
–Hola princesita, ¿dónde está mamá y los abuelos? -Digo mientras me agacho a su altura y la doy un dulce beso.
–En la cocina, están con los papás de Aurora.
Dejamos las maletas en la puerta y de la mano de Sofía vamos a la cocina, no sólo están mis padres y los suyos si no que además están Salva y Ángela. Saludamos.
–Buenos días. -Decimos mientras vamos saludándolos uno por uno.
–Los recién casados... -Dice mi hermano sonrientemente.
–Que bueno veros así a todos, en familia. -Sonrío.
–Sentaros, estamos hablando con Mercedes y Antonio. -Dice mi madre.
–¿Qué tal habéis amanecido? -Dice Mercedes.
–Genial. -Decimos mientras nos miramos el uno al otro de manera cómplice.
Charlamos un buen rato hasta la hora de comer, ayudamos a mi madre a preparar la comida, comemos y charlamos, después salgo al jardín a jugar con Sofía. Horas después son ellos mismos quién nos acompañan al aeropuerto de Barcelona, es un viaje largo pero se han empeñado en despedirnos. Cogen sus respectivos coches.
Tardamos unas cuantas horas, el viaje es agotador, estamos todos bastante cansados. Son las diez de la noche, aún quedan dos horas para coger el vuelo. Están un buen rato junto a nosotros hasta que se van, nos quedamos sólos. Leo Twitter a pesar de mi desconexión y mi niña lee un libro.
Las horas pasan tan rápido que ya son las doce de la noche, hacen llamada a los pasajeros destino Jamaica.
Dejamos las maletas y subimos al avión el cuál va repleto de gente, la azafata da las correspondientes instrucciones de vuelo además de avisarnos de que el viaje será bastante largo.
El avión despega, Aurora se pone nerviosa ya que aún le sigue dando cierto pánico los aviones.
–Tranquila. -La agarro con fuerza y ella asiente.
El vuelo transcurre con tranquilidad, el aburrimiento comienza a aparecer y a medida que pasa el tiempo nos entra más sueño, echamos alguna que otra cabezada...
Me coge en brazos, entramos dentro de la habitación, cierra la puerta con ayuda de su pie... me deja en el suelo mientras me abraza por atrás y besa mi cuello subiendo hasta mis labios, me gira para quedar frente a sus ojos, ojos que muestran un brillo único y especial. Tiro de las mangas de la su americana y se la quito mientras le muerdo suavemente el lóbulo de su oreja, a lo cuál el sonríe de forma pícara. Juego con el nudo de su corbata mientras le atraigo contra mi cuerpo, lo deshago y la dejo caer al suelo. Me da la vuelta y desabrocha los botones de mi vestido, acto seguido desliza la cremallera hasta bajarla abajo, tira del vestido y mientras que lo baja muestra una cara de impacto al ver mi corpiño blanco. Baja mi vestido hasta que cae al suelo finalmente, desabrocho su corbata mientras que le beso con cierta pasión, le hago prisionero de mis labios una vez más. Me deshago de su preciosa camisa blanca y continúo con el botón de su pantalón el cuál no tarda demasiado en caer. Acaricia mi cuerpo con suavidad, mi piel se eriza al sentir su fiel contacto contra mi, se deshace poco a poco de mi lencería sin prisas. Poco a poco quedamos completamente desnudos, cuerpo con cuerpo. Agarra mis manos mientras enreda sus dedos en mi pelo sin dejar de acariciarme, acaricio su espalda de arriba a bajo perdiéndome en un completo mundo de sensaciones, me eleva al mismísimo e infinito cielo. Es una noche especial pero no cualquiera, nuestra primera vez como matrimonio. Me trata siempre con delicadeza y amor, alguna que otra lágrima desciende por mi cara debido a la felicidad que siento en este momento.
–Te amo princesa. -Me dice con la respiración entrecortada.
Nuestras respiraciones comienzan a agitarse a medida que aumentamos el ritmo, cuando estoy en sus brazos olvido todos los problemas. La pasión vuelve a ser testigo de lo que ambos vivimos entre esas cuatro paredes. Apoyo mi cabeza en su pecho mientras acaricio su torso y él juega con mi pelo.
–¿Te acuerdas cuando nos vimos por primera vez en esas calles tan oscuras de Málaga? -Digo mientras me acuerdo del momento.
–Por supuesto, como olvidarlo... ¿me quisiste desde ese momento o te diste cuenta después? porque yo a ti sí. -Sonríe.
–Sí pero realmente yo empecé a sentir cosas muy fuerte hacia ti cuando empezamos a quedar día sí y día también, me acuerdo perfectamente cuando iba al instituto y me pasaba toda la mañana pensando en que pasara el día para verte.
–Esos primeros mensajes, de día y de noche... pensar que ahora somos marido y mujer...
–Lo cierto es que hemos pasado grandes cosas, momentos demasiado difíciles diría yo... por suerte eso queda en el pasado. -Digo.
–Así es, todo lo que hemos pasado pasado está, te prometo que viviremos muchas cosas bonitas, voy a hacerte feliz hasta que me muera.
–Yo a ti también, nunca dejaré que nos vayamos a dormir enfadados. -Río ante mi última frase.
–Yo tampoco. -Ríe.
Nos quedamos dormidos poco después de hablar, me despierto mientras que el sol ilumina toda la habitación, abro mis perezosos ojos poco a poco mientras me coloco en la cama ya que mi niño sigue dormido como un tronco. Decido hacer una travesura, cojo un rotulador permanente y por su espalda escribo una frase.
'Que doy lo que sea por vivir esto eternamente contigo, son buenos días cuando tú amaneces a mi lado, te amo'
Tapo el rotulador y río de forma traviesa, tanto que se acaba despertando mi príncipe.
–¿De qué se ríe usted? -Dice mientras me atrae contra su cuerpo.
–¿Yo? de nada, sólo estaba recordando algunas cosas de anoche. -Digo de forma pícara.
–Ya... anda ven aquí. -Me tumba encima suyo mientras me da un leve beso en los labios.
–Será mejor que me levante para que vayamos a casa a preparar la maleta. -Digo con una gran sonrisa.
–Vale, me ducho rápidamente y nos vamos ¿vale? -La beso y voy al baño.
Me coloco su camisa y voy recogiendo la habitación del hotel ya que está toda nuestra ropa desperdigada por ahí así hago tiempo hasta que él salga para entrar yo.
Narrado por Pablo:
Tras una noche mágica junto con mi niña toca despertase, me despierto con la risa de Aurora. Mientras ella recoge algunas cosas yo me ducharé para ayudarla con el equipaje. Me lavo la cara frente al espejo y en un descuido puedo ver una frase escrita en mi espalda. dice así:
'Que doy lo que sea por vivir esto eternamente contigo, son buenos días cuando tú amaneces a mi lado, te amo'
–Buenos días mi amor. -Dice mientras se gira y me besa.
–Buenísimos diría yo mi vida... ese detallito tuyo mañanero me ha encantado que lo sepas. -Digo mientras la giro para que quede frente a mis ojos.
–Me alegro de que te gustara príncipe. -Dice con una de sus bellas sonrisas.
Bajamos a desayunar a la cafetería del restauramente, desayunamos ligero y acto seguido cogemos el coche para ir a nuestra a casa a preparar la maleta. Llegamos y ayudo a Aurora a preparar todo lo necesario para nuestra ansiada luna de miel.
–No te imaginas las ganas que tengo de llegar a Jamaica, tú, yo, la playa.... no sé, simplemente nosotros sólos, disfrutando de nosotros mismos. -Me dice mientras abre la maleta.
–Donde lo único que se escuche sean nuestras respiraciones, nuestros besos y el sonido del mar... -Digo mientras comienzo a sacar algunas prendas de ropa del armario.
–Cuando estemos allí se acabarán las preocupaciones para nosotros, sin interrupciones posibles... -Dice mientras se acerca a mi y me da un beso a la vez que rodea con sus brazos mi nuca.
–Me muero de ganas. -Digo.
Continuamos preparando el equipaje, iremos a casa de mis padres a comer junto a los padres de Aurora que a pesar de estar divorciados han comenzado a llevarse bien. Cogemos las maletas, y nos vamos, cerramos la puerta, metemos las maletas en el coche y vamos. Abro la puerta de casa con mis llaves...
–¡Hola familia! ya estamos aquí. -Digo gritando.
–Hola tito. -Me dice la pequeña Sofía que parece estar muy contenta.
–Hola princesita, ¿dónde está mamá y los abuelos? -Digo mientras me agacho a su altura y la doy un dulce beso.
–En la cocina, están con los papás de Aurora.
Dejamos las maletas en la puerta y de la mano de Sofía vamos a la cocina, no sólo están mis padres y los suyos si no que además están Salva y Ángela. Saludamos.
–Buenos días. -Decimos mientras vamos saludándolos uno por uno.
–Los recién casados... -Dice mi hermano sonrientemente.
–Que bueno veros así a todos, en familia. -Sonrío.
–Sentaros, estamos hablando con Mercedes y Antonio. -Dice mi madre.
–¿Qué tal habéis amanecido? -Dice Mercedes.
–Genial. -Decimos mientras nos miramos el uno al otro de manera cómplice.
Charlamos un buen rato hasta la hora de comer, ayudamos a mi madre a preparar la comida, comemos y charlamos, después salgo al jardín a jugar con Sofía. Horas después son ellos mismos quién nos acompañan al aeropuerto de Barcelona, es un viaje largo pero se han empeñado en despedirnos. Cogen sus respectivos coches.
Tardamos unas cuantas horas, el viaje es agotador, estamos todos bastante cansados. Son las diez de la noche, aún quedan dos horas para coger el vuelo. Están un buen rato junto a nosotros hasta que se van, nos quedamos sólos. Leo Twitter a pesar de mi desconexión y mi niña lee un libro.
Las horas pasan tan rápido que ya son las doce de la noche, hacen llamada a los pasajeros destino Jamaica.
Dejamos las maletas y subimos al avión el cuál va repleto de gente, la azafata da las correspondientes instrucciones de vuelo además de avisarnos de que el viaje será bastante largo.
El avión despega, Aurora se pone nerviosa ya que aún le sigue dando cierto pánico los aviones.
–Tranquila. -La agarro con fuerza y ella asiente.
El vuelo transcurre con tranquilidad, el aburrimiento comienza a aparecer y a medida que pasa el tiempo nos entra más sueño, echamos alguna que otra cabezada...
10.8.13
Cap. 73: Solamente tú
Narrado por Aurora:
Estoy en shock, no puedo asimilar lo que acaba de pasar no sólo me acabo de casar con Pablo si no que también mi padre ha asistido a la boda, ¿puedo pedir más?. Estamos en el coche de Salva dirección al restaurante donde celebraremos nuestro banquete de boda, Pablo esta con una sonrisa de oreja a oreja y yo no me quedo atrás.
–¿Estás contenta mi vida? -Me pregunta mientras me da un beso en la mano.
–Como no estarlo... gracias. -Digo mientras le doy un beso en la frente.
–¿Gracias por qué?
–Por ayudar a convencer a mi padre para que vendría, se que tú has tenido mucho que ver.
–No lo niego, yo he hablado con tu padre para que vendría pero con la ayuda de alguien. -Dice con intriga.
–¿Marta? -Digo sonriendo.
–Así es, sin su ayuda no habría sido capaz de convencerlo.
–Sois increíbles. -Le digo mientras le acerco poco a poco contra mi y le doy un beso.
Llegamos al restaurante, todo esta abarrotado de coches de nuestros invitados, se baja primero Pablo del coche y acto seguido abre mi puerta para ayudarme a bajar de él como todo un caballero. Los invitados comienzan a aplaudir al vernos de la mano, caminamos hacia la puerta de entrada, no puedo ocultar la felicidad que siento. Vamos al salón donde se celebrará el coctel antes de la comida, poco a poco los invitados comienzan a venir donde nosotros para darnos la enhorabuena.
–Pablo, Aurora enhorabuena. -Dice Salva que justo viene de la mano con Ángela.
–Mi niña, que seáis muy felices... -Dice Ángela mientras nos da dos besos a cada uno.
–Gracias chicos, esperamos asistir pronto a la vuestra. -Dice Pablo mientras guiña un ojo.
–Quién sabe, a lo mejor para eso no queda mucho ¿no crees? -Dice Salva dejándonos con la intriga.
Hay muchos invitados, alrededor de unos trescientos, allí se encuentra todo el equipo de Pablo, desde los músicos hasta los trabajadores de Emi, todos vienen a felicitarnos, siempre tan amables.
–Hoy comienza una nueva vida para vosotros, deseo de todo corazón que seáis felices. -Nos dice Manuel.
–Gracias capitán, estoy seguro de que así será. -Dice Pablo mientras abraza a Manuel, su productor musical.
–Gracias por venir. -Digo mientras le doy un abrazo yo también, es un hombre muy simpático.
Poco después aparecen nuestros padres, vienen los cuatro con una gran sonrisa.
–Felicidades hija, cuidaros mucho por favor... -Dice mi madre mientras desciende alguna que otra lágrima por sus mejillas.
–Mamá, lo haremos te lo prometo. -Digo mientras la abrazo.
–Que nadie rompa lo que hoy se ha unido. -Dice Elena mientras nos abraza a cada uno.
–Enhorabuena hijos. -Dice Salvador.
–Enhorabuena, que estéis así siempre. -Dice mi padre.
–Gracias a todos. -Decimos los dos.
Seguimos saludando hasta que se acerca la hora de entrar al jardín, ese jardín tan precioso que decidimos escoger para un día tan especial como hoy, lo cierto es que la decoración es inmejorable, está precioso rodeado de flores de mil clases. Poco a poco los invitados comienzan a sentarse en sus correspondientes mesas, como es de lógica nosotros nos sentamos con nuestra familia más cercana, compartimos mesa con Salva, Salvador, Ángela, Marta, Elena, mis padres, Casilda, Sofía y las abuelas de Pablo. Degustamos ese delicioso menú. Os juro que miro a mi alrededor y me siento más arropada que nunca, todo el mundo parece gustarle el sitio tanto como el menú. Mientras que la gente habla decido susurrarle al oído a Pablo.
–Tengo ganas de estar sólos ¿sabes? -Le miro de una forma pícara.
–Yo también, pero que no se te olvide que tenemos la luna de miel por delante para estar solos tú y yo, sin nadie que nos interrumpa... -Me dice mientras me da un beso en la frente.
Terminamos de degustar el delicioso menú, llega el momento que tenía muchas ganas de realizar, el momento en el que se corta la tarta nupcial junto al novio. El camarero nos trae la tarta, la deja sobre la mesa, la gente permanece en silencio mientras algunos inmortalizan el momento con sus cámaras, agarro el cuchillo junto a Pablo y me dispongo a partirla, despacio y sin prisas la cortamos, acto seguido es Pablo quién deposita en mis labios un beso, la gente comienza a silbar y a aplaudir. Nos volvemos a sentar y la gente comienza a comer la tarta, nosotros también. Transcurren los minutos y ya hemos acabado de comer, la tarta estaba excelente, llegaba el momento brindis, es el padre de Pablo quién lo pide.
–Por favor, si son tan amables... me gustaría brindar por el matrimonio entre Aurora y Pablo, porque sean felices y estén juntos siempre. En ese momento Pablo y yo nos miramos y asentimos con la cabeza, nos levantamos junto a los invitados y hacemos el típico 'chin, chín' con las copas, la gente vuelve a aplaudir. Hablamos con la gente, el tiempo parece pasar más rápido, tanto que ya es de noche, la luz que alumbra el jardín se apaga poco a poco, unos focos alumbran nuestra mesa, un hombre se sienta en un taburete y comienza a tocar unos acordes, unos acordes que conozco bastante bien. Un foco alumbra suavemente al hombre que cogía la guitarra, me quedo paralizada al ver que ese hombre no es otro que Pablo, comienza a interpretar 'Solamente tú' mientras me dedica dulces miradas. Me hace un gesto para que vaya a su lado, voy y me quedo a su lado mientras me canta.
Regálame tu risa,
enséñame a soñar
con solo una caricia
me pierdo en este mar
Regálame tu estrella,
la que ilumina esta noche
llena de paz y de armonía,
y te entregaré mi vida
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...
Enseña tus heridas y así la curarás
que sepa el mundo entero
que tu voz guarda un secreto
no menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...
No menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
tpntas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre la sola de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
hace que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...
Me sigo quedando a su lado a pesar de que acabó de cantar la canción, comienzo a llorar como nunca, no puedo explicar con palabras lo que siento, es una sensación indescriptible, la gente no para de aplaudir mientras gritan mi nombre y el de Pablo repetídas veces. Pablo ve mi emoción y me acerca contra su cuerpo nada más posar la guitarra en el atril.
–No llores mi niña, te quiero más que a nadie en este mundo. -Me dice mientras agarra con sus manos mi cara, me da un beso.
–Gracias por cosas así, lo que siento no se compara con cualquier otra cosa, te amo. -Digo mientras me fundo en un fuerte abrazo con él.
–Espero que te haya gustado, esto es sólo una muestra de lo que te espera a mi lado. -Me dice mientras acaricia mis manos.
Después de la interpretación de Pablo llega la barra libre de bebidas acompañado de los músicos, los cuales cantarán hasta el final de la noche. A petición de nuestros invitados bailamos el vals y seguido una canción que me parecía buena ocasión para bailar con Pablo debido al sentimiento que expresa esta, 'Estar contigo'de Alex Ubago algunos invitados nos acompañan con sus correspondientes parejas, me acerco al oído de Pablo y le canto..
–Yo siento que tu compañía es el mejor regalo que me dio la vida, la fuerza que me empuja a seguir adelante...
En ese momento alguna que otra lágrima cae por la cara de Pablo, no gestícula palabra alguna, le seco las lágrimas. Salvador se acerca a mi y me pide bailar, mientras que Pablo baila con mi padre.
–Se os ve radiantes de felicidad... -Dice mientras hace que gire.
–Así es, creo que no podemos estar más felices, ojalá estemos así siempre.
–Seguro que sí, no hay duda de que vuestro amor es grandioso, os vais a cuidar mutuamente.
Acaba el baile y Marta se acerca a mi, con los ojos emocionados.
–Mi pequeña... ¿quién me diría a mi que te vería así? -Llora.
–No podías faltar, no quería que lo hicieras. -Comienzo a llorar y me abrazo como nunca a ella.
–No llores cielo, te fastidiarás el maquillaje. -Me dice mientras limpia mi cara.
–Te quiero. -La digo.
–Y yo a ti, aquí me tendrás siempre ¿vale?
Hablo con algunos de los invitados, todos están felices por nuestro enlace, Pablo me hace un gesto para que vaya a bailar con él. Suena 'Hasta mi final' una de nuestras canciones, una que le dediqué hace un tiempo, bailamos al son de la música, me susurra mientras acaricia mi espalda.
–LLorándote mi amor te juro, cuidar por siempre nuestra unión, hoy te prometo amor eterno ser para siempre tú y yo en el bien y en el mal, hoy te demuestro cuando te quiero, amándote hasta mi final...
Con la emoción a flor de piel después de todo lo vivido, le contesto.
–Eres lo mejor que me ha pasada nunca, te amo como a nadie Pablo, jamás lo dudes por favor. -Me besa y puedo notar su sonrisa. Seguimos bailando al son de la música, juntos y radiantes de felicidad, hasta que Pablo va a atender algunos invitados, yo bailo con algunos de ellos de mientras. El tiempo pasa, la noche esta a punto de llegar a su final, me duelen los pies de tanto bailar pero por una parte no niego que me da cierta pena que el día acabe, Pablo tenía razón no podía salir mejor.
Son las cinco de la madrugada, nos despedimos de todos incluyendo nuestros padres y cogemos el coche, Pablo me ayuda a meterme en el interior de este, me sonríe por el camino.
Miro por la ventanilla del coche y por lo que veo no estamos en el hotel donde nos hospedaremos hasta mañana, estamos en nuestra playa preferída, Pablo abre la puerta del copiloto y me da la mano para bajarme, bajamos a la arena y Pablo comienza a hacerme alguna que otra cosquilla, sabe como hacerme reír. Me descalzo y comienzo a correr por la arena mientras me río como una niña pequeña.
–¿A donde te crees que vas? -Me dice Pablo mientras se remanga las mangas de la camisa y echa a correr detrás de mi, corro más aún hasta que logra agarrarme con su gran velocidad.
–Te amo. -Susuro.
–Y yo a ti princesa, pero... -Dice mientras vuelve a hacerme cosquillas, intento escaparme nuevamente pero no puedo, sigue con sus cosquillas hasta que caemos a la arena, Pablo está encima de mi, acaricia mi cara y deposita algún que otro beso sobre mi pecho, hasta subir a mis labios, le paro y me mira con cara de extraño.
–Lo siento pero... -Me levanto de golpe y hecho a correr dirección al hotel que parece que esta cerca, corro y Pablo viene detrás.
Subimos las escaleras del hotel rápidamente, Pablo me alcanza y me agarra por la cintura, me gira y me besa. Parece que la noche sólo acaba de empezar para nosotros.
–Eres una gamberra. -Dice mientras vuelve a posar sus labios junto a los míos.
Saca la tarjeta de su americana y la introduce en el lector, acto seguido me coge en brazos, entramos y con el pie cierra la puerta...
Estoy en shock, no puedo asimilar lo que acaba de pasar no sólo me acabo de casar con Pablo si no que también mi padre ha asistido a la boda, ¿puedo pedir más?. Estamos en el coche de Salva dirección al restaurante donde celebraremos nuestro banquete de boda, Pablo esta con una sonrisa de oreja a oreja y yo no me quedo atrás.
–¿Estás contenta mi vida? -Me pregunta mientras me da un beso en la mano.
–Como no estarlo... gracias. -Digo mientras le doy un beso en la frente.
–¿Gracias por qué?
–Por ayudar a convencer a mi padre para que vendría, se que tú has tenido mucho que ver.
–No lo niego, yo he hablado con tu padre para que vendría pero con la ayuda de alguien. -Dice con intriga.
–¿Marta? -Digo sonriendo.
–Así es, sin su ayuda no habría sido capaz de convencerlo.
–Sois increíbles. -Le digo mientras le acerco poco a poco contra mi y le doy un beso.
Llegamos al restaurante, todo esta abarrotado de coches de nuestros invitados, se baja primero Pablo del coche y acto seguido abre mi puerta para ayudarme a bajar de él como todo un caballero. Los invitados comienzan a aplaudir al vernos de la mano, caminamos hacia la puerta de entrada, no puedo ocultar la felicidad que siento. Vamos al salón donde se celebrará el coctel antes de la comida, poco a poco los invitados comienzan a venir donde nosotros para darnos la enhorabuena.
–Pablo, Aurora enhorabuena. -Dice Salva que justo viene de la mano con Ángela.
–Mi niña, que seáis muy felices... -Dice Ángela mientras nos da dos besos a cada uno.
–Gracias chicos, esperamos asistir pronto a la vuestra. -Dice Pablo mientras guiña un ojo.
–Quién sabe, a lo mejor para eso no queda mucho ¿no crees? -Dice Salva dejándonos con la intriga.
Hay muchos invitados, alrededor de unos trescientos, allí se encuentra todo el equipo de Pablo, desde los músicos hasta los trabajadores de Emi, todos vienen a felicitarnos, siempre tan amables.
–Hoy comienza una nueva vida para vosotros, deseo de todo corazón que seáis felices. -Nos dice Manuel.
–Gracias capitán, estoy seguro de que así será. -Dice Pablo mientras abraza a Manuel, su productor musical.
–Gracias por venir. -Digo mientras le doy un abrazo yo también, es un hombre muy simpático.
Poco después aparecen nuestros padres, vienen los cuatro con una gran sonrisa.
–Felicidades hija, cuidaros mucho por favor... -Dice mi madre mientras desciende alguna que otra lágrima por sus mejillas.
–Mamá, lo haremos te lo prometo. -Digo mientras la abrazo.
–Que nadie rompa lo que hoy se ha unido. -Dice Elena mientras nos abraza a cada uno.
–Enhorabuena hijos. -Dice Salvador.
–Enhorabuena, que estéis así siempre. -Dice mi padre.
–Gracias a todos. -Decimos los dos.
Seguimos saludando hasta que se acerca la hora de entrar al jardín, ese jardín tan precioso que decidimos escoger para un día tan especial como hoy, lo cierto es que la decoración es inmejorable, está precioso rodeado de flores de mil clases. Poco a poco los invitados comienzan a sentarse en sus correspondientes mesas, como es de lógica nosotros nos sentamos con nuestra familia más cercana, compartimos mesa con Salva, Salvador, Ángela, Marta, Elena, mis padres, Casilda, Sofía y las abuelas de Pablo. Degustamos ese delicioso menú. Os juro que miro a mi alrededor y me siento más arropada que nunca, todo el mundo parece gustarle el sitio tanto como el menú. Mientras que la gente habla decido susurrarle al oído a Pablo.
–Tengo ganas de estar sólos ¿sabes? -Le miro de una forma pícara.
–Yo también, pero que no se te olvide que tenemos la luna de miel por delante para estar solos tú y yo, sin nadie que nos interrumpa... -Me dice mientras me da un beso en la frente.
Terminamos de degustar el delicioso menú, llega el momento que tenía muchas ganas de realizar, el momento en el que se corta la tarta nupcial junto al novio. El camarero nos trae la tarta, la deja sobre la mesa, la gente permanece en silencio mientras algunos inmortalizan el momento con sus cámaras, agarro el cuchillo junto a Pablo y me dispongo a partirla, despacio y sin prisas la cortamos, acto seguido es Pablo quién deposita en mis labios un beso, la gente comienza a silbar y a aplaudir. Nos volvemos a sentar y la gente comienza a comer la tarta, nosotros también. Transcurren los minutos y ya hemos acabado de comer, la tarta estaba excelente, llegaba el momento brindis, es el padre de Pablo quién lo pide.
–Por favor, si son tan amables... me gustaría brindar por el matrimonio entre Aurora y Pablo, porque sean felices y estén juntos siempre. En ese momento Pablo y yo nos miramos y asentimos con la cabeza, nos levantamos junto a los invitados y hacemos el típico 'chin, chín' con las copas, la gente vuelve a aplaudir. Hablamos con la gente, el tiempo parece pasar más rápido, tanto que ya es de noche, la luz que alumbra el jardín se apaga poco a poco, unos focos alumbran nuestra mesa, un hombre se sienta en un taburete y comienza a tocar unos acordes, unos acordes que conozco bastante bien. Un foco alumbra suavemente al hombre que cogía la guitarra, me quedo paralizada al ver que ese hombre no es otro que Pablo, comienza a interpretar 'Solamente tú' mientras me dedica dulces miradas. Me hace un gesto para que vaya a su lado, voy y me quedo a su lado mientras me canta.
Regálame tu risa,
enséñame a soñar
con solo una caricia
me pierdo en este mar
Regálame tu estrella,
la que ilumina esta noche
llena de paz y de armonía,
y te entregaré mi vida
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...
Enseña tus heridas y así la curarás
que sepa el mundo entero
que tu voz guarda un secreto
no menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
pintas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre las olas de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
haces que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...
No menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio
Haces que mi cielo
vuelva a tener ese azul,
tpntas de colores
mis mañanas solo tú
navego entre la sola de tu voz
y tú, y tú, y tú, y solamente tú
hace que mi alma se despierte con tu luz
y tú, y tú, y tú...
Me sigo quedando a su lado a pesar de que acabó de cantar la canción, comienzo a llorar como nunca, no puedo explicar con palabras lo que siento, es una sensación indescriptible, la gente no para de aplaudir mientras gritan mi nombre y el de Pablo repetídas veces. Pablo ve mi emoción y me acerca contra su cuerpo nada más posar la guitarra en el atril.
–No llores mi niña, te quiero más que a nadie en este mundo. -Me dice mientras agarra con sus manos mi cara, me da un beso.
–Gracias por cosas así, lo que siento no se compara con cualquier otra cosa, te amo. -Digo mientras me fundo en un fuerte abrazo con él.
–Espero que te haya gustado, esto es sólo una muestra de lo que te espera a mi lado. -Me dice mientras acaricia mis manos.
Después de la interpretación de Pablo llega la barra libre de bebidas acompañado de los músicos, los cuales cantarán hasta el final de la noche. A petición de nuestros invitados bailamos el vals y seguido una canción que me parecía buena ocasión para bailar con Pablo debido al sentimiento que expresa esta, 'Estar contigo'de Alex Ubago algunos invitados nos acompañan con sus correspondientes parejas, me acerco al oído de Pablo y le canto..
–Yo siento que tu compañía es el mejor regalo que me dio la vida, la fuerza que me empuja a seguir adelante...
En ese momento alguna que otra lágrima cae por la cara de Pablo, no gestícula palabra alguna, le seco las lágrimas. Salvador se acerca a mi y me pide bailar, mientras que Pablo baila con mi padre.
–Se os ve radiantes de felicidad... -Dice mientras hace que gire.
–Así es, creo que no podemos estar más felices, ojalá estemos así siempre.
–Seguro que sí, no hay duda de que vuestro amor es grandioso, os vais a cuidar mutuamente.
Acaba el baile y Marta se acerca a mi, con los ojos emocionados.
–Mi pequeña... ¿quién me diría a mi que te vería así? -Llora.
–No podías faltar, no quería que lo hicieras. -Comienzo a llorar y me abrazo como nunca a ella.
–No llores cielo, te fastidiarás el maquillaje. -Me dice mientras limpia mi cara.
–Te quiero. -La digo.
–Y yo a ti, aquí me tendrás siempre ¿vale?
Hablo con algunos de los invitados, todos están felices por nuestro enlace, Pablo me hace un gesto para que vaya a bailar con él. Suena 'Hasta mi final' una de nuestras canciones, una que le dediqué hace un tiempo, bailamos al son de la música, me susurra mientras acaricia mi espalda.
–LLorándote mi amor te juro, cuidar por siempre nuestra unión, hoy te prometo amor eterno ser para siempre tú y yo en el bien y en el mal, hoy te demuestro cuando te quiero, amándote hasta mi final...
Con la emoción a flor de piel después de todo lo vivido, le contesto.
–Eres lo mejor que me ha pasada nunca, te amo como a nadie Pablo, jamás lo dudes por favor. -Me besa y puedo notar su sonrisa. Seguimos bailando al son de la música, juntos y radiantes de felicidad, hasta que Pablo va a atender algunos invitados, yo bailo con algunos de ellos de mientras. El tiempo pasa, la noche esta a punto de llegar a su final, me duelen los pies de tanto bailar pero por una parte no niego que me da cierta pena que el día acabe, Pablo tenía razón no podía salir mejor.
Son las cinco de la madrugada, nos despedimos de todos incluyendo nuestros padres y cogemos el coche, Pablo me ayuda a meterme en el interior de este, me sonríe por el camino.
Miro por la ventanilla del coche y por lo que veo no estamos en el hotel donde nos hospedaremos hasta mañana, estamos en nuestra playa preferída, Pablo abre la puerta del copiloto y me da la mano para bajarme, bajamos a la arena y Pablo comienza a hacerme alguna que otra cosquilla, sabe como hacerme reír. Me descalzo y comienzo a correr por la arena mientras me río como una niña pequeña.
–¿A donde te crees que vas? -Me dice Pablo mientras se remanga las mangas de la camisa y echa a correr detrás de mi, corro más aún hasta que logra agarrarme con su gran velocidad.
–Te amo. -Susuro.
–Y yo a ti princesa, pero... -Dice mientras vuelve a hacerme cosquillas, intento escaparme nuevamente pero no puedo, sigue con sus cosquillas hasta que caemos a la arena, Pablo está encima de mi, acaricia mi cara y deposita algún que otro beso sobre mi pecho, hasta subir a mis labios, le paro y me mira con cara de extraño.
–Lo siento pero... -Me levanto de golpe y hecho a correr dirección al hotel que parece que esta cerca, corro y Pablo viene detrás.
Subimos las escaleras del hotel rápidamente, Pablo me alcanza y me agarra por la cintura, me gira y me besa. Parece que la noche sólo acaba de empezar para nosotros.
–Eres una gamberra. -Dice mientras vuelve a posar sus labios junto a los míos.
Saca la tarjeta de su americana y la introduce en el lector, acto seguido me coge en brazos, entramos y con el pie cierra la puerta...
9.8.13
Cap. 72: Te diría que sí mil y una veces si fuese necesario
Narrado por Pablo:
Me bajo del coche, miro a ambos lados y puedo ver a un sin fin de gente que me acompañará en este día tan mágico y especial en mi vida. Voy saludando a los más cercanos hasta que mi madre viene hacia mi para que vayamos entrando a la iglesia ya que algunas personas me esperan dentro, entro cogido del brazo de mi madre con una sonrisa de oreja a oreja es inebitable no sonreír. Me pongo frente al altar mientras hecho algún que otro vistazo, está todo precioso. Mi madre permanece a mi lado ayudándome a aplacar los nervios que tengo encima, me susurra:
–Será mejor que te tranquilices, quedan quince minutos para que Aurora aparezca por esa puerta vestida de blanco.
–Mamá, ¿y si lo hago mal? ¿y si esto sale mal por no ser el hombre adecuado?
–Vamos Pablo... no digas tonterías, serás un buen marido. -Me dice mientras me acaricia la cara, sin duda mi madre es un cielo.
–No quiero que esto salga mal mamá, quiero que sea feliz. -Digo algo preocupado.
–Pablo, la vas a hacer feliz y ella a ti también, seréis felices, deja de preocuparte.-Suspira. -¿Sabes? está guapísima, y también está igual de nerviosa que tú o más, a penas a dormido...
–24h sin ella casi, quiero verla, me muero por verla vestida de blanco es algo que siempre quise.
Los minutos parecen pasar más lentos que de costumbre, no sé que hacer para calmarme. Me quedo varios minutos pensativo, sin darme cuenta se echa la hora encima, ya tiene que estar a punto de llegar, miro al frente con una gran sonrisa. Trasncurren cinco minutos, aparece por esa puerta cogida del brazo de mi padre, está sumamente increíble además de preciosa, me quedo sin palabras, noto como cada parte de mi cuerpo se paraliza al verla caminar por esa alfombra roja. Mi padre me la entrega, lo primero que hace es sonreírme, la gente comienza a ponerse en pie y observarla, llama la atención.
–Estás preciosa mi vida. -La hago saber.
–Y tú también cielo, sumamente guapo con ese traje. -Me dice con una de sus bellas sonrisas.
La ceremonia comienza, el cura narra las típicas frases que se dicen en una boda, Pablo y yo de vez en cuando nos miramos y sonreímos como dos locos enamorados. Llegamos poco a poco al momento crítico del enlace. Nos damos nuestra mano derecha y empiezo a narrar.
–Yo, Pablo Moreno, te quiero a ti Aurora como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. -Digo como puedo, comienzo a temblar pero teniendo muy claro todo esto, Aurora se emociona pero sin perder la sonrisa.
–Yo Aurora Torres, te quiero a ti Pablo como esposo y me entrego a ti, y prometo ser te fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. -Dice mientras alguna lágrima desciende por sus mejillas, sonrío.
El cura continúa, hasta llegar al momento que llevamos esperando meses y meses.
–Pablo, ¿aceptas como esposa a Aurora para amarla y respetarla todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe? -Me pregunta.
–Sí, quiero, aceptaría mil veces si fuese necesario. -Digo algo más aliviado.
–Aurora, ¿aceptas como esposo a Pablo para amarle y respetarle todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe?
–Por supuesto que quiero padre, siempre he querido. -Dice firme.
–Puesto que nadie tiene ningún motivo para inpdir en esta boda, podéis intercambiaros las alianzas que os unirán en santo matrimonio.
Hacemos caso al cura, le pongo a Aurora en su dedo la alianza, y ella a mi en el mío, acto seguido nos miramos la mano y sonreímos.
–El señor, que hizo nacer entre vosotros el amor, confirme este consentimiento mutuo, que habéis manifestado ante la Iglesia. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre, puede besar a la novia.
En ese momento puedo jurar que soy el hombre más feliz del planeta, Aurora y yo nos fundimos en un cálido beso de recién casados, podemos escuchar de fondo todos los aplausos de nuestros invitados, en el beso podemos notar la sonrisa del uno del otro. Nos separamos y alguien camina por la alfombra roja, es Antonio el padre de Aurora, Aurora corre hacia él.
–¡Papá, papá! no puedo creerme que hayas venido, gracias de corazón. -Dice mientras le da un abrazo, soy inmensamente feliz, Aurora está radiante de felicidad.
–Mi pequeña, no podía faltar... si esto es lo que tú has decidido y crees que Pablo es lo mejor para ti, yo no tengo más que decir, sólo que seáis muy felices. -Dice.
–Pablo es lo que quiero y siempre he buscado, no tengo ninguna duda al respecto sobre lo que acaba de pasar, lo haría mil veces, gracias por apoyarme. -Veo a la madre de Aurora también con una gran sonrisa.
–Disfrutemos del día cielo, es tú día. -Dice el padre de Aurora.
Me acerco y le doy la mano a Antonio, él cual no duda en darnos la enhorabuena, parece otro. Salimos cogidos de la mano por la alfombra, dándonos algún que otro beso a petición de nuestros invitados, no podemos parar de sonreír. Salgo a fuera, en ese momento un montón de arroz nos cae encima, es lo típico que no podía faltar en la boda, Aurora hace el tradicional mito de lanzar el ramo de novia, la agraciada en cogerlo es Ángela. Estamos un rato fuera de la iglesia saludando, hasta que decido apartar a Aurora un poco de los invitados.
–Te amo, y esto sólo es el comienzo. -Digo mientras la beso.
–Y yo a ti mi amor, pienso desvivirme por hacerte el hombre más feliz. -Nos fundimos en un gran abrazo.
Volvemos con la gente, es hora de caminar hacia el banquete, Elena, Casilda y Ángela ayudan a Aurora con la cola del vestido, caminamos hacia el coche y son ellas mismas quién vuelven a ayudarla a meterse en el interior del coche con cuidado, nos despedimos y ponemos rumbo al restaurante, Salva es quién nos llevará.
En el trayecto volvemos a agarrarnos de la mano, nos besamos y sonreímos, sin duda los dos derrochamos felicidad por los cuatro costados, hoy como dije anteriormente es un grandioso día para todos, nadie podrá fastidiarlo.
Me bajo del coche, miro a ambos lados y puedo ver a un sin fin de gente que me acompañará en este día tan mágico y especial en mi vida. Voy saludando a los más cercanos hasta que mi madre viene hacia mi para que vayamos entrando a la iglesia ya que algunas personas me esperan dentro, entro cogido del brazo de mi madre con una sonrisa de oreja a oreja es inebitable no sonreír. Me pongo frente al altar mientras hecho algún que otro vistazo, está todo precioso. Mi madre permanece a mi lado ayudándome a aplacar los nervios que tengo encima, me susurra:
–Será mejor que te tranquilices, quedan quince minutos para que Aurora aparezca por esa puerta vestida de blanco.
–Mamá, ¿y si lo hago mal? ¿y si esto sale mal por no ser el hombre adecuado?
–Vamos Pablo... no digas tonterías, serás un buen marido. -Me dice mientras me acaricia la cara, sin duda mi madre es un cielo.
–No quiero que esto salga mal mamá, quiero que sea feliz. -Digo algo preocupado.
–Pablo, la vas a hacer feliz y ella a ti también, seréis felices, deja de preocuparte.-Suspira. -¿Sabes? está guapísima, y también está igual de nerviosa que tú o más, a penas a dormido...
–24h sin ella casi, quiero verla, me muero por verla vestida de blanco es algo que siempre quise.
Los minutos parecen pasar más lentos que de costumbre, no sé que hacer para calmarme. Me quedo varios minutos pensativo, sin darme cuenta se echa la hora encima, ya tiene que estar a punto de llegar, miro al frente con una gran sonrisa. Trasncurren cinco minutos, aparece por esa puerta cogida del brazo de mi padre, está sumamente increíble además de preciosa, me quedo sin palabras, noto como cada parte de mi cuerpo se paraliza al verla caminar por esa alfombra roja. Mi padre me la entrega, lo primero que hace es sonreírme, la gente comienza a ponerse en pie y observarla, llama la atención.
–Estás preciosa mi vida. -La hago saber.
–Y tú también cielo, sumamente guapo con ese traje. -Me dice con una de sus bellas sonrisas.
La ceremonia comienza, el cura narra las típicas frases que se dicen en una boda, Pablo y yo de vez en cuando nos miramos y sonreímos como dos locos enamorados. Llegamos poco a poco al momento crítico del enlace. Nos damos nuestra mano derecha y empiezo a narrar.
–Yo, Pablo Moreno, te quiero a ti Aurora como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. -Digo como puedo, comienzo a temblar pero teniendo muy claro todo esto, Aurora se emociona pero sin perder la sonrisa.
–Yo Aurora Torres, te quiero a ti Pablo como esposo y me entrego a ti, y prometo ser te fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. -Dice mientras alguna lágrima desciende por sus mejillas, sonrío.
El cura continúa, hasta llegar al momento que llevamos esperando meses y meses.
–Pablo, ¿aceptas como esposa a Aurora para amarla y respetarla todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe? -Me pregunta.
–Sí, quiero, aceptaría mil veces si fuese necesario. -Digo algo más aliviado.
–Aurora, ¿aceptas como esposo a Pablo para amarle y respetarle todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe?
–Por supuesto que quiero padre, siempre he querido. -Dice firme.
–Puesto que nadie tiene ningún motivo para inpdir en esta boda, podéis intercambiaros las alianzas que os unirán en santo matrimonio.
Hacemos caso al cura, le pongo a Aurora en su dedo la alianza, y ella a mi en el mío, acto seguido nos miramos la mano y sonreímos.
–El señor, que hizo nacer entre vosotros el amor, confirme este consentimiento mutuo, que habéis manifestado ante la Iglesia. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre, puede besar a la novia.
En ese momento puedo jurar que soy el hombre más feliz del planeta, Aurora y yo nos fundimos en un cálido beso de recién casados, podemos escuchar de fondo todos los aplausos de nuestros invitados, en el beso podemos notar la sonrisa del uno del otro. Nos separamos y alguien camina por la alfombra roja, es Antonio el padre de Aurora, Aurora corre hacia él.
–¡Papá, papá! no puedo creerme que hayas venido, gracias de corazón. -Dice mientras le da un abrazo, soy inmensamente feliz, Aurora está radiante de felicidad.
–Mi pequeña, no podía faltar... si esto es lo que tú has decidido y crees que Pablo es lo mejor para ti, yo no tengo más que decir, sólo que seáis muy felices. -Dice.
–Pablo es lo que quiero y siempre he buscado, no tengo ninguna duda al respecto sobre lo que acaba de pasar, lo haría mil veces, gracias por apoyarme. -Veo a la madre de Aurora también con una gran sonrisa.
–Disfrutemos del día cielo, es tú día. -Dice el padre de Aurora.
Me acerco y le doy la mano a Antonio, él cual no duda en darnos la enhorabuena, parece otro. Salimos cogidos de la mano por la alfombra, dándonos algún que otro beso a petición de nuestros invitados, no podemos parar de sonreír. Salgo a fuera, en ese momento un montón de arroz nos cae encima, es lo típico que no podía faltar en la boda, Aurora hace el tradicional mito de lanzar el ramo de novia, la agraciada en cogerlo es Ángela. Estamos un rato fuera de la iglesia saludando, hasta que decido apartar a Aurora un poco de los invitados.
–Te amo, y esto sólo es el comienzo. -Digo mientras la beso.
–Y yo a ti mi amor, pienso desvivirme por hacerte el hombre más feliz. -Nos fundimos en un gran abrazo.
Volvemos con la gente, es hora de caminar hacia el banquete, Elena, Casilda y Ángela ayudan a Aurora con la cola del vestido, caminamos hacia el coche y son ellas mismas quién vuelven a ayudarla a meterse en el interior del coche con cuidado, nos despedimos y ponemos rumbo al restaurante, Salva es quién nos llevará.
En el trayecto volvemos a agarrarnos de la mano, nos besamos y sonreímos, sin duda los dos derrochamos felicidad por los cuatro costados, hoy como dije anteriormente es un grandioso día para todos, nadie podrá fastidiarlo.
Cap. 71: Preboda (2)
Narrado por Pablo:
La alarma de mi móvil suena, no tardo nada en apagarla debido a que estoy completamente despierto, no he pegado ojo en toda la noche. Me meto en la ducha y tomo una buena ducha de agua caliente, me pongo un pijama y acto seguido bajo a desayunar con mi hermano y mi padre, los nervios están completamente metidos en el interior de mi estómago, es horrible esta sensación.
–Buenos días familia. -Digo mientras me siento en la silla de la cocina.
–Hijo, no tienes muy buena cara que digamos ¿has descansado lo suficiente? -Pregunta mi padre.
–No papá, no he pegado ojo en toda la noche, me aterran los nervios.
–Eso son los nervios, los típicos que aparecen antes de las bodas, pero... ¿tú estás seguro de esto verdad?
–Por supuesto, no cambiaría de opinión bajo ningún concepto, se me pasará.
–Seguro que Aurora tampoco a dormido nada, es un día muy especial para todos.
El desayuno transcurre en total silencio, ninguno de los tres hablamos. El tiempo pasa, y en mi cabeza rondan muchos pensamientos, es algo pronto a si que opto por coger mi guitarra, me siento en la cama y comienzo a tocar los acordes de ''solamente tú'' esa canción que me dio a conocer un día. Quiero darle una sorpresa a Aurora, cuando acabe la ceremonia, en mitad de la iglesia se la cantaré, a si que ensayo ya que hace unos meses que no la toco. Sobra tiempo por lo que cojo mi Twitter y echo un vistazo a pesar de estar en desconexión. No paro de asombrarme con tantas muestras de cariño que recibo constantemente por las redes sociales, es asombroso el apoyo que me dan. Contesto algunos comentarios, acto seguido cierro la aplicación de mi móvil, bloqueo el teléfono, comienza a ser hora de arreglarse, queda cuestión de una hora y media para ir camino de la iglesia y quiero estar bien. Me pongo mi traje, me miro frente al espejo y sonrío al pensar en lo que va a pasar en cuestión de horas, soy un afortunado en estos momentos. Aparece mi padre por la puerta.
–¿Sabes? te veo radiante de felicidad, nunca pensé que lograrías rehacer tu vida de esta manera con alguien que no fuese Sara, me gusta verte así. -Dice mi padre mientras me ayuda a hacer el nudo de la corbata.
–Yo tampoco lo pensé, fue ver a Aurora por esas calles aquella noche oscura y notar como el corazón me daba un vuelco, la quise desde el minuto en el que me crucé con ella. -Digo con una sonrisa.
–Aurora es una gran chica Pablo, no la hagas daño, cuídala cada día demostrándola todo tú amor, que no pase un día sin que la digas te quiero... -Me dice mi padre emocionado.
–La voy a cuidar como se merece, la diré cada día que la quiero como si fuese el último día en el se lo podría decir. -Le doy un abrazo a mi padre.
–Así me gusta, y ahora me voy, se hace tarde y tengo que ir a buscar a tu futura mujer.
–De acuerdo papá, cuídala. -Digo sonriendo.
Narrado por Aurora:
Me siento en una de las sillas de la habitación, sigo en albornoz, el peluquero comienza a peinarme mientras que la esteticista comienza a hacerme las uñas. Miro el reloj de vez en cuando, cada vez queda menos para el momento más esperado de mi vida. Me hacen un recogido precioso, los ojos van maquillados de una manera sencilla pero acorde con mi vestido. Tras casi dos horas de peluquería está todo listo, me levanto firme y me me miro al espejo, me gusta lo que veo. Llamo a Elena, Ángela y Casilda para que me ayuden a colocarme el vestido, no quiero fastidiarme el peinado así como el maquillaje. Elena con una gran sonrisa dibujada en su cara desenfunda el vestido y lo mira, desliza la cremallera de este y desabrocha los botones de la espalda, ambas vienen a ayudarme. Me coloco los zapatos de tacón altos blancos ya que era lo único que faltaba por poner. Me emociono al verme así, no puedo contener mis lágrimas.
–Estás preciosa, no estropees el maquillaje cielo. -Dice Elena mientras rodea con sus brazos mi cintura.
–Pablo se va a quedar embobado al verte entrar así a la iglesia. -Dice Ángela.
–Deslumbras allá por donde vas. -Dice Casilda.
Todas tienen buenos comentarios hacia mi, no puedo quejarme de nada por el momento, está saliendo todo de lujo. Me limpio algunas de mis lágrimas.
–Cariño, yo os tengo que dejar, iré a vuestra casa ya que yo llevaré a Pablo al altar y como acordamos Salvador te llevará a ti, nos vemos allí ¿vale? cuidarla -Dice Elena.
–Así será, la cuidaremos para que llegue sana y salva. -Dice Ángela y Casilda riendo.
Esperamos a que venga Salvador, comienzo a caminar de un lado a otro, noto como el corazón late el doble de rápido.
–Cálmate... -Dice Marta.
–Eso intento, ah por cierto... no os lo he dicho con mis nervios pero vosotras estáis preciosas.
Elena viste de traje verde clarito, Ángela de vestido palabra de honor fucsia y Casilda también luce un palabra de honor azul clarito, están las tres realmente preciosas.
Llaman a la puerta, es Salvador, se queda impactado al verme así.
–Estás guapísima Aurora, seguro que a Pablo le encanta.
–Gracias Salvador.
–Es algo tarde, será mejor que vayamos yendo a la iglesia... ¿vamos? -Me tiende el brazo para que lo agarre.
–Vamos. -Digo segura de mi misma.
Me monto en el coche con la ayuda de las chicas, camino a la iglesia muerta de nervios.
Narrado por Pablo:
Poco después de irse mi padre viene mi madre, está preciosa, se lo hago saber.
–Mamá, estás guapísima... -La digo mientras la doy dos besos.
–Mi niño... mi pequeño gran hombre, no me puedo creer aún que estés a punto de esto. -Dice mientras desciende alguna que otra lágrima por su rostro, se las limpio.
–Mamá... no llores, te quiero. -Digo mientras me fundo en un tierno abrazo con ella.
–Y yo hijo, y yo, se feliz por favor. -Me dice mientras me mira fijamente a los ojos.
Mi madre me da la mano, bajamos las escaleras del portal, Salva nos espera dentro del coche. Suspiro muerto de nervios y me meto en el interior de este junto con mi madre, mis ganas de llegar a esa iglesia y ver a mi princesa vestida de blanco son incontrolables a pesar de mi nerviosismo me siento feliz, muy feliz.
La alarma de mi móvil suena, no tardo nada en apagarla debido a que estoy completamente despierto, no he pegado ojo en toda la noche. Me meto en la ducha y tomo una buena ducha de agua caliente, me pongo un pijama y acto seguido bajo a desayunar con mi hermano y mi padre, los nervios están completamente metidos en el interior de mi estómago, es horrible esta sensación.
–Buenos días familia. -Digo mientras me siento en la silla de la cocina.
–Hijo, no tienes muy buena cara que digamos ¿has descansado lo suficiente? -Pregunta mi padre.
–No papá, no he pegado ojo en toda la noche, me aterran los nervios.
–Eso son los nervios, los típicos que aparecen antes de las bodas, pero... ¿tú estás seguro de esto verdad?
–Por supuesto, no cambiaría de opinión bajo ningún concepto, se me pasará.
–Seguro que Aurora tampoco a dormido nada, es un día muy especial para todos.
El desayuno transcurre en total silencio, ninguno de los tres hablamos. El tiempo pasa, y en mi cabeza rondan muchos pensamientos, es algo pronto a si que opto por coger mi guitarra, me siento en la cama y comienzo a tocar los acordes de ''solamente tú'' esa canción que me dio a conocer un día. Quiero darle una sorpresa a Aurora, cuando acabe la ceremonia, en mitad de la iglesia se la cantaré, a si que ensayo ya que hace unos meses que no la toco. Sobra tiempo por lo que cojo mi Twitter y echo un vistazo a pesar de estar en desconexión. No paro de asombrarme con tantas muestras de cariño que recibo constantemente por las redes sociales, es asombroso el apoyo que me dan. Contesto algunos comentarios, acto seguido cierro la aplicación de mi móvil, bloqueo el teléfono, comienza a ser hora de arreglarse, queda cuestión de una hora y media para ir camino de la iglesia y quiero estar bien. Me pongo mi traje, me miro frente al espejo y sonrío al pensar en lo que va a pasar en cuestión de horas, soy un afortunado en estos momentos. Aparece mi padre por la puerta.
–¿Sabes? te veo radiante de felicidad, nunca pensé que lograrías rehacer tu vida de esta manera con alguien que no fuese Sara, me gusta verte así. -Dice mi padre mientras me ayuda a hacer el nudo de la corbata.
–Yo tampoco lo pensé, fue ver a Aurora por esas calles aquella noche oscura y notar como el corazón me daba un vuelco, la quise desde el minuto en el que me crucé con ella. -Digo con una sonrisa.
–Aurora es una gran chica Pablo, no la hagas daño, cuídala cada día demostrándola todo tú amor, que no pase un día sin que la digas te quiero... -Me dice mi padre emocionado.
–La voy a cuidar como se merece, la diré cada día que la quiero como si fuese el último día en el se lo podría decir. -Le doy un abrazo a mi padre.
–Así me gusta, y ahora me voy, se hace tarde y tengo que ir a buscar a tu futura mujer.
–De acuerdo papá, cuídala. -Digo sonriendo.
Narrado por Aurora:
Me siento en una de las sillas de la habitación, sigo en albornoz, el peluquero comienza a peinarme mientras que la esteticista comienza a hacerme las uñas. Miro el reloj de vez en cuando, cada vez queda menos para el momento más esperado de mi vida. Me hacen un recogido precioso, los ojos van maquillados de una manera sencilla pero acorde con mi vestido. Tras casi dos horas de peluquería está todo listo, me levanto firme y me me miro al espejo, me gusta lo que veo. Llamo a Elena, Ángela y Casilda para que me ayuden a colocarme el vestido, no quiero fastidiarme el peinado así como el maquillaje. Elena con una gran sonrisa dibujada en su cara desenfunda el vestido y lo mira, desliza la cremallera de este y desabrocha los botones de la espalda, ambas vienen a ayudarme. Me coloco los zapatos de tacón altos blancos ya que era lo único que faltaba por poner. Me emociono al verme así, no puedo contener mis lágrimas.
–Estás preciosa, no estropees el maquillaje cielo. -Dice Elena mientras rodea con sus brazos mi cintura.
–Pablo se va a quedar embobado al verte entrar así a la iglesia. -Dice Ángela.
–Deslumbras allá por donde vas. -Dice Casilda.
Todas tienen buenos comentarios hacia mi, no puedo quejarme de nada por el momento, está saliendo todo de lujo. Me limpio algunas de mis lágrimas.
–Cariño, yo os tengo que dejar, iré a vuestra casa ya que yo llevaré a Pablo al altar y como acordamos Salvador te llevará a ti, nos vemos allí ¿vale? cuidarla -Dice Elena.
–Así será, la cuidaremos para que llegue sana y salva. -Dice Ángela y Casilda riendo.
Esperamos a que venga Salvador, comienzo a caminar de un lado a otro, noto como el corazón late el doble de rápido.
–Cálmate... -Dice Marta.
–Eso intento, ah por cierto... no os lo he dicho con mis nervios pero vosotras estáis preciosas.
Elena viste de traje verde clarito, Ángela de vestido palabra de honor fucsia y Casilda también luce un palabra de honor azul clarito, están las tres realmente preciosas.
Llaman a la puerta, es Salvador, se queda impactado al verme así.
–Estás guapísima Aurora, seguro que a Pablo le encanta.
–Gracias Salvador.
–Es algo tarde, será mejor que vayamos yendo a la iglesia... ¿vamos? -Me tiende el brazo para que lo agarre.
–Vamos. -Digo segura de mi misma.
Me monto en el coche con la ayuda de las chicas, camino a la iglesia muerta de nervios.
Narrado por Pablo:
Poco después de irse mi padre viene mi madre, está preciosa, se lo hago saber.
–Mamá, estás guapísima... -La digo mientras la doy dos besos.
–Mi niño... mi pequeño gran hombre, no me puedo creer aún que estés a punto de esto. -Dice mientras desciende alguna que otra lágrima por su rostro, se las limpio.
–Mamá... no llores, te quiero. -Digo mientras me fundo en un tierno abrazo con ella.
–Y yo hijo, y yo, se feliz por favor. -Me dice mientras me mira fijamente a los ojos.
Mi madre me da la mano, bajamos las escaleras del portal, Salva nos espera dentro del coche. Suspiro muerto de nervios y me meto en el interior de este junto con mi madre, mis ganas de llegar a esa iglesia y ver a mi princesa vestida de blanco son incontrolables a pesar de mi nerviosismo me siento feliz, muy feliz.
8.8.13
Cap. 71: Preboda (1)
Narrado por Aurora:
Una semana después...
No doy crédito, estoy a punto de casarme con Pablo, quedan a penas horas para el famoso 'si quiero' y los nervios se adueñan de toda mi calma. Hoy por la noche iré a dormir a casa de Casilda, ella me ayudará a vestirme para el día, mientras que Salva y Salvador vendrán aquí a ayudar a Pablo, un intercambio.
–Mañana serás mi mujer... -Oigo cerca de mi oído mientras noto como unos brazos rodean mi cintura.
–Así es, mañana es el gran día, nuestro día... -Digo mientras me giro para quedar frente a sus ojos.
–No sé si aguante esta noche sin ti. -Me dice pícaramente.
–Sólo serán unas horas, en cuestión de horas estaremos juntos mi vida. -Digo mientras sonrío.
–Mi niña, antes de que te vayas a casa de mi madre quiero que sepas algo, ahora es el momento. -Dice serio.
–¿Qué pasa Pablo? ese tono me preocupa...
–Te quiero como a nadie en este mundo, como a nadie. -Me dice mientras sonríe al pronunciar esas palabras.
–Y yo a ti mi amor, siempre lo haré. -Digo aliviada.
–Siento tener que interrumpir este bonito momento pero se hace tarde y tenemos que irnos ya... -Dice Marta.
–Vas a rondar por mis pensamientos toda la noche princesa, intenta descansar... -Me dice Pablo mientras acaricia mis manos.
–Tú también estarás en los míos cielo, y lo de dormir es prácticamente imposible, los nervios aumentan a cada segundo.
–Todo va a salir bien mi niña, te lo prometo. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Eso espero, nos vemos mañana, nos espera el mejor día de nuestra vida recuérdalo. -Me acerco a él y le doy un cálido beso, asiente con la cabeza y agarro la pequeña maleta para salir de ahí.
Conduzco hasta la casa de Elena, no puedo esconder mi sonrisa, tampoco quiero. En el trayecto Marta y yo no cruzamos palabras, los nervios me inpiden iniciar una conversación con alguien. Llegamos y pulsamos el botón del timbre, unos segundos después es Casilda quién abre la puerta y nos saluda amablemente, pasamos dentro. La pequeña Sofía corre rápidamente a mis brazos nada más oír mi voz en el interior de la casa.
–¡Pequeña! -Digo mientras la cojo en brazos y la doy un dulce beso en sus mejillas.
–¡Tita, tita! -Me dice con esa dulce e inocente voz.
–Hola Elena, hola Casilda. -Saludo.
–Cielo, no te esperábamos tan pronto, pasad al salón allí está Ángela. -Hacemos caso a Elena y caminamos hacia el salón, sigo teniendo a la pequeña en mis brazos, no parece querer bajar de ellos.
–Hola Ángela. -Digo mientras saludo, la damos dos besos cada una.
–Hombre, si esta aquí la futura señora Moreno. -Dice riendo y nos unimos a su risa.
–Ángela, Elena, Casilda, ella es Marta, mi mejor amiga de Santander, no podía faltar en este día. -Presento.
–Encantada. -Dicen una por una.
–Igualmente, Aurora y Pablo me han hablado mucho de vosotras. -Dice Marta con una tímida sonrisa.
Hablamos durante un buen rato, poco después ayudamos a Elena a preparar algo de cena, aunque mi estómago está completamente cerrado. Nos sentamos alrededor de la mesa y comentamos algunos temas.
–Marta será la nueva manager de Pablo. -Digo.
–¿Así? -Dice Elena mientras da un sorbo al vaso de agua.
–Así es, el anterior tuvo que dejar el cargo y Pablo quiere que Marta sea la nueva.
–Enhorabuena Marta, si Pablo te ha escogido a ti en una cosa así es porque tiene plena confianza en ti, pero no sé si aguantarás las pequeñas manías de mi hermano ¿eh? es demasiado perfeccionista. -Dice Casilda riendo.
–Estoy segura de que las cosas saldrán bien, sabremos ser un buen equipo. -Dice Marta.
Ayudamos a Elena a fregar y a recoger los platos de la cena, son las 23:30h de la noche, en media hora será Sábado lo que implica que llegó, llegó el momento, creo que explotaré de nervios en cualquier momento.
Me lavo los dientes, me coloco el pijama y me meto en la cama sin apagar la luz de la mesilla, tengo los ojos abiertos de par en par, el insomnio me acompañará. Pensamientos de todo tipo rondan por mi cabeza, logro dormirme al fin.
Me despierto en medio de la noche volviendo a pensar como será el día de mañana, no lo niego, me aterra pensar que quizá no sea lo que Pablo busca, o simplemente no saber estar a la altura de las circunstancias, no es fácil ser la mujer de un ídolo de masas que desata pasiones allá por donde va. Volviendo a llenarme la cabeza de pensamientos, doy alguna que otra cabeza pero no logro dormirme del todo, miro mi despertador y aún son las cuatro de la mañana, me pregunto que hará Pablo ahora, si estará igual de nervioso que yo o estará dormido como un tronco. Camino de un lado a otro por la habitación intentando hacer el menos ruido posible. Los minutos del reloj pasan, son las cinco de la mañana, me vuelvo a meter en la cama y caigo rendida finalmente. Suena el despertador con la hora que le puse, siete en punto de la mañana... me coloco las zapatillas, la bata y me vuelvo a sentar en la cama. Oigo como llaman a puerta, es Elena. Entra con una bandeja de madera sujeta con las manos.
–Buenos días cielo, aquí te traigo el desayuno para que cojas fuerzas y energías para afrontar este grandioso día para todos.
–Muchas gracias Elena, no tenías que haberte molestado.
–No es molestia, ya sabes que para mi eres una hija más, ¿has descansado?
–Más o menos, la verdad es que me ha costado dormir, y lo que he conseguido dormir ha sido más bien poco, he pensado toda la noche en como será este día, me aterra pensar que habrá muchas personas en este día.
–Aurora cielo, tú no pienses en los demás, por un instante piensa en ti y en Pablo, y en este maravilloso día que viene por delante. Por una vez piensa en ti.
–Gracias Elena, en estos momentos en los que no está mi madre, eres importante para mí, te haré caso y aprovecharé este día al máximo.
Me levanto y me fundo en un gran abrazo con mi futura suegra, se me forma una sonrisa en la cara solo de pensarlo.
–Bueno Aurora, te dejo para que disfrutes plácidamente del desayuno y de tus últimos momentos como soltera antes de comenzar con los preparativos, en un rato venimos a ayudarte. -Me da un beso y sale de la habitación.
Observo con poco o nada de apetito esa bandeja llena de alimentos, hay un sin fin de cosas que ni si quiera se por donde empezar, empiezo por algo que siempre me ha gustado, tostadas de mermelada de fresa. Mientras degusto la tostada oigo como suena mi teléfono, es un mensaje de Pablo.
–Buenos días princesa, llegó, llegó nuestro 8 de Julio, en unas horas nos vemos, me muero de ganas de verte, pero sobre todo de que llegue el momento, te quiero.
Al acabar de leer ese mensaje, algunas lágrimas descienden por mis mejillas, no puedo evitarlo, sus palabras me emocionan, le respondo y dejo el teléfono sobre la mesilla nuevamente, continúo desayunando, ahora con el doble de nervios. La puerta se abre y Sofía aparece por esta, viene andando hacia mi, se sube en la cama.
–Tita, tita... hoy es el día en el que te conviertes en la princesa de mi tito Pablo. -Me dice con su preciosa sonrisa.
–Hola cariño, ¿sabes? te confesaré una cosa... -Me mira intrigada y continúo.- Tú siempre serás la princesita de Pablo. -Río y se une a mi risa.
–¿Has desayunado cielo? -La pregunto mientras la ofrezco algo del desayuno que ha sobradao en la bandeja.
–No, me he levantado y lo primero que hecho a sido venir a verte.
–Toma. -La tiendo un cacho de bizcocho casero.
Termino de desayunar en compañía de Sofía, poco después me meto en la ducha y dejo que las gotas de agua resbalen por mi cuerpo, eso ayudará a relajarme un poco. Me coloco el albornoz y salgo a la habitación, no tardan en entrar las chicas.
–Buenos días... ¿cómo está la novia más guapa de todo Málaga? -Me dice Marta con su buen humor mañanero.
–Buenos días Marta, pff... con muchísimos nervios, ya sabes...
–Fuera nervios, todo saldrá espectacular. -Dice Casilda intentando calmarme.
Poco después llega el peluquero acompañado de su esteticista, ellos me peinarán y me maquillarán para este día tan sumamente especial...
Una semana después...
No doy crédito, estoy a punto de casarme con Pablo, quedan a penas horas para el famoso 'si quiero' y los nervios se adueñan de toda mi calma. Hoy por la noche iré a dormir a casa de Casilda, ella me ayudará a vestirme para el día, mientras que Salva y Salvador vendrán aquí a ayudar a Pablo, un intercambio.
–Mañana serás mi mujer... -Oigo cerca de mi oído mientras noto como unos brazos rodean mi cintura.
–Así es, mañana es el gran día, nuestro día... -Digo mientras me giro para quedar frente a sus ojos.
–No sé si aguante esta noche sin ti. -Me dice pícaramente.
–Sólo serán unas horas, en cuestión de horas estaremos juntos mi vida. -Digo mientras sonrío.
–Mi niña, antes de que te vayas a casa de mi madre quiero que sepas algo, ahora es el momento. -Dice serio.
–¿Qué pasa Pablo? ese tono me preocupa...
–Te quiero como a nadie en este mundo, como a nadie. -Me dice mientras sonríe al pronunciar esas palabras.
–Y yo a ti mi amor, siempre lo haré. -Digo aliviada.
–Siento tener que interrumpir este bonito momento pero se hace tarde y tenemos que irnos ya... -Dice Marta.
–Vas a rondar por mis pensamientos toda la noche princesa, intenta descansar... -Me dice Pablo mientras acaricia mis manos.
–Tú también estarás en los míos cielo, y lo de dormir es prácticamente imposible, los nervios aumentan a cada segundo.
–Todo va a salir bien mi niña, te lo prometo. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Eso espero, nos vemos mañana, nos espera el mejor día de nuestra vida recuérdalo. -Me acerco a él y le doy un cálido beso, asiente con la cabeza y agarro la pequeña maleta para salir de ahí.
Conduzco hasta la casa de Elena, no puedo esconder mi sonrisa, tampoco quiero. En el trayecto Marta y yo no cruzamos palabras, los nervios me inpiden iniciar una conversación con alguien. Llegamos y pulsamos el botón del timbre, unos segundos después es Casilda quién abre la puerta y nos saluda amablemente, pasamos dentro. La pequeña Sofía corre rápidamente a mis brazos nada más oír mi voz en el interior de la casa.
–¡Pequeña! -Digo mientras la cojo en brazos y la doy un dulce beso en sus mejillas.
–¡Tita, tita! -Me dice con esa dulce e inocente voz.
–Hola Elena, hola Casilda. -Saludo.
–Cielo, no te esperábamos tan pronto, pasad al salón allí está Ángela. -Hacemos caso a Elena y caminamos hacia el salón, sigo teniendo a la pequeña en mis brazos, no parece querer bajar de ellos.
–Hola Ángela. -Digo mientras saludo, la damos dos besos cada una.
–Hombre, si esta aquí la futura señora Moreno. -Dice riendo y nos unimos a su risa.
–Ángela, Elena, Casilda, ella es Marta, mi mejor amiga de Santander, no podía faltar en este día. -Presento.
–Encantada. -Dicen una por una.
–Igualmente, Aurora y Pablo me han hablado mucho de vosotras. -Dice Marta con una tímida sonrisa.
Hablamos durante un buen rato, poco después ayudamos a Elena a preparar algo de cena, aunque mi estómago está completamente cerrado. Nos sentamos alrededor de la mesa y comentamos algunos temas.
–Marta será la nueva manager de Pablo. -Digo.
–¿Así? -Dice Elena mientras da un sorbo al vaso de agua.
–Así es, el anterior tuvo que dejar el cargo y Pablo quiere que Marta sea la nueva.
–Enhorabuena Marta, si Pablo te ha escogido a ti en una cosa así es porque tiene plena confianza en ti, pero no sé si aguantarás las pequeñas manías de mi hermano ¿eh? es demasiado perfeccionista. -Dice Casilda riendo.
–Estoy segura de que las cosas saldrán bien, sabremos ser un buen equipo. -Dice Marta.
Ayudamos a Elena a fregar y a recoger los platos de la cena, son las 23:30h de la noche, en media hora será Sábado lo que implica que llegó, llegó el momento, creo que explotaré de nervios en cualquier momento.
Me lavo los dientes, me coloco el pijama y me meto en la cama sin apagar la luz de la mesilla, tengo los ojos abiertos de par en par, el insomnio me acompañará. Pensamientos de todo tipo rondan por mi cabeza, logro dormirme al fin.
Me despierto en medio de la noche volviendo a pensar como será el día de mañana, no lo niego, me aterra pensar que quizá no sea lo que Pablo busca, o simplemente no saber estar a la altura de las circunstancias, no es fácil ser la mujer de un ídolo de masas que desata pasiones allá por donde va. Volviendo a llenarme la cabeza de pensamientos, doy alguna que otra cabeza pero no logro dormirme del todo, miro mi despertador y aún son las cuatro de la mañana, me pregunto que hará Pablo ahora, si estará igual de nervioso que yo o estará dormido como un tronco. Camino de un lado a otro por la habitación intentando hacer el menos ruido posible. Los minutos del reloj pasan, son las cinco de la mañana, me vuelvo a meter en la cama y caigo rendida finalmente. Suena el despertador con la hora que le puse, siete en punto de la mañana... me coloco las zapatillas, la bata y me vuelvo a sentar en la cama. Oigo como llaman a puerta, es Elena. Entra con una bandeja de madera sujeta con las manos.
–Buenos días cielo, aquí te traigo el desayuno para que cojas fuerzas y energías para afrontar este grandioso día para todos.
–Muchas gracias Elena, no tenías que haberte molestado.
–No es molestia, ya sabes que para mi eres una hija más, ¿has descansado?
–Más o menos, la verdad es que me ha costado dormir, y lo que he conseguido dormir ha sido más bien poco, he pensado toda la noche en como será este día, me aterra pensar que habrá muchas personas en este día.
–Aurora cielo, tú no pienses en los demás, por un instante piensa en ti y en Pablo, y en este maravilloso día que viene por delante. Por una vez piensa en ti.
–Gracias Elena, en estos momentos en los que no está mi madre, eres importante para mí, te haré caso y aprovecharé este día al máximo.
Me levanto y me fundo en un gran abrazo con mi futura suegra, se me forma una sonrisa en la cara solo de pensarlo.
–Bueno Aurora, te dejo para que disfrutes plácidamente del desayuno y de tus últimos momentos como soltera antes de comenzar con los preparativos, en un rato venimos a ayudarte. -Me da un beso y sale de la habitación.
Observo con poco o nada de apetito esa bandeja llena de alimentos, hay un sin fin de cosas que ni si quiera se por donde empezar, empiezo por algo que siempre me ha gustado, tostadas de mermelada de fresa. Mientras degusto la tostada oigo como suena mi teléfono, es un mensaje de Pablo.
–Buenos días princesa, llegó, llegó nuestro 8 de Julio, en unas horas nos vemos, me muero de ganas de verte, pero sobre todo de que llegue el momento, te quiero.
Al acabar de leer ese mensaje, algunas lágrimas descienden por mis mejillas, no puedo evitarlo, sus palabras me emocionan, le respondo y dejo el teléfono sobre la mesilla nuevamente, continúo desayunando, ahora con el doble de nervios. La puerta se abre y Sofía aparece por esta, viene andando hacia mi, se sube en la cama.
–Tita, tita... hoy es el día en el que te conviertes en la princesa de mi tito Pablo. -Me dice con su preciosa sonrisa.
–Hola cariño, ¿sabes? te confesaré una cosa... -Me mira intrigada y continúo.- Tú siempre serás la princesita de Pablo. -Río y se une a mi risa.
–¿Has desayunado cielo? -La pregunto mientras la ofrezco algo del desayuno que ha sobradao en la bandeja.
–No, me he levantado y lo primero que hecho a sido venir a verte.
–Toma. -La tiendo un cacho de bizcocho casero.
Termino de desayunar en compañía de Sofía, poco después me meto en la ducha y dejo que las gotas de agua resbalen por mi cuerpo, eso ayudará a relajarme un poco. Me coloco el albornoz y salgo a la habitación, no tardan en entrar las chicas.
–Buenos días... ¿cómo está la novia más guapa de todo Málaga? -Me dice Marta con su buen humor mañanero.
–Buenos días Marta, pff... con muchísimos nervios, ya sabes...
–Fuera nervios, todo saldrá espectacular. -Dice Casilda intentando calmarme.
Poco después llega el peluquero acompañado de su esteticista, ellos me peinarán y me maquillarán para este día tan sumamente especial...
7.8.13
Cap. 70: Excelentes noticias
Narrado por Pablo:
Los días pasan de una manera descontolada. Marta ya esta aquí, es hora de ir a buscarla al aeropuerto y de ahí a casa de los padre de Aurora, no me queda más remedio que engañar a Aurora.
–Mi niña, me tengo que ir... tengo que salir a solucionar el tema de mi nuevo manager. -La digo mientras la doy un beso en la mejilla.
–Creía que comerías conmigo hoy... -Me dice con la mirada algo triste.
–Lo siento princesa, de verdad, tengo que ir. -La digo mientras la agarro de las manos.
–Está bien, ve a donde tengas que ir, te esperaré aquí con mil ganas de verte. -Me dice mientras rodea con sus brazos mi cuello y me da un cálido beso en los labios.
–Te prometo que estaré aquí en un par de horas, te quiero. -La digo mientras me voy separando de ella y camino hacia la puerta.
Cojo el coche y pongo dirección al aeropuerto, estoy algo nervioso. Me siento en uno de esos bancos, a lo lejos puedo ver a una chica morena de pelo largo, es ella, mira hacia ambos lados.
–¡Marta! -Digo mientras doy un pequeño grito, se percata de ello.
–¡Pablo! -Me dice mientras camina hacia mi con paso ligero, suelta la maleta y me abraza.
–Ya estás aquí nuevamente después de unos meses. -La digo mientras la sonrío.
–Así es, dispuesta a conseguir que el padre de Aurora vaya a la boda, dispuesta a estar con vosotros en el día más especial que podáis tener en vuestras vidas. -Me dice mientras vuelve a coger la maleta.
–Gracias, sabía que podía contar contigo. -La digo mientras la ayudo con la maleta.
–Por supuesto, los dos me tenéis aquí para lo que sea. -Dice con una amplia sonrisa.
–Aurora está como loca por verte, pero no se esperará que hayas venído, será como una sorpresa...
–Me muero de ganas de verla.
–Pronto lo harás, ahora tenemos que ir a buscar al padre de Aurora.
–Perfecto.
Caminamos a paso ligero hacia el coche, ponemos nuevamente rumbo a la casa del padre de Aurora, a medida que los minutos avanzan y el destino se va a acercando me pongo más nervioso, me aterra la reacción que pueda tener al verme ahí.
Tardamos alrededor de unos veinte minutos en llegar, nos plantamos frente a la puerta de su casa y finalmente presionamos el botón del timbre, tarda unos segundos en abrir.
–Hola. -Digo con los nervios a flor de piel.
–Pablo... ¿qué haces tú aquí? -Me dice mientras me mira de arriba a bajo.
–Hola, ¿se acuerda de mi? soy Marta, la amiga de Aurora, la que estuvo en su casa hace unos meses. -Dice Marta.
–Claro que me acuerdo, ¿cómo va todo? -Dice amablemente.
–Muy bien, algo nerviosa por la boda de su hija. -Eso último hace que la cara del padre de Aurora cambie de expresión totalmente.
–Antonio, hemos venido a hablar contigo, ¿podemos pasar?. -Asiente con la cabeza y entramos.
–Puedo entender que la boda no sea de su total agrado, pero créame que Aurora y yo tenemos las cosas muy claras, nos queremos y queremos casarnos.
–No dudo en que os queráis pero creo que os estáis precipitando, la boda es un error. -Dice.
–Puedo asegurarle que su hija y Pablo se quieren como nadie, han pasado obstáculos muy difíciles para estar juntos, no veo el motivo de llamarle error a todo esto, al contrario... Aurora es mayor y ella no tiene dudas en ello, no me parece justo que usted como padre que es no asista a apoyar el día más importante en la vida de su hija. -Dice Marta seria.
–Aurora está realmente afectada por todo esto, necesita que estés presente en ese día, por favor Antonio recapacita...
–No es que no quiera asistir, es que lo veo precipitado, tú eres alguien conocido y yo no quiero que eso repercute sobre mi hija, no quiero que lo pase mal.
–Soy conocido pero no se nos puede olvidar que también soy humano y me enamoro igual que el resto, y con su hija lo estoy hasta las trancas, eso te lo puedo jurar ante lo que quieras. -Parece sorprendido ante mis palabras.
–Bueno, quizá tengas razón...
–¿Eso quiere decir que...? -Dice Marta mostrando una sonrisa.
–Eso quiere decir que no faltaré en el día más importante en la vida de mi hija, si ella te ha escogido a ti en esto no me queda más remedio que aceptarlo y apoyarla.
–Gracias, le puedo asegurar que Aurora estará realmente feliz de verte allí.
–Gracias a vosotros por abrirme los ojos ante esto, y perdóname por haberte tratado así Pablo, veo que me equivoqué contigo...
–Lo entiendo perfectamente, su niña es su niña, y yo entiendo que un padre siempre quiere proteger a su hija sobre todas las cosas. -Digo eso último y le doy un abrazo.
–Aurora es lo más importante para mi en esta vida, si la pasa algo yo me muero.
–No se preocupe, conmigo no la pasará nada, siempre la voy a proteger.
–Eso espero Pablo, eso espero. -Sonríe.
–Gracias nuevamente, ahora nos tenemos que ir, nos vemos el día 8. -Digo mientras le doy la mano.
–Allí estaré, adiós. -Cierra la puerta.
Salgo de la casa con una gran sonrisa, camino hacia la calle...
–¡Gracias, gracias, gracias! -Digo mientras la doy un abrazo a Marta.
–Lo hemos conseguido los dos... -Marta parece contenta.
–Sin ti esto no habría sido posible.
–De eso nada, has sido tú quién le ha abierto los ojos, yo solo me he encargado de decir todo lo que pensaba y pienso.
–Gracias nuevamente. -Digo mientras sonrío.
Cogemos el coche y volvemos a casa, son las cinco de la tarde. Abro la puerta y entramos, saludo.
–¡Mi niña, ya estoy aquí! ¡ven corre! -Digo con grito.
–Cielo, ¿qué pasa? -Me dice mientras viene corriendo asustada, su cara al momento se impacta.
–¡Marta! no me puedo creer que estés aquí ya. -Dice mientras corre hacia ella.
–Cielo, estoy aquí, te dije que estaría para el día más especial y lo prometido es deuda. -Vuelven a abrazarse.
–Te quiero.
–Y yo a ti, y yo a ti Aurora.
Nos sentamos en el sofá y charlamos un rato para ponernos al día.
–¿Cómo te va todo Marta? ¿acabaste la carrera? -Pregunto.
–Sí, la acabé hace cuestión de un mes pero ya sabemos como está la cosa, es realmente complicado encontrar algo, estoy a la espera...
–Seguro que encontrarás algo cielo. -Dice Aurora intentando calmarla.
En ese momento camino hacia la habitación, cojo un sobre blanco que tengo encima del escritorio y se lo entrego a Marta.
–¿Qué es esto Pablo? -Pregunta inquietante.
–Ábrelo. -Lo abre por la solapa con cuidado y saca la hoja de dentro de este, Aurora mira también intrigada ya que ella desconoce el contenido, ambas comienzan a leer hasta dar con la palabra clave.
–¿Manager? ¿cómo qué...? -Pregunta sin poder gesticular palabra.
–Así es, actualmente estoy sin manager y me gustaría que fueses tú ahora la que ocupe ese puesto, sólo si quieres...
–Ahora entiendo lo que me decías el otro día, gran amiga... -Dice Aurora con una sonrisa.
–Pero, pero, pero... ¿yo....? -Dice nerviosa.
–Entiendo que puede ser difícil tomar una decisión ahora, pero por favor piénsatelo.
–Pablo, yo no sé si pueda estar a la altura de todo esto, es un cargo bastante complicado.
–Marta cielo, si Pablo te está ofreciendo esto es porque tiene claro que eres la persona idónea, y yo también lo pienso, nadie como tú.
–¿Es así Pablo?
–Por supuesto, en los últimos meses te has convertido en una mejor amiga para mi, alguien en quién confiar y en quién apoyarse.
–No tengo más que decir entonces, aquí tienes a tu nueva manager de ahora en adelante. -Dice con una sonrisa.
–Seremos un buen equipo. -Digo bromeando.
–Esto es un buen motivo para celebrar sin duda. -Aurora se levanta y camina hacia la cocina, trae unas copas y la mano una botella de champagne, nos lo sirve y nos da la copa a cada uno para hacer ese brindis.
–Gracias por depositar esta confianza en mi, no te defraudaré te lo prometo.
–No lo dudo, lo malo es que tienes que venir a vivir a Málaga.
–Lo sé, tendré que alquilar algo...
–De eso nada, aquí te puedes quedar con nosotros.
–No puedo aceptar tantas cosas buenas, sería un egoísmo por mi parte, es vuestro espacio y no quiero molestar.
–No molestas, al menos acepta hasta que encuentres algo por favor. -Dice Aurora.
–Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites de verdad. -Digo.
–Está bien, pero prometo no dar mucho la lata. -Ríe y Aurora y yo nos unimos al oír esas palabras.
Seguimos hablando tras la buena noticia y sin darnos cuenta llega la hora de la cena, ambos preparamos algo rápido. Acabamos de cenar y optamos por ver un rato la televisión, no hay gran cosa que ver por lo que decidimos apagar la tele media hora después para irnos a dormir después de un día cargado de excelentes noticias.
Los días pasan de una manera descontolada. Marta ya esta aquí, es hora de ir a buscarla al aeropuerto y de ahí a casa de los padre de Aurora, no me queda más remedio que engañar a Aurora.
–Mi niña, me tengo que ir... tengo que salir a solucionar el tema de mi nuevo manager. -La digo mientras la doy un beso en la mejilla.
–Creía que comerías conmigo hoy... -Me dice con la mirada algo triste.
–Lo siento princesa, de verdad, tengo que ir. -La digo mientras la agarro de las manos.
–Está bien, ve a donde tengas que ir, te esperaré aquí con mil ganas de verte. -Me dice mientras rodea con sus brazos mi cuello y me da un cálido beso en los labios.
–Te prometo que estaré aquí en un par de horas, te quiero. -La digo mientras me voy separando de ella y camino hacia la puerta.
Cojo el coche y pongo dirección al aeropuerto, estoy algo nervioso. Me siento en uno de esos bancos, a lo lejos puedo ver a una chica morena de pelo largo, es ella, mira hacia ambos lados.
–¡Marta! -Digo mientras doy un pequeño grito, se percata de ello.
–¡Pablo! -Me dice mientras camina hacia mi con paso ligero, suelta la maleta y me abraza.
–Ya estás aquí nuevamente después de unos meses. -La digo mientras la sonrío.
–Así es, dispuesta a conseguir que el padre de Aurora vaya a la boda, dispuesta a estar con vosotros en el día más especial que podáis tener en vuestras vidas. -Me dice mientras vuelve a coger la maleta.
–Gracias, sabía que podía contar contigo. -La digo mientras la ayudo con la maleta.
–Por supuesto, los dos me tenéis aquí para lo que sea. -Dice con una amplia sonrisa.
–Aurora está como loca por verte, pero no se esperará que hayas venído, será como una sorpresa...
–Me muero de ganas de verla.
–Pronto lo harás, ahora tenemos que ir a buscar al padre de Aurora.
–Perfecto.
Caminamos a paso ligero hacia el coche, ponemos nuevamente rumbo a la casa del padre de Aurora, a medida que los minutos avanzan y el destino se va a acercando me pongo más nervioso, me aterra la reacción que pueda tener al verme ahí.
Tardamos alrededor de unos veinte minutos en llegar, nos plantamos frente a la puerta de su casa y finalmente presionamos el botón del timbre, tarda unos segundos en abrir.
–Hola. -Digo con los nervios a flor de piel.
–Pablo... ¿qué haces tú aquí? -Me dice mientras me mira de arriba a bajo.
–Hola, ¿se acuerda de mi? soy Marta, la amiga de Aurora, la que estuvo en su casa hace unos meses. -Dice Marta.
–Claro que me acuerdo, ¿cómo va todo? -Dice amablemente.
–Muy bien, algo nerviosa por la boda de su hija. -Eso último hace que la cara del padre de Aurora cambie de expresión totalmente.
–Antonio, hemos venido a hablar contigo, ¿podemos pasar?. -Asiente con la cabeza y entramos.
–Puedo entender que la boda no sea de su total agrado, pero créame que Aurora y yo tenemos las cosas muy claras, nos queremos y queremos casarnos.
–No dudo en que os queráis pero creo que os estáis precipitando, la boda es un error. -Dice.
–Puedo asegurarle que su hija y Pablo se quieren como nadie, han pasado obstáculos muy difíciles para estar juntos, no veo el motivo de llamarle error a todo esto, al contrario... Aurora es mayor y ella no tiene dudas en ello, no me parece justo que usted como padre que es no asista a apoyar el día más importante en la vida de su hija. -Dice Marta seria.
–Aurora está realmente afectada por todo esto, necesita que estés presente en ese día, por favor Antonio recapacita...
–No es que no quiera asistir, es que lo veo precipitado, tú eres alguien conocido y yo no quiero que eso repercute sobre mi hija, no quiero que lo pase mal.
–Soy conocido pero no se nos puede olvidar que también soy humano y me enamoro igual que el resto, y con su hija lo estoy hasta las trancas, eso te lo puedo jurar ante lo que quieras. -Parece sorprendido ante mis palabras.
–Bueno, quizá tengas razón...
–¿Eso quiere decir que...? -Dice Marta mostrando una sonrisa.
–Eso quiere decir que no faltaré en el día más importante en la vida de mi hija, si ella te ha escogido a ti en esto no me queda más remedio que aceptarlo y apoyarla.
–Gracias, le puedo asegurar que Aurora estará realmente feliz de verte allí.
–Gracias a vosotros por abrirme los ojos ante esto, y perdóname por haberte tratado así Pablo, veo que me equivoqué contigo...
–Lo entiendo perfectamente, su niña es su niña, y yo entiendo que un padre siempre quiere proteger a su hija sobre todas las cosas. -Digo eso último y le doy un abrazo.
–Aurora es lo más importante para mi en esta vida, si la pasa algo yo me muero.
–No se preocupe, conmigo no la pasará nada, siempre la voy a proteger.
–Eso espero Pablo, eso espero. -Sonríe.
–Gracias nuevamente, ahora nos tenemos que ir, nos vemos el día 8. -Digo mientras le doy la mano.
–Allí estaré, adiós. -Cierra la puerta.
Salgo de la casa con una gran sonrisa, camino hacia la calle...
–¡Gracias, gracias, gracias! -Digo mientras la doy un abrazo a Marta.
–Lo hemos conseguido los dos... -Marta parece contenta.
–Sin ti esto no habría sido posible.
–De eso nada, has sido tú quién le ha abierto los ojos, yo solo me he encargado de decir todo lo que pensaba y pienso.
–Gracias nuevamente. -Digo mientras sonrío.
Cogemos el coche y volvemos a casa, son las cinco de la tarde. Abro la puerta y entramos, saludo.
–¡Mi niña, ya estoy aquí! ¡ven corre! -Digo con grito.
–Cielo, ¿qué pasa? -Me dice mientras viene corriendo asustada, su cara al momento se impacta.
–¡Marta! no me puedo creer que estés aquí ya. -Dice mientras corre hacia ella.
–Cielo, estoy aquí, te dije que estaría para el día más especial y lo prometido es deuda. -Vuelven a abrazarse.
–Te quiero.
–Y yo a ti, y yo a ti Aurora.
Nos sentamos en el sofá y charlamos un rato para ponernos al día.
–¿Cómo te va todo Marta? ¿acabaste la carrera? -Pregunto.
–Sí, la acabé hace cuestión de un mes pero ya sabemos como está la cosa, es realmente complicado encontrar algo, estoy a la espera...
–Seguro que encontrarás algo cielo. -Dice Aurora intentando calmarla.
En ese momento camino hacia la habitación, cojo un sobre blanco que tengo encima del escritorio y se lo entrego a Marta.
–¿Qué es esto Pablo? -Pregunta inquietante.
–Ábrelo. -Lo abre por la solapa con cuidado y saca la hoja de dentro de este, Aurora mira también intrigada ya que ella desconoce el contenido, ambas comienzan a leer hasta dar con la palabra clave.
–¿Manager? ¿cómo qué...? -Pregunta sin poder gesticular palabra.
–Así es, actualmente estoy sin manager y me gustaría que fueses tú ahora la que ocupe ese puesto, sólo si quieres...
–Ahora entiendo lo que me decías el otro día, gran amiga... -Dice Aurora con una sonrisa.
–Pero, pero, pero... ¿yo....? -Dice nerviosa.
–Entiendo que puede ser difícil tomar una decisión ahora, pero por favor piénsatelo.
–Pablo, yo no sé si pueda estar a la altura de todo esto, es un cargo bastante complicado.
–Marta cielo, si Pablo te está ofreciendo esto es porque tiene claro que eres la persona idónea, y yo también lo pienso, nadie como tú.
–¿Es así Pablo?
–Por supuesto, en los últimos meses te has convertido en una mejor amiga para mi, alguien en quién confiar y en quién apoyarse.
–No tengo más que decir entonces, aquí tienes a tu nueva manager de ahora en adelante. -Dice con una sonrisa.
–Seremos un buen equipo. -Digo bromeando.
–Esto es un buen motivo para celebrar sin duda. -Aurora se levanta y camina hacia la cocina, trae unas copas y la mano una botella de champagne, nos lo sirve y nos da la copa a cada uno para hacer ese brindis.
–Gracias por depositar esta confianza en mi, no te defraudaré te lo prometo.
–No lo dudo, lo malo es que tienes que venir a vivir a Málaga.
–Lo sé, tendré que alquilar algo...
–De eso nada, aquí te puedes quedar con nosotros.
–No puedo aceptar tantas cosas buenas, sería un egoísmo por mi parte, es vuestro espacio y no quiero molestar.
–No molestas, al menos acepta hasta que encuentres algo por favor. -Dice Aurora.
–Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites de verdad. -Digo.
–Está bien, pero prometo no dar mucho la lata. -Ríe y Aurora y yo nos unimos al oír esas palabras.
Seguimos hablando tras la buena noticia y sin darnos cuenta llega la hora de la cena, ambos preparamos algo rápido. Acabamos de cenar y optamos por ver un rato la televisión, no hay gran cosa que ver por lo que decidimos apagar la tele media hora después para irnos a dormir después de un día cargado de excelentes noticias.
6.8.13
Cap. 69: Todo listo
Narrado por Pablo:
Los días pasan con normalidad, los nervios poco a poco aumentan debido a que estamos a una semana de nuestra boda, aún tengo que encontrar un traje y para ello cuento con la ayuda de mi mayor apoyo en esta vida, mi hermana Casilda. La llamo y como siempre no duda en echarme un cable.
–Hola cielo. -Me dice mientras monta en mi coche y me da dos dulces besos.
–Casilda, menos mal que estás aquí, ya sabes que yo para el tema de la ropa soy un desastre. -Digo mientras río y se une a mi risa.
–Lo sé Pablete, lo sé... pero... ¿para qué estoy yo aquí? -Dice mientras me acaricia la cara, mi hermana es un sol.
–Gracias por todo hermanita, tú siempre tan amable conmigo. -La digo mientras la abrazo.
–Ya sabes que mi deber es mimarte y cuidarte, eres mi hermano pequeño, siempre lo serás. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Te quiero mucho Casilda. -Digo mientras la acaricio la mano.
–Y yo a ti cielo. -Salimos del coche y caminamos hacia el centro de Málaga, en el trayecto varias fans me reconocen y me piden una foto, no puedo negarme a si agarro sus cámaras y nos enfoco para inmortalizar el momento, me dan dos besos y se van con una gran sonrisa. Seguimos caminando hasta que al fin llegamos.
Me pruebo varios trajes, la mitad de ellos no logran llamarme la atención, hasta que por fin veo que parece gustarme, es sencillo pero a la vez bonito. Me lo pruebo para que cojan las correspondientes medidas de este, acto seguido salgo de la tienda con el traje dentro de la funda e invito a Casilda a comer después de una ajetreada mañana de compras en el centro. Comemos algo ligero, se empeña en pagar la cuenta pero yo me niego ya que es lo menos que puedo hacer después de todo lo que ella hace por mi.
Me despido de mi hermana, la dejo en su casa y después regreso a la mía. Introduzco la llave en la cerradura, Aurora aún no está por lo que opto por guardar mi traje en el armario. Estoy bastante agotado, me tumbo en el sofá, algo nervioso ya que quedan escasos días para ese día tan especial, necesito desahogarme con alguien a si que decido marcar a la que en los últimos meses se ha convertido en alguien muy especial para mi, concretamente mi mejor amiga y también la de Aurora Marta.
Suena ese pequeño sonido que da pie a la llamada, no tarda en aceptar la llamada, oigo su dulce voz.
–¡Pablete! cuanto tiempo sin oír tu voz... ¿todo bien? -Me dice, como siempre preocupándose por mi.
–¡Mi niña! todo va sobre ruedas, es sólo que necesito hablar con alguien, estoy nervioso.
–No tienes motivos para estarlo, todo saldrá como ambos lo habéis soñado y yo seré testigo de ese día.
–Será un día sin duda inolvidable para todos pero falta alguien especial...
–¿De qué hablas Pablo? -Dice con cierto tono de preocupación.
–Hablo de que el padre de Aurora no estará presente ese día con todos nosotros, no se ha tomado demasiado bien la noticia, es por ello que necesito tú ayuda...
–¿Mi ayuda? ¿qué puedo hacer yo ante ese problema? -Formula.
–Necesito que me ayudes a convencer a que su padre asista a la boda, es un día en el que no puede faltar, Aurora será la más feliz con su presencia.
–Por supuesto, yo te ayudaré a que así sea, pasado mañana cojo el vuelo hacia Málaga y en cuanto esté allí hablamos con él, lo conseguiremos.
–Muchas gracias Marta, sin ti muchas veces no sabría que hacer o como actuar...
–No me las tienes que dar, yo se que para Aurora es importante que en un día así esté su padre.
–Lo está pasando realmente mal, bastante mal, y no es para menos...
–Me lo puedo imaginar, entre los dos tenemos que conseguir que venga ¿de acuerdo Pablo? y anímate ¿eh? -Me dice intentando animarme.
–Por supuesto, tus palabras logran calmarme en muchas ocasiones. -Digo un tanto más aliviado.
–Me alegro de que se así, nos vemos pasado mañana Pablo, ahora tengo que dejarte.
–De acuerdo, en cuanto llegues al aeropuerto por favor avísame, seré yo quién pase a recogerte.
–Así lo haré, y gracias. -Me dice.
–A ti cielo, un beso. -Pronuncio eso último, cuelgo y guardo mi móvil en el pantalón.
Necesito conseguir que el padre de Aurora venga, y es por ello que no pararé hasta lograrlo. Me levanto y comienzo a dar pequeños paseos por el salón mientras me toco la nuca algo nervioso. Me refugio entre mis pensamientos hasta que siento como se cierra la puerta, es ella.
–Mi amor. -Me dice mientras viene corriendo hacia mi y da un pequeño saltito hasta que rodea con sus piernas mi cintura, deposita algún que otro beso por mi cuello hasta subir a mi boca, parece venir contenta.
–Mi vida, que contenta viene usted ¿no? -Digo mientras acaricio su pelo.
–Acabo de entregar la lista de invitados al restaurante, se acabaron los preparativos, se acabó todo... -Me dice con una sonrisa de oreja a oreja.
–Eso quiere decir que... -Digo ilusionado.
–Exacto, quiero decir que estamos a punto de pisar el altar y mis ganas comienzan a ser incontrolables... -Me dice mientras acaricia mi pelo.
–Futura señorita Moreno... no tengo más que decirla. -La doy un beso en los labios.
–Me encanta que me trates con tanto mimo. -Me dice con un dulce gesto.
–Te quiero mi niña. -Justo y tras pronunciar eso último suena mi móvil, lo cojo.
–¿Sí? ¿cómo? ¿pero...? ¿y ahora que se supone que tenemos que hacer? es demasiado lioso buscar a otra... lo sé, pero esta vez seré yo quién se encargue de escoger, alguien de mi confianza por supuesto, gracias Manuel, adiós. -Cuelgo.
–¿Todo bien Pablo? -Me dice Aurora algo preocupada.
–Más o menos... mi anterior manager ha tenído que dejar el puesto por motivos personales y ahora no sé quién podrá ocupar su lugar...
–Seguro que encontraréis a otra persona cualificada, no te preocupes mi niño. -Me dice mientras apoya su cabeza en mi hombro.
–Así es, creo que he encontrado a la persona idónea para esto, es alguien que jamás me fallaría, ojalá esté dispuesta a aceptarlo. -Digo esto con una sonrisa.
–¿Y puedo saber quién es esa persona? -Me dice.
–Esa persona es una gran persona sin duda, gran amiga... -Digo con tono de misterio.
–Está bien, no me lo digas si no quieres. -Se levanta del sofá y camina hacia la cocina.
–No quiero adelantar nada, en cuanto lo confirme te lo haré saber, no te enfades y confía en mi. -La digo mientras la agarro de la cintura y la doy la vuelta para que quede frente a mis ojos.
–Confio absolutamente en ti, pero... -Me dice con la mirada algo perdida.
–Pero nada pequeña, es sólo mi amiga, una buena amiga. -La digo mientras acaricio sus mejillas.
–No soportaría perderte por nada del mundo... -Me dice con la mirada algo triste.
–Eso no pasará mi niña, queda 1 semana para la boda y creeme que no hay nadie más feliz sobre la tierra que yo por ello.
–Siento ser tan celosa, no quiero que pienses que actúo como una cría y que no soy lo suficientemente madura para ti.
–Me encantan esos pequeños ataques de celos, porque son señal de que me quieres. -La digo mientras la abrazo con fuerza.
–No sabes cuanto mi amor, no sabes cuanto... -Me dice mientras me separa unos centímetros de su cuerpo para ver mi rostro.
–Para siempre princesa. -La digo mientras acaricio sus manos, sonríe.
Preparo algo de cena para los dos, algo sencillo pero con amor. Cenamos mientras hablamos un poco, fregamos y poco después nos metemos en la cama ya que estamos algo cansados. Cojo mi móvil y miro Twitter, Aurora lee un libro.
–¿Sabes una cosa? -Me dice mientras cierra el libro y lo deja sobre la mesilla.
–Dime cielo. -Digo mientras dejo el móvil sobre la mesilla.
–Cada día que pasa me doy cuenta de lo increíble que es tenerte aquí, al cerrar y abrir los ojos y ver tu preciosa cara, nada es comparable con ello... -Dice mientras derrama alguna que otra lágrima.
–Ven aquí mi niña. -La digo mientras la abrazo con fuerza.
–Te quiero mi amor. -Me dice mientras me mira fijamente a los ojos.
–Y yo a ti, cada día más. -La digo mientras seco con mis dedos algunas de sus lágrimas.
Se queda apoyada en mi pecho, no parece lograr dormirse... acaricio su pelo mientras recorro su espalda con mis dedos, no puedo parar de observarla.
–Shhh... princesa, duerme... velaré tus sueños. -La digo mientras deposito un beso en su frente.
Se queda dormida entre mis brazos, y yo intento conciliar el sueño, lo logro después de oír las bellas palabras de mi niña, esas que jamás dejan de sorprenderme...
Los días pasan con normalidad, los nervios poco a poco aumentan debido a que estamos a una semana de nuestra boda, aún tengo que encontrar un traje y para ello cuento con la ayuda de mi mayor apoyo en esta vida, mi hermana Casilda. La llamo y como siempre no duda en echarme un cable.
–Hola cielo. -Me dice mientras monta en mi coche y me da dos dulces besos.
–Casilda, menos mal que estás aquí, ya sabes que yo para el tema de la ropa soy un desastre. -Digo mientras río y se une a mi risa.
–Lo sé Pablete, lo sé... pero... ¿para qué estoy yo aquí? -Dice mientras me acaricia la cara, mi hermana es un sol.
–Gracias por todo hermanita, tú siempre tan amable conmigo. -La digo mientras la abrazo.
–Ya sabes que mi deber es mimarte y cuidarte, eres mi hermano pequeño, siempre lo serás. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Te quiero mucho Casilda. -Digo mientras la acaricio la mano.
–Y yo a ti cielo. -Salimos del coche y caminamos hacia el centro de Málaga, en el trayecto varias fans me reconocen y me piden una foto, no puedo negarme a si agarro sus cámaras y nos enfoco para inmortalizar el momento, me dan dos besos y se van con una gran sonrisa. Seguimos caminando hasta que al fin llegamos.
Me pruebo varios trajes, la mitad de ellos no logran llamarme la atención, hasta que por fin veo que parece gustarme, es sencillo pero a la vez bonito. Me lo pruebo para que cojan las correspondientes medidas de este, acto seguido salgo de la tienda con el traje dentro de la funda e invito a Casilda a comer después de una ajetreada mañana de compras en el centro. Comemos algo ligero, se empeña en pagar la cuenta pero yo me niego ya que es lo menos que puedo hacer después de todo lo que ella hace por mi.
Me despido de mi hermana, la dejo en su casa y después regreso a la mía. Introduzco la llave en la cerradura, Aurora aún no está por lo que opto por guardar mi traje en el armario. Estoy bastante agotado, me tumbo en el sofá, algo nervioso ya que quedan escasos días para ese día tan especial, necesito desahogarme con alguien a si que decido marcar a la que en los últimos meses se ha convertido en alguien muy especial para mi, concretamente mi mejor amiga y también la de Aurora Marta.
Suena ese pequeño sonido que da pie a la llamada, no tarda en aceptar la llamada, oigo su dulce voz.
–¡Pablete! cuanto tiempo sin oír tu voz... ¿todo bien? -Me dice, como siempre preocupándose por mi.
–¡Mi niña! todo va sobre ruedas, es sólo que necesito hablar con alguien, estoy nervioso.
–No tienes motivos para estarlo, todo saldrá como ambos lo habéis soñado y yo seré testigo de ese día.
–Será un día sin duda inolvidable para todos pero falta alguien especial...
–¿De qué hablas Pablo? -Dice con cierto tono de preocupación.
–Hablo de que el padre de Aurora no estará presente ese día con todos nosotros, no se ha tomado demasiado bien la noticia, es por ello que necesito tú ayuda...
–¿Mi ayuda? ¿qué puedo hacer yo ante ese problema? -Formula.
–Necesito que me ayudes a convencer a que su padre asista a la boda, es un día en el que no puede faltar, Aurora será la más feliz con su presencia.
–Por supuesto, yo te ayudaré a que así sea, pasado mañana cojo el vuelo hacia Málaga y en cuanto esté allí hablamos con él, lo conseguiremos.
–Muchas gracias Marta, sin ti muchas veces no sabría que hacer o como actuar...
–No me las tienes que dar, yo se que para Aurora es importante que en un día así esté su padre.
–Lo está pasando realmente mal, bastante mal, y no es para menos...
–Me lo puedo imaginar, entre los dos tenemos que conseguir que venga ¿de acuerdo Pablo? y anímate ¿eh? -Me dice intentando animarme.
–Por supuesto, tus palabras logran calmarme en muchas ocasiones. -Digo un tanto más aliviado.
–Me alegro de que se así, nos vemos pasado mañana Pablo, ahora tengo que dejarte.
–De acuerdo, en cuanto llegues al aeropuerto por favor avísame, seré yo quién pase a recogerte.
–Así lo haré, y gracias. -Me dice.
–A ti cielo, un beso. -Pronuncio eso último, cuelgo y guardo mi móvil en el pantalón.
Necesito conseguir que el padre de Aurora venga, y es por ello que no pararé hasta lograrlo. Me levanto y comienzo a dar pequeños paseos por el salón mientras me toco la nuca algo nervioso. Me refugio entre mis pensamientos hasta que siento como se cierra la puerta, es ella.
–Mi amor. -Me dice mientras viene corriendo hacia mi y da un pequeño saltito hasta que rodea con sus piernas mi cintura, deposita algún que otro beso por mi cuello hasta subir a mi boca, parece venir contenta.
–Mi vida, que contenta viene usted ¿no? -Digo mientras acaricio su pelo.
–Acabo de entregar la lista de invitados al restaurante, se acabaron los preparativos, se acabó todo... -Me dice con una sonrisa de oreja a oreja.
–Eso quiere decir que... -Digo ilusionado.
–Exacto, quiero decir que estamos a punto de pisar el altar y mis ganas comienzan a ser incontrolables... -Me dice mientras acaricia mi pelo.
–Futura señorita Moreno... no tengo más que decirla. -La doy un beso en los labios.
–Me encanta que me trates con tanto mimo. -Me dice con un dulce gesto.
–Te quiero mi niña. -Justo y tras pronunciar eso último suena mi móvil, lo cojo.
–¿Sí? ¿cómo? ¿pero...? ¿y ahora que se supone que tenemos que hacer? es demasiado lioso buscar a otra... lo sé, pero esta vez seré yo quién se encargue de escoger, alguien de mi confianza por supuesto, gracias Manuel, adiós. -Cuelgo.
–¿Todo bien Pablo? -Me dice Aurora algo preocupada.
–Más o menos... mi anterior manager ha tenído que dejar el puesto por motivos personales y ahora no sé quién podrá ocupar su lugar...
–Seguro que encontraréis a otra persona cualificada, no te preocupes mi niño. -Me dice mientras apoya su cabeza en mi hombro.
–Así es, creo que he encontrado a la persona idónea para esto, es alguien que jamás me fallaría, ojalá esté dispuesta a aceptarlo. -Digo esto con una sonrisa.
–¿Y puedo saber quién es esa persona? -Me dice.
–Esa persona es una gran persona sin duda, gran amiga... -Digo con tono de misterio.
–Está bien, no me lo digas si no quieres. -Se levanta del sofá y camina hacia la cocina.
–No quiero adelantar nada, en cuanto lo confirme te lo haré saber, no te enfades y confía en mi. -La digo mientras la agarro de la cintura y la doy la vuelta para que quede frente a mis ojos.
–Confio absolutamente en ti, pero... -Me dice con la mirada algo perdida.
–Pero nada pequeña, es sólo mi amiga, una buena amiga. -La digo mientras acaricio sus mejillas.
–No soportaría perderte por nada del mundo... -Me dice con la mirada algo triste.
–Eso no pasará mi niña, queda 1 semana para la boda y creeme que no hay nadie más feliz sobre la tierra que yo por ello.
–Siento ser tan celosa, no quiero que pienses que actúo como una cría y que no soy lo suficientemente madura para ti.
–Me encantan esos pequeños ataques de celos, porque son señal de que me quieres. -La digo mientras la abrazo con fuerza.
–No sabes cuanto mi amor, no sabes cuanto... -Me dice mientras me separa unos centímetros de su cuerpo para ver mi rostro.
–Para siempre princesa. -La digo mientras acaricio sus manos, sonríe.
Preparo algo de cena para los dos, algo sencillo pero con amor. Cenamos mientras hablamos un poco, fregamos y poco después nos metemos en la cama ya que estamos algo cansados. Cojo mi móvil y miro Twitter, Aurora lee un libro.
–¿Sabes una cosa? -Me dice mientras cierra el libro y lo deja sobre la mesilla.
–Dime cielo. -Digo mientras dejo el móvil sobre la mesilla.
–Cada día que pasa me doy cuenta de lo increíble que es tenerte aquí, al cerrar y abrir los ojos y ver tu preciosa cara, nada es comparable con ello... -Dice mientras derrama alguna que otra lágrima.
–Ven aquí mi niña. -La digo mientras la abrazo con fuerza.
–Te quiero mi amor. -Me dice mientras me mira fijamente a los ojos.
–Y yo a ti, cada día más. -La digo mientras seco con mis dedos algunas de sus lágrimas.
Se queda apoyada en mi pecho, no parece lograr dormirse... acaricio su pelo mientras recorro su espalda con mis dedos, no puedo parar de observarla.
–Shhh... princesa, duerme... velaré tus sueños. -La digo mientras deposito un beso en su frente.
Se queda dormida entre mis brazos, y yo intento conciliar el sueño, lo logro después de oír las bellas palabras de mi niña, esas que jamás dejan de sorprenderme...
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