Narrado por Aurora:
Definitivamente estoy atravesando momentos donde la sensibilidad me dobla. Mi niño y yo hemos optado por ir al cine a ver una película romántica, en la cual mis lágrimas no han dudado en descender por mis mejillas al descubrir el trágico final de esta donde los protagonistas viven un gran amor y a pesar de que algunas personas no están de acuerdo, logran vivirlo hasta que finalmente amanecen los dos muertos sobre la cama sabiendo lo que ambos se querían. Me seca las lágrimas que anteriormente recorrían mis mejillas y acto seguido decidimos ir a cenar a un restaurante. Mis manos se encuentran sobre la mesa, me mira de forma fija con sus preciosos ojos, acaricia mis manos con dulzura. Hay momentos en los que me paro a pensar en todo lo que he vivido en estos veintitrés años y me doy cuenta de que lo mejor que me ha pasado en la vida es Pablo, quizá suene típico pero es así, es inexplicable mis sentimientos hacia el. Degustamos una deliciosa cena a la luz de las velas que acompañan la mesa. Como siempre, se produce la pequeña duda respecto a quién correrá con el gasto de la cena, y como siempre Pablo acaba pagando debido a que no me deja pagarla a mi. Salimos del restaurante y nos encaminamos hacia la playa, me quito el calzado y Pablo hace lo mismo para pisar la arena. Me agarra de la cintura mientras caminamos por la orilla, noto su mano en mi espalda y eso produce en mi algún que otro escalofrío. Estamos completamente solos, el sonido del mar se mete por nuestros oídos, pone sus manos sobre mi nuca y acorta la distancia entre sus labios y los míos. Por unos segundos siento como si el mundo de parase en ese beso. Me agarra de la cintura mientras pone sus ojos en mi, no pronunciamos palabra alguna. Se sienta en la arena, yo hago exactamente lo mismo. Besa mi cuello en uno de mis descuidos mientras dejo la mirada un tanto perdida al frente.
–¿Recuerdas? siempre soñabas con que los dos estaríamos en alguna playa con el sonido del mar de fondo. -Me dice mientras brillan sus marrones y preciosos ojos.
–No soy nada consciente con la realidad que vivo Pablo, cuando te miro a los ojos miles de planes se me vienen a la cabeza para los dos el resto de nuestras vidas, firmaría por que estés siempre presente en mi vida. -Digo mientras me giro para mirarle.
–Deberías acostumbrarte porque esto solo es el comienzo, te amo y eso nada ni nadie lo podrá cambiar. -Dice siendo sincero con sus preciosas palabras, palabras que logran emocionarme.
–Te amo pequeño. -Digo mientras le atraigo contra mi cuerpo para abrazarle con fuerza, necesito que me abrace.
Nos quedamos en silencio sin dejar de abrazarnos solamente como nosotros sabemos. En mi cabeza pasa el pensamiento de que pasado mañana volveremos a España, las cosas allí serán difíciles para nuestro matrimonio, ya lo eran antes de casarnos y ahora no habrá excepción alguna. Pablo y yo viajaremos a Argentina en los próximos días como acordamos, después él empezará nueva gira por España y a mi me tocará buscar empleo. La vida aquí es tan tranquila... lugar donde nadie nos conoce, nadie se empeña en destruir este gran amor que poco a poco se fue formando y a día de hoy es inmenso. Me acerco a Pablo, le beso en los labios con un toque de pasión, los dos queremos llegar a algo más y no dudamos en ello. Desliza mi camiseta hacia arriba y con mi ayuda me la quita dejándola caer en la arena, a continuación desabrocha mi pantalón. Minutos después de deshacerse de mi ropa, repito su acción, le desnudo con cuidado para volver a ser uno, somos uno. Nos tumbamos sobre la arena mientras que la luna y las estrellas nos acompañan. Los pensamientos vuelven a alejarme de la realidad nuevamente.
–¿En qué piensas para estar tan callada? -Dice mientras acaricia mi pelo.
–Pienso en la bonita que sería la vida aquí, sin preocupaciones. -Digo.
–¿Preocupaciones? pienso que deberías dejar de tenerlas aunque sea por unos minutos.
–Ojalá tuviera exactamente la misma capacidad que tú para poder alejarme de ellas, no puedo... -Digo mientras que comienzo a llorar sin motivo aparente.
–Shhh... no quería hacerte llorar mi vida. -Dice mientras me limpia las lágrimas que han descencido por mis mejillas.
–Tú no tienes la culpa en absoluto, debería de dejar las malditas preocupaciones que rondan por mi cabeza atrás y comenzar a disfrutar como merezco, ser feliz contigo.
–No quiero que estés mal, quiero que sonrías por favor, tu sonrisa es necesaria en mi día a día.
–Lo haré, solo si me prometes que tu también me regalarás una sonrisa cada día.
–Te lo prometo, porque nadie como tú para hacerme feliz princesa. -Ambos sonreímos.
Regresamos al hotel caminando mientras disfrutamos de la bonita noche que se ha quedado, su teléfono suena.
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