Ya lo tenía. Lo encontré. Era el piso perfecto. Estaba en el lugar perfecto y el precio estaba muy bien. Siempre quise poder independizarme, pero hasta que no cumplí la mayoría de edad, no pude. Y ahora lo había encontrado. Estaba cerca de la playa y de la universidad. No podía dejarlo escapar, algo me decía que era allí donde tenía que estar.
A los pocos minutos, llamaron a la puerta, así que me levanté rápidamente y abrí.
-Hola, mamá. -Le dije a la vez que le abrazaba.
-Hola hija.
Me llamó la atención que viniera sola. Me resultaba extraño que mi padre no estuviera allí con ella.
-¿Y papá? -Pregunté-. Es raro que no esté contigo.
El rostro de mi madre cambió completamente al escuchar aquella pregunta. Sus ojos estaban tristes. Algo pasaba.
Agachó la cabeza y suspiró. Levantó la única y pequeña maleta que llevaba y la llevó a su cuarto. La seguí, necesitaba una respuesta. No entendía la actitud de mi madre. Me estaba empezando a preocupar. Empezó a sacar la ropa, suspirando de vez en cuando. La cogí del brazo y la miré a los ojos.
-Mamá, ¿donde está papá?
-Hija... verás, tenemos que hablar de eso... Tu padre y yo...
No hacía falta que me dijera lo que pasaba. Algo que llevaba temiendo desde que empezaron las discusiones entre ellos. Mi mayor pesadilla. Era cierto, se peleaban mucho. Se gritaban y siempre acaba uno de los dos fuera de casa. Yo me encerraba en mi cuarto y me ponía los cascos para no escucharlos. A pesar de que no había ni una semana sin salir de pelea algún día, siempre había una reconciliación, siempre intentaban arreglar las cosas. Pero esta vez, las cosas se había complicado. Los ojos de mi madre, hablaban por ella.
-... Hemos decidido separarnos. No podemos seguir juntos, así no. -Continuó ella.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. A pesar de que, de alguna manera, me lo esperaba, tenía la esperanza de que fuera otra cosa. Me dí la vuelta, y me fui de aquella habitación. No dije nada, solo la miré confusa y me encerré en mi habitación. Me tumbé en la cama y dejé que las lágrimas fluyeran por mis mejillas. -Ojalá solo fuera una pesadilla-. Me dije a mi misma. Pero no, estaba pasando, era verdad. Mis padres se separaban. Los recuerdos de mi niñez me acosaban. Todos los momentos que pasamos juntos, los abrazos de mi padre, los consejos, todo. Aunque podía seguir viéndole, sabía que no iba a ser lo mismo. Me repetía a mi misma que ya era adulta, era mayor, tenía que afrontarlo. Pero en esos momentos solo me sentía una niña indefensa, destruida. Necesitaba un abrazo de mi padre, de Pablo... pero ellos no estaban aquí. Estaba sola.
Unos golpes en la puerta, hicieron que abriera mis hinchados ojos. ¿Había sido una pesadilla? Estaba confusa, pero la imagen de mi madre me hizo volver a la realidad.
-¿Podemos hablar? -Me dijo aproximándose a mi cama.
-Si. -Respondí. Me incorporé y crucé las piernas.
-Aurora, siento mucho que tengas que pasar por esto. Pero ya eres mayor, tienes que entenderlo. Las cosas no iban bien entre nosotros. Solo había peleas y eso no era bueno ni para ti, ni para nosotros. Tu padre mañana pasará a por sus cosas y se mudará. ¿Te acuerdas de la casa de tus tíos, esa que solo pisan en verano? Pues allí ser irá. Podrás verlo cuando quieras. -Me sonrió.
No era tan malo como pensaba, pero me dolía el echo de que se separaran. A cualquier persona le duele que sus padres se separen.
-Está bien. -Dije esbozando una pequeña y falsa sonrisa-. Supongo que es lo mejor...
-Es lo mejor cariño. -Me dijo acariciando mi mano-. Y bueno, cambiando de tema... ¿Qué tal Pablo?
-Bien, se ha marchado hoy a Argentina...
-No sabía nada... ¿Cuándo vuelve?
-Dentro de un mes. -Me costó decir.
-Ah, vaya... Es lo que tiene tener un novio famoso, ¿no?
-Claro mamá. -Le dije sin fuerzas. No tenía ningunas ganas de hablar de Pablo. No me hacía bien y menos cuando más necesitaba su compañía. Le cambié de tema rápidamente-. Sabes, he encontrado un piso perfecto. Dentro de unos días me mudo.
-¿Dentro de unos días? ¿Tan pronto? Cariño, no me has dicho nada. No me parece nada bien... y menos ahora.
-¿Cómo que y menos ahora? Tu te vas a separar de papá. Vas a quedar libre, vas a hacer lo que quieres ¿no? -Dije enfadada.
-Si pero...
-Pero nada mamá. No te metas en mi vida, ya soy mayor y si quiero, me mudo hoy mismo. Así que no hagas las cosas más difíciles. -Le dije muy seria.
-¿Y como lo vas a pagar? ¿Eh?
-No es muy caro, ya me las apañaré.
-Está bien. Haz lo que quieras...
-Lo haré.
Llegaron las once de la noche. Había quedado con unas amigas. No tenía fuerzas ni ganas, pero quería despejarme, no podía pasar ni un minutos más en esa casa. Me duché, me arreglé y salí de allí. La calle estaba desierta. Hacía una calor impresionante. Empecé a andar y en pocos minutos llegué al local. Unos hombres fuertes me dejaron entrar después de pagarle la entrada. El sonido de la música retumbaba en mis oídos. Poco a poco me fui acostumbrando a las luces parpadeantes y a toda una multitud bailando y saltando. Me costó llegar a la barra, la gente no paraba de empujar. Pedí un refresco y después de unos minutos esperando, llegaron dos de mis amigas. Las saludé y pedimos una bebida con alcohol, que no había probado nunca. No bebía, pero me dejé llevar. Demasiados problemas y por una noche, no me iba a pasar nada. Acabé con el primero y después vino otro y otro y otro más. El alcohol me hizo marearme un poco pero seguí de pie. Me puse a bailar. Bailaba con chicos, chicas, con desconocidos, con amigos. Ya no era dueña de mi cuerpo. Me dejaba llevar por la música y la gente. No sabía muy bien lo que hacía. Un chico se me acercó y me puse a bailar. Muy juntos, demasiado juntos. No me importaba, me lo estaba pasando bien. Luego otro, me besó y yo le besé, pero lo perdí de vista. Seguí bailando. No me cansaba, pero paré. Un chico me ofreció una bebida y la acepté. Luego me empezó todo a dar vueltas y ese chico, al que conocía o eso creía me cogió de la mano y me llevó a un extraño lugar. Era una sala oscura, no supe reconocer lo que era. Me tumbé en una cama y me empezó a besar. Algo hizo que me sobresaltara, su voz quizás. Por un momento fui racional, me aparté de él y me fui de allí.
No era consciente de nada. Solo me dejaba llevar. Hacía lo que me apetecía. No diferenciaba lo que estaba bien o lo que estaba mal. No me acordaba ni de mi nombre. Me estaba empezando a marear de nuevo así que salí afuera. Me senté apoyada en una pared detrás del local y con la cabeza mirando hacia el cielo, cerré los ojos.
-Aurora, despierta. Aurora, abre los ojos. -Dijo una voz conocida.
Abrí los ojos. Aún era de noche. No habían pasado ni cinco minutos desde que me senté allí pero para mi, fueron como horas. Era un hombre. No le veía muy bien los rasgos de la cara, pero si que me pude fijar en su barba. Yo conocía a ese hombre.
-¿Pablo? -Dije cogiéndole la cara con las dos manos.
22.8.12
12.8.12
Cap. 31: Despedida.
Al decir aquello una sonrisa se dibujó en mi cara. Si, me parecía una auténtica locura, pero era una locura con Pablo así que no me lo pensé dos veces, le di la mano para que se levantara y nos colocamos de manera en la que Pablo me tenía rodeada la cintura y mis labios rozaban su cuello. La música seguía sonando ya que me había dado tiempo de ponerla bajo el techo de las escaleras.
Nuestros cuerpos se movían lentamente al compás de la canción mientras que la lluvia, que seguía cayendo con más intensidad, resbalaba por nuestra piel. Estaba siendo una noche mágica y especial. Por un momento se me vino a la mente, de nuevo, que Pablo se marchaba mañana y eso hizo que me invadiera la tristeza. Pablo se separó un poco de mi y me miro a los ojos con una pequeña sonrisa.
Después de dar vueltas sobre la cama, conseguí dormirme.
A la mañana siguiente, el sonido del despertador hizo que me sobresaltara. Me quedé unos cinco minutos más en la cama y abrí las cortinas de las ventanas. Aún no era de día del todo pero ya se podía ver el sol. A pesar de lo temprano que era, hacía mucha calor así que decidí de darme una buena ducha y vestirme con un vestido cómodo. Me fui hacía la cocina, me bebí un zumo y miré el reloj: las siete y cuarto. Pablo debería estar casi al llegar al aeropuerto así que cogí el bolso y salí de la casa. Andé hasta la parada del bus y esperé unos cinco minutos. Me subí y me coloqué en el último asiento que había. Estaba casi lleno y dos chicas se me quedaron mirando pensativas. No les hice caso y me puse los cascos. Mientras que estaba en mi mundo mirando hacía la ventana sentí unos toques en el brazo. Alcé la mirada y encontré a las dos chicas que me estaban mirando antes, sentadas al lado mía. Una estaba sonriendo y la otra tenía una cámara en la mano. Les sonreí y la chica de la cámara le dijo algo al oído a la amiga. Después, las dos a la vez me preguntaron lo que nunca me hubiera imaginado.
Nuestras miradas hablaban por nosotros. El silencio que había nos provocó una sonrisa a los dos. Pablo pasó su mano por mi pelo y yo le acaricié la mejilla.
Me esperé cinco minutos después de que saliera Pablo y salí del aeropuerto rápidamente. Pensé en llamar a mis amigas para quedar un rato y estar entretenida durante todo la mañana así que me senté en un banco del primer parque que vi y las llamé. Quedamos dentro de una hora. Me levanté de allí y me fui andando hacía el lugar de encuentro. Hacía una bonita mañana y un aire agradable pero cálido. El mal tiempo de anoche no había dejado huella, las nubes había desaparecido. Aún sentía el aroma de la colonia de Pablo. Intenté no pensar en él. Durante el camino me encontré con varias personas. Amigas que no veía desde hace un montón de tiempo. Llegué al bar donde habíamos quedado y en una de las mesas, estaba Nerea y Marina, unas de mis mejores amigas. Les di un abrazo y me senté con ellas. Pasamos una buena mañana. Echaba de menos estos ratos con ellas. A penas nos habíamos visto desde el cumpleaños. Nos pusimos al día de todo y Nerea nos propuso ir de fiesta por la noche. Yo acepté, no tenía nada que hacer y al menos me distraería. Comimos allí y me fui para casa en cuanto terminamos. Mis padres no habían llegado aún. Solté el bolso en la mesa, encendí el ordenador y me puse a ver los pisos que había en alquiler cerca de la universidad donde dentro de un mes, empezaría mis estudios de medicina.
Nuestros cuerpos se movían lentamente al compás de la canción mientras que la lluvia, que seguía cayendo con más intensidad, resbalaba por nuestra piel. Estaba siendo una noche mágica y especial. Por un momento se me vino a la mente, de nuevo, que Pablo se marchaba mañana y eso hizo que me invadiera la tristeza. Pablo se separó un poco de mi y me miro a los ojos con una pequeña sonrisa.
-¿Que te pasa? -Me dijo apartándome un mechón de pelo de la cara.
-Nada, simplemente que no quiero que acabe esta noche.Al decir aquello Pablo me abrazó fuerte y me dio un suave beso en la mejilla. Estábamos empapados de arriba abajo y el aspecto de Pablo me encantaba. Tenía los pelos revueltos y el agua cayendo por su rostro le daba un toque sexy y gracioso a la vez. Solté una pequeña carcajada.
-Pero bueno, ¿ahora de que te ríes? -Me dijo con una gran sonrisa.
- Es que estás muy mono con los pelos así. -Le dije riéndome aún más.
-¿Te estás riendo de mi?
-Posiblemente.
-Ahora verás.A pesar de lo mucho que estaba lloviendo y de lo poco que podíamos ver, Pablo me cogió en brazos y empezó a dar vueltas sobre sí mismo. No parábamos de reír hasta que pasó lo que estaba temiendo desde que me cogió. Pablo se resbaló y caímos los dos al suelo, yo encima de él. En medio de un ataque de risa por parte de los dos, Pablo me ayudó y nos colocamos sentados.
-¿Estás bien? -Me preguntó
-Si, si. -Le dije intentando tranquilizarme-. Mira lo que has conseguido, los dos al suelo.
-No pretendía eso, pero ya estamos en paz.
-Que malo eres, ¿eh?
-Habló. -Me dijo levantándose mientras que se reía.Pablo se levantó y se quitó la camiseta ya que era para nada que la tuviera puesta. Me dio la mano y volvió a agarrar de la cintura. Se acercó a mis labios y me besó suavemente. Esos besos me dejaban con ganas de más así que lo volví a besar más intensamente. Mis manos acariciaban su espalda desnuda y nos dejamos llevar. Nos colocamos de pie contra la pared y nos seguimos besando como si no hubiera mañana. Nuestra respiración se aceleraba y los besos nos transportaban a otro lugar. Pablo me quitó el vestido y poco a poco me iba colocando en el suelo. Yo le iba dando pequeños besos en el cuello y en mitad de uno de ellos, sonó el móvil de Pablo. Al principio no lo quería coger pero yo le convencí ya que podía ser importante. Pablo se puso debajo del techo de las escaleras y yo entré dentro con él.
-Hola. Si, la verdad es que estoy ocupado. ¿Ahora? Está bien, ya voy para allá. Adiós. -Colgó la llamada y se apoyó en la pared dando un suspiro mientras que se llevaba las manos a las cara-. Lo siento, me tengo que ir.
-No pasa nada Pablo... -Le dije esbozando una pequeña sonrisa. Me acerqué a él y le acaricié la mejilla-. No es tu culpa, si te tienes que ir, ve.
-Lo siento princesa... Me han llamado por una cosa del viaje y tengo que ir. No sé porque se han tenido que esperar al último momento...
-Hey, que no pasa nada. -Le dije abrazándolo.
-¿Vendrás mañana al aeropuerto?
-Odio las despedidas pero si no voy mañana, me quedo sin verte y nos tenemos que despedir ahora y la verdad, no lo soportaría.
-Ni yo. Mañana salgo a las siete de casa así que llegaré sobre las siete y media. -Me dijo mientras que jugaba con mis manos.
-Allí estaré. -Le dije sonriendo.
-Siento que esta noche no haya acabado como nosotros queríamos.
-Y yo...
-Bueno, así mañana nos veremos otra vez. -Dijo guiñándome un ojo.
-No hay mal que por bien no venga. -Dije dándole un besito.Pablo cogió la camiseta y se quedó mirándome con ella en la mano. No habíamos caído en la cuenta de que Pablo tenía toda la ropa empapada.
-¿Y ahora que hago?
-No te preocupes, te dejo una camiseta de mi padre.
-Vale. -Me sonrió.La lluvia ya había dejado de caer y había una sensación de humedad casi insoportable. Pablo y yo lo recogimos todo. Bajamos a casa y nos secamos un poco. Yo me puse ropa seca y le di la camiseta a Pablo, que no le quedaba nada mal. Nos dirigimos a la puerta y nos dimos unos besos.
-Hasta mañana. -Me dijo sonriendo.
-Hasta mañana. -Le di un beso-. Te dejaré un mensaje cuando llegue al aeropuerto.
-Allí nos vemos.Le di un último beso y se marchó. Me dirigí hacía mi habitación y me metí en la cama. Una sensación de vacío y tristeza me recorrió por el cuerpo durante unos segundos. Intenté pensar en que mañana lo vería de nuevo y aunque fuera para despedirnos, me hacía feliz. También pensé en Sergio. En lo mucho que me hacía falta un amigo como él y al recordar lo de por la tarde, esbocé una sonrisa.
Después de dar vueltas sobre la cama, conseguí dormirme.
A la mañana siguiente, el sonido del despertador hizo que me sobresaltara. Me quedé unos cinco minutos más en la cama y abrí las cortinas de las ventanas. Aún no era de día del todo pero ya se podía ver el sol. A pesar de lo temprano que era, hacía mucha calor así que decidí de darme una buena ducha y vestirme con un vestido cómodo. Me fui hacía la cocina, me bebí un zumo y miré el reloj: las siete y cuarto. Pablo debería estar casi al llegar al aeropuerto así que cogí el bolso y salí de la casa. Andé hasta la parada del bus y esperé unos cinco minutos. Me subí y me coloqué en el último asiento que había. Estaba casi lleno y dos chicas se me quedaron mirando pensativas. No les hice caso y me puse los cascos. Mientras que estaba en mi mundo mirando hacía la ventana sentí unos toques en el brazo. Alcé la mirada y encontré a las dos chicas que me estaban mirando antes, sentadas al lado mía. Una estaba sonriendo y la otra tenía una cámara en la mano. Les sonreí y la chica de la cámara le dijo algo al oído a la amiga. Después, las dos a la vez me preguntaron lo que nunca me hubiera imaginado.
-¿Tu eres la novia de Pablo Alborán?
-¿Cómo? -Le dije apartándome el pelo de la cara.No sabía que decirles. Desde que salió la noticia en la revista, nadie me había reconocido así que no sabía como reaccionar. Pero una cosa estaba clara, no le podía decir que era yo.
-Si, tu eres la novia de Pablo Alborán, la que salía en la revista.
-Creo que os estáis equivocando. Yo... no soy.
-Pero...
-Ojalá fuera yo. -Dije para disimular.
-Creíamos que...-Se giró para ver a su amiga-. Te pareces un montón, ¿eh?
-Soy super fan de él. Pero desgraciadamente no soy yo.
-Bueno, sentimos haberte molestado. -Dijo la chica de la cámara con una sonrisa.
-No, para nada me habéis molestado. -Le sonreí-. Bueno, yo me bajó aquí.Por suerte llegué rápido al aeropuerto. Me despedí de las chicas y bajé del bus. Me coloqué en la sombra ya que hacía mucha calor. Había tenido que mentir a esas chicas porque no quería que se pusieran a hacerme preguntas sobre Pablo. Por un momento me sentí mal por lo que había echo. Me preguntaba si a Pablo le molestaría aquello, el decir que no soy su novia. Pero era lo mejor, porque a saber como hubieran reaccionado y más si esas chicas fueran fan de él. Saqué el móvil y hice lo que le había dicho a Pablo, le mandé un mensaje de aviso para que supiera que ya había llegado. Después de unos diez minutos allí parada decidí de entrar dentro del aeropuerto. Por suerte no había mucha gente. Miré a mi alrededor pero no le encontré. Seguí andando y por fin le vi. Me costó reconocerlo ya que estaba rodeado de unas diez u once chicas con pancartas y bolsas. No se me había pasado por la cabeza aquello, pero era lo más normal. Cuando Pablo se marchaba o llegaba al aeropuerto siempre había Alboranistas esperándolo, no me sorprendió pero no sabía que hacer. Por un momento se me ocurrió irme de allí y hablar con Pablo por móvil, pero ya que había llegado allí no podía irme sin darle ni siquiera un abrazo. Se me ocurrió hacerme pasar por una fan más y la idea me pareció divertida. Seguí andando hacía allí al lado de otras tres chicas que, al parecer, también iban a saludar a Pablo. Cuando llegué al grupo de chicas, Pablo se estaba echando una foto con dos chicas. Yo me coloqué detrás de una mujer morena que estaba medio llorando. Sonreí ante aquella escena y intenté buscar la mirada de Pablo, pero él no se había dado cuenta de mi presencia. Seguí observando a todas esas chicas emocionadas y felices cuando una chica me empujó hacía delante y se me calló el bolso al suelo. Ella no lo hizo intencionadamente porque seguro que estaba muy nerviosa y quería ir a saludar a Pablo. Como estaba en medio de aquella reunión, todas se apartaron y la chica que me había empujado se agachó conmigo para ayudarme a recoger las cosas que se habían salido del bolso.
-Lo siento, no me he dado cuenta.
-No pasa nada. -Le sonreí.Terminé de meterlo todo y me coloqué el bolso de nuevo. Al levantarme vi como Pablo estaba hablando con dos hombres cuando se giró y se quedó paralizado al verme. No se esperaba que estuviera allí con todas las fans. Le había dado una grata sorpresa porque me sonrió de inmediato. Intentamos disimular todo lo posible, pero no pudimos evitar sonreírnos mutuamente. Aquello duró unos segundos, porque otras chicas se le acercaron por detrás y le pidieron unas fotos. Parece que a nadie le había resultado extraño esas sonrisas mutuas y eso me alivió bastante. Me pareció bien la idea de hacer como las demás chicas, así que me acerqué a Pablo como si nada, y le pregunté si podía darle un abrazo. Él me esbozó una gran sonrisa y nos abrazamos muy fuerte.
-Gracias por venir. -Me dijo en un susurro.Me estremecí ante aquello y me separé unos metros para que pudiera seguir hablando con las fans. Después de unos cinco minutos, unos hombres que estaban detrás de Pablo, anunciaron que ya se tenía que marchar y que no podía pararse más. Pablo les dio las gracias y le lanzó besos con la mano. Pensé que se olvidaba de mi y que ese abrazo había sido nuestra despedida pero antes de que se alejara de aquél sitio, Pablo me miró y disimuladamente me indicó un letrero que tenía una flecha de color rojo y una palabra. Le sonreí y me dirigí hacía aquél lugar. Abrí la puerta y como indicaba el cartel, estaban los baños públicos. Me apoyé en la pared hasta que Pablo entró.
-Bonito sitio para despedirnos ¿eh? -Le dije sonriendo.
-Lo primero que se me ha ocurrido. -Me dijo cogiéndome de la cintura.
-Aún así puede entrar cualquiera.
-No, no puede entrar nadie. He dejado a Porty vigilando. -Me dijo muy cerca de mis labios.
-Menos mal que piensas en todo. -Le dije soltando una pequeña carcajada que le contagié a Pablo.Nos quedamos unos segundos en silencio. Nos pusimos frente con frente y nos miramos a los ojos. Yo tenía mis brazos alrededor de su cuello mientras que él me agarraba de la cintura.
Nuestras miradas hablaban por nosotros. El silencio que había nos provocó una sonrisa a los dos. Pablo pasó su mano por mi pelo y yo le acaricié la mejilla.
-No hace falta que te diga que te voy a echar mucho de menos ¿no? -Se rió.
-No... -Me reí con él-. Cuídate mucho por allí. Oye, y no te olvides de mí ¿eh?Pablo no contestó, siguió mirándome con media sonrisa dibujada en la cara.
-Jo, te voy a echar demasiado de menos Pablo. -Le dije abrazándolo.Pablo parecía como si no me escuchara. Solo me miraba y sonreía.
-Mira, te voy a dar esta pulsera, muy importante para que al menos tengas algo mío...Me empecé a quitar la pulsera de la muñeca cuando Pablo me cogió la mano y me acarició la mejilla.
-Te quiero. -Me dijo con voz bajita-. Te quiero. -Volvió a decir-. Y no necesito ninguna pulsera para acordarme de ti. Cada mañana, cada día que pase estaré pensando en ti... ¿Sabes una cosa? -Me dijo sonriendo.Yo le sonreí y con los ojos iluminados, moví la cabeza hacía los lados como respuesta de su pregunta.
-Que a pesar de lo lejos que esté, sigue viva tu magia en mi ser.
-No se porqué, pero esa frase me suena. -Le dije entre risas-. Te quiero Pablo. Y grábate bien estas dos palabras porque no quiero que la olvides jamás; te quiero.Después de decir aquello Porty abrió la puerta y Pablo y yo nos separamos un poco.
-Pablo nos tenemos que ir.
-Ya voy para allá.Porty cerró la puerta y Pablo se giró hacía a mi.
-Llegó la hora. Cuídate mucho ¿vale?
-Estaremos en contacto ¿no?
-Siempre. -Me dijo sonriendo-. Salgo yo antes.
-Vale...
-Ven aquí anda.Pablo me cogió de la mano y me trajo hacía él. Me abracé a él y posé mi cara en su torso. Pablo me rodeó fuertemente entre sus brazos y tras varios segundos, posé mis labios en los suyos y nos dimos un último beso, un beso intenso y cálido. Un beso de despedida, un beso de Hasta luego, porque eso es lo que era, un me voy pero volveré y cuando él vuelva, seré la persona más feliz del mundo.
Me esperé cinco minutos después de que saliera Pablo y salí del aeropuerto rápidamente. Pensé en llamar a mis amigas para quedar un rato y estar entretenida durante todo la mañana así que me senté en un banco del primer parque que vi y las llamé. Quedamos dentro de una hora. Me levanté de allí y me fui andando hacía el lugar de encuentro. Hacía una bonita mañana y un aire agradable pero cálido. El mal tiempo de anoche no había dejado huella, las nubes había desaparecido. Aún sentía el aroma de la colonia de Pablo. Intenté no pensar en él. Durante el camino me encontré con varias personas. Amigas que no veía desde hace un montón de tiempo. Llegué al bar donde habíamos quedado y en una de las mesas, estaba Nerea y Marina, unas de mis mejores amigas. Les di un abrazo y me senté con ellas. Pasamos una buena mañana. Echaba de menos estos ratos con ellas. A penas nos habíamos visto desde el cumpleaños. Nos pusimos al día de todo y Nerea nos propuso ir de fiesta por la noche. Yo acepté, no tenía nada que hacer y al menos me distraería. Comimos allí y me fui para casa en cuanto terminamos. Mis padres no habían llegado aún. Solté el bolso en la mesa, encendí el ordenador y me puse a ver los pisos que había en alquiler cerca de la universidad donde dentro de un mes, empezaría mis estudios de medicina.
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