23.9.13

Cap. 83: Gracias por hacerme pasar los mejores días que he podído vivir en mi vida

Narrado por Pablo:

Tras calmar sus lágrimas la invito a cenar, se produce el pequeño dilema sobre quién se hará cargo del gasto de la deliciosa cena que hemos degustado hace unos minutos. Salimos del restaurante para encaminarnos a la playa, hace algo de viento fresco el cual no duda en despeinar el pelo de mi princesa. Caminamos un rato por la orilla del mar y a continuación nos sentamos sobre la fina arena de esta. Beso su mayor punto débil, su cuello, su piel no duda en estremecerse al sentir el fiel contacto de mis labios. Su mirada está mirando al frente, estamos solos. De pronto se  acerca a mis labios y sin prisa alguna deposita un apasionado beso en ellos, los besos se intensifican de tal manera que acabamos haciendo en ese preciso momento. Se tumba a mi lado, pensativa e inquietante, no dudo en preguntarla sobre que pasa por su cabeza, en ella rondan pensamientos que no muy buenos que digamos, la hago entender que no puede darle pie a las preocupaciones, desliza alguna que otra lágrima y eso me hace sentir algo culpable. Prometo regalarla siempre una sonrisa además de hacerla feliz siempre. Nos vestimos para salir de la playa ya que es algo tarde, volvemos al hotel disfrutando de la buena noche que ha quedado. Suena mi teléfono con una melodía de John Mayer ''Who you love'', es mi hermana Casilda.

–¡Casi! ¿cómo estás hermanita? estamos de vuelta al hotel después de... cenar. -Miro a mi niña mientras sonrío pícaramente, continúo la conversación. -Si Casi, Aurora está aquí conmigo, estamos bien. ¿Cómo está la niña? -Pregunto mientras me paro en mitad de la calle. -Dala un beso enorme de su tito, y otro para el resto, nos vemos ya mismo, un beso Casi. -Cuelgo el teléfono y lo deposito en el interior del bolsillo de mi pantalón.

–Tú hermana es un amor Pablo, siempre se preocupa por los demás, desde que la vi supe que era una persona con un corazón que no le cabía en el pecho. -Sonríe mi niña.
–Lo es, mi hermana siempre ha sido como una amiga, alguien en que siempre he podido confiar y confío plenamente para contarle muchas cosas que quizá a otra persona jamás le contaría, es fantástica. -Mi niña vuelve a agararme de la cintura mientras seguimos caminando. Llegamos al hotel y sin prisas cogemos el ascensor el cual en pocos segundos nos deja en nuestra planta. Nos adentramos dentro de la habitación, me tumbo en la cama estirado completamente y mi niña hace exactamente lo mismo, se gira y me mira con  una sonrisa pícara.

–¿Estás... cansada? -Digo riendo.
–Un poco. -Me guiña un ojo, no puedo evitar reír.
–¿Y te apetece dormir? -Comienzo un juego, me acerco cada más cerca a sus labios.
–No estaría mal ¿tú tienes sueño? -Dice sonriendo.
–Yo prefiero comerte a besos en lo que queda de noche, si tú me dejas claro. -Digo mientras la doy un leve beso en los labios y vuelvo a separarme de ella.
–Tómame de los pies a la cabeza... -Comienza a cantar y una carcajada sale por mi boca.

La levanto de la cama con cuidado, aparto el mechón de pelo que se ha puesto sobre su cara mientras que con la otra mano la atraigo contra mi cuerpo, me acerco a su boca mientras la observo fijamente, espero unos segundos y la beso con pasión, la apoyo contra la pared, y poco a poco la desnudo. Tiro de la cremallera de su apretada falda, cae al suelo y después meto mis manos por debajo de su camiseta la cual no tardo en deshacerme de ella. Posa sus manos sobre mi nuca sin dejar de besarme en la labios, de ahí baja al cuello, se separa y tira de mi camiseta con mi ayuda la tira por la habitación, desabrocha mi pantalón y muy poco después caen. Las respiraciones se cortan a medida que los besos se intensifican, nuestros corazones laten de manera descontrolada. Nos quedamos desnudos, sólo queda el calor que desprenden nuestros cuerpos. La tumbo en la cama con cuidado mientras acaricio sus piernas, se acerca a mi oído y muerde el lóbulo de esta pícaramente, sonrío ante su acto. Bajo hasta su vientre el cual beso y acaricio. La pasión se adueña de la habitación una vez más. Apoyo mi cabeza sobre su pecho, acaricia mi pelo mientras me da besos en la cara de vez en cuando, no cruzamos palabra alguna, nos quedamos dormidos como troncos.
Abro mis ojos mientras estiro mis brazos a modo de pereza, sigue dormida cubierta con la sábana, son las doce del mediodía, me acerco lentamente a ella y rodeo su cintura con mis brazos mientras que la doy un beso en la mejilla, momentáneamente se dibuja una sonrisa en su cara.

–Una bella durmiente acaba de abrir sus ojitos... -Digo mientras la agarro de la mano.
–Te amo. -Me dice nada más abrir los ojos, me besa.
–Y yo mi amor. -Digo.

Nos quedamos en la cama unos minutos más dándonos caricias el uno al otro, minutos después nos damos una ducha y bajamos a desayunar para disfrutar de las útlimas horas aquí. Me pongo un pantalón vaquero clarito y una camiseta color verde oscuro, mi niña va impresionante con ese vestido estampado de flores. Degustamos del desayuno, después terminamos de visitar algunas calles de Jamaica que en estos días no hemos visitado, de pronto se para y me mira fijamente.

–Gracias por hacerme pasar los mejores días que he podido vivir en mi vida, aquí contigo mi amor. -Dice mientras me abraza con una total fuerza.
–Tú has hecho que sean así, sin ti nada habría sido igual mi vida. -Digo mientras la agarro de la cara.
–Para siempre. Dice.
–Siempre. -La doy un beso en la frente.

Volvemos a caminar en silencio después de dedicarnos una vez más unas palabras tan bonitas...



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