Me desperté cuando Pablo me tocó la mano. Ya habíamos llegado a España.
Salimos del avión. Cogimos las cosas y salimos hacía el coche. Yo no pensaba irme con Pablo, pero él insistió en dejarme en casa . Yo no pude decirle que no, ya estaba siendo demasiado dura con él... Durante el camino no nos dirigimos la palabra. Se respiraba un ambiente tenso en el aire y fue Pablo el primero que rompió el silencio.
-¿En qué piensas?.-Dijo Pablo dejando de mirar hacia la carretera para fijar su vista en mí.
-No se si estoy haciendo lo correcto Pablo...
Al decir eso Pablo volvió a mirar hacía mi con cara extrañada. -No lo sé, y ahora mismo estoy echa un lio.-Volví a decir.
Creo que el era él que estaba echo un lío y sin saber ya ni que pensar. Le estaba haciendo daño y puede que me esté equivocando, que no esté haciendo bien en dejarle...porque lo mucho que lo quiero, supera cualquier cosa. Pero aun no estaba decidida, quería comprobar algo, algo que ni yo misma sabía que era... y sobre todo, tenía que ser sincera con él.
-Supongo que no servirá de nada decirte que te quedes a mi lado...-Su voz sonó triste y sus ojos no mostraban lo contrario.
-Necesito pensar. Darme cuenta de lo que quiero y aclarar mis ideas...Además de solucionar todo con mis padres.
-Vale, piensa...pero no quiero que dudes ni un solo momento que tu eres ahora mi vida y que te quiero demasiado como para olvidarte...
Eso último que dijo Pablo provocó en mi un nudo en la garganta. Lo decía de verdad y lo sentía de verdad. Me entraron ganas de abrazarle, de besarle y de decirle que era exactamente lo que sentía yo por él, pero me contuve. No tenía claro nada, y mis padres me obligarían a que dejara mi relación con Pablo. Así que era mejor que estuviéramos separados por ahora, hasta que se calmasen las cosas con mis padres...
No hubo contestación por mi parte y llegamos a la puerta de casa. Pablo sacó mis cosas y antes de que pudiera entrar en casa, Pablo me cogió del brazo.
-Dame tiempo. -Pronuncié cerca de él.
-Te necesito a mi lado...-Susurró.
Y de nuevo esa sensación de besarle y gritarle al mundo que lo quería más que a nadie...pero lo único que pude hacer era abrazarlo. Me despedí de él y entré en casa. Mis padres aun no habían llegado y Marta me recibió con un fuerte abrazo. Lo único que necesitaba era a una de mis mejores amigas a mi lado. Le conté todo lo que hicimos los dos días antes de que mi cabeza se pusiera a pensar en cosas de las que quizás me arrepintiera.
-Aurora, te entiendo pero creo que te has precipitado...tu misma decidistes de llevar una vida así y lo único que has aguantado ha sido unas semanas. Y haciéndote daño a ti y a Pablo, creo que deberías haberlo pensado mejor.
Marta llevaba toda la razón del mundo. Pero seguía pensando que era lo mejor. Por ahora, es lo mejor que podía hacer.
-Solo quiero que se calmen las cosas con mis padres...
-Cielo, se que decidirás lo mejor. -Me dijo con una gran sonrisa.
Yo le respondí a eso con una sonrisa. Me fui a mi cuarto y guardé las cosas. Aún tenía el mal sabor de boca por lo que había echo. Me duché y me acosté en la cama. No tenía más ganas de nada.
A la mañana siguiente, me despedí de Marta ya que tenía que volver a Santander. Eso me entristeció aun más porque el estar con ella era lo que me sacaba una sonrisa, a pesar de todo. La abracé y le di un pequeño regalo que le había comprado en París. Una pulsera de plata con el nombre de Marta grabado por atrás.
Al poco rato llegaron mis padres. Los abracé y estuvimos hablando sobre lo que había echo estos días y de mi viaje a París con mi supuesta amiga. No se había sacado el tema de Pablo en ese rato pero veía la preocupación en las caras de ellos. Preferí que fueran ellos lo que sacara el tema y al cabo de unos segundos incómodos, mi madre dijo:
-Aurora, sobre Pablo... tu padre y yo hemos tomado una decisión. Hemos pensado que es mejor que seas tu la que decidas si quieres ser la novia conocida de un cantante famoso. Ya eras mayor de edad y como tal te dejamos que decidas tú. Pero, eso sí... que ni se lo ocurra hacerte daño.
-Gracias, gracias, gracias. -Le dije abrazándola
Me sorprendió mucho lo que acababa de decirme mi madre. Me llenó de felicidad el saber que mis padres aceptaban que yo estuviera con Pablo y que por una vez me trataran como a una adulta. Pero era yo la que le había echo daño a Pablo y ahora me sentía fatal. Le di un beso a mis padres y salí a dar una vuelta a la playa, mi refugio.
Opté por irme a la playa más cerca de casa, la playa favorita de Pablo. Al llegar pude sentir de nuevo el olor a mar, la brisa y la tranquilidad de aquél sitio. No había casi nadie, por no decir nadie... Era una de las playas que tenía menos visitantes ya que había otras mucho mejores. Me senté en la orilla y dejé que el agua cubriera mis pies. Echaba de menos esto. Al cabo de un rato pude ver a un hombre y una niña pequeña. Estaban demasiado lejos pero había algo familiar en él. A medida que se iba acercando la silueta se me hacía aun mas conocida y pude reconocerlo por sus gafas y por la barba. Era Pablo. Parece que iba con unas de sus sobrinas. Ya entiendo porque le gusta venir aquí, todo es tan solitario que nadie le reconocería ni le molestaría, podía ser el mismo. Parece que él no se había dado cuenta de que estaba yo allí. Noté un cosquilleo en el estómago. Era extraño ya que estaba acostumbrada a estar con él, pero ni eso impedía que me sintiera como la primera vez. Solo el simple echo de tenerlo a unos pasos de mí hace que me ponga nerviosa.
Pablo se paró y cogió a la pequeña en brazos. Jugando y haciéndole cosquillas. Riendo y disfrutando. No me extrañaba nada que ella estuviera loca con su tío. En un segundo ella consiguió que Pablo cayera en la arena y aprovechar para hacerle cosquillas a él. Pablo estaba feliz y verle con esa sonrisa me hacía la mujer más feliz del mundo. Ese momento me recordaba a cuando él me hacía cosquillas a mí y como me enfadaba con él de broma para poder luego fundirnos en suave beso. Observaba aquello con admiración y me di cuenta de algo... de lo tonta que había sido y de lo mucho que había exagerado las cosas. Así que no me lo pensé dos veces.
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