Narrado por Aurora:
Amanece otro día magnífico y soleado día, es por ello que bajamos a la playa. Estamos un buen rato tomando en sol en ella hasta que decidimos ir a comer algo a pesar de que ninguno de los tiene hambre, comemos y subimos al hotel a ducharnos y a dormir un rato. Me ducho yo primero ya que siempre tardo el doble que Pablo, acabo y me tumbo sobre la cama mirando al techo con muchas preguntas en mi mente. Pablo no tarda a penas en ducharse y en acompañarme, me ve que estoy algo pensativa y no duda en preguntarme que que me pasa, le cuento que que pasaría en el caso de que yo me quedaría embaraza y que si volvería al lado de Sara. Puedo ver sus nervios al ver mi pregunta, me pregunta si estoy en estado y claramente lo niego ya que solo era una pregunta. Me dice que no me dejaría sola en esos momentos y aún así decido volver a preguntarle si se iría con ella, parece enfadado ante mi duda, me encierro en el aseo y me siento en el suelo de este mientras que las lágrimas brotan de por mi cara ante sus palabras, no para de golpear la puerta pero le ignoro totalmente, los minutos transcurren y sigo ahí, parece que se ha cansado y ya ni me llama ni golpea la puerta, se mantiene en silencio, sólo se oyen mis lágrimas. Tras llevar un buen rato sin parar de llorar, decido salir y no tarda en venir a abrazarme y a pedirme perdón por ponerse así. No puedo estar enfadada con él mucho más tiempo y menos por una tontería, me pide unas cuantas veces perdón y le perdono. Me abraza con fuerza mientras que me da algún que otro beso y limpia mis lágrimas hasta que su teléfono suena es Elena, habla con él primero y después hablo yo. Una vez que ha vuelto todo a la normalidad decidimos bajar a la piscina del hotel. Me meto en el agua y se acerca a mi hasta rodear con sus brazos mi cintura, me da un beso. Los besos comienzan a intensificarse entre nosotros, hay algo de gente y decido apartar a Pablo de mi unos milímetros.
–Hay que ver lo cariñoso que estás hoy ¿eh? -Digo mientras me río y me vuelvo a sentar en el borde de la piscina.
–Y tú que poco. -Me dice mientras de un brinco se sienta a mi lado.
–¿Sabes que pasa? -Me aproximo a su oído y le susurro lo siguiente. -Que si sigues así no me haré cargo de mis actos. Instantáneamente sonríe.
–Eres de lo que no hay. -Me dice mientras mueve la cabeza y ríe.
Me pongo de pie y salto a la piscina, nado de un lado a otro mientras que Pablo me observa desde el bordillo, hacía bastante que no nadaba. Pasada una hora cogemos nuestros albornoces y subimos a la habitación para vestirnos y salir a comer un helado. Saco de la maleta un vestido color carne corto acompañado de un cinturón de perlas lo combino de unas sandalias con un poco de tacón. Me hago unos tirabuzones en el pelo y dejo la melena suelta, después me maquillo un poco y salgo del aseo. Pablo está terminándose de vestir, ha optado por un pantalón verde color militar y una camiseta negra ajustada, como siempre y una vez más está guapísimo. Me mira y se muerde el labio, me da por reír ante su acto.
–¿Vamos? -Me dice mientras me da la mano para que la agarre, asiento.
Vamos dando un paseo hasta que hay un pequeño puestecito con helados. Mi helado favorito siempre fue el de Stracciatella a si que pido uno con ese sabor mientras que Pablo opta por uno de chocolate. Seguimos caminando hasta que me paro y traviesamente cojo un poco de helado con el dedo y le mancho la nariz, no puede evitar reírse, repite la acción y ahora es él quién coge un poco del suyo y me mancha los labios, me mira por un momento con una sonrisilla y deposita un beso en ellos.
–Veo que te gusta el helado de Stracciatella ¿eh? -Le digo mientras le digo mientras saboreo el delicioso helado.
–Digamos que sí. -Reímos y continuamos caminando.
Pablo saca del bolsillo su móvil y decide inmortalizar el momento haciéndonos una fotografía. Me quedo mirando a un pequeño mirador al cual da otra de las preciosa playas de Jamaica, puedo sentir como los brazos de Pablo rodean mi cintura mientras me da un leve beso en la mejilla, no puedo evitar sonreír cuando estoy a su lado.
–¿Puedo besarte? -Me pregunta mientras me gira y me aparta un mechón de pelo de la cara que el viento se ha encargado de poner en ella.
–¿Qué clase de pregunta es esa tontito? puedes besarme cuantas veces quieras... -Le digo mientras que acaricio su rostro.
–Siempre no, antes te recuerdo que me has apartado. -Me dice mientras acaricia mi cara.
–Para que engañarnos... te he tenido que apartar porque los dos sabíamos que si no... -Le guiño el ojo. -Pero ahora no hay nadie ¿no?. -Le digo mientras le rodeo con mis brazos el cuello y le acerco lentamente a mis labios para que se fundan una vez más hasta que nos interrumpe el móvil de Pablo.
–Lo siento princesa. -Me dice mientras se separa de mi y saca el teléfono para responder a su llamada.
–Hola cielo, ¿nos vamos a Argentina? sí para el veinte de Julio estoy de sobra en España, gracias, un beso. -¿Cielo? ¿nos vamos a Argentina? ¿con quién se va? ante sus palabras que logran cabrearme continúo andando dejando a Pablo atrás.
–¡Espérame mi niña! -Oigo a lo lejos su voz.
–¿Qué te espere ''tú cielo'' no? ya que viajarás con ella. -Sigo caminando volviendo a dejarlo atrás, corre y me alcanza y ríe.
–¿Te hace gracia? porque a mi te aseguro que poca o ninguna. -Le digo con un tono de enfado.
–Por supuesto me hace gracia, mi niña... -Suspira.
–¿Tú niña? ¿hablarás de esa misteriosa llamada no? -Continúo con mi tono de bordería.
–Sí, mi niña... porque lo eres, estaba hablando con Marta. -Me dice mientras me gira para que le mire fijamente a los ojos, ojos que se quedan abiertos como platos. ¿Cómo he podido...?
–Lo... lo siento. -Me cuesta terminar la frase.
–No tienes porque estar celosa, ya sabes que yo te pertenezco a ti absolutamente... -Me dice mientras me atrae contra su cuerpo y besa mis labios con un toque de pasión y hace que me olvide del mundo en cuestión de segundos.
Tras comer el helado vamos a cenar ya que es buena hora, cenamos ligero y sin prisas nos ponemos a charlar. Poco después subimos a la habitación, me coloco el pijama en el aseo y Pablo hace lo mismo, nos metemos en la cama y mantenemos la luz de la lámpara encendida.
–¿Te irás a Argentina? -Le digo con cierto tono de tristeza en mis palabras.
–Me temo que sí princesa, viajaré con Marta el diecinueve de Julio y el veinte ofreceremos un concierto allí. -Me dice mientras me acaricia los brazos.
–Entiendo que es parte de tu trabajo pero... te voy a echar de menos. -Digo.
–Te voy a llamar día si y día también mi vida, no te librarás de mi ni en la distancia. -Bromea y consigue levantarme el ánimo.
–No me quiero librar de ti de ninguna manera.
–Ven conmigo. -Esas dos palabras me aceleran el corazón en cuestión de segundos.
–¿Contigo, a... Argentina? -Digo con las palabras entrecortadas.
–Si, si tú quieres claro... así no nos tendríamos que separar. -Me dice con una gran sonrisa. No me lo pienso dos veces y acepto rápidamente.
–¿Cómo que no voy a querer mi vida? todo lo que sea estar contigo para mi es fantástico, allí iremos juntos. -Me abalanzo sobre él y comienzo a comerle a besos.
–Uau... no pensé que te alegrarías de esta manera mi vida. -Ríe ante mis actos.
–Tú me la alegras. -Digo mientras me siento en su torso y acorto la distancia entre nuestros labios.
Me dejo llevar, los besos vuelven a intensificarse entre nosotros. Deshace la lazada del pantalón de mi pijama mientras que tira de las perneras para quitármelo del todo, acaricio su torso mientras le doy algún que otro beso desde los labios hasta el cuello, entre algún que otro beso sonrío, se percata y ríe. Seguimos deshaciéndonos de nuestra ropa hasta que mi móvil que se encuentra sobre la mesilla de noche vibra. Hago un amago de que lo voy a coger pero Pablo me lo impide.
–No lo cojas. -Dice y yo intento zafarme de él para cogerlo. Lo logro y en la pantalla de este aparece el número de mi madre.
–Lo siento, es mi madre y debo cogérselo. -Me siento en el borde de la cama y contesto a mi madre.
–Hola mamá, no te preocupes aún estamos despiertos, ya hemos cenado hace un buen rato y estábamos viendo una película. -Digo eso último y miro a Pablo mientras intento aguantar mis ganas de echar una carcajada, Pablo me mira y menea la cabeza. -Mamá te llamo mañana ¿vale? buenas noches, un beso. -Me despido de mi madre y dejo el móvil sobre la mesilla.
–¿Todo bien? -Me pregunta Pablo.
–Sí, solamente llamaba para ver como estamos, mañana la volveré a llamar y hablaré con más calma con ella. -Digo con una sonrisa.
–Tiene que estar muy orgullosa de tener una hija como tú. -Me dice mientras me aparta el pelo de la cara.
–Tú madre también debe estarlo, eres un sol. -Ríe.
Me acerca nuevamente contra su cuerpo, acaricia mi espalda y me besa nuevamente con pasión, en ese preciso momento suena su móvil que está en el suelo tirado. ¿Se han puesto todos de acuerdo para llamar ahora? Lo coge.
–No me lo puedo creer. -Digo mientras me levanto de la cama y me río ante la situación.
–Hola hermanita. ¿sucede algo? ¿Sofi? si Casi, estamos bien.... no te preocupes. -Hace un pequeño silencio y escucha con atención a su hermana. ¡Sofi! ¿qué tal estás princesita? yo también te echo de menos cielo... a la vuelta voy a verte ¿sí? buenas noches mi vida. -Cuelga el teléfono y antes de eso se me dibuja una sonrisa en la cara al ver el lado paterno que saca Pablo con su sobrina Sofía, será un padre de diez.
–¿Y esa sonrisa que tienes en la cara a que se debe princesa? -Dice mientras deja el móvil sobre la mesilla.
–Es adorable ver como tratas a Sofía, eres increíble. -Digo mientras acaricio su barba.
–Te quiero mi niña. -Dice mientras apoya su cabeza sobre mi hombro.
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