19.6.13

Cap. 62: Juntos eternamente

Narrado por Aurora:

2 meses después...

Han pasado exactamente dos meses desde que Pablo me pidió matrimonio. Cada día que pasa estamos más enamorados e ilusionados con nuestro enlace. La gira de Pablo acaba de terminar de la mejor manera posible, en su tierra, en su Málaga querida. Yo finalmente he acabado la carrera de Anatomía lo cual indica que lo siguiente sería buscar un empleo pero eso aún tendrá que esperar ya que me quiero dedicar a tiempo completo en los preparativos de la boda y en Pablo. Una boda conlleva mucha preparación y tiempo por ello quiero centrarme en ella para que cuando llegue el día esté todo perfecto. Por el momento ni nuestros amigos y ni nuestras familias saben nada de nuestra futura boda, hemos decidido esperar unas semanas para poder confirmar la propia fecha del enlace. La idea de casarme con Pablo me ilusiona muchísimo, es algo que siempre soñé pero no puedo negar que también me asusta la reacción de mis padres, cuando comenzamos nuestra relación no pusieron demasiadas pegas al respecto pero esto es distinto, es un paso más en nuestras vidas un paso del cual estamos completamente seguros que queremos dar juntos y no pienso echarme atrás por mucho que no les guste mi decisión.
Es Sábado y son las 21:30 de la noche, me dispongo a recoger un poco la habitación ya que hoy he andado con el tiempo justo y no me ha dado tiempo a recoger nada de ella. Pablo ha salido a correr hace un rato por el puerto para desconectar un poco de todo en sí. Limpio un poco las estanterías y guardo varias prendas de ropa que estaban  en una de las sillas de la habitación. Poco después me siento en el sofá a ver un poco la televisión después de terminar las labores del hogar, hago 'zapping' en la televisión pero la verdad es que nada logra entretenerme, las horas que Pablo no están en casa son demasiado lentas. Me quedo dormida en el sofá hasta que siento unos labios junto a los míos dándome un ligero beso. No puedo evitar sonreír al abrir mis ojos y verle ahí agachado a mi lado observando como dormía y luciendo una bella sonrisa.

–Mi vida... -Digo mientras me incorporó en el sofá y acaricio su rostro que permanece con una amplia sonrisa.
–Estás tan preciosa mientras duermes, con tu carita angelical, con esa dulce cara... -Acaricia mi pelo. -soy un afortunado de tenerte a mi lado en esta vida princesa.
–Y tú eres el regalo más preciado de mi vida, la cosa más bonita que yo puedo tener, mi ser completo. -Le abrazo con fuerza.
–Aurora mi vida, yo sé que no soy el hombre perfecto que te mereces, pero voy a luchar por que esto funcione, por tenerte siempre a mi lado. -Me dice mientras acaricia mi mano y me sonríe.
–Para mi eres el hombre perfecto, lo que he buscado tantos años por fin lo tengo aquí delante. -Me acerco poco a poco a sus labios hasta besarlos una vez más.
–Y tú eres la mujer perfecta, la que yo siempre quise a mi lado, te quiero princesa, mi princesa. -Acaricia mis mejillas y no puedo evitar emocionarme ante sus palabras.
–Pfff... mi príncipe... -Sigo emocionándome y esta vez es él quién me seca las lágrimas con sus dedos.
–No quiero que me llores, por favor mi vida... -Vuelve a mostrar una de sus maravillosas sonrisas.
–Lo hago, pero de felicidad. -Sonrío yo mientras acaricia su rostro.
–Vístete. -Me dice mientras vuelve a ponerse de pie.
–¿Qué? ¿para qué? ¿a dónde vamos a ir? -Formulo repetidas veces.
–Princesa, no preguntes, confía en mi y vístete. -Me dice riendo mientras me da la mano para que me levante del sofá.
–Está bien, está bien confiaré en ti... -Le muestro una de mis sonrisas.
–Así me gusta, mientras escoges la ropa me voy a dar una ducha rápida ¿vale? -Me da un beso en la frente y se dirige al cuarto de baño.

Hago caso a Pablo y escojo algo de ropa del armario mientras él se ducha, me cuesta poder elegir pero finalmente y entre tanta duda, lo decido. Escojo una de mis útlimas adquisiciones, un precioso vestido rojo de tirantes largo con el que la espalda queda totalmente descubierta, lo combinaré con unos tacones negros de tacón bastante altos. Me siento en la cama a esperar a que Pablo salga del cuarto de baño y una vez que lo hace él entro yo para darme una ducha rápida. No tardo mucho, me coloco el vestido y acto seguido me hago un moño, después me maquillo un poco los ojos y por último me coloco los zapatos. Salgo del baño y allí está él, va con un pantalón vaquero clarito, una camisa de botones blanca y una americana de color gris acompañado de unas botas. Se pone en pie nada más notar mi presencia en la habitación, me mira de arriba a bajo y acto seguido muestra una amplia sonrisa.

–Uau... no me esperaba que te pondrías así de espectacular esta noche, estás... -Parece quedarse sin palabras.
–Tú también estás espectacular cielo, quizás esta noche tenga que cruzar algunas palabras con algunas... -Río ante mi comentario.
–Lo mismo te digo, pero por mi parte no tienes de que preocuparte, sabes que sólo te quiero y te querré a ti. -Me dice mientras me agarra por la cintura y me da un beso en el cuello.
–Tú tampoco tienes de que preocuparte amor, recuerda que soy solamente tuya y que mi amor te pertenece a ti. -Me giro y le doy un ligero beso y me da la mano. Cogemos el coche y Pablo sigue sin darme ningún detalle de nuestro rumbo.

–¿A dónde vamos amor? me tienes intrigada desde que me dijiste que me vistiera. -Formulo nuevamente.
–Ya llegamos cielo, te llevaré a un sitio especial.
El coche se para lo cual entiendo que ya hemos llegado. Pablo me deja en el coche porque tiene que hacer unas cosas según él. Sigo con el pañuelo ya que le he prometido que no me lo quitaré hasta que vuelva.
Pasan los minutos y por fin llega, abre la puerta del coche y me ayuda a salir de este. Camino siguiendo las indicaciones que me da para no tropezarme con nada.

–Ya hemos llegado mi amor, aquí es. -Pronuncia eso último y deshace la pequeña lazada que le dio al pañuelo que me tapa los ojos. Abro los ojos poco a poco y me quedo impactada frente a lo que estoy viendo. Estamos frente a una de las playas que más nos gustan a los dos, hay un largo camino de pétalos y de velas  que nos guían hasta una manta que está tendida sobre la arena rodeada también de velas y con un un par de copas y comida.

 –¿Qué hago? ¿te como ya o me espero al postre? -Me abalanzo sobre él riendo al ver aquello que el mismo ha preparado.
–¿Te gusta mi vida? tú, yo, solos... -Me agarra y me da un ligero beso.
–Te juro que me has dejado impactada Pablo, es precioso... aunque a mi me da igual donde estar estando contigo.
–Mi vida, mi reina, el amor de mi vida... quiero que disfrutemos juntos de esta noche. -Me dice mientras acaricia mis mejillas.
–Claro que sí mi amor, solos tú y yo... no quiero que hablemos de nadie esta noche, sólo quiero que hablemos de ti y de mi, de todo lo que sentimos...
–Así va a ser, esta noche el resto de mundo no sobra, siéntate cielo. -Me da la mano y me ayuda a sentarme sobre la manta que está estirada en la arena, acto seguido se sienta él.
La cena transcurre con total tranquilidad, Pablo ha encargado algo ligero, está todo delicioso. Después de acabar de cenar Pablo saca el champagne de la coctelera donde se encuentra rodeado de hielos para mantenerse frío, coge nuestras respectivas copas y lo sirve.

–¿Por qué brindamos? -Pregunto.
–Brindemos por todos los momentos que hemos vivido juntos, y los que nos quedan futura señora de Alborán. -Ríe y me contagia su risa.
–Me parece un buen motivo de brindis futuro marido, recuerda que por muchos baches que tengamos en el camino nada nos va a separar. -Pronuncio eso último con una sonrisa, y acto seguido brindamos con nuestras copas.
–Vamos a ser tan felices mi princesa... voy a luchar por que sonrías todos los días. -Me dice mientras acaricia mis manos y se acerca poco a poco a mí.
–Yo también te haré feliz y intentaré que cada día que pase sonrías... -Le agarro de la cintura y me vuelvo a acercar a sus labios.

Nos besamos durante largos minutos, dejándonos llevar por el deseo. Muerde mi labio inferior cuidadosamente mientras mis dedos se enredan en su pelo, sin darnos cuenta ya estamos tumbados en el suelo dejándonos llevar un poco más.

–Quiero hacerte el amor aquí, frente a la playa. -Me susurra en un hilo de voz.

Me dejo llevar por las sensaciones del momento, esta noche no hay prisa alguna. Introduzco mis manos por debajo de su camisa sin dejar de besarle ni un instante,  desabrocho cada botón de esa camisa que tanto me fascina hasta quitársela por completo. Acaricia mis piernas produciendo en mi algo indescriptible, tira de la cremallera y desliza el vestido hasta deshacerse de él. Besa cada parte de mi cuerpo y un escalofrío recorre mi cuerpo en cuestión de segundos.  Desabrocho el botón de su pantalón hasta deshacerme de él. Acaricia mi espalda mientras juega con mi pelo y acabamos de desnudarnos mutuamente. El aliento de su cuello está pegado contra mi piel, me fundo contra su pecho como nunca, como si el mañana no existiría. Me hace el amor una vez más elevandome al mismísimo cielo. Nuestras respiraciones comienzan a agitarse más y más a cada segundo que pasa, hace que olvide todas la preocupaciones. Me hace suya una vez más, adoro como me trata... poco a poco se va separando de mi cuerpo y ambos recuperamos nuestras respiraciones.  Suspiro y le sonrío.

–Gracias por hacerme acariciar el cielo cuando estoy contigo amor... -Le digo con una sonrisa
–Te quiero. -Pronuncia.

Acto seguido coge sus pantalones y de uno de sus bolsillos saca una pequeña caja. Me mira y me sonríe.

–Aún no te he pedido matrimonio como debía, faltaba esto para ser una buena pedida de mano... -Me da la cajita y la abro con máximo cuidado. Una vez más me quedo impactada, es un precioso anillo de compromiso, no tengo palabras para describir como me siento ahora mismo
–Pa, pa, blo... es precioso mi vida. -Le digo con una voz temblorosa.
–¿Te gusta mi reina? si te traje hasta aquí esta noche es porque quería dártelo de una manera especial, y mejor forma que frente a esta playa tan bonita... -Acaricia mi mano.
–Pero Pablo... este anillo te habrá costado un dineral...
–El dinero es lo de menos, tú te mereces este anillo y muchos más. -Respira. -Aurora ya se que esta misma frase te la dije hace dos meses, pero no de la mejor forma por estoy hoy me gustaría volverte a decir sí... -Parece nervioso, tan nervioso como cuando me lo pidió delante de Sara.
–Mi amor, ¡sí quiero, sí quiero! quiero pasar el resto de mis días a tú lado. -No le dejo terminar la frase.
–Mi niña, ya veo que te conoces la frase perfectamente, pero aún así... ¿estás dispuesta a pasar el resto de tus días a mi lado? ¿quieres casarte conmigo? -Formula Pablo y otra vez contesto sin pensármelo.
–No es que quiera pasar el resto de mis días contigo... si no que yo quiero envejecer contigo Pablo, quiero que sigas amaneciendo a mi lado como cada mañana, quiero despertarte comiéndote a besos hasta conseguir que te despiertes... quiero una vida entera a tú lado mi amor. -Le digo casi emocionándome.
–¿Sabes una cosa mi vida? en todo este tiempo me han pasado cosas realmente increíbles y tú eres una de ellas. Gracias a ti soy lo que soy, nunca me falta la sonrisa en la cara, haces que en los peores días sonría.
–¿Sabes lo que me gusta a mi? ese momento en el que llegas a casa después de un día agotador y aún así tienes una sonrisa para mí, te amo mi vida. -Le doy un ligero beso.
–Y yo a tí princesa, hoy mañana y siempre.

Nos quedamos largos minutos abrazados hasta que se me ocurre una idea. Me acerco al oído de Pablo y comienzo a cantarle un pequeño fragmento de una  de mis canciones preferidas ''Hasta mi final, Il Divo''

''Mirándote mi amor te juro, cuidar por siempre nuestra unión
Ser para siempre tú y yo, en el bien y en el mal
lo mejor que me ha pasado fue verte por primera vez y estar así de mano 
en mano es lo que amor siempre soñé...''

–Princesa, me dejas sin palabras... es precioso eso que me acabas de cantar. -Me dice algo emocionado.
–Es una canción, pero te juro que me identifico tanto con esa letra... 
–Como dice esta canción... cuidaré de ti sobre todo de esta futura unión.
–Gracias por entrar en mi vida.

Le doy un abrazo y le beso. Poco después nos vamos vistiendo para poner rumbo de vuelta a casa ya que es algo tarde. Llevo los zapatos en una mano y con la otra agarro a Pablo que luce un preciosa sonrisa y yo otras, sin duda una noche más para el recuerdo...


No hay comentarios:

Publicar un comentario