Narrado por Pablo:
Me bajo del coche, miro a ambos lados y puedo ver a un sin fin de gente que me acompañará en este día tan mágico y especial en mi vida. Voy saludando a los más cercanos hasta que mi madre viene hacia mi para que vayamos entrando a la iglesia ya que algunas personas me esperan dentro, entro cogido del brazo de mi madre con una sonrisa de oreja a oreja es inebitable no sonreír. Me pongo frente al altar mientras hecho algún que otro vistazo, está todo precioso. Mi madre permanece a mi lado ayudándome a aplacar los nervios que tengo encima, me susurra:
–Será mejor que te tranquilices, quedan quince minutos para que Aurora aparezca por esa puerta vestida de blanco.
–Mamá, ¿y si lo hago mal? ¿y si esto sale mal por no ser el hombre adecuado?
–Vamos Pablo... no digas tonterías, serás un buen marido. -Me dice mientras me acaricia la cara, sin duda mi madre es un cielo.
–No quiero que esto salga mal mamá, quiero que sea feliz. -Digo algo preocupado.
–Pablo, la vas a hacer feliz y ella a ti también, seréis felices, deja de preocuparte.-Suspira. -¿Sabes? está guapísima, y también está igual de nerviosa que tú o más, a penas a dormido...
–24h sin ella casi, quiero verla, me muero por verla vestida de blanco es algo que siempre quise.
Los minutos parecen pasar más lentos que de costumbre, no sé que hacer para calmarme. Me quedo varios minutos pensativo, sin darme cuenta se echa la hora encima, ya tiene que estar a punto de llegar, miro al frente con una gran sonrisa. Trasncurren cinco minutos, aparece por esa puerta cogida del brazo de mi padre, está sumamente increíble además de preciosa, me quedo sin palabras, noto como cada parte de mi cuerpo se paraliza al verla caminar por esa alfombra roja. Mi padre me la entrega, lo primero que hace es sonreírme, la gente comienza a ponerse en pie y observarla, llama la atención.
–Estás preciosa mi vida. -La hago saber.
–Y tú también cielo, sumamente guapo con ese traje. -Me dice con una de sus bellas sonrisas.
La ceremonia comienza, el cura narra las típicas frases que se dicen en una boda, Pablo y yo de vez en cuando nos miramos y sonreímos como dos locos enamorados. Llegamos poco a poco al momento crítico del enlace. Nos damos nuestra mano derecha y empiezo a narrar.
–Yo, Pablo Moreno, te quiero a ti Aurora como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. -Digo como puedo, comienzo a temblar pero teniendo muy claro todo esto, Aurora se emociona pero sin perder la sonrisa.
–Yo Aurora Torres, te quiero a ti Pablo como esposo y me entrego a ti, y prometo ser te fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. -Dice mientras alguna lágrima desciende por sus mejillas, sonrío.
El cura continúa, hasta llegar al momento que llevamos esperando meses y meses.
–Pablo, ¿aceptas como esposa a Aurora para amarla y respetarla todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe? -Me pregunta.
–Sí, quiero, aceptaría mil veces si fuese necesario. -Digo algo más aliviado.
–Aurora, ¿aceptas como esposo a Pablo para amarle y respetarle todos los días de tu vida hasta que la muerte os separe?
–Por supuesto que quiero padre, siempre he querido. -Dice firme.
–Puesto que nadie tiene ningún motivo para inpdir en esta boda, podéis intercambiaros las alianzas que os unirán en santo matrimonio.
Hacemos caso al cura, le pongo a Aurora en su dedo la alianza, y ella a mi en el mío, acto seguido nos miramos la mano y sonreímos.
–El señor, que hizo nacer entre vosotros el amor, confirme este
consentimiento mutuo, que habéis manifestado ante la Iglesia. Lo que
Dios ha unido, que no lo separe el hombre, puede besar a la novia.
En ese momento puedo jurar que soy el hombre más feliz del planeta, Aurora y yo nos fundimos en un cálido beso de recién casados, podemos escuchar de fondo todos los aplausos de nuestros invitados, en el beso podemos notar la sonrisa del uno del otro. Nos separamos y alguien camina por la alfombra roja, es Antonio el padre de Aurora, Aurora corre hacia él.
–¡Papá, papá! no puedo creerme que hayas venido, gracias de corazón. -Dice mientras le da un abrazo, soy inmensamente feliz, Aurora está radiante de felicidad.
–Mi pequeña, no podía faltar... si esto es lo que tú has decidido y crees que Pablo es lo mejor para ti, yo no tengo más que decir, sólo que seáis muy felices. -Dice.
–Pablo es lo que quiero y siempre he buscado, no tengo ninguna duda al respecto sobre lo que acaba de pasar, lo haría mil veces, gracias por apoyarme. -Veo a la madre de Aurora también con una gran sonrisa.
–Disfrutemos del día cielo, es tú día. -Dice el padre de Aurora.
Me acerco y le doy la mano a Antonio, él cual no duda en darnos la enhorabuena, parece otro. Salimos cogidos de la mano por la alfombra, dándonos algún que otro beso a petición de nuestros invitados, no podemos parar de sonreír. Salgo a fuera, en ese momento un montón de arroz nos cae encima, es lo típico que no podía faltar en la boda, Aurora hace el tradicional mito de lanzar el ramo de novia, la agraciada en cogerlo es Ángela. Estamos un rato fuera de la iglesia saludando, hasta que decido apartar a Aurora un poco de los invitados.
–Te amo, y esto sólo es el comienzo. -Digo mientras la beso.
–Y yo a ti mi amor, pienso desvivirme por hacerte el hombre más feliz. -Nos fundimos en un gran abrazo.
Volvemos con la gente, es hora de caminar hacia el banquete, Elena, Casilda y Ángela ayudan a Aurora con la cola del vestido, caminamos hacia el coche y son ellas mismas quién vuelven a ayudarla a meterse en el interior del coche con cuidado, nos despedimos y ponemos rumbo al restaurante, Salva es quién nos llevará.
En el trayecto volvemos a agarrarnos de la mano, nos besamos y sonreímos, sin duda los dos derrochamos felicidad por los cuatro costados, hoy como dije anteriormente es un grandioso día para todos, nadie podrá fastidiarlo.
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