Después de la aventura de por la noche, pensé que después de tantos meses sin tenerlo cerca ya iba siendo hora de tener un poco de intimidad a si que opté por proponérselo a Pablo:
– Pablo, ¿tienes alguna cosilla de promoción por ahí para estos días?
– No, después de tantos meses fuera, ya me toca un poquito de relax, para descansar y disfrutar de los míos, pero más de ti – Me contestó con una leve sonrisa que hizo que me sintiera bien.
– Eso último me ha gustado mucho, entonces... ¿Te apetece quedarte unos días aquí? –.Le pregunté algo nerviosa, tenía miedo de que su respuesta no fuera un si.
– Claro que me apetece amor, es una de las cosas que más deseo después de tantos meses sin poder estar juntos. – Sonrío y me dio un beso en el cuello que hizo que me estremeciera aún más.
– Pfff... eres increíble cielo, aún no me creo que pueda estar viviendo esto contigo, yo que era una de esas fans que siempre soñaba con que pasaría esto, pero jamás llegué a imaginar que algún día se cumpliera...
Pablo iba a decirme algo, pero mis ganas por besarle me pudieron, le corté el habla con uno de nuestros besos, esos besos que nos dábamos y que nos dejaban sin aliento si nos descuidábamos. Tras varios instantes me contestó:
– Y yo, jamás pensé encontrar a alguien como tú, alguien que me llenara tanto como lo haces tú. - Respondió Pablo con sus manos puestas sobre mis mejillas.
– Te amo. – Pronuncié esas dos palabras mágicas y los ojos de Pablo comenzaron a brillar, una vez más había emocionado a Pablo.
– Eh, no, no te pongas así... acostúmbrate a oír esas dos palabras, porque de ahora en adelante te las pronunciaré a cada instante.- Le sequé las pequeñas lágrimas que recorrían, le sonreí y le di un dulce beso en la frente.
– Gracias. Pfff... después después de este momento tan emotivo, ¿te apetece ir a casa ya princesa? – Dijo Pablo sonriendo.
– No son merecidas, y sí me apetece ir ya a casa pero simplemente por el hecho de saber que te voy a tener a mi lado cada noche.
Tras decir esto último fuimos al coche y pusimos rumbo a casa, necesitábamos la intimad que tanto añorábamos los dos, llegamos a casa y al entrar por la puerta lo primero que pronunció fue.
– Qué bonito está todo... – Pronunció mientras observaba todo el salón.
– Y eso que no has visto todavía la mejor parte de la casa, la habitación. - Se lo susurré al oído con cierto tono picarón.
– En un rato lo vemos no te preocupes... ¿Te apetece cenar algo mi vida? - Me dijo mientras se quitaba la cazadora.
– Claro, siempre que cocines tú claro. – Le dije riendo.
– Mírala ella, que morro tiene –Dijo entre risas –. está bien hoy cocinaré yo, pero ve llamando a los bomberos no vaya a ser que incendie algo, hace mil que no uso la cocina, como siempre voy de restaurante, en restaurante... –Dijo riendo y me contagió su risa.
Mientras Pablo se metió en la cocina a preparar algo, yo aproveché y encendí el ordenador, tenía el mundo 'social' abandonado. Entré primero a Twitter y como de costumbre puse un tweet:
"Por fin lo tengo a mi lado, ahora sí... "
Dejé de twittear hace unos minutos cuando en la cronología apareció un tweet de Pablo que decía:
"¡Hola familia! ¿Cómo estáis? Yo estoy haciendo la cena para alguien muy especial para mi, espero no incendiar nada... Jajaja ¡Feliz noche! Besos y abrazos a tod@s. "
Al leer eso no pude evitar echar una carcajada, en ese momento no me importaba lo que la gente iba a comentar respecto a 'esa persona' a la cual cocinaba Pablo, osea yo. Cerré todo y fui a la cocina, entré y Pablo estaba haciendo una tortilla de patatas, entré sigilosamente y le agarré a Pablo por la espalda.
– Me encanta verte con el delantal puesto, y me encanta como huele esto. –Reí y le besé en el cuello.
– Que sepas que esto no es algo muy habitual en mi eh, eres una privilegiada. - Se giró, me agarró y me dió un beso.
– Lo sé... pero Pablo, has puesto ese tweet en Twitter y estoy segura de que te va a traer problemas... – Le dije algo preocupada.
– No te preocupes, lo nuestro ya se hizo público hace tiempo, no nos vamos a ocultar después de todo. –Me sonrió y me quedé más tranquila –. Y ahora siéntate en la mesa que ya está esto listo.
– Está bien.
Nos sentamos a cenar, pasamos toda la cena entre risas y anécdotas que nos habían ocurrido durante todo este tiempo.
– Bueno, habrá que fregar esto ahora, ¿no? – Le dije mientras metía los platos a la fregadero.
–¿Fregar, ahora? –Rió –. ¿Estás loca? esto puede esperar... ahora tú y yo tenemos otros planes mas importantes. – Se acercó a mi, y me quitó todos los platos de la mano.
– Loco estás tu. –Me reí –. No enserio, esto hay que fregarlo, sabes de sobra que no puedo dejar todo de cualquier manera.
– No, no... te repito, eso puede esperar.
– Vale, está bien, tú ganas, vamos a dormir que ya va siendo hora, se ha hecho tardísimo...
Le dije observando el reloj, fuimos a la habitación y mientras que buscaba en el armario mi pijama vi como Pablo tumbado en la cama se mordía el labio:
– Estás juguetón eh... – No pude evitar reír ante aquella situación.
– No lo sabes tú bien... – Se acercó a mi y me susurró:
–No sabes la de veces que he soñado con volver a tenerte entre mis brazos. –De repente se me vino a la cabeza lo de Salva y rápidamente hizo que cambiara mi rostro.
– ¿Qué pasa mi niña? no... ¿no quieres hacerlo? – Dijo Pablo con cierto tono de preocupación.
– No, no es eso cielo, solo que me había quedado pensativa, pero no es nada... – No podía ocultarlo, me estaba muriendo por dentro.
– ¿De verdad que no te pasa nada Aurora? Te noto así desde la fiesta y si te pasa algo sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad?
– De verdad, anda ven...
Agarré su mano y lo atraje hasta a mi, lo abracé y me dejé llevar una vez más por la pasión. Suavemente deslicé mis manos por su torso hasta levantarle la camiseta y después hasta el botón de su pantalón, sin dejar de besarnos. Después él me desabrochó el sujetador hasta quedar completamente desnudos. Como añoraba esas noches donde lo único que se oía era nuestra respiración agitada, donde nuestros cuerpos se fundían y se convertían en uno hasta quedarnos completamente dormidos.
29.10.12
28.10.12
Cap. 36: ¿Puedo besarte?
Pasaron las semanas y por fin llegó el día. El día para verle. Llevaba casi dos meses sin verlo. Si, Pablo y yo hablamos sobre un mes pero el viaje y las grabaciones se retrasaron. Dos meses sin un solo abrazo de él. Le necesitaba mucho, demasiado y tenía miedo de que las cosas no volvieran a ser como antes. Habíamos mantenido el contacto. No todos los días pero si que de muy vez en cuando y siempre, siempre le notaba contento y feliz. Y eso me motivaba.
Ya estaba preparada, bueno... estábamos preparados. La familia de Pablo y yo decidimos de prepararle una fiesta de bienvenida. No era una fiesta a lo grande, era una pequeña reunión con sus padres y sus hermanos pero muy especial ya que celebrábamos su vuelta y ese premio que recibió estando en México. Sus padres eran muy buenos conmigo. No dudaron en llamarme para que les ayudara con los preparativos y eso me daba mucha más confianza. Nos sentamos todos juntos en el salón. Yo en el sofá con las dos pequeñas y sus padres en otro. También estaba Salvador. No me molestaba su presencia pero intentaba no estar a su lado en ningún momento. Prefería guardar las distancias.
Cada vez estaba más nerviosa. Sentía como el corazón me iba a salir del pecho. Apenas podía tragar y no paraba de mirar el reloj. ¿Porqué estaba tan nerviosa? No tenía ni idea. Era la misma sensación que sentí el día del concierto; esas ganas increíbles de verle sobre el escenario y esa emoción de estar a unos metros de él. Movía la pierna sin parar y decidí de salir a tomar el aire a la terraza. Desde allí no se escuchaba nada. Solo se veía a lo lejos el mar. Eran las 8:30 de la tarde. Como estábamos en verano, aún brillaba bastante el sol. Sentía una suave brisa en la cara y me dejé llevar por la paz de ese sitio. ¿Se había parado el tiempo? Daba la sensación de que sí. Unas manos en mi cintura me sobresaltaron. Miré hacía abajo y pude reconocer esas manos. Pablo estaba de nuevo a centímetros de mi. Ahí fue cuando sentí como el corazón se me aceleraba más y más. Su barbilla rozó mi cuello y me estremecí. Giré suavemente mi cabeza y le miré unos segundos. Estaba más moreno y se había cortado el pelo un poco. Guapísimo.
– Te he echado de menos... – Me dijo casi en un susurro.
Yo me giré completamente y le abracé, le abracé como si fuera la última vez. El abrazo duró unos largos segundos y fue muy tierno y cálido.
– No sabes las ganas que tenía de esto. – Le dije juntando sus manos con las mías.
– Estás guapísima. – Me tocó el pelo y me sonrió, parecía muy contento, como yo –. No me creo que te tenga aquí conmigo de nuevo. – Dijo Pablo.
Acto seguido coloca mis manos en su espalda y me vuelve abrazar. Me da un beso en la cabeza y me eleva la barbilla.
– ¿Puedo besarte?
– ¿Lo dudas? – Me reí y pasé mi mano por su cuello para que sus labios se apoyaran en los míos. ¿Mariposas en el estómago? Si, eso me hacía sentir Pablo.
La voz de Elena llamando a Pablo nos interrumpió y nos separamos un poco, pero sin soltarnos. Y pensaba estar así todo lo que quedaba de día, y de noche.
Entramos dentro. Al parecer cuando yo salí fuera a despejarme, Pablo llegó. No me di cuenta ya que no se escuchaba nada. Me había dado una gran sorpresa, una de las mejores que había tenido.
Las dos pequeñas se abalanzaron hacia Pablo y él entre risas se agachó y las cogió a las dos. Las quería mucho, y estaba claro que ellas a su tío igual. Estaban locas con él y no me extrañaba en absoluto ya que Pablo era un encanto. Esa faceta tan paternal de Pablo la veía tan pocas veces que siempre que le veía con algunas de sus 'niñas', como él decía, lo observaba con admiración. Me preguntaba si algún día le vería igual, pero con nuestros propios hijos.
La tarde fue bastante bien. En algunos momentos Pablo y yo nos escapábamos a la cocina con la excusa de ayudar con las bebidas y la comida, pero en realidad solo queríamos un poco de intimidad. Y yo un poco de sus besos.
A la noche Pablo cogió la guitarra y se sentó en el sofá. Nos iba a deleitar con un pequeño concierto, pero desde donde empezó todo, el sofá de su casa. Nos cantó dos o tres canciones y en cada final de ellas aplaudíamos y él me regalaba algún que otro besito.
Ternura y cariño. Y eso era lo que transmitía esa familia. Los admiraba. Yo ya no iba a tener nada de eso y me entristecí. Pablo lo notó. Me miró y sonrió y vi como me señalaba el pasillo que llevaba a la terraza.
– Se está bien aquí – Le dije, y él me cogió la mano, observando de nuevo aquellas preciosas vistas pero esta vez, con la luz de la luna iluminando sus ojos.
– ¿Qué te pasa?
– ¿A mi? Nada. ¿Por qué lo dices?
– Estás triste, te lo noto – Tenía razón. Pero intenté negarlo.
– Pablo, ¿cómo voy a estar triste si acabas de llegar después de dos meses? – Le sonreí.
– Aurora... – Me miró y sonrió a la vez que me apartaba el mechón de pelo de la cara –. A mi no me engañas. Estas como ausente, tus ojos están tristes. Algo te ha pasado.
– No es nada Pablo... Solo es que he recordado que mis padres ya no están juntos, que ya no somos una familia... y bueno, tu familia es perfecta.
– ¿Mi familia? ¿Hablarás de nuestra familia, no? –Me rodeó con sus brazos, mirando los dos hacia el frente.
– Ya sabes a que me refiero...
– Mírame –Me dijo firmemente.
Me giré a mi derecha y vi sus ojos clavados en los míos.
–Tu formas parte de esta familia. ¿Vale?
Eso me saco una sonrisa. Sonó sincero, lo dijo de verdad. Me di cuenta de que estaba siendo una egoísta. Él había vuelto, después de dos meses sin vernos debería de estar dando saltos de alegría. Así que sonreí, le besé e intenté olvidar todo. Se me pasó por la cabeza una idea. Era algo loco, pero a Pablo le encantaban las travesuras.
–Pablo, si te digo que te vengas a un lugar conmigo, ¿lo harías?
– Al fin del mundo si hiciera falta. –Sonrió tiernamente y me besó en la mejilla.
–Vamos a escaparnos. Esta noche, tu y yo solos. ¿Qué te parece?
–La mejor idea del mundo. Ven, vamos a despedirnos.
–¿Y no te digo a donde vamos?
– No, por que yo si lo se, tu no.
–Se suponía que eras tu el que se iba a llevar la sorpresa.
–Te equivocas señorita, ahora es usted la que no sabe a donde va. ¿Está segura de que quiere venir conmigo? –Me ofreció la mano y me guiño el ojo.
–A pesar de que has robado mi idea... estoy muy segura. –Sonreí.
Bajé del coche y me encontré en un lugar totalmente desconocido para mi. Estábamos rodeados de árboles y se escuchaba una infinidad de sonidos los cuales no era capaz de descifrar.
–¿Donde estamos Pablo?
–Ven, aún no hemos llegado.
–No se ve nada.
Era de noche, la oscuridad reinaba y un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo. Le di la mano a Pablo y le seguí el paso. No me quería separar de él. Después de unos minutos andando, Pablo se colocó enfrente mía.
–Cierra los ojos. –Me pidió.
–Esta bien.
–Ya vengo.
–No... ¡no tardes!
Y me quedé sola. Tenía los ojos cerrados, como me había pedido Pablo, pero no aguantaría mucho. Tenía miedo. Aunque sabía que Pablo no tardaría, no me gustaba la idea de quedarme sola allí. Pasados unos minutos, noté en mi cintura unas manos. Me asusté y grité. Era Pablo.
–Idiota, me has asustado...
–No pretendía eso, tonta. –Nos reímos a la vez – Vamos, cierra los ojos.
Cerré los ojos y empecé a andar con él agarrándome de la cintura. Llegamos en unos segundos y al abrir los ojos me encontré con un camino echo de pétalos de rosas. Miré a Pablo totalmente sorprendida y me cogió de la mano.
–¿Seguimos?
Le contesté con un movimiento de cabeza y seguimos andando. En el final de aquél precioso camino echo por Pablo, había una sábana, una carta y una guitarra. Nos sentamos y cogí la carta.
<< Dicen que la primera vez que haces algo nunca se olvida. ¿Te acuerdas de nuestro primer beso? Si miras detrás de ti, y te fijas bien, verás el lago. Frente a él te besé por primera vez. Frente a él comenzamos esta historia, nuestra historia. >>
Me había quedado sin palabras. Miré detrás de mi y lo vi, era verdad. Yo si había venido aquí y vine con Pablo. Nuestro primer beso... Le miré y los ojos me empezaron a brillar. El detalle de traerme aquí me había emocionado. Abrió sus brazos y me acogió en ellos.
–Gracias... – Le susurré.
–Gracias a ti por cambiar mi vida.
–Jamás olvidaré esto. No te vayas nunca de mi lado, por favor.
–Siempre estaré a tu lado Aurora.
–¿Me lo prometes?
–Te lo prometo.
Me abracé más a él. Sentía su calor y su corazón latir. Mis manos acariciaban sus perfectos y definidos pectorales. Como lo había echado de menos. Como había echado de menos sentirme tan protegida, tan especial. Unos segundos más así y me quedaba durmiendo en sus brazos así que le miré y le besé con ganas. Cada vez con más intensidad. Se notaba el calor de nuestros cuerpos, las ganas de volverse a juntar formando uno. Pablo se quitó la camiseta y me apoyó en la sábana. Nuestros cuerpos pedían más. Nuestra respiración se iba acelerando después de cada beso y la pasión se desató entre nosotros. Pero una luz a lo lejos nos sobresaltó y nos levantamos rápidamente.
–Ahí hay alguien Pablo. –Le dije en un susurro. Se veía la luz de una linterna y los pasos de una persona.
– Vámonos, corre. –Pablo se levantó rápidamente y cogió las cosas. Nos empezamos a reír y nos fuimos corriendo hacia el coche. Pablo iba sin camiseta y con los pelos revoloteados. Me encantaba.
–Que oportuno... –Dijo mientras arrancaba el coche.
–Casi nos pillan.
–Ha estado bien. -Se ríe.
–Pablo, ¿y tu camiseta?
–Perfecto, se ha quedado allí.
–¿Quieres que vaya a por ella?
–No, no importa. Es mejor que nos vayamos ya.
–Está bien... pero ahora no se a donde vamos a ir contigo provocando de esa manera. –Me reí.
–Vamos a mi casa, a estas horas ya tienen que estar mis padres durmiendo.
–Anda, vamos...
Sonreí y Pablo puso rumbo a su casa. Llegamos y fui a darme una ducha mientras Pablo leía algunos mensajes de las fans. Al salir me encontré a Pablo durmiendo en el sofá. El móvil se había caído al suelo así que lo coloqué en la mesa y fui a por una manta. Pensaba en despertarlo para que se viniera a la cama pero desprendía tanta dulzura que preferí dejarlo dormir. El día había sido muy largo y él estaba agotado. Le di un beso en la frente y apagué las luces. Yo también estaba agotada así que me eché en la cama y me dejé llevar por el sueño.
Ya estaba preparada, bueno... estábamos preparados. La familia de Pablo y yo decidimos de prepararle una fiesta de bienvenida. No era una fiesta a lo grande, era una pequeña reunión con sus padres y sus hermanos pero muy especial ya que celebrábamos su vuelta y ese premio que recibió estando en México. Sus padres eran muy buenos conmigo. No dudaron en llamarme para que les ayudara con los preparativos y eso me daba mucha más confianza. Nos sentamos todos juntos en el salón. Yo en el sofá con las dos pequeñas y sus padres en otro. También estaba Salvador. No me molestaba su presencia pero intentaba no estar a su lado en ningún momento. Prefería guardar las distancias.
Cada vez estaba más nerviosa. Sentía como el corazón me iba a salir del pecho. Apenas podía tragar y no paraba de mirar el reloj. ¿Porqué estaba tan nerviosa? No tenía ni idea. Era la misma sensación que sentí el día del concierto; esas ganas increíbles de verle sobre el escenario y esa emoción de estar a unos metros de él. Movía la pierna sin parar y decidí de salir a tomar el aire a la terraza. Desde allí no se escuchaba nada. Solo se veía a lo lejos el mar. Eran las 8:30 de la tarde. Como estábamos en verano, aún brillaba bastante el sol. Sentía una suave brisa en la cara y me dejé llevar por la paz de ese sitio. ¿Se había parado el tiempo? Daba la sensación de que sí. Unas manos en mi cintura me sobresaltaron. Miré hacía abajo y pude reconocer esas manos. Pablo estaba de nuevo a centímetros de mi. Ahí fue cuando sentí como el corazón se me aceleraba más y más. Su barbilla rozó mi cuello y me estremecí. Giré suavemente mi cabeza y le miré unos segundos. Estaba más moreno y se había cortado el pelo un poco. Guapísimo.
– Te he echado de menos... – Me dijo casi en un susurro.
Yo me giré completamente y le abracé, le abracé como si fuera la última vez. El abrazo duró unos largos segundos y fue muy tierno y cálido.
– No sabes las ganas que tenía de esto. – Le dije juntando sus manos con las mías.
– Estás guapísima. – Me tocó el pelo y me sonrió, parecía muy contento, como yo –. No me creo que te tenga aquí conmigo de nuevo. – Dijo Pablo.
Acto seguido coloca mis manos en su espalda y me vuelve abrazar. Me da un beso en la cabeza y me eleva la barbilla.
– ¿Puedo besarte?
– ¿Lo dudas? – Me reí y pasé mi mano por su cuello para que sus labios se apoyaran en los míos. ¿Mariposas en el estómago? Si, eso me hacía sentir Pablo.
La voz de Elena llamando a Pablo nos interrumpió y nos separamos un poco, pero sin soltarnos. Y pensaba estar así todo lo que quedaba de día, y de noche.
Entramos dentro. Al parecer cuando yo salí fuera a despejarme, Pablo llegó. No me di cuenta ya que no se escuchaba nada. Me había dado una gran sorpresa, una de las mejores que había tenido.
Las dos pequeñas se abalanzaron hacia Pablo y él entre risas se agachó y las cogió a las dos. Las quería mucho, y estaba claro que ellas a su tío igual. Estaban locas con él y no me extrañaba en absoluto ya que Pablo era un encanto. Esa faceta tan paternal de Pablo la veía tan pocas veces que siempre que le veía con algunas de sus 'niñas', como él decía, lo observaba con admiración. Me preguntaba si algún día le vería igual, pero con nuestros propios hijos.
La tarde fue bastante bien. En algunos momentos Pablo y yo nos escapábamos a la cocina con la excusa de ayudar con las bebidas y la comida, pero en realidad solo queríamos un poco de intimidad. Y yo un poco de sus besos.
A la noche Pablo cogió la guitarra y se sentó en el sofá. Nos iba a deleitar con un pequeño concierto, pero desde donde empezó todo, el sofá de su casa. Nos cantó dos o tres canciones y en cada final de ellas aplaudíamos y él me regalaba algún que otro besito.
Ternura y cariño. Y eso era lo que transmitía esa familia. Los admiraba. Yo ya no iba a tener nada de eso y me entristecí. Pablo lo notó. Me miró y sonrió y vi como me señalaba el pasillo que llevaba a la terraza.
– Se está bien aquí – Le dije, y él me cogió la mano, observando de nuevo aquellas preciosas vistas pero esta vez, con la luz de la luna iluminando sus ojos.
– ¿Qué te pasa?
– ¿A mi? Nada. ¿Por qué lo dices?
– Estás triste, te lo noto – Tenía razón. Pero intenté negarlo.
– Pablo, ¿cómo voy a estar triste si acabas de llegar después de dos meses? – Le sonreí.
– Aurora... – Me miró y sonrió a la vez que me apartaba el mechón de pelo de la cara –. A mi no me engañas. Estas como ausente, tus ojos están tristes. Algo te ha pasado.
– No es nada Pablo... Solo es que he recordado que mis padres ya no están juntos, que ya no somos una familia... y bueno, tu familia es perfecta.
– ¿Mi familia? ¿Hablarás de nuestra familia, no? –Me rodeó con sus brazos, mirando los dos hacia el frente.
– Ya sabes a que me refiero...
– Mírame –Me dijo firmemente.
Me giré a mi derecha y vi sus ojos clavados en los míos.
–Tu formas parte de esta familia. ¿Vale?
Eso me saco una sonrisa. Sonó sincero, lo dijo de verdad. Me di cuenta de que estaba siendo una egoísta. Él había vuelto, después de dos meses sin vernos debería de estar dando saltos de alegría. Así que sonreí, le besé e intenté olvidar todo. Se me pasó por la cabeza una idea. Era algo loco, pero a Pablo le encantaban las travesuras.
–Pablo, si te digo que te vengas a un lugar conmigo, ¿lo harías?
– Al fin del mundo si hiciera falta. –Sonrió tiernamente y me besó en la mejilla.
–Vamos a escaparnos. Esta noche, tu y yo solos. ¿Qué te parece?
–La mejor idea del mundo. Ven, vamos a despedirnos.
–¿Y no te digo a donde vamos?
– No, por que yo si lo se, tu no.
–Se suponía que eras tu el que se iba a llevar la sorpresa.
–Te equivocas señorita, ahora es usted la que no sabe a donde va. ¿Está segura de que quiere venir conmigo? –Me ofreció la mano y me guiño el ojo.
–A pesar de que has robado mi idea... estoy muy segura. –Sonreí.
Bajé del coche y me encontré en un lugar totalmente desconocido para mi. Estábamos rodeados de árboles y se escuchaba una infinidad de sonidos los cuales no era capaz de descifrar.
–¿Donde estamos Pablo?
–Ven, aún no hemos llegado.
–No se ve nada.
Era de noche, la oscuridad reinaba y un extraño escalofrío me recorrió el cuerpo. Le di la mano a Pablo y le seguí el paso. No me quería separar de él. Después de unos minutos andando, Pablo se colocó enfrente mía.
–Cierra los ojos. –Me pidió.
–Esta bien.
–Ya vengo.
–No... ¡no tardes!
Y me quedé sola. Tenía los ojos cerrados, como me había pedido Pablo, pero no aguantaría mucho. Tenía miedo. Aunque sabía que Pablo no tardaría, no me gustaba la idea de quedarme sola allí. Pasados unos minutos, noté en mi cintura unas manos. Me asusté y grité. Era Pablo.
–Idiota, me has asustado...
–No pretendía eso, tonta. –Nos reímos a la vez – Vamos, cierra los ojos.
Cerré los ojos y empecé a andar con él agarrándome de la cintura. Llegamos en unos segundos y al abrir los ojos me encontré con un camino echo de pétalos de rosas. Miré a Pablo totalmente sorprendida y me cogió de la mano.
–¿Seguimos?
Le contesté con un movimiento de cabeza y seguimos andando. En el final de aquél precioso camino echo por Pablo, había una sábana, una carta y una guitarra. Nos sentamos y cogí la carta.
<< Dicen que la primera vez que haces algo nunca se olvida. ¿Te acuerdas de nuestro primer beso? Si miras detrás de ti, y te fijas bien, verás el lago. Frente a él te besé por primera vez. Frente a él comenzamos esta historia, nuestra historia. >>
Me había quedado sin palabras. Miré detrás de mi y lo vi, era verdad. Yo si había venido aquí y vine con Pablo. Nuestro primer beso... Le miré y los ojos me empezaron a brillar. El detalle de traerme aquí me había emocionado. Abrió sus brazos y me acogió en ellos.
–Gracias... – Le susurré.
–Gracias a ti por cambiar mi vida.
–Jamás olvidaré esto. No te vayas nunca de mi lado, por favor.
–Siempre estaré a tu lado Aurora.
–¿Me lo prometes?
–Te lo prometo.
Me abracé más a él. Sentía su calor y su corazón latir. Mis manos acariciaban sus perfectos y definidos pectorales. Como lo había echado de menos. Como había echado de menos sentirme tan protegida, tan especial. Unos segundos más así y me quedaba durmiendo en sus brazos así que le miré y le besé con ganas. Cada vez con más intensidad. Se notaba el calor de nuestros cuerpos, las ganas de volverse a juntar formando uno. Pablo se quitó la camiseta y me apoyó en la sábana. Nuestros cuerpos pedían más. Nuestra respiración se iba acelerando después de cada beso y la pasión se desató entre nosotros. Pero una luz a lo lejos nos sobresaltó y nos levantamos rápidamente.
–Ahí hay alguien Pablo. –Le dije en un susurro. Se veía la luz de una linterna y los pasos de una persona.
– Vámonos, corre. –Pablo se levantó rápidamente y cogió las cosas. Nos empezamos a reír y nos fuimos corriendo hacia el coche. Pablo iba sin camiseta y con los pelos revoloteados. Me encantaba.
–Que oportuno... –Dijo mientras arrancaba el coche.
–Casi nos pillan.
–Ha estado bien. -Se ríe.
–Pablo, ¿y tu camiseta?
–Perfecto, se ha quedado allí.
–¿Quieres que vaya a por ella?
–No, no importa. Es mejor que nos vayamos ya.
–Está bien... pero ahora no se a donde vamos a ir contigo provocando de esa manera. –Me reí.
–Vamos a mi casa, a estas horas ya tienen que estar mis padres durmiendo.
–Anda, vamos...
Sonreí y Pablo puso rumbo a su casa. Llegamos y fui a darme una ducha mientras Pablo leía algunos mensajes de las fans. Al salir me encontré a Pablo durmiendo en el sofá. El móvil se había caído al suelo así que lo coloqué en la mesa y fui a por una manta. Pensaba en despertarlo para que se viniera a la cama pero desprendía tanta dulzura que preferí dejarlo dormir. El día había sido muy largo y él estaba agotado. Le di un beso en la frente y apagué las luces. Yo también estaba agotada así que me eché en la cama y me dejé llevar por el sueño.
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