Narrado por Aurora:
Me acomodo en la cama, Pablo sigue durmiendo, por lo que decido darme una ducha antes de que se despierte ya que hoy iremos a casa de sus padres a comer. Pablo está destapado por lo que decido volverle a tapar para que duerma un poco más, le doy un leve beso en la frente y salgo de allí procurando hacer el más mínimo ruido que pueda alterar su sueño, justo cuando voy a salir de la cama unas manos agarran las mías evitando que pueda dar un paso más.
–¿A donde cree que va tan rápido señorita? exijo unos buenos días en condiciones... -Me dice riendo.
–Hola príncipe. -Le digo yo con una tímida sonrisa.
–¿Cómo que hola? ¿no piensas darme si quiera un beso de buenos días? -Me dice con los brazos cruzados.
–Uno y todos los que quieras mi amor. -Le digo mientras me acerco poco a poco a su boca depositando un cálido beso en sus labios.
–Suena tentador. -Me dice de forma pícara.
–Me voy a duchar ¿vale cielo? -Le digo mientras intento levantarme de la cama.
–No, no te vayas, quédate aquí conmigo por favor. -Me dice con una dulce sonrisa.
–Pablo... no quiero llegar tarde a casa de tus padres...
–Está bien. -Me dice con cara de niño enfadado.
–Te quiero. -Le digo mientras rodeo su cuello con mis brazos.
–Y yo a ti princesa. -Me dice con una de sus maravillosas sonrisas.
Abro el armario y cojo una minifalda blanca y una camiseta palabra de honor negra lisa, lo acompañaré de unas sandalias de cuña alta. Me meto a la ducha y me doy una ducha rápida para que luego le de tiempo a Pablo a darse una. Me seco el pelo y me pongo la ropa que escogí antes, me hago unos tirabuzones en el pelo y me maquillo un poco los ojos, después me calzo.
Salgo del baño y mientras que Pablo se da una ducha preparo un desayuno rápido para los dos, unas tostadas con mermelada, unos cafés y unas magdalenas. Me siento a esperar a Pablo que no tarda en salir, va con unos pantalones pitillo rojos y una camiseta marrón clarito ajustada, como siempre, guapísimo.
El desayuno transcurre con tranquilidad, hasta que me acuerdo de que ayer quedé con Pablo en que llamaría a mis padres para darles la noticia, a si que no lo dudo y lo hago, marco el número primero de mi madre, Pablo me agarra la mano ya que estoy algo nerviosa.
–Hola mamá, ¿cómo estás? te he llamado para darte una noticia que espero que te guste, mamá, me voy a casar con Pablo el 8 de Julio, ¿en serio mamá? ¿te ha gustado la noticia? sí mamá, lo tengo clarísimo, quiero tener a Pablo el resto de mis días, es el hombre de mi vida, gracias por entenderme, adiós, te quiero.
–¿Y bien? -Me dice Pablo esperando una ansiada respuesta.
–No ha puesto pega alguna, dice que si tú eres mi felicidad lo acepta encantada.
–¿En serio princesa? -Me dice mientras me abraza con fuerza.
–Sí mi amor, ojalá mi padre se lo tome igual de bien...
Introduzco en el móvil el número de mi padre e inicio la llamada.
–Hola papá, sólo te llamaba para decirte que me voy a casar, sí con Pablo, ¿cómo? por supuesto que no voy a cancelar mi boda con él, te guste o no voy a seguir con mis planes y si no quieres acudir a mi boda no lo hagas, pero no esperes que vaya a dejarle por el hecho de que a ti no te guste como mi futuro marido, tengo derecho a escoger con quién quiero pasar el resto de mis días ¿no? ¿acaso yo te impedí que dejarás a mamá? perfecto, no volveré a molestarte más, puedes estar tranquilo, adiós.
Cuelgo el teléfono y en pocos segundos comienzan a derramar lágrimas por mi cara, Pablo parece serio pero no duda en abrazarme para calmarme.
–Ya esta mi vida, ya está, no llores. -Me dice mientras acaricia mi pelo.
–No lo entiendo Pablo, no entiendo porque reacciona así y se empeña en que esto es un error. -Comienzo a desesperarme.
–Cielo, nosotros sabíamos a lo que nos exponíamos al contar esto, ¿tú quieres olvidarte del tema de la boda? -Me dice algo entristecido.
–Por supuesto que no Pablo, si no quiere venir y no lo quiere aceptar allá su conciencia, no pienso anular todo esto y más después del tiempo que llevo soñando con este momento. -Rompo a llorar.
–No llores mi niña, a lo mejor se arrepiente y aparece en la boda. -Me dice intentando consolarme.
–Si quiere venir, que venga y si no allá él, no pienso dejar mi felicidad a un lado porque no le guste la idea de la boda, llevo esperando este tiempo meses como para que ahora intenten tirar mi felicidad por la borda, me niego. -Me pongo seria.
–Al menos tenemos el apoyo de tú madre, y estoy segura de que mis padres también nos apoyarán con esto.
–Y quién no vea con buenos ojos esto, que se gire y se vaya, porque yo no pienso mandar esto al garete por nada del mundo.
–Princesa, te he oído hablar muchas veces hablar serio, pero así de convencida, jamás... -Me dice algo sorprendido.
–Cuando las cosas están claras, y no se tienen dudas son así, tú has cambiado mi vida, me has llenado cada día de color y por ello quiero dar este paso.
–Es tan bonito esto que dices, que incluso logras que me emocione, gracias por llenarme de amor y felicidad cada día, no pienso defraudarte jamás.
–Lo sé mi amor, yo tampoco te voy a defraudar. -Le digo mientras acaricio su pelo.
–¿Estás lista princesa? -Me dice con una de sus magníficas sonrisas.
–Sí mi vida, ¿vamos? -Le agarro de la mano y ponemos paso firme hacia la puerta para ir a casa de los padres de Pablo.
Cogemos el coche y tardamos unos 15 minutos en llegar a la casa de Salvador y Elena, como siempre nos reciben de una forma muy agradable, allí está la pequeña Sofía que no duda a penas en lanzarse a los brazos de su tío adorado, quién la recibe con los brazos abiertos.
–¡Tito, tito! -Dice la pequeña mientras le abraza.
–Hola princesa, ¿cómo estás? -La dice Pablo mientras la sonríe.
–Te echado mucho de menos tito... -Dice la niña.
–Y yo a ti cielo. -La da un beso y rápidamente Sofía viene hacia mi para que la coja en brazos.
–¡Tita Auro! -Me dice mientras me da un dulce beso en la mejilla.
–Pequeña, ¡qué grande estás! -La digo mientras la tengo en mis brazos.
Poco después se une a la combersación Casilda, como siempre tan simpática. Hablamos durante un buen rato hasta que aparece Salva, me quedo impactada al ver de quién viene de la mano, es Ángela una amiga de Marta y ahora también mía, me froto los ojos para ver si lo que estoy viendo es cierto, y sí, es así.
–¿Ángela? no esperaba verte aquí. -La digo mientras me acerco y la doy un abrazo.
–Creo que ahora nos vamos a ver más de continuo. -Mira Salva y ambos sonríen.
–¿Pero vosotros...? -Dice Pablo.
–Se puede decir que sí, por algo os hemos reunido aquí a todos. -Dice Salva luciendo una sonrisa.
–¡Me alegro un montón por vosotros chicos! hacéis una estupenda pareja. -Les digo.
Seguimos hablando hasta que Elena nos llama para ir a comer. La comida transcurre con total tranquilidad, hablamos de todo un poco. Acabamos de comer y llegamos al postre, donde Pablo y yo les contaremos la gran noticia.
–Familia, tenemos una noticia que daros. -Pablo agarra mi mano con fuerza y me hace un gesto para quién sea yo quién la de.
–¡Nos casamos! -Digo con una amplia sonrisa, todos parecen impactados.
–¿De verdad? ¡eso es una magnífica noticia! -Nos dice Ángela.
–¡Felicidades! os lo merecéis mucho -Nos dice Salva.
–Enhorabuena hijo, se nota que os queréis muchísimo y que lo tenéis clarísimo. -Dicen Salvador y Elena.
–Nunca pensé verte casado con alguien que no fuera Sara, pero veo que me equivoqué. -Le dice Casilda a Pablo con una sonrisa.
Suspiro aliviada, ya hemos dado un gran paso, por el momento parece marchar todo bien, nuestras familias lo han aceptado bien menos mi padre, que como era de esperar no le agradó mucho la noticia, pero igualmente me siento feliz. Hoy parece que ha sido el día de las noticias, por ello decidimos brindar con champagne. Poco después a Salvador se le ocurre que vayamos a dar un paseo en familia, todos aceptamos encantados, cogemos nuestros respectivos coches y ponemos rumbo al centro de Málaga. Llegamos y comenzamos a caminar por las calles de esta, Pablo me tiene agarrada de la mano, poco a poco nos vamos quedando atrás...
–¿Estás contenta princesa? -Me dice mientras me mira fijamente a los ojos.
–Muy feliz, tú me haces feliz. -Le digo mientras le doy un tímido beso y él me sonríe.
Decidimos entrar al centro comercial, allí veo un escaparate lleno de vestidos de novia, me quedo frente al escaparate embobada viendo aquellos preciosos vestidos. Salvador, Pablo, y Salva van más adelante, nos quedamos solas Elena, Casilda, Ángela, Sofía y yo.
–¿Te gustaría entrar a probarte alguno? -Me dice Elena con una sonrisa.
–Me encantaría la verdad, son tan bonitos.
–Entonces no se hable más.
Con una amplia sonrisa en la cara entramos en la tienda, la dependienta nos muestra algunos, entro en el probador y me los voy probando.
–Aurora... estás preciosa, este vestido es precioso. -Me dice Elena impactada.
–Estoy de acuerdo, te queda genial. -Me dice Casilda
–Tita Auro, pareces una princesa. -Me dice Sofía con una tímida sonrisa.
–Tú si que eres una princesa pequeña. -La digo con una sonrisa.
–Si Pablo estaría aquí delante, estaría impactado con este vestido.
–Hemos visto varios vestidos, y la verdad es que ninguno me ha llamado la atención como este. -Me sonríen.
–Aurora, es precioso, este sería tu vestido ideal. -Me dice Ángela un tanto impactada.
–Yo también lo creo. -Las digo con una tímida sonrisa.
En cierto modo, no puedo negar que ese vestido me ha encantado, es un vestido palabra de honor de cola bastante larga, y en esta lleva unas preciosas perlas brillantes que hace que sea mucho más bonito, pero se tendrá que quedar en el escaparate esperando a que otra novia lo escoja para el día más feliz de su vida, es demasiado pronto para comprarle. Me pongo la ropa que he traído y salgo del probador, le doy a la dependienta el vestido para que lo coloque en su sitio nuevamente hasta que Elena me pone la mano en el nombro y me frena.
–¿Por qué se lo vuelves a dar a la dependienta? si te ha encantado. -Me dice Elena.
–Es algo pronto para comprar el vestido, esperaré unas semanas más. -La digo.
–Casilda y yo hemos decidido que te lo vamos a regalar, se nota que te ha encantado y además te lo mereces.
En ese momento me quedo impactada al oír esas palabras, no me esperaba ese detallazo.
–Pero, pero... no, no puedo permitirlo, del vestido me haré yo cargo, es un gasto que me corresponde.
–Aurora, tú has ayudado a mi hermano mucho, en los momentos más difíciles ahí has estado tú, después de lo que pasó con Sara jamás nos imaginamos que se casaría con otra persona que no fuera ella, si Pablo está así de feliz ahora es gracias a ti, eres su felicidad, a si que no se habla más. -Me dice Casilda con una sonrisa y me emociono, me emociono por todo este cariño que recibo por parte de la familia de Pablo y de Ángela, es increíble.
–Pero es mi deber hacerle feliz y ayudarle, no merezco tampoco este vestido...
–No se habla más, este vestido queda adjudicado para ti. -Me dice Elena con una sonrisa lo que hizo que se produciera una enorme felicidad en mi interior.
–Pero... habrá que hacer las correspondientes pruebas y Pablo estará seguramente por aquí cerca y eso da mala suerte y... -Comienzo a ponerme nerviosa.
–El vestido se va a quedar en la tienda hasta que mañana vengamos a que te hagan las pruebas, sólo que la dependienta nos lo reservará. -Me dice Elena.
–Me gustaría que vendría mi madre a las pruebas, la hace mucha ilusión esta boda. -Las digo.
–Puede venir sin ningún problema, somos casi familia, y ya toca conocerla ¿no? -Me dice Elena.
–Muchas gracias por todo lo que habéis hecho por mi, gracias por este precioso vestido, gracias de corazón. -Las digo emocionada.
–Gracias a ti, gracias por ser la felicidad de mi hijo, y no llores, que nadie se puede enterar de que tenemos el vestido. -Me guiña el ojo Elena mientras me da un abrazo, la sonrío.
–Será mejor que no tardemos, Pablo y el resto no tardarían es sospechar. -Nos dice Casilda.
–A mi también me gustaría colaborar en el dinero del vestido de Aurora, por todo lo que ha hecho por Salva y por mi, si no os molesta claro. -Dice Ángela.
–Claro que puedes, tú también eres de la familia. -La contesta Elena a Ángela.
Salimos de la tienda con una sonrisa, miramos por los lados para ver si Pablo, Salvador y Salva están por allí pero no están, no se han percatado. Decidimos esperar hasta que aparezcan en una cafetería, lugar donde tomamos un café tranquilamente y hablamos un poco de todo.
–¿Qué tal se ha tomado tú familia lo de la boda? -Me dice Elena mientras da un trago al café.
–De mi familia solo lo saben mis padres por el momento, mi madre se lo ha tomado de maravilla, al principió le costó aceptar mi relación con Pablo, por ese miedo de ser la novia de un famoso pero poco a poco se fue dando cuenta de que Pablo era el hombre que yo quería en mi vida y lo aceptó sin problema y ahora respecto a la boda está encantada, le tiene un gran aprecio a Pablo, y respecto a mi padre, a él le pasó lo mismo que a mi madre, no lo vió con buenos ojos pero al final desistió y no puso pegas a lo nuestro pero ahora las ha puesto y no precisamente pequeñas, no va a venir a la boda, lo ve como una locura. -Es inevitable no romper a llorar al recordar ese incómodo momento en el que hablé con él y me dijo que no vendría.
–Cielo, no llores, aunque tú padre no venga a la boda, nos tienes al resto ¿vale? nosotros vamos a estar en el día más feliz de vuestra vída. -Me dice Elena mientras me da un abrazo y me seca las lágrimas con un pañuelo cariñosamente.
–Lo sé, no por eso voy a echar ese día a perder pero a toda hija le gustaría que ese día fuera su padre quién la llevara hasta el altar.
–Yo sé que es doloroso para ti Aurora, pero tienes que ser fuerte, y si no es tú padre quién te lleva al altar, será mi padre. -Me dice Casilda con una sonrisa.
–¿Sal....sal...va...dor? me encantaría pero yo no sé si él quiera. -Las digo mientras me seco las pequeñas lágrimas.
–Claro que va a querer, te tiene un gran cariño y lo hará encantado, yo hablaré con él. -Me dice Elena mientras me anima.
–Muchas gracias por todo vuestro apoyo y cariño, gracias por todo de verdad.
–No las des cariño, en cuestión de poco tiempo seremos familia y estaremos aquí para lo que necesitéis.-Sonrío ante la situación y no es para menos, sin duda jamás pensé recibir tanto apoyo
–A Salva y a mi también nos vas a tener para lo que necesites y quieras. -Me dice Ángela mientras me da un beso en la mejilla.
–Vosotros también nos vais a tener para lo que queráis. -Las digo a las tres.
Me seco las lágrimas y decido pagar yo la cuenta de la cafetería, es lo mínimo que podía hacer. Salimos de allí y allí están esperándonos.
–Parece que habéis visitado medio centro ¿no? -Dice Salvador riendo.
–Se puede decir que sí. -Dice Casilda mientras nos mira con una mirada de complicidad.
–¿Te lo has pasado bien princesa? -Me dice Pablo mientras me da un beso en la frente.
–No lo sabes tú bien mi vida... -Esbozo una sonrisa.
Caminamos a paso ligero dirección al coche para volver cada uno a nuestra casa tras pasar una gran tarde en familia y llena de buenas noticias.
–Aurora, veniros mañana tú madre y tú a comer, comemos todas juntas y después vamos de compras. -Me dice Elena mientras me guiña un ojo.
–¿Habéis quedado mañana todas nuevamente, y además con mi futura suegra? -Dice Pablo sorprendido.
–Sí hijo, hemos quedado para dar otra vuelta por el centro y de paso conozco a mi futura consuegra. -Ríe Elena.
–¡Me parece perfecto mamá! yo mañana madrugaré para ir al estudio a terminar los arreglos de una canción y eso me llevará un buen rato, a si que...
–Allí estaremos Elena. -Río y me despido de todos dándoles un beso, Pablo les abraza y acto seguido montamos en nuestro coche y nos vamos a casa, en el trayecto no cruzamos palabra alguna, de vez en cuando nos mirábamos. Cogemos el ascensor de nuestro portal, hasta que de pronto un pequeño ruido se oye con nosotros dentro y el ascensor se para automáticamente.
–¿Qué ha sido eso Pablo? -Digo un tanto asustada.
–Parece que nos hemos quedado aquí encerrados, se ha estropeado el ascensor. -Me dice Pablo un poco nervioso.
–No me lo puedo creer, creo que vamos a pasar la noche aquí encerrados, la gente está durmiendo y por mucho que golpeemos la puerta o gritemos nadie nos escuchará... -Digo mientras voy deslizándome hasta sentarme en el suelo.
–Una velada romántica supongo, ¿no? -Dice Pablo en tono bromista mientras se ríe y yo me uno a su risa.
–Vaya suerte la nuestra, justo en este momento y a esta hora nos teníamos que quedar aquí encerrados. -Digo.
En el fondo lo estoy pasando realmente mal, odio los espacios cerrados y para colmo allí adentro hace un bochornoso calor. Transcurren los minutos y nadie se percata de que estamos encerrados.
–Aurora... ¿y por qué no...? -Pablo no termina la frase, se abalanza contra mi cuerpo y me besa con bastante pasión, hasta que decido apartarle de mi unos segundos.
–Pablo, no... aquí es arriesgado, nos pillarían seguro y ya sería lo único que nos faltaba.
–Mi niña, todo el mundo duerme plácidamente en su cama, nadie nos pillará y menos a estas horas. -Juega con mi camiseta mientras acaricia mi pelo, llevándome a mundo lleno de sensaciones producidas por sus caricias, me dejo llevar por completo. Rodeo su cuello con mis brazos mientras que deposito algún que otro beso por su cuello mientras enredo su pelo entre mis dedos, el calor que hace allí adentro hace que mis ganas de tenerle entre mis brazos aumenten cada segundo que pasa, juego con el cinturón de su pantalón sin dejar de besarle, acto seguido desabrocho el botón y tiro de ellos hasta que cae al suelo y se queda en bóxers, introduce sus manos bajo mi camiseta y acaricia mi pecho, tira de esta cuidadosamente hasta que se deshace de ella y cae al suelo, juega con mi pelo mientras que acaricia con amor mi espalda, ahora soy yo la que introduzco mis temblorosas manos por debajo de su camiseta mientras que le beso y poco a poco tiro de ella hacia arriba para quitársela por completo, rodeo con mis piernas su cintura mientras acaricio su torso, juega con el botón de mi falda y lentamente tira de ella hacia abajo, juega con mi lencería hasta dar con el broche del sujetador el cual desabrocha con facilidad, no paramos de besarnos, hasta que de pronto para y me mira fijamente a los ojos.
–Eres preciosa. -Me dice con una mirada fija.
–Te quiero. -Le susurro y puedo notar como su piel se eriza.
Juego con la cinta de sus bóxers hasta que me deshago de ellos totalmente, finalmente nos quedamos desnudos, piel con piel, cuerpo con cuerpo. Nuestras agitaciones comienzan a agitarse a medida que aumenta el ritmo, puedo sentir su aliento sobre cada parte de mi cuerpo la cual se eriza al sentirlo, poco a poco aparecen los primeros jadeos, con él no tengo miedo a nada, me hace tocar el cielo con la punta de todos y cada uno de mis dedos. Ya está dentro de mi. Nos sentamos en suelo y nos abrazamos, acaricia mi pelo y me da un dulce beso en la frente.
–Princesa, nunca he tenído algo tan claro como esta futura boda... -Me dice mientras acaricia mis manos.
–Yo tampoco Pablo, se que eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo y que te quiero como a nadie, por ello quiero dar contigo este gran paso. -Le doy un ligero beso en la mejilla y acto seguido muestra una de sus magníficas sonrisas, esas que me dedica constantemente.
Los minutos transcurren lentamente, nadie nos viene a sacar de ahí adentro, Pablo tiene mi mano agarrada a modo de calma, sabe lo mucho que odio los espacios cerrados y lo nerviosa que me pongo. Decidimos vestirnos y esperar ahí hasta que alguien venga a ayudarnos, apoyo mi cabeza sobre las piernas de Pablo y poco a poco me voy sumergiendo en un sueño profundo. Caigo en un mal sueño al parecer, oigo la voz de Pablo.
–¡Aurora! despierta, tranquila... sólo ha sido un mal sueño mi niña. -Me dice mientras acaricia mi espalda y me tranquiliza.
–Pablo, he tenido un sueño espantoso, me decías que me dejabas y te ibas con Sara, que todo se acabó y entre nosotros nunca hubo nada verdadero. -Comienzo a derrarmar lágrimas al recordar ese maldito sueño.
–Amor, tú lo has dicho, ha sido un mal sueño yo nunca te abandonaría, te prometí cuidar de ti y así será, shhh, ya está mi niña. -Limpia mis lágrimas con sus dedos y me da algún que otro beso.
–No me dejes nunca por favor, nunca. -Le digo un poco más aliviada.
Nos volvemos a quedar dormidos entre caricias y algún que otro beso hasta que alguien parece escucharnos.
–¿Estáis bien? voy a llamar al técnico para que venga de inmediato a sacaros de aquí, tranquilos pronto saldréis. -Nos dice alguien.
–Estamos bien, llevamos un buen rato aquí metidos, pero por favor sacarnos de aquí cuanto antes. -Dice Pablo.
Poco después comienzo a oír ciertos golpecitos, parece la cabina del ascensor lo cual indica que el técnico del ascensor ya está aquí, suspiro un poco aliviada. Transcurren alrededor de unos 30 minutos, hasta que el elevador del ascensor comienza a subir con normalidad, Pablo me ayuda a levantarme del suelo para salir de ahí.
–Gracias. -Le decimos ambos al técnico.
Pablo me agarra de la cintura y caminamos a casa, vamos directos a la cama ya que es algo tarde. Pablo y yo programamos nuestros despertadores, él tiene que terminar los arreglos de una de sus canciones y yo tengo que ir a buscar a mi madre y después a casa de Elena para ir a las correspondientes pruebas de vestido de novia, lo cual indica que ambos teníamos que madrugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario