Narrado por Aurora:
Llevo a Sofía al colegio como me pidió, de vuelta a casa reflexiono hasta llegar a la conclusión de salir a buscar un empleo. Llego a casa, me meto en la ducha intentando alejarme de todo lo relacionado con él. Me visto adecuadamente para salir a buscar empleo. Pantalones pitillo vaqueros, camiseta blanca, americana negra y unas sandalias con un poco de tacón, dejo la melena suelta. Doy un beso a Elena y a Casi y me encamino hacia la calle, intento mantenerme fuerte. No puedo arrancarle de mi mente un solo minuto, han pasado los días, supongo que esté en Argentina. Una lágrima se desliza por mis mejillas cuando pienso en él, lágrimas que no merece por mi parte. Me las limpio con rabia y sigo camianando hacia el hospital de Málaga. Entro por la puerta, pido una cita con el director de este, no ponen pega. Espero sentada en una pequeña sala, me tiemblan las piernas. Poco después la secretaria me informa de que ya puedo pasar dentro. Me siento con cuidado en una de las sillas que se encuentran allí.
–Buenos días. -Me dice un hombre de unos cincuenta años que se encuentra al otro lado de la mesa. Me mira.
–Hola, buenos días. -Contesto nerviosa.
–¿En qué puedo ayudarla?. -Me dice amablemente mientras pone las manos sobre la mesa.
–Verá... si estoy aquí es para buscar trabajo. -Digo el doble de nervioso.
–La cosa está bastante complicada, estamos bastante completos en la plantilla y es posible que no necesitemos más personal pero... ¿ha traído algún currículum?. -Me dice.
–Sí, aquí tiene. -Le tiendo la hoja, se coloca las gafas que cuelga al cuello y lo observa mientras asienta con la cabeza. -A si que... hace poco terminó la carrera de Anatomía ¿no?. -Me dice mientras deja la hoja sobre la mesa.
–Así es, hace unos meses que estoy titulada en ella. -Le explico.
–Tenemos un puesto vacante, pero no sé si le interese. -Hace una pequeña pausa. -Su posible puesto sería analizar muestras de pacientes en el laboratorio, es decir científica. Una sonrisa se dibuja en mi cara.
–¡Claro que me interesa!. -Digo entusiasmada.
–El puesto es casi tuyo entonces, debo concretar unas cosas pero cuenta con ello. -Me dice.
–Muchas gracias, de verdad. -Me levanto.
–En las próximas horas la llamaré para confirmárselo y para fijar una cita para firmar los papeles del contrato. -Se levanta, me da la mano, vuelvo a agradecerselo y salgo por la puerta.
Vuelvo a casa, les saludo a todos, me subo a la habitación y decido ponerme algo de ropa más cómoda que la que llevo para andar por casa. Es hora de comer a si que ayudo a Elena a preparar la comida.
–Que contentas has venido. -Me dice.
–Ya era hora... si estoy así es porque he conseguido un trabajo, aunque todavía está por verse si finalmente me cogen o no... -Le digo.
–¿Crees? yo creo que si que será tuyo, eres una excelente persona y no dudarán en contratarte. -Se acerca y me abraza.
–Gracias por todo lo que haces por mi, eres genial Elena. -La doy otro abrazo y continuamos preparando la comida. Puesto que hoy estamos todos a comer, ponemos la mesa y nos sentamos a comer la deliciosa comida que ha preparado. Elena como de costumbre no me permite ayudarla y me manda a descansar a la habitación. Me tumbo en la cama mientras acaricio mi tripa, pensar que un ser está creciendo en mi interior me hace muy feliz. Es demasiado pronto pero muero de ganas por saber cual es el sexo del bebé, a penas se me nota ya que estoy de unas semanas solamente. Me quedo dormida hasta que el sonido de mi móvil me despierta, es Marta.
–¡Cielo! ¿cómo estáis?. -Me pregunta dulcemente.
–Cariño, bien... los dos estamos bien. -Río. -¿Cómo van las cosas por allí?. -Pregunto temblorosa.
–Las cosas por aquí bien... ya sabes, de un lado a otro. -Me dice. No sé porque pero noto como si me estaría mintiendo.
–Me alegro... -Digo.
–¿Y por allí?. -Me pregunta ella.
–Bueno... tirando, al menos he encontrado un trabajo,o eso creo. -Le digo.
–No sabes cuanto me alegro, eso ayudará a que cabeza no pienses en... -No pronuncia su nombre.
–Eso espero, necesito arrancarmelo de la mente pero sobre todo de mi corazón, a día de hoy sigue viviendo en él. -Le digo.
–Pronto verás una nueva luz, estoy segura... -Me intenta animar.
–Gracias mi niña, tengo que dejarte ¿vale? un beso enorme. -Le digo. Acto seguido cuelgo el teléfono para intentar descansar, suena mi teléfono.
–¿Aurora Torres?. -Me preguntan al otro lado del teléfono.
–Sí, soy yo. -Afirmo.
–Soy el director del hospital, ¿recuerda que la dije que la llamaría?. -Formula.
–Ahá, lo recuerdo perfectamente. -Digo.
–Pues he de decirla que el puesto es suyo, empieza mañana a las ocho de la mañana ¿hay algún problema con el horario fijado?. -Me pregunta.
–En absoluto, esa hora está perfecta... muchísimas gracias por la oportunidad. -Agradezco.
–No tiene que darlas, antes de entrar a trabajar me gustaría que pasase a firmar el contrato ¿es posible?. -Me pregunta.
–Por supuesto, allí estaré, hasta mañana. -Cuelgo el teléfono. Una enorme sonrisa se dibuja en mi cara ante la noticia, por fin una buena noticia después de tanto sufrimiento.
Bajo rápidamente a dar la noticia al resto, los cuales se encuentran aún sentados alrededor de la mesa.
–¡El trabajo es mío!. -Le digo a Elena eufórica.
–¡Te lo dije! cuanto me alegro... -Me dice mientras se levanta de la silla para darme uno de sus abrazos.
–Enhorabuena Aurora, te lo mereces. -Me dice Casi.
–Muchas gracias Casi. -Le agradezco.
–Eso es una muy buena noticia Aurora. -Me dice Salvador. Todos parecen contentos con la noticia.
Regreso a la habitación para llamar a mi madre, con todo este revuelo no he tenido tiempo de contarla nada de lo sucedido.
–Hola mamá ¿qué tal estáis tú y papá?. -Pregunto. -Yo... bueno, no atravieso muy buenos momentos que digamos, mamá... no estoy con Pablo, lo hemos dejado hace unos días. -Una lágrima se desliza por mis mejillas llevándose la poca felicidad que asomaba hoy en mi. -Mamá, si me ha dejado ha sido por mi embarazo, sí estoy embarazada. -Hace una pequeña pausa, no parece contenta frente a la noticia de haberlo dejado con él, pero en cuanto la cuento sobre mi embarazo se vuelve loca de felicidad. -Lo sé mamá, tengo que cuidarme por mi y por mi hijo. -Hago una pequeña pausa y continúo. -¿Aplazar la boda? pero mamá... no tienes porque hacerlo por mi, es vuestra felicidad y no puedo permitirlo. Está bien... gracias por estar conmigo en estos momentos tan duros mamá, eres un gran apoyo, adiós mamá, un beso. -Me despido de mi madre con la noticia de que aplazará la boda hasta que las aguas vuelvan a su cauce, muy a mi pesar.
¿Pero por qué vuelven a mi todos esos malditos recuerdos? antes me parecían momentos preciosos que recordar, ahora me parece una tortura todo lo relacionado con él. Cojo mi móvil y acabo cayendo en la tentación de mirar nuestras fotos, una mezcla de rabia y dolor se apodera de mi haciendo que acabe tirando el móvil contra el suelo. No puedo más con esta maldita situación que me tortura cada día, tengo que cambiar mi vida como supongo que él lo hará, si es que no lo ha hecho ya. Me quedo unos minutos en silencio mientras que mi cara y mis ojos se inundan de lágrimas hasta que la puerta se abre. Se trata de Ángela.
–Estoy en la habitación de al lado y te he escuchado como tirabas el móvil al suelo, me imagino el motivo... -Me dice. -No voy a permitir que sigas sufriendo de esta manera, esta noche
saldremos a dar una vuelta para que te animes un poco ¿vale?. -Se acerca
y cariñosamente me da un beso en la frente.
–No tengo ganas, simplemente tengo ganas de llorar, llorar y llorar... -Digo mientras me incorporo en la cama.
–Pues tienes que sacar las ganas de donde sea, no puedes estar así día y noche, no merece tus lágrimas.
–Lo sé, pero no es fácil olvidar a alguien a quien has querido y quieres a pesar de todo con todo el alma.
–Aurora, no te ha valorado, si lo habría hecho estaría aquí intentando solucionar todo esto y ayudandote con todo el embarazo, en cambio está en Argentina haciendo dios sabe qué. -Me dice seria intentando que abra los ojos.
–Gracias una vez por abrirme los ojos. -Le digo intentando sacar una pequeña sonrisa.
–Ponte guapa esta noche, aunque bueno... ya lo eres. -Ríe consiguiendo que yo también lo haga después de días llenos de llanto. Se despide mientras me da un beso, puesto que es pronto me tumbo otro rato en la cama para relajarme, me quedo dormida unos cuantos minutos. Abro los ojos, es algo pronto a si que decido bajar al salón, allí está la pequeña Sofía, la persona que más ha conseguido que sonría durante estos días atrás.
–¿Has merendado cielo?. -La pregunto mientras que me pongo de rodillas para quedar a su altura.
–No, mamá me ha dicho que enseguida me traerá algo. -Me dice mientras deja un lápiz sobre la mesa.
–¿Quieres que la tita te haga un bocata de nutella?. -La pregunto.
–Vale tita. -Me dice con una sonrisa.
–Ven aquí pequeñaja. -Digo mientras la cojo en brazos.
–Tengo muchas ganas de ver a mi primito tita, si es niña podremos jugar juntas a las muñecas. -Me dice risueña. Una carcajada sale por mi boca ante su comentario.
–Claro que sí cielo, pero para eso aún queda ¿eh?. -Digo mientras acaricio su mejilla. Llegamos a la cocina y la preparo un pequeño bocadillo de nocilla, no duda en darle un mordisco consiguiendo marcharse la comisura de la boca y a la vez su pequeña nariz.
–¿Está rico?. -Pregunto mientras la limpio lo que se ha ensuciado.
–Mucho. -Me dice mientras vuelve corriendo al salón. Regreso al sofá con ella, la ayudo a terminar las tareas y después subo a darme una ducha para salir a dar una vuelta con Ángela.
Revuelvo la maleta hasta dar con algo que me guste, escojo algo sencillo, una camiseta blanca y unos pantalones de pitillo rojos junto a unos zapatos de tacón, me maquillo un poco y me recojo el pelo con un prendedor. Son las nueve de la noche, nos despedimos de Casi y Elena y nos vamos hacia la calle. Caminamos sin prisas disfrutando de la buena temperatura que hace en la calle, finalmente llegamos a un pub, a estas horas no hay demasiada gente pero tampoco está vacío. Me siento en una mesa mientras que Ángela se encarga de pedir las bebidas. Observo como a la otra punta del pub hay un chico moreno, alto, delgado, ojos marrones... bastante guapo, no me quita la mirada y de vez en cuando me sonríe. Ángela se percata de ello.
–¿Tú has visto como te está clavando la mirada?. -Me pregunta Ángela mientras deja las bebidas sobre la mesa.
–No seas exagerada por favor, seguro que me está mirando porque le resulto conocida. -Digo.
–Si, si... tú dirás lo que quieras, pero ese te está mirando mucho. -Dice. Le miro y sigue mirandome. -¿Por qué no vas donde él?. -Me dice Ángela.
–¡Ángela! no es oportuno. -Le digo en un susurro.
–¿Qué no es oportuno? yo pienso que sí... -Me dice. -Ven aquí. -Se levanta y tira de mi hacia donde está él. -Voy un momento al servicio. Me deja allí plantada frente a él sin saber que hacer o decir. -Te mato. -La digo en un susurro.
–Hola. -Me dice amablemente.
–¿Qué tal?. -Le saludo.
–Bien... supongo. -Digo sin saber muy bien de que hablar con él.
–¿Te puedo dar dos besos?. -Me pregunta.
–Claro, soy Aurora. -Le doy dos besos y veo como desde la otra punta Ángela se ríe, se sienta en la mesa donde anteriormente hemos estado.
–Encantado Aurora, yo soy Hugo. -Hace una breve pausa. -¿Vives cerca?. -Me pregunta, a continuación bebe de su vaso.
–Sí, bastante cerca. -Le digo nerviosa.
–Y... ¿a qué te dedicas?. -Me pregunta mientras me mira fijamente.
–Soy científica, mañana mismo empiezo a trabajar. -Le digo. -¿Y tú?. -Pregunto tras una pequeña pausa.
–Ese es un bonito trabajo... yo soy periodista. -Me dice con una sonrisa.
–Uau, que bonita profesión. -Le digo. Hablamos un rato más hasta que recibe una llamada que hace que se tenga que ir.
–Lo siento, tengo que irme pero... me gustaría volver a verte. -Me quedo impresionada ante su comentario. -¿Te apetece que nos veamos otro día?. -Me pregunta directamente.
–Claro. -Le digo. Me coge el móvil de la mano y apunta mi móvil.
–¿Te llamo vale?. -Me devuelve el móvil, me da un beso y se despide de mi. En ese preciso instante Ángela viene rápidamente hacia mi.
–Madre mía... la que no quería hablar con él. -Me dice.
–No me has dejado más remedio, me has dejado sola aquí y muerta de vergüenza.
–¿Habéis quedado?. -Me pregunta.
–Sí, pero... no sé, creo que no debería. -Digo confundida.
–¿Por qué no? mereces conocer a otra gente, te mereces ser feliz con o sin él. -Me dice.
–Un momento... no equivoquemos las cosas, no quiero nada con nadie, he aceptado por puro compromiso.
–Que cabezota eres... -Me dice moviendo la cabeza.
Acabamos las bebidas y volvemos a casa, tengo una sensación bastante rara. No pronuncio palabra alguna por el camino. Regresamos a casa, me descalzo nada más poner un pie dentro de casa ya que los zapatos me han dejado los pies molidos, son las tantas de la madrugada, nadie se mantiene despierto... subo a la habitación con cuidado intentando hacer el menos ruido posible, me encierro en la habitación, me pongo el pijama y me siento en la cama después de un día bastante extraño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario