17.10.14

Cap. 109: Si no eres tú, no quiero a nadie

Narrado por Aurora:

Estoy tan feliz... me siento completamente plena. Al fin vuelvo a tenerle a mi lado... después de todo este tiempo me he dado cuenta de algo, y es que necesito su presencia en mi vida para sobrevivir, no encuentro el sentido de nada sin él, no quiero perderle nunca más.
Pablo a forma de sorpresa y de celebración me trae a la casa rural donde pasamos la noche de mi 18 cumpleaños, una casa que me trae preciosos recuerdos.
Dejamos las maletas sobre el suelo, me mira con una sonrisilla algo pícara, sus ojos me miran de manera penetrante, algo que consigue ponerme en cierto modo nerviosa. Está a unos cuantos pasos de mí, poco a poco acorta la distancia que separa a nuestros cuerpos, coloca suavamente sus manos en mi cintura provocando un escalofrío que no tarda en recorrer mi ser.

–Estoy tan contento de que estés a mi lado otra vez... me moría sin ti, mi vida ha sido una auténtica odisea en todo este tiempo. -Una pequeña lágrima comienza a desprenderse por sus mejillas. Con uno de mis dedos no tardo en hacer desaparecer esa lágrima de su rostro. -He sido un gilipollas Aurora, no sé si merece la pena que hayas vuelto a mi lado porque no sé si ayudo a que tu vida sea mejor o simplemente la empeoro con mi presencia. -Tras pronunciar esas palabras, las lágrimas no pueden reprimirse más y comienzan a deslizarse nuevamente.
–Mi vida, por favor no digas eso ¿vale? Todo esto ha sido un bache, un bache que gracias a Dios hemos superado y que nunca más volverá a suceder porque vamos a estar juntos el resto de nuestras vidas, lo juramos aquél día frente el altar ¿recuerdas?
–¿De verdad quieres que siga estando en tu vida? -Me mira mientras es él quien se quita la lágrimas de la cara.
–Pablo... si no eres tú, no quiero a nadie ¿lo entiendes? que te quede claro que eres tú y nadie más el amor de mi vida, no quiero más gente. -Le digo con una sonrisa la cual no tarda en devolverme.
–Te amo tantísimo mi amor... yo también te quiero a ti y solamente a ti a mi lado. -Me abraza con fuerza. Se separa de mí unos centímetros y volvemos a cruzar miradas.
–Y yo a ti mi vida, recuerda que juntos, siempre juntos. -Se acerca suavemente a mis labios, deposita un beso en ellos.

Mientras abrazaba a Pablo me he dado cuenta de que me llenado de barro las piernas y algo los brazos a si que opto por tomar un baño relajante. Pablo se queda en la planta baja sentado en el sofá mientras echa un vistazo a su Iphone. Agarro las maletas y las subo a la habitación, la cual tampoco parece mostrar ningún tipo de cambio desde que vinimos. Saco una toalla, un champú, unas chanclas y un albornoz, con las mismas me dirijo hacia el baño. Lleno la bañera de agua templada, como a mi me gusta. Me quito mi ropa y no tardo en sumergir uno de mis pies en ella para comprobar el estado, la temperatura del agua es inmejorable. Me siento con cuidado y comienzo a relajarme cerrando los ojos. Oigo un pequeño ruido, abro uno de mis ojos y le veo ahí, apoyado en el marco mientras observa la escena, se muerde el labio y no puedo evitar echar una carcajada frente a su provocador gesto.

–¿Pasa algo Pablete? -Le digo con tono burlón. Mantiene su mirada puesta en mí, y su labio continua siendo mordido por el mismo.
–Pues... bueno, digamos que si que pasa, pasa mucho. -Me dice con tono travieso.
–Ya... ¿y qué se supone que pasa? ¿Tenemos un ciervo en el salón a caso? -Continuo siguiéndole el juego.
–Pues pasa que... -Se acerca hacia la bañera, se agacha y queda frente a mí. -Me apetece hacerte el amor. -Se ríe mientras arquea su ceja derecha. Me río y se une a mi risa. No deja de sorprenderme por mucho que pase el tiempo.
–¿Ahora Pablo? Pero si no hace ni un día desde que no lo hacemos... -Le digo.
–Lo sé, pero me apetece hacerte el amor aquí mismo, ahora. -Me da un beso en el cuello.
–Pablo... -Intento resistirme pero poco a poco me convence.
–Estás loco, completamente loco. -Le digo mientras él deposita a cada segundo más besos en mi cuello.
–Sí... la verdad es que sí, estoy loco por ti, tú me vuelves loco. -Cambia el sentido, me besa con pasión en los labios, puedo notar perfectamente sus ganas de llegar a más.
–No pretenderás que salga de la bañera mientras tú me observas ¿no? -Me sonrojo.
–Pero mi niña... te he visto desnuda cientos de veces, no tienes porque avergonzarte.
–No es lo mismo. -Le digo mientras me río.
–Está bien... está bien. -Se pone de pie y se gira. Me levanto rápido, me giro y agarro el albornoz.
–¿Ya? -Pregunta. Voy a girarme en... -No le dejo empezar una cuenta atrás.
–¡No! Aún no. -Me río y con nervios y prisas me termino de atar el albornoz. -Ya está. -Se gira inmediatamente, no deja de sonreír.
–Estás perfecta hasta con un simple albornoz pero... ¿sabes qué? -Esto último lo dice en bajo. -El albornoz no te va a durar mucho. -Vuelve a arquear una de sus cejas.
–No dejas de sorprenderme... -Le digo.
–No quiero dejar de hacerlo mi niña. -Me vuelve a besar con pasión nuevamente, me agarra con fuerza y entre besos salimos del baño, no miramos por donde pisamos si quiera. Muerdo su labio inferior mientras poco a poco llegamos a la cama, nos dejamos caer de golpe. Me dejo llevar completamente hasta que mi móvil que posa sobre la mesilla comienza a vibrar. Pablo parece no querer dejarme cogerlo, sigue besándome sin intención de parar.

–No lo cojas por favor... -Me dice con cierta agitación. No puedo zafarme de sus brazos.
–Amor, tengo que cogerlo, quizá sea importante. -Logro llegar hasta la mesilla y así poder alcanzarlo. Es Hugo, mi cara cambia de repente.

¡Mierda! ¡Joder! -Digo en alto. Pablo se queda asombrado al verme pronunciar estas palabras de forma repentina.
–¿Qué pasa mi niña? -Se incorpora en la cama, el móvil no deja de vibrar.
–Es... ¡es Hugo! ¿Qué hago? Joder, justo ahora. -Me llevo las manos a la cara.
–Mi vida, esto tarde otro temprano tenía que llegar... tienes que decirle lo que está pasando.

Pienso unos segundos y pulso el botón de aceptar la llamada. Realmente no sé como afrontará Hugo todo esto...