14.9.12

Cap. 33: Olvidar era lo que mejor podía hacer.

Aquél hombre me cogió en brazos y yo me agarré muy fuerte a su cuello. Él no contestó a mi pregunta, yo seguía mareada y con la vista borrosa así que tenía dudas de quién podría ser. Llegamos a un coche y  el hombre me sentó en la parte de atrás. Cada vez me pesaban más los párpados y en apenas unos segundos, me quedé dormida.


El ruido de una puerta al cerrarse hizo que abriera los ojos. La cabeza me iba a estallar y me sentía fatal. Intenté recordar que pasó ayer pero nada, no me acordaba de nada. Me senté sobre aquella cama desconocida y el miedo se apoderó de mi. No conocía aquella habitación. No sabía donde estaba ni que había echo en la noche anterior y tenía miedo , porque estar en una cama desconocida, daba mucho que pensar.
Me levanté rápido de allí y busqué en mi bolsillos. Llevaba puesta la ropa de ayer, así que el móvil tenía que estar. Lo encontré y miré la pantalla. Dos llamadas perdidas de Pablo. Tenía que estar preocupado por mi. Guardé de nuevo el móvil y di unos pasos hacía la puerta. Alguien se me adelantó y abrió por mi. Era Salva, el hermano de Pablo.  ¿Qué hacía allí?

  -Buenos días. -Dijo mientras que se acariciaba el cuello.
  -Buenos días... ¿Qué hago aquí? ¿Qué... qué pasó anoche?
 Salva dio unos pasos y se colocó frente a mí con las manos metidas en los bolsillos.
  -¿No te acuerdas de nada?
  -No... de nada. Dime que no pasó nada entre... -Balbuceé.
  -No, no. Tranquila, verás... ayer estaba con unos amigos en un local y te vi sentada afuera, apoyada en una pared. Al parecer te echaron algo en la bebida porque estabas drogada...
  -¿Qué? Yo... no me acuerdo de nada.
  -Es normal. Y lo más seguro es que nunca te acuerdes de lo que pasó. Yo no te puedo decir nada más, solo que te desmayaste en el coche.
  -Yo no soy así... yo no hago esas cosas. Pablo estaría preocupado por mi y yo bebiendo. Me siento fatal... -Dije llevándome las manos a la cara.
Salva dio unos pasos hacia a mi y me abrazó.
  -Tranquila, ya no puedes volver atrás. Lo echo, echo está.
  -Gracias por traerme aquí, de verdad. -Le sonreí-. A saber donde estaría ahora...

Salva me sonrió y se separó unos centímetros de mi. Me sentía rara por estar tan cerca de él. Me miraba de una forma extraña y avanzó un poco más hasta que sus labios se apoyaron en los míos. ¿Que hacía? Apoyé mis dos manos en su torso con una suave presión para intentar separarlo de mi. Me moví hacía un lado con un movimiento brusco y le miré asqueada. Era la novia de su hermano, ¿cómo había podido besarme? Moví los labios para decir algo pero no me salieron las palabras.

  -Yo... lo siento. -Se disculpó.
  -Será mejor que me vaya. -Le dije avanzo rápidamente hacia la puerta. Salva me cogió del brazo y me miró-. Suéltame. ¡Que me sueltes! -Le grité y las lágrimas ya brotaban de mis ojos.
  -Lo siento... -Dijo y me soltó lentamente.




La suave brisa de la paya acariciaba mi rostro húmedo y mis pelos revoloteaban en el aire. Me senté en la orilla y me descalcé para que el agua llegara a mis pies. Aún no podía creerme lo que estaba pasando. Quería acordarme de lo que pasó por la noche, pero no podía. ¿Tenía que dejar de darle vueltas y hacer como si nada hubiera pasado? Tenía la cabeza echa un lío. El beso de Salva era lo le que faltaba a mi colección de errores. Pablo se va y todo sale mal... No podía permitir derrumbarme, ahora no. Lo único que podía hacer es olvidarme de todo, hacer como si nada hubiera pasado. Olvidar era lo mejor que podía hacer.
Saqué el móvil para llamar a Pablo. Tecleé su número y esperé a que lo cogiera.

  -¿Pablo?
  -¡Princesa! -Soltó una risita-. ¿Cómo estas?
  -Bien. -Le mentí-. Echándote de menos...
  -Yo también te echo de menos. No sé como voy a resistir sin tus besos.
  -Yo tampoco. -Reí.
Pasaron  unos segundos en silencio hasta que Pablo habló de nuevo.
  -Ayer te llamé dos veces y no lo cogiste.
  -Ya, pero estaba en casa de  unas amigas y dejé el móvil en casa. -Le mentí y me sentí fatal por ello.
  -Pensé que te había pasado algo.
  -Lo siento, la próxima vez no pasará.
  -Cariño te tengo que dejar, me van hacer una entrevista.
  -Vale chico importante. -Me reí-. Que te vaya bien todo amor.
  -Adiós, te amo. -Y cortó la llamada.

Guardé de nuevo el móvil y me quedé mirando hacia el horizonte, escuchando el relajante sonido de  las olas al romper en la orilla, dejando que mi mente dejara de pensar por unos minutos y desconectar, desconectar de todo, desconectar del mundo.


  -Hola -Dijo una voz detrás mía e hizo que volviera a la realidad.
Me giré y le vi allí, con su gran sonrisa.
  -Hola -Le sonreí.
Sergio se sentó a mi lado y posó su mirada en el vaivén de las olas.
  -Me acuerdo de que de pequeña, te encantaba venir aquí. -Dijo tras unos segundos-. Cuando te enfadabas con alguien, cuando suspendías un examen o cuando estabas triste, siempre venías aquí -Me miró y sonrió-. Y veo que las cosas no han cambiado nada.
  -Si que han cambiado, todo era más fácil cuando la única tristeza era un suspenso. -Añadí.
Sergio suspiró.
  -¿Qué tal las cosas con Pablo?
  -Bien, todo va muy bien.
  -Me alegro -Y miró de nuevo al horizonte.

Giré mi cabeza y vi al mismo chico de siempre, al chico moreno de ojos marrones y mirada interesante. El mismo chico con el que he compartido miles de momentos, malos y buenos, pero siempre juntos. Agradecía su compañía.

  -¿Sabes que mis padres se van a separar?
Él me miró y su rostro mostró sorpresa.
  -Oh, vaya... Lo siento.
  -Si, bueno... gracias. -Sonreí-. Ah, me voy a mudar. Pasado mañana empiezo la mudanza, ¿te gustaría ayudarme?
  -Claro que quiero preciosa. Cuenta conmigo.
  -Gracias Sergio, por estar siempre hay.
  -Aurora, me vas a tener para todo lo que necesites, recuérdalo.
  -Gracias. -Me acerqué a él y le di un suave beso en la mejilla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario