Narrado por Aurora:
Jamaica por fin estamos aquí, por fin puedo decirlo. Llegamos al aeropuerto y caminamos a paso ligero hacia nuestro hotel ya que no se encuentra demasiado lejos. Los dos sabemos que esta luna de miel es lo que justo necesitamos, un poco de paz y un poco de intimidad para nosotros. Entramos a la habitación que nos han dado la cual es sumamente grande además de tener dos aseos, Pablo y yo nos dormidos debido a que estamos tremendamente reventados por todo el viaje, descansamos y al rato decidimos bajar a la playa.
Vamos agarrados de la mano en silencio, la playa parece estar desierta en esta ocasión, la brisa del mar acaricia nuestros rostros, el sonido del mar se mete por nuestros oídos, justo lo que nosotros queríamos.
Colocamos nuestras toallas sobre las tumbonas que hay colocadas cerca de la orilla del mar, el sol aprieta y mis ganas de meterme al agua también. Me quito la camisola que me he puesto encima de mi bikini y Pablo se quita su camiseta, está tremendamente guapísimo con ese bañador. Por un momento me olvido de todo lo que me rodea y decido correr hacia el agua, Pablo sonrientemente no duda en venir detrás de mi, me agarra por la cintura y me besa el cuello, la piel se eriza con el contacto de sus labios en ella. Se separa y por un momento me mira fijamente, sin darme cuenta comienza a hacerme cosquillas.
–¡Para por favor! -Digo a pura carcajada y como puedo.
–¿Y si no quiero qué? -Me dice mientras sonríe. No le dejo terminar la frase y logro escapar de sus brazos intentando volver a la arena. Sale del agua corriendo y me alcanza, esta vez me agarra en brazos y me besa de una forma un tanto pasional. Separa sus labios unos milímetros.
–Si no quieres me obligarás a... -No termina la frase, me eleva sobre sus hombros y corre conmigo encima hacia el agua lugar donde me tira cuidadosamente y él cae conmigo. Reímos como nunca ante la situación.
–Eres un gamberro. -Le digo mientras me levanto y me pongo el pelo detrás de la oreja.
Se encuentra de pie y sin parar de reír, tomo la ''rebancha'' y doy un pequeño salto hasta lograr rodear con mis piernas su cintura, hago el amago de que le voy a besar, le empujo y volvemos a caer los dos en ese cristalino agua. Me ayuda a levantarme y en cuestión de segundos me atrae contra su cuerpo, y rodea con sus brazos mi cuello. Daría lo que fuera por estar en este lugar siempre, sólos los dos y sin ningún tipo de interrupción.
–¿Qué decías que pasaba Pablete? -Río.
–Me has pillado desprevenido y lo sabes. -Me dice con carita de niño enfadado.
–No se enfade señorito, está muy feo cuando se enfada. -Pongo una voz burlona acompañada de una carcajada a la que Pablo no puede evitar unirse.
Me agarra en brazos y me lleva hacia la arena, me tumba sobre esta y comienza a hacerme nuevamente cosquillas, a penas puedo moverme.
–Vale, tú ganas pero suéltame por favor. -Digo entre carcajada y carcajada.
–Te suelto con una condición. -Hace un pequeño silencio y continúa. -Te soltaré sólo si me das un beso. -Le beso como me pide.
–Te quiero princesa. -Me dice nada más separar sus labios de los míos. Sin duda tiene el don de sorprenderme cuando menos me lo llego a esperar.
–Y yo a ti mi vida. -Me aproxímo hacia sus labios y no dudo en besarlos nuevamente, sonríe.
Los rayos de sol penetran sobre nuestra piel, nos quedamos tumbados sobre la tumbona mientras hablamos de nuestros planes en los próximos días. Esta noche iremos a cenar a algún sitio y después daremos un paseo por las calles de Jamaica con la luz de la luna.
Comienza a anochecer sin darnos cuenta, recogemos las toallas y salimos de la playa dirección al hotel a darnos una rápida ducha para ir a cenar como habíamos acordado hace unas horas.
Saco de mi maleta algunas prendas que creo oportunas para esta noche y que justo compré hace unos días. Opto por unos shorts verdes fluor y una camiseta básica de tirantes blanca junto a unas sandalias de cuña.
Me meto en la ducha y al salir me visto, abro el neceser con algo de maquillaje, me maquillo los ojos con una sombra marrón clarita, rimel y una fina raya negra. Me peino algo el pelo y me lo recojo con una coleta para estar cómoda ya que esta noche hace bastante calor. Mientras espero a que Pablo se duche reviso Twitter ya que lo tengo bastante abandonado en el último mes, para mi sorpresa me encuentro varios tweets, parecen ser fans de Pablo.
''Felicidades, hazle feliz'' -Dice uno de los que me han mandado. Me quedo alucinando entre tanta multitud de ellos. ¿Cómo es posible? ya sé que Sara se encargó de publicarlo pero jamás pensé que se creerían la noticia. Leo varios y muchos de ellos son con buena intención, la otra media me ataca de manera brutal, no contesto ni a los buenos ni a los malos, sería darle pie a algo que no quiero que afecte a Pablo. Cierro la aplicación y lo guardo en el interior de mi bolsillo. Pablo no tarda mucho en salir del aseo, a pesar de lo nerviosa que estoy me doy cuenta de lo guapo que está esta noche. Luce unos pantalones vaqueros ajustados claritos y una camisa blanca de botones. No tarda en percatarse de mis nervios.
–Princesa, ¿estás bien? te veo en otro sitio. -Me dice mientras se sienta a mi lado y me acaricia las mejillas con sus manos.
–Eh... sí, sí, sólo estoy algo cansada, ya sabes como son estos viajes. -Finjo.
–¿Has visto los tweets no? -Dice eso y me quedo alucinando. ¿cómo lo sabe? ¿lo habrá visto?
–¿Cómo lo sabes? ¿tienes el poder de leerme la mente? -Digo bromeando.
–No. En muchos de esos tweets me nombraban, y ya sabes que a mi me gusta leer siempre todo lo que los fans me escriben en las redes sociales, no quiero que te afecte todo esto, sabíamos que tenía que pasar, ¿no? -Me dice mientras me atrae contra su cuerpo y me abraza con fuerza.
–Lo sé cariño, pero no quiero que te ataquen por mi culpa, es lo que menos deseo. -Digo algo más tranquila.
–Mi niña, no me importa lo que tenga que pasar si te tengo aquí conmigo, no te voy a dejar por nada ni nadie. -Me dice teniendo claro sus palabras. Una fiel sonrisa se dibuja en mi cara con las cosas que me dice.
–Por una parte comprendo cierto revuelo, yo cuando era tu fan sentía celos a la mínima, y ahora mira. -Río calmada.
–Ah... entonces ¿ya no eres mi fan? -Me dice bromeando. Sabe como hacerme sonreír en todo tipo de momento.
–Por supuesto que soy fan de ti, fan de tus caricias, de tus palabras, de tus abrazos, de tus besos, fan de ti. -Digo mientras acaricio su barba. Deposito un corto pero cálido beso en sus labios.
–Eres increíble princesa, me asombras día a día con tu forma de afrontar las cosas con la sonrisa siempre por delante, gracias por ser así siempre. -Me dice mientras me da un beso en la frente.
–Un día te dije que aunque yo esté realmente mal me desviviré por hacerte sonreír, y así es y será. -Le digo con una sonrisa.
–Te amo, cada día más. -Vuelve a besarme.
–Y yo a ti Pablo, no sabes de que manera. -Nos abrazamos largos minutos.
Nos quedamos abrazados hasta que miro el reloj de mi muñeca, marca las diez de la noche. Bajamos a cenar al restaurante del hotel.
–Estás guapísima. -Me dice Pablo en un susurro mientras me da la vuelta.
–Y tú, tú siempre lo estás. -Pablo ríe ante mi comentario.
Pedimos mesa y rápidamente nos conducen hasta ella. Pablo saca mi silla y me da la mano para que sea yo quién me siente primero, siempre tan caballero. Acto seguido se sienta en la suya y me mira dulcemente mientras acaricia mis manos haciendo que mi piel se erice una vez más con sus caricias.
El camarero nos atiende rápidamente, nos muestra la carta de comidas, todas son totalmente desconocidas para ambos, pedimos algo de pescado. Cenamos cómodamente entre un sin fin de risas y algunas anécdotas que Pablo me cuenta sobre cuando viajó a Puerto Rico la última vez. Pablo como siempre tan cabezota se empeña en pagar la cuenta y muy a mi pesar lo logra, muevo la cabeza y él se ríe. Salimos del restaurante abrazos nuevamente, Pablo acaricia mi espalda provocando en mi alguna que otra sensación. Le doy algún que otro beso mientras vamos caminando por las calles. De pronto se para y me mira fijamente a los ojos. Agarra con una mano suavemente mi cara y con la otra me agarra de la cintura atrayéndome contra su cuerpo. Me besa con dulzura y a la vez con un toque de pasión.
–Será mejor que pares. -Río.
–¿Por que debería de hacerlo? ¿te molesta a caso?
–No, sólo que me dan ganas de comerte a besos una y otra vez. -Río.
–¿Por qué no hacerlo? -Me mira de forma pícara mientras arquea la ceja derecha.
–La noche está preciosa, la luna nos acompaña y la temperatura en la calle es esplendida. -Digo.
–Eres muy mala, pero tienes razón. -Ríe y continuamos caminando.
Llevamos ya varios minutos sin parar de caminar, decidimos regresar al hotel ya que se hace de noche y mañana queremos madrugar para bajar otro rato a la playa. Sutilmente y sin que a penas se de cuenta me acerco al cuello de mi niño y lo beso, digamos que es su punto débil más fuerte. Ríe pícaramente ante mi acción. Se gira de golpe y me abraza con fuerza mientras me besa, un beso de largos minutos. No sé porque pero hoy siento un terrible deseo de que me haga suya, se lo hago saber a modo de caricias en plena calle, por suerte no hay mucha gente. Me coloca en la pared y me besa con más ganas.
–No pensarás que pasará algo aquí ¿no? -Le digo mientras le separo de mi cuerpo con una sonrisa.
Me agarra de la mano y continuamos caminando, esta vez acelerando el paso debido a que los dos sentimos las mismas ganas. Llegamos al hotel y subimos rápidamente por las escaleras, olvidando por un momento que había un ascensor. Saca la tarjeta de la habitación y la pasa por el lector de la puerta, en un abrir y cerrar de ojos la puerta se abre y nosotros no hemos parado de besarnos ni un segundo. Cierro la puerta con mi pie como puedo, le coloco contra la pared y desabrocho sutilmente los botones de esa camisa blanca que también le queda. Con su ayuda se la quito y la tiro por la habitación, me agarra en brazos y me tumba sobre la cama mientras acaricia cada esquina de mi cuerpo. Me mira con una sonrisa pícara a él y yo a él con una tímida. Recorro su espalda con mis manos de principio a fin, mete sus manos por debajo de mi camiseta y acaricia mi tripa mientras deposita leves besos. Tira de ella y cae al suelo finalmente. Juego con la hebilla de su cinturón y acto seguido desabrocho sus pantalones, los cuales rápidamente caen al suelo. Me descalzo y beso su cuello hasta subir a sus labios, le beso y puedo notar su sonrisa. Desliza mis pantalones hasta abajo hasta que caen, juega con mi lencería mientras que acaricia mis piernas sin dejarme de besar. Me eleva al mismísimo cielo una vez más. Agarra con una mano mi mano y con la otra juega con mi pelo, me pierdo en su aroma, ese que tanto me gusta. Poco a poco vamos deshaciéndonos de nuestra ropa interior, quedando cuerpo con cuerpo, sintiendo nuestro propio calor. Me lleva a lo más alto.
Apoya su cabeza sobre mi vientre mientras acaricia mis brazos, dándome algún que otro beso. Nos quedamos dormidos entre un sin fin de caricias.
Abro mis ojos con pereza mientras me los sobo, Pablo está mirando hacia el otro lado completamente dormido. Me da pena despertarle a si que cojo su camisa que está tirada en el suelo y me la pongo, después llamo a recepción y pido que nos suban el desayuno, y que en él incluyan una rosa. No tardan demasiado que subírnoslo, abro la puerta y cojo la bandeja que nos sube el servicio, les doy las gracias y me dirijo a la habitación. Poso la bandeja sobre el nórdico y cojo la rosa, recorro con esta su cuerpo, empiezo por su cara hasta bajar a su torso acompañándolo de algún que otro beso. Se hace el remolón pero se despierta regalándome una de sus sonrisas mañaneras. Aparto el pelo de mi cara.
–Buenos días dormilón. -Le digo mientras acorto lentamente la distancia entre nuestros cuerpos.
–Buenos días mi vida, veo que has pedido que nos suban el desayuno. -Dice mientras se incorpora cómodamente en la cama y me da un dulce beso mañanero, después coge la bandeja y me siento a su lado.
–¿Te gusta? -Le pregunto mientras veo como Pablo da un mordisco a la magdalena.
–Me gusta, pero más me gustas tú. -Me dice mientras deja la bandeja sobre el suelo y me pone encima de su torso. No puedo evitar reír.
Nos besamos y después continuamos desayunando. Abro la cortina y el sol entra por la ventana, miro por ella y Pablo me agarra de la cintura mientras me besa el cuello. Le agarro de sus manos mientras miro al frente sin gesticular palabra.
–Me gusta verte feliz. -Me dice mientras me gira y me quita el pelo de la cara.
–Tú me haces feliz. -Le digo mientras acaricio su rostro.
Nos quedamos mirando al frente algún que otro minuto hasta que decidimos ponernos los trajes de baño para pasar otro día más en la playa tranquilos.
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