10.7.13

Cap. 65: Solos tú y yo con nuestras caricias y besos

Narrado por Pablo:

Son las 11:15 de la mañana, Aurora sigue dormida pero yo no tengo más sueño, me coloco en la cama de brazos cruzados algo pensativo, intentando buscar un buen momento para contarle a Aurora que anoche fui a buscar a Sara para dejarla las cosas claras y aunque simplemente ha sido para eso, Aurora no se lo tomará bien porque no quiere verme cerca de Sara. Abre sus preciosos ojos marrones poco a poco y al instante me sonríe.

–Buenos días mi niña, ¿qué tal has dormido? -La pregunto mientras la doy un ligero beso.
–Buenos días mi amor, contigo siempre se duerme bien...
–Por favor, no me dejes nunca princesa, sin ti el mundo se me cae encima...
–¿Dejarte? ¿estás loco verdad? por supuesto que no Pablo, yo prometí estar contigo y así será, ¿pasa algo? -Me dice algo preocupada.
–Verás... anoche mientras dormías fui a casa de Sara para que deje de molestarnos, se que hace ya dos meses que no sabemos nada de ella pero se que en cuanto nos descuidemos nos la volverá a jugar y no puedo permitir que nos siga haciendo daño, estaba arrepentida y insistía constantemente en que debería retomar mi relación con ella pero la dejé claro que la mujer de mi vida eres tú.
–¿Y por eso temías que te dejara? todo lo contrario, me acabas de demostrar que me quieres con ese rechazo y que además me proteges. -Dice eso último y respiro con tranquilidad.
–Gracias princesa, muchas gracias. -La digo mientras la abrazo con fuerza y derramo alguna que otra lágrima.
–Ya está ¿vale? mi vida tú eres la cosa más bonita que me ha pasado y no voy a permitir que por tonterías esto se vaya al garete, y menos cuando sólo intentas protegerme.
–Lo haré siempre, voy a cuidar de ti hasta el final de mis días no lo dudes.

En ese mometo suena mi teléfono, es Salva mi hermano.

–¡Salva! ¿cómo estás? ¿comida familiar? ¿mañana Sábado? sí, allí estaremos, un abrazo hermano, adiós.
–Cariño, era Salva, me ha dicho que mañana vayamos a casa de mis padres a comer que tiene que contar algo importante, no sé lo que tendrá que contarnos pero yo creo que podemos contar lo de nuestra boda ¿no? -La digo.
–Me parece perfecto, entonces llamaré yo también a mi madre y luego a mi padre, ¿te parece? -Me dice con una sonrisa.
–Sí princesa, me muero por gritar a los cuatro vientos que vas a ser mi futura mujer...
–Estás loco cielo... -Me dice con una risilla.
–Loco por ti mi vida, pero loco de amor. -La agarro y acto seguido la siento en mis piernas mientras acaricio sus mejillas.
Te quiero pequeño loco. -Me dice mientras ríe.
–Y yo a ti enana. -La digo sonriéndola.

Nos tiramos un buen rato abrazados en la cama, ninguno de los dos tenemos intención alguna de salir de debajo de las mantas.

–Oye... a lo mejor es hora de ir levantándose ¿no crees? -Me dice mientras acaricia mi espalda.
–Yo prefiero estar todo el día aquí contigo, metidos debajo de la manta. -Beso una de sus manos.
–A mi también me gustaría, pero las cosas no se recogen solas, vamos pequeño... -Me dice con una sonrisa.
–Está bien, tú ganas princesa. -La digo mientras la doy un ligero beso en sus labios.

Me visto y ayudo a recoger cosas de la casa a Aurora, no ha tenido tiempo a penas de desayunar a si que bajo al supermercado a comprar algo para prepararla un desayuno y de paso entro a la floristería para comprarla una rosa roja.
Me encierro en la cocina y preparo una bandeja con un café y unas tostadas, y al lado dejo la rosa que la he comprado a mi niña, y la llamo con alguna escusa.

–Aurora mi vida ¿puedes venir un momento a ver si esto está bien recogido? -En ese momento dejo rápidamente la bandeja sobre la mesa.
–Pa...blo ¿y esto? no dejas de sorprenderme nunca... -Me dice mirándome a los ojos.
–No quiero tampoco dejar de hacerlo, quiero sorprendente cada día con algo nuevo. -La digo mientras la agarro de su cintura y la doy un leve beso en el cuello.
–Pues lo consigues, detalle tras detalle, gracias mi niño, gracias por ello. -Se gira para quedar frente a mis ojos, acaricia mi rostro y posa sus labios en los míos una vez más depositando un beso en ellos.

La acompaño en el desayuno, el cual transcurre con tranquilidad, besos, palabras, caricias. La mañana transcurre y hoy decido yo cocinar ya que siempre la toca a ella. Preparo unos spaguettis con tomate y de segundo plato un delicioso besugo al horno. Digamos que tampoco soy un experto en el mundo de la cocina pero tampoco se me da precisamente mal. Doy la mano a Aurora para que siente y después me siento yo, la sirvo la comida y espero con ansias su respuesta.

–¿Y bien? ¿te gusta mi vida? -La digo con una sonrisa.
–No. -Me dice seria lo cual hace que la expresión de mi rostro cambie.
–Lo siento.
–¡Me encanta! no me puedo creer que todo esto lo hayas cocinado tú, está delicioso. -Me dice con una sonrisa.
–Pff... que susto, me alegro de que te guste princesa, lo he preparado con todo el amor del mundo. -Sonrio aliviado al escuchar sus palabras.
–A mi me da igual la comida Pablo, a mi lo que me importa es la intención que has tenido al preparar todo esto. -Sus palabras cada vez me dejan más impactado.
–Eres única princesa... -La digo mirándola a los ojos mientras agarro. su mano.
–Y tú eres único y esencial en mi vida pequeño. -Me dedica una de sus bellas sonrisas.

Después de una comida agradable Aurora me ayuda a fregar, acabamos de fregar y nos sentamos en el sofá, tiene la cabeza apoyada en mis piernas y yo juego con su pelo.  Poco a poco mi niña se va quedando dormida, la echo una manta por encima para que no se quede fría, contemplo su sueño y soy incapaz de no sonreír al verla dormir de esa forma tan angelical que tiene. La miro con una sonrisa y pienso en alto ''Pequeña, ni te imaginas como me has cambiado la vida en cuestión de meses, mi vida sin ti no sería lo que es contigo'' a su lado la vida es más fácil, me llena de amor cada día y eso hace que yo esté feliz por mucho que tenga un mal día. Pocos minutos después yo también me quedo entre tanto pensamiento, hasta que siento como unas manos acarician mi rostro, abro mis ojos y allí está ella con una de sus sonrisas, esas que iluminan todos los días de mi vida.

–Parece que nos hemos quedado dormidos los dos. -La digo.
–Sí, eso parece. -Me dice con una tímida risa.
–¿Qué te apetece hacer princesa? -La pregunto.
–Me gustaría que nos quedásemos aquí, abrazados y llenándonos de besos y caricias, aislados de todo lo que nos rodea, solamente tú y yo una vez más.
–¿Sabes? me parece una excelente idea, pero tampoco puede faltar...

Pronuncio eso y me abalanzo sobre ella para hacerla cosquillas.

–Pa..pa..blo, ¡ pa...pa...ra! e...res...un...ton...tito -Me dice riendo mientras intenta pronunciar eso.
–¿Cómo? -Me río y vuelvo a llenarla de cosquillas.
–No...Pa...blo...pa...pa, ¡lo re...ti..ro! -Me dice sin parar de reír, justo en ese momento estábamos en el bordillo del sofá y nos acabamos cayendo entre tanta cosquilla.
–Pablo, mira donde estamos gracias a tus cosquillas. -Me dice mientras me mira con cara de niña enfadada y eso hace que me cause más risa.
–Con que al señorito le causa risa ¿no? pues preparáte... -Coge un cojín y comienza a darme con el cuidadosamente mientras ríe.
–¡Aurora! eres una gamberra ¿eh? no vale...  -Justo en ese momento se acerca lentamente a mí y me da un ligero beso.
–Te amo mi vida. -Susurro en su oído.
–Y yo a ti mi niño, ¿sabes? en el fondo me encantan estos momentos donde parece que solo existimos tú y yo.
–Todos los momentos que vivimos juntos son únicos, tú haces que sean así. -La digo mientras rodeo con mis brazos su cintura, me sonríe.

Son las 22:00 de la noche, ha sido una tarde bastante entretenida, una tarde llena de caricias, besos, y más risas. Aurora prepara  algo rápido para cenar ya que hemos decidido ver una película antes de dormir. Cogemos unas patatas fritas y nos volvemos a sentar en el sofá mientras vemos una película romántica. Aurora  da pequeñas cabezadas lo cual indica que se está quedando dormida.

–Mi vida, despierta, te estás durmiendo. -Le digo mientras la doy un pequeño meneo para que se despierte.
–¿Eh? ¿qué pasa? -Me dice algo adormilada.
–Te estás quedando frita pequeña, ¿quieres que quite la película? -La digo mientras acaricio su pelo.
–No, ha sido solamente una pequeña cabezada, vamos a seguir viéndola.

Transcurren los minutos y seguimos viendo la película pero vuelve a quedarse dormida, justo está a punto de terminar por lo que decido quitarla ya, acto seguido cojo a Aurora en brazos con cuidado de no despertarla, abro la cama y la tumbo sobre esta cuidadosamente para que no se despierte, después la tapo con las mantas y me tumbo yo también, ambos dormimos como troncos hasta el día siguiente.




No hay comentarios:

Publicar un comentario