12.8.12

Cap. 31: Despedida.

Al decir aquello una sonrisa se dibujó en mi cara. Si, me parecía una auténtica locura, pero era una locura con Pablo así que no me lo pensé dos veces, le di la mano para que se levantara y nos colocamos de manera en la que Pablo me tenía rodeada la cintura y mis labios rozaban su cuello. La música seguía sonando ya que me había dado tiempo de ponerla bajo el techo de las escaleras.
Nuestros cuerpos se movían lentamente al compás de la canción mientras que la lluvia, que seguía cayendo con más intensidad, resbalaba por nuestra piel. Estaba siendo una noche mágica y especial. Por un momento se me vino a la mente, de nuevo, que Pablo se marchaba mañana y eso hizo que  me invadiera la tristeza. Pablo se separó un poco de mi y me miro a los ojos con una pequeña sonrisa.
-¿Que te pasa? -Me dijo apartándome un mechón de pelo de la cara.
-Nada, simplemente que no quiero que acabe esta noche.  
Al decir aquello Pablo me abrazó fuerte y me dio un suave beso en la mejilla. Estábamos empapados de arriba abajo y el aspecto de Pablo me encantaba. Tenía los pelos revueltos y el agua cayendo por su rostro le daba un toque sexy y gracioso a la vez. Solté una pequeña carcajada.
-Pero bueno, ¿ahora de que te ríes? -Me dijo con una gran sonrisa.
- Es que estás muy mono con los pelos así. -Le dije riéndome aún más.
-¿Te estás riendo de mi?
-Posiblemente. 
-Ahora verás. 
A pesar de lo mucho que estaba lloviendo y de lo poco que podíamos ver, Pablo me cogió en brazos y empezó a dar vueltas sobre sí mismo. No parábamos de reír hasta que pasó lo que estaba temiendo desde que me cogió. Pablo se resbaló y caímos los dos al suelo, yo encima de él. En medio de un ataque de risa por parte de los dos, Pablo me ayudó y nos colocamos sentados.
-¿Estás bien? -Me preguntó 
-Si, si. -Le dije intentando tranquilizarme-. Mira lo que has conseguido, los dos al  suelo.
-No pretendía eso, pero ya estamos en paz.  
-Que malo eres, ¿eh?
-Habló. -Me dijo levantándose mientras que se reía.
Pablo se levantó y se quitó la camiseta ya que era para nada que la tuviera puesta.  Me dio la mano y volvió a agarrar de la cintura. Se acercó a mis labios y me besó suavemente. Esos besos me dejaban con ganas de más así que lo volví a besar más intensamente. Mis manos acariciaban su espalda desnuda y nos dejamos llevar. Nos colocamos de pie contra la pared y nos seguimos besando como si no hubiera mañana. Nuestra respiración se aceleraba y los besos nos transportaban a otro lugar. Pablo me quitó el vestido y poco a poco me iba colocando en el suelo. Yo le iba dando pequeños besos en el cuello y en mitad de uno de ellos, sonó el móvil de Pablo. Al principio no lo quería coger pero yo le convencí ya que podía ser importante. Pablo se puso debajo del techo de las escaleras y yo entré dentro con él.
-Hola. Si, la verdad es que estoy ocupado. ¿Ahora? Está bien, ya voy para allá. Adiós. -Colgó la llamada y se apoyó en la pared dando un suspiro mientras que se llevaba las manos a las cara-. Lo siento, me tengo que ir. 
-No pasa nada Pablo... -Le dije esbozando una pequeña sonrisa. Me acerqué a él y le acaricié la mejilla-. No es tu culpa, si te tienes que ir, ve.
-Lo siento princesa... Me han llamado por una cosa del viaje y tengo que ir. No sé porque se han tenido que esperar al último momento...
-Hey, que no pasa nada. -Le dije abrazándolo.
-¿Vendrás mañana al aeropuerto?
-Odio las despedidas pero si no voy mañana, me quedo sin verte y nos tenemos que despedir ahora y la verdad, no lo soportaría.
-Ni yo. Mañana salgo a las siete de casa así que llegaré sobre las siete y media. -Me dijo mientras que jugaba con mis manos.
-Allí estaré. -Le dije sonriendo. 
-Siento que esta noche no haya acabado como nosotros queríamos. 
-Y yo... 
-Bueno, así mañana nos veremos otra vez. -Dijo guiñándome un ojo. 
-No hay mal que por bien no venga. -Dije dándole un besito.
 Pablo cogió la camiseta y se quedó mirándome con ella en la mano. No habíamos caído en la cuenta de que Pablo tenía toda la ropa empapada.
-¿Y ahora que hago?
-No te preocupes, te dejo una camiseta de mi padre.
-Vale. -Me sonrió.
La lluvia ya había dejado de caer y había una sensación de humedad casi insoportable. Pablo y yo lo recogimos todo. Bajamos a casa y nos secamos un poco. Yo me puse ropa seca y le di la camiseta a Pablo, que no le quedaba nada mal. Nos dirigimos a la puerta y nos dimos unos besos.
-Hasta mañana. -Me dijo sonriendo. 
-Hasta mañana. -Le di un beso-. Te dejaré un mensaje cuando llegue al aeropuerto.
-Allí nos vemos.
Le di un último beso y se marchó. Me dirigí hacía mi habitación y me metí en la cama. Una sensación de vacío y tristeza me recorrió por el cuerpo durante unos segundos. Intenté pensar en que mañana lo vería de nuevo y aunque fuera para despedirnos, me hacía feliz. También pensé en Sergio. En lo mucho que me hacía falta un amigo como él y al recordar lo de por la tarde, esbocé una sonrisa.
Después de dar vueltas sobre la cama, conseguí dormirme.


A la mañana siguiente, el sonido del despertador hizo que me sobresaltara. Me quedé unos cinco minutos más en la cama y abrí las cortinas de las ventanas. Aún no era de día del todo pero ya se podía ver el sol. A pesar de lo temprano que era, hacía mucha calor así que decidí de darme una buena ducha y vestirme con un vestido  cómodo. Me fui hacía la cocina, me bebí un zumo y miré el reloj: las siete y cuarto. Pablo debería estar casi al llegar al aeropuerto así que cogí el bolso y salí de la casa. Andé hasta la parada del bus y esperé unos cinco minutos. Me subí y me coloqué en el último asiento que había. Estaba casi lleno y dos chicas se me quedaron mirando pensativas. No les hice caso y me puse los cascos. Mientras que estaba en mi mundo mirando hacía la ventana sentí unos toques en el brazo. Alcé la mirada y encontré a las dos chicas que me estaban mirando antes, sentadas al lado mía. Una estaba sonriendo y la otra tenía una cámara en la mano. Les sonreí y la chica de la cámara le dijo algo al oído a la amiga. Después, las dos a la vez me preguntaron lo que nunca me hubiera imaginado.
-¿Tu eres la novia de Pablo Alborán?
-¿Cómo? -Le dije apartándome el pelo de la cara. 
No sabía que decirles. Desde que salió la noticia en la revista, nadie me había reconocido así que no sabía como reaccionar. Pero una cosa estaba clara, no le podía decir que era yo.
-Si, tu eres la novia de Pablo Alborán, la que salía en la revista.
-Creo que os estáis equivocando. Yo... no soy.
-Pero...
-Ojalá fuera yo. -Dije para disimular.  
 -Creíamos que...-Se giró para ver  a su amiga-. Te pareces un montón, ¿eh?
-Soy super fan de él. Pero desgraciadamente no soy yo.
-Bueno, sentimos haberte molestado. -Dijo la chica de la cámara con una sonrisa.
-No, para nada me habéis molestado. -Le sonreí-. Bueno, yo me bajó aquí.
Por suerte llegué rápido al aeropuerto. Me despedí de las chicas y bajé del bus. Me coloqué en la sombra ya que hacía mucha calor. Había tenido que mentir a esas chicas porque no quería que se pusieran a hacerme preguntas sobre Pablo. Por un momento me sentí mal por lo que había echo. Me preguntaba si a Pablo le molestaría aquello, el decir que no soy su novia. Pero era lo mejor, porque a saber como hubieran reaccionado y más si esas chicas fueran fan de él. Saqué el móvil y hice lo que le había dicho a Pablo, le mandé un mensaje de aviso para que supiera que ya había llegado. Después de unos diez minutos allí parada decidí de entrar dentro del aeropuerto. Por suerte no había mucha gente. Miré a mi alrededor pero no le encontré. Seguí andando y por fin le vi. Me costó reconocerlo ya que estaba rodeado de unas diez u once chicas con pancartas y bolsas. No se me había pasado por la cabeza aquello, pero era lo más normal. Cuando Pablo se marchaba o llegaba al aeropuerto siempre había Alboranistas esperándolo, no me sorprendió pero no sabía que hacer. Por un momento se me ocurrió irme de allí y hablar con Pablo por móvil, pero ya que había llegado allí no podía irme sin darle ni siquiera un abrazo. Se me ocurrió hacerme pasar por una fan más y la idea me pareció divertida. Seguí andando hacía allí al lado  de otras tres chicas que, al parecer, también iban a saludar a Pablo. Cuando llegué al grupo de chicas, Pablo se estaba echando una foto con dos chicas. Yo me coloqué detrás de una mujer  morena que estaba medio llorando. Sonreí ante aquella escena y intenté buscar la mirada de Pablo, pero él no se había dado cuenta de mi presencia. Seguí observando a todas esas chicas emocionadas y felices cuando una chica me empujó hacía delante y se me calló el bolso al suelo. Ella no lo hizo intencionadamente porque seguro que estaba muy nerviosa y quería ir a saludar a Pablo. Como estaba en medio de aquella reunión, todas se apartaron y la chica que me había empujado se agachó conmigo para ayudarme a recoger las cosas que se habían salido del bolso.
-Lo siento, no me he dado cuenta.
-No pasa nada. -Le sonreí.
Terminé de meterlo todo y me coloqué el bolso de nuevo. Al levantarme vi como Pablo estaba hablando con dos hombres cuando se giró y se quedó paralizado al verme. No se esperaba que estuviera allí con todas las fans. Le había dado una grata sorpresa porque me sonrió de inmediato. Intentamos disimular todo lo posible, pero no pudimos evitar sonreírnos mutuamente. Aquello duró unos segundos, porque otras chicas se le acercaron  por detrás y le pidieron unas fotos. Parece que a nadie le había resultado extraño esas sonrisas mutuas y eso me alivió bastante. Me pareció bien la idea de hacer como las demás chicas, así que me acerqué a Pablo como si nada, y le pregunté si podía darle un abrazo. Él me esbozó una gran sonrisa y nos abrazamos muy fuerte.
-Gracias por venir. -Me dijo en un susurro.
Me estremecí ante aquello y me separé unos metros para que pudiera seguir hablando con las fans. Después de unos cinco minutos, unos hombres que estaban detrás de Pablo, anunciaron que ya se tenía que marchar y que no podía pararse más. Pablo les dio las gracias y le lanzó besos con la mano. Pensé  que se olvidaba de mi y que ese abrazo había sido nuestra despedida pero antes de que se alejara de aquél sitio, Pablo me miró y disimuladamente me indicó un letrero que tenía una flecha de color rojo y una palabra. Le sonreí y me dirigí hacía aquél lugar. Abrí la puerta y como indicaba el cartel, estaban los baños públicos. Me apoyé en la pared hasta que Pablo entró.
-Bonito sitio para despedirnos ¿eh? -Le dije sonriendo.
-Lo primero que se me ha ocurrido. -Me dijo cogiéndome de la cintura.
-Aún así puede entrar cualquiera.
-No, no puede entrar nadie. He dejado a Porty vigilando. -Me dijo muy cerca de mis labios.
-Menos mal que piensas en todo. -Le dije soltando una pequeña carcajada que le contagié a Pablo.
Nos quedamos unos segundos en silencio. Nos pusimos frente con frente y nos miramos a los ojos. Yo tenía mis brazos alrededor de su cuello mientras que él me agarraba de la cintura.
Nuestras miradas hablaban por nosotros. El silencio que había nos provocó una sonrisa a los dos. Pablo pasó su mano por mi pelo y yo le acaricié la mejilla.
-No hace falta que te diga que te voy a echar mucho de menos ¿no? -Se rió.
-No... -Me reí con él-. Cuídate mucho por allí. Oye, y no te olvides de mí ¿eh? 
Pablo no contestó, siguió mirándome con media sonrisa dibujada en la cara.
-Jo, te voy a echar demasiado de menos Pablo. -Le dije abrazándolo.
Pablo parecía como si no me escuchara. Solo me miraba y sonreía.
-Mira, te voy a dar esta pulsera, muy importante para que  al menos tengas algo mío...
Me empecé a quitar la pulsera de la muñeca cuando Pablo me cogió la mano y me acarició la mejilla.
-Te quiero. -Me dijo con voz bajita-. Te quiero. -Volvió a decir-. Y no necesito ninguna pulsera para acordarme de ti. Cada mañana, cada día que pase estaré pensando en ti... ¿Sabes una cosa? -Me dijo sonriendo.
Yo le sonreí y con los ojos iluminados, moví la cabeza hacía los lados como respuesta de su pregunta.
-Que a pesar de lo lejos que esté, sigue viva tu magia en mi ser.
-No se porqué, pero esa frase me suena. -Le dije entre risas-. Te quiero Pablo. Y grábate bien estas dos palabras porque no quiero que la olvides jamás; te quiero.
Después de decir aquello Porty abrió la puerta y Pablo y yo nos separamos un poco.
-Pablo nos tenemos que ir.
-Ya voy para allá.
Porty cerró la puerta y Pablo se giró hacía a mi.
-Llegó la hora. Cuídate mucho ¿vale? 
-Estaremos en contacto ¿no?
-Siempre. -Me dijo sonriendo-. Salgo yo antes.
-Vale...
-Ven aquí anda.
Pablo me cogió de la mano y me trajo hacía él. Me abracé a él y posé mi cara en su torso. Pablo me rodeó fuertemente entre sus brazos y tras varios segundos, posé mis labios en los suyos y nos dimos un último beso, un beso intenso y cálido. Un beso de despedida, un beso de Hasta luego, porque eso es lo que era, un me voy pero volveré y cuando él vuelva, seré la persona más feliz del mundo.


Me esperé cinco minutos después de que saliera Pablo y salí del aeropuerto rápidamente. Pensé en llamar a mis amigas para quedar un rato y estar entretenida durante todo la mañana así que me senté en un banco del primer parque que vi y las llamé. Quedamos dentro de una hora. Me levanté de allí y me fui andando hacía el lugar de encuentro. Hacía una bonita mañana y un aire agradable pero cálido. El mal tiempo de anoche no había dejado huella, las nubes había desaparecido. Aún sentía el aroma de la colonia de Pablo. Intenté no pensar en él. Durante el camino me encontré con varias personas. Amigas que no veía desde hace un montón de tiempo. Llegué al bar donde habíamos quedado y en una de las mesas, estaba Nerea y Marina, unas de mis mejores amigas. Les di un abrazo y me senté con ellas. Pasamos una buena mañana. Echaba de menos estos ratos con ellas. A penas nos habíamos visto desde el cumpleaños.  Nos pusimos al día de todo y Nerea nos propuso ir de fiesta por la noche. Yo acepté, no tenía nada que hacer y al menos me distraería. Comimos allí  y me fui para casa en cuanto terminamos. Mis padres no habían llegado aún. Solté el bolso en la mesa, encendí el ordenador y me puse a ver los pisos que había en alquiler cerca de la universidad donde dentro de un mes, empezaría mis estudios de medicina.

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