26.9.13

Cap: 85: Hogar dulce hogar

Narrado por Pablo:

Tras hablar con mi hermana, cuelgo teléfono mientras que retomamos el rumbo hacia el hotel. Subimos a la habitación y puesto que ninguno de los dos tenemos sueño acabamos haciendo el amor. Nos quedamos dormidos entre caricias. Al despertar bajamos a desayunar y después continuamos disfrutando de Jamaica y de las pocas horas que nos quedan aquí. Siendo conscientes de que esto llega a su fin, disfruto a tope llegando al punto de que el día vuela y se presenta la noche. Vamos hasta la otra punta de Jamaica donde sirven los mejores mojitos, hablamos de todo un poco sin dejar de beber, nos ponemos algo contentillos y acabamos haciéndolo en el baño hasta que alguien decide interrumpirnos, bajo una risa traviesa salimos de allí y regresamos al hotel. Mi niña y yo nos colocamos el pijama en nuestros correspondientes aseos, me lo pongo yo primero y opto por encender la televisión mientras la espero, tarda varios minutos en salir y cuando sale tiene un rostro pálido, me asusta y es por ello que decido preguntarla si se encuentra bien, me dice que si y me quedo algo más relajado. Nos metemos en la cama y dormimos como cuyos troncos. Siento como unos labios rozan los míos, me despierta dulcemente sin dejar de darme caricias y amor. Ordena subir a la habitación el desayuno, degustamos de ese magnífico y delicioso desayuno que nos han preparado sentados en la cama, después comenzamos a preparar la maleta para la vuelta a casa. Dobla toda su ropa y la mete en el interior de la maleta, y yo hago lo mismo a pesar de que soy algo desastre a la hora de hacerla. En un descuido, saco mi móvil del interior del bolsillo de mi pantalón.

–No podemos irnos de aquí sin echarnos una foto en esta habitación que tan buenos momentos nos ha regalado. -Digo mientras abro la aplicación de la cámara de mi móvil. -Sonríe mi vida. -Digo mientras coloco el móvil de manera que podamos sacarla correctamente y aprieto el botón para hacerla. Observo la foto que acabo de sacar y es preciosa, los dos mostramos una gran sonrisa.
–Preciosa, otra más para el recuerdo. -Digo mientras cierro la aplicación, guardo el móvil.
–Y las que nos quedan, yo quiero que cuando seamos abuelitos nos sentemos en un sillón y las veamos juntos. -Dice con una gran sonrisa mientras se sienta en la cama.
–Uff... pues yo diría que entonces tendremos mil álbumes o más para recordar, porque esto es para siempre. -Digo mientras me siento a su lado y la beso la mano, sonríe.

Terminamos de hacer las maletas, la mía no puede ir más apretada, me cuesta cerrar la cremallera pero lo consigo. Las posamos en el suelo en una esquinita de la habitación ya que es hora de comer. Comemos algo ligero y subimos a la habitación a descansar ya que esta noche a las doce nos espera un viaje largo. Estoy echando un vistazo al Twitter, mi niña se ha quedado completamente dormida, parece un ángel, cubro su cuerpo y el mío con el edredón, la acompaño en un sueño reparador y profundo. Algo hace que me despierte, es la alarma de mi móvil, la cual indica que es hora de ultimar las últimas cosas para bajar a cenar y de ahí al aeropuerto. Cenamos bajo un incómodo silencio, ninguno de los dos gesticula palabra alguna, quizá porque los dos sentimos la misma pena, irnos de este magnífico paraíso. Pago la cuenta, subimos a la habitación y nos preparamos para irnos. Coloca bien el edredón de la cama, observa que todo esté correcto y no quede nada, es hora de volver. Salimos por la puerta y antes de eso echa un último vistazo a la habitación.

–Ha sido increíble, gracias. -Me dice mientras me da un abrazo fuerte, puedo ver como sus marrones ojos brillan.
–Te prometo que vamos a volver. -La digo mientras la separo milimetricamente de mi cuerpo para agarrar una de sus manos con fuerza, me responde con una sonrisa.

Agarramos la maleta y caminamos al aeropuerto, son las once de la noche, el vuelo está planeado para salir a las doce, facturamos la maleta y a continuación nos sentamos en uno de esos incómodos bancos que hay. Echo un vistazo a Twitter mientras transcurre el tiempo, mi niña opta por leer un libro. El tiempo pasa lento hasta que se acerca la hora, anuncian que subamos al avión, miro a mi derecha y veo su rostro con alguna que otra lágrima y eso me hace entristecer.

–Juro que vamos a volver mi vida, te lo prometo. -Digo mientras agarro su cara.
–Es difícil dejar todo esto atrás para volver a la vida que teníamos en España, supongo que todo será acostumbrarse. -Dice.
–Todo irá bien pequeña. -Digo mientras tanto de calmarla.

Nos encaminamos hacia el avión, subimos las escaleras de este y nos sentamos en el asiento, la azafata da algunas instrucciones pero yo me sumerjo en mis propios pensamientos, no me entero de nada. Poco a poco el avión comienza a despegar, ahora si que ya se acababa todo, nos esperan nueve horas de vuelo. No puedo parar quieto, volar no es algo de mi total agrado, me sigue asustando tener que coger aviones. Con los nervios en el estómago me quedo dormido, y mi niña hace lo mismo. Me sumerjo en un sueño tan profundo que cuando quiero abrir los ojos ya solo quedan cuatro horas de vuelo, mi niña también se ha quedado dormida, me incorporo cómodamente en el asiento y sin hacer ruido me sigo manteniendo en silencio. Vuelvo a quedarme pensativo, sigo sin poder mantenerme quieto, por suerte las horas parecen pasar algo más rápido, ahora quedan solamente dos. Mi princesa abre los ojos y se los soba a modo de pereza, rápidamente se gira para regalarme una de sus preciosas sonrisas. Me acurruco en su pecho y entre sus caricias vuelvo a quedarme dormido. Un suave beso en los labios hace que me despierte, es ella.

–Cielo, ya estamos aquí... despierta. -Me dice en un susurro.
–Por suerte me he quedado dormido, creía que no llegábamos nunca. -Digo.

Nos levantamos del asiento con ansias, esperamos a que el avión se despeje de pasajeros para nosotros bajar después. Miro mi reloj, son las nueve de la mañana. Me pongo mi gorra negra y mis gafas de sol. Bajamos con cuidado las escaleras del avión, levanto un poco mis gafas y a lo lejos puedo ver a mis padres y a los de Aurora, eso me hace sonreír bastante. Vamos rápidamente hacia ellos, mi madre no duda en abrazarme con fuerza.

–Hola cariño. -Dice mi madre mientras me da dos besos.
–Hola mamá, hola a todos. -Digo mientras les voy saludando uno a uno.
–Hola Ele, hola Casi, Hola Salva... -Va diciendo Aurora uno por uno mientras saluda.
–¡Sofi! que grande estás mi amor... que ganas tenía de abrazarte ¿vienes con el tito? -Le digo a Sofía que está en brazos de mi hermana. La cojo en brazos.
–Hola mamá, hola papá. -Dice Aurora mientras saluda a sus padres.
–Hola cielo. -Dicen ellos.
–¿Qué tal el vuelo? -Nos pregunta mi madre.
–El vuelo ha sido agotador, pero ha merecido la pena. -Miro a mi niña y me sonríe.
–Hay que ver que morenos os habéis puesto, estáis guapísimos y se ve que la luna de miel ha ido de lujo. -Dice Casilda mientras me guiña un ojo.
–Hemos disfrutado como nunca, ha sido mágico. -Digo sonriendo.
–Supongo que nos habréis echado de menos, a si que, ¿qué os parece si esta noche quedamos para cenar? -Dice la madre de Aurora. -Antonio y yo tenemos algo que comunicaros. -Dice la madre de Aurora.
–Me parece genial, nos vemos esta noche. -Decimos y le damos un beso a Mercedes.
–Así lo haremos, a las diez venís a casa. -Dice mi madre, parece estar contenta de vernos tan unidos.
–Perfecto, vamos a Málaga que estos muchachos necesitan descansar. -Dice mi padre bromeando.

Cogemos las maletas y después nuestros respectivos coches, nosotros vamos con mis padres y los padres de Aurora van solos. Volvemos  Málaga y en el trayecto doy alguna que otra cabezada, el viaje me ha dejado molido. Mientras me voy quedando dormido, puedo ver como mi madre habla con Aurora sobre el viaje, es encantador ver lo bien que se llevan, me emociona mucho. Me quedo dormido, y cuando abro los ojos ya comienzo a ver algunos paisajes de Málaga, mi Málaga. Jamaica es precioso pero Málaga tiene algo especial, echaba de menos el olor a mar. Pasan los minutos y llegamos, mis padres nos dejan a la puerta de casa, se despiden de nosotros y se van. Subimos en el ascensor en silencio, abrimos la puerta de casa.

–Hogar dulce hogar... -Digo mientras dejo la maleta en un rincón.
–Supongo... -Dice algo apenada mientras se sienta en el sofá del salón.
–Que hayamos vuelto a casa no significa que las cosas no sean como en Jamaica, las cosas seguirán igual o mejor mi amor. -Digo mientras me siento a su lado.
–Lo sé, quizás soy una egoísta pero adaptarme a la realidad me costará. -Dice.
–Todo irá bien, ya lo verás mi vida. -La doy un suave beso.

Abrimos la cama y nos metemos en ella, poco a poco caemos en un sueño profundo, lo necesitábamos.

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