4.10.13

Cap. 89: Se acabó

Narrado por Aurora:

Nos quedamos abrazos varios minutos, las lágrimas no son capaces de dejar de descender por mis cálidas mejillas, quizá este cometiendo el peor error de mi vida pero tengo que callarme esto al menos por el momento, esto significará perderle para siempre. Es por la tarde, estoy realmente cansada, sin fuerzas y ánimos, Pablo insiste en salir a dar un paseo y yo me niego.  Se queda a mi lado, en silencio. Por un minuto se me pasa por la mente el acabar con todo esto y decírselo, pero algo me dice que no lo haga, a si que sigo con la ley del silencio. Pablo decide salir con sus amigos un rato, así que yo llamaré a Marta y a Ángela, las cuales vienen rápidamente. Me refresco la cara con agua, mis ojos están rojos de tanto llorar. Llaman al timbre, miro por la mirilla, me seco las lágrimas y abro la puerta al ver que son ellas.

–Ya estamos aquí como nos pediste. -Dice Ángela, pasamos dentro.
–No puedo más. -Digo mientras me derrumbo en el suelo por completo.
–¿Qué tienes Aurora? vamos habla. -Dice Marta mientras me ayuda a levantarme del suelo.
–Habla. -Dice Ángela mientras me ayudan a sentarme en el sofá.
–Estoy, estoy... -No puedo gesticular palabra alguna.
–¿Estás qué? por el amor de Dios... ¡habla!. -Dicen cada vez con mas preocupación.
–Estoy embarazada. -Digo del tirón.
–Em.... em... ¿embarazada? -Pregunta Ángela con los ojos como platos.
–¿Te has hecho la...? -Pregunta Marta.
–Un momento ¿cómo que si se  la ha hecho? Marta, ¿tú sabías que podía estar embarazada? -Dice Ángela algo enfadada.
–Teníamos nuestras sospechas, llevaba días con mareos. -Dice Marta.
–Bueno, lo importante es si el padre de la criatura lo sabe ya. -Dice Ángela.
–No, aún no... no es fácil, se irá todo al garete. -Digo nerviosa.
–No es fácil pero Pablo como padre que es debe saber la noticia, le conozco y si hay algo que detesta es la mentira, creeme que callarte es lo peor que puedes hacer. -Me dice Marta.
–Estoy de acuerdo en lo que dice Marta, Aurora no puedes ocultárselo, díselo. -Dice Ángela.
–Quizá suene egoísta pero si le cuento esto... -Digo.
–Díselo, no esperes más. -Me dicen.
–Tenéis razón, tengo que acabar con esto cuanto antes, se lo diré esta misma noche. -Digo sin ser consciente totalmente sobre lo que acabo de decir.
–¡Así se hace! estoy segura de que la noticia se la tomará bastante bien. -Dice Marta.
–Enhorabuena por ese bebé que viene en camino. -Dice Ángela mientras acaricia mi tripa.
–Gracias por estar aquí en estos momentos. -Digo mientras las abrazo.

Las chicas se quedan varios minutos más tratando de calmarme, no lo hago del todo pero si algo. Se van y me vuelvo a quedar sola y rodeada de pensamientos. ¿Cómo se tomará la noticia? ¿se enfadará? ¿le gustará? prefiero no darle muchas vueltas. Me siento en la cama y me tomo una tila para apaciguar los nervios de mi estómago. Doy vueltas y más vueltas por la habitación pensando en como se lo diré. De pronto se oye la puerta de la entrada, los nervios vuelven a aparecer tras notar como su presencia se acerca poco a poco, trae una sonrisa.

–Hola mi vida, siento haber tardado en volver pero ya sabes como son Manuel y el resto, hasta que no me he tomado una copa más no han parado, ¿y tú qué tal? ¿has estado con las chicas?. -Me pregunta mientras se sienta en la cama.
–No te preocupes he estado con ellas aquí en casa. -Digo algo tensa.
–¿Todo bien cielo? te noto un poco nerviosa ¿habéis discutido?. -Me pregunta.
–No, con ellas todo genial, ya sabes que son maravillosas. -Digo forzando una sonrisa.
–Entonces ¿por qué esa carita? -Dice mientras me acaricia la espalda.
–Pablo, tengo que hablar contigo. -Le digo seria mientras me levanto de la cama para ponerme en pie.
–¿Hablar? ¿qué sucede mi niña? -Comienza a preguntarme algo nervioso.
–Verás Pablo yo... yo no sé como decirte esto, pero antes de decírtelo me gustaría que supieses algunas cosas. -Digo cabizbaja.
–¿Qué sucede? comienzas a darme miedo... -Dice mientras se pone de pie.
–Pablo, cuando te vi por esas calles de Málaga supe que eras el amor de mi vida, no me equivoqué al pensarlo porque a día de hoy lo eres y siempre lo vas a ser. Cuando estoy contigo siento que soy una mujer completa y resplandeciente de felicidad, si un día tú me faltas yo no tendría fuerzas ni motivos suficientes como para seguir en este mundo. -Supiro, hago un parón y continúo. -Pablo, hoy las cosas empiezan a cambiar para nosotros, de hecho ya han cambiado.
–Habla por favor. -Dice.
–Estoy embarazada. -Cierro los ojos y pronuncio rápidamente esas palabras. No habla se queda mudo.
–em... em... ¿embarazada? ¿de mi? pero... -Dice mientras comienza a dar pequeños paseos por la habitación llevandose las manos a la cabeza.
–Así es, una nueva vida está creciendo en mi interior, fruto del amor que sentimos los dos, el uno por el otro. No quería preocuparte sin tener confirmadas mis sospechas pero llevaba ya días mareándome. -Digo algo más tranquila al habérselo contado, pongo su mano en mi vientre.
–¿Qué? llevas días mareándote y ni si quiera me lo cuentas, ¿somos un matrimonio o un par de desconocidos?. -Dice enfadado.
–Pablo, entiende que no quería preocuparte sin tenerlo confirmado tampoco es para que te pongas así. -Digo de brazos cruzados.
–¿Y como quieres que me ponga Aurora? ¿pretendes que me ría a caso? has sido demasiado injusta conmigo.
–Podrías dejar de mortificarme y alegrarte aunque sea un poco ¿no?. -Digo mientras intento contener mis lágrimas.
–Esque no se si quiero ser padre ahora, esto me viene muy grande y no sé si es el momento. -Estoy cabizbaja, de pronto y tras oír sus palabras la levanto de golpe.
–¿Qué? me estás... -Trago saliva mientras intento pronunciar esas horribles palabras.
–Necesito tiempo para pensar, necesito un poco de soledad. -Dice frio y como si no le afectase que esté llorando. En ese preciso momento y sin más palabras, saco su maleta del armario y guardo toda su ropa en ella. -¿Tiempo? todo el que quieras por supuesto, a partir de hoy por mi parte tendrás mucho porque esto para mi se ha acabado. -Digo mientras intento contener mis lágrimas.
–¿Me estás dejando?. -Dice mientras me agarra del brazo para que no continúe metiendo más ropa en la maleta.
–Yo no te he dejado Pablo, tú me has pedido tiempo en una cosa que debería estar clara, no quiero saber de ti. -Digo siendo quizá poco consciente de mis palabras.
–Esto es excesivo ¿no crees? creo que te estás equivocando. -Dice.
–No, esta vez no me estoy equivocando, buscaré a alguien que me quiera y sobre todo que le quiera a él, juntos le llenaremos de ese amor que por tu parte nunca recibirá. Toma, no lo quiero.  -Saco la alianza de mi dedo y la pongo en la palma de su mano. La mira fijamente y una lágrima desciende por su mejilla. -En unos días comenzaré a preparar los correspondientes trámites para poner fin a este absurdo matrimonio que nunca debió llevarse a cabo, tardará  un mes pero no te preocupes, a partir de hoy nada te une a mi. -Bajo la maleta de la cama y se la llevo hasta la puerta, me sigue por el pasillo. -Y ahora si no te importa, tengo una nueva vida que comenzar. -Me mantengo seca, pero por dentro me derrumbo a cada paso que doy.
–Espero que seas consciente de lo que hoy me estás diciendo. -Dice mientras sale por la puerta, se para y me mira.
–No quiero escucharte Pablo, vete para no volver. -Le miro por última vez sabiendo que posiblemente sea la última vez que lo haga, esto se ha acabo a fin de cuentas.

Cierro la puerta, me dejo caer al suelo sin fuerza alguna, puedo oír como ha bajado las escaleras lo cual indica que ya se ha marchado. Nunca me equivoqué al pensar que si esto sucedería las cosas entre nosotros no marcharían bien, y ha sido así. Las lágrimas salen disparadas, aún la casa huele a su fragancia. Me levanto del suelo como puedo, no puedo estar en esta casa, todo me recuerda a lo que viví con él. Me siento en la cama mientras agarro con fuerza una de sus camisetas, no puedo parar de llorar. ¿Por qué me hace esto? ¿por qué me abandona cuando más le necesito? ahora veo que nunca me quiso, si me quisiera tanto como me ha dicho tantas veces no me habría dejado sola en estos momentos, habría aceptado encantado la noticia pero me equivoqué. No merece ninguna de las lágrimas que se deslizan por mis mejillas, por mucho que me duela haber perdido al hombre de mi vida, tengo que aceptarlo y comenzar una nueva vida. Siento como la vida tras su marcha se  me ha ido apagando, no sé que será de mi, supongo que las cosas han cambiado.

–Cuidaré de ti pequeño, ya quiero ver tú dulce carita. -Digo mientras acaricio mi vientre. -Saldremos adelante. -Digo.

Tras derramar bastantes lágrimas más, oigo la puerta. Me levanto de golpe pensando que puede ser él pero no es así, son Marta y Ángela.

–¿Dónde está la mamá más guapa? -Oigo a Marta con su dulce voz.
–Te hemos venido a ver mami. -Me dice Ángela cariñosamente desde la otra punta de la casa. Se acercan a la habitación, lugar donde estoy.
–¿¡Qué tienes Aurora!?. -Me preguntan nada más ver mi cara llena de lágrimas.
–Por favor, habla, ¿por qué estás así? vamos habla. -Dice Ángela mientras se sienta a mi lado rápidamente.
–Lo... lo... -No puedo continuar la frase me derrumbo aún más al tener que decir semejante frase.
–Shhh... ya está ¿vale? estamos aquí. -Marta se agacha y me limpia las lágrimas. De sobra saben el final de la frase.
–Cálmate por favor, ahora tienes que mirar por los dos, te vas a deshidratar. -Me dice Ángela mientras me abraza con fuerza.
–No puedo más, no puedo... ha sido... pff. -Me intento calmar como me piden.
–¿Se lo ha tomado muy mal?. -Me preguntan.
–Me pedía tiempo, eso significa que no tenía claro que quería tener este hijo conmigo y que ese tiempo significaría dejarme de un momento a otro, lo sé. -Digo algo más calmada mientras se lo cuento.
–Haz la maleta. -Dice Ángela.
–¿Qué? ¿para qué? ¿pretendes que viajemos? no tengo demasiadas ganas. -Digo.
–Vamos a casa de Elena, se me olvidó comentartelo pero cuando vosotros os fuisteis de luna de miel comencé a vivir allí con Salva. -Me dice.
–¿Cómo que a casa de Elena? ¿estás loca? Elena no tiene ni idea de esto, y tampoco quiero molestar. -Digo.
–Es buen momento para lo que sepa, a fin de cuentas es la abuela de ese bebé y ahora necesitarás ayuda -Dice Marta mientras señala mi vientre. Me levanto de la cama y cojo la maleta como me piden, comienzo a meter algo de ropa.
–Yo no sé si esto sea buena idea, allí estará Pablo y... -Digo.
–Conozco a Pablo no irá a casa de sus padres, se irá a su piso de Málaga. -Me dice Marta.

Cierro la maleta con algo de ropa, me agarran con cuidado de la cintura ya que estoy bastante débil. Cogemos el coche y nos plantamos en casa de Elena en veinte minutos. Llamamos al timbre.

–¡Aurora! que alegría verte. -Me dice Elena mientras me abraza.
–Hola. -Digo seca mientras paso dentro de la casa.
–¿Qué sucede? ¿por qué esa maleta? ¿os vais de viaje? -Oigo como Elena pregunta a las chicas.
–Lamentablemente no se trata de un viaje, pasemos a dentro, allí hablaremos mejor. -Dicen.

Vamos al salón, Elena parece estar sola en casa así que me siento con un cúmulo de nervios bastante grande. Se sientan a mi lado.

–¿Va todo bien? -Pregunta Elena.
–Sí, más o menos pero... Aurora tiene que contar algo. -Dice Ángela.
–Yo... yo... -No puedo a penas seguir la mirada a Elena, y tampoco gesticular palabra alguna.
–Me estás asustando Aurora ¿qué pasa?. -Pregunta con ansias.
–Estoy embarazada. -Le digo.
 –¿Voy a ser abuela?. -Me pregunta mientras comienza a dibujarse una gran sonrisa en su cara.
–Es la mejor noticia que podías haberme dado Aurora, ¿se sabe que es?. -Me pregunta con entusiasmo.
–No... estoy solamente de unas semanas, es demasiado pronto como para saberlo. -Digo intentando
mostrarme bien.
–¿Por qué Pablo no ha venido para darme junto a ti la noticia?. -Me pregunta. En ese momento miro a las chicas a modo de duda tras su pregunta, me miran haciendome un gesto para que conteste la verdad.
–Verás Elena... mmm... yo y... -Digo mientras las palabras se me atragantan.
–No se lo has dicho aún ¿verdad?. -Me dice.
–Elena, Pablo sabe lo noticia perfectamente. -Digo.
–Entonces supongo que no haya porque estará ocupado con su trabajo, pero seguro que está feliz por esta preciosa noticia. por la noticia. -Dice.
–Ojalá... me ha pedido tiempo porque tiene que pensarlo. -Digo mientras la miro a los ojos.
–¿Tiempo? ¿eso quiere decir que...? -No continúa la frase.
–Mira Elena... te explicaré como está la situación entre nosotros en estos momentos, y te diré que no es buena, yo pensaba que a Pablo esto le haría ilusión pero no ha sido así, si me está pidiendo tiempo es que no tiene claro querer ser el padre de mi hijo y yo no puedo hacer como si nada pasase, porque si pasa. -No puedo mencionarle, comienzo a llorar.
–Pero... ¿¡qué demonios se le pasa a este hijo mío por la cabeza!? no entiendo porque tiene que pensarselo, es algo que os incumbe a los dos, no puedo permitir esto, hablaré con él. -Dice enfadada.
–Elena, no por favor... hace cuestión de minutos le he puesto la maleta en la puerta, no quiero saber nada de él, esto se ha acabado, él tiene dudas cuando no debería tenerlas. -Digo mientras seco mis lágrimas.
–Está bien,  por lo pronto te quedarás aquí con nosotros, no estás en condiciones para estar sola en casa. -Me dice mientras me abraza.
–No quiero dar que hacer de verdad, estaré bien conforme pasen los días. -Digo.
–¿Molestar? en absoluto, te quedas aquí, tienes que cuidarte para que este niño venga fuerte ¿vale? -Me dice Elena mientras me acaricia la tripa.
–Gracias por todo el apoyo Elena. -Digo.
–De nada cielo, te ayudaremos en todo lo que podamos. -Dice con su preciosa sonrisa.

Estoy algo más tranquila, aunque no del todo ya que se que Pablo aparecerá por esa puerta en breves y no quisiera tener un encontronazo con él, no quiero verle, no quiero escucharle... porque esto se acabó. Acaba un doloroso día para mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario