Narrado por Pablo:
Me siento afortunado, después de tantos meses con mis idas y
venidas al fin tengo al lado al gran amor de mi vida. A modo de
celebración me llevo a Aurora a la casa rural donde celebramos su
cumpleaños. Nuestros cuerpos, nuestros labios, nuestras manos se han
echado de menos y necesitan volver a sentir ese contacto, necesitamos
volver a sentir que somos uno. Me muero de ganas por hacerla mía y
así se lo hago saber. Los besos han comenzado a descontrolarse de
una manera bestial al igual que nuestras agitadas respiraciones, no
podemos con las ganas ninguno de los dos. Entre tantos besos y
caricias suena su teléfono, cortándonos a más no poder la magia
del momento. Intento que no lo coja pero se zafa de mí y logra
cogerlo. Su sonrisa de hace unos instantes ha desaparecido por
completo lo cual es evidente que me preocupa. La tranquilidad se nos
ha terminado, Hugo es quien está llamándola. Está pálida, me mira
como si esperara una respuesta afirmativa por mi parte para coger el
teléfono.
– ¡Aurora! ¿Dónde demonios estás? Hace más de dos horas
que deberías estar aquí. -Le
dice con tono exigente. Hago el amago de quitarla el teléfono y
decirle cuatro cosas por tratarla así pero es ella quien poniendo su
mano en mi pecho me frena.
– Hugo... no voy a ir a Barcelona. Esto se ha terminado. -Le
dice entre palabras entrecortadas.
– ¿Perdón? ¿Cómo que se ha terminado y no vas a venir?
Amor, perdón si te he hablado mal, el no tenerte aquí me tiene
angustiado.
– Hugo he vuelto con Pablo. No puedo hacer como si nada
pasara porque en realidad si que pasa, él es la persona que yo
quiero en mi vida y va a ser el padre de mi bebé. Hugo, quiero pasar
el resto de mi vida con Pablo. -A
medida que va hablando más se suelta. -Le quiero como a
nadie he querido en esta vida... -Me
mira sonriendo. Mis ojos se abren de par en par y mi corazón late
con más intensidad. Soy feliz al escuchar esas palabras salir de su
boca. Acaricio su espalda.
– No Aurora, lo que pasa es que estás confundida. Mira,
entiendo que quizá no le hayas olvidado del todo pero yo puedo
ayudarte a sacarle de tu corazón. Aurora, yo puedo ser ese padre que
necesite tu bebé, no me importa con tal de tenerte a mi lado. -Dice
Hugo.
– ¡Por eso mismo Hugo! No quiero ni puedo dejar escapar al
hombre de mi vida.
– Eres igual que todas, una... -Deduzco
como va a terminar la frase y antes de que diga más le quito a
Aurora el teléfono.
– ¡Cállate! No tienes ningún derecho a insultarla por
mucho que te esté dejando Hugo, ningún derecho.
-Le digo con tono de pocos amigos.
– Mira imbécil, no te metas porque tú si que no tienes
derecho a destrozar nuestra relación, fuiste tú quien la dejaste
porque estaba embarazada ¿por qué vuelves Pablo? ¿Por qué? -Dice
Hugo.
– Tengo más derecho del que tú te piensas y tampoco he
jodido nada porque no habéis sido nada, ya has escuchado lo que te
ha dicho y es que no te quiere. -La
conversación empieza a salirse de tono.
– Desgraciado... te juro, que os vais a arrepentir de esto,
pero más te vas a arrepentir tú Aurora, te voy a buscar y te
aseguro que vas a volver conmigo, por las buenas o por las manos pero
tu lugar es estar a mi lado y así será, te lo prometo.
-Dice con tono amenazante. Aurora que está a mi lado lo escucha y
empieza a llorar.
– Hasta ahora estoy teniendo toda la paciencia del mundo y
más contigo Hugo pero soy yo el que te asegura que si te atreves a
hacerla algo lo vas a pagar. Búscala, rózala si quiera y te juro
que te busco por donde haga falta para partirte la cara y dejártela
irreconocible. -No le dejo que
diga más cuelgo el teléfono para ir a calmar a Aurora que ha bajado
al salón.
– Ya está mi vida, no voy a permitir
que este tipo te haga daño ¿vale? No tiene ningún derecho a
amenazarte. -La abrazo con fuerza
– Pablo, no me dejes ni un segundo sola por favor, no sé de que
es capaz pero tengo miedo. Abrázame fuerte. -La abrazo fuerte como
me pide y la susurro al oído.
– Que no te quepa duda de que no te voy a dejar sola mi niña.
-Acaricio su espalda nuevamente a modo de alivio. -Todo va a ir bien
y ¿sabes por qué? Porque estamos juntos y podemos con todo lo que
se nos ponga por delante. -Me mira pero no es capaz de sonreír.
Me cuesta hacerlo pero finalmente logro aliviarla. Poco a poco se
acerca la hora de comer, no tiene ganas de comer pero la obligo a
hacerlo, no puedo dejar que esta situación la tire al suelo.
– Mi vida, tienes que comer y mucho más con el embarazo.
-Agarro su mano.
– No tengo ganas Pablo. -Se levanta de la silla y mira por la
ventana de la cocina, la cual da a un bosque, ahí deja perder su
mirada. Me levanto y voy detrás de ella, agarrándola por la cintura
mientras que la abrazo. Puedo notar como los nervios vuelven a
apoderarse de ella dejándola intranquila.
– No tienes porque preocuparte de nada Aurora, estando aquí no
voy a quitarte el ojo de encima y cuando volvamos a casa también lo
haré, velaré por ti y porque no te pase nada.
– Ya, ¿y cuando viajes durante días y días? ¿Y cuando
tengas entrevistas? ¿Qué pasará ahí Pablo? ¿También me cuidas?
-Me dice a modo irónico. Mi cara cambia totalmente, no tarda
demasiado en percatarse. Me separo de su cintura, coloco mis manos
sobre la nuca a modo de preocupación y comienzo a caminar.
– Joder, lo siento Pablo... ¡no sé que digo! No aguanto esto.
-Viene hacia donde mi y me abraza.
– Si tienes razón... yo quizá no pueda cuidarte como quiero,
tampoco se si puedo hacerte feliz. -Digo mirando hacia otro lado.
– Mi amor, no digas eso por favor. Estoy pagando esto cuando no
tienes culpa de nada, perdóname. -Me da un ligero beso. -Yo sé que
me vas a cuidar.
– Y como bien has dicho antes, ¿qué pasará cuando viaje por
la promoción? No puedo hacer nada, este trabajo me aleja de ti.
– Pablo por favor, no pienses así. Es tu pasión y los dos
sabemos que este trabajo conlleva la distancia, pero tenemos que
saber llevarla. Me voy a saber cuidar, tranquilo.
– No Aurora, no me iría tranquilo y lo peor de todo es que en
breve voy a tener que empezar con la promoción. Aurora, voy a hablar
con Rafa. -Le digo.
– ¿Quién es Rafa Pablo? -Pregunta.
– Rafa es el chico que me acompaña a las entrevistas, él te va
a cuidar y se que lo hará bien.
– Te quiero. -Me dice.
– Perdóname si un día no supe valorarte, eres lo que más
quiero en este mundo y no voy a permitir que te hagan daño bajo
ningún concepto.
La acerco a mí, ella deposita un suave beso en mi mejilla. Y me
susurra dulcemente.
– Contra el mundo, pero juntos. -Agarra mi mano y la posa sobre
su barriga, esa barriga que día tras día más crece. No puedo
evitar sonreír al pensar en que pronto seremos una familia.