Narrado por Pablo:
Llego a España, benditas ganas que tenía de volver, de verla aunque sea de lejos... Adriana me mira de vez en cuando, con desprecio pero rápidamente la ignoro. Cogemos las maletas y salimos fuera del aeropuerto, Marta está llamando a Aurora, lo cual hace que mis ojos se iluminen con solo escuchar de voz, me dan unas terribles ganas de ponerme al teléfono y decirla que vuelva conmigo, que la amo, que sin ella dejo de ser yo y me convierto en un ser desconocido, distinto pero he de retener mis ganas al menos por el momento como acordé con Marta en Argentina. Parece que ambas han quedado, en el fondo me da envidia. Agarro la maleta con una mano dirección al coche, Salva ha venido a por nosotros, no sé si sepa algo de lo sucedido en las últimas días pero tampoco le doy importancia. Se baja del coche y viene rápidamente a abrazarme, de pronto, sin que nadie logre escucharle me pregunta que quién es ella, le digo que prefiero no hablar de ello y que tengo ganas de volver a casa, saluda amablemente y a continuación nos metemos en el interior del coche rumbo a casa. El trayecto a casa es silencioso, de pronto el coche se detiene y Salva nos deja en mi casa mientras que a Marta la lleva a casa de mis padres ya que desde aquello viven allí. Agarro mi maleta del maletero, me despido de ellos y saco la llave del portal.
–Bueno... basta ya ¿no Pablo? ¿podemos olvidar lo sucedido en las últimas horas por favor? -Me frena impidiendo que de un paso más.
–No. No se puede pasar porque hasta aquí hemos llegado Adriana. -La digo sin alzar mucho la voz.
–¿Perdón? espero que no trates de...
–Esto ha sido un error demasiado grande por mi parte, no estoy nada enamorado de ti, no somos compatibles y no pienso seguir fingiendo algo que no somos más tiempo, se acabó.
–Ni de coña Pablo ¿me entiendes? Ni de coña esto se acabó, esto sigue porque debe de seguir. -Me dice alzando la voz.
–Escuchame bien Adriana, nada más te lo repetiré una vez... ¡se acabó! Te guste o no. -Trato de hacerla entrar en razón sin dar un espectáculo en la calle.
–Muy bien, ya lo veremos. -Agarra su maleta, tira de ella y de malas formas se marcha aligerando el paso. Esbozo una sonrisa porque al fin voy a tener mi tiempo. Subo en el ascensor, mirando a la nada, pensando en todo. Salgo de este y me encamino hacia la puerta, abro y entro. Enciendo el interruptor de la luz y a pesar del cansancio, sonrío porque estoy de regreso. Me tumbo en la cama con el fin de descansar, me duermo un buen rato.
Son las dos de la tarde, puesto que no tengo ganas de ponerme a cocinar opto por bajar al restaurante que está en frente de casa. Cojo la gorra y las gafas, bajo por las escaleras del portal y voy al restaurante. Me siento en una de las mesas, algo desganado, sin ganas de hacer gran cosa.
–¿Qué desea comer? -Me pregunta una de las meseras.
–Tantas cosas quiero... -Digo en voz baja, poco después me percato de que lo estoy diciendo en alto.
–¿Cómo dice? -Me mira con cara de extraña, y no es para menos.
–Oh, nada, nada... una hamburguesa está bien. -Digo escaqueandome del tema.
–Enseguida se lo traemos. -Lo apunta en un block de notas y se va derecha a la cocina.
Como tranquilo y sin hambre, después voy al estudio para ver a Manuel y así despejar un rato la mente. Manuel no tarda en venir a mis brazos para que le abrace.
–¡Pablo! ¿Cómo ha ido la estancia en Argentina? He leído en varios artículos de periódico que has arrasado. -Me dice con entusiasmo.
–No tengo queja, todo ha ido sobre ruedas y el público maravilloso. -Digo con una sonrisilla.
–Pablo... ya sabes que no me gusta meterme en tu vida privada pero... me han llegado rumores sobre ti. -Me dice algo serio.
–¿Rumores? ¿Qué tipo de rumores? -Pregunto nervioso.
–Se comenta por ahí que ya no estás con Aurora y que desde entonces has dejado de ser el Pablo de siempre, que has cambiado.
–Es totalmente cierto, ya no estoy con ella pero te puedo asegurar que soy el mismo, quizá no con la sonrisa que siempre estaba en mi cara pero sigo siendo el mismo Pablo.
–Deberías de centrarte en tu carrera y dejar los problemas personales de lado, aquí lo único que debe comentarse es tu música y no tu vida privada.
–¿Te crees que a mi me hace gracia estar de boca en boca por lo que haga o deje de hacer en mi vida privada? Te equivocas Manuel, de sobra deberías saber que estoy al cien por cien centrado en mi carrera y que no me gusta mezclar lo profesional con lo personal, no es mi culpa esto que está sucediendo. -Digo.
–Lo sé, y espero que nada de esto afecte al trabajo.
–No afectará Manuel, te lo aseguro. -Tras oír eso me sonríe.
–¿Quieres que hablemos del tema?
–Prefiero no recordarlo e intentar salir de esto cuanto antes... -Digo con la mirada perdida.
–Pablo, no te cierres y permite que la gente que te queremos te ayudemos. -Pone una mano sobre mi hombro.
–Lo único que quiero es estar con ella, ahí es cuando realmente volveré a tener esa felicidad que solo ella me causaba todos los días de mi vida, sin ella no soy absolutamente nada porque con ella soy todo.
–Es cuestión de tiempo, se ve que os queréis mucho. -Me dice para tratar de animarme.
–Gracias Manuel, gracias por estar aquí. -Le doy un abrazo y me sonríe.
Es algo tarde, tras hablar con Manuel vuelvo a casa, y como hace unas cuantas horas... sin ganas de nada, no sé cuanto dure vivir así, no sé cuando volveré a tenerla cada noche entre mis brazos, eso que anhelo desde el primer minuto en el que dejé de tenerla.
Por fin!! estaba deseando que siguiera con las novela, no tardes mucho en subir me encanta pero espero que vuelvan ya juntos :( un besote
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