22.8.12

Cap. 32. No era consciente de nada.

Ya lo tenía. Lo encontré. Era el piso perfecto. Estaba en el lugar perfecto y el precio estaba muy bien.  Siempre quise poder independizarme, pero hasta que no cumplí la mayoría de edad, no pude. Y ahora lo había encontrado. Estaba cerca de la playa y de la universidad. No podía dejarlo escapar, algo me decía que era allí donde tenía que estar.

 A los pocos minutos, llamaron a la puerta, así que me levanté rápidamente y abrí.
 
 -Hola, mamá. -Le dije a la vez que le abrazaba.
 -Hola hija.
Me llamó la atención que viniera sola. Me resultaba extraño que mi padre no estuviera allí con ella.    
 -¿Y papá? -Pregunté-. Es raro que no esté contigo.
El rostro de mi madre cambió completamente al escuchar aquella pregunta. Sus ojos estaban tristes. Algo pasaba.
Agachó la cabeza y suspiró. Levantó la única y pequeña maleta que llevaba y la llevó a su cuarto. La seguí, necesitaba una respuesta. No entendía la actitud de mi madre. Me estaba empezando a preocupar. Empezó a sacar la ropa, suspirando de vez en cuando. La cogí del brazo y la miré a los ojos.
 -Mamá, ¿donde está papá?
 -Hija... verás, tenemos que hablar de eso... Tu padre y yo...
No hacía falta que me dijera lo que pasaba. Algo que llevaba temiendo desde que empezaron las discusiones entre ellos. Mi mayor pesadilla.  Era cierto, se peleaban mucho. Se gritaban y siempre acaba uno de los dos fuera de casa.  Yo me encerraba en mi cuarto y me ponía los cascos para no escucharlos. A pesar de que no había ni una semana sin salir de pelea algún día, siempre había una reconciliación, siempre intentaban arreglar las cosas. Pero esta vez, las cosas se había complicado. Los ojos de mi madre, hablaban por ella.
 -... Hemos decidido separarnos. No podemos seguir juntos, así no. -Continuó ella.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. A pesar de que, de alguna manera, me lo esperaba, tenía la esperanza de que fuera otra cosa. Me dí la vuelta, y me fui de aquella habitación. No dije nada, solo la miré confusa y me encerré en mi habitación. Me tumbé en la cama y dejé que las lágrimas fluyeran por mis mejillas. -Ojalá solo fuera una pesadilla-. Me dije a mi misma. Pero no, estaba pasando, era verdad. Mis padres se separaban. Los recuerdos de mi niñez me acosaban. Todos los momentos que pasamos juntos, los abrazos de mi padre, los consejos, todo. Aunque podía seguir viéndole, sabía que no iba a ser lo mismo. Me repetía a mi misma que ya era adulta, era mayor, tenía que afrontarlo. Pero en esos momentos solo me sentía una niña indefensa, destruida. Necesitaba un abrazo de mi padre, de Pablo... pero ellos no estaban aquí. Estaba sola.

Unos golpes en la puerta, hicieron que abriera mis hinchados ojos. ¿Había sido una pesadilla? Estaba confusa, pero la imagen de mi madre me hizo volver a la realidad.

 -¿Podemos hablar? -Me dijo aproximándose a mi cama.
 -Si. -Respondí. Me incorporé y crucé las piernas.
 -Aurora, siento mucho que tengas que pasar por esto. Pero ya eres mayor, tienes que entenderlo. Las cosas no iban bien entre nosotros. Solo había peleas y eso no era bueno ni para ti, ni para nosotros. Tu padre mañana pasará a por sus cosas y se mudará. ¿Te acuerdas de la casa de tus tíos, esa que solo pisan en verano? Pues allí ser irá. Podrás verlo cuando quieras. -Me sonrió.

No era tan malo como pensaba, pero me dolía el echo de que se separaran. A cualquier persona le duele que sus padres se separen.
 -Está bien. -Dije esbozando una pequeña y falsa sonrisa-. Supongo que es lo mejor...
 -Es lo mejor cariño. -Me dijo acariciando mi mano-. Y bueno, cambiando de tema... ¿Qué tal Pablo?
 -Bien, se ha marchado hoy a Argentina...
 -No sabía nada... ¿Cuándo vuelve?
 -Dentro de un mes. -Me costó decir.
 -Ah, vaya... Es lo que tiene tener un novio famoso, ¿no?
 -Claro mamá. -Le dije sin fuerzas. No tenía ningunas ganas de hablar de Pablo. No me hacía bien y menos cuando más necesitaba su compañía. Le cambié de tema rápidamente-. Sabes, he encontrado un piso perfecto. Dentro de unos días me mudo.
   -¿Dentro de unos días? ¿Tan pronto? Cariño, no me has dicho nada. No me parece nada bien... y menos ahora.
   -¿Cómo que y menos ahora? Tu te vas a separar de papá. Vas a quedar libre, vas a hacer lo que quieres ¿no? -Dije enfadada.
   -Si pero...
   -Pero nada mamá.  No te metas en mi vida, ya soy mayor y si quiero, me mudo hoy mismo. Así que no hagas las cosas más difíciles. -Le dije muy seria.
   -¿Y como lo vas a pagar? ¿Eh?
   -No es muy caro, ya me las apañaré.
   -Está bien. Haz lo que quieras...
   -Lo haré.

Llegaron las once de la noche. Había quedado con unas amigas. No tenía fuerzas ni ganas, pero quería despejarme, no podía pasar ni un minutos más en esa casa. Me duché, me arreglé y salí de allí. La calle estaba desierta. Hacía una calor impresionante. Empecé a andar y en pocos minutos llegué al local. Unos hombres fuertes me dejaron entrar después de pagarle la entrada. El sonido de la música retumbaba en mis oídos. Poco a poco me fui acostumbrando a las luces parpadeantes y a toda una multitud bailando y saltando. Me costó llegar a la barra, la gente no paraba de empujar. Pedí un refresco y después de unos minutos esperando, llegaron dos de mis amigas. Las saludé y pedimos una bebida con alcohol, que no había probado nunca. No bebía, pero me dejé llevar. Demasiados problemas y por una noche, no me iba a pasar nada. Acabé con el primero y después vino otro y otro y otro más. El alcohol me hizo marearme un poco pero seguí de pie. Me puse a bailar. Bailaba con chicos, chicas, con desconocidos, con amigos. Ya no era dueña de mi cuerpo. Me dejaba llevar por la música y la gente. No sabía muy bien lo que hacía. Un chico se me acercó y me puse a bailar. Muy juntos, demasiado juntos. No me importaba, me lo estaba pasando bien. Luego otro, me besó y yo le besé, pero lo perdí de vista. Seguí bailando. No me cansaba, pero paré. Un chico me ofreció una bebida y la acepté. Luego me empezó todo a dar vueltas y ese chico, al que conocía o eso creía me cogió de la mano y me llevó a un extraño lugar. Era una sala oscura, no supe reconocer lo que era. Me tumbé en una cama y me empezó a besar. Algo hizo que me sobresaltara, su voz quizás. Por un momento fui racional, me aparté de él y me fui de allí.
No era consciente de nada. Solo me dejaba llevar. Hacía lo que me apetecía. No diferenciaba lo que estaba bien o lo que estaba mal. No me acordaba ni de mi nombre. Me estaba empezando a marear de nuevo así que salí afuera. Me senté apoyada en una pared detrás del local y con la cabeza mirando hacia el cielo, cerré los ojos.

  -Aurora, despierta. Aurora, abre los ojos. -Dijo una voz conocida.
 Abrí los ojos. Aún era de noche. No habían pasado ni cinco minutos desde que me senté allí pero para mi, fueron como horas. Era un hombre. No le veía muy bien los rasgos de la cara, pero si que me pude fijar en su barba. Yo conocía a ese hombre.
  -¿Pablo? -Dije cogiéndole la cara con las dos manos.



2 comentarios:

  1. Oh dios, me enamora esta novela, y me enamora Pablo, :$ que bonita,no te puedo negar que me e emocionado muchisimo al leer la novela, de verdad estoy ansiosa por ver como acaba ese encuentro en la discoteca, para cuando el siguiente cap?
    Por favor,respondeme me hace ilu :)
    SIGUIENTE!
    un beso :)

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    1. Uau. Muchísimas gracias por tu comentario. Emociona ver que a la gente le gusta y aún más cuando nos dejan este tipo de mensajes. :D Espero que te guste mucho mucho los siguientes capítulos. ¡GRACIAS POR LEER! Un beso enoooooorme. :D

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