Narrado por Aurora:
Estoy en casa de Elena, puesto que sólo ella sabe la noticia y el resto no, en la hora de la cena se lo diré a los demás. Saco el pijama de la maleta y me lo pongo. Aún sin estar en casa me sigo acordando de él ya que en este cuarto también vivimos momentos preciosos. Me encierro en la habitación, mientras agarro con mis manos aquél colgante que me regaló en nuestros comienzos con nuestros respectivos nombres grabados. El mundo se me cae encima cuando pienso que esto ya quedó como un recuerdo. Miro la galería de fotos de mi móvil mientras echo la vista atrás recordando cada momento que vivimos en esos momentos, las lágrimas se deslizan por mis mejillas rápidamente. Me las quito a modo de dolor y bastante rabia, rabia por saber que Pablo me ha decepcionado, pensé que sería diferente. De pronto llaman a la puerta, una voz atraviesa la puerta.
–¿Puedo pasar?. -Me pregunta Elena.
–Claro, adelante. -Digo mientras intento disimular que he estado llorando. Pasa dentro de la habitación.
–¿Qué tal estás? ¿estás más tranquila?. -Me dice mientras me aparta el pelo de la cara.
–Bueno... digamos que estoy con una sensación bastante rara en mi interior. -Digo mientras esbozo una sonrisa.
–Conozco a Pablo y dentro de poco vendrá a pedirte perdón porque se que no puede vivir sin ti. -Me dice intentando animarme.
–Pablo es un cabezota Elena, no va a dar el brazo a torcer, yo le quiero pero... -Intento explicar.
–Va a volver, ya lo verás... por lo pronto vamos a cenar, es hora de que el resto sepan de ese embarazo. -Me dice mientras me acaricia la espalda.
–Está bien Elena. -Me coloco el pelo recogido con una coleta y bajo por las escaleras hacia la cocina. Entro por la puerta y todos están sentados, parecen impactados al verme.
–Hola Aurora. -Me van saludando todos.
–Hola ¿qué tal estáis?. -Intento disimular mi tristeza interior.
–¿Dónde has dejado a Pablo? seguro que está encerrado en el estudio ¿no?. -Me pregunta Salvador. Parece no tener ni idea de la noticia. Me armo de valor para darles la noticia.
–Lamento comunicarte a ti y al resto que no sé donde está en estos momentos Pablo. -Digo mirando al suelo evitando ver sus caras al decirles eso.
–¿Cómo? ¿habéis discutido?. -Me pregunta Casi.
–Lo hemos dejado. -Digo intentando contener mis lágrimas otra vez.
–¿¡Cómo!?. -Me pregunta Salva. Miro a Ángela y a Marta que se encuentran al otro lado de la mesa.
–No sólo lo hemos dejado si no que además... estoy embarazada. -Vuelvo a poner la mirada cabizbaja. No hablan, no dicen nada. Les miro y tienen cara de impacto.
–¡Felicidades Aurora!. -Me dice Casi algo confundida ante su respuesta.
–Gracias Casi... -Digo.
–No teníamos ni idea de la noticia de que lo habíais dejado, pero igualmente enhorabuena. -Dice Salvador mientras me da un beso en la mejilla.
–No sé porque no estaréis juntos, pero igualmente me hace muy feliz la noticia de ser tío. -Dice Salva.
–Gracias a todos. -Digo.
–Os comunicaré que de ahora en adelante Marta y Aurora estarán viviendo aquí, al menos hasta que nazca el bebé, entre todos debemos ayudarla ¿de acuerdo?. -Dice Elena.
–Por supuesto, pero las cosas no se van a quedar así, tendré una seria conversación con Pablo. -Dice Salvador con tono de enfado.
–No quiero que tengáis problemas por mi culpa, por favor. -Digo.
–Tranquila, Pablo no puede irse de rositas así como así, tiene que hacerse cargo del bebé. -Dice Casi.
–No tengo demasiado hambre, si me disculpáis... -Me levanto de la silla y subo a la habitación con nuevas ganas de llorar. Me quedo algo dormida entre mis recuerdos junto a él. Poco después alguien golpea a la puerta.
–¿Estás ahí?. -Escucho la voz de Casi.
–Sí, estoy aquí. -Digo.
–¿Te importa si entro?. -Pregunta.
–No claro, adelante. -En ese preciso instante se abre la puerta y entra.
–Toma, te he traído una tila porque se que estás llena de nervios y así podrás descansar. -Me dice mientras me tiende la taza.
–Gracias pero... las tilas no son precisamente lo que harán que yo concilie el sueño esta noche, va a ser difícil por no decir imposible. -Cojo la taza y doy un trago.
–¿Te apetece que hablemos?. -Me dice mientras me agarra de la mano.
–Supongo que me ayudará a sentirme mejor. -Digo esbozando una sonrisa.
–La verdad es que no entiendo porque mi hermano se comporta así, siempre le gustaron los niños y... -Se queda sin saber que decir.
–Yo tampoco entiendo el por qué de su comportamiento, no entiendo el por qué de ese tiempo que me pidió, hace tiempo dejé de comprender a tu hermano Casi. -Digo.
–¿Te pidió tiempo?. -Me dice mientras me mira con cara de sorpresa.
–Sí, me pidió tiempo para pensarlo porque no tenía claro nada. -Digo.
–Mi hermano es imbécil. -Dice enfadada.
–Casi, yo le quiero y creo que tú lo sabes mucho mejor que cualquier persona pero esto ha sido demasiado, creo que esto no tiene solución, ni mucho menos un arreglo. -Digo entristecida.
–Se perfectamente que tus sentimientos y tu amor hacia mi hermano son puros, no tienes nada que jurarme, pero esta vez Pablo se ha pasado. -Dice.
–Gracias por escucharme, en estos momentos necesitaba a alguien que comprendiese el dolor que tengo dentro mi. -Digo mientras una lágrima se desliza por mis mejillas.
–Siempre estaré aquí ¿me oyes? siempre. -Me abraza con fuerza. -Intenta descansar, se que lo que te pido es difícil pero verás que todo vuelve pronto a su cauce. -Me da un beso en la mejilla y sale por la puerta.
Hace un rato que Pablo me llamó, la verdad es que no tengo ni la mayor idea sobre que querrá ya que no he querido cogérselo, no quiero escucharle. Apago la luz de la mesilla, me pongo en el lado donde él solía dormir y noto como la almohada huele a él. Doy un montón de vueltas en la cama, no soy capaz de pegar ojo. Me desvelo y me siento en la cama sin saber que hacer. Bajo a la cocina a por un vaso de agua, me siento en la mesa a beberlo hasta que alguien aparece por la puerta. No soy capaz de gesticular palabra al ver de quien se trata, el vaso cae al suelo y se rompe. Me mira fijamente desde el marco de la puerta con los ojos brillantes. Me levanto de golpe en la silla y echo a correr, unas manos me agarran fuertemente de la cintura evitando que de un paso más.
–No quiero hablar contigo ¿no lo entiendes?. -Digo.
–Por favor. -Me suplica.
–¡No, no, no! ¡lárgate de mi vida! ¡no te necesito, vete!. -Comienzo a chillar. Noto como las gotas de sudor caen por mi frente. Doy un bote en la cama que me hace dar cuenta de que todo se ha tratado de un mal sueño. He soñado que Pablo venía a buscarme para solucionar las cosas. Ese maldito sueño me hace llorar aún más de rabia. Me levanto de la cama y me meto en el aseo para refrescarme la cara, tengo la cara bastante pálida y con algunas ojeras. Bajo a la cocina y todos me esperan sentados en la mesa para degustar el desayuno.
–Buenos días. -Pronuncio bastante desanimada.
–¿Te encuentras bien?. -Me pregunta Ángela mientras da un sorbo al café con leche.
–Más o menos... lo poco que he dormido ha sido horrible. -Digo mientras me siento en la silla.
–¡Tita, tita!. -Es la pequeña Sofía, la cual en cuanto se percata de mi presencia corre desde el otro lado de la casa hacia la cocina. La pequeña se acerca a mi y me pide que la coja, es un auténtica dulzura.
–Hola cariño. -Digo tratando de sonreír.
–¿Es verdad que voy a tener un primito?. -Me pregunta alegremente.
–Sí cielo, aquí está ¿ves?. -Me toco la barriga, Sofía sonríe como pocas veces la he visto.
–¡Qué chuli! ¿puedo tocarte la barriga? ¡porfi, porfi, porfi!. -Me dice la niña.
–Claro que sí, dame tú manita. -Me da su pequeña mano, la pongo en mi barriga. -Aún es pequeñito, pero dentro de unos meses dará pataditas. -Digo, me mira y se ríe.
–¡Sofía! no agobies a la tita, vete a terminar de vestirte que nos vamos al cole en diez minutos, ¡va que llegamos tarde!. -Le dice Casi a la pequeña.
–Pero mamá... -Sofía hace pucheros.
–Sofía, por favor... si no te apresuras llegaremos tarde. -Le dice Casi.
–Tita ¿me llevas al cole? y así lo conoces para que cuando mi primito tenga que ir. -Todos reímos ante su comentario.
–Vale, pero... para que vaya al colegio aún le queda. -Digo. Por momentos hace que sonría y me olvide de mi tristeza.
–¿Estás segura que quieres?. -Me pregunta Casi.
–Claro, termina de vestirte que nos vamos. -La digo.
Salir a la calle un rato me vendrá bien para olvidarme de las últimas cosas vividas. Me subo a vestir, cojo la mochila de Sofía mientras que ella se despide de todos y la llevo al colegio. La pequeña al llegar se va con sus amigas, suena el timbre y entra, me da un dulce beso y antes de irse corriendo acaricia mi tripa.
–¡Adiós tita, adiós primito!. -Su comentario me alegra.
–Adiós cielo. -Me despido de ella y vuelvo a casa.
En el camino reflexiono sobre algunas cosas, una de ellas es buscar un trabajo, lo cierto es que tenía pensado buscarlo a mi vuelta de Argentina pero en vista de que eso quedó atrás, lo adelantaré. Llego a casa, me ducho y me pongo vestimenta adecuada para salir en busca de trabajo. Atrás quedó Pablo, es hora de empezar a vivir una nueva vida alejada de él por mucho que me duela.
Aquí me tenéis llorando sin parar. ¿Cómo es posible que escribáis tan perfectamente?
ResponderEliminarUn beso, chicas :)
¡No llores mujer! se trata de que lo disfrutéis jaja. Gracias por tus palabras Leti :) un besito :D
ResponderEliminar