19.10.13

Cap. 95: Me arrepiento de no estar con ella cuando más me necesita

Narrado por Pablo:

Fin del concierto en Argentina, a pesar de que mi mente no está donde tiene que estar no me puedo quejar, el concierto ha salido de lujo. Cenamos todo el equipo juntos a modo de celebración, se empeñan en hacer un brindis pero mis pocas ganas hacen que me quede sentado en la silla mientras el resto lleva a cabo el brindis. Su recuerdo me aleja de la conversación que tiene todo el equipo entre ellos hasta que Adriana me trae de vuelta a la realidad cuando apoya su mano en mi pierna suavemente.

Mi amor, ¿en qué piensas? deberías de estar contento y no con cara de funeral. -Me dice cerca de mi oído.
–Eh... si, si disculpa estoy pensando. -Digo.
–¿Estás bien?. -Me pregunta quizá algo preocupada.
–Estoy cansado, ¿te importa si volvemos al hotel? quiero descansar... estoy agotado. -Digo desganado.
–Claro que no me importa mi vida. -En cuanto Adriana no pone ninguna pega respecto a irnos, nos despedimos del equipo y volvemos al hotel con el chofer. Me siento en el asiento de la furgoneta mientras observo el oscuro paisaje y me mantengo en silencio una vez más. Agradezco a Jaime que nos haya traído hasta aquí, bajamos de la furgoneta y subimos a la habitación. Me quito la chaqueta y la dejo sobre una de las sillas, no me la quito del todo, alguien me frena.

–¿Te ayudo?. -Me pregunta comenzando uno de sus juegos.
–Estoy algo... cansado. -Respondo tratando de esquivar su juego.
–Está bien, pero esta te la guardo. -Me dice mientras me guiña un ojo. No respondo, me siento sobre la cama y me descalzo, abro la maleta, cojo uno de mis pijamas y voy directo al aseo a ponérmelo. Me miro frente al espejo, mi cara representa dolor y es algo que por mucho que quiera, no lograré disimular. Me lo coloco, salgo del aseo y me meto en la cama, Adriana se cruza de brazos mientras me observa.

–Buenas noches cielo. -Se acerca a mi, rodea con sus brazos mi cuerpo y deposita un leve beso sobre mi frente.
–Buenas noches. -La sonrío y a continuación apagamos el interruptor de la lámpara de la mesilla. Me quedo mirando al techo, intentando conciliar el sueño, cosa que cada día me cuesta más y más lograr. ¿Qué estoy haciendo? ¿por qué me acuesto y me levanto cada día con alguien a quien no quiero? la verdad es que no sé que estoy haciendo con mi vida en los últimos días. Sin darme cuenta, me quedo dormido. Me mantengo dormido hasta que unos labios que posan sobre mi cuello logran despertarme.

–Buenos días Pablete. -Me dice Adriana mientras se separa unos milímetros de mi.
–Buenos días Adriana. -La verdad es que hasta yo me quedo asombrado frente a la frialdad que siento hacia ella.
–¿No crees que me debes algo?. -Me pregunta mientras se pone el pelo detrás de la oreja.
–Ahora mismo, para serte sincero no sé...
–Yo creo que sí. -Hace una breve pausa, me mira y me da un beso en los labios. -Esto. -Pronuncia en cuanto se separa de mis labios. Tras responder se acerca nuevamente a mi, acortando la distancia que separan nuestros labios. Acaricia mi espalda, consiguiendo que me incorpore en la cama. Tira de mi camiseta con cuidado sin dejar de acariciar mi torso. Se deshace finalmente de la camiseta como desea desde un principio. Me dejo llevar por sus besos, acaricia mi piel. Rodea con sus brazos mi nuca sin dejar de besarme, poco a poco se va deshaciendo de mi ropa. La desnudo, aún no se muy por qué estoy haciendo esto. Cubrimos nuestros cuerpos únicamente con una fina sábana blanca, su respiración se agita a medida que el tiempo avanza, sus labios no se han separado de mi en ningún momento. Muerde el lóbulo de mi oreja cuidadosamente, suspira repetidas veces pero eso no es impedimento para que pare. Me hace suyo. Se tumba a mi lado y acaricia mi mano mientras apoya su cabeza en mi pecho.

–Pablo... -Me pregunta mientras incorpora un poco su cabeza.
–¿Me quieres?. -Esa pregunta me descoloca por completo. ¿Qué se supone que debo hacer? no puedo herirla así.
–Claro. -Digo con una sonrisa. ¿Pero qué demonios estoy haciendo? yo nunca he sido una persona así, nunca he mentido a la hora de mis sentimientos y me encuentro que ahora lo estoy haciendo, es horrible todo lo que se me pasa por la cabeza en estos instantes. Estamos así unos cuantos minutos, hasta que optamos por bajar a desayunar, desayunamos en silencio y sin la compañía de Marta. Bebe un sorbo de su vaso lleno de zumo de naranja, me mira y me sonríe repetidas veces. La devuelvo alguna que otra sonrisa hasta que me percato de la presencia de Marta. Se sienta a mi lado.

–Buenos días. -Dice seca mientras coge del plato una de las tostadas que habíamos pedido.
–¿Qué tal has dormido?. -Pregunto intentando llevar una digna conversación.
–Bien ¿y tú? ah... claro, tú seguro que bien ¿no?. -Me mira con una sonrisa irónica mientras que da un mordisco a la tostada.
–¿Puedes dejar de ser tan borde? ya está bien. -Le digo quizá alzando un poco la voz.
–¿De verdad crees que mereces un buen trato? ¿te recuerdo lo que le has hecho a mi mejor amiga?. -Me dice. Adriana nos mira sin entender nada.
–¡Ya está bien! no soporto esta situación más ¿te crees que es fácil? como siempre hablas sin saber, creía que tenía a una amiga que me apoyaría siempre pero me equivoco parece ser. -Me levanto de forma brusca y subo a la habitación bastante cabreado, Adriana no duda en seguirme. Me siento en la cama y comienzo a llorar de rabia, no aguanto mucho más tiempo este trato por parte de todos los que dicen quererme, vale que quizá no me haya sabido comportar con Aurora pero no merezco un trato así

–Pablo ¿qué está pasando?. -Pregunta Adriana nada más entrar en la habitación.
–¿Qué pasa de qué? no pasa nada. -Contesto borde.
–¿Por qué me tratas así? sólo intento ayudarte... -Me dice mientras se sienta en el suelo y empieza a llorar.
–Lo siento, yo no quería... -Siempre la cago con las personas que están conmigo, Adriana está siendo la persona que más me está ayudando y no merece un mal trato por mi parte.
–No pasa nada, comprendo que estés nervioso... -Me dice mientras se acerca a mi y me abraza.
–Adriana, no sé que va a ser de mi, de mi vida... no sé que pinto en este mundo la verdad. -Digo mientras fijo la mirada en el suelo.
–¿De qué hablas Pablo? no digas eso, me tienes a mi... -Se limpia las últimas lágrimas que descienden por sus mejillas y agarra mi cara.
–Voy a ser padre. -Digo mientras la miro. Su cara muestra asombro.
–¿Qué?. -Pregunta incrédula.
–Pues eso que... -No termino la frase.
–Te he entendido a la primera. ¿Piensas hacerte cargo de ese bebé?. -Me pregunta
–Sí. -Digo.
–Dudo que Aurora quiera que estés cerca de su hijo... buscará a alguien que te sustituya. -Me dice.
–Una cosa es lo que yo tenga con ella, y otra cosa muy diferente es el niño. -Digo serio.
–Yo no estaría tan segura...

Me tumbo en la cama, aprovecho para pensar a cerca de lo que he hablado con Adriana. Lo tengo claro, ese niño tendrá a su padre, no sé si sea tarde o no, pero al menos intentaré estar cerca de él. Me quedo dormido durante toda la tarde, sin ganas de salir. Adriana está acostada a mi lado mientras lee algunas revistas. Posa la revista en el suelo, se acerca a mi y me da un beso en los labios, queriendo llegar a más a medida que el beso se intensifica. La aparto de mi poco después.

–¿Me piensas dejar así?. -Me pregunta mientras se recoloca en la cama.
–No tengo ganas. -Digo seco.
–¿Ya está bien no Pablo? merezco un poco de tu atención creo yo, deja de pensar en esa estúpida de una maldita vez, no volverá contigo, dudo que te quiera. -Me dice convencida de esas repugnantes palabras que suelta por su boca.
–Cállate, no pienso permitir que la insultes y menos en mi cara, no tienes ni idea de nada. -Digo enfadado.
–Es la verdad Pablo, abre los malditos ojos de una puñetera vez... ¡no te quiere y no volverá contigo!. -Me dice alzando la voz. Por momentos juro que explotaría y diría un sin fin de cosas, pero prefiero callarme todo lo que pienso, por educación.
–No quiero escuchar más tonterías por tu parte, si no te importa... me voy a dar una vuelta, adiós. -Me levanto y me encamino hacia la calle intento calmarme. La dejo con la palabra en la boca, con esos aires que acabo de descubrir. A cada instante que pasa noto como mi vida empeora, nada funciona desde que no estamos juntos, no sé si pueda aguantar. Camino hacia un pequeño mirador, me quedo apoyado en la barandilla hasta que siento como una mano posa sobre mi espalda.

–Vaya... ¿tú también quieres discutir?. -Le pregunto a Marta, la cual está a mi lado.
–He escuchado la conversación, y si estoy aquí... no es por discutir. -Me dice serena.
–Perdóname por haberme puesto así contigo, se que tu única, sincera y buena intención es ayudarnos pero créeme que lo que estoy pasando, no se lo deseo a nadie. -Digo mientras me quedo mirando a  la nada.
–Para empezar, deberías de dejar a esa lagarta, esa que está ahora mismo en tu habitación, esa que acaba de poner en duda los sentimientos de mi mejor amiga, además de sus insultos... -Me dice de brazos cruzados.
–Me estoy equivocando, en todo lo que hago... no debía haber empezado esta absurda relación, esta falsa. -Le explico mientras me sincero.
–Pablo, admite que con Aurora la has cagado, no has sido justo, la has dejado sola en España, esperando un hijo tuyo... lamentablemente cuando quieras darte cuenta de este error, ella estará con otro que si la valore. -Me dice.
–Tengo que admitirlo porque es la verdad, soy un cabrón, soy... -Comienzo a llorar de forma desconsolada cuando recuerdo que la he perdido para siempre por no saber comportarme.
–Shhh... ya está ¿vale? lo importante es que estás empezando a reconocerlo y eso te ayudará. -Me dice con una sonrisa.
–¿Ayudarme? en absoluto... la he perdido, para siempre.
–Si luchas por ella, la vas a tener de vuelta... pero... -Hace una pequeña pausa. -¿Estás dispuesto a cuidar de ese bebé que está creciendo en su interior?. -Me pregunta.
–Por supuesto, me arrepiento de no haber hecho las cosas bien desde un principio, de no estar con ella cuidándola cuando más me necesita.
–No te lo niego... no será tarea fácil, Aurora está bastante decepcionada pero yo... -Hace una nueva pausa. -Te ayudaré. -Una sonrisa se dibuja en mi cara cuando escucho esas palabras de su boca.
–¿Tú? pero si... no me he comportado contigo tampoco como te mereces. -Le digo.
–Olvidalo, y perdóname tú a mi también por haber sido tan borde contigo. -Se disculpa y me abraza.
–Somos unos bordes. -Bromeo y se ríe.
–¿Te apetece que vayamos a cenar? ahí podré explicarte tranquilamente lo que haremos. -Me dice con una sonrisa.
–Claro, vamos. -Nos levantamos y vamos a cenar, sin Adriana, la cual imagino que esté echa como auténtica fiera en la habitación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario