1 semana después...
A la mañana siguiente desperté en aquella cama, la cual compartía con él... tras una semana sin su presencia seguía extrañando su todo su ser, la almohada todavía mantenía su dulce aroma. Me levanté con los ánimos por los suelos, y desayuné tranquilamente y sin prisas, hoy tenía ganas de casa. Estudié unas horas, en los próximos días iba a tener algún que otro examen difícil y debía ponerme las pilas. Mientras estudiaba sonó mi teléfono, era Pablo, decidí cogérselo:
–Hola. -Oí al otro lado del teléfono.
–No sé para que me llamarás, pero creo que te he dejado las cosas claras ya... -Contesté molesta.
–Lo sé, sé que he sido un cabronazo contigo, debí contártelo yo, pero tenía miedo...
–Eso deberías habértelo pensado antes de ponerte hasta atrás de alcohol y acostarse con Sara.
–No quiero hablar esto contigo por aquí, ¿puedo ir a verte? por favor...
–Pablo, no, sé como acabará esto, no quiero verte... -Aunque el fondo me moría de ganas de hacerlo, pero por el momento era mejor dejar las cosas así,
–Por favor... déjame explicarte, por favor Aurora, sólo te pido eso.
–Está bien... dejaré que te expliques.
–Gracias Aurora, en unos minutos estoy allí.
Me quedé pensativa, dudaba si había hecho lo correcto o no, ya daba igual, Pablo estaba de camino. Sonó el timbre, y allí estaba él, pantalones vaqueros, camiseta ajustada negra... estaba guapísimo, como siempre.
–Hola. -Me dio dos besos.
–Hola. -Me mostré cortante y fría.
–¿Puedo pasar?
–Adelante.
Entramos y nos sentamos en el salón...
–Aurora, estoy completamente destrozado, he cancelado toda la promoción...
–Pablo, los fans no tienen la culpa de lo que te pasa a ti en tú vida personal, no se merecen esto.
–Lo sé, pero quiero ocuparme de ti, recuperar el tiempo perdido, quiero que me perdones, quiero llegar a esta casa, nuestra casa, y que me beses, y me cuentes como te ha ido el día Aurora...
–Pablo no... esto se ha acabado ya, y lo tenemos que aceptar, yo te deseo lo mejor del mundo.
–Aurora, no me acosté con Sara por que quise, estaba hasta atrás de alcohol, no entiendo que me pasó, me sentía completamente abatido por lo tuyo con Salva, me arrepiento de lo que pasó con Sara, si pudiera retroceder el maldito tiempo... -Comenzó a llorar sin a penas terminar la frase.
–Eiii... no llores ¿Vale? se me parte el alma viendote así. -Sequé sus lágrimas.
–Aurora, tienes que creerme por favor, yo te quiero a ti... -Contestó sin dejar de llorar.
–Ven, no llores. -Lo acerqué a mi pecho y segundos después lo besé con dulzura.
–Me... me, ¿Me perdonas? -Dijo nervioso.
–Claro que te perdono tonto. -Ambos sonreímos.
Nos fundimos en un largo abrazo, se notaba que los dos deseábamos un reencuentro con nuestros besos y caricias de siempre... nos tumbamos en el sofá y simplemente nos mirábamos y sonreíamos. Poco después envié un WhatSapp a Sara y la cité en un bar no muy lejos de donde yo vivía, era hora de dejarla las cosas claras. No avisé a Pablo de que iba a salir, ya que se empeñaría en dejar las cosas como están, él siguió profundamente dormido, lo di un leve beso y salí de casa.
–Hola. -Me mostré firme.
–¿Tú eres Aurora, la ex novia de Pablo verdad? -Sonrió con una sonrisa que mostraba falsedad.
–Sí, soy Aurora, pero... ¿Ex? creo que te equivocas, y mucho...
–¿Cómo que me equivoco? Tú y él... ¿No...?
–No, Pablo y yo estamos juntos, si eso es lo que te interesa saber... sé que me contaste lo que pasó aquella noche para joder a Pablo y sobre todo para joder nuestra maravillosa relación, porque... ¿Sabes unas cosa? en el fondo, te mueres de envidia de que tú no seas la que ocupe mi lugar en su vida... y si, tenemos nuestros problemas, como todas las parejas, pero te repito, nuestra relación es maravillosa, es, y será porque lo nuestro será para siempre, en el fondo te agradezco que hagas estos 'espectáculos' porque haces que mi relación con él se refuerce más.
–¿Ya te ha vendido el cuento de que sólo te quiere a ti verdad? venga ya... -Empezó a reír, en el fondo sabía que mis palabras la herían.
–Lo que a mi me diga, y lo que yo me crea, no te incumbe... yo no te he citado aquí para contarte mi vida, te he llamado para que ahora que ya sabes que estamos juntos de nuevo, no intentes volver a joder nuestra relación, y espero que tampoco se te ocurra escribirle nada, ¿entiendes?
–Si Pablo se acostó conmigo fue porque quiso, que no te venda el cuento de que no lo hizo conscientemente, él sigue sintiendo algo por mi.
–¿Quieres un consejo 'amiga'? no te engañes, las dos sabemos que él estaba borracho, y que no te quiere... te quiso en un futuro, pero ahora te puedo asegurar que no tiene ningún sentimiento hacía ti, sólo tenía uno, el de amistad, y tú te encargaste de romperlo cuando me contaste aquello, ahora ya ni eso.
–Yo no me encargué de romper nada, fue él quién me usó para una noche.
–Culpable tú por bajarte las bragas tan rápido. No tengo más que decirte, espero que de ahora en adelante, ni le llames, ni le hables por WhatSapp, ¿Te queda claro? no te lo diré dos veces.
Ahhh y... ¿Por qué me preguntas si era Aurora, la ex novia de Pablo, novia o no novia, ya creo que me conoces suficiente para reconocerme... no me creo tus cuentos Sara, y te repito, más te vale que no intentes hacer nada nuevo para amargar a Pablo...
Me levanté con la cabeza bien alta y me marché de allí, dejándola con la palabra en la boca. Eran las 20:00 H de la tarde, Pablo estaría preocupado, por lo tanto aceleré el paso para llegar lo antes posible.
–¿Hola? -Dije nada más abrir la puerta.
–Hola amor. -Vino rápidamente a saludarme cariñosamente.
–Hola cielo, ¿Qué tal tú siesta?
–Mi siesta bien, pero cuando desperté ya no estabas... ¿dónde fuiste?
–No te voy a mentir, he ido a hablar con Sara, tenía que decirla 4 cosas.
–No debías de haberlo hecho...
–¿Por qué Pablo? es ella quién tiene que entender que en esta historia sobra.
–Sara es muy terca, volverá a intentarlo, inventará cosas, la conozco y...
–Shhh... no tienes de que preocuparte, la he dejado más que claro que tú dueña soy yo. -Reí con eso último que dije.
–Gracias por quererme así, y ser conmigo así de generosa, gracias por darme otra oportunidad... -Sonrió acariciando mis mejillas.
–¿Acaso creías que te iba a dejar libre para que una lagartona ocupase mi lugar? ni loca... yo los para siempre, los cumplo y contigo será así.
–Yo sólo quiero hacerte feliz.
–Ya lo haces tontito... bésame. -Le pedí acariciando sus manos.
Nos besamos como dos locos enamorados, con pasión, con amor... por fin las cosas volverían a ser igual que antes, no me imaginaba una vida sin él, él le da aliento a mi vida...
Narrado por Pablo:
En estos momentos, me siento completamente feliz, vuelvo a sentirme completo, he vuelto con ella, la mujer de mi vida, por la que hago cualquier cosa. No me cabe duda de que ella siente las mismas cosas por mi, no tengo dudas, quiero pasar el resto de mi vida a su lado. No quiero hacer nada más que tumbarme a su lado en el sofá y jugar con su pelo, quiero sus caricias recorriendo lentamente mi piel, entrelazar mis manos con su pelo perdiéndome en ese aroma que me vuelve completamente loco. Quiero hacerla mía una y otra vez.
Sentados en el sofá me pierdo en su cuello, poso mis labios en su cuello, provocando que su piel se erice al sentir mis caricias, me dejó llevar dulcemente, ella no se impone y también se deja llevar por el deseo que desatan nuestros cuerpos, piden nuevamente juntarse y fusionarse solamente en uno.
Narrado por Aurora:
Me dejo llevar por las caricias que recorren mi cuerpo, el deseo me llama otra vez... Pablo me coge en brazos y me lleva
hasta nuestra cama, desliza sus manos por mis caderas, besando
suavemente cada parte de piel, sin dejar nada atrás, lo hace con
cuidado, con cariño, con mucho amor... me baja la cremallera del vestido despacio, sin dejar de besarme, sin prisa... tira de él para bajo hasta deshacerse de él, desabrocha con delicadeza el broche del sujetador hasta que por fin logra quitarmelo del todo. Ahora soy yo quién toma las riendas, desabrocho el botón de su pantalón hasta que cae al suelo, acto seguido meto mis manos por debajo de su camiseta, la subo hasta sus brazos y él me ayuda a deshacerme de ésta. Ya estamos ambos completamente desnudos, vivimos nuevamente una de esas noches donde me hace completamente suya, donde solo se oye nuestra respiración agitada...
Me quedo apoyada en su pecho, acariciándolo con la punta de mis dedos, sin decir nada. Minutos después se levanta de la cama
–¿Te ha venido la inspiración para componer? -Reí.
–Quiero dedicarte una de mis canciones. -Sonrió.
Comenzó con aquellos maravillosos acordes de aquella maravillosa canción 'Tanto'.
-Enséñame a rozarte lento, quiero aprender a quererte de nuevo...
Cada detalle de Pablo me alucinaba más, era un un amor... acabó de tocar la canción, no sabía que hacer, ni decir, me quedé completamente sorprendida, era algo que no me esperaba, me emocioné.
–¿Te ha gustado mi niña? -Preguntó mientras secaba mis lágrimas con sus dedos.
–No hay nada que no me guste viniendo de ti, gracias. -Lo besé.
–Te amo mi princesa.
–Y yo a ti mi príncipe.
Tras aquél momento mágico, nos quedamos dormidos, tanto el uno como el otro necesitabamos descansar, había sido un día agotador.
29.12.12
27.12.12
Cap. 48: ¿Por qué tú?
Nos despertamos algo cansados aún, Pablo se llevó a Sofía al parque y yo ayudé a Elena a preparar la comida de Navidad. Elena era una mujer encantadora, siempre se preocupaba de mi, me trataba genial y eso me encantaba. Colocamos nuevamente todos los comensales en la mesa, mis nervios ya no existían. Empezaron a llegar los invitados y con ellos Pablo y Sofía que justo llegaban del parque.
–Hola amor. -Se acercó y me besó.
–Hola cielo, ya estamos todos, vamos a comer. -Dije sonrientemente.
Comimos todos tranquilamente en aquél precioso comedor, fue una comida navidad amena como en cualquier otra casa. Estuvimos hablando un buen rato con todos, y a eso de las 18:30 nos despedimos de ellos y nos fuimos nuevamente Pablo y yo a nuestra casa, estábamos realmente agotados. Pablo se tumbó en el sofá y estuvo leyendo a sus fans en Twitter, yo aproveché y recogí algunas cosas de la habitación, cuando de repente sonó mi móvil, era un WhatSapp, era ella, Sara, me senté en el borde de la cama a leer su mensaje, un mensaje que me dejó inquieta, descolocada... decía así:
No podía creer lo que mis ojos estaban leyendo, Pablo me había puesto los cuernos con Sara, ¿Por qué me hacía esto justo ahora que estábamos más o menos bien? me armé de valor, abrí la puerta de la habitación con una mezcla de rabia, dolor y decepción y fui a preguntarle a él que seguía tumbado en el sofá.
–Pablo, ¿Por qué me haces esto? -Dije intentando aguantar mis ganas de llorar.
–¿De que hablas?
–¡Venga ya Pablo! Deja de hacerte el que no sabes nada, lo se todo, se que te has acostado con Sara. -Dije enfurecida.
–¿Qué? -Dijo acomodándose en el sofá.
–No sigas mintiendo por favor te lo pido... ¡Mira lo que me ha mandado tú amante! -Dije alzando la voz, a punto de romper a llorar y mostrándole el mensaje.
–Yo Aurora... no... -Contestó Pablo sin saber como reaccionar.
–¿Tu qué Pablo? ¿Por qué me haces esto? ¿Es una venganza o algo por lo que pasó con Salva o qué? pensaba que eres diferente, pero me equivoqué, eres un puto gilipollas, que ilusa fui al creer en tus malditas palabras, ojalá no te habría conocido en mi vida. -Estaba derrotada, solo quería encerrarme en un sitio a llorar, no quería ni verle.
–Aurora, fue un desliz, estaba borracho, no sé que me pasó, se me fue la situación de las manos, me desperté a la mañana siguiente sin recordar nada, yo te quiero a ti, sólo a ti. -Contestó desesperado.
–No sigas, no intentes que te crea por que no lo haré, ¡Vete! no quiero volver a verte en mi vida. -Rompí a llorar tras pronunciar eso, estaba completamente destrozada.
–Pero, Aurora por favor no podemos dejar esto por un maldito desliz... -Pablo estaba también a punto de llorar, sus ojos estaban cristalinos.
–Si Pablo, esto se acaba aquí, lárgate de una maldita vez, no quiero volver a verte, para mi no existes.
–Pero...
–Pero nada, ¡Que te largues te he dicho, lárgate! -Dije chillandole y señalándole la puerta, en mi cara no paraban de resbalar lágrimas de dolor.
Frente a la puerta, paralizado, me miró por última vez, por su cara también resbala alguna que otra lágrima, pero ya daba igual lo que sentía, lo hecho, hecho estaba, ya no se podía hacer nada. Se marchó y yo seguía destrozada por dentro, la impotencia hablaba por mi... fui a la que había sido nuestra habitación y saqué todas sus cosas del armario, aún olían a su colonia, las tiré por toda la habitación, no quería nada que me recordase a él. Finalmente se acabó, ahora me tocaba empezar una nueva vida sin él.
Narrado por Pablo:
¿Cómo he podido hacerla esto? soy un gilipollas, la he perdido y todo por culpa de esa maldita noche, soy un mierdas, yo que la he reclamado tantas y tantas veces el desliz con Salva, no entiendo que me pasó por la cabeza en ese momento. Llegue a mi casa, desolado y sin ganas de hacer nada, solamente de sentarme en un rincón y llorar. La he llamado ya unas cuantas veces, la he enviado WhatSapp y nada, no quiere verme, y todo por mi culpa, yo me he buscado todo esto. Tras largas horas sin encontrar algún consuelo que calme mi dolor, termino llamando a Sara, no entiendo porque ha tenido que abrir la boca, eso es algo que incumbía a mi y Aurora, ella no era quién tenía que decirselo, era yo, y por supuesto en un momento adecuado.
–¿Sara? -Pregunto enfurecido.
–Vaya, vaya... no esperaba tú llamada, ¿Ya no estás con tú amada? -Oigo su voz con cierto tono de ironía.
–¿Por qué se lo has contado? ¡No te incumbía!
–No me incumbía, pero no iba a permitir que harías como si nada pasase, y te olvidases de lo ocurrido.
–Yo estaré sin Aurora, pero a mi no me vuelves a llamar en tú puñetera vida, para ti he muerto. -Colgué el teléfono.
Me tumbé en mi cama, y no me separé del móvil, en este día sólo esperaba una llamada, su llamada.
Poco después me llamo Manuel, no me acordaba de que tenía una grabación para un programa, no me encontraba con fuerzas de ir a ningún sitio, a si que cancelé toda la promoción, al menos por el momento, ya se que la que la gente se pondría a rumorear sobre lo que me podría estar pasando, pero me daba igual, no descansaría hasta recuperar el amor de mi vida, el amor de Aurora.
Narrado por Aurora:
Mi teléfono no para de sonar, es Pablo, paso olímpicamente de cogerle el teléfono, no quiero ni verle ni oírle. Rebusco entre los contactos de la guía de mi móvil y busco el de ella, Nerea, mi mejor amiga, la que me entiende mejor que nadie.
–Hola princesa... -Digo si ánimos, menos mal que ella me conoce y sabe cuando estoy bien, y cuando mal.
–¡Auro! No esperaba tu llamada... ¿Todo bien? te noto mal. -Pregunta.
–No Nerea... he tenido problemas con Pablo, me ha puesto los cuernos y pfff... -Trate de no venirme a bajo, ella era una de esas amigas que cuando te ven mal, llora contigo.
–¿Qué? bueno, tú tranquila Auro, ya habrá otro, si no se ha dado cuenta de la gran mujer que tiene al lado, peor para él, verás que todo se arregla, y si no es así, otro vendrá...
–Quizás tengas razón, pero ahora no me encuentro con el suficiente ánimo para volver a intentar nada con nadie.
–¡Arriba esa ánimo ¿eh?! ¿Quieres que te vaya a buscar y salimos a tomar algo para que te despejes?
–No... no tengo fuerza para poner un pie fuera de la calle, me siento fatal.
–Aurora, Pablo y tú lo habéis dejado, pero eso no quiere decir que ahora te estés en casa deprimiendote... ¡La vida sigue! anda, vamos... te vendría bien. -Trató de combencerme, y no me quedó más remedio que aceptar.
–Vale... pero sólo un ratito.
Colgué y sin ánimo, ni fuerza de voluntad me levanté, me peiné un poco y salí de casa con lo básico.
Me encontré a Nerea por mitad de camino, nos saludamos, y la abracé con fuerza, hoy más que nunca necesitaba sus abrazos. Durante el trayecto al bar no cruzamos ninguna palabra, no tenía demasiadas ganas de volver a recordar todo, y supongo que ella no quería tampoco recordármelo.
Entramos al bar, pedí una simple CocaCola, Nerea me contó como la estaba yendo en sus estudios, por un momento veía la cara de Pablo entra la gente, creo que me estaba empezando a volver loca...
Nerea fue al baño cuando de repente mientras hablábamos, se acercó a mi un chico, no muy alto, moreno, y de ojos marrones, iba borracho.
–Hola guapa, ¿Quieres bailar?. -Me dijo.
–No, adiós. -Contesté de mala forma, odiaba a los típicos borrachos que vienen a pedirte bailar cuando iban hasta atrás de alcohol.
–Si, ven, vamos a bailar nos vamos a divertir mucho... -Comentó mientras me cogía bruscamente de mi brazo haciéndome daño.
–Déjame por favor, ¡No quiero! -Contesté llorando.
De repente llegó alguien y frenó al chico.
–Te ha dicho que la sueltes, no quiere nada contigo, sueltala. -Esa voz me resultaba un tanto conocída, me giré, y allí estaba él, Pablo me estaba salvando de aquél personaje.
–¿Qué pasa, eres su noviecito? -Comentó con ironía el borracho.
–Soy lo que a ti no te importa, sueltala o te las verás conmigo...
El borracho me soltó y comencé a llorar, Pablo me abrazó y me calmó.
–Shh... ya está, no ha pasado nada... ¿Estás bien? -Pronunció Pablo mientras acariciaba suavemente mis cara con sus manos.
–Si, estoy bien, gracias. Pero no te equivoques, el hecho de que me hayas defendido delante de ese imbécil, no cambia las cosas, tú y yo ya no tenemos nada que nos una, adiós. -Salí llorando del bar.
Esperé a Nerea fuera del bar algo nerviosa aún por lo ocurrido, hasta que llegó ella.
–¿Dónde estabas tía? ¡Me has asustado, pensé que te había pasado algo!
–Estoy bien... pero... un borracho me ha pedido bailar, le he dicho que no y me ha agarrado el brazo bruscamente y... justo llego él para rescatarme.
–¿Hablas de Pablo? -Dijo Nerea con mirada de no entender mucho.
–Si...
–¿Y que le has dicho?
–Le he dado las gracias, pero le he dejado claro que eso no quería decir que lo iba a perdonar y después me salí fuera.
–Pfff... Menos mal que no te ha pasado nada.
Nos fuimos cada una a nuestra casa, cuando llegue seguía con la moral por los suelos, me acosté en la cama, y como no, en mis pensamientos rondaba él, me iba a costar tanto olvidarlo...
–Hola amor. -Se acercó y me besó.
–Hola cielo, ya estamos todos, vamos a comer. -Dije sonrientemente.
Comimos todos tranquilamente en aquél precioso comedor, fue una comida navidad amena como en cualquier otra casa. Estuvimos hablando un buen rato con todos, y a eso de las 18:30 nos despedimos de ellos y nos fuimos nuevamente Pablo y yo a nuestra casa, estábamos realmente agotados. Pablo se tumbó en el sofá y estuvo leyendo a sus fans en Twitter, yo aproveché y recogí algunas cosas de la habitación, cuando de repente sonó mi móvil, era un WhatSapp, era ella, Sara, me senté en el borde de la cama a leer su mensaje, un mensaje que me dejó inquieta, descolocada... decía así:
¿Te acuerdas que te dije hace un tiempo que tú Pablo no era tan bueno?
Pues, bien te voy a contar a que se debía eso que te dije:
Cuando tú y él lo dejasteis por tú deslíz con Salva,
Pablo y yo coincidimos en un bar con nuestros amigos
Pablo bebió más de la cuenta, yo lo llevé a su casa
ya que no estaba en condiciones de conducir,
iba a dejarle tumbado en su cama cuando me pidió
que no me fuera, comenzó a besarme, le pedí
que no lo hiciera porque mañana se iba
a arrepentir, él seguía con sus caricias,
y chica, una no es de piedra, me dejé llevar
también, y... nos terminamos acostando.
No podía creer lo que mis ojos estaban leyendo, Pablo me había puesto los cuernos con Sara, ¿Por qué me hacía esto justo ahora que estábamos más o menos bien? me armé de valor, abrí la puerta de la habitación con una mezcla de rabia, dolor y decepción y fui a preguntarle a él que seguía tumbado en el sofá.
–Pablo, ¿Por qué me haces esto? -Dije intentando aguantar mis ganas de llorar.
–¿De que hablas?
–¡Venga ya Pablo! Deja de hacerte el que no sabes nada, lo se todo, se que te has acostado con Sara. -Dije enfurecida.
–¿Qué? -Dijo acomodándose en el sofá.
–No sigas mintiendo por favor te lo pido... ¡Mira lo que me ha mandado tú amante! -Dije alzando la voz, a punto de romper a llorar y mostrándole el mensaje.
–Yo Aurora... no... -Contestó Pablo sin saber como reaccionar.
–¿Tu qué Pablo? ¿Por qué me haces esto? ¿Es una venganza o algo por lo que pasó con Salva o qué? pensaba que eres diferente, pero me equivoqué, eres un puto gilipollas, que ilusa fui al creer en tus malditas palabras, ojalá no te habría conocido en mi vida. -Estaba derrotada, solo quería encerrarme en un sitio a llorar, no quería ni verle.
–Aurora, fue un desliz, estaba borracho, no sé que me pasó, se me fue la situación de las manos, me desperté a la mañana siguiente sin recordar nada, yo te quiero a ti, sólo a ti. -Contestó desesperado.
–No sigas, no intentes que te crea por que no lo haré, ¡Vete! no quiero volver a verte en mi vida. -Rompí a llorar tras pronunciar eso, estaba completamente destrozada.
–Pero, Aurora por favor no podemos dejar esto por un maldito desliz... -Pablo estaba también a punto de llorar, sus ojos estaban cristalinos.
–Si Pablo, esto se acaba aquí, lárgate de una maldita vez, no quiero volver a verte, para mi no existes.
–Pero...
–Pero nada, ¡Que te largues te he dicho, lárgate! -Dije chillandole y señalándole la puerta, en mi cara no paraban de resbalar lágrimas de dolor.
Frente a la puerta, paralizado, me miró por última vez, por su cara también resbala alguna que otra lágrima, pero ya daba igual lo que sentía, lo hecho, hecho estaba, ya no se podía hacer nada. Se marchó y yo seguía destrozada por dentro, la impotencia hablaba por mi... fui a la que había sido nuestra habitación y saqué todas sus cosas del armario, aún olían a su colonia, las tiré por toda la habitación, no quería nada que me recordase a él. Finalmente se acabó, ahora me tocaba empezar una nueva vida sin él.
Narrado por Pablo:
¿Cómo he podido hacerla esto? soy un gilipollas, la he perdido y todo por culpa de esa maldita noche, soy un mierdas, yo que la he reclamado tantas y tantas veces el desliz con Salva, no entiendo que me pasó por la cabeza en ese momento. Llegue a mi casa, desolado y sin ganas de hacer nada, solamente de sentarme en un rincón y llorar. La he llamado ya unas cuantas veces, la he enviado WhatSapp y nada, no quiere verme, y todo por mi culpa, yo me he buscado todo esto. Tras largas horas sin encontrar algún consuelo que calme mi dolor, termino llamando a Sara, no entiendo porque ha tenido que abrir la boca, eso es algo que incumbía a mi y Aurora, ella no era quién tenía que decirselo, era yo, y por supuesto en un momento adecuado.
–¿Sara? -Pregunto enfurecido.
–Vaya, vaya... no esperaba tú llamada, ¿Ya no estás con tú amada? -Oigo su voz con cierto tono de ironía.
–¿Por qué se lo has contado? ¡No te incumbía!
–No me incumbía, pero no iba a permitir que harías como si nada pasase, y te olvidases de lo ocurrido.
–Yo estaré sin Aurora, pero a mi no me vuelves a llamar en tú puñetera vida, para ti he muerto. -Colgué el teléfono.
Me tumbé en mi cama, y no me separé del móvil, en este día sólo esperaba una llamada, su llamada.
Poco después me llamo Manuel, no me acordaba de que tenía una grabación para un programa, no me encontraba con fuerzas de ir a ningún sitio, a si que cancelé toda la promoción, al menos por el momento, ya se que la que la gente se pondría a rumorear sobre lo que me podría estar pasando, pero me daba igual, no descansaría hasta recuperar el amor de mi vida, el amor de Aurora.
Narrado por Aurora:
Mi teléfono no para de sonar, es Pablo, paso olímpicamente de cogerle el teléfono, no quiero ni verle ni oírle. Rebusco entre los contactos de la guía de mi móvil y busco el de ella, Nerea, mi mejor amiga, la que me entiende mejor que nadie.
–Hola princesa... -Digo si ánimos, menos mal que ella me conoce y sabe cuando estoy bien, y cuando mal.
–¡Auro! No esperaba tu llamada... ¿Todo bien? te noto mal. -Pregunta.
–No Nerea... he tenido problemas con Pablo, me ha puesto los cuernos y pfff... -Trate de no venirme a bajo, ella era una de esas amigas que cuando te ven mal, llora contigo.
–¿Qué? bueno, tú tranquila Auro, ya habrá otro, si no se ha dado cuenta de la gran mujer que tiene al lado, peor para él, verás que todo se arregla, y si no es así, otro vendrá...
–Quizás tengas razón, pero ahora no me encuentro con el suficiente ánimo para volver a intentar nada con nadie.
–¡Arriba esa ánimo ¿eh?! ¿Quieres que te vaya a buscar y salimos a tomar algo para que te despejes?
–No... no tengo fuerza para poner un pie fuera de la calle, me siento fatal.
–Aurora, Pablo y tú lo habéis dejado, pero eso no quiere decir que ahora te estés en casa deprimiendote... ¡La vida sigue! anda, vamos... te vendría bien. -Trató de combencerme, y no me quedó más remedio que aceptar.
–Vale... pero sólo un ratito.
Colgué y sin ánimo, ni fuerza de voluntad me levanté, me peiné un poco y salí de casa con lo básico.
Me encontré a Nerea por mitad de camino, nos saludamos, y la abracé con fuerza, hoy más que nunca necesitaba sus abrazos. Durante el trayecto al bar no cruzamos ninguna palabra, no tenía demasiadas ganas de volver a recordar todo, y supongo que ella no quería tampoco recordármelo.
Entramos al bar, pedí una simple CocaCola, Nerea me contó como la estaba yendo en sus estudios, por un momento veía la cara de Pablo entra la gente, creo que me estaba empezando a volver loca...
Nerea fue al baño cuando de repente mientras hablábamos, se acercó a mi un chico, no muy alto, moreno, y de ojos marrones, iba borracho.
–Hola guapa, ¿Quieres bailar?. -Me dijo.
–No, adiós. -Contesté de mala forma, odiaba a los típicos borrachos que vienen a pedirte bailar cuando iban hasta atrás de alcohol.
–Si, ven, vamos a bailar nos vamos a divertir mucho... -Comentó mientras me cogía bruscamente de mi brazo haciéndome daño.
–Déjame por favor, ¡No quiero! -Contesté llorando.
De repente llegó alguien y frenó al chico.
–Te ha dicho que la sueltes, no quiere nada contigo, sueltala. -Esa voz me resultaba un tanto conocída, me giré, y allí estaba él, Pablo me estaba salvando de aquél personaje.
–¿Qué pasa, eres su noviecito? -Comentó con ironía el borracho.
–Soy lo que a ti no te importa, sueltala o te las verás conmigo...
El borracho me soltó y comencé a llorar, Pablo me abrazó y me calmó.
–Shh... ya está, no ha pasado nada... ¿Estás bien? -Pronunció Pablo mientras acariciaba suavemente mis cara con sus manos.
–Si, estoy bien, gracias. Pero no te equivoques, el hecho de que me hayas defendido delante de ese imbécil, no cambia las cosas, tú y yo ya no tenemos nada que nos una, adiós. -Salí llorando del bar.
Esperé a Nerea fuera del bar algo nerviosa aún por lo ocurrido, hasta que llegó ella.
–¿Dónde estabas tía? ¡Me has asustado, pensé que te había pasado algo!
–Estoy bien... pero... un borracho me ha pedido bailar, le he dicho que no y me ha agarrado el brazo bruscamente y... justo llego él para rescatarme.
–¿Hablas de Pablo? -Dijo Nerea con mirada de no entender mucho.
–Si...
–¿Y que le has dicho?
–Le he dado las gracias, pero le he dejado claro que eso no quería decir que lo iba a perdonar y después me salí fuera.
–Pfff... Menos mal que no te ha pasado nada.
Nos fuimos cada una a nuestra casa, cuando llegue seguía con la moral por los suelos, me acosté en la cama, y como no, en mis pensamientos rondaba él, me iba a costar tanto olvidarlo...
26.12.12
Cap. 47: Mi futuro lleva tu nombre
A eso de las 12:30 de la mañana pusimos rumbo a casa de los padres de
Pablo, ya íbamos a comer allí y así yo podía ayudar a la madre de Pablo
a preparar todo lo necesario para la cena de esta noche. Llegamos y
nada más abrir la puerta de la casa nos encontramos a la sobrinita de
Pablo, a la cual él consideraba su ojito derecho, la pequeña se abalanzó
rápidamente sobre los brazos de su tío Pablo.
–¡Hola títo Pabli! -Dijo la pequeña con una gran sonrisa en su dulce carita.
–¿Cómo está mi princesita? -Contestó Pablo mientras la cogía en brazos y la daba un dulce beso en la frente.
–¿Tito, vamos a jugar? –Preguntó la pequeña sin percatarse de mi presencia.
–Sí, pero... ¿No saludas a Aurora? -Pablo me miró y sonrió.
–¡Hola tita Auro! que guapa estás, ¿Te has puesto así para mi tito Pabli? –Me preguntó Sofía, era un amor de niña.
–Qué ocurrencias tienes Sofia... anda, ve a la cocina a terminar de ayudar a la abuela con la comida. -Dijo Casilda la hermana de Pablo.
–Hola Casilda. -Saludé amablemente y la di dos besos.
–¡Hola guapa! perdona a Sofía y sus ocurrencias. –Rió.
–No tengo que perdonarla nada, es una niña muy alegre y simpática. –Contesté.
Estuvimos un buen rato hablando y después se unió a la charla familiar Elena, la madre de Pablo.
–¡Vaya! Mira quién está aquí. –Dijo Elena. Nos reímos un montón. Poco después vino Salvador el padre de Pablo, eran todos majísimos la verdad, no tenía queja alguna de su familia, me trataban como a una hija más y hacían que me sintiera cómoda con ellos. La madre de Pablo nos avisó para ir a comer, nos sentamos y poco después de empezar con el primer plato, llegó él, Salva, el hermano de Pablo.
–Hola Aurora. -Se sentó a mi lado y me dio dos besos. No sabía si los padres de Pablo sabían algo de lo que ocurrió entre nosotros, por se acaso y para evitar más problemas le devolví el saludo y los dos besos amablemente, Pablo me miró con mala cara, pero no le di demasiada importancia. Ayudé a Elena recoger la mesa y fregar la vasija de la comida y después volvimos al sofá. Los padres de Pablo se fueron a su habitación a echar la siesta, Sofía y Casilda se fueron al parque un rato y Pablo y yo nos quedamos sólos en el salón, no me dirigía una palabra, le hacía rabiar, le daba besos y él ni reaccionaba, decidí preguntarle a que se debía aquella ausencia.
–¿Se puede saber que te pasa? -Pregunté algo seria, no entendía nada.
–¿Por qué debería pasarme algo? ¿Por qué hablas a mi hermano después de todo, le sonríes y le das dos besos? pues entonces igual si que me pasa. -Contestó algo alterado.
–Pablo, lo he hecho por no buscar más problemas, ¿no lo entiendes?
–Claro... ahora es por no buscar problemas, pues ¿sabes qué? que yo creo que lo has hecho porque verle te ha hecho volver a sentir cosas. -Siguió con un tono de voz alterado.
–Eres un imbécil Pablo, primero me hablas así de brusco y luego piensas esto, pensaba que eras diferente, pero veo que no, que tú confianza hacía mi no existe.
Pablo seguía dudando de mi y eso me partía el corazón, mis ganas de llorar aumentaban a si que decidí armarme de valor y salí del salón aguantando mis ganas incontrolables de llorar, no pude aguantar y rompí a llorar, el ver su reacción y que ni si quiera me frenase para que no me fuera me dolía aún más. Elena me vió y me preguntó.
–¿Qué te pasa Aurora? -Me preguntó algo preocupada.
–Nada... Elena, me vas a perdonar pero yo me tengo que ir, feliz navidad. -La deseé
–¿Cómo que te vas? ¿Qué ha pasado? -No aguanté más y volví a romper a llorar.
–Problemas con Pablo... será mejor que me vaya. -Dije como pude.
–No, tú no te vas... ven, vamos a la cocina y me cuentas. -Elena me agarró de la cintura y cuidadosamente me llevó a la cocina. La conté todo lo sucedido y me dió ánimo.
–Mira, ahora vas a ir al salón, y vas a hablar con él más pacíficamente, se que él es el que tendría que pedirte perdón, pero esta vez aunque no tengas tú la culpa por estar en medio de los dos, te toca a ti, Pablo es algo cabezota, pero tiene un buen corazón. La hice caso y fui, no se percató de mi presencia, seguía viendo la televisión y con una cara bastante seria.
–¿Podemos hablar? -Dije.
–Claro... -Dijo él mientras se incorporaba en el sofá.
–La verdad, no entiendo tu actitud, tú comportamiento de hoy... ¿De verdad piensas que mis sentimientos hacia Salva existen? creo que te he dejado en más de una ocasión que yo te quiero a ti.
–Yo... -Corté la frase de Pablo rápidamente.
–¿Tú que Pablo? ¿Tú puedes desconfiar de mi todo lo que quieras y yo de ti no verdad?
–Lo siento... he sido un imbécil contigo, tienes toda la razón, perdóname, los celos me comían por dentro.
–Joder Pablo, es que no... ¿Acaso he desconfiado yo de ti? lo de Salva fue algo sin sentimiento, no lo he querido, ni lo querré nunca, porque mi futuro lleva tú nombre, enterate de una vez.
–¿Me perdonas? he sido un tonto, por favor.
–¿Cómo no te voy a perdonar tonto? además esto tiene un lado positivo, y es que los celos significan que me quieres... ven, anda. -Lo acerqué a mi y me fundí contra su pecho, las peleas con Pablo me hacían pasar verdaderamente malos ratos, pero las reconciliaciones eran maravillosas.
De repente vi a Elena, estaba apoyada en el marco de la puerta del salón sonriendo.
–Veo que a os habéis reconciliado. -Rió.
–Sí. -Contestamos ambos.
–Gracias Elena. -Dije yo sonriendola.
–No hay de que Aurora. Me sonrió y me guiño el ojo.
Tras la reconciliación Pablo y yo ayudamos a colocar la mesa para la cena, volvíamos a ser esos dos locos enamorados de siempre, hicimos el tonto, nos besamos, sonreímos... a pesar de que Pablo era un celoso, también le entendía, yo soy igual, si alguna chica le mira si quiera ya me pongo celosa y me llego a enfadar. Ya estaba todo listo, 20 comensales en la mesa, íbamos a ser muchos ya que iban a venir la familia por parte de la madre y por parte del padre de Pablo, ya conocía a gente de su familia, pero aún me faltaba bastante gente por conocer... los nervios volvían a apoderarse de mi. Me subí a la habitación a cambiarme, quería estar guapa para la ocasión... opté por un vestido palabra de honor malva y unas sandalias de tacón negras, me hice unos tirabuzones en el pelo y me maquillé de forma que me pegaría el maquillaje con el vestuario. Pablo se puso un traje negro, y una camisa blanca, estaba guapísimo, como siempre. Bajé por la escalera de la mano de Pablo y terminando los últimos retoques de la mesa vi a Casilda y Elena, también se habían arreglado, estaban guapísimas ambas con sus vestidos, no dudaron en piropearme al verme bajar por la escalera de la mano de Pablo.
–Que guapa estás Aurora de verdad... estás preciosa. -Me dijeron las dos sonriendo.
–¿Y a mi no me decís nada? Mira que me pongo celoso... -Dijo Pablo riendo.
–Sí, los dos estáis guapos. -Sonrieron
Poco después empezaron a llegar los familiares de Pablo, abuelas, bisabuelas, primas, primos, tíos, tías... no podía faltar aquella típica frase que te decían cuando hacía mucho tiempo que no te veían 'que delgado estás, que guapo...' Pablo me iba presentando a medida que iban llegando todos, hasta ahora parecía marchar bien la cosa, todos parecían estar contentos de mi noviazgo con Pablo. Una vez presentados todos nos fuimos al comedor y nos sentamos a cenar, fue una velada tranquila, me hacían preguntas, que estudiaba, cuantos años tenía... lo típico vamos. Nada más cenar, a un tío de Pablo se le ocurrió hacer un Karaoke, nadie puso objeción por lo que acabamos todos cantando, mientras algunos cantábamos, otros bailaban y así sucesivamente, lo estaba pasando genial, los nervios desaparecieron, tenía la sensación de que les conocía de siempre. Pablo y yo bailamos al son de un baile de esos de música lenta, donde sobraban todas la palabras existentes... de vez en cuando nos besábamos y nos olvidáramos de que había más gente, estaba viviendo un sueño que jamás pensé que ocurriría. Tras largos minutos de bailes, risas... Pablo se apresuró a mi oído y me susurro sensualmente:
–Estás tan guapa, que me vas a hacer perder el control esta noche. -Rió picaramente tras pronunciar esto.
–Y tú estás muy provocativo, mis ganas de comerte aumentan. -Reí y se unió a mi risa.
Empezaron a irse todos los invitados, alguno se quedó a dormir ya que iba algo contentillo. Nos fuimos a dormir a eso de las 4:30 de la madrugada, hasta la mañana siguiente.
–¡Hola títo Pabli! -Dijo la pequeña con una gran sonrisa en su dulce carita.
–¿Cómo está mi princesita? -Contestó Pablo mientras la cogía en brazos y la daba un dulce beso en la frente.
–¿Tito, vamos a jugar? –Preguntó la pequeña sin percatarse de mi presencia.
–Sí, pero... ¿No saludas a Aurora? -Pablo me miró y sonrió.
–¡Hola tita Auro! que guapa estás, ¿Te has puesto así para mi tito Pabli? –Me preguntó Sofía, era un amor de niña.
–Qué ocurrencias tienes Sofia... anda, ve a la cocina a terminar de ayudar a la abuela con la comida. -Dijo Casilda la hermana de Pablo.
–Hola Casilda. -Saludé amablemente y la di dos besos.
–¡Hola guapa! perdona a Sofía y sus ocurrencias. –Rió.
–No tengo que perdonarla nada, es una niña muy alegre y simpática. –Contesté.
Estuvimos un buen rato hablando y después se unió a la charla familiar Elena, la madre de Pablo.
–¡Vaya! Mira quién está aquí. –Dijo Elena. Nos reímos un montón. Poco después vino Salvador el padre de Pablo, eran todos majísimos la verdad, no tenía queja alguna de su familia, me trataban como a una hija más y hacían que me sintiera cómoda con ellos. La madre de Pablo nos avisó para ir a comer, nos sentamos y poco después de empezar con el primer plato, llegó él, Salva, el hermano de Pablo.
–Hola Aurora. -Se sentó a mi lado y me dio dos besos. No sabía si los padres de Pablo sabían algo de lo que ocurrió entre nosotros, por se acaso y para evitar más problemas le devolví el saludo y los dos besos amablemente, Pablo me miró con mala cara, pero no le di demasiada importancia. Ayudé a Elena recoger la mesa y fregar la vasija de la comida y después volvimos al sofá. Los padres de Pablo se fueron a su habitación a echar la siesta, Sofía y Casilda se fueron al parque un rato y Pablo y yo nos quedamos sólos en el salón, no me dirigía una palabra, le hacía rabiar, le daba besos y él ni reaccionaba, decidí preguntarle a que se debía aquella ausencia.
–¿Se puede saber que te pasa? -Pregunté algo seria, no entendía nada.
–¿Por qué debería pasarme algo? ¿Por qué hablas a mi hermano después de todo, le sonríes y le das dos besos? pues entonces igual si que me pasa. -Contestó algo alterado.
–Pablo, lo he hecho por no buscar más problemas, ¿no lo entiendes?
–Claro... ahora es por no buscar problemas, pues ¿sabes qué? que yo creo que lo has hecho porque verle te ha hecho volver a sentir cosas. -Siguió con un tono de voz alterado.
–Eres un imbécil Pablo, primero me hablas así de brusco y luego piensas esto, pensaba que eras diferente, pero veo que no, que tú confianza hacía mi no existe.
Pablo seguía dudando de mi y eso me partía el corazón, mis ganas de llorar aumentaban a si que decidí armarme de valor y salí del salón aguantando mis ganas incontrolables de llorar, no pude aguantar y rompí a llorar, el ver su reacción y que ni si quiera me frenase para que no me fuera me dolía aún más. Elena me vió y me preguntó.
–¿Qué te pasa Aurora? -Me preguntó algo preocupada.
–Nada... Elena, me vas a perdonar pero yo me tengo que ir, feliz navidad. -La deseé
–¿Cómo que te vas? ¿Qué ha pasado? -No aguanté más y volví a romper a llorar.
–Problemas con Pablo... será mejor que me vaya. -Dije como pude.
–No, tú no te vas... ven, vamos a la cocina y me cuentas. -Elena me agarró de la cintura y cuidadosamente me llevó a la cocina. La conté todo lo sucedido y me dió ánimo.
–Mira, ahora vas a ir al salón, y vas a hablar con él más pacíficamente, se que él es el que tendría que pedirte perdón, pero esta vez aunque no tengas tú la culpa por estar en medio de los dos, te toca a ti, Pablo es algo cabezota, pero tiene un buen corazón. La hice caso y fui, no se percató de mi presencia, seguía viendo la televisión y con una cara bastante seria.
–¿Podemos hablar? -Dije.
–Claro... -Dijo él mientras se incorporaba en el sofá.
–La verdad, no entiendo tu actitud, tú comportamiento de hoy... ¿De verdad piensas que mis sentimientos hacia Salva existen? creo que te he dejado en más de una ocasión que yo te quiero a ti.
–Yo... -Corté la frase de Pablo rápidamente.
–¿Tú que Pablo? ¿Tú puedes desconfiar de mi todo lo que quieras y yo de ti no verdad?
–Lo siento... he sido un imbécil contigo, tienes toda la razón, perdóname, los celos me comían por dentro.
–Joder Pablo, es que no... ¿Acaso he desconfiado yo de ti? lo de Salva fue algo sin sentimiento, no lo he querido, ni lo querré nunca, porque mi futuro lleva tú nombre, enterate de una vez.
–¿Me perdonas? he sido un tonto, por favor.
–¿Cómo no te voy a perdonar tonto? además esto tiene un lado positivo, y es que los celos significan que me quieres... ven, anda. -Lo acerqué a mi y me fundí contra su pecho, las peleas con Pablo me hacían pasar verdaderamente malos ratos, pero las reconciliaciones eran maravillosas.
De repente vi a Elena, estaba apoyada en el marco de la puerta del salón sonriendo.
–Veo que a os habéis reconciliado. -Rió.
–Sí. -Contestamos ambos.
–Gracias Elena. -Dije yo sonriendola.
–No hay de que Aurora. Me sonrió y me guiño el ojo.
Tras la reconciliación Pablo y yo ayudamos a colocar la mesa para la cena, volvíamos a ser esos dos locos enamorados de siempre, hicimos el tonto, nos besamos, sonreímos... a pesar de que Pablo era un celoso, también le entendía, yo soy igual, si alguna chica le mira si quiera ya me pongo celosa y me llego a enfadar. Ya estaba todo listo, 20 comensales en la mesa, íbamos a ser muchos ya que iban a venir la familia por parte de la madre y por parte del padre de Pablo, ya conocía a gente de su familia, pero aún me faltaba bastante gente por conocer... los nervios volvían a apoderarse de mi. Me subí a la habitación a cambiarme, quería estar guapa para la ocasión... opté por un vestido palabra de honor malva y unas sandalias de tacón negras, me hice unos tirabuzones en el pelo y me maquillé de forma que me pegaría el maquillaje con el vestuario. Pablo se puso un traje negro, y una camisa blanca, estaba guapísimo, como siempre. Bajé por la escalera de la mano de Pablo y terminando los últimos retoques de la mesa vi a Casilda y Elena, también se habían arreglado, estaban guapísimas ambas con sus vestidos, no dudaron en piropearme al verme bajar por la escalera de la mano de Pablo.
–Que guapa estás Aurora de verdad... estás preciosa. -Me dijeron las dos sonriendo.
–¿Y a mi no me decís nada? Mira que me pongo celoso... -Dijo Pablo riendo.
–Sí, los dos estáis guapos. -Sonrieron
Poco después empezaron a llegar los familiares de Pablo, abuelas, bisabuelas, primas, primos, tíos, tías... no podía faltar aquella típica frase que te decían cuando hacía mucho tiempo que no te veían 'que delgado estás, que guapo...' Pablo me iba presentando a medida que iban llegando todos, hasta ahora parecía marchar bien la cosa, todos parecían estar contentos de mi noviazgo con Pablo. Una vez presentados todos nos fuimos al comedor y nos sentamos a cenar, fue una velada tranquila, me hacían preguntas, que estudiaba, cuantos años tenía... lo típico vamos. Nada más cenar, a un tío de Pablo se le ocurrió hacer un Karaoke, nadie puso objeción por lo que acabamos todos cantando, mientras algunos cantábamos, otros bailaban y así sucesivamente, lo estaba pasando genial, los nervios desaparecieron, tenía la sensación de que les conocía de siempre. Pablo y yo bailamos al son de un baile de esos de música lenta, donde sobraban todas la palabras existentes... de vez en cuando nos besábamos y nos olvidáramos de que había más gente, estaba viviendo un sueño que jamás pensé que ocurriría. Tras largos minutos de bailes, risas... Pablo se apresuró a mi oído y me susurro sensualmente:
–Estás tan guapa, que me vas a hacer perder el control esta noche. -Rió picaramente tras pronunciar esto.
–Y tú estás muy provocativo, mis ganas de comerte aumentan. -Reí y se unió a mi risa.
Empezaron a irse todos los invitados, alguno se quedó a dormir ya que iba algo contentillo. Nos fuimos a dormir a eso de las 4:30 de la madrugada, hasta la mañana siguiente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)