Narrado por Pablo:
Puesto que mi niña lleva unos días un tanto rara, decido salir un rato con mis amigos a tomar algo ya que ella ha decidido quedarse en casa. Son las diez de la noche, regreso a casa con ganas de estar con ella. Cojo el coche y conduzco hasta casa, llego y aparco justo en frente de la casa. Subo por las escaleras, entro y voy directo hacia nuestra habitación. La saludo pero la noto tensa, la pregunto si la ha pasado algo con las chicas, me dice que no pero que tenemos que hablar. Esas palabras no sé porque pero me ponen bastante nervioso. Escucho con atención lo que quiere decirme, se sincera conmigo y a continuación me da una noticia. Lleva días mareándose constantemente, está embarazada. Me quedo quieto y algo bloqueado ante su noticia, no sé exactamente que decir. Sinceramente lo que más logra enfadarme es que me haya ocultado lo de los mareos, creo que tenía derecho a saberlo. Ser padre es algo que está dentro de mis planes de futuro a su lado, pero quizá ahora no es el mejor momento, la noticia de saber que seré Padre me alegra pero necesito unos días para pensar. Se lo hago saber pero no duda en preparar mi maleta, no entiendo que está haciendo, simplemente he pedido tiempo. Mientras se empeña en guardar todas mis pertenencias en el interior de esa maldita maleta me dice que de ahora en adelante tendré todo el tiempo que desee y mucho más, algo que me descoloca. Sus ojos no paran de derramar lágrimas, entre ellas me dice que esto ha llegado a su fin, que se acabó. Juro que por momentos el corazón se para, no sé como actuar. Se muestra fría y como si no la importase lo que me está diciendo. Cierra la maleta y me la pone en la puerta, pero antes se quita la alianza y la pone sobre la palma de mi mano. Una lágrima se desliza por mi mejilla ante el acto que acaba de hacer. ¿Por qué tiene que acabarse esto si sólo he pedido un poco de tiempo?, sin más dilación y más palabras que puedan entorpecer más este momento, agarro la maleta y me voy, me voy de esa casa sabiendo que en los próximos días recibiré la anulación de nuestro matrimonio, me pudre el alma saber que la persona que más quiero en el mundo me está dejando. Tiro de la maleta hasta mi otra casa en Málaga, necesito estar sólo. Llego y tiro la maleta al suelo de malas maneras y de bastante mal humor, no me creo nada de lo que está pasando. Miro mi teléfono repetidas veces para ver si en la pantalla se refleja una simple llamada suya, algo que me ayude. Me siento en la cama mientras comienzo a recordar esa luna de miel que hemos vivido, algunas lágrimas salen disparadas por mi cara. En ese momento y bajo mis totales pensamientos, suena mi teléfono, lo saco rápidamente del bolsillo pensando que podría ser ella, pero está claro que me equivoco.
–Hola. -Digo seco y sin ánimos para responder a la llamada de Marta.
–¿Podemos vernos?. -Formula.
–No tengo ganas de hablar con nadie Marta, con nadie. -Digo alzando la voz.
–Tampoco es para que te pongas así ¿no crees? creía que era tú mejor amiga y que me contarías las cosas pero veo que me he equivocado, adiós. -Me dice seca.
–Por favor no cuelgues, lo siento... no vivo mi mejor momento, no me abandones tú tampoco. -Digo entristecido.
–Lo sé y entiendo lo que estás pasando pero también tengo que decirte que esto te lo has buscado tú solito Pablo. -Me dice.
–Sé que es tú mejor amiga, y es por ello que a mi no me darás la razón pero tienes que entenderme también, soy joven. -Digo.
–No voy a hablar esto contigo por teléfono Pablo, si quieres nos vemos. -Insiste.
–Estoy en mi casa de Málaga, aquí te espero. -Cuelgo.
Me vuelvo a quedar sumergido en mis propios pensamientos hasta que el timbre me saca de ellos. Abro la puerta y ahí está Marta.
–Pablo... ¿qué estás haciendo?. -Me dice mientras se sienta en el sofá.
–Marta, soy joven y estoy empezando en el mundo de la música, mi sueño... es complicado. -Digo.
–Lo sé Pablo, pero se te olvida que Aurora es la madre de tú hijo y así solo la estás perjudicando. -Dice.
–Mi intención no es perjudicarla y lo sabes, simplemente la he pedido algo de tiempo y ella no ha dudado en poner mi maleta en la puerta ¿crees que esto es fácil para mi? te diré que no es así, aquí no sólo sufre ella. -Digo.
–Necesita un poco de tú apoyo Pablo, en vez de haberte enfadado cuando te dijo que llevaba días mareándose debías haber dejado tú maldito lado egoísta y haber estado feliz, pero no. -Me dice.
–Yo no soy egoísta Marta, en ningún momento rechacé el tener ese hijo, simplemente he pedido un poco de tiempo. -Digo.
–Debes hablar con ella, si la quieres. -Dice.
–Por supuesto que la quiero, pero no la comprendo. -Digo.
–Mira Pablo... yo no seré quien te diga lo que tienes que hacer y lo que no, allá tú, sólo te diré que aunque Aurora no haya firmado aún los papeles del divorcio, buscará a alguien que la valore y la quiera a ella y al bebé, luego no te lamentes. -Dice y me descoloca.
–He intentado todo Marta, todo...
–¿Has intentado qué Pablo? la estás destrozando y eso no te lo voy a permitir, porque es mi mejor amiga. -Me dice enfadada.
–Marta, dime que hay de malo en pedirla tiempo, por favor... no entiendo porque me ha dejado, no me explico esto, ¿a caso es un delito? sinceramente yo no lo veo así. -Digo alzando la voz.
–Lo siento Pablo, siento que pienses así pero no cuentes conmigo. -Me dice.
–¿Tú también me abandonas cuando más te necesito? esto es impresionante. -Digo mientras me levanto del sofá de malas maneras.
–Nadie abandona a nadie, si no fueras tal terco quizá no te pasarían ciertas cosas, adiós Pablo. -Se levanta, y se va dejandome con la palabra en la boca, además de bastante enfadada.
Saco el teléfono del bolsillo, marco su número, y en cuanto este empieza a dar llamada, es ella misma quien la corta evitando que pronuncie palabra alguna. No puedo parar quieto en casa, no sé que hacer. Cojo un paraguas, una chaqueta fina verde y salgo de casa. No para de llover, no sé porque pero la lluvia siempre me ha dado una triste sensación de soledad. Camino por las calles las cual están desiertas, me siento en un banco a pesar de que está mojado, la lluvia cae sobre el paraguas, y las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas cuando recuerdo que me falta lo más grande mi vida a mi lado. Mi vida sin ella es un desastre, creo que esto ha sido la gota que colmaba el vaso, además de excesivo. En ningún momento dije que no quería a ese hijo que crece en su interior, supongo que ya no tengo nada que pensar, me ha dejado y parece que no hay vuelta atrás. Me levanto sin ánimos para volver a casa, las calles siguen oscuras y vacías como cuando cuando salí de casa hace un rato, voy mirando al suelo completamente hasta que me choco con alguien.
–Disculp... -No termino la frase al darme cuenta de quien es.
–Tranquilo -Me dice ella. Se trata de la chica con la que bailé hace unos meses en aquel bar.
–¿Tú eres la chica con la que bailé, no? -Pregunto.
–La misma, pero... ¿no crees que es algo tarde como para estar por aquí? -Me dice.
–Digamos que necesitaba reflexionar y bueno... aquí estoy, más solo que la una. -Digo.
–Ah bueno... entonces te dejo, hasta otra. -Comienza a caminar hasta que la paro.
–No, no te vayas aún, ni si quiera se tú nombre. -Digo.
–Me llamo Adriana. -Dice.
–Supongo que mi nombre ya le sabes, a si que será mejor que me vaya, seguro que tienes ganas de irte a casa. -Digo.
–La verdad es que no, nadie me espera al llegar a casa. -Dice.
–A mi tampoco. -Digo.
–Si no recuerdo mal... estabas casado ya ¿no? o al menos es lo que contaban las revistas. -Me pregunta.
–Sigo estándolo, pero dentro de poco ya no. -Digo.
–Ohhh... lo siento, no quería recordártelo, lo siento mucho Pablo. -Dice.
–No me apetece recordar esto, está siendo muy doloroso para mi. -Digo.
–Yo he pasado por una cosa parecida con mi anterior pareja y sé que es difícil pero seguro que encuentras a alguien que te quiera como ella. -Me dice.
–Por favor, no me apetece recordar nada... -Digo.
–Lo siento, siempre me meto donde no me llaman. -Dice.
–No, al contrario... eres la única persona con la que puedo contar ahora. -Le digo.
–¿Te apetece ir a tomar algo?. -Me dice con una tímida sonrisa.
–Claro, necesito despejarme un poco de todo esto. -Digo.
Caminamos hacia un bar cercano de donde estamos, entramos y nos sentamos en unos sofás alejados de toda la gente. Pedimos dos gin-tonic's.
–¿Qué estudias actualmente?. -Pregunto intentando no ponerme a pensar en ella.
–Actualmente estoy estudiando derecho. -Me dice mientras bebe del vaso.
–Bonita carrera... -Digo sin saber muy bien que responder. Me mira de forma fija.
–Es complicada, pero es lo que toca. -La charla es fría como cuyo hielo.
–Adriana, ¿puedo preguntarte algo?. -La digo.
–Claro Pablo, lo que quieras. -Me dice mientras me sonríe.
–¿Por qué rompiste con tu anterior pareja?. -Pregunto.
–Bueno... todo empezó con sus estúpidos celos, cada vez que salíamos a la calle y un chico me saludaba o viceversa ya pensaba que quería algo con él, después me tenía demasiado controlada y a mi no me gusta que me controlen, necesito mi espacio. -Me cuenta.
–Es normal, pero bueno... quizá no te sabía valorar suficiente. -La digo.
–Puedo decir lo mismo de ti, no sé porque lo has dejado con ella pero creo que hay pocos hombres tan valiosos como tú, quizá no te valora lo suficiente. -Me dice.
–Lo de Aurora es pasado, me ha dejado y tengo que asumirlo aunque me duela, porque se perfectamente que nunca encontraré a alguien como ella. -Digo.
–No cierres puertas ahora, estoy segura de que te volverás a enamorar. -Me dice.
–Por el momento no quiero, necesito olvidarme de ella, y eso me va a costar muchísimo. -Digo.
Me quedo charlando un poco más con Adriana, es una mujer muy simpática. La acompaño a casa, pero antes ella misma se encarga de meter su número de teléfono en mi móvil. Me despido y vuelvo a casa. No puedo arrancarme su recuerdo del corazón y del pecho, no me puedo olvidar de sus besos, de sus caricias sobre mi piel, cada palabra suya... no puedo. No tengo demasiada fuerza para seguir adelante, no sé que será de mi. Sobre mi queda la obsesión de desbloquear el teléfono repetidas veces para ver si existe esa llamada suya o un simple mensaje, pero ni rastro de ello.
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