Narrado por Pablo:
Tras una noche mágica junto a mi niña me despierto con un sin fin de caricias por su parte además de un magnífico desayuno que manda subir a la habitación. Desayunamos entre besos y caricias hasta que decidimos bajar a la playa ya que hace un día fantástico. Nos ponemos los trajes de baño y bajamos, parece a ver gente en esta ocasión. Nos tumbamos sobre las tumbonas, mi niña se pone a leer un libro y yo contesto a varios tweets que me mandan en Twitter. Sin que ella se de cuenta junto mi tumbona a la suya, me aproximo a su oído y la susurro.
–¿Quieres un masaje? -La digo con una sonrisa un tanto pícara mientras la enseño el bote que contiene aceite de almendras.
–¿No pretenderás que vayamos a ese puestecillo donde aquella mujer los da no? -Me dice mientras se ríe y lo señala.
–Hombre, preferiría dártelo yo. -Río.
–Si es así... soy toda tuya. -Me dice mientras se coloca boca abajo en la tumbona.
–Ufff... que tentador. -Digo mientras arqueo una ceja y me siento sobre ella con cuidado.
Deshago lentamente la lazada de la parte de arriba de su bikini, pongo mis manos sobre su espalda y la voy dando el masaje lentamente mientras recorro su espalda de principio a fin con ayuda del aceite, un leve suspiro sale de la boca de mi niña y no puedo evitar reírme ante la situación. Tras unos cinco minutos de masaje acabo de dárselo.
–Me has dejado la espalda como nueva. -Me dice mientras la ato nuevamente la lazada del bikini y me pongo de pie.
–Me alegro princesa. -La digo.
–Su turno. -Me señala la tumbona para que sea yo ahora el que reciba el masaje, no me niego.
Hago lo que me pide, me tumbo y siento sus manos sobre mi piel, me tiembla el cuerpo cuando mi niña recorre mi piel. Se echa unas cuantas gotas de aceite en sus manos y suavemente masajea mi espalda mientras la va besando desde la nuca hasta el final de esta. Acaba de darme el masaje y se pone a la altura de mi.
–¿Te ha gustado príncipe? -Me pregunta mientras me coge de la mano.
–Mucho, tus masajes son excelentes. -La digo mientras ríe.
Nos quedamos una hora más o menos tomando el sol hasta que se acerca la hora de comer. Vamos a otro restaurante distinto, ninguno de los dos tenemos hambre ya que con el calor que hace no entra la comida, aún así comemos algo. Mi niña se empeña en pagar la cuenta y lo consigue. Salimos y volvemos al hotel a darnos una ducha para descansar un rato ya que la playa agota. Se ducha mi niña primero ya que siempre tarda más y yo menos, me tumbo en la cama mirando al techo hasta que finalmente sale y puedo entrar a dármela yo. Me ducho rápidamente y me visto, mi niña esta sobre la cama pero se mantiene despierta y algo pensativa.
–¿En qué piensas mi vida? -Digo mientras termino de colocarme el reloj en la mano y me tumbo a su lado.
–Pablo... ¿puedo hacerte una pregunta? -Me dice misteriosa.
–Por supuesto cielo, dime. -La digo mientras acaricio su melena que posa sobre la almohada.
–Si yo me quedase embarazada ¿me dejarías y volverías con Sara? -Me quedo a cuadros frente a su pregunta, la cual juro que no esperaba.
–¿Estás... estás embarazada? -Digo un poco nervioso mientras que me levanto de la cama de golpe.
–No. -Dice seca y continúa. -Ya veo que en ese caso la noticia te agradaría poco.
–¿Cómo puedes decir eso mi amor? por supuesto que no te dejaría sola en esos momentos pero somos un poco jóvenes aún para pensar en un bebé.
–¿Me dejarías para irte con ella? -Insiste.
–¿Por qué ella siempre tiene que estar presente en nuestras conversaciones? creo que he demostrado ya y en más de una ocasión que no volveré con Sara nunca y muchísimo menos en el caso de que estés embarazada, a mi no se me olvidan las cosas que ella me ha hecho. -Digo algo enfadado.
–Lo siento, no quería... -Por su cara comienzan a descender lágrimas y se va corriendo al aseo a encerrarse. En ese momento me doy cuenta de que me he pasado cuando es una tontería.
–Mi niña, abre la puerta por favor... no debí a verme puesto así, perdóname. -La digo mientras doy un pequeño golpecito a la puerta.
Sin duda he metido la pata pero bien, Sara no para de darme problemas incluso cuando no está presente. Aurora sigue en al aseo y hace caso nulo ante mis palabras, doy paseos por la habitación hasta que oigo como el cerrojo del baño se abre, sale con los ojos rojos debido a sus lágrimas. Se sienta en el borde de la cama con la cabeza entre las piernas y puedo oír sus sollozos.
–Cielo... no quería ponerme así, pero entiende que me da rabia que dudes de mi. -La digo mientras me agacho y la levanto la cabeza, no contesta. -Perdóname princesa por favor. -La digo nuevamente.
–Claro que te perdono. -Me dice mientras me acerca a su cuerpo y me abraza con fuerza.
–Lo siento mi vida, pero no quiero que hablemos de Sara, ahora solo debemos centrarnos en disfrutar de nuestra luna de miel.
–Tienes razón cariño, perdóname tu a mi también.
–Olvidemos esto ¿vale? aquí no ha pasado nada... -La digo mientras la levanto de la cama y la limpio con mis dedos algunas de sus lágrimas.
–Nunca quiero que desaparezcas de mi vida Pablo, desde que entraste en ella soy completamente feliz. -Me deja impactado ante sus palabras y no puedo evitar sonreír.
–Ni tu de la mía princesa, siempre y pase lo que pase estaremos juntos. -La digo mientras la doy un dulce beso en la frente.
Nos quedamos abrazados de pie largos minutos hasta que decidimos bajar a la piscina que tiene el hotel, después de esta riña necesitamos un poco de paz. Poco después mi móvil nos interrumpe, en la pantalla se refleja el nombre de ''mamá'' por lo tanto es ella quién me llama, presiono la tecla y contesto.
–¡Mamá! ¿cómo estáis todos por allí? estamos a punto de bajar a la piscina un rato ¿y vosotros? ¿vas a comer con Mercedes? me parece estupendo entonces, ¿quieres hablar con Aurora? vale mamá, pasarlo bien y dale un fuerte beso a la pequeña terremoto Sofi, un beso. -La paso el teléfono a Aurora y lo coge encantada.
–Hola Elena, ¿qué tal todo? ¿comer con mi madre? me encanta que os llevéis tan bien, si... me trata como una princesa. -Me mira y sonríe, continúa. -Lo estamos pasando genial Ele, gracias y dales muchos besos a todos, adiós Ele. -Se despide de mi madre y me pasa el teléfono.
–Me encanta ver que mi madre y tú os lleváis tan bien, mi madre te quiere mucho. -La digo mientras guardo el teléfono en mi bolsillo.
–Siempre está pendiente de nosotros, es un cielo de mujer y además mi madre y la tuya se han hecho amigas, han quedado para comer hoy. -Me dice mostrando su preciosa sonrisa.
–Así quiero que estés siempre. -La digo con una sonrisa.
–Te amo mi príncipe. -Me dice mientras agarra mi cara y me aproxima a sus labios para besarlos.
–Y yo mi princesa. -La digo al terminar de besarnos.
Cogemos las cosas y bajamos a la piscina como habíamos acordado mucho antes de esta pequeña riña.
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