Llegó la hora de marchar
hacía el aeropuerto. Me puse un vestido azul de flores y unas manoletinas.
Pablo iba con unos vaqueros negros y una camiseta blanca, todo un clásico en
él. Esta vez se puso una gorra negra y las gafas. Aun así se le reconocía, pero
no llamaría tanto la atención. Salimos de casa y nos montamos en el coche. De
casa hasta el aeropuerto había de camino una media hora. Estaba muy nerviosa,
nunca había montado en un avión y las alturas me daban miedo. No paraba de
mover las manos y no me estaba quieta. Pablo se dio cuenta. Me cogió de la mano
mientras que conducía.
–Tranquila, verás como cuando estés arriba ya no tendrás miedo.
–Tranquila, verás como cuando estés arriba ya no tendrás miedo.
Esas palabras me tranquilizaron un poco. Miré a Pablo y le sonreí.
Llegamos a nuestro destino y sacamos las maletas del coche. No eran nada más que dos. Solo eran tres días allí y no necesitábamos mucho. Entramos dentro y nos dirigimos a facturar las maletas. Lo hicimos y nos quedamos sentados hasta que llegara nuestro vuelo. Quedaba casi una hora y Pablo aprovechó para conectarse en twitter. Pude ver como ponía en un tuit:
<<Hablemos de música porfavor.>>
Ya sabía lo que significaba eso. Antes, cuando era solo una fan, se lo vi poner cuando le preguntaban sobre su vida personal. Seguro que twitter estaba revolucionado por la noticia. Yo no quise ni entrar en el mío. Pasó un rato y vimos de lejos a dos chicas que no paraban de mirarnos. Se habían dado cuenta de que Pablo estaba allí. Esas chicas venían hacía nosotros, se lo dije a Pablo y sin duda alguna, se levantó para saludarlas.
–Pablo, somos Lucía y María. Somos tus fan. –-Dijo la chica rubia. Su otra compañera estaba tan emocionada que apenas podía hablar.
–Encantado guapísimas.
Pablo le dio dos besos y un abrazo. Él siempre tan cariñoso y amable con sus fan. Yo seguía sentada y de brazos cruzados, observando aquella situación con total admiración. Hace unas semanas, yo era como ellas. Se echaron unas fotos y le dio su autógrafo. Estuvieron unos minutos hablando y sonó por megafonía nuestro vuelo.
“Vuelo destino a París....”
–Chicas, me tengo que ir ya. Un placer.
Pablo se despidió y me cogió de la mano. Subimos al avión y nos sentamos en la parte izquierda. Estaba temblando y me sudaban las manos.
–Aurora cariño, tranquila. No va a pasar nada.
Me agarró de la mano.
–No me sueltes por favor...
–Nunca.
La azafata ya dio la información de que el avión iba a despegar. Estar con Pablo me tranquilizaba bastante. Me relajé y me eché en el hombro de Pablo. Estaba tan agusto junto a él que me quedé dormida. La voz de Pablo me despertó.
Al despertar vi a Pablo con mi móvil y hablando algo alterado. Vi que habían pasado casi tres horas y ya estábamos apunto de llegar.
–Pablo, ¿Qué pasa?. ¿Quien es?. –Dije sin entender nada.
“–Siento que se hayan tenido que enterar de esta manera. Pero todo lo que dice hay es verdad. Estoy con su hija. Y no la voy a dejar.”
–Mis padres. –Dije para mí. –Pablo, por favor pásamelos.
“–Su hija ya es mayor de edad. Le pido por favor que se tranquilice. Yo la voy a cuidar. No le voy a dejar que le pase nada malo.”
–¡Pablo!. –Alzé un poco la voz.
Pablo me pasó el móvil. -Lo siento. Su voz sonó triste.
“–Mamá soy yo. Lo siento de verdad, te lo iba a contar pero no había tenido oportunidad. Se que hemos salido en muchas revistas, pero eso no es lo que me importa ahora. Pues unas semanas. No es un desconocido Mamá, es mi novio lo quieras o no. Pero lo quiero. Mira, ahora estoy casi llegando a París y no pienso dejar que me arruines estos días, cuando llegue el Miércoles te lo contaré todo. Adiós.”
Colgué sin dejar que se despidieran. Mi madre no me comprendía. Empecé a llorar.
–Shhs..no llores.-Me dio un abrazo.-Verás como cuando se lo expliques todo te entienden...
–Pablo, tu no conoces a mis padres. Harán todo lo posible porque tu y yo acabemos separados. Lo sé... –Dije totalmente hundida.
–No, si nosotros no queremos. Mis padres también han llamado. He discutido con ellos pero se lo he explicado todo, al principio no le han gustado demasiado la idea de que tengas dieciocho años, pero me han acabado entendiendo. Si tengo que ir yo hablar con tus padres, voy.
–Malditas revistas.. –-Dije secándome las lágrimas.
–Lo siento cielo. Teníamos que haber sido un poco más discretos. No pensaba en que nos verían. Esto me afecta demasiado...
–No es tu culpa. Pablo... –Le miré a los ojos y me sequé del todo las lágrimas.- Mira, no pienso dejar que mis padres me echen a perder este viaje. No pienso permitirlo. Voy a olvidarme de todo y a disfrutar contigo, porque para eso hemos venido a este viaje. Estos tres días serán geniales, lo presiento... –Le sonreí.
–Ya hablaremos con ellos cuando volvamos a España. Quiero que estos días sean únicos. Es nuestro primer viaje juntos...
Pablo me echo su brazo por mi hombre y yo me abracé a él.
–Si, el primero de muchos. –Le sonreí.
Le había dicho a Pablo que iba a olvidarlo todo y eso es lo que hice. Por fin llegamos a París. Todo era precioso, el camino desde el aeropuerto hasta el hotel en coche, nos había dejado ver cosas preciosas de París. Llegamos al hotel y subimos a la habitación. Era preciosa. Las paredes eran de color marrón claro y sus muebles eran en plan clásico. Me encantaba, le daba un toque romántico y muy acogedor. Abrí las cortinas. Desde nuestra ventana se veía de lejos la Torre Eiffel. Pablo apareció detrás de mí.
–Por fin aquí. –Dijo Pablo. Me cogió de las manos y me acercó hacía él, quedando sus manos en mi cintura y a unos centímetros de sus labios.
–Todo es precioso, y eso que acabamos de llegar. –Me reí.
–Me encantas. –Me susurró al oído.
Al decir eso sonreír y le besé. Un beso suave y lleno de amor. Pablo me dijo que iba a bajar hacía abajo a informarse sobre los lugares que podíamos visitar. Yo aproveché para darme una ducha. Esta noche nos iríamos a cenar a algún sitio y me tenía que arreglar.
Me metí en la ducha y empecé a cantar “Te he echado de menos” a plena voz. Al salir escuché que estaban llamando a la puerta. Salí del baño y, con el albornoz todavía, decidí de abrir. Al abrir me llevé una gran sorpresa, no era Pablo.
–¿Usted es la española que ha llegado hoy a este hotel? –Dijo sonriéndome.
El chico era moreno, ojos azules, alto y con algo de músculos. Tendría unos veinticinco años. Llevaba unos pantalones grises y una camiseta de manga corta roja. No lo conocía de nada.
–Supongo que sí. –Dije muy tímida, no solo por que no tenía ni idea de quien era ese chico, sino por como estaba vestida.
–Soy Luis. Encantado. –Nos dimos la mano.-Mire, soy fotógrafo y antes la he visto en recepción con un chico. Trabajo en una agencia de modelos y ahora mismo necesitamos a una chica como tú. Morena, alta, delgada y jovencita. Por eso estoy aquí. –Sonrió. –Cuando te he visto abajo, pensé que eras la chica ideal y pensé en preguntar en recepción, me dieron tu número de habitación y aquí estoy. ¿Te interesaría hacerte unas fotos para una revista?. Es una revista francesa y si tienes los dieciocho años, no hace falta la autorización de tus padres.
Me quedé bastante sorprendida. Siempre he querido ser modelo, pero a la hora de la verdad me daba mucha vergüenza.
–Mire, ahora mismo no estoy en condiciones de hacerle pasar y de hablar detenidamente. Como puede ver... Y si quiere, le dejo mi móvil y hablamos cuando usted quiera. Lo tengo que pensar.
–Claro que si.
Fui a por un papel y le apunté mi móvil. Me acerqué a aquel hombre y se lo di. Al fondo venía Pablo. De lejos ya pude ver que al verme allí y en esas condiciones hablando con aquél hombre no le hizo mucha gracia.
–Mañana la llamo. –Me dio dos besos y se fue.
El hombre se giró y saludó a Pablo con un simple “Hola”... el no le contestó. Parece que el chico no reconoció a Pablo.
Pablo y yo entramos a la vez. Él soltó el móvil en la mesilla y se sentó en la cama.
Yo me dirigí hacía el baño a vestirme. Justo cuando iba a entrar Pablo me dijo:
–¿Quien era ese?. -Su voz sonó seria.
Yo me giré y me senté a su lado.
–Pues la verdad es que no lo sé. Se que se llama Luis y trabaja para una agencia de modelos...
–¿Y que hacía hablando contigo?.
–Pues dice que me había visto en la recepción del hotel y que le interesaba para su próximo trabajo... para hacer de modelo.
–¿Modelo?.
–Si...
Pablo se levantó y se quedó delante mía. Estaba muy serio.
–¿Y tu que le has dicho?
–Pues le he dado mi numero para que me llamara..¿A que viene todo este interrogatorio?.
–¿Tu numero?. Perfecto...
Pablo se llevó una mano a la cabeza.
–¿Y no se te ocurre otra cosa que darle tu numero?. – -Dijo, alzando la voz.
–Pablo, tanto te molesta o ¿que?
–No lo conoces de nada, le abres, te dice que te ha visto y que quieres que hagas de modelo para una revista, y le das tu móvil a un desconocido... que alomejor ni siquiera es fotógrafo, alomejor lo único que quiere es ligar contigo.
Agaché la cabeza. Me había quedado sin palabras despues de la reacción de Pablo. –Mira, lo único que he echo es darle mi número. ¿Y sabes que?. Que me voy hacer las fotos. No me esperaba para nada que te pusieras a sí. Pablo, siempre he querido ser modelo. Y ahora que se me presenta una oportunidad, ¿me lías la que me lías.?. Pensaba que eras de otra forma...Estás siendo muy egoísta. –Le dije gritando y muy enfadada.
Al decir esto último me levanté y me fui hacia el baño para vestirme. Pablo no contestó. Se quedo allí parado sin saber que decir. Me había molestado mucho la reacción de Pablo. No me lo esperaba para nada... El ataque de celos que la había entrado era exagerado. Era mi sueño, y él me estaba poniendo problemas para cumplirlo. Solo eran unas fotos y había montado un mundo por ello. Me decepcioné, me decepcioné mucho. Era la primera vez que tenía una pelea con Pablo y me dolió. Me senté en el suelo, apoyada en la pared. Estábamos en París, la ciudad del amor y lo primero que hago al llegar allí es pelearme con él... No pude evitar llorar, pero me hice la fuerte y me vestí. Me puse el pijama, no tenía ganas de arreglarme después de la pelea con él. Al cabo de un rato decidí de salir de allí. Al abrir la puerta vi que Pablo estaba en el sofá con la guitarra. Tenía los ojos rojos, creo que había llorado. Me partía el alma verle así. Me senté a su lado. Pablo levantó la mirada y se fijó en mis ojos. Yo pude ver los suyos, efectivamente... había llorado.
–No se porque te has puesto así... –Logré decir, tenía un nudo en la garganta. Quería llorar, pero no lo hice.
–Porque eres mi princesa...
Al decir esto miré a Pablo y puse cara de extrañada.
–Siento haberme puesto así, de verdad que lo siento. Al verte con ese tipo hablando y como ibas vestida pues se me cruzaron los cables... Siento haberme puesto tan celoso.
Pablo me cogió de la mano y yo la retiré rápidamente.
–Me has gritado Pablo. Te has puesto muy enfadado... me estabas como prohibiendo salir en esas fotos...-Dije con una voz suave y baja, como si no tuviera ganas de hablar.
–Lo siento...-A Pablo se le escaparon unas lágrimas. No podía verle así, a pesar de lo molesta que estaba con él, esa situación podía conmigo. Me tiré a sus brazos y le abracé, le abracé con fuerza. Pablo hacía igual. Me acariciaba el pelo a la vez que me abrazaba fuerte, como si no me quisiera soltar jamás.
–Perdóname cielo... Me he pasado contigo. No pensaba lo que decía. Si, estaba siendo muy egoísta, no soy quien para decirte de si o si no te puedes hacer unas fotos...No va a volver a pasar, te lo prometo. Me siento un idiota, no se como se me ha pasado por la cabeza el ponerme así contigo.
–Olvidemos esto, por favor...
Pablo me agarró la cara con las dos manos y me
trajo a centímetros de sus labios.-Mi princesa...-Sonreímos.
Nos fundimos en un beso. En un beso de reconciliación. Me había enfadado mucho con Pablo pero aún así le perdone...Lo quería demasiado como para estar molesta con él.
Pasamos una media hora los dos en el sofá abrazados, compartiendo sonrisas, miradas y besos.
Nos fundimos en un beso. En un beso de reconciliación. Me había enfadado mucho con Pablo pero aún así le perdone...Lo quería demasiado como para estar molesta con él.
Pasamos una media hora los dos en el sofá abrazados, compartiendo sonrisas, miradas y besos.
–Aurora, ¿que te parece una vuelta por París?. –Dijo sonriéndome.
–Si voy contigo, me parece que si.
–¿Te puedo dar una cosa?.
Pablo estaba detrás mía, yo estaba buscando la ropa en la maleta. Al decirme eso, me tocó el hombro y me giró hacía él.
–Claro...di-Pablo no me dejó terminar. Me calló con un beso.
–Gamberro..-Le dije a centímetros de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario