30.10.13

Cap. 98: No sé si podré reprimir mis ganas de ir en su busca

Narrado por Pablo:

Me sincero con Marta, la explico todo lo que pasa por mi mente en esos momentos, lo que siento… me he dado cuenta de que necesito a Aurora para vivir, y de que ella me necesita a mi ahora más que nunca. Logro que me perdone, es más me ayudará a volver con ella. Tras arreglarlo vamos a cenar a un restaurante no muy lejano de aquí. A penas ceno, no tengo apetito. Mi teléfono no para de sonar una y otra vez, es Adriana.

–Pablo, tienes que solucionar ese problema si quieres que te ayude… -Me dice mientras señala al móvil que posa sobre la mesa.
–Lo sé, buscaré el momento.
–He hablado con ella… -Me dice misteriosa.
–¿Y bien? -Pregunto con la ilusión de que me diga alguna buena noticia.
–Está bastante mejor desde la última vez que hablé con ella, ya no tan apagada y tan triste… -Hace una pequeña pausa dejándome con la intriga, intriga que produce un miedo en mi interior. -Ha buscado un empleo.
–¿Cómo? no está en estado como para trabajar, tiene que cuidarse.
–Pablo. -Me dice mientras me mira de forma seria.
–¿Qué?
–No estás en derecho de exigirla nada, te recuerdo que te fuiste dejándola sola. -Esas palabras hacen que acuerde de todo nuevamente.
–Ya lo sé, no es necesario que me recuerdes constantemente las cosas. -Digo cabizbajo.
–No quiero tampoco torturarte pero tampoco quiero que interpretes las cosas a tu manera, ella por el momento puede hacerlo ya que está de un mes escaso y al menos… -Se queda callada, como si me trataría de ocultar algo.
–¿Al menos qué? ¿qué más sabes? -Pregunto.
–Al menos no te recuerda. -Me dice seria.
–Si me recuerda es que me… -Voy a continuar la frase cuando de pronto me frena.
–No te equivoques Pablo, te puede echar de menos pero no va a ser fácil como te he dicho hace unos minutos.
–¿Y qué podemos hacer? no sé si voy a ser capaz de volver mañana a España y reprimir mis ganas de ir en su busca.
–Debes aguantar, si vas en su busca vas a poner las cosas mucho peor, deja que yo me encargue. -Me guiña un ojo.
–Está bien. -Digo con un hilo de voz mientras intento comer algo.
–¿Sabes decorar habitaciones de bebés? -Me pregunta mientras da un sorbo al vaso de agua.
–¿Yo? soy un desastre para la decoración en si… -Digo mientras esbozo una sonrisa.
–Pues debes ir aprendiendo, en cuanto llegues a España nos vamos de compras. -Me dice con una dulce sonrisa. Sus misterios me ponen nervioso.
–¿Vamos a decorar la de mi…? -Me cuesta gesticular palabra.
–Tú confía en mí y todo saldrá bien. -Me dice aunque no me deja tranquilo del todo.

Degustamos de la cena, parece que poco a poco las aguas vuelven a su cauce, aunque todavía queda la parte más complicada, el perdón de mi niña. Pago la cuenta ya que es lo mínimo que puedo hacer. Volvemos al hotel sin prisas.

–Me imagino como debe de estar Adriana ¿estás preparado para escuchar sus gritos?. -Me pregunta mientras se ríe.
–Preparadísimo, tan preparado como que hay un maravillosos portales para poder dormir en caso de no aguantarlo. -Me río ante mi comentario y ella hace lo mismo. Seguimos charlando hasta que vamos acercándonos a nuestras respectivas habitaciones. Nos despedimos con dos besos y entramos a la habitación. Entro tranquilo, sereno… parece estar dormida, ni si quiera se entera de mi presencia. Me siento en la cama mientras me descalzo, de pronto la luz de la mesilla de noche se enciende.

–¿Te lo has pasado bien dejándome aquí sola? -Me pregunta irónicamente.
–Por supuesto, he arreglado muchas cosas que me hacen feliz. -Sigo su juego. Me mira incrédula.
–¿Te crees que soy imbécil Pablo? se perfectamente que has estado con Marta cenando. -¿Pero cómo demonios se ha enterado? comienzo a cabrearme pero intento disimular.
–Enhorabuena por saberlo. -Contesto bordemente mientras que me meto en la cama tapándome con el edredón hasta arriba. Lo coge y me destapa.
–¿Pero que te he hecho para que me trates así?. -Me cambia radicalmente de tema, haciéndose la víctima. No aguanto más, me pongo de pie y alzo la voz.
–¿Sabes? Pensaba que eras distinta pero no, me recuerdas tanto a una de mis anteriores parejas, sois tal para cual…
–No, no me digas eso por favor… -Me dice mientras se pone de pie e intenta abrazarme.
–Ambas queréis controlarme, con quién salgo, donde voy, y para colmo te atreves a insultar a Aurora… dime ¿de qué la conoces para calificarla así? -La pregunto.
–Si estás conmigo como comprenderás no es de mi agrado que andes con otras por ahí. -Me dice mientras me mira de malas formas.
–No por mucho tiempo… -Murmuro tratando de que no lo oiga.
–¿De qué hablas Pablo? -Parece haberme escuchado, por el momento no se lo diré.
–Buenas noches. -Me meto en la cama dejándola una vez más con la palabra en la boca.

La alarma del móvil me saca de mi sueño profundo, son las siete y media de la mañana. Adriana sigue dormida, salgo de la cama, abro la maleta y cojo algo de ropa limpia para darme una buena ducha de agua fría. Estoy como loco por volver a España, por ver su preciosa sonrisa cada día, por besarla… en definitiva por estar con ella. El camino es fácil pero no me cabe duda de que lucharé con todas mis fuerzas por recuperar lo que me pertenece, su amor. Me pongo un pantalón vaquero y una camiseta básica junto a mis converse. Bajo solo a desayunar, no me apetece desayunar con Adriana. Bajo a la cafetería y pido un café con unas tostadas. Doy un bocado a una de estas, de pronto siento como unas manos se apoyan sobre mis hombros consiguiendo que suelte la tostada de golpe a modo de susto.

–¡Buenos días! -Me dice Marta mientras se sienta en una de las sillas a mi lado.
–Buenos días. -Digo mientras sonrío y vuelvo a coger la tostada.
–Vaya… ¿dónde has dejado a la lagartona? -Me dice mientras observa en una hoja lo que pedirá para el desayuno. Hace que me ría ante su comentario.
–Supongo que esté durmiendo, no lo sé y tampoco es algo que me interese.
–Espero que hayas cortado con ella… -Me dice.
–Aún no, en cuanto regresemos a España será lo primero que haga, te lo prometo. -La guiño un ojo.
–Menos mal que para eso quedan horas… no la soportaría mucho más.
–Eres como mi ángel de la guarda… no tengo palabras suficientes para agradecerte tu apoyo y tu manera de ayudarme… -La miro y sonrío.
–No tienes nada que agradecerme, pero prométeme una cosa por favor… -Hace una breve pausa y continúa. -Esta vez cuídala como se merece.
–Te prometo que así lo haré, esta vez nada fallará. -Digo con una sonrisa.

Asiente con la cabeza mientras que pide su desayuno. Desayunamos tranquilos hasta que de pronto por la puerta de la cafetería aparece Adriana y no con muy buenos aires que digamos. Se sienta en la silla mientras me lanza una mirada asesina.

–¿Pensabas dejarme sola desayunando? -Me pregunta bordemente.
–Yo he puesto mi alarma en el móvil, si no las has escuchado es tú problema, al menos podrías tener la educación de dar los buenos días ¿no?
–Buenos días Pablo. -Me dice con cierto tono de voz.
–No, buenos días Pablo no, buenos días Marta. -Le hago decir mientras que Marta intenta contener la risa.
–Yo no voy a saludar a esa lo siento.
–Esa es mi mejor amiga, te guste o no a si que si no tienes la decencia de tener un mínimo de educación será mejor que vuelvas a subir a la habitación y te vuelvas a dormir otro rato. -En ese momento Marta me hace un gesto como para que deje de seguirla el juego, pero parece que Adriana no quiere dejarlo.
–Mira Adriana, no voy a seguir tu juego estúpido porque sería como rebajarme a tú nivel y por ahí si que no paso, estoy aquí por trabajo, no por verte a ti a si que tengamos las últimas horas en paz. -Dice Marta sin alzar la voz.
–¿Quién te crees que eres? ¿se te ha subido a la cabeza el ser manager de Pablo o qué? -Le dice Adriana a Marta alzando la voz.
–¡Basta Adriana! no voy a consentir que nos amargues el desayuno, me voy a preparar la maleta.
–Yo haré lo mismo, paso de perder el tiempo hablando con gente como tú. -Tras decir eso señala a Adriana, se va y me sigue de vuelta a nuestras habitaciones.
–Lo siento… siento haberte amargado el desayuno. -Digo mientras miro al suelo del pasillo de la planta de mi habitación.
–Tranquilo, estaba claro que tiene que discutir con alguien si no no está contenta. -Me guiña un ojo y se mete en su habitación. Saco del bolsillo de mi pantalón la tarjeta de esta y la paso por el lector, se abre la puerta y entro. Cojo la maleta que está posada en una esquina y empiezo a recoger mis cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario