Dos meses después...
–Aurora, ¿estás lista? –Se escuchó a Pablo desde el salón.
–Ya voy Pablo, cinco minutos y ya.
–Eso es lo que me has dicho hace un rato.
–Que vamos a llegar a tiempo, tranquilo. –Me reí.
Pablo tenía razón, la boda empezaba en apenas media hora y ya deberíamos estar en el coche así que me retoque el peinado que llevaba y salí del cuarto de baño con una sonrisa de oreja a oreja y me dirigí al salón. Pablo estaba guapísimo. El traje negro le quedaba perfecto y el pelo tan bien peinado le hacía parecer más maduro. Pero había un detalle que me hizo sonreír. Me acerqué a él y le coloqué bien la corbata. Sabía que odiaba ponérsela y además, no lo hacía muy bien.
–Tienes una de las mejores voces de España y aún no sabes ponerte bien una corbata... Ese es mi Pablo. –Le dije riéndome.
–Shhs, eso solo lo sabemos tu y yo.
–Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo. –Me reí acercándome poco a poco a sus labios.
–Me encantas con este vestido. –Dijo a centímetros de mis labios.
–Tu también estás genial con el traje. –Y le besé–. ¿Nos vamos ya? Luego me dices que tardo... pero eres tú el que me entretiene. –Dije dándome la vuelta y dirigiéndome hacía la puerta. Le había dejado con la palabra en la boca y cuando me giré le vi suspirando y sonriendo a la vez.
–Vamos.
Salimos de la casa y nos metimos en el coche. La boda era de un amigo de Pablo. Nos habían invitado unas semanas atrás y aunque Pablo tenía firma ese mismo día, la canceló ya que era uno de sus mejores amigos y no quería fallarle. Estos dos últimos meses han sido bastante cansados para Pablo ya que había ido de aquí para allá con la promoción del nuevo disco e incluso había tenido que viajar durante unos días a América. Por otro lado, nuestra relación había vuelto a la normalidad y estábamos mejor que nunca. Aún recordaba el mensaje que me llegó de Sara, pero no había vuelto a saber nada más de ella y ni siquiera le pregunté nada a Pablo. Mientras menos supiera de ella, mejor.
Narrado por Pablo
Estaba preciosa. No hacía más que mirarla y pensar lo afortunado que era de tenerla a mi lado. El vestido azul claro y el pelo hacía un lado le quedaba genial. Esos momentos eran los que me hacían recordar lo estúpido que fui hace unos meses. Estuve apunto de perderla por no saber escucharla. Pero como bien dicen, lo pasado pasado está. Pero aún había algo que me rondaba la cabeza y me torturaba por dentro, y era lo que hice aquella noche. Era el único secreto que le había ocultado y sabía que si eso salía a la luz, la perdería para siempre. Ya me había ocupado de Sara. Y me prometió que no le diría nada, por eso no ha vuelto a llegarle mensajes a Aurora en el móvil. Ella cree que no se nada de esos mensajes pero si, ya que los vi en su bandeja de entrada. No quería registrarle el móvil, y aún me sentía mal por ello... pero lo de mi hermano me dejó tan mal que tenía que asegurarme que no había vuelto a molestarla.
Narrado por Aurora
Llegamos tras varios minutos de silencio. La iglesia era normalita, ni muy grande ni muy pequeña. El decorado era impresionante. Pablo y yo entramos y nos colocamos en nuestros respectivos sitios. Está claro que Pablo no duró ni un minuto sentado ya que aunque eran conocidos, no dudaron en acercarse para hablar con él e incluso pedirle alguna que otra foto. En un descuido perdí a Pablo de vista; seguro que se lo habían llevado para algo. Yo me quedé sentada y tras unos minutos observando a toda la gente, un hombre de unos veintiséis o veintisiete años se acercó a mí y se sentó a mi lado. Yo le miré, le sonreí y volví a mirar hacia aquella reunión de personas.
–Hola. –Me dijo, sin dejar de mirarme.
–Hola... –Contesté algo tímida.
–¿Nos conocemos?
–No creo. Aunque me resultas familiar... –Es verdad, era como si ya lo hubiese visto antes.
–Lo mismo me pasa a mí. –Me sonrió–. Bueno, me presento. Soy Carlos, encantado. –Se levantó y me dio dos besos.
–Yo Aurora. –Le sonreí. Era muy guapo; ojos marrones, moreno y mucho más alto que yo. Aún me seguía resultando muy familiar y rebusqué entre mis recuerdos para ver si conocía a aquél interesante muchacho, pero nada.
–¿Estás sola?
–No, mi pareja se ha ido un momento.
–Ah, vaya. ¿Tienes pareja? –Sonrió y miró hacia abajo. Pude notar como su rostro cambió.
–Si.
–No me extraña, eres preciosa.
–Gracias... –Contesté algo nerviosa. Me gustaba pero no estaba muy cómoda con él.
–Bueno Aurora. –Dijo levantándose–. Espero que nos volvamos a ver de nuevo. –Me dio dos besos.
–Encantada. –Y se marchó.
De nuevo miré hacia mi alrededor en busca de Pablo y lo encontré hablando con un grupo de hombres.
En cierto momento coincidimos mirándonos y me sonrió, en señal de que iba a venir hacia a mi.
La boda estaba apunto de comenzar. Pablo se sentó a mi lado y me cogió de la mano. Duró una hora y a la salida se hizo lo típico que en todas las bodas; beso, paseo y a la salida, gritos animando a los novios y personas arrojando arroz. Para mi, todo eso estaba muy visto y aunque soñara con casarme algún día, mi tipo de boda sería completamente distinta y discreta. El convite se realizó en un jardín decorado a la perfección. Comimos, bailamos e incluso bebimos, a pesar de que los dos estábamos ocupados al día siguiente; yo debía ir a la universidad y Pablo tenía una entrevista. Conocí a muchísima gente. Y me pidieron fotos, cosa que me extrañó y me resultó muy raro. Aunque Pablo decía que era porque era guapísima y querían recordarme, yo sabía perfectamente que ese interés era solo y exclusivamente porque era la novia del famoso Pablo Alborán, pero no le dije nada a Pablo ya que eso le molestaría. A veces, perdía a Pablo de vista y una de ellas, aproveché para ir al baño. Allí me retoqué un poco y al salir me choqué de frente con alguien. Al alzar la mirada me encontré de nuevo al guapo moreno de la iglesia. ¿ Coincidencia? ¿O me estaba siguiendo? La verdad es que el chico que conocí en la iglesia no tenía nada que ver con este. Estaba borracho y diciendo estupideces. Pedí perdón rápidamente y me puse a andar, pero Carlos, me cogió del brazo.
–¿Dónde vas, preciosa?
–Me sueltas, por favor. –Le dije asustada.
–Venga, que ya que te encontrado vamos a hablar un rato, ¿no? –Tiró de mi brazo y me puso frente a su cuerpo, agarrándome de la cintura con una mano y sujetándome un brazo con otra.
–Déjame en paz. –Me estaba haciendo daño. El miedo se apoderó de mi, estábamos solos en medio de un pasillo y nadie venía.
–¿Ya no te acuerdas de mi, eh, preciosa? -Dijo acercando sus labios a mi cuello.
–Suéltame... por favor... –Dije con lágrimas en los ojos.
Pero no lo hacía y me arrinconó en una pared. Sus manos pasaron debajo de el vestido y ya estaban rozando mi espalda y barriga. Ya no le soportaba más. Pero no podía hacer nada, las lágrimas me impedían pensar y mis súplicas no servían de nada.
–Vamos a jugar un ratito... –Me dijo alcanzando mis labios. Yo le mordí el labio con fuerza y empezó a sangrar. Eso empeoró las cosas. Me cogió aún con más fuerza y me agarró el cuello para poder besarme. A lo lejos escuché a alguien andar con un paso acelerado y intenté pedir ayudar aunque apenas me salían nada más que palabras sueltas ya que él no me dejaba hablar. Era Pablo. Carlos no se dio cuenta y Pablo pudo cogerle de la espalda y apartarlo de mi de un empujón. Me miró y le noté la rabia en sus ojos.
–Pero que te ha echo... –Me dijo acercándose con mucha delicadeza y con hilito de voz.
–Es..toy bien. –Dije llorando.
Pablo me acarició la mejilla y miró de nuevo a Carlos, que estaba apoyado en la pared con la camisa medio fuera y con media sonrisa en la cara. Se aproximo a él y le cogió del cuello.
–Hijo de puta. –Pronunció Pablo enfurecido.
Carlos no hacía mas que reirse y eso provocó a Pablo, que le dio en puñetazo y calló de rodillas al suelo.
–No la vuelvas a tocar en la vida. ¿Te enteras? ¡¡En la vida!! –Dijo gritando.
Yo estaba sentada con la cara entre las rodillas y intentando respirar profundo para calmarme. Pero no podía dejar que Pablo le golperara más. Me levanté y le agarré de las manos.
–Déjalo Pablo. Vámonos, por favor.
–Pero...
–Vayámonos, hazme caso.
–Esta bien. – Dijo suspirando. Miró de nuevo a Carlos, que estaba en el suelo tocándose el labio lleno de sangre. Pablo le había golpeado muy fuerte, tenía un moratón en la mejilla. –Esto no se va a quedar así. -Dijo Pablo, con rabia.
–Vamos... –Le dije cogiéndolo de la mano.
Narrado por Pablo
Jamás me hubiera imaginado que estoy iba acabar así. Aurora estaba destrozada, y eso me mataba.
Cuando vi que ese capullo la estaba forzando y ella con las lágrimas en los ojos se me vino el mundo encima. ¿Cómo podría hacerle daño a una persona como ella? Ella no, ella no se merecía nada de lo que le había pasado. Nada. Nunca había golpeado a una persona de esa manera. No era yo, pero no podía dejar que ese tipo se marchara como si nada. Ella, mi princesa. Estaba con los ojos rojos, su sonrisa había desaparecido y con la mirada perdida. No podía, no podía verla así. Al salir de la fiesta, nos montamos en el coche y allí la abracé como nunca lo había echo. No iba a dejar que nadie más le hiciera daño. Nunca más. Llegamos a su casa y allí le ayude a ponerse cómoda y yo me cambié también. Apenas pronunció palabra. Yo tampoco quería sacar el tema. Le preparé una tila y nos tendimos los dos en el sofá. La tenía entre mis brazos y allí se quedo dormida. Era un ángel cuando dormía y estaba por quedarme allí con ella, abrazados y el silencio como banda sonora, pero ella tenía que descansar así que la cogí en brazos. La llevé a su habitación y la acosté en la cama. Quería dejarle la cama para ella sola y yo no molestarle así que le di un beso en la frente, le acaricié le pelo y le tapé con la manta. Yo me fui al sofá y cerré los ojos. Aunque todo lo que se venía a la cabeza eran las imágenes de Aurora llorando y ese tipo encima de ella, intenté cerrar los ojos y dormir. Mañana sería otro día.
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