22.4.13

Cap. 60: Preocupaciones

Narrado por Aurora:

Volvemos a casa de los padres de Pablo, él ayudará a Salva a vestirse para la ocasión ya que el mundo de la ropa no es su mayor fuente, yo ayudaré a Ángela también a arreglarse, Salva y Pablo se encierran en la habitación de Salva prefiero no interrumpirlos y me llevo a Ángela a mi cuarto, se sienta cómodamente en la cama mientras que yo voy rebuscando en mi armario algo acorde con su estilo de vestir ya que ella no ha traído demasiada ropa. Por sus ojos van pasando bastantes vestidos, nos está costando elegir uno acorde con ella pero por fin damos con él.  Es un vestido que no me he puedo demasiadas veces, un palabra de honor que llega hasta las rodillas color crema y bastante ajustado, se lo muestro en la misma percha.

–¿Te gusta cielo? Sonrío. -Lo mira con los ojos abiertos de par en par.
–¡Me encanta Aurora! es precioso pero... no sé si este tipo de vestidos va acorde conmigo y además es tuyo...
–¿Por qué no va a ir acorde contigo? tienes un buen cuerpo y lo lucirás bien... y porque sea mío no te puedes negar a ponértelo, yo te lo dejo encantada de verdad. -La sonrío
–Tampoco tengo unos zapatos adecuados que concuerden bien con este vestido, voy a hacer el auténtico ridículo con Salva
–Yo te los dejaré también, lo que me sobran son zapatos y no creo que los vaya a usar hoy
–¿En serio harás esto por mi?
–Por supuesto cielo, mira voy a enseñarte unos que quedan muy bien con este vestido. -Abro el pequeño mueble donde guardo todos mis zapatos, revuelvo entre éstos y doy con lo que busco... unos zapatos de tacón bastante altos de color negro, sencillos pero cómodos. Se los muestro.
–Con estos zapatos y ese vestido dejarás boquiabierto a Salvita, estoy segura de ello. -Río y se une a mi risa
–Muchas gracias Aurora, de verdad -Me abraza mientras observa los zapatos.
–No me las des cielo, para eso estamos. Me encuentro encima del mueble la nota que me dejó Marta donde me decía que se tenía que regresar a Santander porque su abuela había vuelto a enfermar, suspiro y pongo mala cara.
–¿Todo bien Aurora? -Me dice Ángela
–No demasiado bien...-Resoplo-. creo que la he liado un poquito...
–¿Por qué dices eso? ¿has discutido con Pablo o algo por el estilo?
–Para nada, es sólo que se me olvidó comentaros que Marta se tuvo que volver a su casa debido a que su abuela volvió a enfermar, soy un desastre.
–¿Cómo he podido ser tan tonta yo de no caer en ella? como no la había visto por aquí pensé que estaría dando una vuelta o algo. -Se lleva las manos a la cara.- Somos un desastre Aurora...
–Merece nuestras disculpas, lo mejor será que la llamemos pero dudo mucho que ella quiera dirigirnos la palabra y la verdad es que razón no la faltaría si optaría por hacer eso. -Saco de mi bolso el móvil y a continuación presiono las teclas con su número y pongo el altavoz para que ambas escuchemos. Suena durante varios segundos ese incómodo sonido que indica que la llamada está en curso... no parece cogérmelo, me pongo nerviosa, ambas esperamos con inquietud a que suene su delicada voz a través del móvil hasta que por fin lo hace. Mi voz temblorosa es incapaz de gesticular palabra alguna pero finalmente lo consigo, aunque los nervios no desaparecen.

–¿Hola? -Formulo inquietante
–¡Aurora! me dice con su tono natural mostrando alegría. Rápidamente Ángela y yo damos un pequeño respiro y sonreímos.
¡Corazón! ¿cómo estás cielo mío? -Interviene Ángela en la combersación
–Mis niñas... que bueno escucharos a las dos juntitas, me hacéis mucha falta
–Cielo perdóname por no haberte llamado en estos días, se me olvidó por completo avisar a Ángela de que te fuiste
–No os preocupéis de verdad, lo importante es que ya estamos hablando... no obstante tampoco he estado demasiado tiempo en casa ¿cómo van las cosas por allá?
–Por aquí más que bien me atrevería yo a decir... ni te imaginas la de cosas que están pasando.
–Miedo me da tratándose de vosotras dos juntas, a ver... decirme que está pasando por esas tierras -Dice riendo.
–Está pasando que Salva quiere ir a cenar esta noche con Ángela, de hecho en estos instantes se estaba probando vestidos para ver cual quedaba más acorde para la ocasión
–¿No me digas? ¿en serio mi niña? ni te imaginas lo que me alegro, te lo mereces mucho Ángela
–Gracias amor, pero no os emocionéis... sólo se trata de una cena, me imagino que sólo querrá hablar conmigo un poco más para conocerme pero de ahí no creo que salga nada, no creo que sea la chica que el quisiera tener
–Puede que tengas razón y que sólo quiera conocerte un poco más a forma de amistad, pero... ¿por qué no podría salir una preciosa relación de ahí? -Formula Marta
–Digamos que Salva es guapo y se le ve un chico bastante majo pero insisto, dudo que me quiera a mi de novia
–Cielo, tú puedes estar al lado de quién realmente desees porque vales muchísimo más que cualquier mujer del mundo, a si que espero que disfrutes y que pase lo que tenga que pasar -Intenta combencerla Marta.
–Muchas gracias Marta, no dudes que disfrutaré. -Se hace un largo silencio y retomo la combersación.
–¿Cómo está tú abuela cariño? ¿va mejor?
–Está mucho mejor, los medicamentos que la ha recetado el médico están actuando tan bien como los médicos esperaban, mil gracias por preocuparos chicas...
–No tienes nada que agradecer, somos amigas ¿no? y las amigas están para algo.
–Os quiero un montón mis niñas, de verdad... en estos momentos sois un pilar fundamental en mi vida, gracias de corazón.
–¡Y nosotras a ti! no dudes que siempre que tengas cualquier tipo de problema allá nos tendrás a nosotras para escucharte y si es posible te ayudaremos a resolverlo.
–Gracias... me encantaría seguir hablando con vosotras pero el tiempo me impide quedarme más, ¿cuidaros sí? darle un beso a Pablo de mi parte.
–Se los daremos, seguro que cuando se entere se quedará apenado porque te considera como su hada madrina...
–Pablo es tan increíble como vosotras, insisto, os quiero muchísimo a los tres...
–Y nosotros, esperamos volver a verte pronto...
–Prometo que pronto nos volveremos a ver, os quiero. Pronuncia eso último y acto seguido cuelga el teléfono, ahora ya podemos respirar totalmente tranquilas, por suerte no se ha enfadado.
–Y después de haber hablado con Marta y de haber comprobado que no estaba enfadada, te dejo que te vayas a la ducha ¿vale cielo? en un ratito vengo por aquí y te ayudo con el maquillaje. Cierro la puerta de la habitación y me dirijo a la de Salva que supongo que aún esté vistiéndose. Llamo a la puerta y entro. Allí está Salva colocado frente al espejo con cierta cara de duda mientras que Pablo está sentado en la cama observando el vestuario de éste hasta que se percata de mi presencia.
–¿Cómo le ves mi niña? -Vuelve a poner la mirada sobre Salva y a continuación se levanta de la cama y se dirige hacia mi.
–Has hecho un buen trabajo cariño. -Me acerco a Pablo y doy un beso olvidandome de la presencia de Salva por completo.
–Parejita, parece que se os olvida de que estoy aquí por momentos ¿eh? si queréis me voy a la habitación de al lado y os dejo un poquito sólos. -Nos dice riendo.
–No, no... tú acábate de vestir que te van a dar las uvas aquí aún y normalmente quién debe esperar es el chico a la chica, a si que date prisa Salva. -Ríe Pablo
–Pablo... se me olvidó comentarte  una cosa el otro día... -Me vuelvo a poner nerviosa por miedo a que se enfade conmigo ahora él.
–¿Qué pasa mi niña? ¿está todo bien? -Se pone rápidamente nervioso.
–Cariño está todo bien sí pero... he metido la pata. -Respiro y continúo.- El otro día Marta me dejó una nota donde me comentó que debía volver a su casa ya que su abuela volvió a recaer en la enfermedad y con todo el lío de Salcy, de la cita y de miles de cosas más se me ha pasado comentároslo a ti y a Ángela, por suerte la hemos llamado hace cuestión de minutos y no estaba enfadada.
–¡Es verdad, Marta! nos hemos olvidado por completo de ella... me siento fatal. -Se lleva las manos a la cara.
–Cálmate mi amor, ella no está enfadada con nosotros, está todo bien ¿sí? -Le beso en la frente.
–Ella me ha ayudado siempre con todos los problemas y en cambio yo... yo nunca estoy para ella.
–Pablo, tranquilízate... está todo bien, de verdad, en unos días la llamamos para preguntar nuevamente por el estado de salud de su abuela.
–La verdad es que yo a Marta la considero como mi mejor amiga, mi hada madrina... la verdad es que pocas personas han estado ahí como está ella en momentos difíciles.
–Lo sé, Marta es encantadora... pero como bien te digo en unos días la llamamos y listo ¿sí? -Le beso en los labios.
–Listo. -Dice Salva terminando de colocarse la corbata.
–Muy guapo Salva, os dejo que tengo que terminar de ayudar a Marta a cosas de mujeres ya sabéis... -Río y salgo por la puerta. Abro la puerta de la habitación donde se encuentra Ángela que ya está con el vestido y los zapatos puestos, está guapísima...
–Uau... estás que rompes cielo, estás bellísima.
–Muchas gracias, Auro ¡eres increíble! -Se acerca y me abraza.
–Prométeme que vas a disfrutar esta noche de la cita con Salva...
–Te lo prometo, disfrutaré como una enana -Ríe
–Eso es lo que yo quería oir exactamente, pero antes... faltan los toques finales, un buen peinado y unos ojos maquillados pondrán el broche final al vestuario, si me dejas yo te ayudaré con eso.
–Claro que sí, me dejo en tus manos. -Nos dirigimos al cuarto de baño, ahí saco el neceser con todo el maquillaje y comienzo a maquillar sus bonitos ojos, tardo unos cuantos minutos pero logro el objetivo que quería... realzar su mirada. Después la hago varios tirabuzones por el pelo y listo, algo sencillo pero que la queda genial.
–¿Y bien? ¿te gusta el resultado?
–Es precioso, ha quedado muy bonito.
–Ya estás lista para tú cita... -Termino de pronunciar eso cuando alguien llama de repente a la puerta, al otro lado se oye la voz de Salva.
–¿Estás lista Ángela?
–Eh... sí, sí, ya salgo. -Pronuncia nerviosa.
–Tranquila mujer... todo va a salir genial, mañana me cuentas ¿vale? a disfrutar. -Me da dos besos y sale de la habitación con una sonrisa.
–Madre mía... ¡estás preciosa Ángela! -Salva agarra de la mano a Ángela y la da una vuelta.
–Gracias. -Dice nerviosa.- Tú también estás muy guapo con ese traje.
–En gran parte se lo debo a Pablo, ya sabes... él entiende más que yo de ropa. -Ríe
–Y yo a Aurora, sin su ayuda no tendría este aspecto esta noche. -Me guiña un ojo. Observo a Pablo que está apoyado en el marco de la puerta de Salva, parece nervioso...
–¿Nos vamos ya bella? -Dice Salva a Ángela.
–Claro, cuando quieras. -Luce una espléndida sonrisa.
–Pasarlo bien ¿vale?
–Lo haremos, y espero que vosotros también lo paséis bien.

Salva y Ángela salen por la puerta, ahora volvemos a estar solos Pablo y yo. Me dirijo a él que continúa con la cara triste...

–Mi amor, ¿qué te preocupa? -Le pregunto.
–Cielo no es que me preocupe... es que me siento mal conmigo mismo
–¿Pero por qué? Marta no está enfadada contigo
–Lo sé, pero me habría gustado hablar con ella y transmitirla todo mi apoyo como ella me transmitió a mi en anteriores ocasiones, me siento horriblemente mal.
–Ella sabe de sobra que estás ahí, os habéis hecho muy buenos amigos y esta vez hemos sido unos despistados todos, pero ella es una persona totalmente comprensiva.
–¿Tú crees que ella no se habrá enfadado?
–Por supuesto que no cariño, se como es Marta y si se habría enfadado no nos habría cogido si quiera el móvil.
–Tienes razón, en unos días la llamo y la pido disculpas por mi parte.
–Pablo... olvídate de todo ¿vale? todo está bien... necesitamos un poco estar sólos y nos vamos a pasar la noche amargados por algo sin sentido. -Me acerco lentamente a su boca, le agarro de la cintura y poco a poco le atraigo contra mi cuerpo, vamos caminando despacio hacia el sofá con cuidado de no caernos. Puedo sentir su sonrisa en medio del beso, algo que hace que la mía aparezca una vez más. Introduce sus frías manos bajo mi camiseta un nuevo temblor se produce en mi cuerpo... acaricio su torso bajo la camiseta, la cual me deshago pronto de ella o eso intento, tiro de ella hacia arriba con el fin total de quitársela hasta que finalmente logro quitársela. Tira de mi camiseta con cuidado y se deshace también de esta. Desabrocho el botón de su pantalón sin dejar de besarle, tiro de él hacia abajo y también me deshago de él, ahora es él quién intenta quitarme el mío hasta que lo consigue. Sus manos recorroren mi espalda en busca del broche del sujetador. Me demuestra una vez más que su existir me permanece. Mi cuerpo se estremece con el fiel contacto de su piel... me envuelvo en la fragancia de su perfume, me fundo contra su pecho, y en un susurro me acerco a su oído...

Te amo. -Lo cual hace que una lágrima derrame por su rostro. Limpio ésta con mi dedo, sonrío. y vuelvo a mencionar. -Recuerda que tuya eternamente.- A lo cual el responde con una de sus preciosas sonrisas, esas que me llenan y me abundan de alegría. Nos quedamos largos minutos abrazados hasta que nos dormimos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario