Narrado por Pablo:
Tras hablar con Manuel decido subir a casa, pienso en todo lo que me ha dicho y lo cierto es que razón no le falta, debo centrarme en mi carrera pero en estas condiciones cada día me es más complicado hacer entrevistas, dar conciertos... es como si de pronto todo habría cambiado. Me paso el día y de la noche con el ánimo por los suelos, la tristeza me invade por completo, no tengo apetito... es una sensación horrible. Mañana es un día clave, un día día donde no sé que va a pasar, no puedo negarlo, me da miedo ese cara a cara con ella después de estos meses. Ceno un yogurt de coco y acto seguido me meto en la cama, desconectando mi mente para poder descansar.
Escucho el timbre de la puerta, abro los ojos mientras me los sobo para despejarme, miro el reloj y son las ocho de la mañana, me levanto de la cama y estiro mi cuerpo mientras camino hacia la puerta. Miro por la mirilla de esta y es Marta, sin duda no mintió cuando dijo que madrugaría. Abro la puerta y con su particular salero me saluda.
–¡Buenos días! ¿Estás preparado? He pasado por un supermercado y he comprado algunas cosas para desayunar ahora y para comer. -Me dice entrando por la puerta.
–¿Has hablado con ella ¿Habéis quedado ya? -Pregunto nervioso.
–Todo está listo, anoche me llamó para invitarme a cenar a si que fue ella la que te ha citado a ti, por llamarlo de alguna manera. -Ríe.
–A penas he dormido, nunca he sentido unos nervios tan fuertes como estos, ni si quiera cuando di mi primer concierto. -Sonrío.
–Todo va a salir bien, ya lo verás. -Pone su mano sobre mi hombro a modo de calma, pero en este momento no hay nada ni nadie que logre apaciguar mis nervios.
Preparamos unos cafés y los acompañamos con unas magdalenas, no tardamos deamasiado en acabar. Me visto para ir a nuestra casa ya que estoy en la que era mía. Nos montamos en el coche y conduzco hasta casa, aparco en frente de esta, subimos por las escaleras para ahorrar tiempo, cojo las llaves del bolsillo y no tardamos en entrar. Dejamos las cosas sobre una butaca y comenzamos a limpiar el cuarto ya que al estar tan deshabitado durante este tiempo no tiene buen aspecto. Limpiamos absolutamente todo, incluso quitamos algunas cosas que no damos uso y así tener más espacio. Poco a poco comenzamos a colocar todas las cosas, armamos la cuna, ponemos la canastilla de cosas en el suelo, juguetes... la verdad es que tampoco es gran cosa puesto que no sabemos si será un niño o niña. Esto nos lleva un buen rato, cuando queremos darnos cuenta ya está todo, es la hora de comer. Marta se mete en la cocina y prepara unos deliciosos macarrones y de segundo patatas fritas con un filete. La comida transcurre tranquila.
–Se caballeroso con ella, atento... esos son puntos muy a favor. -Me guiña un ojo.
–Aún no sé ni que voy a decir, estoy tan nervioso que me da miedo bloquearme y quedarme frente a ella como cuyo folio en blanco.
–No tienes que preparar ningún discurso Pablo, simplemente tienes que ser tú y mostrarte como eres, abrirle tu corazón una vez más, decirle todo lo que sientes...
–Lo sé, pero no es nada fácil después de estos meses, volverla a ver... no sé, me da miedo su reacción, quizá ella ya tenga a otro...
–Deja de ser tan negativo ¿quieres? Quedan unas cuantas horas y así lo único que vas a hacer es martirizarte la mente, ten confianza contigo mismo Pablo, por favor. -Me dice.
–No sé como voy a agradecerte esto, es increíble lo que has hecho por mi desde el minuto uno, gracias. -Le digo con una leve sonrisa.
–Con que te comportes esta noche, me basta. -Me sonríe.
Recogemos los platos, son las cuatro de la tarde, cada vez queda menos para las nueve de la noche. A cada instante más aumentan mis nervios, no tengo pensando que ponerme. Marta se queda en el sofá viendo un rato la tele, yo opto por descansar, sobre todo la mente. Me despierto alrededor de las siete de la tarde, por suerte he podido descansar un buen rato. Me levanto, recoloco la cama y abro el armario de ropa, por suerte aún dejé ropa aquí, empiezo a mirar todo lo que tengo de ropa, me cuesta decidir algo concreto pero finalmente lo hago. Escojo una americana de color negra, una camisa blanca, una corbata negra, un pantalón negro y unas botas también negras, Me meto en la ducha para así relajarme, no tardo demasiado. Me visto sin prisas mientras que me perfumo con mi colonia preferia ''Cool Water'' me encanta como huele. Cada vez está mas cerca la hora, me siento con Marta frente a la televisión, no tarda en percatarse de mi presencia en el salón.
–Muy bien, veo que has hecho una excelente elección, estás muy guapo Pablo. -Nos sonreímos mutuamente y seguimos viendo la tele.
Son las ocho y media de la noche, me despido de Marta pero antes se me ocurre bajar a la floristería, compro algunas flores, subo nuevamente a casa y quito los pétalos de estas dejándolos sobre la cama en forma de corazón, coloco unas velas en forma de camino hasta la cama y una coctelera con una botella de champagne, quiero que todo esté ideal, no quiero fallos esta noche. Observando que todo queda en orden, me marcho, bajo a la calle y me monto en el coche, conduzco tranquilo hacia el restaurante, busco la mesa que nos han reservado, me siento y me recoloco la corbata. Quedan escasos minutos para verla entrar por esa puerta después de tantos meses.
Narrado por Aurora:
Tras poner un punto y final a mi trabajo en Málaga, vuelvo a casa. Subo a la habitación y me pongo cómoda para bajar a comer ya que es hora. En la cocina está Elena, Casilda y Ángela, me estaban esperando. Las doy un beso a casa una mientras me siento en una de las sillas alrededor de la mesa.
–¿Qué tal te ha ido el día? -Me preguntan.
–Bien, es un día un poco complicado digamos... -Digo mientras cojo un cacho de pan.
–¿Por qué? ¿Un mal día? -Pregunta Elena.
–Tengo que contaros algo, algo que me ha pillado incluso a mi por imprevisto. -Las miro a sus ojos, los cuales muestran máxima expectación. Respiro y continuo la frase. -Bueno... veréis, hace unos días comencé una relación con un chico que conocí una noche en un bar, se llama Hugo y es periodista. Muy a mi pesar comencé una relación con él, pues yo no tenia claro el querer tener algo con alguien después de lo ocurrido pero consideré que me merecía ser feliz.
–¿Y eso es algo malo? -Pregunta Casi.
–Me voy a Barcelona pasado mañana, dejo de vivir en Málaga para vivir allí. -Pongo la mirada en el suelo tratando de no mirar sus cara.
–¿¡Cómo!? Pero... Aurora, tu vida esta aquí, tu familia estamos aquí. -Dice Elena.
–Lo sé, vosotros siempre seréis como de mi familia y eso ningún kilómetro de distancia pondrá cambiarlo pero esto no es algo que estaba en mis planes, a Hugo le han ascendido y la condición es vivir allí, lo siento.
–¿Tanto le quieres como para irte a vivir a una nueva ciudad y dejar a tu gente aquí? -Me pregunta Ángela.
–Hugo me está haciendo feliz, y yo necesito salir de esta ciudad, si sigo aquí a lo único que me expongo es a encontrarme a Pablo, necesito cambiar de aires y mejor ocasión que esta ninguna.
–¿Y qué va a pasar con el bebé, tu familia? -Pregunta Elena.
–Hugo me ayudará con los cuidados del bebé y a criarlo, y por mi familia que sois vosotros no os preocupéis, vendré de vez en cuando a veros y en Barcelona tenéis vuestra casa para lo que queráis.
–Esto no puede estar pasando... de verdad que no. -La cara de Elena muestra un disgusto ante la noticia.
–Elena, por favor tienes que entenderme, si estoy en esta ciudad mi vida no volverá a ser lo que es antes, necesito cambiar de vida. -Me levanto y me agacho a su lado.
–Te echaremos de menos... -Me dice Elena entre lágrimas mientras me abraza con fuerza.
–Os prometo que voy a venir a veros, me voy a Barcelona pero vosotros seguiréis muy presentes en mi vida. Se que Salvador y Salva están ocupados con el trabajo, me gustaría que les contaseis vosotras lo sucedido ya que a penas les veo. -Intento contener mis lágrimas para no poner peor la situación.
–¿Cuidate vale? -Me dice Casilda limpiando las lágrimas que se deslizan por su rostro.
–Por supuesto que me voy a cuidar, y os llamaré para ver como estáis. -Las voy abrazando una por una, cada vez me cuesta más sostener las lágrimas.
–¿Y Marta lo sabe? -Me dice Ángela casi llorando.
–Tenia pensado contárselo en un sitio más tranquilo que aquí, anoche como no estaba en casa cuando llegué decidí llamarla al móvil y hemos quedado para cenar, será el mejor momento.
–Pasado mañana estaremos para despedirte en el aeropuerto. -Dice Casi.
–No me gustan las despedidas, si os veo allí me voy a derrumbar y prefiero que no ¿vale? -Digo esbozando una sonrisa. -Asienten con la cabeza.
Transcurren los minutos, comemos en silencio, nadie dice nada, sus caras muestran pena y dolor. Ayudo a recoger los platos y subo a mi habitación para llamar a mi madre. Marco el número en el móvil.
–Mamá ¿qué tal estáis? Yo bien, cada día más cansada con el embarazo. Mamá... no sé como decirte esto ni de que manera, pero... mamá, me voy a Barcelona a vivir, he encontrado a alguien que me quiere y hemos decidido intentarlo, se llama Hugo y es periodista, precisamente me voy allí por su trabajo, le han ascendido. Mamá, por favor no llores, voy a venir a veros a ti y a todos y os llamaré siempre que pueda. Cuéntaselo tú a papá ¿vale? Él no lo entendería jamás, estaré bien no te preocupes. Se que aún tenéis pendiente celebrar vuestra boda, espero poder venir al menos. Os quiero mamá, hasta pronto.
Cuelgo el teléfono, la pantalla no tarda en llenarse de lágrimas, esto me esta costando mucho, dejar toda mi vida aquí es doloroso pero se que es lo mejor para mi. Por mi cara no paran de descender lágrimas. Me quedo dormida con el rostro lleno de lágrimas. Son las siete de la tarde y esta noche he quedado a cenar con Marta. Cojo del armario un vestido rojo que me llega hasta las rodillas, unas medias negras, una americana negra y unos zapatos de tacón altos. Me doy una ducha, me aliso el pelo dejándolo suelto, me maquillo un poco los ojos y mientras hago tiempo bajo al salón a jugar con Sofía. Los minutos transcurren rápidamente, me despido de todos y camino hacia el restaurante con tiempo para no llegar tarde, de nuevo me espera un gran momento doloroso, otra despedida que aunque no lo parezca, me duele.
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