3.7.12

Cap. 26: Accidente.

Después de un rato disfrutando de aquél atardecer y de la compañía de Pablo, decidimos de marcharnos ya. Empezaba a hacer un poco de frío y ya apenas se veía. Pablo cogió en brazos a Sofía y yo mientras le quitaba los zapatos a ella ya que los tenía llenos de arena. Llegamos al coche de Pablo y sentó a la pequeña en la silla. Pablo decidió de llevarme a su casa. Quería presentarme a sus padres y yo aunque, me moría de la vergüenza, no puse ninguna pega. En el trayecto intercambiábamos algunas miradas y sonrisas. Seguimos andado hasta que unos policía nos pararon. A pocos metros se veía una ambulancia y una moto tirada en el suelo. Los nervios y la preocupación ya se notaban en mí y Pablo me dio la mano.
-Cielo, quédate aquí con Sofía. Voy a ver que ha pasado. -Dijo Pablo quitándose el cinturón.
-No tardes por favor... 
Vi como Pablo hablaba con los policías y parece que le dejaron pasar a ver quien era. Me estaban empezando a sudar las manos. Miré de nuevo la moto y algo me parecía familiar. La tenía que haber visto en algún sitio pero no recordaba donde. El miedo de que fuera alguien que yo conociera me mataba por dentro. Pablo estaba tardando mucho y aún seguía hablando con los policías. Su cara mostraba asombro y tristeza. Después de unos minutos ya veía a Pablo acercándose al coche. Antes de que él llegara me bajé rápidamente y  me coloqué delante de Pablo.
-¿Qué ha pasado?. -Dije con cara de preocupación.
-Un accidente de moto. Al parecer un coche iba demasiado rápido, no le dio tiempo a frenar y se chocó con la moto. -La voz de Pablo me preocupaba. Estaba pálido y me ocultaba algo. Y en ese momento se me vino a la cabeza alguien que si que utilizaba moto. Mi mejor amiga. Pablo la conoció por unas fotos que le enseñé el día de mi cumpleaños. 
-Pablo, ¿qué pasa?. ¿Qué te pasa?. Estás pálido. -Dije tocándole la mejilla.
-Aurora, tu amiga, tu amiga Nerea...
Y pronunció el nombre. Ese nombre, el de mi mejor amiga. La persona con la que he compartido tantos momentos, mi confidente, mi hermana...
Me llevé las manos a la boca y algunas lágrimas empezaban a brotar de mis ojos. Pablo se acercó a mi y me abrazó muy fuerte. Ni ese abrazo supo tranquilizarme.

-No...-Dije entre lágrimas. -Quiero verla, quiero ir. -Dije apartándome de Pablo.
-Aurora, cielo... es mejor que no. Los médicos la están atendiendo.
-Me da igual. Pablo, es mi mejor amiga. Tengo que ir. -Dije casi gritándole. Tenía que ir a verla y nada ni nadie me lo iba a impedir.
Eché a correr. Los policías me frenaron y no me dejaban pasar. Pablo llegó enseguida y le pidió a los guardias que me dejaran pasar. Yo no tenía fuerzas para darle explicaciones así que les empujé y llegué hasta donde estaba la camilla con Nerea. Su rostro estaba pálido y lleno de moratones. Tenía la cabeza vendada y los médicos estaban mirando su pulso.
-¿Cómo está?. ¿Qué le pasa?. -Dije entre lágrimas.
-Su pulso está bien pero no nos podemos confiar. El golpe ha sido muy fuerte y no sabemos que daño le ha ocasionado en el cerebro.
-Pero, ¿Estará bien?.
-Muchacha, ahora mismo lo único que sabemos es que ella está luchando por vivir. Tenemos que irnos al hospital inmediatamente. -Dijo uno de los médicos. Acto seguido se levantaron y agarraron la camilla que estaba aún en el suelo. -Por favor señorita apartecé. 
-¿Cómo que luchar por vivir?. No, ella no...-Dije gritando. -Por favor sálvenla.  
-Aurora, vámonos. Llevamos a Sofía a casa y nos vamos para el hospital. -Dijo Pablo cogiéndome de la mano. Mis lágrimas aún seguían cayendo de los ojos y apenas podía hablar. 
 -Quiero ir con ella. Vete tu. -Dije soltándome de su mano.
-Vale, nos vemos en el hospital. -Dijo Pablo dándome un abrazo de despedida. Acto seguido me coge de las dos manos. -Todo irá bien, te lo prometo. -Asentí y me subí en el coche de la Ambulancia. 
Estaba temblando y asustada por no saber si volveré a ver su sonrisa. El miedo de perderla se hacía aún mayor y solo se me venían recuerdos. He vivido junto a ella miles de momentos increíbles. Siempre estaba hay ayudándome y apoyándome. Juramos que estaríaamos siempre juntas y así tenía que ser. Las lágrimas seguían brotando de mis ojos hasta que sonó el móvil. Eran mis padres. Le expliqué todo lo que había pasado y ya se pusieron de camino al hospital. Me preguntaba si los padres de Nerea sabían algo, esperaba que sí, yo no sería capaz de tener que darle la noticia. Llegamos en cuestión de minutos y bajaron rápidamente a Nerea. La llevaron hasta una sala y ya no me dejaron pasar. Me di la vuelta y me dirigía a la sala de espera. Sus padres acababan de llegar. Me acerqué a ellos y los abracé a los dos. Su madre estaba destrozada y con lágrimas en los ojos. Su padre apenas podía hablar. Me mataba verlos así. Las ganas de lloran aumentaban por momentos pero tenía que ser fuerte. Me senté junto a ellos y los pocos minutos apareció Pablo.
Me levanté rápidamente y me lancé a sus brazos. No pude evitar romper a llorar.
-Tranquila cielo. Se pondrá bien, ya lo verás. -Dijo Pablo acariciándome el pelo mientras que lo abrazaba.
-Es como mi hermana, no puedo perderla, no puedo...-Dije sollozando.
-No la perderás. Mírame. -Dice levantándome la mejilla. -Todo va a salir bien.
-Gracias por estar aquí conmigo. -Dije apoyando mi cabeza en su pecho mientras que me tenía entre sus brazos. 
-Siempre estaré contigo, ¿entendido?.Siempre...-Dijo susurrando.
Los minutos pasaban y los médicos no nos decía nada. Los nervios y la desesperación nos afectaban a todos. Mis padres llegaron y se sentaron junto a los padres de Nerea. Yo seguía abrazada Pablo en uno de las sillas de allí. Nadie decía nada. Tras una media hora desesperante apareció por la puerta el primer médico. Todos nos levantamos y nos pusimos alrededor de él.
-¿Cómo está?. -Dijo Pablo.
-Bien. Hemos llegado a tiempo y ya está totalmente fuera de peligro. Su pulso va bien y creemos que no sufrirá ningún daño. Probablemente pasado mañana ya le demos el alta. -Dijo entre sonrisas. 
-Gracias a Dios. -Dice el padre de Nerea mientras que abraza a su mujer.
-¿Cuando podemos verla?. -Dije.
-Ahora necesita descansar. Mañana podréis verla.

Mire a Pablo y dejamos que los padres de Nerea siguieran hablando más tranquilamente con él médico.
-Aurora cielo, tu padre y yo nos vamos a casa ya.
-Vale, mamá. Yo me quedaré un rato más con Pablo.
-No llegues muy tarde. -Dijo mi madre mirando a Pablo. No le hacía mucha gracia que me quedara con él pero no me importaba en absoluto. 
 Despues de que se marcharan mis padres, cogí a Pablo de la mano y salimos hacía fuera. Necesitaba despejarme. Aún tenía los ojos rojos. Pablo me cogió entre sus brazos.
-Ves, Nerea se pondrá bien. 
-Por un momento creí que la perdía.
-Ya ha pasado lo peor. ¿Te llevo a casa?.
-No. Quiero estar contigo...
-Pero necesitas descansar.
-Puedo descansar contigo. Quiero estar contigo esta noche, por favor...
-Está bien. Iremos a mi casa. ¿Vale?.
-Vale...-Dije sonriendo.
Entramos de nuevo y  nos despedimos de los padres de Nerea. Nos subimos en el coche y en unos diez minutos llegamos a casa de Pablo. Sus padres no estaban y su hermana estaba durmiendo. Comimos algo rápido y nos echamos en la cama. Pablo me abrazó fuertemente y entre sus brazos, conseguí dormirme.

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