Narrado por Aurora:
Tras afrontar el
primer día de trabajo con éxito, salgo del hospital a las cinco en
punto, tal y como me indicaron. Bajo las escaleras de este y pongo rumbo
a la calle. Camino por la acera cuando un coche que pasa justo por mi
lado comienza a pitar, no le presto atención alguna. Alguien que se baja
de este mismo comienza a gritar mi nombre.
–¡Aurora!.
-Me dice. Me giro para ver quien está llamandome, no espero
encontrarmelo. Se trata de Hugo, viene deprisa hacia mi. -¿No querías
verme y por eso te ibas?. -Me pregunta bromeando.
–¿Qué tal?. -Se acerca a mi y me da dos besos.
–Después de verte a ti creo que mejor que nunca. -Me dice con una sonrisa.
–¿Cómo es que sabes que andaba por aquí?. -Pregunto extrañada.
–Digamos que andaba por aquí y... te encontré de casualidad.
–Encantada de verte entonces. -Le digo con una sonrisa.
–Me
encantaría que me acompañases a dar un paseo por la ciudad ¿qué me
dices? luego podemos tomarnos un helado en una de las mejores heladerías
de Málaga y de paso conocernos un poco más. No pongo pega. Cierra su
coche con el mando de este y caminamos mientras que charlamos.
–¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí?. -Digo mientras camino.
–No, llevaré cuestión de un mes aquí y por motivos laborales... -Me
cuenta. -Teóricamente vivo en Barcelona. -Seguimos caminando en
silencio hasta que encontramos la heladería entramos y pedimos dos
helados en tarrina, me empeño en pagarlos yo pero Hugo me lo impide. Nos
sentamos en una de las mesillas. Se me queda mirando.
–Barcelona, me encantaría visitar esa ciudad, en un futuro no dudaré en hacerlo. -Digo.
–Es
preciosa... como tú. -Me dice eso y logra sonrojarme. No me espera bajo
ningún concepto ese comentario. -Y... ¿tienes pareja?. -Me pregunta
interesado.
–Estoy casada. -En ese momento la sonrisa desaparece
su rostro. -Bueno, por el momento... es cuestión de trámites, en cuanto
empiece el papeleo dejaré de estarlo. -Esas palabras se me clavan en el
alma como cuyo puñal.
–Vaya lo siento... -Dice quizá algo confundido ante su respuesta.
–Tranquilo, espero que pronto se convierta en un simple recuerdo. -Intento no derramar algunas lágrimas, mantenerme fuerte.
–¿Puedo saber que pasó?. -Me agarra de la mano y la acaricia.
–Nos
queríamos, o eso me decía... pero a la hora de la verdad... -Recuerdo
cada momento de esas últimas palabras que cruzamos. El alma se me
quiebra.
–Pues permíteme decirte que no te ha valorado lo
suficiente como mujer, eres increíble Aurora. -Poso mi mano sobre la
mesa y la acaricia tras pronunciar esas bonitas palabras que logran
sacarme una pequeña sonrisa.
–Gracias Hugo. -Digo mostrando una
tímida sonrisa. Clava su mirada en mi y a continuación me atrevo a
preguntarle. -¿Y tú... tienes?.
–Tenía pero me engañó con otro. -Me dice mientras cambia la expresión de su cara.
–Oh lo siento, no quería... -No termino la frase.
–Tranquila,
por suerte eso quedo atrás en mi pasado... -Me dice devolviendo la
sonrisa a su rostro. -Será mejor que no hablemos de cosas tristes... ¿te
apetece dar un paseo?. -Me pregunta, asiento con la cabeza, nos
levantamos y comenzamos a caminar sin un rumbo fijo. Llegamos a la
playa, justo a la que viví tantísimos recuerdos con él. No puede ser...
por momentos todos ellos vuelven a mi mente, intento disimular. Se
sienta en la arena y me invita a que yo lo haga junto a él.
Cuidadosamente me dejo caer sobre la arena.
–Que bonitos recuerdos me trae esta playa... -Cojo un puñao de arena, la aprieto y la vuelvo a soltar.
–No quiero que te pongas mal, si quieres podemos ir a otro sitio... -Me dice.
–No, tranquilo, estoy bien. -Finjo una sonrisa.
–Si
te dejarías querer, tú vida cambiaría tanto Aurora... tanto. -Esas
palabras me terminan de descolocar. ¿Qué trata de decirme?
–¿Qué quieres decir Hugo?
–Quiero
decir que... -No termina la frase, se acerca a mis labios y los besa
con ganas. Segundos despúes es él mismo quien se separa de ellos. -Lo...
lo siento. -Comienza a ponerse nervioso. Momentáneamente me dejo llevar
y acabo siendo yo esta vez quien le besa. ¿Qué demonios estoy haciendo?
me separo rápidamente de él, me levanto y me voy corriendo de la playa
sin darle ningún tipo de explicación, deseo salir con todas mis fuerzas
de allí. Alguna que otra lágrima desciende por mis mejillas mientras que
apresuro el paso mirnado hacia atrás. Hugo no ha dudado en seguirme, me
alcanza.
–Déjame cuidarte, quererte... -Miro al suelo pero tras oir sus palabras levanto la cabeza y le miro sorprendida.
–Hugo, eres encantador pero creo que ahora mismo no puedo darte lo que buscas, no puedo quererte...
–No pretendo que lo hagas ahora, pero con el tiempo podrás...
–Lo
siento pero no puedo, sería engañarme a ti pero sobre todo a mi
corazón, lo siento. -Salgo corriendo nuevamente de allí. Vuelvo a casa
llena de pensamientos, no puedo arrancarme de la mente lo que ha
sucedido unos minutos. ¿Y si debo darme esa oportunidad al lado de Hugo?
¿y si me equivoco? miles de preguntas rondan por mi mente. Estoy
intranquila, a si que me siento en un banco e intento tranquilizarme.
Logro calmarme aunque sea un poco, vuelvo a casa aparentando normalidad.
Al llegar no hay nadie, me tomo una ducha intanto alejarme de la
realidad. Me meto en el plato de ducha, abro el grifo y dejo caer el
agua sobre mi cuerpo. Salgo y me pongo el albornoz, me hago un pequeño
recogido con una pinza y me tumbo en la cama. Me voy calmando poco a
poco hasta que me quedo dormida del todo, el teléfono comienza a sonar.
–¿Te apetece salir a cenar?. -Es Hugo. Me quedo sin saber que decir por momentos.
–Hugo... no sé si sea buena, lo que ha pasado antes me tiene bastante descolocada.
–Solo necesito explicarte algunas cosas, por favor... -Me dice.
–Está bien.
–En una hora te recojo. -Me dice.
Cuelgo
el teléfono y dudo unos segundos en si debo asistir, pero debo aclarar
las cosas. Me seco el pelo con el secador, me pongo una falda, una
camiseta, unas sandalias y me echo un poco de maquillaje. Despúes de una
hora transcurrida, se presenta en mi puerta. Llama al timbre y voy a
abrir.
–Estás muy guapa, ¿vamos?. -Asiento con la cabeza.
Conduce hasta el restaurante, entramos y nos sentamos en una de las mesas donde no tardan demasiado en atendernos
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