16.6.12

22. Sin miedo a decirlo

Caminamos por todo París hasta llegar al sitio que siempre había soñado visitar, la Torre Eiffel, era un lugar que desde pequeñita tenía interés por conocer. En aquellos trabajos que me mandaban describir aquel lugar donde quería vivir siempre decía que quería vivir cerca de la torre.
Llegamos y me quedé perpleja obserbándola... cuando de repente Pablo rompió aquel silencio.

-Es preciosa... ¿Verdad? - Me susurró al oído.
-Ella es preciosa... pero tu eres el doble de precioso. -Le sonreí al pronunciar esas palabras.
-Oye... ¿Sabes una cosa? -Me dijo Pablo pensativo.
-No... ¿Qué? -Le respondí yo.
-Que te quiero y que más vale que eches a correr si no quieres que... -Pablo no acabó la frase hizo el amago de agarrarme por atrás a modo de abrazo y aprovecho para hacerme cosquillas.
-Pablo, ¡Para! Eso no vale... ¡Eres un gamberro, para! -No podía parar de reírme, intentaba escaparme de sus cosquillas.
-¿Gamberro? Creo que no sabes lo acabas de decir, ¡Ahora si que no te suelto! -Pablo me tenía agarrada y no me saltaba, parecíamos dos críos.
-Jajajajajajajaja Lo que Oyes, ¡Eres un gamberro! -Pronuncié estas palabras haciéndole burla.
-Bah, si me das un beso puede que te suelte...-Decía Pablo.
-¿Seguro? Está bien... pero sólo uno, ¿eh? -Le contesté.

Le di el beso para que me soltara, quise separarme poco a poco de sus labios ya que aunque no estaríamos en España me daba vergüenza que nos vieran besándonos, pero fue imposible esos besos que el me daba eran únicos, tenían un sabor inconfundible, los adoraba, fue un beso lleno de amor que duró varios minutos.

-¿Ya me sueltas o qué? jajajajajajaja Le dije mientras me colocaba el pelo.
-No... ¿Y sabes por qué? Porque adoro sentirte cerca mío.
-¿Sabes tú otra cosa? Ese beso que me acabas de dar frente a la Torre Eiffel no lo olvidaré jamás, a sido especial, Je t'aime -Susurré de manera que solo el y yo nos enterásemos de lo que decíamos.
-Y yo atí mi niña -Pablo me sonrió y seguimos caminando hasta que llegamos al restaurante para cenar.


Cenamos algo rápido estábamos algo cansados y la comida no entraba, pagamos la cuenta y salimos de allí con dirección al Hotel a descansar. Subíamos en el ascensor y Pablo no paraba de mirarme.


-¿Qué pasa, tengo algo? -Me miré en el espejo del ascensor.
-Si, pasa que tienes la sonrisa más bonita del mundo, eso pasa. -Me agarró de las manos.
-Anda tonto... ya será para menos.


Saqué la llave de la habitación de mi bolso y entramos, hacía mucho calor y estaba pegajosa del sudor a si que opté por darme una buena ducha de agua fría. Al salir de la ducha vi que Pablo estaba sentado en la cama y tocando la guitarra, salí con el albornoz puesto y nada más entrar a la habitación Pablo soltó la guitarra de sus manos y se mordió el labio yo le sonreí y saqué el pijama de la maleta hasta que sentí que alguien me agarraba por la cintura, y me daba suaves besos que recorrían mi cuello, adoraba sentir su aliento pegado a mi piel, era una situación indescriptible, no me salían las palabras, solo notaba como mi piel se estremecía con cada caricia de Pablo, hubo un largo silencio cargado de besos hasta que Pablo susurró:


-Si vuelves a aparecer así, no responderé.... -Pablo dijo esto levantando una ceja.
-Jajajajajajajajaja, ¿Es una amenaza? -Contesté siguiéndole el juego, notaba a Pablo muy cariñoso.
-mmm... puede que sí, puede que no, si te tomas como una amenaza el comerte a besos entonces si que lo es. -Me sonreía picaramente.
-Pues me gusta esa amenaza, tendré que aparecer más veces así para que me comas a besos jajajajajajaja -Le contesté sin poder parar de reír.
-No me tientes Aurora... -Pablo seguía con esa sonrisilla pícara que el tenía.
-Anda... vamos a dormir. -Le dije dándole un beso en la frente y ya dirigiéndome hacia la cama.
-No,no... espera, tú espera... -Pablo fue a la cocina y trajo una coctelera y dentro una botella de Champán.
-¿Y esto? ¿Qué se supone que celebramos?  -Dije mirándole fijamente.
-Celebramos que es nuestro primer viaje juntos, ¿Te parece suficiente motivo? -Me dijo Pablo sirviéndome la copa.
-Me parece bien. -Le dije sonriéndolo de vuelta.

Pasaron unos 40 minutos y Pablo y yo seguíamos celebrando tanta celebración nos puso algo contentillos hasta tal punto que se nos fué de las manos, Pablo me tumbó en la cama, y empezó a recorrer mi cuerpo con sus manos delicadamente, besandome por cada rincón sin dejarse nada atrás, poco a poco desnudándome.

-Pablo, no puedo.... -Dije levantandome en la cama de manera que yo me quedé sentada.
-¿Por qué, que pasa? -Note a Pablo preocupado ante el rechazo.
-Verás... como te explico esto, me da mucha vergüenza jajajaja. -No sabía como explicarle.
-Aurora, dime... no me voy a asustar ni nada por el estilo, vamos dime. -Me decía Pablo mientras me acariciaba la mejillas.
-Es que tengo la regla y pues eso... -Al fin se lo conté pero me seguía dando vergüenza.
-Ah... era eso, no te preocupes, otro día será. -Me besó en la mejilla y se puso en su lado de la cama para dormir.
-¿Te has enfadado verdad? -Dije preocupada.
-¿Cómo me voy a enfadar amor? Son cosas que pasan y si no se puede no se puede. -Me dijo Pablo sonriendome.
-Esta bien... -Le contesté.
-Buenas noches amor, que descanses, te quiero. -Pablo se acercó a mi y me dio un beso.

Dormimos toda la noche hasta la mañana siguiente que seguimos visitando las calles de París.

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