–Hola amor. -Se acercó y me besó.
–Hola cielo, ya estamos todos, vamos a comer. -Dije sonrientemente.
Comimos todos tranquilamente en aquél precioso comedor, fue una comida navidad amena como en cualquier otra casa. Estuvimos hablando un buen rato con todos, y a eso de las 18:30 nos despedimos de ellos y nos fuimos nuevamente Pablo y yo a nuestra casa, estábamos realmente agotados. Pablo se tumbó en el sofá y estuvo leyendo a sus fans en Twitter, yo aproveché y recogí algunas cosas de la habitación, cuando de repente sonó mi móvil, era un WhatSapp, era ella, Sara, me senté en el borde de la cama a leer su mensaje, un mensaje que me dejó inquieta, descolocada... decía así:
¿Te acuerdas que te dije hace un tiempo que tú Pablo no era tan bueno?
Pues, bien te voy a contar a que se debía eso que te dije:
Cuando tú y él lo dejasteis por tú deslíz con Salva,
Pablo y yo coincidimos en un bar con nuestros amigos
Pablo bebió más de la cuenta, yo lo llevé a su casa
ya que no estaba en condiciones de conducir,
iba a dejarle tumbado en su cama cuando me pidió
que no me fuera, comenzó a besarme, le pedí
que no lo hiciera porque mañana se iba
a arrepentir, él seguía con sus caricias,
y chica, una no es de piedra, me dejé llevar
también, y... nos terminamos acostando.
No podía creer lo que mis ojos estaban leyendo, Pablo me había puesto los cuernos con Sara, ¿Por qué me hacía esto justo ahora que estábamos más o menos bien? me armé de valor, abrí la puerta de la habitación con una mezcla de rabia, dolor y decepción y fui a preguntarle a él que seguía tumbado en el sofá.
–Pablo, ¿Por qué me haces esto? -Dije intentando aguantar mis ganas de llorar.
–¿De que hablas?
–¡Venga ya Pablo! Deja de hacerte el que no sabes nada, lo se todo, se que te has acostado con Sara. -Dije enfurecida.
–¿Qué? -Dijo acomodándose en el sofá.
–No sigas mintiendo por favor te lo pido... ¡Mira lo que me ha mandado tú amante! -Dije alzando la voz, a punto de romper a llorar y mostrándole el mensaje.
–Yo Aurora... no... -Contestó Pablo sin saber como reaccionar.
–¿Tu qué Pablo? ¿Por qué me haces esto? ¿Es una venganza o algo por lo que pasó con Salva o qué? pensaba que eres diferente, pero me equivoqué, eres un puto gilipollas, que ilusa fui al creer en tus malditas palabras, ojalá no te habría conocido en mi vida. -Estaba derrotada, solo quería encerrarme en un sitio a llorar, no quería ni verle.
–Aurora, fue un desliz, estaba borracho, no sé que me pasó, se me fue la situación de las manos, me desperté a la mañana siguiente sin recordar nada, yo te quiero a ti, sólo a ti. -Contestó desesperado.
–No sigas, no intentes que te crea por que no lo haré, ¡Vete! no quiero volver a verte en mi vida. -Rompí a llorar tras pronunciar eso, estaba completamente destrozada.
–Pero, Aurora por favor no podemos dejar esto por un maldito desliz... -Pablo estaba también a punto de llorar, sus ojos estaban cristalinos.
–Si Pablo, esto se acaba aquí, lárgate de una maldita vez, no quiero volver a verte, para mi no existes.
–Pero...
–Pero nada, ¡Que te largues te he dicho, lárgate! -Dije chillandole y señalándole la puerta, en mi cara no paraban de resbalar lágrimas de dolor.
Frente a la puerta, paralizado, me miró por última vez, por su cara también resbala alguna que otra lágrima, pero ya daba igual lo que sentía, lo hecho, hecho estaba, ya no se podía hacer nada. Se marchó y yo seguía destrozada por dentro, la impotencia hablaba por mi... fui a la que había sido nuestra habitación y saqué todas sus cosas del armario, aún olían a su colonia, las tiré por toda la habitación, no quería nada que me recordase a él. Finalmente se acabó, ahora me tocaba empezar una nueva vida sin él.
Narrado por Pablo:
¿Cómo he podido hacerla esto? soy un gilipollas, la he perdido y todo por culpa de esa maldita noche, soy un mierdas, yo que la he reclamado tantas y tantas veces el desliz con Salva, no entiendo que me pasó por la cabeza en ese momento. Llegue a mi casa, desolado y sin ganas de hacer nada, solamente de sentarme en un rincón y llorar. La he llamado ya unas cuantas veces, la he enviado WhatSapp y nada, no quiere verme, y todo por mi culpa, yo me he buscado todo esto. Tras largas horas sin encontrar algún consuelo que calme mi dolor, termino llamando a Sara, no entiendo porque ha tenido que abrir la boca, eso es algo que incumbía a mi y Aurora, ella no era quién tenía que decirselo, era yo, y por supuesto en un momento adecuado.
–¿Sara? -Pregunto enfurecido.
–Vaya, vaya... no esperaba tú llamada, ¿Ya no estás con tú amada? -Oigo su voz con cierto tono de ironía.
–¿Por qué se lo has contado? ¡No te incumbía!
–No me incumbía, pero no iba a permitir que harías como si nada pasase, y te olvidases de lo ocurrido.
–Yo estaré sin Aurora, pero a mi no me vuelves a llamar en tú puñetera vida, para ti he muerto. -Colgué el teléfono.
Me tumbé en mi cama, y no me separé del móvil, en este día sólo esperaba una llamada, su llamada.
Poco después me llamo Manuel, no me acordaba de que tenía una grabación para un programa, no me encontraba con fuerzas de ir a ningún sitio, a si que cancelé toda la promoción, al menos por el momento, ya se que la que la gente se pondría a rumorear sobre lo que me podría estar pasando, pero me daba igual, no descansaría hasta recuperar el amor de mi vida, el amor de Aurora.
Narrado por Aurora:
Mi teléfono no para de sonar, es Pablo, paso olímpicamente de cogerle el teléfono, no quiero ni verle ni oírle. Rebusco entre los contactos de la guía de mi móvil y busco el de ella, Nerea, mi mejor amiga, la que me entiende mejor que nadie.
–Hola princesa... -Digo si ánimos, menos mal que ella me conoce y sabe cuando estoy bien, y cuando mal.
–¡Auro! No esperaba tu llamada... ¿Todo bien? te noto mal. -Pregunta.
–No Nerea... he tenido problemas con Pablo, me ha puesto los cuernos y pfff... -Trate de no venirme a bajo, ella era una de esas amigas que cuando te ven mal, llora contigo.
–¿Qué? bueno, tú tranquila Auro, ya habrá otro, si no se ha dado cuenta de la gran mujer que tiene al lado, peor para él, verás que todo se arregla, y si no es así, otro vendrá...
–Quizás tengas razón, pero ahora no me encuentro con el suficiente ánimo para volver a intentar nada con nadie.
–¡Arriba esa ánimo ¿eh?! ¿Quieres que te vaya a buscar y salimos a tomar algo para que te despejes?
–No... no tengo fuerza para poner un pie fuera de la calle, me siento fatal.
–Aurora, Pablo y tú lo habéis dejado, pero eso no quiere decir que ahora te estés en casa deprimiendote... ¡La vida sigue! anda, vamos... te vendría bien. -Trató de combencerme, y no me quedó más remedio que aceptar.
–Vale... pero sólo un ratito.
Colgué y sin ánimo, ni fuerza de voluntad me levanté, me peiné un poco y salí de casa con lo básico.
Me encontré a Nerea por mitad de camino, nos saludamos, y la abracé con fuerza, hoy más que nunca necesitaba sus abrazos. Durante el trayecto al bar no cruzamos ninguna palabra, no tenía demasiadas ganas de volver a recordar todo, y supongo que ella no quería tampoco recordármelo.
Entramos al bar, pedí una simple CocaCola, Nerea me contó como la estaba yendo en sus estudios, por un momento veía la cara de Pablo entra la gente, creo que me estaba empezando a volver loca...
Nerea fue al baño cuando de repente mientras hablábamos, se acercó a mi un chico, no muy alto, moreno, y de ojos marrones, iba borracho.
–Hola guapa, ¿Quieres bailar?. -Me dijo.
–No, adiós. -Contesté de mala forma, odiaba a los típicos borrachos que vienen a pedirte bailar cuando iban hasta atrás de alcohol.
–Si, ven, vamos a bailar nos vamos a divertir mucho... -Comentó mientras me cogía bruscamente de mi brazo haciéndome daño.
–Déjame por favor, ¡No quiero! -Contesté llorando.
De repente llegó alguien y frenó al chico.
–Te ha dicho que la sueltes, no quiere nada contigo, sueltala. -Esa voz me resultaba un tanto conocída, me giré, y allí estaba él, Pablo me estaba salvando de aquél personaje.
–¿Qué pasa, eres su noviecito? -Comentó con ironía el borracho.
–Soy lo que a ti no te importa, sueltala o te las verás conmigo...
El borracho me soltó y comencé a llorar, Pablo me abrazó y me calmó.
–Shh... ya está, no ha pasado nada... ¿Estás bien? -Pronunció Pablo mientras acariciaba suavemente mis cara con sus manos.
–Si, estoy bien, gracias. Pero no te equivoques, el hecho de que me hayas defendido delante de ese imbécil, no cambia las cosas, tú y yo ya no tenemos nada que nos una, adiós. -Salí llorando del bar.
Esperé a Nerea fuera del bar algo nerviosa aún por lo ocurrido, hasta que llegó ella.
–¿Dónde estabas tía? ¡Me has asustado, pensé que te había pasado algo!
–Estoy bien... pero... un borracho me ha pedido bailar, le he dicho que no y me ha agarrado el brazo bruscamente y... justo llego él para rescatarme.
–¿Hablas de Pablo? -Dijo Nerea con mirada de no entender mucho.
–Si...
–¿Y que le has dicho?
–Le he dado las gracias, pero le he dejado claro que eso no quería decir que lo iba a perdonar y después me salí fuera.
–Pfff... Menos mal que no te ha pasado nada.
Nos fuimos cada una a nuestra casa, cuando llegue seguía con la moral por los suelos, me acosté en la cama, y como no, en mis pensamientos rondaba él, me iba a costar tanto olvidarlo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario