Narrado por Pablo:
Si la vida me da a escoger entre felicidad y Aurora, me quedo sin duda con felicidad porque eso es lo que ella es para mi. Cuando regresemos a España tendré que viajar a Argentina debido a que me han salido ciertos compromisos allí, uno de ellos será ofrecer un concierto y posiblemente también tenga que ir a algunas de las radios, viajaré con Marta ya que como anuncié hace unos días será mi nueva road manager. Me cuesta mucho dejar sola a mi niña, a si que decido invitarla a venir conmigo, no pone objeción alguna al respecto, es más acepta encantada. Estando tumbados en la cama comenzamos a darnos algún que otro, besos que quieren llegar a más pero ese momento no parece el más oportuno. Suena el teléfono de Aurora que actualmente está sobre la mesilla de noche, intento evitar que conteste pero lo coge. Parece tratarse de su madre, hablan unos minutos y vuelve a dejar sobre la mesilla su móvil. Vuelvo a besarla como al principio pero definitavemente algo falla, mi móvil suena, es Casilda mi hermana. Inicio la conversación con mi hermana ya que aún no me había llamado desde que estamos aquí, me pregunta que como estamos y puedo oír a través del teléfono la voz de mi sobrinita Sofía, parece querer hablar conmigo, su madre me la pasa y puedo oír su dulce voz, es un amor de niña. La pregunto que como está, me dice que echándome de menos y que tiene muchas ganas de verme, la digo que a mi vuelta iré a verla y se despide de mi. Mi niña está muy sonrientemente y eso me encanta, la pregunto que a que se debe y me dice que la ha encantado ese lado tan paterno que siempre tengo con Sofía, una vez más nos dedicamos palabras bonitas hasta quedarnos dormidos. Abro mis ojos antes que mi niña, sigue durmiendo y por una parte mejor ya que hoy me encantaría sorprenderla de alguna manera. Me visto rápidamente y bajo a un puesto donde venden flores abajo, compro alrededor de diez ramos y voy quitando los pétalos de estas mientras que los voy poniendo sobre su cuerpo, una vez que acabo de ponerlos me pongo de rodillas en la cama y comienzo a darla besos desde su frente bajando por su cuello hasta su pecho y de ahí hasta su vientre, lugar donde me paro y decido lenvantar su camiseta mientras la beso. Sus marrones ojos se abren al notar mis labios en contacto con su piel, parece asombra ante lo que está sucediendo.
–¿Y esto? -Mira a su alrededor y ve la habitación llena de flores para ella.
–Para ti. -Le digo sonriendo.
–Nunca paras de sorprenderme, cuando más me lo espero... gracias mi vida. -Dice mientras se incorpora en la cama.
–Y tampoco quiero dejar de hacerlo princesa, esto no es nada comparado con lo que te mereces. -La digo mientras la acaricio la melena.
–Te quiero, te quiero y te vuelvo a querer. -Me dice mientras se levanta de la cama de golpe, los pétalos caen al suelo, me besa apasionadamente.
–Y yo a ti mi vida. -Digo mientras acaricio sus mejillas.
Tira de mi camisa bruscamente mientras que acaricia mi pelo, recorriendo con sus manos mi espalda de principio a fin. No para de besarme, me agarra de la mano y me levanta de golpe de la cama, cosa que logra sorprenderme. Vamos hacia el aseo, abre la puerta de este y nos metemos dentro, para unos minutos de besarme y se dirige a abrir el grifo del agua, toca el agua para ver su temperatura, vuelve a mi y continúa desnudándome y yo a ella, sus brazos rodean mi cuello al igual que acarician mi nuca, sus labios ardientes sobre cada piel, nuestras lenguas se enredan, nuestras manos se entrelazan. Nos metemos dentro del plato de ducha, la poca ropa que nos queda se moja al caer del grifo el agua. Me río ante lo que está sucediendo. La separo unos milímetros de mi para mirarla a los ojos.
–Eres una gamberra. -Muevo la cabeza y se ríe. Continúa desnudándome.
Desabrocha mi pantalón y lo desliza hasta que cae al suelo, tiro de las perneras de su pantalón empapado hasta que me deshago totalmente de él, introduzco mis manos por su camiseta mientras la atraigo contra mi cuerpo, la beso en el cuello y puedo ver perfectamente como su piel se eriza momentáneamente. Se quita la camiseta la última prenda que quedaba sobre su cuerpo. Entre besos y agua llegamos a lo más alto, me hace suyo pero más me sorprende lo que me susurra.
–Je t'aime. -Me dice con su dulce voz en un susurro. Provoca una gran sonrisa sobre mi al instante, mi cuerpo se paraliza y una lágrima desciende por mis mejillas la cual ella limpia poco después.
Salgo del plato de ducha y la doy el albornoz, no me quito de la mente esas palabras que me ha dicho hace unos momentos, es adorable. Se coloca el albornoz y la agarro de la cintura.
–¿Te he dicho que eres lo mejor del mundo ya? -Digo.
–No, pero me encanta que lo hagas. -Dice mientras se seca el pelo con la toalla.
–No tienes remedio. -Río.
Acabamos de vestirnos y bajamos a la cafetería a desayunar para después pasar un nuevo día en la playa, esta vez iremos a otra para cambiar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario