26.12.12

Cap. 47: Mi futuro lleva tu nombre

A eso de las 12:30 de la mañana pusimos rumbo a casa de los padres de Pablo, ya íbamos a comer allí y así yo podía ayudar a la madre de Pablo a preparar todo lo necesario para la cena de esta noche. Llegamos y nada más abrir la puerta de la casa nos encontramos a la sobrinita de Pablo, a la cual él consideraba su ojito derecho, la pequeña se abalanzó rápidamente sobre los brazos de su tío Pablo.

–¡Hola títo Pabli! -Dijo la pequeña con una gran sonrisa en su dulce carita.
–¿Cómo está mi princesita? -Contestó Pablo mientras la cogía en brazos y la daba un dulce beso en la frente.
–¿Tito, vamos a jugar?  –Preguntó la pequeña sin percatarse de mi presencia.
–Sí, pero... ¿No saludas a Aurora? -Pablo me miró y sonrió.
–¡Hola tita Auro! que guapa estás, ¿Te has puesto así para mi tito Pabli? –Me preguntó Sofía, era un amor de niña.
–Qué ocurrencias tienes Sofia... anda, ve a la cocina a terminar de ayudar a la abuela con la comida. -Dijo Casilda la hermana de Pablo.
–Hola Casilda. -Saludé amablemente y la di dos besos.
–¡Hola guapa! perdona a Sofía y sus ocurrencias. –Rió.
–No tengo que perdonarla nada, es una niña muy alegre y simpática. –Contesté.

Estuvimos un buen rato hablando y después se unió a la charla familiar Elena, la madre de Pablo.

–¡Vaya! Mira quién está aquí. –Dijo Elena. Nos reímos un montón. Poco después vino Salvador el padre de Pablo, eran todos majísimos la verdad, no tenía queja alguna de su familia, me trataban como a una hija más y hacían que me sintiera cómoda con ellos. La madre de Pablo nos avisó para ir a comer, nos sentamos y poco después de empezar con el primer plato, llegó él, Salva, el hermano de Pablo.

–Hola Aurora. -Se sentó a mi lado y me dio dos besos.  No sabía si los padres de Pablo sabían algo de lo que ocurrió entre nosotros, por se acaso y para evitar más problemas le devolví el saludo y los dos besos amablemente, Pablo me miró con mala cara, pero no le di demasiada importancia. Ayudé a Elena recoger la mesa y fregar la vasija de la comida y después volvimos al sofá. Los padres de Pablo se fueron a su habitación a echar la siesta, Sofía y Casilda se fueron al parque un rato y Pablo y yo nos quedamos sólos en el salón, no me dirigía una palabra, le hacía rabiar, le daba besos y él ni reaccionaba, decidí preguntarle a que se debía aquella ausencia.


–¿Se puede saber que te pasa? -Pregunté algo seria, no entendía nada.
–¿Por qué debería pasarme algo? ¿Por qué hablas a mi hermano después de todo, le sonríes y le das dos besos? pues entonces igual si que me pasa. -Contestó algo alterado.
–Pablo, lo he hecho por no buscar más problemas, ¿no lo entiendes?
–Claro... ahora es por no buscar problemas, pues ¿sabes qué? que yo creo que lo has hecho porque verle te ha hecho volver a sentir cosas. -Siguió con un tono de voz alterado.
–Eres un imbécil Pablo, primero me hablas así de brusco y luego piensas esto, pensaba que eras diferente, pero veo que no, que tú confianza hacía mi no existe. 

Pablo seguía dudando de mi y eso me partía el corazón, mis ganas de llorar aumentaban a si que decidí armarme de valor y salí del salón aguantando mis ganas incontrolables de llorar, no pude aguantar y rompí a llorar, el ver su reacción y que ni si quiera me frenase para que no me fuera me dolía aún más. Elena me vió y me preguntó.

–¿Qué te pasa Aurora? -Me preguntó algo preocupada.
–Nada... Elena, me vas a perdonar pero yo me tengo que ir, feliz navidad. -La deseé  
 –¿Cómo que te vas? ¿Qué ha pasado? -No aguanté más y volví a romper a llorar.
–Problemas con Pablo... será mejor que me vaya. -Dije como pude.
–No, tú no te vas... ven, vamos a la cocina y me cuentas. -Elena me agarró de la cintura y cuidadosamente me llevó a la cocina. La conté todo lo sucedido y me dió ánimo.
–Mira, ahora vas a ir al salón, y vas a hablar con él más pacíficamente, se que él es el que tendría que pedirte perdón, pero esta vez aunque no tengas tú la culpa por estar en medio de los dos, te toca a ti, Pablo es algo cabezota, pero tiene un buen corazón. La hice caso y fui, no se percató de mi presencia, seguía viendo la televisión y con una cara bastante seria.

–¿Podemos hablar? -Dije.
–Claro... -Dijo él mientras se incorporaba en el sofá.
–La verdad, no entiendo tu actitud, tú comportamiento de hoy... ¿De verdad piensas que mis sentimientos hacia Salva existen? creo que te he dejado en más de una ocasión que yo te quiero a ti.   
Yo... -Corté la frase de Pablo rápidamente.
–¿Tú que Pablo? ¿Tú puedes desconfiar de mi todo lo que quieras  y yo de ti no verdad?
–Lo siento... he sido un imbécil contigo, tienes toda la razón, perdóname, los celos me comían por dentro.
–Joder Pablo, es que no... ¿Acaso he desconfiado yo de ti? lo de Salva fue algo sin sentimiento, no lo he querido, ni lo querré nunca, porque mi futuro lleva tú nombre, enterate de una vez.
–¿Me perdonas? he sido un tonto, por favor.  
–¿Cómo no te voy a perdonar tonto? además esto tiene un lado positivo, y es que los celos significan que me quieres... ven, anda. -Lo acerqué a mi y me fundí contra su pecho, las peleas con Pablo me hacían pasar verdaderamente malos ratos, pero las reconciliaciones eran maravillosas.

De repente vi a Elena, estaba apoyada en el marco de la puerta del salón sonriendo.

–Veo que a os habéis reconciliado. -Rió.
–Sí. -Contestamos ambos.
–Gracias Elena. -Dije yo sonriendola.
–No hay de que Aurora. Me sonrió y me guiño el ojo.

Tras la reconciliación Pablo y yo ayudamos a colocar la mesa para la cena, volvíamos a ser esos dos locos enamorados de siempre, hicimos el tonto, nos besamos, sonreímos... a pesar de que Pablo era un celoso, también le entendía, yo soy igual, si alguna chica le mira si quiera ya me pongo celosa y me llego a enfadar. Ya estaba todo listo, 20 comensales en la mesa, íbamos a ser muchos ya que iban a venir la familia por parte de la madre y por parte del padre de Pablo, ya conocía a gente de su familia, pero aún me faltaba bastante gente por conocer... los nervios volvían a apoderarse de mi. Me subí a la habitación a cambiarme, quería estar guapa para la ocasión... opté por un vestido palabra de honor malva y unas sandalias de tacón negras, me hice unos tirabuzones en el pelo y me maquillé de forma que me pegaría el maquillaje con el vestuario. Pablo se puso un traje negro, y una camisa blanca, estaba guapísimo, como siempre. Bajé por la escalera de la mano de Pablo y terminando los últimos retoques de la mesa vi a Casilda y Elena, también se habían arreglado, estaban guapísimas ambas con sus vestidos, no dudaron en piropearme al verme bajar por la escalera de la mano de Pablo.

–Que guapa estás Aurora de verdad... estás preciosa. -Me dijeron las dos sonriendo.
–¿Y a mi no me decís nada? Mira que me pongo celoso... -Dijo Pablo riendo.
–Sí, los dos estáis guapos. -Sonrieron

  Poco después empezaron a llegar los familiares de Pablo, abuelas, bisabuelas, primas, primos, tíos, tías... no podía faltar aquella típica frase que te decían cuando hacía mucho tiempo que no te veían 'que delgado estás, que guapo...' Pablo me iba presentando a medida que iban llegando todos, hasta ahora parecía marchar bien la cosa, todos parecían estar contentos de mi noviazgo con Pablo. Una vez presentados todos nos fuimos al comedor y nos sentamos a cenar, fue una velada tranquila, me hacían preguntas, que estudiaba, cuantos años tenía... lo típico vamos. Nada más cenar, a un tío de Pablo se le ocurrió hacer un Karaoke, nadie puso objeción por lo que acabamos todos cantando, mientras algunos cantábamos, otros bailaban y así sucesivamente, lo estaba pasando genial, los nervios desaparecieron, tenía la sensación de que les conocía de siempre. Pablo y yo bailamos al son de un baile de esos de música lenta, donde sobraban todas la palabras existentes... de vez en cuando nos besábamos y nos olvidáramos de que había más gente, estaba viviendo un sueño que jamás pensé que ocurriría. Tras largos minutos de bailes, risas... Pablo se apresuró a mi oído y me susurro sensualmente:


–Estás tan guapa, que me vas a hacer perder el control esta noche. -Rió picaramente tras pronunciar esto. 
–Y tú estás muy provocativo, mis ganas de comerte aumentan. -Reí y se unió a mi risa.

Empezaron a irse todos los invitados, alguno se quedó a dormir ya que iba algo contentillo. Nos fuimos a dormir a eso de las 4:30 de la madrugada, hasta la mañana siguiente.

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